Tan dulce como lavanda.

Capítulo 2: Famosas primeras palabras

Era temprano en la mañana y Rarity estaba ocupada con uno de sus muchos proyectos. Con Spike fuera comprando provisiones y Opalescence holgazaneando por la casa, la tarea no parecía demasiado exigente. Ella se empecinaba en sus raros momentos de paz sin el inmaduro hombre purpura molestándola. Enfocada y llena de energía, la fashionista siguió cosiendo sus proyectos a la perfección, silbando suavemente para sí misma para ayudarle a pasar el tiempo.

Ella mantuvo un ritmo constante mientras cosía, cortaba, transformando la tela en hermosos vestidos. Ella estaba en su zona, manteniendo su enfoque en la tarea a (mano)casco. Eso fue hasta que escuchó algo arrugándose detrás de ella.

"Que en el..." Rarity se dio la vuelta para encontrar la fuente del ruido, sin ver más que una habitación llena de caos organizado.

"Hmm, debe haber sido mi imaginación", se encogió de hombros, continuando su trabajo actual. "Ahora, sólo un poco aquí y allá". El crujido regresó. Sonaba como si alguien o algo estuviera correteando por la habitación.

"¿Spikey?, ¿Opal?" Rarity comenzaba a preocuparse y a ponerse nerviosa. Ella dejo su obra inacabada y empezó la búsqueda de su acosador, viendo sombras tenues pasar detrás de ella de vez en cuando.

"¡Querido, si esta es una de sus bromas, no es divertida!" Se quejó, esperando que el intruso fuera una cara conocida. Paranoia acumulándose en ella al no haber una respuesta.

"Um, ¿algún poni aquí?" No hubo respuesta. De hecho, el ruido cesó. Rarity miró alrededor de la sala de trabajo; teniendo un buen ojo para las cosas, se dio cuenta de que algunas de sus sábanas y telas se habían movido o arrugado ligeramente. Algo estaba allí.

"¡Está bien, no voy a jugar más! Quienquiera que sea, salga ah..."

Un dolor agudo interrumpió su declaración. Ella hizo una mueca y apretó los dientes, tratando de evitar gritar en agonía. Con una mirada molesta, ella giró la cabeza hacia su cola para ver al culpable.

El diminuto draconi púrpura (por falta de un mejor término; Pinkie estaba eufórica cuando se enteró que oficialmente se estaba utilizando su término acuñado) estaba mordiéndole la cola, gruñendo juguetonamente y mirando a su madre esperando su aprobación.

"Cielo, te he dicho ya, que ha mamá no le gusta jugar a este juego contigo" Rarity se quejó, su tono un poco más alto de lo que le hubiera gustado. "Por favor, deja mi cola, querida".

Lavender no entendía lo que estaba diciendo Rarity, mirándola confusamente. ¿Por qué no se reía como su padre lo hizo cuando jugó con él? Quizás debía tirar de su cola más fuerte.

Lavender mordió y comenzó a tirar de su cola.

"¡OUCH!" Rarity no pudo contener más sus gritos. Lavender, asustada de que podría haber hecho algo mal, liberó la cola de su madre y empezó a temblar, lágrimas brotando de sus ojos.

"Oh querida, mamá no está enojada", Rarity dijo, inclinándose hacia la cría temblorosa. "Apenas me dolió. ¡En serio!"

La yegua de alabastro le sonrió cálidamente a Lavender, quien a cambio se acurrucó con su madre. Rarity tuvo que contener sus lágrimas para no preocupar más a su pequeña.

"¡Adivinen quién está en casa!" una despreocupada voz familiar resonó en la cocina. "¿Hay alguien despierto?"

Rarity sonrió mientras levitaba a Lavender, haciendo que la niña riera con regocijo. La yegua de melena púrpura plantó a su hija en su espalda, posicionándola de forma que no se cayera.

"Vamos a ver lo que papi nos trajo", dijo Rarity. "Oh, y si no te importa, ¿podrías no agarrarte de mi espalda? La última vez que lo hiciste casi me rompes la piel".

La pequeña distraída, se inclinó hacia delante en broma, cayendo sobre su cara y riendo histéricamente a causa de esto.

"Espero que eso sea un sí y oremos por lo mejor", Rarity suspiró, trotando hacia su marido.

Spike había dejado un grupo de bolsas de papel, que contenían la reposición de alimentos del mercado. Empezó a sacar los alimentos de las bolsas cuando vio a las dos señoritas de la casa entrar, bendiciéndolo con su presencia.

"¡Buenos días, a las dos!" El dragón púrpura sonrió cálidamente a ambas. "Espero no haberlas hecho esperar demasiado".

"No, en lo absoluto querido" Rarity le devolvió la sonrisa. Lavender saltó de la espalda de Rarity y corrió directamente hacia Spike, sonriendo mientras trotaba hacia su padre. Spike se arrodilló para tratar de llegar al nivel de sus ojos.

"Y, ¿qué tenemos aquí? ¡Parece que esta pequeña ya está despierta y lista esta mañana!"

"¡Uppa! ¡Uppa!" Lavender llamó alzando sus brazos y apretando sus manos para que el dragón la levantara.

"Está bien, pero sólo un minuto", Spike accedió. "¡Te estás poniendo más pesada cada día!" Agarró a Lavender y la levantó, fingiendo un gemido para enfatizar lo grande que se estaba volviendo. Después de acariciar la espalda del eufórico bebé draconi, se dio cuenta de que la cola de su esposa estaba descuidada y desordenada, desenroscada ligeramente en la base.

"No será acaso eso un nuevo estilo de cola ¿o sí?" Preguntó Spike, sabiendo muy bien lo que había sucedido. Le tomó cada hueso de su cuerpo para no reír.

"¿De verdad crees que hice esto intencionalmente?" Rarity gimió. "Nuestra hija decidió que sería divertido ir a hurtadillas y ¡tratar de arrancarme la cola de un tirón!"

Rarity escuchó a su esposo reírse de su trauma, enfureciéndola ligeramente.

"¡Esto no es divertido!" Le replico ella, su voz escalando de tono. "Ustedes dos pueden jugar esos juegos entre ustedes todo lo que quieran, pero yo no quiero ser parte de ellos, ¡sobre todo si eso significa perder mi cola en el proceso!"

"Pero si yo tiro de tu cola todo el tiempo y no te quejas", Spike bromeó, dándole una sonrisa pícara. "De hecho, tiendes a disfrutarlo"

Tomó cada fibra moral en el cuerpo de Rarity para no lanzar todos los alimentos al dragón inmaduro al que llamaba marido. Ella solo giro los ojos y se sentó en la mesa, a revisar las provisiones.

"Veamos qué es lo que tenemos aquí", comenzó Rarity, tomando las provisiones. "Las castañas de cajú, lechuga, leche, zanahorias, otro ratón de peluche para Opal ya que Lavender destrozo el otro, pudín de chocolate, y mi crema facial". Le sonrió a Spike, orgullosa de que se las arregló para conseguir lo que necesitaban. "Bueno, si hay algo en lo que eres bueno, es prestar atención a los pe..."

Rarity se detuvo cuando notó que algo faltaba. Rebuscó en todas las bolsas de nuevo, haciendo que Spike se preocupara un poco.

"Algo anda mal, Rares", le preguntó.

"Sí, algo", respondió con frialdad, volviéndose hacia él para mirarlo directamente a los ojos. Tan fácil como ella podía derretir el corazón de Spike con sus miradas amorosas, también podía congelarlo con sus miradas maliciosas.

"¿Podrías decirme dónde están mis galletas de avena glaseadas, Spikey?", Le preguntó, mirándolo directamente a los ojos. Una pequeña gota de sudor comenzó a formarse en el rostro de Spike. Lavender lo miró sin comprender; todavía era demasiado joven para entender todo lo que estaba pasando, pero si sabía una cosa...

Esa mirada de mamá sólo podía significar cosas malas.

"Bueno… em... se agotaron, así que me tuve venir con las manos vacías", contestó Spike nerviosamente.

"¿Se agotaron tan temprano esta mañana?" Rarity levantó una ceja, no convencida de lo que le decía.

"¡Hey, esas galletas son muy populares según escuche!"

"Ya veo". Rarity se acercó a Spike, inclinándose muy cerca de él y con una sonrisa irónica. "Bueno, ¿quieres un consejo, querido?"

"Claro. ¿Qué es?"

"La próxima vez que decidas comerte mis galletas" comenzó ella, lamiendo su pata y pasándola por la cara cubierta de migas de Spike, "asegúrate de deshacerte de toda la evidencia". Después de limpiar los trozos de galleta de la cara del culpable, ella suavemente lo golpeó en las mejillas, lo suficientemente suave para no hacerle daño, pero lo suficientemente severa para establecer su punto.

"Te pedí específicamente que consiguieras esas galletas para que yo pudiera tener algo para picar después de que terminara con mis proyectos", le reprendió. "Se suponía que serían mis aliviadores de estrés, una recompensa por un duro día de trabajo, y ¡te las comiste todas como un cerdo!"

Lavender se dio cuenta que había algunas migajas más en el otro lado de la mejilla de su padre. Ella sacó su lengua viperina y lamio los trozos azucarados de su rostro, sonriendo inocentemente.

"Lo siento Rarity", Spike respondió, mirando a Rarity con pequeños y brillantes ojos de arrepentimiento. Ella odiaba cuando hacía eso. Se veía tan inocente y desamparado cuando él le daba esa mirada, casi como un niño. La rabia que sentía hacia su marido en ese momento se disipó lentamente. Ella suspiró y suavizó su expresión.

"Juro que a veces estoy tratando con dos niños" se rió internamente. "Está bien, te puedo dar una oportunidad de redimirte. ¡Sugarcube Corner tiene estas divinas galletas de macadamia y chocolate blanco que tienen un sabor celestial! Quiero que me traigas unas diez.

"¿¡Diez!?" Spike exclamó, agitando un brazo mientras sostenía a Lavender en la otra. "¡Esas galletas cuestan como siete bits cada una! Eso me dejara seco durante el resto de la semana".

"Bueno querido, quizás debiste haber pensado en eso antes de inhalar todas mis galletas de avena", afirmó maquiavélicamente, dándole piquitos en las mejillas. "Oh, y lleva a Lavender contigo. Me gustaría que algunos de estos proyectos se hagan en paz".

Spike gimió ante la crueldad de Rarity. "Tienes suerte de que te amo, de lo contrario no te aguantaría esto", Spike bromeó.

Rarity le sacó la lengua y luego paso delante de él, moviendo su rostro con su cola. "Tienes suerte de que te amo, de lo contrario no te dejaría vivir aquí", respondió, regresando a su cuarto de trabajo. Spike sólo se rió y agarró lavanda, llevándola hasta su cara. Todavía siendo tan inocente y ajena a la situación, ella se rió alegremente mientras era sostenida por su padre.

"¿Lista para ir, Lavender?" Spike le preguntó a la niña. Ella sólo agitó sus brazos juguetonamente en un ataque de risa.

"Tomaré eso como un sí". Se puso la niña color morado claro sobre sus hombros, permitiéndole montarlo y luego salieron por la puerta.

Las calles de Ponyville estaban ajetreadas, como era de costumbre a esta hora del día. Muchos de los residentes sentados y hablando con los viejos amigos, o en conversaciones casuales con los comerciantes de la ciudad. Spike camino hacia Sugarcube Corner con Lavender sobre sus hombros, la que estaba mordisqueando su oreja verde.

"¿De verdad te gusta masticar cosas?, ¿ah?" Spike se rió de la pequeña draconi que gruñía. "Desde que tienes esas pequeñas cuchillas, ¡has estado lanzándote sobre nosotros un montón!"

Lavender continuó mordiendo la oreja de su padre, lo que le daba cosquillas. A diferencia de la fashionista, Spike no podía sentir el aguijón de la mordedura de Lavender, lo que hacía que jugar con ella fuera más manejable.

Mientras los dos caminaban hacia la tienda, Spike se dio cuenta de que estaba recibiendo unas cuantas miradas de algunos ponis. A pesar de que se lo esperaba llegado este momento, esto le hacía sentir un poco incómodo y un poco agitado. Muchas de las miradas eran miradas de malicia y de incomprensión hacia su hija. La mayoría de los ciudadanos no aprobaban la existencia de la niña; aunque no lo expresaban verbalmente, estaba claro que había recelo en aceptar el hecho de que, posiblemente, podría existir algo como Lavender. En un momento dado, incluso fueron felicitados por su "abominación", lo que hizo que la sangre de Spike hirviera. El dragón púrpura no quería pensar en ello demasiado, por lo que bloqueó todas las miradas que él y Lavender estaban recibiendo y se centró en caminar.

Ya en Sugarcube Corner, entró en la tienda con la intención de comprar las golosinas de su diosa.

"¡Bienvenido!" Una voz burbujeante y familiar llamaba detrás del mostrador. "¡Bienvenido, bienvenido!"

"Hey Pinkie", Spike saludó, bajando a Lavender. La niña gimió ligeramente una vez que fue puesta en el suelo, pero luego procedió a alimentar su curiosidad, explorando el suelo harinoso. "¿Cómo les ha estado yendo, pinkie?"

"¡Oh, yo he estado simplemente genial!" Exclamó eufórica al ver a su amigo de nuevo. "¿Y tú? ¡Se siente como que no he visto a mi cliente favorito en años!"

"Pinkie, sólo han pasado cuatro días", Spike rió.

"¡Eso es demasiado tiempo!" Pinkie gritó dramáticamente, "especialmente cuando significa que no puedo ver a la pequeña Lavie!" Pinkie se volvió hacia la draconi, haciéndole caras divertidas.

Divertida por la yegua de melena hinchada, Lavender entró en un ataque de risa, aplaudiendo por el show que estaba recibiendo. No fue sino hasta que su vientre comenzó a rugir antes de que su rostro se pusiera firme.

"¡ambe! ¡ambe!" Lavender exclamó, abriendo mucho la boca y señalando una garra hacia su lengua.

"¿ambe? ¿Es algún tipo de discurso draconiano?"

"No Pinkie", Spike rió, encontraba su ignorancia aleatoria tierna, "ella dice que tiene hambre. Ella no sabe cómo hablar todavía". Spike miró al hambriento bebé, que seguía apuntando a su lengua con la esperanza de ser alimentada en breves momentos. "Hey Pinkie, ¿podrías hacerme un favor y traerle a Lavender algo para..."

Pinkie corrió a la cocina y regresó con un pequeño lote de galletas, sonriendo ampliamente.

"... Comer". Spike se sorprendió con lo rápido que Pinkie había salido corriendo y regresado.

"¿¡Qué clase de pony sería si no me preocupara por la pequeña dulzura!?", Afirmó, saliendo de detrás del mostrador y en dirección a Lavender. Ella le dio un empujoncito suave al sorprendido draconi en su vientre y empezó a hacerle cosquillas, lo que la hizo reír y agitar sus piernas.

"Aprecio el gesto, Pinkie" Spike dio las gracias, "pero si no te importa, ¿podrías encontrar algo más... sano que las galletas, ¿tal vez algunas nueces o frutas o algo así? No quiero que mi mujer me mate por 'echar a perder el apetito de Lavender' ".

"¿Y cómo se va a enterar?"

"Créeme, tiene maneras de averiguarlo".

Pinkie puso un casco en su mentón, pensando en lo que posiblemente podría tener para el draconi hambriento. Después de pensarlo, una bombilla se encendió en su cabeza y se apresuró a regresar a la cocina. Ella volvió con una bolsa pequeña.

"Estas son algunas de las nueces que íbamos a utilizar para nuestros brownies especiales de caramelo, ¡pero creo que alimentar ese pequeño vientre es más importante!" Dijo alegremente Pinkie. "¡Aquí tienes poco Lavie!"

Lavender se dirigió hacia la bolsa, oliéndola instintivamente. Una vez que se enteró de lo que había en la bolsa, ella le clavó las garras y recogió las nueces metiéndolas en su boca, masticando con una cara contenta. Spike sonrió cálidamente a la pequeña glotona mientras metía la cara el en delicioso refrigerio.

"Entonces, ¿¡qué te trae por aquí el día de hoy!?", Preguntó Pinkie, rebotando hacia el mostrador.

"Estoy aquí en una tarea importante: alimentar el antojo de dulces de mi esposa para que no me mate", Spike rió. "Me comí sus galletas especiales de avena en el camino a casa desde la tienda esta mañana".

Sin previo aviso, la bomba rosa resolló en voz alta, recibiendo una mirada confusa del escamoso dragón". ¿Eran las que tienen el glaseado blanco esparcido sobre ellas?"

"Sí, esas mismas"

"¡Omigosh, Omigosh, Omigosh! (Dios mío, Dios mío, Dios mío)" Pinkie exclamó, saltando por todo el lugar". ¡Esas galletas son taaaan ricas! no las he comido en semanas, ¡pero cuando lo hice fueron una explosión de sabor en mi boca! Tan chiclosas, deliciosas, ¡y glaceasticas! ¡Son las mejores galletas que he probado jamás! ¡Incluso mejores que las que hacen los cakes!" Pinkie luego se acercó hacia Spike y susurró (o lo que ella pensaba que era un susurro) en su oído, "¡aunque, no les diga que dije eso!"

En ese momento, todo el mundo habría sabido lo que dijo Pinkie. De hecho, Spike estaba casi seguro de los propietarios la habían escuchado, sobre todo porque se estaban riendo un poco allá en el fondo; pero por el bien de Pinkie, decidió seguirle el juego.

"No te preocupes Pinkie. No voy a decir nada a nadie; ¡honor de dragón!"

Pinkie parecía satisfecha con su respuesta. "Así que supongo que estás aquí ¿porque te ha mandado a comprar más golosinas?"

"Asi parece", contestó Spike. "Así que ¿tienes..."

"Galletas de macadamia súper deliciosas?" Pinkie termino.

"Um, sí. Y podrías asegurarte de que tengan..."

"¿¡trocitos de chocolate blanco!? ¿Los que al parecer a Rarity le encantan?"

"¡Si esos!" Spike sonrió, impresionado por su habilidad para leer lo que querían los clientes.

"¡Nope, no tenemos ninguna el día hoy!" Respondió Pinkie, sin dejar de sonreír.

"Oh, ya veo".

"Pero, puedo hornearte un lote si es que quieres. La espera seria alrededor de una hora"

"¿De verdad?, ¿harías eso?"

"¡Cualquier cosa por un amigo!" Pinkie guiñó un ojo. "¡Incluso te las daré a mitad de precio!"

"Oh no, Pinkie. No deberías..."

"¡Pero sí quiero! ¡Solo estoy cuidando al monstruo de las galletas!" Pinkie agarró las mejillas gorditas de Spike y las pellizcó. Se alegró de que no había nadie allí para verlo, de lo contrario moriría de vergüenza.

"Te lo agradezco Pinkie", Spike dio las gracias. "Te veré en una hora. ¡Lavender, vamos a casa!"

Los oídos del infante reaccionaron después de escuchar su nombre siendo llamado así que corrió hacia su padre amoroso. Se puso de pie delante de su padre, moviendo su cola en anticipación.

"Entonces, ¿qué quiere mi pequeña glotona?" Spike bromeó, sabiendo exactamente lo que quería.

"¡Uppa!" Gritó levantando sus brazos de forma normal. "¡Uppa papá!"

Spike pregunto dos veces debido a la respuesta que había recibido. "Um, ¿qué fue eso, cariño?"

"¡Papá Uppa!" Gritó apretando sus garras como de costumbre. El orgulloso padre sintió lágrimas en sus ojos. ¡Las primeras palabras de su hija!

"¡OH MY!" Pinkie se quedó sin aliento, "¡Sus primeras palabras! ¡Sus primeras palabras!"

La sonrisa de lavanda comenzó a disminuir ligeramente. Ella no entendía por qué su papá no la recogía. En cambio recurrió a gruñir en agitación. "¡Papá, uppa!"

"Oh, sí, claro". Negándose a mantener al bebé esperando por más tiempo, extendió sus brazos y la levantó, haciendo que su sonrisa volviera a ella. "Parece que tenemos algo que decirle a mami cuando volvamos a casa".

Tomando un descanso de su apretada agenda, la elegante, yegua de melena violeta se reclino en su Diván, acariciando a una Opalescence relajada. Ella ya se había ocupado del problema de su cola, por lo que acicalar al perezoso gato le pareció la cosa más sensata que hacer a continuación.

"¿Cuánto quieres apostar a que Spikey volverá con unas pocas de mis galletas intactas?" Rarity rió. Opalescence simplemente respondió estirando sus garras.

"Oh, pero yo sé que no lo hace con mala intención. Él es mi gran dragón tonto, y lo amo incondicionalmente. Aunque me gustaría que no ayudara a criar a una niña tan salvaje". Rarity suspiró levemente, recordando el alboroto que causo Lavender, cuando arruino el ratón de Opalescence.

El pequeño bebé rompió el juguete hasta dejar un lío esponjoso, haciendo que el gato mimado se enfureciera y empezara a golpearla con fuerza. Por supuesto, Lavender al no saber nada pensó que era sólo un juego, así que la golpeó con sus garras, silbando alegremente hacia Opal. Esto fue suficiente para que se alejara de la amenazante niña y aceptara la derrota a manos de un draconi bebé.

"Tal vez es sólo su instinto innato", pensó Rarity. "Después de todo, ella es parte de dragón; tal vez esa es la forma en que juegan los bebés".

"¡Rarity!" Las orejas de la yegua reaccionaron ante esto. Saltó de su asiento y se dirigió hacia la puerta del frente, notando a Spike quien sostenía a Lavender, pero no sus dulces.

"Entonces, ¿qué sucedió con mis galletas?" Preguntó Rarity fríamente.

"¡Ahora no es el momento de estarte preocupándote por tus tontas galletas!" Spike exclamó. "Tengo una buena noticia".

"¿Y que sería?"

Spike sonrió ampliamente, sus dientes blancos a la vista de todos. Rarity estaba empezando a ponerse ansiosa; lo que hiciera a Spike resplandecer de felicidad debe haber sido bueno.

"Bueno, y ¿qué es?"

El pequeño bebé giro la cabeza hacia su madre y comenzó a sonreír.

"¡Mamá!"

Rarity no podía creer lo que oía. Se tapó la boca con uno de sus cascos ante la revelación de lo que su hija acababa de decir.

"¡Ella... ella acaba de hablar!"

"¡Yep! Ella dijo sus primeras palabras en Sugarcube Corner", Spike declaró con orgullo. "Aunque esta es la primera vez que dice mamá".

Lágrimas de alegría comenzaron a correr por el rostro de Rarity, la máscara de pestañas que tenía poco a poco comenzó a correr por su cara.

"Ah, y acerca de tus galletas" Spike comenzó a explicar, "no tenían ninguna en stock, pero Pinkie se ofreció a hornear más..."

"Oh, olvídate de esas cosas" Rarity respondió agitando su pata, sin dejar de sonreír alegremente. "Esto compensa con creces tu mal comportamiento de esta mañana".

Spike levanto a una Lavender de mejillas hinchadas, riendo. "¡Bueno, gracias Lavender! ¡Desearía que hubieras dicho algo antes de que terminara comprando esas estúpidas galletas!"

"No la culpes por tu incompetencia" Rarity bromeó. "No fue su culpa que te las comieras de camino a casa".

Spike giro los ojos, mirando con cariño a la voluble draconi. "Sí, supongo que sí". Lavender se rió en respuesta, estirando sus brazos, para estar más cerca de él.

"¡te quello papi!" Los labios de Spike temblaron con su primera frase. Él la acercó más a él y le dijo lo más apropiado que pudiera decir en este momento.

"Yo también te amo, mi pequeña Lavender".