CAPÍTULO 2: PRIMERA MAÑANA
Llegó la hora de desayunar. Ni Brittany ni Santana tenían ganas de levantarse o comer, pero las enfermeras les obligaron. Una vez llegaron al comedor, vieron a varios enfermos comiendo. Allí había varios tipos de pacientes de diferentes enfermedades pero todos compartían las comidas. Sin embargo, las terapias se dividían por grupos, porque no se puede tratar de la misma manera a una chica con trastornos alimenticios que a una que tenga problemas para distinguir realidad y ficción.
La rubia comenzó a observar a todos los allí presentes hasta que vio a una chica morena, de pelo largo ondulado y ojos color café. Desayunaba distraida, como si no quisiera estar allí, aunque bien pensado, ¿a quién le gustaría ese lugar? Era consciente de que, si la hubiera conocido hace años, se hubiera sentido atraida por ella y hubiera coqueteado con ella. Sin embargo, ahora sólo quiere a las personas bien lejos de ella.
Por su parte, Santana desayunaba mientras pensaba una manera de salir de allí. Debía de haber alguna manera de acabar con todo. No le apetecía estar allí y fingir que le interesaba lo que cualquier loquero le diría. Sólo quería dejar de sufir.
Cuando comieron todo se dirigieron cada uno a un lugar. Todos devían tener su visita con el psiquiatra y luego la terapia de grupo. Cuando Brittany entró al despacho de la doctora Silvester, ésta le invitó a sentarse.
– ¿Por qué estás aquí? – Preguntó Sue.
– Porque intenté suicidarme. – Respondió la rubia.
– ¿Por qué? – Quiso saber la psiquiatra.
– Porque no tengo motivos para vivir.
– ¿Por qué?
– Porque a nadie le importo.
– ¿Por qué?
– ¿Sabes decir otra cosa que no sea por qué?
Durante la sesión, Sylvester consiguió que Brittany le contara alguna cosa de su vida, aunque eran pequeñas anécdotas que no tenían nada que ver con su suicidio, lo tomó como un pequeño paso para ganarse su confianza. Parecía que la ojiazul lo que necesitaba era alguien que la escuchase.
Por su parte, Santana estaba con Schuester.
– ¿Quieres contarme por qué estás aquí? – Preguntó el doctor.
– No. – Respondió la joven.
– ¿Quieres contarme tus problemas?
– No.
– ¿Quieres curarte?
– No.
– En ese caso, ¿qué haces aquí?
– Me obligó una juez.
– Entiendo... Te parece si, aprovechando que no quieres hablar conmigo, adelanto trabajo y mientras tú haces lo que quieras, eso sí, dentro de este despacho, si sales me podrían despedir... Deben pensar que estoy ayudándote...
La morena estuvo toda la sesión viendo como Schuester leía papeles en silencio. La intención del doctor era que la chica acabara hablando por voluntad propia, por puro aburrimiento en esas horas ya que la había visto muy poco dispuesta.
Cuando acabaron con sus sesiones individuales, las dos se juntaron con un hombre y una mujer en el despacho de la doctora Pillsbury.
– Como podéis ver, tenemos dos nuevas integrantes de la terapia, así que volveremos a presentarnos todos. Yo me llamo Emma, me gustaría que me llamaséis así en vez de doctora Pillsbury. Tengo 32 años y estoy casada, lo digo por si alguien quiere ligar conmigo... – Los tres mayores rieron ante esa broma. – Y estoy aquí porque quiero ayudaros a encontrar lo maravilloso de este mundo para que tengáis ganas de vivir. Ahora vosotros.
– Me llamo Jessica, tengo 35 años y estoy aquí porque me intenté suicidar hace un mes. Sentía que todo había acabado cuando me dejó mi novio, pero ahora me doy cuenta de que fue una tontería y que él no se merece mi dolor. Quiero recuperarme y salir a vivir la vida, porque soy joven.
– Yo me llamo Edgar. Tengo 43 años y yo intenté suicidarme porque perdí mi trabajo y mi casa por lo que no veía salida a mi situación. Me gusta pensar que cuando salga de aquí voy a tener fuerzas suficientes para empezar de cero.
– Yo soy Brittany, tengo 22 años.
– Qué joven. – Susurró la mujer.
– Estoy aquí porque he perdido muchas cosas durante mi vida, solo quiero dejar de sufrir.
– Brittany, esa no es la solución a ningún problema. Tienes que encararlo. Todos tenemos motivos para seguir viviendo, ya sea una persona a la que amamos, un sueño por cumplir, un deseo o simplemente, ayudar a los demás. Aquí te ayudaremos a encontrar tu motivo. – Dijo la pelirroja. Después miró la morena.
– Me llamo Santana y estoy aquí porque me han obligado.
– ¿Cuántos años tienes? – Le preguntó el mayor.
– 22. – Respondió la latina.
– Una pregunta... ¿Sois lesbianas? – Quiso saber Jessica.
– Sí... ¿Algún problema? – Preguntó la ojiazul.
– No, ninguno... Es sólo que creo que haríais buena pareja. – Comentó ella con aire soñador.
– Para eso yo debería ser también lesbiana. – Dijo la morena ofendida.
– ¿No lo eres? – Preguntó la mujer.
– No me interesan las relaciones, ni con hombres, ni con mujeres...
– Eso es que sí eres lesbiana y no me lo quieres decir... No me importa... Os voy a juntar, me cueste lo que me cueste
Repito, todo es de Darrinia.
