Holaaaaaaaaaaa, he vuelto a FF, y vuelvo a repetir esta maravillosa historia es de la aun mas maravillosa Darrinia.
Este fic es completamente su idea, suyo y todito suyo :3
Disfruten el cap
CAPÍTULO 5: CONOCIENDO A LA OTRA
Brittany abrió los ojos y se encontró en frente de Jessica. Le costó unos segundos recordar lo que había pasado la noche anterior. En ese tiempo la chica también despertó y la menor se dio cuenta de que allí faltaba alguien. Se volvió y vio en el sillón a Santana. Estaba sentada con sus piernas pegadas al pecho, las rodillas flexionadas y sus manos sujetándolas. Su mirada estaba fija en un punto en la pared y sus ojos estaban húmedos, como si hubiera llorado.
– Santana... ¿Te encuentras bien? – Preguntó la ojiazul.
– ¿Qué... q-qué pasó anoche? ¿P-por qué n-no me acuerdo? – Se veía claramente nerviosa y cuando la mano de Brittany la tocó, ella tembló.
– Tuviste una pesadilla y vinimos a tranquilizarte... Santana... ¿Qué pasa? ¿Por qué estás así? – La mayor reaccionó.
La respiración de la latina se aceleró y la otra joven salió en busca de una de las enfermeras. Cuando entraron, la trabajadora del centro simplemente le puso una inyección a la chica.
– ¿Por qué estabais aquí? – Les preguntó.
– Ayer tuvo una pesadilla y nadie hacía nada, por lo que vinimos a ayudar. – Explicó Jessica.
– Me parece muy noble por vuestra parte, pero era lo peor que podíais hacer. Dada su situación, lo mejor es dejarla sola...
– ¿Qué situación? – Preguntó Brittany viendo como lo que le habían dado a la chica de ojos oscuros le hacía efecto y se quedaba durmiendo. La enfermera la movió a su cama.
– No puedo darte esa información...
La morena no asistió a la sesión con Will ni a la terapia con Emma. Sin embargo, las otras dos fueron. La cosa avanzaba despacio para Pearce. Se sentía culpable por lo que le había pasado a Santana. Cuando la morena no se presentó en la cena se preocupó. Esperó a que las enfermeras terminaran su turno y se fue a la habitación de la latina. Esta vez estaba despierta y la miró curiosa.
– Creo que esta vez me has pillado despierta. – Dijo Lopez.
– Quiero hablar contigo. Necesito saber que ha pasado. – Explicó Brittany.
– No tengo muchas ganas de contar nada.
– Haremos una cosa, yo te cuento algo de mi vida y tú me cuentas de la tuya.
– Está bien, pero luego no utilices la información en mi contra. – La rubia se sentó en la cama de la otra.
– Trato hecho. Yo soy lesbiana.
– Yo también.
– Menuda intuición la de Jess.
– ¿Qué más me quieres contar?
– Mis padres murieron hace un mes en un accidente de coche. – Los ojos de la rubia se humedecieron. Santana le tocó el hombro para intentar consolarla.
– Odio a mis padres, no los veo desde los quince años... Supongo que siguen viviendo, no sé nada de ellos desde entonces.
– ¿Tiene ellos algo que ver con que estés aquí?
– Sí, en parte... ¿Y la muerte de tus padres tiene algo que ver con que tú estés aquí?
– Sí, en parte. Nuestros padres tienen algo que ver en que estemos aquí. En mi caso también me afecta mucho la muerte de mi hermano. Éramos mellizos, murió cuando teníamos ocho años. Estábamos en el parque jugando cuando una canasta cayó encima de él. ¿Tienes hermanos o hermanas?
– No. Soy hija única.
– ¿Qué pasó para que te separaras de tus padres?
– Nada, simplemente no les gustaba la hija que tenían.
– ¿Por qué?
– Digamos que esperaban que fuera una ama de casa con un marido exitoso y al menos dos hijos que serían mi única ocupación.
– Vale, supongo que eso es muy diferente a lo que tú querías...
– Quería ser actriz... Quería ser famosa...
– Yo quería ser bailarina. Vale, ahora me vas a decir cual es tu película favorita. Ayer me dejaste intrigada.
– No te rías...
– Nunca lo haría.
– Titanic.
– ¿Por qué habría de reírme? Es una película preciosa.
– Vale...
– ¿Cantante favorita?
– Amy Winehouse
– Britney Spears. ¿Santana?
– ¿Si?
– ¿Quieres contarme que ha pasado esta mañana?
– Simplemente fue... algo raro que me recordó una etapa de mi vida que quiero olvidar.
– ¿Tiene algo que ver con tu intento de acabar con tu vida?
– Creo que es evidente.
– No me lo vas a contar. – No fue una pregunta.
– No.
– ¡Eh! Conmigo no empieces con los monosílabos.
– Lo intentaré.
– ¿Me contarás algún día lo que te pasó?
– Puede, si te ganas mi confianza.
– Supongo que todo es cuestión de paciencia.
– No confio en las personas, no creo que tú seas la excepción.
– Eso ya lo veremos...
Las dos siguieron hablando de temas intrascendentes, como sus colores favoritos, moda, cine, teatro... Así estuvieron hasta que las dos se quedaron dormidas. Otra vez la rubia durmió en una cama que no era la suya.
