Mente rota, alma quebrada

No más solo

Harry pestañeó varias veces al regresar y luego frunció el ceño al verse en una habitación desconocida con el profesor delante. Bajó la mirada y apretó los puños sobre su falda. Se sentía confundido, asustado y enojado. Snape lo observó unos instantes, experimentado algo que podría haberse identificado con una vaga compasión. Se reconvino mentalmente. No, no podía permitirse ni siquiera atisbos de tales emociones. Trató de convencerse de que lo que sentía era mera curiosidad. Estaba ante una condición psicológica sumamente rara y tenía la oportunidad de estudiarla, eso era lo que lo fascinaba. Pero no había nada más…

—Señor Potter, presumo que tendrá preguntas…

Harry alzó la vista. Había miedo en los ojos verdes. —Sí, señor… eh… ¿dónde estamos?

—Ésta es mi casa. El lugar donde vivo durante los recesos escolares. —respondió Snape con un tono que por una vez no sonaba áspero. Quería que el chico se distendiera, de otro modo poco iba a sacar de esa conversación. —Son muy pocos los que conocen de su existencia. Ni siquiera Dumbledore.

—¿El director no sabe que estoy acá? —preguntó Harry abriendo grandes los ojos.

—No. —confirmó Snape— Pero no se inquiete, yo no voy a comérmelo, Potter. No tenga miedo. Ud. está seguro aquí.

—¿Seguro de qué, profesor? —preguntó Harry tragando con dificultad.

—De los mortífagos, por supuesto. Y si lo que se me ha dicho es cierto, entre estas paredes Ud. está seguro de Voldemort mismo.

Potter se puso muy pálido al oírlo. Snape se preguntó cuánto sería lo que sabía, ¿la mayoría de la información la retenían las otras personalidades?

—Suficiente de hablar de generalidades. Existe una importante razón por la cual Ud. está aquí. Ud. ha venido sufriendo de lagunas de memoria… ¿estoy en lo cierto, señor Potter?

—Sí. —susurró Harry como respuesta.

—Yo puedo ayudarlo con eso. Y la razón por la cual el director no está al tanto de esto es porque considero que Ud. preferiría mantener esta situación lo más privada posible.

—Gracias… —dijo Harry con tono de incertidumbre. Realmente lo sorprendía que el profesor estuviera tratándolo tan… bien. —Pero… eh… ¿Por qué está Ud. ayudándome, profesor?

—Porque yo tengo la capacidad y los medios para hacerlo. —respondió Snape y con un gesto le restó importancia a la cuestión— Le va a ser imposible encontrar ayuda para este tipo de condición en el mundo mágico. En el mundo muggle seguramente habría otros que podrían brindarle ayuda, pero existe de por medio una cuestión de seguridad que hay que tener muy en cuenta.

—¿Condición, señor? —preguntó Harry con manifiesta inquietud— ¿Quiere decir que estoy enfermo?

—Señor Potter… eh… creo que quizá no sea la forma más apropiada de llamarlo… si Ud. decide aceptar mi ayuda, creo que tenemos que empezar a confiar el uno en el otro, y una buena forma de empezar es llamarnos por los nombres, ¿no te parece, Harry?

—Oh… eh… ¿quiere Ud. decir que empiece a llamarlo Snape? —preguntó Harry mordiéndose el labio.

Snape alzó una comisura. —Yo había pensado más bien en Severus.

—Ah… bueno… ¿y con respecto a mi condición?

Sí, concentrémonos en eso. Harry, tu caso es muy poco habitual, tu mente se ha dividido para protegerte. Hay quienes le han dado un nombre, Desorden de Personalidades Múltiples (DPM). Lo que quiere decir que tu personalidad… eh… se ha fracturado. Ciertas cualidades, ansias y necesidades se han separado de la consciencia principal.

—No entiendo. —dijo Harry sin disimular su confusión y desconcierto.

—Existen partes de vos de cuya existencia no sos consciente. Esas partes han adquirido nombres e identidades. En ocasiones toman el control. Las lagunas de memoria coinciden con esas ocasiones. Por eso hay cosas que has hecho pero que no recordás.

—Ud. está mintiendo. —lo acusó Harry poniéndose de pie de repente.

—No es así. —dijo Snape, él también se puso de pie, caminó rodeando el escritorio y se le paró al lado. Vaciló un instante y finalmente le posó las manos sobre los hombros tensos. —Esto no quiere decir que estés loco o que seas incompetente, ni nada por el estilo, Harry. Y es algo que se puede cambiar, que se puede mejorar… que va a mejorar.

—¿Cómo? —preguntó mirándolo con ojos húmedos y vulnerables. ¡Había tanto desamparo en esa mirada!

—Yo te voy a ayudar, Harry. No va a ser fácil, pero yo sé que vos podés hacerlo. —le aseguró y desvió los ojos hacia el reloj— Ya es casi la hora de la cena, ¿qué te parece si hacemos una pausa y seguimos conversando sobre el asunto después de que hayamos comido?

Harry asintió apenas. Se sentía nervioso y no del todo bien. Todavía no entendía qué era lo que estaba mal con él y cómo era que había llegado a esa situación. Un dolor de cabeza se le estaba gestando a la altura de las sienes. Comió poco sin prestarle atención a la comida y sin registrar demasiado las palabras del profesor, que tampoco habló mucho durante la cena. Pero cuando se encaminaron juntos a la pequeña sala ya se sentía un poco más compuesto y ubicado.

—Tomá asiento. —lo invitó Snape con un gesto hacia un sillón. Luego fue hasta la chimenea y agarró una botella que estaba sobre la repisa y vertió un poco del contenido en un vaso. Con la otra mano tomó otro vaso que estaba sobre la repisa, ya servido y que contenía un líquido celeste. Regresó y se lo tendió a Harry que se había sentado en el borde del sillón.

—Bebé. — lo instó.

Harry lo miró con cierta desconfianza pero obedeció. El efecto se hizo notable enseguida, se sintió más calmo y distendido. La mente pareció aclarársele, estaba ya mejor dispuesto para escuchar y entender. Sonrió agradecido, Snape asintió y tomó asiento en un sillón ubicado enfrente.

—Tengo un libro que explica tu condición. —comenzó diciendo— ¿Querés leerlo primero y que lo discutamos en otra oportunidad o preferís que empiece a explicártelo ahora?

—Eh… podría… ¿quizá las dos cosas? —preguntó con cautela.

—No hay inconveniente. —respondió Severus. Reflexionó unos segundos y agregó: —Creo que tengo algo que puede ayudarnos…

Se puso de pie y salió de la sala, regresó unos instantes después con una caja de madera. Volvió a sentarse, sacó un cristal facetado de la caja y la dejó a un lado.

—Esto es un cristal de cuarzo. Sólido y completo. Por el momento, inactivo. Veamos lo que ocurre ahora… —dijo Snape y cerró los ojos concentrándose durante unos segundos. Volvió a abrirlos. Muchos colores habían aparecido en el cristal, formando cintas delicadas que ondulaban y se entrelazaban armónicamente unas con otras. Harry contuvo una exclamación asombrada.

—Sí, es muy bonito, sin dudas. Podríamos suponer que cuando está inactivo el cristal representa la mente de una persona muerta y que los colores y la actividad son los signos de que está viva y con capacidad de inteligencia.

Harry asintió brevemente.

—Pensemos ahora que ocurre algo que provoca daño mental o emocional… por ejemplo una situación de peligro de muerte o algo igualmente traumático…

Los colores comenzaron a moverse agitada y caóticamente. El cristal empezó a sacudirse. Una chispa de aprensión se encendió en los ojos de Harry.

—Ésta no es tu mente, Harry. —lo tranquilizó Snape— Pero podría haber llegado a serlo.

—¿Qué está tratando de decirme?

—Ocurrieron cosas muy traumáticas que podrían haber transformado tu mente en esto, pero para protegerte de la locura… apelaste a un recurso que podríamos visualizar así…

La actividad dentro del cristal pareció detenerse y luego los colores se reagruparon, pero ya no se entrelazaban, habían formado núcleos aislados. Continuaban ondulando suavemente pero sin mezclarse.

—Como vemos, los colores ya no se integran unos con otros. Pero el cristal sigue entero e indemne. Es importante que lo entiendas, Harry, hay partes de tu mente que se han reubicado separándose, pero tu mente sigue entera y conformando una unidad, el cristal no se partió.

—Creo que empiezo a entender.

—Bien. Y es posible volver a integrar los diferentes colores.

Poco a poco los colores fueron mezclándose armónicamente restableciendo una vez más el modelo "normal" original.

—Esto último es lo que trataremos de conseguir, es lo que podríamos llamar "curación".

Harry asintió una vez más.

Snape devolvió el cristal a la caja. —Creo que por hoy es suficiente, podemos continuar mañana.

—No recuerdo haber bajado, —dijo Harry— presumo que ésta es la planta baja de su casa…

—Así es.

—Quiere decir que Ud. ya conoce a mis otras personalidades… —dejó oír un breve suspiro— ¿Cuántas hay?

—No estoy seguro, pero sé que hay por lo menos cinco, aparte de vos.

—¿Cinco? ¿Y quizá más?

Harry se cubrió la cara con las manos. Durante casi un minuto no dijo nada y finalmente preguntó a través de los dedos: —¿Qué fue lo que provocó esto? Yo no recuerdo que me pasara nada tan terrible…

—Es lógico que así sea. Las otras personalidades se formaron para protegerte, para ayudarte a afrontar situaciones extremas, ellas son las que guardan los malos recuerdos.

Harry se descubrió la cara y volvió a suspirar. —Gracias por estar ayudándome, profesor… quiero decir, Severus… realmente lo aprecio mucho. Me siento cansado… quisiera ir a acostarme.

—Te acompañaré a tu cuarto.

Cuando llegaron ante la puerta, Severus le entregó un libro. —Hay todo un capítulo sobre DPM, leelo y si quisieras hacerme preguntas llamá a Omi, él te llevará adonde yo esté. Tomate todo el tiempo que necesites, no hay necesidad de apresurarse. Buenas noches, Harry.

—Buenas noches. —respondió y lo observó durante unos segundos mientras Snape se alejaba. Cuando finalmente entró, notó que había una mesa de luz junto a la cama, no había estado allí antes. Sobre la mesita depositó el libro y rápidamente se cambió para acostarse. Se durmió apenas posó la cabeza sobre la almohada.

oOo

Silas se moría de ganas de salir para poder leer el libro, pero el profesor había sido muy firme al respecto, nadie debía salir durante esa primera etapa. No se animó a desobedecer. Gabriel lo provocó con sonrisas burlonas, el Gryffindor seguía muy disconforme con Snape y estaba buscando pelea. Silas no le dio el gusto y lo ignoró olímpicamente.

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A la mañana siguiente, después de desayunar y luego de que Omi se hubo ido, Harry se recostó en la cama dispuesto a leer.

Desorden de Personalidades Múltiples (DPM)

Cuando se ve enfrentado a situaciones abrumadoramente traumáticas, de las que no puede escapar físicamente, un niño puede recurrir a "escaparse" dentro de su mente. Es un recurso de defensa efectivo para evitar el intenso dolor físico o emocional y los efectos nocivos que tienen sobre la persona. Mediante este proceso disociativo, los pensamientos, las sensaciones, los recuerdos y las percepciones de las situaciones traumáticas son separados psicológicamente, permitiéndole al niño continuar desempeñándose como si el trauma nunca hubiera ocurrido.

Los desórdenes disociativos suelen considerarse refinadas técnicas de supervivencia porque le permiten al individuo soportar situaciones "desesperadas", preservando ciertas áreas de funcionamiento saludable. Con el tiempo, si los ataques físicos y/o sexuales tienden a repetirse de manera continua, la disociación defensiva adquiere renovado vigor. Si el recurso de escape le ha resultado efectivo, el individuo tiende automáticamente a ponerlo en práctica ante cualquier circunstancia amenazadora o que le provoca gran ansiedad… aunque no siempre se traten de circunstancias extremas.

La disociación repetida puede resultar en una serie de entidades separadas, de estados mentales, que en algún momento pueden incluso adquirir entidad propia. El control de la mente puede ir variando de una personalidad a otra según se vayan encadenando las circunstancias.

Los DPM pueden curarse mediante psicoterapia individual ("terapia de conversación") combinada con otras alternativas terapéuticas entre las que se incluyen: medicamentos, hipnoterapia y terapias adyuvantes tales como el arte o el ejercicio físico. El tratamiento es siempre prolongado, intensivo e invariablemente arduo e incluso doloroso puesto que implica recordar y asumir las experiencias traumáticas que provocaron la disociación.

Harry cerró el libro y se esforzó para respirar hondo varias veces. Snape ya lo había mencionado la noche anterior pero recién en ese momento llegaba a verlo con mayor claridad. Su trastorno era consecuencia de "situaciones traumáticas severas"… o puesto más sencillo: abuso. Lo que significaba que los Dursley… Se enrolló como un ovillo sobre la cama. No se trataba simplemente de que no le prestaran atención o de que lo descuidaran… los Dursley habían abusado de él… y él ni siquiera se acordaba.

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Severus ya había hecho un esquema preliminar de la terapia que iba a poner en práctica cuando dos días después Omi vino a avisarle que Harry quería hablar con él.

Como jefe de la Casa de Slytherin, los desórdenes disociativos eran algo con lo que estaba familiarizado. A muchos chicos Slytherin les enseñaban desde muy chicos a usar "máscaras" como mecanismo estratégico y defensivo. Por lo tanto eran en general muy proclives a presentar disociaciones. Pero el caso de Harry era mucho más severo que cualquiera que le hubiese tocado enfrentar hasta ese momento.

Bajó al comedor, Harry se encontraba ya allí, sentado y esperándolo.

—Buenos días. —saludó con tono neutro y tomó asiento.

—Buenos días, profesor.

—Severus, Harry… llamame, Severus. —le recordó con un mínimo atisbo de sonrisa.

Comieron en silencio y cuando terminaron Severus preguntó. —¿Pasamos a la salita para conversar o preferirías algún otro lugar?

—La salita está bien.

Se sentaron en los mismos lugares que dos noches antes.

—¿Tenés alguna pregunta antes o pasamos directamente a hablar sobre lo que podemos hacer para ayudarte?

—Por ahora no tengo preguntas, señor. —dijo Harry bajando la vista a su falda.

—Harry, esto es curable. Pero lo fundamental es que vos quieras curarte. Es natural que te provoque inseguridad y miedo… pero lo fundamental es que estés dispuesto a enfrentar el problema.

—Sí, señor. Estoy dispuesto. Quiero mejorarme. Quiero recuperar esas memorias. Se trata de mi vida, quiero saber todo lo que pasó.

—Bien, empecemos entonces. Quiero que quede claro que en esto estamos juntos. Yo voy a proponer formas de abordar la cuestión, pero si a vos se te ocurrieran alternativas diferentes quiero que me las plantees. Podemos ir adaptando el método. Sin embargo, habrá situaciones en las que yo voy a insistir en una determinada vía de acción, aunque vos no estés de acuerdo. En esos casos particulares te pido que te avengas a mi criterio, que confíes en mí. ¿Vas a poder confiar en mí?

Harry asintió, Severus alzó una ceja. —Sí, señor. —ratificó Harry.

—Muy bien. El primer paso que propongo es hacer un mapeo de tus alter, esto es, tus otras personalidades. Por supuesto, no es algo que puedas hacer vos, así que yo voy a ir hablando con ellos y después te voy a contar. Más adelante nos iremos concentrando de a uno en cada uno de ellos, empezando por el que se formó en último término. El objetivo entonces será buscar la forma de que se reintegre a vos. El proceso implicará hablar mucho sobre lo que vos sentís y lo que el alter siente y trataremos de ir neutralizando las tensiones conflictivas. Será un proceso paulatino, que seguramente nos llevará varios meses. No va a ser fácil y por momentos resultará muy incómodo, puesto que existen razones serias que fueron las que dieron lugar a la disociación. Pero yo trataré de proveerte de métodos alternativos para enfrentar los conflictos, métodos diferentes al de la disociación.

—Entiendo. —dijo Harry con determinación.

—Antes de embarcarnos de lleno en el asunto, quiero recordarte que acá estás seguro y que podrás permanecer en mi casa hasta que comiencen las clases. Pero hay algunas reglas. La primera es que no entres en ninguna habitación que tenga la puerta cerrada. Pero desde ya te aclaro que la única habitación que permanecerá cerrada a partir de ahora será mi dormitorio. Todas las demás permanecerán habitualmente abiertas y podés explorar todo lo que quieras. Si te encontrás con alguna puerta cerrada, te pido que golpees antes de entrar, si yo no contestara aceptá que no quiero hablar en ese momento, dame espacio. Si se tratara de una emergencia, expresalo claramente. ¿Queda claro?

—Sí, señor.

La regla de las puertas se aplica a mí también. Si vos cerraste una puerta yo me abstendré de entrar salvo que se tratara de una emergencia. No voy a entrar nunca en tu cuarto a menos que sea con tu permiso. Tu cuarto es tuyo hasta el día que te vayas. Podés cambiar la decoración o agregar los muebles que quieras, bastará que se lo pidas a Omi.

—¡Señor, no hace falta algo así! —exclamó Harry con sorpresa.

—Ésta es mi casa y ése es mi deseo. Tu cuarto es tuyo y podés disponer de él a tu antojo. Y acordate de que el nombre es Severus.

—Gracias, Severus. —dijo Harry sonrojándose un poco.

—No hay por qué. El principal objetivo será la terapia pero de ningún modo será lo único en lo que tenés que enfocarte. Por mi parte voy a requerirte que te ocupes también de los deberes de vacaciones para la escuela y que hagas algo de ejercicio físico a diario. Y quiero que elijas alguna otra actividad que te guste, porque también tiene que haber tiempo para el esparcimiento. Le quité los encantamientos a la mayor parte de los libros de la biblioteca, pero no a todos. Si encontraras alguno que siga cerrado, no trates de abrirlo.

—No se preocupe, así será. —le aseguró Harry.

—Parece que nos vamos poniendo de acuerdo hasta ahora. —dijo Severus alzando una comisura, Harry se permitió una sonrisa— En cuanto al ejercicio físico, no va a poder ser el vuelo, las barreras no se extienden al exterior, sólo protegen la casa. Pero dispongo de un cuarto de gimnasia y de un cuarto de juegos. Los juegos están diseñados para desarrollar los reflejos y la coordinación. Otra cosa más, las comidas, no está permitido que te saltees ninguna, Omi supervisará eso. ¿Estamos de acuerdo?

—De acuerdo. —confirmó Harry.

—Creo que con eso he cubierto todas las reglas. ¿Vos quisieras agregar alguna otra?

Harry pensó un momento. —¿Acá me puede sacar puntos de Casa?

—No, desgraciadamente. —respondió Severus sin poder evitar una corta risa.

Harry sonrió. —Entonces creo que está todo bien.

—¿Querés empezar con el mapeo de los alter o preferirías hacer algo de ejercicio o de tarea?

—Con respecto a eso… no tengo conmigo ninguna de las cosas de la escuela…

—Ya veo… hum… yo puedo ir a buscarlas, disimuladamente claro. ¿Dónde está ubicada la vivienda?

—Privet Drive, número 4, Little Whinging, Surrey. —contestó Harry con evidente ansiedad en la voz.

A Severus no se le pasó por alto. —No hay razón para que te inquietes. Te doy mi palabra de que no se van a dar cuenta de que estuve allí.

—… quizá podríamos empezar con el mapeo entonces.

—Bien, voy a llamar a uno de los que más conocimiento tiene. Pero vos tenés que estar determinado en conocer la mayor cantidad posible de información, caso contrario algunos de tus alter podrían obstinarse en ocultárnosla.

—Estoy completamente determinado. Y confío en Ud. Hasta ahora nadie se había ofrecido a ayudarme como Ud. lo está haciendo. Gracias, prof… eh… Severus.

—Recostate sobre el respaldo, cerrá los ojos y tratá de distenderte, como si te dispusieras a dormir…

Harry siguió las indicaciones, unos minutos después su respiración fue acompasándose y profundizándose. Severus aguardó pacientemente. Silas no tardó en emerger. —Buenos días. —saludó Severus.

—Igualmente para Ud. —respondió Silas con una media sonrisa, pero sus rasgos adquirieron de inmediato una expresión seria.

—Es preciso que a partir de ahora te muestres totalmente sincero. —dijo Severus al tiempo que conjuraba material para escribir— Tal como ya lo habíamos hablado antes convendría empezar por la personalidad más reciente y proceder de manera retrógrada.

Silas vaciló un momento, eso significaba empezar con Kit que retenía memorias sumamente críticas… pero Harry ya había manifestado su firme decisión de llegar al fondo de las cosas, así fue que empezó a hablar detalladamente de cada uno de los alter. Cuando finalmente llegó a Demon volvió a vacilar largamente.

Severus lo presionó con la mirada y Silas terminó cediendo. Severus empezó a inquietarse cuando oyó la descripción. Ese alter que hasta el momento desconocía, había acumulado ingente cantidades de odio y rabia durante muchos años y tenía además acceso a poderosísima magia oscura. Una combinación con potencial explosivo… y de reacciones muy difíciles de predecir.

Cuando Silas terminó con su exposición, Severus se lo agradeció con un gesto.

—Y así es como empieza todo. —agregó Silas con sorna.

—Así es. —repitió Severus.

—¿Debemos continuar absteniéndonos de salir?

Severus consideró la pregunta reflexivamente, finalmente contestó: —No, no creo que sea conveniente. Podrían volverse muy inestables y apelar a acciones extremas. Pero sería aconsejable limitar al máximo las salidas. No hay que olvidar que todos ustedes son Harry, y él termina siendo responsable de las acciones de todos ustedes.

—La independencia de las personalidades debe desalentarse. —dijo Silas.

—¿Eso es algo que te preocupa?

—Sí y no. —contestó Silas ambiguamente y se retrajo.

Severus esperó unos momentos hasta que Harry retornó pestañeando.

—¿Dio resultado? —preguntó nervioso.

—Sí, por cierto. Silas describió a los demás. Él y Gabriel están alerta casi de manera permanente. Por el contrario, los otros cuatro duermen casi siempre.

—¿Seis personalidades? Y eso… ¿es mucho?

Severus contestó con franqueza. —Hay muy pocos casos documentados sobre este trastorno. Y ni siquiera hay certeza de que algunos de los documentados hayan sido genuinos. Así que no hay mucho con qué comparar. Hay varios casos en los que sólo había una personalidad adicional, en uno de los casos documentados se mencionan quince personalidades adicionales.

—Ya veo.suspiró Harry¿Y qué fue lo que dijo Silas?

Severus le pasó las notas y Harry se puso a leerlas con atención. Silas había descrito físicamente a cada uno y luego se había explayado sobre las distintas mentalidades y propósitos. Finalmente había detallado los atributos mágicos y otras habilidades de cada uno. —Es muy sagaz. —concluyó Harry claramente impresionado al concluir la lectura.

—En Silas se concentran y potencian tu inteligencia y tu capacidad de observación, aparte de otras cualidades.

Harry asintió distraídamente. —Así que empezaríamos con Kit… ¿realmente es una chica? ¿Cómo es que puedo tener una chica en mi cabeza?

Severus le explicó que en toda persona coexisten cualidades femeninas y masculinas. Hay ciertas actividades que se relacionan más con las mujeres que con los hombres. Como, por ejemplo, la crianza de los hijos. Dado que la mujer es quien los da a luz se presume que está mejor capacitada para criarlos. Lo cual no significa que los hombres no estén capacitados para cumplir también con esa función.

—¿Me estás diciendo que en mi mente identifico ciertas cualidades con una personalidad femenina porque asocio esas cualidades más con una mujer que con un hombre?

—Básicamente se trata de eso… es lo que yo supongo al menos.

—Tiene sentido… —concedió Harry mordiéndose el labio— ¿Empezaríamos con Kit entonces? A ella le gustan las sensaciones… debe de haber sido ella la que se comió mi torta de chocolate el otro día… Las sensaciones no parecen en principio algo malo, ¿por qué querría yo apartarlas o amortiguarlas?

—Eso es lo que tenemos que descubrir. Pero no lo vamos a hacer hoy. Todavía falta para el almuerzo. Y no es conveniente prolongar excesivamente las sesiones. ¿Qué te parece si dedicaras algo de tiempo para leer o quizá para hacer algo de ejercicio? Yo voy a ir a buscar tus cosas, pero no voy a demorar. ¿Estás de acuerdo?

—Sí.

—Voy a hacer una copia de las notas para que los dos podamos consultarlas.

Harry subió y Severus salió al exterior y desaparicionó a Little Whinging.

Harry llamó a Omi para que le mostrara la sala de juegos. Era la tercera puerta a partir de la de su cuarto. El recinto era grande y con algunas "máquinas" de aspecto extraño. Omi lo condujo hacia la primera que estaba a la derecha.

—Este juego, joven Harry, se llama Horda de snitches. Es excelente para entrenar los reflejos, la concentración y la coordinación.

Consistía en un plataforma blanca de aproximadamente un metro cuadrado de superficie. En uno de los lados tenía una pantalla plateada que se elevaba unos dos metros hacia el techo y en la parte superior se curvaba ligeramente hacia adentro. El elfo le indicó que subiera a la plataforma de cara a la pantalla. La pantalla se encendió de forma muy semejante a la de un televisor. De pronto una snitch dorada vino volando desde la pantalla en su dirección. Harry la atrapó en la mano con instintivo reflejo, la bola se deshizo en una lluvia de chispas doradas.

—Sólo es preciso que les dé un leve toque. —explicó Omi— Van a empezar a brotar más rápido cada vez y varias a un mismo tiempo.

Unos minutos más tarde, Harry estaba haciendo malabares para tratar de contener la horda de bolas que no le daban el menor respiro. Cuando ya pensaba que los brazos se le iban a caer de la fatiga, sonó una campana, la avalancha de snitches se interrumpió de repente, la pantalla recuperó el aspecto plateado del principio y apareció el puntaje: 126.392 / 17 min 52 seg. / ¡Alto puntaje!

—¡Asombroso, joven Harry! —lo felicitó el elfo dando saltitos entusiastas— Nunca antes había visto un puntaje tan elevado. La ronda concluye cuando veinte snitches pasan de largo. ¡Sorprendente!

Harry se sonrojó un poco, todavía estaba tratando de recuperar el aliento. —¿Me mostrás los otros?

Había cuatro más. Uno era un juego de ajedrez, pero con un tablero del doble del tamaño de uno normal, 256 escaques en lugar de 64. Era para cuatro jugadores, que podían jugar individualmente o de a dos parejas. El objetivo era subyugar a los reyes oponentes. Harry torció la boca hacia un lado, se veía muy complicado. El siguiente constaba también de una pantalla amplia, había que ubicarse a unos cinco metros de distancia con una varita de juguete y contener mediante hechizos a los monstruos y otros enemigos que iban apareciendo.

El cuarto era semejante a Horda de snitches pero la plataforma estaba rodeada por tres paneles o pantallas. Omi explicó que había que esquivar las imágenes que irían apareciendo tratando de evitar que alcanzaran a tocarlo a uno. Y a continuación le hizo una demostración. Un minuto después estaba contorsionándose sobre la plataforma como una especie de títere enloquecido o borracho. Harry lloraba de la risa.

—También éste es excelente para los reflejos. —explicó el elfo cuando concluyó la ronda.

—Ya me había dado cuenta. —dijo Harry secándose las lágrimas con el dorso de la mano.

Cuando se hubo recompuesto un poco, Omi lo guió hasta el último. Era una mesa de pool, el elfo explicó que había que direccionar la bola Q mediante magia sin varita. Requería mucha concentración y práctica para llegar a hacerlo con puntería y con la fuerza de impulso adecuada.

Cuando salieron de nuevo al pasillo, Harry sabía que iba a pasar muchas horas entretenidas con los juegos.

El cuarto de entrenamiento físico era el que estaba enfrente de la sala de juegos. Era un poco más chico, pero estaba muy bien equipado como un buen gimnasio muggle. Había dos máquinas de pesas para entrenar piernas y brazos. Y una cinta de correr, rodeada por lo que parecía una burbuja de vidrio. Una bolsa de boxeo en un rincón y una colchoneta de 4m x 5m para práctica de lucha libre.

—¡Es estupendo! —se maravilló Harry.

Las orejas del elfo aletearon complacidas. —Me alegro de que le guste, joven Harry. Ahora si me disculpa voy a ir a preparar el almuerzo, estará listo dentro de media hora.

—Gracias.

El elfo desaparicionó y Harry concentró su atención en la cinta de correr. La burbuja que la rodeaba no era realmente sólida, pudo atravesarla con facilidad. Se subió y empezó a correr y fue como si hubiese sido transportado a una playa paradisíaca. Se detuvo perplejo y comprobó que estaba de vuelta en la sala de ejercicios. Comenzó a correr nuevamente y otra vez estaba en la playa. ¡Si hasta podía sentir la arena bajo sus pies! Podía oír el ruido de las olas batiendo y podía oler la sal en el aire. Pero apenas dejaba de moverse la ilusión se desvanecía. Soltó una risa encantada. Una vez más se puso a correr…

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—¡Omi! —llamó Snape apenas entró. El elfo se materializó al segundo siguiente —Preparame un baño caliente. Llevate este baúl y devolvele su tamaño normal. Dejalo a la puerta del cuarto de Harry, pero no entres. De ahora en adelante no entres en su cuarto, salvo que él te llame.

—Sí, señor. —dijo el elfo, hizo una breve reverencia y se desvaneció.

Severus fue a la cocina y se bebió un vaso de agua. Unos minutos después subió a disfrutar del baño caliente. Se sentía sucio después de haber estado en casa de los Dursley. Nadie había notado su presencia, pero además de juntar las cosas se había dedicado a explorar un poco. Se estremeció al recordarlo. Si uno sabía qué buscar, no le resultaba difícil detectar signos de abuso, y en esa casa eran evidentes. Con algo de magia había podido incluso percibir el dolor que se había integrado a las paredes de la vivienda. Era repugnante. Pero no quería detenerse a pensar demasiado en eso en ese momento, necesitaba urgentemente el efecto relajante del agua caliente.

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El almuerzo transcurrió apacible. Harry estaba un poco decepcionado de que la sesión de terapia de la mañana hubiese sido tan corta. Pero Severus había insistido en que nunca emplearían más de dos horas diarias. Por la tarde ocupó el tiempo haciendo tarea, jugando y explorando la casa. Severus había bajado al sótano donde tenía el laboratorio de Pociones. Durante la cena acordaron que reiniciarían la terapia al día siguiente después del desayuno.

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—Hoy vamos a considerar alternativas para enfrentar situaciones de tensión, alternativas diferentes que no impliquen negar o escapar del problema.

—Pero… ¿y qué con Kit?

—No es conveniente por ahora tratar de acceder a sus memorias, no contás todavía con herramientas suficientes para enfrentarlas. Por eso es que vamos a explorar las alternativas que mencionaba. —dijo Severus muy serio y le tendió un libro— Es un diario.

Harry agarró el volumen que tenía una gruesa encuadernación de cuero. —Gracias, señor.

—No tenés por qué darlas. Te aconsejo que escribas algo todos los días, sobre todo si llegara a haber momentos en los que te sintieras confundido, podés hacer un relato de lo que hiciste durante el día o cualquier otra cosa que se te ocurra. Yo vengo llevando uno desde hace años y me ayuda mucho ocasionalmente, leer lo que uno ha escrito ayuda a pensar mejor.

Harry asintió.

—Ahora pasaremos a practicar algunos ejercicios de respiración. Es una de las técnicas que se usan en meditación pero también pueden resultar muy útiles para las situaciones de ansiedad o de temor.

—Entiendo.

Estuvieron practicando durante media hora hasta que Harry aprendió bien la técnica.

—Te recomiendo que practiques al menos diez minutos todos los días y que recurras a ellos en cualquier circunstancia en la que te sientas tensionado. Vas a comprobar que son excelentes para componerse en momentos estresantes y te ayudarán a aclarar la mente para poder enfrentar mejor cualquier problema.

—Lo tendré en cuenta. —dijo Harry.

—Otra cosa que te va a ayudar en circunstancias difíciles es la práctica de alguna actividad artística, podrá parecerte un sinsentido ahora pero te aseguro que no lo es, como recurso terapéutico suele constituirse en una ayuda invaluable. Algunas de las posibilidades serían el dibujo, la pintura, practicar un instrumento musical o el canto. Adicionalmente, a pesar de que no es propiamente algo artístico, las artes marciales pueden constituir otra opción.

—Pero yo no sé a hacer nada de eso.

—Todo puede aprenderse. Probaremos las diferentes alternativas y vos elegirás la que más te guste.

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