El Virus Letal
Conociendo La Metrópolis
La diviso arriba, junto al arroyo: uno de los lugares tranquilos adónde iba a leer los libros que habían logrado rescatar en alguno de los viajes. A esa chica le gustaba leer más que a nadie y estaba recuperando los meses perdidos, cuando literalmente debieron correr para salvar sus vidas y los libros eran escasos. Por lo que Naruto podía suponer, los digitales habían desaparecido mucho tiempo atrás, cuando las computadoras y los servidores se chamuscaron. Hinata leía los antiguos libros de papel.
Como era usual, la caminata hasta el arroyo lo había devuelto a la realidad y cada paso había debilitado su resolución de pasar un buen día. Bastaba con observar la lastimosa red de cabañas, madrigueras subterráneas y casas en los árboles que conformaban la prospera metrópolis en que Vivian: nada más que troncos, cuerdas y barro seco, todo inclinado hacia la derecha o hacia la izquierda. No podía deambular por los callejones y pasos atestados del asentamiento sin que le vinieran a la mente aquellos días maravillosos en su ciudad natal, Uzushiogakure, cuando la vida era rica, prometedora y tenía todo alcance de su mano. Y ni siquiera se había dado cuenta.
Paso delante de cientos de personas escuálidas y sucias que parecían al borde de la muerte. No sintió compasión por ellas ya que, aunque detestara la idea, sabía que el lucia exactamente igual. Tenían comida suficiente, robada de las ruinas, cazada en los bosques o traída desde Konoha, pero el problema era el racionamiento: parecía que a todos les faltaba una comida diaria. Y era imposible vivir en el bosque sin ensuciase de vez en cuando, por más frecuentes que fueran los baños en el arroyo.
El cielo estaba azul con una pizca de naranja oscuro que acechaba la atmosfera desde que las llamaradas solares azotaron la Tierra sin previo aviso. Ya había pasado más de un año y todavía seguía allí arriba, como una cortina de bruma que no les permitía olvidar lo ocurrido. ¿Quién podía saber si alguna vez las cosas volverían a la normalidad? La frescura que Naruto había sentido el despertarse parecía ahora un mal chiste. A medida que el sol brutal bordeaba la escasa línea de árboles de las montañas, la temperatura en ascenso ya había bañado su cuerpo.
Pero no todo era negativo el dejar atrás la madriguera de los campamentos y adentrarse en el bosque, percibió muchas señales auspiciosas: arboles viejos, otros nuevos que se estaban recobrando, ardillas correteando entre las agujas ennegrecidas de los pinos, brotes verdes y capullos alrededor. Hasta diviso en la distancia lo que parecía ser una flor naranja. Estaba tentado de cortarla y llevársela a Hinata, pero sabía que ella lo reprendería si se atrevía a impedir el progreso de la naturaleza. Tal vez sería un buen día después de todo. Habían sobrevivido a la peor catástrofe natural de la historia de la humanidad: quizá todo había quedado atrás.
Cuando alcanzo el sitio preferido de Hinata, respiraba agitadamente por el esfuerzo de trepar la pared de la montaña. Durante la mañana, las posibilidades de encontrarse con alguien allí eran muy remotas. Se detuvo y la observo desde atrás de un árbol, sabiendo que ella lo había oído llegar, pero contento de que no lo demostrara.
¡Que hermosa era! Apoyada contra una enorme roca de granito, que parecía haber sido colocada ahí por un gigante decorador, sostenía en su falda un libro grueso. Dio vuelta una hoja sin despegar sus ojos perla de las palabras. Llevaba una camiseta negra, jeans gastados y calzado deportivo que parecía tener más de cien años. Con su largo cabello azul oscuro ondeando en el viento, era la mejor definición de paz y comodidad. Como si perteneciera al mundo que había existido antes de que el fuego arrasara con todo.
Debido a la situación en que se encontraban, Naruto siempre pensó que era suya. Casi toda la gente que Hinata había conocido estaba muerta y el formaba parte de los restos de la catástrofe de los que ella podía adueñarse: era eso o estar solo para siempre. Pare Naruto desempeñaba su papel con gran alegría; hasta se consideraba afortunado. No podía imaginar cómo sería su vida sin ella.
-Este libro estaría mucho mejor si no hubiera un tipo mirándome mientras lo leo- exclamo Hinata con una leve sonrisa en su hermoso rostro. Luego dio vuelta otra hoja y continúo la lectura.
-Soy yo-repuso él. Casi todo lo que él decía cuando estaba cerca de ella sonaba tonto. Salió detrás del árbol.
Hinata se echó a reír y finalmente levanto la vista hacia él.
-¡Ya era hora de que vinieras! Estaba por ponerme a hablar solo. Estoy acá leyendo desde antes del amanecer.
Camino hacia ella y se tumbó en el suelo a su lado. Pasó un brazo por sus hombros y pudo ver como un ligero rubor aparecía por sus blancas mejillas, a pesar de que ya se habían dado mayores muestras de afecto.
La miro, sin preocuparse por la sonrisa tonta que seguramente tenia dibujada en el rostro.
-¿Sabes algo?
-¿Qué?
-Hoy será un día perfecto.
Hinata sonrió y el agua del arroyo continuo fluyendo deprisa, como si sus palabras no significaran nada.
-No he tenido un día perfecto desde que cumplí dieciséis años-comento Hinata mientras doblaba el borde de la hoja y cerraba el días después, tu y yo huíamos por un túnel más calcinante que el sol.
-Que buenos recuerdos- Reflexiono Naruto poniéndose más cómodo. Se reclino contra la misma roca y cruzo las piernas-. Que buenos momentos.
Hinata le echo una mirada de reojo.
-¿Mi cumpleaños o las llamaradas solares?
-Ninguno. En tu fiesta de cumpleaños te gustaba ese idiota de Toneri Otsutsuki, ¿Te acuerdas?
-Hummm, si-respondió ella con una expresión como si hubieran pasado tres mil años.
-Tuvo que desaparecer la mitad del planeta para que finalmente repararas en mi-comento Naruto con una sonrisa ausente. La verdad era bastante deprimente, incluso bromear acerca de ella, y además se estaba formando una nube negra arriba de su de tema.
-Estoy de acuerdo-repuso sonrojada por su comentario. Cerró sus ojos y apoyo la nuca en la quiero pensar en eso ni un segundo más.
A pesar de que ella no podía verlo, Naruto asintió. De pronto había perdido las ganas de hablar y su plan de pasar un día perfecto se alejó flotando en el agua del arroyo. Los recuerdos no lo dejaban en paz ni siquiera media hora. Siempre tenían que volver a invadirlo trayendo todo el terror a cuestas.
-¿Estas bien?-pregunto Hinata preocupada. Extendió su mano y tomo la de Naruto, pero el se desprendió porque sabía que estaba sudada.
-Sí, estoy bien. Solo desearía que pudiéramos pasar un día sin que algo nos llevara al pasado. Si lográramos olvidar, yo podría vivir felizmente en este lugar. Las coas están mejorando. ¡Sola tenemos que…olvidar el pasado!-pronuncio la última parte casi gritando, pero no tenía idea hacia donde iba dirigida su ira. Simplemente odiaba lo que tenía en su cabeza: las imágenes, los sonidos, los olores.
-¡Lo haremos Naruto! ¡Ya verás!-replico ella. Estiro la mano y esta vez el la tomo.
-Es mejor que regresemos-agrego. Siempre hacia eso: cada vez que lo atacaban los recuerdos, buscaba cosas que hacer. Ocuparse de tareas, trabajar y no usar la mente. Era lo único que seguro de que Kakashi y Rin tienen al menos cuarenta trabajos para nosotros.
-Que tienen que hacerse hoy mismo-sentencio Hinata-¡Hoy, o será el fin del mundo!
Ella sonrió y los problemas parecieron un poquito menos terribles.
Era raro que hablara tan alto, antes de todo ella solía ser muy tímida.
-Puedes seguir leyendo tu libro aburrido más tarde-acoto Naruto poniéndose de pie y ayudándola a levantarse. Tomaron el sendero de la montaña en dirección al pueblo improvisado que llamaba hogar.
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Lo primero que percibió Naruto fue el olor. Cuando se dirigía a la Torre central, siempre le pasaba lo mismo: maleza podrida, carne asándose y sabia de pino. Todo mezclado con ese tufillo a quemado tan característico después de que las llamaradas solares azotaran la Tierra. No era desagradable, en realidad; solo inquietante.
Se abrieron camino a través de las construcciones del asentamiento: edificios torcidos y aparentemente levantados con rapidez. La mayoría de los que se encontraban de ese lado del asentamiento se había edificado en los primeros meses, antes de que encontraran arquitectos y constructores que se encargaran de la tarea: cabañas hechas con troncos de árboles, lodo y agujas de pino; agujeros a modo de ventanas y entradas con formas extrañas. En algunos lugares no había más que agujeros en la tierra tapizados con láminas de plástico y cubiertos por unos pocos troncos atados entre sí para resguardarse de la lluvia. Nada que ver con los gigantes rascacielos y el paisaje de hormigón donde Naruto había crecido.
Kakashi los saludo con un leve movimiento de cabeza al verlos cruzar la puerta inclinada de la estructura de troncos de la Torre Central. Antes de que pudieran responder al saludo, Rin se acercó a ellos con paso decidido. Era una mujer de cabello negro siempre recogido, con tatuajes de líneas en sus mejillas, había sido doctora en el ejército de la misma edad que Kakashi. Cuando el muchacho los conoció en los túneles de Uzushiogakure, ella se encontraba con Kakashi. En ese entonces ambos trabajaban para ANBU y Kakashi era su jefe. Aquel día, antes de que todo cambiara, iban juntos a un funeral de un compañero suyo, Kakashi menciono una vez que su nombre era Obito.
-¿Y dónde se habían metido ustedes dos?-pregunto Rin, deteniéndose a pocos centímetros de suponía que hoy íbamos a partir al amanecer al valle del sur y explorar la zona en busaca de otro sitio para establecer una sucursal. Unas semanas más con esta sobrepoblación y me voy a poner muy antipática.
-Buen día-exclamo Naruto a modo de respuesta-. Hoy se te ve muy animada.
Rin sonrió ante el comentario: Naruto sabía que lo haría.
-A veces tiendo ir directo al grano, ¿no es cierto? Pero todavía me falta bastante para ponerme gruñona como Kakashi.
¿El sargento? Si, tienes razón.
En ese preciso instante Kakashi respondió con un resoplido.
-Lamentamos llegar tarde-dijo Hinata-. Nos entretuvimos hablando.
-Pues ya no sigan perdiendo tiempo, vayan a desayunar si todavía no lo han hecho y luego preparen todo para partir. Quiero estar de regreso en una semana.
Una semana por tierras inexploradas, viendo cosas nuevas, cambiando el aire…esa perspectiva sonó genial y levanto el ánimo de Naruto de esa zona oscura donde había caído un rato antes. Juro mantener sus pensamientos en el presente y tratar de disfrutar el viaje.
-¿Han visto a Kiba y a Chouji?-pregunto Hinata-. ¿Y dónde está Ino?
-¿Los Tres Chiflados?-agrego Kakashi con humor en su voz. El hombre tenía un extrañísimo sentido del humor-. Al menos ellos no olvidaron el plan. Ya comieron y fueron a preparar las mochilas. Deberían estar aquí en un santiamén.
Naruto y Hinata ya iban a la mitad de los panes y las salchichas de ciervo, cuando escucharon las voces familiares de otros tres amigos que habían encontrado en los túneles de Uzushiogakure.
-¡Quítate eso de la cabeza!-exclamo una voz quejosa justo antes de que apareciera en la puerta un adolescente con un calzón a modo de sombrero sobre el pelo castaño: Kiba. Naruto estaba convencido de que ese chico nunca se había tomado nada en serio en toda su vida. A pesar de que solo un año atrás el sol había intentado quemarlo vivo, siempre estaba dispuesto a hacer una broma.
-¡Pero es que me gusta!-estaba diciendo al entrar en la Cabaña-. Me mantiene el pelo en su lugar y me protege de las inclemencias del tiempo. ¡Dos por el precio de uno!
Detrás del entro una chica alta y delgada de larga cabellera amarilla que siempre tenía atada, apenas más joven que Naruto, que observaba a Kiba con una expresión entre disgustada y divertida. Su nombre era Ino. Chouji, alto y rechoncho entro saltando; paso delante de Ino e intento arrancar los calzoncillos de la cabeza de Kiba.
-¡Dámelos!-grito, al tiempo que brincaba a su alrededor tratando de manotearlos. Era un muchacho de diecinueve años obeso, pero fuerte como un roble y puro musculo. Por alguna razón, su peso hacia que los otros lo molestaran constantemente, pese a que todos sabían bien que, si realmente quería, podía darles una buena paliza. Pero a Chouji le gustaba ser el centro de atención, y a Kiba ser tonto y fastidioso.
-¿Por qué quieres llevar algo tan desagradable en la cabeza?-pregunto Ino-. Pensaste donde estuvieron ¿no? ¡Cubriendo las partes íntimas de Chouji!
-Excelente comentario-respondió Kiba con una fingida expresión de desagrado, justo cuando Chouji lograba arrebatarle la ropa interior de la cabeza-. Muy mala elección mía-añadió encogiéndose de hombros-. En ese momento me pareció gracioso.
-Parece que yo soy el último en reír-comento su amigo mientras metía la prenda recuperada en su mochila-. Hace por lo menos dos semanas que no lo lavo.
Se hecho a reír con ese ruido que a Naruto le hacía pensar en un perro luchando por un pedazo de carne. Cuando Chouji soltaba esa risa, los que estaban en la habitación no podían evitar unirse a él y el hielo se rompía. No podía distinguir que era lo que le causaba tanta gracia: el episodio del calzoncillo o la risa de Chouji. De cualquier manera, esos momentos eran cada vez más escasos y era agradable reírse y ver como se iluminaba el rostro de Hinata.
Al notar que Kakashi y Rin también reían entre dientes, pensó que, después de todo, ese podría ser un día perfecto.
Pero de pronto sus risas se vieron interrumpidas por un ruido extraño, algo que Naruto no había escuchado desde hacía al menos un año y no esperaba escuchar nunca más: el sonido de motores en el cielo.
