Los personajes le pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencia: si esperas una buena trama, sal corriendo, ¡si, esto es lemmon por lemmon y nada mas!
si esperas una buena limonada, sal corriendo, esto apenas es una cascara de limón remojando en un vaso con agua u_u
Tenten era una chica sencilla, amable e inteligente, provenía de una familia humilde y sus metas giraban en su mayoría alrededor de sacar a delante a su familia, tener una vida simple pero feliz.
No era el tipo de chicas con grandes atributos a quien cualquier hombre se daría vuelta para mirar por una segunda vez y gritarle algún halago poco caballeroso, sin embargo ningún hombre dudaría en levantar su vista por segunda vez para encontrarse con su amable sonrisa y sus, risueños y grandes, ojos color chocolate si se la encontraba sentada en cualquier lugar.
Tenten era una chica normal, y como cualquier joven normal se había enamorado de un hombre.
Se había enamorado de Neji Hyuga.
Nunca supo como sucedió, porque para llegar a enamorarse de Neji Hyuga había que fijarse en algo más que en su serio rostro de facciones severas y casi perfectas, o en ese cabello que causaba envidia entre las mujeres ¡habían cosas mas importantes en él que su firme y tan bien formado torso! Quizás eran sus elegantes modales aristócratas, su inteligencia innata, su sexy sonrisa de medio lado y su manera tan racional para enfrentar el mundo… Además debía aceptarlo: Neji Hyuga era un genio y eso le causaba unas fuertes ganas de competir contra él –después de todo ambos estudiaban Derecho –pero a la vez, no podía dejar de admirarlo.
Y cuando todo fue un poco más allá, supo que no podía dejarlo, se había vuelto adicta a ese hombre, a sus grandes manos sobre su piel, a sus suspiros cálidos, de café y menta, que chocaban contra su cuello haciéndola estremecer, y definitivamente aquella mueca en su rostro, de dientes apretados y ojos estrechados, cada vez que ambos llegaban al clímax juntos…
Sí, Tenten era una chica soñadora como cualquier otra chica de su edad, y en la ecuación de sus sueños definitivamente entraba el único hijo de Hizashi Hyuga.
La presencia de un chico joven a su lado la sacó de sus cavilaciones, ahí en medio de la galería de arte, se encontraba un joven de aspecto levemente desaliñado, de salvaje cabellera castaña en todas direcciones, de sonrisa tan brillante que podría ser envidiada por cualquiera, tenía una mirada cálida a pesar de aquel extraño par de pupilas oscuras y rasgadas… pero ese no era el punto, el punto era que el chico a su lado era, nada más ni nada menos, el mismo que mostraba el cuadro frente a ella, el cual había estado admirando minutos antes de que sus pensamientos se concentraran en su guapísimo novio.
—¡Eres tú! —soltó sin siquiera saludar al joven.
Él le sonrió abiertamente, con un leve sonrojo en su bronceada piel, se rascó la nuca antes de responder. —Si, bueno, lo pinto mi no… —carraspeó sonoramente —mi ex novia ¿Verdad que es buena?
—¿Tú eras el novio de Hinata-chan?
—Sí, bueno… ¿Tú la conoces?
—Es la prima pequeña de mi novio —le respondió, y a continuación llenó sus palabras de orgullo —, él fue quien organizó la exposición para las pinturas de Hina-chan.
Kiba asintió pensativo mientras miraba sin mirar su propio retrato colgado en la blanca y pulcra pared de la galería de arte. —Que tío más convincente ¿no? —bromeó —, a mí Hinata nunca me tomó en cuenta cuando le decía que compartiera su arte con todos.
Tenten sonrió con ternura. —Neji puede ser muy persuasivo —explicó —, pero además ellos se quieren mucho, él es la persona más cercana a Hinata, son como hermanos.
El Inuzuka ladeó la cabeza observando la forma en que su ex novia había resaltado sus blancos caninos en la pintura. —Supongo que no puedo competir contra eso.
Ella se encogió de hombros, sin dejar de sonreír —Por cierto, soy Tenten.
—Kiba Inuzuka, mucho gusto.
Conversaron mucho, paseándose por la galería de arte a paso lento, e inevitablemente hablando de los primos Hyugas y sus respectivas relaciones con ellos, porque si algo tenían ellos en común era el hecho de que habían caído ante el encanto de un Hyuga.
Y siendo sincero consigo mismo, Kiba no era un conocedor de arte, por lo que las pinturas que mas le agradaron eran las realistas, contó al menos un par que eran su vivo retrato o el de Akamaru.
Mucho tiempo después, se maldeciría a sí mismo por haber sido tan estúpido durante tanto tiempo, haber ignorado el millar de señales que habían golpeado frente a su propia nariz, incluyendo el hecho de que los retratos de Neji Hyuga o cualquier cosa que tuviera que ver con él, llenaban al menos la mitad del lugar.
Pero volviendo a ese momento, fue Tenten quien exteriorizó el deseo de buscar a su novio, y por petición de Kiba, también buscaría a Hinata –que probablemente se encontraría con Neji –y la mandaría a saludar a Kiba, pues según el joven Inuzuka quería felicitarla.
La chica castaña partió del lado de Kiba prometiéndole que encontraría a la chica y que con suerte aquel día habría una reconciliación . Inuzuka negó con la cabeza argumentando que respetaba completamente la decisión de Hinata, aunque muy en el fondo le hubiese gustado que las palabras de Tenten se hubiesen tratado de una predicción.
Pero habían cosas que ambos chicos castaños no sabían, pero de las cuales Tenten se enteró primero, cuando preguntó a distintas personas si habían visto a ambos primos, una de las respuestas la guío a la bodega donde se guardaban algunas obras de las exposiciones anteriores, era la puerta que estaba un poco más allá de los baños, la que poseía el letrero que rezaba "solo personal autorizado".
No se molestó en preguntarse porqué ambos jóvenes estarían ahí, simplemente abrió la puerta, y lo primero que vio fueron las esculturas y cuadros amontonados, cubiertas por lonas blancas y una fina capa de polvo, el lugar no tenía ventanas, por lo que la única fuente de luz provenía de una pequeña bombilla que iluminaba el cuarto con una lánguida y trémula luz, haciendo que la mayoría de los objetos proyectaran una tenebrosa sombra.
Las pupilas en los iris castaños se contrajeron a la vez que los parpados subían, dejando ambos ojos desmesuradamente abiertos y con la vista agudizada, captando el escenario de cuerpos semidesnudos retorciéndose entre sí, succionando y lamiendo la piel desnuda del otro. Y su mente procesando todo a mil por hora.
No hubiese sido tan impactante si no se hubiese tratado de los primos Hyuga. Sí, podía reconocer a su novio, aún cuando la espesa y larga cortina de cabello le caía por un lado del rostro, cubriendo al parecer su muy ardua tarea concentrada en los pechos de Hinata, y, tomando en cuenta los gemidos que ella emitía, lo estaba haciendo muy bien.
No es que fuera voyerista, pero sus ojos no pudieron despegarse de la escena, sus músculos no respondieron y su boca no quería cerrarse del todo. Era casi hipnotizante ver como las manos de Neji asían los muslos de su prima y la levantaban hasta apoyarla en un mesón que contenía varios implementos de pintura -que Tenten no logró reconocer –demasiado concentrado en seguir recorriendo la piel de la Hyuga con sus labios. Tan concentrado como para ni siquiera notar su presencia. Tan concentrado como nunca había estado con ella.
Y solo fue cuando Neji comenzó a retirarle las pulcras bragas de algodón blanco y ella arqueó su cuello hacia atrás, que la mirada de Hinata, grisácea y nublada por el deseo, se encontró con los atónitos y grandes ojos achocolatados de Tenten. Fue un contacto de menos de un segundo, denso como la miel y cargado como el café de la mañana, pero fue suficiente detonante para que el cuerpo de la castaña respondiera y emprendiera una apremiante retirada, cerrando la puerta de un solo golpe seco, y dejando atrás la casi inverosímil escena de los primos Hyuga amándose.
En medio de su huida se encontró con Kiba, quién no terminó ni siquiera de completar su pregunta antes de que Tenten lo arrastrara fuera del lugar y comenzara a llorar en los brazos de aquel chico que apenas había conocido aquella misma tarde.
Kiba entendería, ese mismo día, mientras miraba los ojos enrojecidos de la chica, que el amor de los primos Hyugas no era tan fraternal como todos habían pensado.
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Casi como una profecía, ella lo había buscado, eso si, no antes de terminar su relación con Kiba y tratar disminuir sus sentimientos de culpa al ver el rostro del chico amante de los perros contraerse en una mueca de tristeza.
Pero habían asuntos más allá de las leyes de la química y ella no podía controlarlas. Kiba no era el hombre que hacía sentir su cuerpo y su mente en una entropía desorganizada.
Todo al lado de Neji Hyuga era un caos en movimiento constante, y Hinata se consideraba demasiado débil para poder salir de aquello.
Tampoco le importaba demasiado.
Y cuando lo buscó, lo hizo con sus cinco sentidos en él, con su voluntad completamente concentrado en entregarse a él. Y todo había sido a la altura de una primera vez con un hombre.
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—¿Qué-qué hiciste qué, Neji-niisan? —volvió a preguntar atónita Hinata.
Neji hizo un gesto con la mano para que le restara importancia al asunto, mientras le daba una mordida a la tostada de su desayuno. —Organicé una exposición para todas tus obras —respondió en tono sereno —irán muchas personas.
—Pe-pero Neji… —se quejó ella.
—Si el problema es Hiashi, ya lo sabe —espetó, y le dio un trago a su jugo de naranja —deberías terminarte el desayuno, hoy será un día largo.
—¿Hoy?
—La organicé para esta tarde.
Los ojos de Hinata se abrieron desmesuradamente y un leve sonrojo abarcó sus mejillas. En el fondo no pudo evitar sentirse bien frente al hecho de que Neji hiciera algo así por ella, interesándose en sus hobbies y en ella. —¿Por qué lo hiciste?
Neji alzó una ceja —Tienes talento, Hinata, debes compartirlo, además ya no puedes esconder tal cantidad de pinturas en esta casa…—esbozó una media sonrisa divertida —hasta la servidumbre se ha dado cuenta.
Hinata no pudo evitar sonrojarse y reprenderse internamente por su torpeza.
—Apresúrate —Neji tomó su jersey y se puso de pie —te llevaré a clases y luego iré por ti en la tarde.
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—¡No la expondré, Neji-niisan! —gimoteó Hinata, intentando detener a su primo, quién trataba de salir de la bodega de la galería de artes cargado con uno de sus cuadros.
Neji intentó esquivarla pero ella se colgó de su cuello intentando desestabilizarlo. —Pero si es muy bueno…
—¡Y muy vergonzoso, niisan, por favor! —ella hizo un pequeño puchero con sus rosados labios en un intento de persuadirlo.
—A mí me gusta —sentenció Neji, deteniéndose y examinando la pintura nuevamente —se parece mucho a tu cuerpo…
—¡Lo-lo sé! —Hinata se sonrojó completamente, al recordar que esa pintura había sido el primer cuerpo desnudo que había pintado, por lo que se inspiró únicamente en su propio cuerpo desnudo frente al espejo. —E-es por eso que no quiero que nadie más lo vea…
Neji se acercó a ella y peinó delicadamente el flequillo recto que se dispersaba en su blanca frente. —Creo que… —se acercó más a ella, haciendo que su aliento a café y mentas le chocara contra los labios —estoy de acuerdo esta vez contigo.
—¿A-así? —ella tragó saliva cuando sintió los suaves labios masculinos rozando los de ellas —¿Po-por qué?
—Seré el único que podrá ver tu cuerpo… —susurró contra sus labios entreabiertos.
De nuevo aquel burbujear en su bajo vientre, las manos le hormiguearon y los labios comenzaron a picarle. Lo besó con presura, delineó sus labios con su tímida lengua y se adueñó de las más húmedas esquinas de su cavidad oral. —Si-si… —respondió una vez se separaron.
Con movimientos gentiles le arrebató el cuadro de las manos, él no se opuso, solo la miró hacer. Se volteó y volvió a guardar el objeto en la caja donde habían apilado la mayoría de sus pinturas. Solo entonces se permitió morderse el labio y esbozar una tímida sonrisa, Neji podía volverla loca pero demostrarlo tan abiertamente la pondría en desventaja, tenía que centrarse.
Pero todo se fue a la mierda cuando sintió sus brazos alrededor de su cuerpo, cálidos y fuertes y… una dura presión sobre su trasero que hizo que el rubor se negara en abandonar su rostro.
—¿Ne-neji? —logró articular, haciendo un esfuerzo sobrehumano por ignorar los húmedos labios de él avanzar por un costado de su cuello.
—¿Hinata? —se burló él, con un ronco suspiro sobre su oreja izquierda, que le arrancó un vergonzoso gemido a Hinata.
Las grandes y firmes manos subieron por su torso, desde el plano abdomen hasta los abultados pechos, trazando un camino de fuego negro inextinguible.
O quizás si, había una forma de extinguir ese fuego…
Hinata se volteó lentamente, aún atrapada bajo las caricias de él, y cuando los fríos dedos estuvieron enterrados en la suave carne de sus caderas, ella lo besó. Casi nunca lo hacía, en parte por su timidez y en parte porque cada roce entre sus labios y sus lenguas estaban cargadas de culpa, si no fuera por eso el beso de hace un rato jamás hubiese terminado.
Pero había un límite y más allá de él, negarse a lo que se quiere es tan difícil como encontrar una aguja en un pajar sin alguna súper técnica ninja ocular. Hinata no era un ninja.
Lenguas enfebrecidas luchaban contra la otra, manos curiosas subieron por la espalda de Neji, sacando la camisa de su lugar y encontrando el magnífico tesoro que era su suave y cálida piel, al principio delineó pequeños círculos, pero a medida que las propias manos de él se enterraban en su cuerpo en zonas más íntimas, sus uñas se deslizaron con fuera desde los omoplatos hasta la espalda baja, sacándole a Neji un gutural gruñido. Hinata sonrió, con los labios pegados a la piel de su cuello, porque le encantaba saber que podía provocar aquello en el estoico y siempre centrado Neji Hyuga.
El estado mas vulnerable de Neji era aquel, y solo ella podía sacarlo a relucir.
Jadeó cuando su primo comenzó a abrir con brusquedad su blusa, casi arrancando los botones, controlándose apenas, llegó hasta el último botón y de un solo movimiento le arrancó la prenda, dejando expuesto su busto bajo el sujetador color lila. Vio como los ojos de Neji se pasearon por su torso, el lindo tono de lila de su mirada se oscureció hasta alcanzar el gris, denotando su ardiente deseo. Tragó saliva pesadamente antes de volver a volcar sus besos en la piel de ella.
No dudó en ningún segundo en que sus ojos se veían probablemente igual a los de él, porque sin siquiera darse cuenta ya tenía sus propios dedos desabotonando la camisa de Neji, pero a diferencia de él, con mucha mas delicadeza y lentitud, hasta alcanzar el último botón, el joven se quitó la camisa apresuradamente para volver a posar sus manos en la diminuta cintura, palpó sus dedos sobre la piel desnuda, haciéndole cosquillas, Hinata no pudo evitar soltar una leve risilla. Neji la apretó un poco más contra su propio cuerpo, sus pieles rozándose tan íntimamente parecían arder.
—¿Quieres detenerte? —le preguntó, con los labios presionados sobre el pulso de su cuello. Pum paff, pum paff, comenzó a acelerarse más y más, una sonrisa ladina se enredó en los labios de él. —¿No?
—N-no —logró articular.
Los dientes le rasparon la piel sobre la tráquea, la lengua se paseó por su pulso y descendió hasta su clavícula, humedeciendo con la cálida saliva, el camino hasta su escote quedó ardiente y mojado bajo el toque sedoso de su lengua, sobre la orilla del sujetador, sobre sus erectos pezones bajo la delgada tela que pronto desapareció en movimientos ágiles y rápidos, que Hinata los pasó por alto casi por inercia. La lengua masculina se enroscó sobre el pequeño y rosáceo botoncito que adornaba el abultado monte de su seno derecho, insistente, abrasadora, deleitándola con cada movimiento que abarcaba su pezón, la otra mano masajeando la zona mas interior de su trasero.
Y no aguantaría más, lo supo en el momento en que Neji empujo su pelvis sobre la de ella con fuerza, y movió una de sus piernas para acomodarse mejor, entonces sintió como, bajo su falda, su pierna se deslizó con una suavidad húmeda y resbaladiza sobre la otra. Estaba tan mojada…
Su cuerpo fue levantado con facilidad por los fuertes brazos de él, agarrándola desde los muslos con firmeza, como acto reflejo sus piernas se envolvieron alrededor de la cintura masculina, sintió presionarse su trasero sobre el bulto de los pantalones de su primo, él parecía igual de impaciente que ella.
Con agilidad Neji se encaminó hasta el mesón que descansaba en medio de la pequeña habitación, uno de sus brazos se encargó de mantener a Hinata pegada a él, y el otro removió con brusquedad el montón de objetos aparentemente inútiles sobre la superficie. Acto seguido puso a la chica en una posición cómoda, se inclinó levemente sobre ella y atacó con sus dientes la suave y lechosa garganta, plagada ya de pequeñas manchas burdeo que aparentaban desaliñadas flores.
Hinata se removió inquieta bajo su cuerpo, empujó sus caderas contra su dureza con insistencia, un acto inusualmente desinhibido en ella. En respuesta Neji bajo las manos y con una ágil pero delicada destreza deslizó por entre los muslos las bragas de blanco algodón.
Fue entonces que la vio, a Tenten, cuando levantó levemente sus caderas para facilitarle la tarea a Neji, echó la cabeza hacia atrás y aún entre la neblina que acaparaba la mayoría de su campo visual fue que la vio, con la expresión deshecha y atónita, con los ojos fijos en ella y su primo, con los labios entreabiertos y el cuerpo paralizado en el umbral de la puerta. Sus ojos se conectaron por apenas una fracción de segundo, y luego la castaña salió disparada por la puerta, cerrándola con un fuerte golpe.
Neji se sobresaltó en su lugar y sus músculos se tensaron, levantó la cabeza y su mirada se dirigió hacia la puerta cerrada.
—¿Qué…? —Neji se apresuró a murmurar, pero Hinata lo detuvo, con apenas su delgado y pálido dedo índice presionándose sobre los ya enrojecidos labios de él. Negó con la cabeza y nuevamente abarcó completamente la distancia que separaba sus bocas.
Tenten formaba parte de sus mayores sentimientos de culpa, no podía evitarlo, la chica era tan dulce con ella y le tenía un gran cariño por ser la prima menor de Neji.
Pero habían cosas que Tenten no comprendería, ella y Neji estaban unidos, y lo estarían siempre, era algo casi inexplicable, ambos atrapados bajo algún arcaico sello maldito del que no podían ni querían librarse. En parte por esa misma razón jamás le cuestionó nada a su primo, en parte Hinata sabía que ella trascendería en la vida de él más allá de Tenten o cualquier otra mujer.
Cualquier mujer en la vida de Neji debería compartirlo con ella.
Dos dedos se introdujeron por la estrecha y húmeda entrada, resbalaron desde adentro hacia fuera, alcanzando una cruel y delirante velocidad, Hinata apretó los dientes para evitar emitir gemidos de placer pero fue un esfuerzo infructuoso bajo los apremiantes labios de Neji, que le sacaron un gemido que se ahogó dentro de la cavidad bucal de él.
Neji la miró a los ojos cuando presionó su glande contra su suave piel íntima, ella le devolvió la mirada con aprobación en sus grandes ojos grises, entonces empujó y la penetró, con lentitud, se deslizó entre la estrecha carne sintiendo la deliciosa presión de las lubricadas paredes, alcanzó hasta lo mas profundo y se quedó ahí por un instante. Soltó una exhalación que hizo revolotear el flequillo en la frente de Hinata, ella mantenía los ojos cerrados y se mordía los labios con fuerza, la mandíbula se notaba tensa y un magnifico rubor cubría sus mejillas.
Se lamió los labios antes de comenzar a embestirla, primero lento y profundo, disfrutando de la fricción en miembro, y a medida que el cuello de Hinata perdía rigidez y caía hacia atrás, las estocadas se fueron acelerando.
La Hyuga gemía y soltaba pequeños maullidos roncos que escapaban desde su pecho en contra de su voluntad, se aferraba de la espalda de joven con fiereza, rasguñando la pálida y sudada piel. Ambas cabelleras se mezclaban y los mechones se pegaban en la transpirada piel del otro, la espesa cortina de cabello castaño cubría mayoritariamente la mirada de Neji, pero Hinata aún pudo vislumbrar uno de sus ojos fijos en ella y los labios entreabiertos y enrojecidos. Con una mano temblorosa quitó todos los mechones de brillante cabello hacia un lado, la visión de la acumulación de sangre en las mejillas de él la golpeó con una fugaz ternura que se disipó apenas llegó, pues apenas tuvo tiempo de volver a aferrarse a su espalda cuando las embestidas comenzaron a ser mas constantes pero no menos profundas.
Gimió sin siquiera notarlo, Neji la invadía y la abandonaba con rapidez, pero su presencia dentro de ella era tan profunda y llenadora que no podía evitarlo, alcanzaba puntos enloquecedores en su anatomía. Sus piernas temblaron anunciando su propio orgasmo, gruñó suavemente con frustración al darse cuenta.
Uno de las manos del Hyuga envolvió su cuello, obligándola a levantar la mirada hacía él. La vergüenza cruzó fugazmente su mente pero fue detenida por el arrebatador orgasmo que se desenvolvió en sus paredes íntimas. Su gemido fue ahogado y fue a parar en la boca de Neji cuando éste la besó fugazmente. Siguió embistiéndola por unos instantes más, ambas frentes se chocaron y permanecieron unidas, dándole un aspecto de cíclope a su rostro, solo pudo divisar un distorsionado ojo gris permanecer abierto cuando él gruñó al alcanzar su propio orgasmo dentro de ella. Luego volvió a besarla con suavidad.
—Niisan… —Neji levantó la cabeza de los botones que cerraba en la camisa —esto… esto es para siempre ¿no?
Él la miró sin expresión por un largo momento. Las manos le cosquillearon por la expectación.
—No podría ser de otra manera entre usted y yo —le respondió al fin, dirigiéndose a ella como lo hacía cuando apenas se habían conocido.
Nada, que en serio siento que el lemmon no es lo mío xD me siento como escribiendo un manual de "hágalo usted mismo de sodicmac constructor" y sigue costandome mucho xD ni hablar del resultado.
Pequeño Guest: no estoy enferma xd y creo que lo correcto e incorrecto es demasiado subjetivo. Si no te gusta el Hyugacest no entiendo porque te pasaste por acá.
En fin, hoy ha sido un mal día y no pude evitar pasarle toda mi mala leche a los personajes, los he jodido a casi todos jajaja I REGRET NOTHING.
El próx es el ultimo capitulo :3
Gracias por leer, saludos y lamento no poder darles una decente limonada u_u
