Reviews
jbadillodavila: Me alegra que te este gustando la historia y gracias por seguirla y poner el primer review de la historia.
Disclaimer: Naruto le pertenece a Masashi Kishimoto y la saga de Maze Runner a James Dashner.
El Virus Letal.
La Visita de Kami.
Un rugido atronador sacudió la Cabaña de arriba abajo. Las ráfagas de polvo se filtraron entre los troncos apilados al descuido. Un bramido insoportable barrió el aire por encima de sus cabezas. Naruto se tapó los oídos hasta que el ruido se apagó lo suficiente como para que la Cabaña dejara de temblar. Antes de que nadie lograra siquiera procesar el giro de los acontecimientos, Kakashi ya se encontraba de pie en dirección a la puerta. Al instante, Rin y los demás ya se encontraban detrás de él.
Nadie hablo hasta que estuvieron todos afuera, bajo el aplastante resplandor bajo el sol matutino.
Naruto entorno los ojos y levanto la mano para cubrirse del fulgor mientras buscaba el origen de los ruidos.
-Es un Berg-anuncio Chouji innecesariamente-. ¡¿Qué diablos..?!
Era la primera vez que Naruto veía una de esas gigantescas naves después de las llamaradas solares, y la visión era sorprendente. No se le ocurrió ningún motivo por el cual un Berg (que hubiera sobrevivido al desastre) tuviera que acercarse volando por el bosque. Pero ahí estaba: enorme, brillante y redondo; los estridentes propulsores arrojaban vivas llamas azules mientras descendía al centro del asentamiento.
-¿Qué está haciendo acá?-pregunto Hinata al tiempo que el pequeño grupo corría a través de los callejones abarrotados del pueblo en pos del Berg-. Ellos siempre dejan las provisiones en los asentamientos mayores como Konoha.
-Quizá- empezó Ino-… quizá vienen a rescatarnos o nos van a trasladar.
-Imposible-se burló Kiba-. Lo hubiéramos hecho hace mucho tiempo.
Mientras corría detrás del grupo, Naruto no dijo nada pues seguía impresionado ante la súbita aparición del enorme Berg. Los demás comenzaron a hablar de ellos, aunque nadie sabía quiénes eran esas personas misteriosas. Habían llegado rumores y señales de que se estaba organizando una especie de gobierno central, pero no eran más que noticias poco confiables. Y obviamente, no había existido ningún tipo de contacto oficial. Era cierto que los suministros y provisiones se enviaban a los campamentos de los alrededores de Konoha y ellos los compartían con los más alejados.
El Berg se detuvo encima de ellos y los propulsores azules apuntaron hacia abajo mientras quedaba suspendido a unos quince metros de la Plaza Mayor: un área de forma más o menos cuadrada que habían dejado libre al construir el asentamiento. El grupo apuro el paso y, al llegar a la Plaza, ya había una multitud congregada observando con estupor la maquina voladora como si se tratara de una bestia mitológica. El rugido y el despliegue deslumbrante de luz azulada contribuían a darle esa apariencia. Además, era la primera muestra de tecnología de avanzada que contemplaban en mucho tiempo.
La mayor parte de la muchedumbre estaba reunida en el centro de la Plaza, con la expectativa y el entusiasmo pintados en sus rostros. Parecida que todos habían llegado a la misma conclusión que Ino: que el Berg estaba en una misión de rescate o que los trasladarían a un lugar mejor. Sin embargo, Naruto estaba preocupado. Después de lo que habían sufrido durante ese año, ya había aprendido a no alentar a esperanzas.
Hinata lo sujeto de la manga y se inclinó para hablarle al oído.
-¿Qué está haciendo? No hay espacio suficiente para que aterrice.
-No sé. No tiene ningún distintivo ni nada que diga a quien pertenece o de donde viene.
Kakashi se encontraba cerca y escucho la conversación por encima del zumbido atronador de los propulsores. Probablemente, con su súper oído de soldado.
-Dicen que los que llevan suministros a Konoha tienen las siglas CPC pintadas en grandes letra en el costado: Coalición Post Catástrofe-explico casi gritando-. Es raro que este no tenga nada escrito.
Naruto le hecho una mirada de extrañeza: no sabía que podía significar la información de Kakashi. Se dio cuenta de que estaba aturdido. Volvió a levantar la vista y se preguntó quienes estarían dentro de la nave y que intención tendrían. Hinata le apretó la mano y él le devolvió el gesto. Los dos transpiraban.
-Tal vez Kami este ahí adentro-arriesgo Chouji con voz aguda. Siempre le ocurría eso cuando gritaba-. Viene a pedirnos perdón por el asunto de las llamaradas solares.
Por el rabillo del ojo, Naruto vio que Kiba tomaba aire y abría la boca, probablemente para contestar algo cómico e ingenioso a Chouji. Pero la acción fue interrumpida por un violento estrépito que vino desde arriba, seguido de crujidos y chirridos del sistema hidráulico. Fascinado, observo la panza de la nave, donde comenzaba a abrirse una escotilla grande y alargada, que luego giro sobre las bisagras y descendió como una rampa.
El interior estaba oscuro y, al ensancharse la abertura, salieron bailando pequeñas nubes de bruma. Las exclamaciones y los gritos ahogados recorrieron la multitud, que levantaba las manos y apuntaba hacia arriba. Impresionado por la sensación de asombro que lo rodeaba, Naruto arranco los ojos del Berg para examinar la situación. Se habían convertido en personas realmente desesperadas, que vivían atormentándose con la idea de que cada día podía ser el último. Y ahí estaban todos, mirando el cielo como si la bromo de Chouji hubiera sido algo más que ello. En muchos ojo distinguió un anhelo; parecía que realmente pensaban que un poder divino había venido a salvarlos, y se sintió un poco perturbado.
Una nueva oleada de gritos se desparramo por la Plaza y Naruto volvió a levantar la cabeza. De la oscuridad del Berg habían surgido cinco personas con una vestimenta que le hizo correr un escalofrió por la espalda. Negros, de tela y compactos, los trajes cubrían a los desconocidos de la cabeza a los pies. En sus caras tenían mascaras blancas con dibujos que parecían ser rostros de animales. Caminaron firmemente con sus sandalias negras hasta que quedaron alineados en el borde exterior de la escotilla.
Cada uno de ellos sostenía en las manos un tubo negro a manera de pistola, que no se parecían a ninguna de las armas que Naruto había visto en su vida. Eran finos y largos y tenían un accesorio en el extremo que les daba la apariencia de piezas de plomería que alguien había arrancado de una bomba industrial. Una vez que los extraños estuvieron ubicados en sus posiciones, levantaron los tubos y los apuntaron directamente hacia quienes se encontraban abajo.
Naruto se dio cuenta que Kakashi estaba gritando con todas sus fuerzas mientras empujaba a todos para que se alejaran. A su alrededor se había desatado el caos. Sin embargo, ante los gritos y el pánico, se quedó paralizado y solo atino a observar a los visitantes que emergían del Berg con sus extraños equipos y sus armas amenazadoras al tiempo que el resto que el resto de la muchedumbre finalmente comprendía que esa gente no estaba ahí para salvar a nadie. ¿Qué le había sucedió al Naruto que actuaba con rapidez? ¿El, que había sobrevivido a un año infernal después de que las llamaradas solares arrasaran a la Tierra?
Cuando llego desde arriba el primer disparo, continuaba en estado de trance. Percibió un movimiento borroso y de uno de los tubos broto un destello oscuro y fugaz. Sus ojos siguieron la trayectoria. Al notar un sonido nauseabundo, volvió la cabeza justo cuando un dardo de doce centímetros se clavaba en el hombro de Kiba. La delgada varilla de metal se había enterrado en el musculo y de la herida goteaba sangre. El chico emitió un extraño resoplido y se desplomo.
En ese mismo instante, Naruto salió de su aturdimiento.
