¡Hola! :D antes que nada, lamento el retraso, últimamente he estado muy ocupada, y agitada y nerviosa. Pero anoche me di a la tarea de sacar esto que en compensación, es muy dulce en comparación a los anteriores. Sin más que agregar por el momento, disfruten.
Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
El joven Kage podía observar con detenimiento la caída del sol y sus mantos anaranjados rozando con parsimonia el desierto y a su querida Suna. Un gato lo miraba fijamente desde la ventana abierta, pero Gaara apenas y reparaba en él.
Se levantó de su asiento y se dirigió hacia el minino, pasando los dedos por su pelaje negro y haciendo que el gato se frotara con satisfacción.
Baki no tardó en tocar la puerta. Gaara sabía perfectamente que apenas unos minutos había llegado a Suna el contingente que mandó a revisar las dunas del desierto en un intento por encontrar algunos ninjas desertores. Con su típica voz fría y apacible, le dio permiso para entrar, sin dejar de acariciar al gato, ni observar el ocaso.
Todos entraron, con el jounin enfrente, eran dos jóvenes y su ex alumna, se les apreciaba cansados y con varios moretones y raspaduras.
—Gaara-sama, hemos capturado sólo a uno de los tres, al parecer lo dejaron a su suerte, tiene una fractura en la pierna, está siendo atendido en el hospital.
La voz de Baki fue rápida y concisa sobre los hechos, y el pelirrojo sabía que tendría que esperar un informe sellado para revisar los detalles.
Evitó girarse y mirarlos, pero por el rabillo del ojo distinguió la pesadumbre de Matsuri y la mueca que desfiguraba su rostro en cansancio. Los otros dos no tenían nada que envidiarle, pues estaban en la misma situación.
—Muy bien, pueden retirarse.
—Gracias, Gaara-sama.
Poco a poco abandonaron el lugar sin más protestas, el gato ya estaba echado y parecía disfrutar del contacto en su estómago, pues ronroneaba sin parar.
—Baki…
El jounin estaba a punto de cerrar la puerta pero volvió a entrar esperando preguntas sobre la misión, sin embargo, Gaara tenía otros planes para él.
—En el estante, es el paquete verde.
Baki entendió inmediatamente qué era, pues no era la primera vez que hacía ese trabajo por el Kazekage. Lo tomó y se despidió. Por su parte, Gaara paró las caricias ante la protesta del felino e hizo su técnica del tercer ojo para vigilar la entrega.
La castaña caminaba cansada y sobándose los brazos con tristeza. Últimamente, Gaara parecía estar distante y aún más tácito que de costumbre, sobre todo con ella.
Antes parecía que el pelirrojo se esmeraba por preguntarle sobre sus misiones, y se mantenía en contacto a pesar de estar ocupado. Lograba hacerle un espacio a Matsuri para entrenar un poco o simplemente para hablar.
Pero todos esos tratos pararon de freno, cuando un anciano del consejo insinuó que el pelirrojo estaba enamorado de su alumna, y que había dejado de lado su profesionalidad. Matsuri sabía que no era cierto, pero él se lo tomó muy a pecho y difícilmente trataba con ella, inclusive, podía afirmar con seguridad que aquél gato había sido encontrado y adiestrado justamente para que Gaara la ignorara a sus anchas, pues en cada visita a su oficina lo encontraba haciendo lo mismo, acariciando al felino con naturalidad e indiferencia.
—Matsuri…
La voz la interrumpió de sus pensamientos lúgubres y se esforzó por ensanchar una sonrisa a Baki, quien traía una caja envuelta en una fina tela color verde pastel con lunares negros.
—Toma, supongo que te servirá.
—¿Qué es esta vez? Siempre me regala cosas muy lindas, Baki-sama. No debería molestarse.
Sonrió negando con la cabeza y se encogió de hombros.
—Sólo tómalo, y me dices mañana si te ha servido. Cuídate, Matsuri, y apresúrate con el informe, sabes que a Gaara-sama no le gustan las impuntualidades.
—No se preocupe.
Últimamente, Baki le regalaba ungüentos, jabones, sales, e inclusive ambuletos para la salud. Cada que Matsuri recibía una golpiza, o algún daño físico, el jounin parecía adivinarlo y le daba un nuevo obsequio. A ella no le parecía muy extraño, pero a Sari e incluso a Temari, sí.
Ella creía que sólo era algún instinto paternal y no le daba muchas vueltas al asunto.
Cuando llegó a su habitación, abrió el extraño paquete y se encontró con una pomada especial para las raspaduras, antisépticos y un collar para la buena suerte de color rojo.
Feliz, dedicó parte de la noche a curarse, y luego, con un dejo de tristeza, procedió a realizar los papeles para su ex profesor.
Cuando llegó, muy de mañana a la oficina de Gaara, tocó con suavidad, pero al no obtener respuesta, abrió la puerta, descubriendo al gato negro durmiendo encima de los papeles del pelirrojo, y a Gaara, dormido en su silla con la cabeza levemente inclinada hacia un lado.
La escena le pareció linda, y sin duda curiosa, así que con una pequeña sonrisa se acercó a él, y a punto de moverlo con las yemas de los dedos para despertarlo, notó por el rabillo del ojo algo sumamente extraño.
Tela verde con puntos negros, cubierta en parte por el gato. Exactamente igual a la del obsequio de Baki.
Frunció el ceño, dubitativa, y la tocó, haciendo que el minino abriera los ojos y a la vez, Gaara también.
Matsuri emitió un gemido de sorpresa, pero se recompuso al obtener esa mirada interrogante de Gaara que tanto la hacía estremecerse.
—¡Gaara-sama! Vine a traerle el informe de ayer… ¿Se quedó a dormir aquí? No creo que sea sano para su cuello.
Una sonrisa cruzaba por su cara, sus ojos negros también le sonreían aunque también lo atacaban con incertidumbre. El pelirrojo paseó sus orbes aguamarina por el escritorio y se encontró con la tela, y con el gato.
Extendió la mano hacia Matsuri, sin decir absolutamente nada, y la castaña le entregó rápidamente el pergamino. Lo leyó en silencio y ella esperaba, mientras se aventuraba a tocar al gato. Ahora ya no estaba tan resentida con el minino, al descubrir quién era el que le mandaba realmente esos extraños regalos.
—Todo en orden, puedes irte.
—Gracias, Gaara-sama…
Se encaminó hacia la puerta con energía renovada, y decidida a probar suerte, se quedó ahí, mirándolo sin girar realmente su cuerpo, sólo la cabeza.
−Usted… usted me ha estado enviando todas esas cosas, ¿cierto? Gracias. Yo lo aprecio mucho.
La expresión de Gaara no se modificó en gran manera, abrió los ojos con cierta sorpresa, pero recobró la máscara de indiferencia a la par que acariciaba al felino en la cabeza.
—No sé de qué hablas…
La voz baja y su mirada perdida ya le habían confesado todo a Matsuri, pero no quería que ella realmente lo supiera.
Matsuri comprendió en seguida que él no lo admitiría, aunque fuese más que obvio. Sonrió y un sonrojo le coloreó la piel.
—Hasta luego, Gaara-sama.
Cerró la puerta y se alejó dando saltos, y cuando el Kazekage estuvo seguro de que nadie lo veía, más que sólo aquél gato cómplice, aventuró sus labios a sonreír.
—Hasta luego, Matsuri.
¿Qué tal? ¿Verdad que no estuvo tan triste? de hecho creo que quedó lindo, no lo sé xD
Tengo pensado en escribir muchos más, pero creo que estarán tardando más en llegar precisamente porque empiezo a trabajar a partir del 12. Me dan unos nervios... Y bueno, no creo que afecte mucho mi inspiración, y no creo que muchos estén al pendiente (?) pero de todos modos aviso.
A pesar de todo, me da gusto que haya quienes se toman la molestia de comentar y les doy muchas gracias, tanto invitados como usuarios. Y los que no comentan... ¡Anímense! no muerdo (mucho) :D si hay algún error me lo hacen saber. Hasta luego.
¿Review?
