Hola, ¿qué tal? Ya sé, otra vez me tardé más de la cuenta xD Gracias a los nuevos lectores y a los que me dejan comentarios, es lo que me impulsa para seguir escribiendo, he estado sin inspiración pero logré sacar esto luego de leer un libro que me gustó mucho.
Sin más, les dejo el nuevo oneshot, espero que les guste.
Disclaimer: Naruto no es de mi propiedad, ni sus personajes, estos pertenecen a Masashi Kishimoto.
A veces eran crueles con sus exageradas críticas. Matsuri, Matsuri, no deberías llevarle el té…Fíjate cómo ni siquiera le importa si no llegas. O cosas como: Parece que siempre está de malhumor contigo, qué malvado.
Oh, bien, ¿qué les importaba a ellos? Matsuri sabía que Gaara tenía su carácter, era un hombre frío y a menudo cortante, porque debía ser así, debía permanecer en su papel para dirigir la aldea, para que todos lo respetaran.
Aunque sí, admitía que a veces él se ponía peor con ella. Como si Matsuri tuviera la culpa de todo. Y es que derramar el té en sus papeles, u olvidarse de entregarle pergaminos importantes a Kankuro sí era su culpa, y lo aceptaba, pero, ¿enojarse con ella porque se habían acabado los frascos de tinta? Bueno, también era su culpa porque se le olvidaba comprarlos y llevarlos.
—A ti te gusta sufrir, Matsuri. Eres masoquista, ¿verdad? —le decía Kankuro con una sonrisa socarrona en la cara, disfrutando el paisaje.
Echado en su silla observaba a Matsuri mientras se reprendía por haber perdido un papel del Kazekage. Casi lloraba, daba vueltas y vueltas en la oficina y se detenía sólo para pensar en los ojos verdes decepcionados y molestos.
—Perdí el papel, me va a matar.
—No te va a matar, pero sí se enfadará… Por eso no entiendo por qué quieres ser su asistente, ese tipo es tan ordenado y cuidadoso que cualquiera que le quiera ayudar sólo estorba.
—Yo sólo…
—Eres masoquista —completó la frase riendo, claramente, había visto la escena como un déjà vu.
—Gaara-sama no es tan malo, él sólo me regaña porque hago las cosas mal.
—Oh, oh, ya veo… Matsuri, tienes el síndrome de Estocolmo.
Así de sencillo, Matsuri se quedó en blanco.
Masoquista, sí le habían dicho muchas veces, dejada, agachona, lame suelas… Pero, ¿qué se supone que significa eso? Síndrome de Estocolmo. ¿Una enfermedad mental? Lo de masoquista también podría interpretarse así, un poco.
—¿Eso no es lo que le da a la gente que se enamora de sus secuestradores?
—Seh, Gaara te secuestró como ayudante y tú no lo has dejado aunque él ya se arrepintió.
Se molestó y salió, dando un portazo, como en la televisión. Se sintió ridícula. A lo mejor era cierto, Gaara ya no la quería como asistente y ella sólo hacía mal las cosas. Debería retirarse, alejarse de una vez por todas.
—Estúpido síndrome de Estocolmo… —susurró mientras las lágrimas le quemaban las mejillas.
Se había enamorado del sádico pelirrojo que la había obligado a hacer recados y llevarle comida, luego ella se había quedado por voluntad propia. Y Gaara se enfadaba con ella, la regañaba y ya ni siquiera le importaba si otros observaban.
"—No seas tan torpe, Matsuri, te dije que había que rellenar esas solicitudes y mandarlas con Temari, ¿es que ya no retienes información? —le preguntó un día, parecía exasperado, aunque su tono de voz no había variado."
Debía reconocerlo, no le gritaba, sólo a veces alzaba un poco la voz, y luego, como si se arrepintiera la dejaba en un tono bajo y personal, aunque para ella era igual, o peor.
Ella intentaba, intentaba de verdad recordar, intentaba no manchar el escritorio, intentaba ser eficiente. Pero él no se lo ponía fácil, no cuando llevaba ese perfume encima, cuando su cabello lucía tan hermoso y salvaje, cuando sus ojos la hacían vibrar de dolor y placer. No podía concentrarse, joder, ¿quién podría? Si ese hombre se imponía tan poderoso y majestuoso, como león.
—Ya no más —decidió cuando salía de la oficina, con el corazón hecho pedazos. Gaara se había encargado de destrozarlo.
Luego de que ella le confesara que había perdido el papel, el pelirrojo se aseguró de volverlo a hacer mientras le soltaba un sermón completo, sobre la responsabilidad, sobre el prestar atención, sobre dejar de pensar en tonterías.
—Le voy a tomar la palabra, dejaré de pensar en tonterías —le gritó mientras salía corriendo y soltaba su segundo portazo en su corta vida.
La cara de sorpresa de Gaara era un poema. Sacudió la cabeza mientras seguía haciendo el papel.
—Mujeres, todas están locas —agregó en voz baja mientras terminaba de estampar la firma y se levantaba para entregarlo personalmente.
Matsuri no regresó esa semana, ni la siguiente, no volvió en todo el mes hasta que Gaara la mandó a llamar.
—Matsuri… ¿qué va mal?
—Nada, Gaara-sama, dejé de pensar en tonterías y punto.
El pelirrojo sonrió. Era una pequeña sonrisa, casi invisible, y de hecho, Matsuri no la vio. Se levantó de su lugar y caminó tranquilamente hacia ella.
—Eres orgullosa, y eso no lo sabía, pero debes saber que nada de lo que te he dicho ha sido con el afán de hacerte sentir mal. Era porque quería que prestaras atención e hicieras las cosas bien.
El silencio se hizo presente, y durante mucho tiempo Matsuri se miró los pies, buscando cómo explicarle a Gaara lo que sentía. Ahora, de nuevo desarmada, y con la noticia de que el sádico no era sádico, y ella sólo era demasiado sensible. Pero Kankuro había dicho algo importante.
—Soy una víctima de una enfermedad mental, y usted es el culpable, me voy a tener que alejar de usted.
La información casi hizo reír a Gaara, no había muchas cosas que lo hicieran soltar una carcajada, no se acordaba de ninguna, de hecho, pero esta hubiera sido una de ellas, si no fuera porque el tono serio de Matsuri le quitó las ganas.
—Así que una enfermedad mental, ¿Cuál es esa? ¿Neurosis? —preguntó con curiosidad, obligándose a mantenerse serio.
—Síndrome de Estocolmo —dijo mientras lo miraba a los ojos.
Gaara se perdió en su oscuridad, tragado de repente por una información desconocida hasta ahora.
—No te he secuestrado. Ni violado, ni maltratado… a menos que regañarte por no sacar la basura sea así.
—Me ha tratado mal, me regañaba todo el tiempo.
—Porque hacías las cosas mal, Matsuri. No prestabas atención —dijo en tono conciliador—. Pero no voy a retenerte a la fuerza, y… y no es necesario que hagas lo que hacías antes, sólo vuelve al trabajo, estoy seguro que casi no te quedan ahorros.
Matsuri asintió mientras lloraba. Pero al día siguiente, estaba ahí, lista para hacer lo que Gaara quisiera.
Kankuro se burló de ella, sutilmente mientras le prestaba un paño para limpiar un poco de agua que había tirado en el suelo de la oficina de Gaara.
—Otra vez a las garras del león, Matsuri. ¿Te gusta tanto que te amonesten?
—Me gusta que me corrija, y voy a aprender a poner más atención, y a no fijarme tanto en cómo le queda la ropa ajustada.
La última declaración la hizo mientras salía, y dejó a Kankuro con la ceja levantada, luego se echó a reír.
—No tienes remedio, Matsuri.
Y bueno, ya sé, me estoy ablandando, pero el siguiente no será así, y espero que no se estén acostumbrando a los arcoiris y corazoncitos xD (?) Viene sangre (?) Okno, pero sí se viene algo un poco más fuerte.
Disculpen de nuevo la tardanza, prometo que intentaré actualizar pronto, y por pronto estoy hablando de una o dos semanas a lo mucho.
Gracias, dejen review para que sepa que debo seguir escribiendo (?)
