Capítulo 5

Secundaria Seirin
7 Pm -Después de clases-

Termino de colocar sus cosas dentro de su mochila y ponerse esta al hombro a punto de marcharse, tenía hambre necesitaba desesperadamente proveerse de alimento o explotaría.

Una mano sobre su hombro le hizo voltear su rostro hacia un lado distinguiendo los ojos castaños de Teppei acompañados de una sonrisa.

Buen trabajo Kagami-kun, si sigues así muy pronto serás catalogado como un rey sin corona.

Kagami sonrió pero tras ese gesto estaba expresado arrogancia.

Querrás decir que seré el mejor de Japón y aplastare a esos idiotas de la generación milagrosa.

El castaño abrió un poco los ojos ante tal respuesta y al instante relajo su expresión sonriendo con más energía.

Je. No lo dudo, ya eres bastante bueno, pero no te aferres a la victoria solo por razones egoístas. Le dio palmaditas en el mismo hombro por unos momentos.

¿Eh? ¿A qué te refieres?

Que un buen jugador es el que depende de todo el equipo y trabajan juntos para obtener el triunfo, si lo haces solo ¿Qué ganarías con ello? —Le miro con algo de seriedad —Recuerda eso Kagami-kun.

La voz de Hyuga se escucho tras sus espaldas y Kiyoshi se fue de inmediato con su compañero a escuchar que este le llamaba desde la entrada para que se fueran juntos.

Kagami se mantuvo pensativo ante ese mensaje, apretó las manos y cerró los ojos al entender la profundidad de esas palabras, él nunca sería como esos cabrones, ni en su forma de jugar ni esa personalidad arrogante, ego centrista y sobre todo narcisista, agradecía enormemente a Kuroko por hacerle entrar en sí cuando estaba iniciando a entrar en ese maldito círculo existencial que poseen los de la generación de milagros al que el baloncesto solo se centra en ellos y nada más.

No quería ser igual que ellos, no, el iba ser mejor. Les demostraría que Kagami Taiga tiene un motivo más importante para seguir adelante que solo concentrarse para sí mismo.

Las últimas cosas fueron acomodadas y los primeros en marcharse fueron los de primer año, para luego seguirles Taiga aunque sus pies se inmovilizaron a medio camino al escuchar una pregunta que le detuvo en el momento, dejándolo pegado al suelo.

Por cierto ¿Alguien ha visto a Kuroko? —Preguntó un castaño con cara de gato colocándose la mochila al hombro.

El resto de los jugadores miraron tras sus espaldas seguro ha de estar en algún lado escondido, al joven le suele ser sencillo ocultar su presencia, prestaron atención a su alrededor pero ni una pisca de la figura del chico fantasma.

¿No está? — Anunció Izumi con normalidad y Shinka empezó hacer alboroto.

¡Desapareció! ¡En verdad es un fantasma hace unos momentos estaba aquí! —Escandalizo con las manos sobre la cabeza, prontamente el puño de Riko se impacto sobre su cabeza para que se calmase.

¡Cállate!

Kagami atento a la situación se mantuvo silencioso pretendiendo no importarle mirando de reojo el punto donde el resto estaban reunidos, sus oídos se agudizaron como un tigre al acecho.

No desapareció, me pidió permiso para irse antes. Aclaro la mujer del grupo que se cruzo de brazos y lo varones se mantuvieron serenos al tener la explicación, en especial Shinka. — ¡No se queden allí parados, hay que irnos! Es tarde y tenemos que cerrar el gimnasio.

Todos asintieron y fueron saliendo de uno a uno por la puerta, la visión de Riko se detuvo en el pelirrojo que estaba demasiado quieto y callado, se acerco a este.

¿Sucede algo Kagami? — Le pregunto, parecía que algo le preocupaba al hombre.

El nombrado bajo un poco la cabeza unos centímetros algo pensativo y luego volver la vista hacia la castaña.

Entrenadora ¿Kuroko... le dijo a donde iba?

Una mirada algo rezagada y llena de incertidumbre se centro en Riko, sin responder por el momento.

Acaso tu no lo sabes, casi siempre están juntos.
Kagami negó con la cabeza y aquello llamo la atención de la chica.

Kuroko y Kagami desde que ingresaron al club eran casi inseparables no solo en el ámbito deportivo sino también en el campo educativo, dos compañeros de clase juntos en cualquier circunstancia, hasta le parecía extraño pero la amistad era lo que les unía, eso era claro.

No, no me dijo nada.
Le contesto esa pregunta esperada por el más dijo aquello Kagami había desaparecido.

Con las llaves en la mano se dispuso a cerrar la puerta del gimnasio entretanto su mirada divagaba en sus pensamientos por donde había desaparecido el de cabellos rojos.

Al principio la relación de esos dos era nula, Kagami catalogaba a Kuroko como un estorbo, incluso hasta ella misma lo veía de esa manera cuando le vio su cuerpo, se notaba que no tenia madera para el deporte, hasta que lo vio jugar mismo motivo por el cual Kagami cambio de opinión acerca del chico.

No puede negar que ambos son una gran combinación en la cancha, un complemento temible cuando se saben sincronizar, a pesar de ello hay cosas que no calzan en su vínculo amistoso es como si hubiera algo mas allá.

Junto sus manos comenzando a caminar al terminar por asegurar la puerta, empezó a reacomodar sucesos que pudieran revelarle señales.

Entre más recuerdos recopilaba más sentido estaba llegando a su conclusión, el ultimo arranque de furia de Kagami contra Kuroko en esa pelea que tuvo en los casilleros que había escuchado de los chicos, tal vez era solo un simple rumor y luego el desenfreno cargado de violencia al jugar contra Kise hace unas semanas atrás, ahora una extraña preocupación salida de la nada por Kuroko, algo estaba fuera de sí con esos dos, algo ocultaban.

Sus ojos se abrieron en un tic repentino a llegar de pronto la posible respuesta que podría explicar todo. Sonrió acodándose el cabello al entenderlo perfectamente.

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Su baja estatura apenas se distinguía entre la multitud de las personas de no ser por ese cabello llamativo su presencia sería completamente imaginaria como si nunca estuviese, no por nada era llamado el fantasma de Teiko, claro pero eso era algo del pasado y no quiere siquiera recordarlo, aunque a pesar de ello solo hay una cosa que no puede dejar la única por la cual procede de su pasado sin embargo es una costumbre que ama hacer y nunca dejaría en su vida, aunque le recuerde incluso un cumulo repleto de confusos sentimientos y ese era:

Una malteada de vainilla.

Esa refrescante bebida llena de ese agradable y suave sabor era lo que le alegraba el haber tenido un día cansado, ese simple batido es un manjar para su paladar, aunque el primero en mostrárselo haya sido su antigua luz, podría ser una de las cosas buenas que saco de esa amistad, el conocer ese maravilloso dulce.

A lo lejos pudo distinguir aquel restaurante de comida rápida y prontamente ingreso a este haciendo fila para ir hasta la caja, no paso mucho tiempo cuando la cajera le había atendido que por supuesto pidió por la bebida. No paso mucho para cuando esta se le fue entregada.

Su boca se introdujo en el popote dispuesto a salir del lugar con el envase en las manos, la puerta se abrió y sin mirar a nadie ya estaba camino hacia la calle, tenía que ir a cierto lugar.

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Sus pies caminaban con pesadez, andando casi encorvado sin ánimos de siquiera usar su cuerpo como debe ser, su estomago lo estaba torturando sabia que muy pronto no resistiría, se apresuro al saberse el camino de memoria sabia que en la esquina cruzando la calle se encontraba el Maji Burger.

Ingreso en el restaurante juntando las cejas al percatarse del poco de personas estorbando en su camino, sin poca paciencia quedo en la fila esperando por su turno, los clientes fueron pasando con rapidez, más de la esperada alegrándose por ello, muy pronto su estomago seria saciado.

La voz de la chica le llamo y con rapidez pidió lo usual esas veinte hamburguesas, muchos de los clientes incluso los mismos trabajadores le miraron con una sorpresa camuflada ante el pedido, al terminar de dar el dinero su cuerpo se detuvo y fue en ese momento que sus ojos se abrieron al llamarle la atención una cabecita celeste saliendo por la puerta del restaurante.

¡Joven, su pedido!

Sus pies reaccionaron girando sobre sus propios talones a los segundos de querer salir disparado hacía la puerta, no sin antes tomar la bolsa repleta de comida chatarra que le extendió la joven de su pedido.

El rojo de sus ojos miraron varios lados de la calle al percatarse que la figura de Kuroko había desaparecido, chasqueo la lengua sacando una hamburguesa de su envoltorio y comenzar a devorarla dando paso hacia la carretera, no había prisas y sus pasos andaban a su propio ritmo, se acabo en pocos bocados lo que estaba en su manos y proveerse de otra hamburguesa. Apenas dio vuelta en la esquina retrocedió y su espalda se pego en la pared, escondiéndose.

Kuroko estaba a unos cuantos pasos de distancia con su mirada sobre su móvil y en su boca un popote. Taiga trago grueso y unas gotas de sudor aparecieron en su frente, el fantasma cruzo la calle y Kagami abrió los ojos ante la idea de querer seguirlo, su compañero había salido antes del entrenamiento del club sin dar motivos, dudaba realmente de que escondiera algo pero dada las circunstancias Tetsu no es alguien tan abierto como creía, ese fantasma posee secretos y de una manera muy agria se entero de uno de los más oscuros de ellos.

Espiarlo no sería algo era tan malo solo estaba percatándose acerca de la vida de su amigo y los secretos de este, debía hacerlo, nada se le oculta a Kagami Taiga.

Sigilosamente le siguió tratando de no ser descubierto, una distancia bastante prudente y alejada le daba vista libre a la cabeza celeste de su compañero apenas para distinguir por donde se dirigía.

Dio los últimos sorbos de su batido, sacudió el envase y luego este término en un bote de basura, miro de nuevo su móvil caminando hasta llegar a un parque, parpadeo impreciso tomando asiento en una banca con la vista fija en la pantalla.

Soltó un suspiro resguardado por el tronco de un gran árbol, no había nada anormal solo el pequeño chico sentado en un parque, cerró los ojos sonriendo dispuesto a ir hasta donde Tetsu para hacerle compañía.

Veo que leíste mi mensaje.

Kagami se paralizo al ver aquel uniforme que le era conocido al igual que ese cabello verde, Kuroko por su parte se puso de pie asintiendo con la cabeza.

Midorima-kun

Kagami apretó los puños y sus ojos se achicaron algo daba mala espina, no era posible que Kuroko faltara a una práctica solo por reunirse con semejante idiota. Observo con atención ambos jóvenes esperando que no sucediera algo que le hiciera romperle la cara al lanzador de Shintarou.

¿Cómo has estado?
Menciono con voz apática, únicamente por cortesía realmente no quería saber la respuesta, ante ello soltó un suspiro cansado para luego abrir la mochila.

No es como si tuviera los ánimos para estar aquí, ten. De la mochila saco un pequeño peluche que apenas cabía en la mano, lo extendió hacia Kuroko para que lo tomase. —Haz lo que quieras con eso, no lo quiero.

Miro el objeto unos segundos cuando estuvo en sus manos, le era conocido, demasiado. Empezó a divagar en sus pensamientos en silencio hasta que la imagen llego a sus recuerdos.

— ¿Por qué Midorima-kun aun tiene esto?
Se fijo la vista del chico en el de cabellos verdes y este por su parte desvió el rostro acomodando sus lentes.

Tks, no tiene importancia. Chasqueo la lengua volviendo a verle, Kuroko que permanecía con esa expresión gélida o más bien carente de emociones volvió a mirar al conejo con alas, ese peluche que le hizo pasar una de las tardes más extrañas con Midorima, desconocía el motivo de por el cual el lanzador de Shutoku tuviera eso después de tanto tiempo.

— ¿Por qué me lo das?
Reiteradamente alzo apenas la cabeza para saber su respuesta, lo hubiera simplemente arrojado si no tenía ningún valor era mejor deshacerse de algo como eso.

Cada vez que lo veo me trae malos recuerdos y no quiero pensar en lo sucedió por culpa de esta cosa. Fue lo único que dijo tocándose algunos mechones de cabello de su frente. —Ya dije haz lo que quieras con eso. Le dio la espalda, no quería seguir con esa conversación, resultaba extraña. —…Y olvida todo lo que sucedió.

Sin más salió de la vista del miro alconejo se levanto de la banca dirigiéndose hacia un bote de basura, Kagami que había presenciado cada palabra y acción solo observo a Tetsu yendo a una dirección distinta a la de Midorima, llevaba ese extraño peluche en sus manos, a pesar de que vio todo no le fue difícil distinguir qué era lo que le había dado. Rodeo el árbol sin dejar que su presencia fuera notada para distinguir como el peliceleste observaba lo que tenía en sus manos y luego estirar la mano con ello para tirarlo, sonrió escasamente al ver eso pero su sonrisa desapareció al ver que el joven se retractaba de tirarlo a la basura y en vez de ello lo había guardado en su propia mochila.

Eso le daba mucho que pensar, junto las cejas algo molesto, no estaba de acuerdo con esa acción de Kuroko, debía mejor botar esa mierda ¿Por qué conservarla? Kuroko… porque siempre debía ser un misterio.


Ya sé, ya sé, ha pasado mucho desde el ultimo cap que subi pero no ha estado con muchos animos de escribir asi que la inspiración esta tirada en el caño, pero seguire con el fic pero antes de hacerlo dejenme reviews para saber si alguien sigue la historia porque no tiene sentido que me ponga a escribir y nadie la leea, no quiero perder el tiempo para nada.

En fin~ Gracias por leer.