Mente rota, alma quebrada
Feliz cumpleaños, Harry
Severus lo llevó a una habitación ad hoc que había creado la noche anterior. Estaba llena con caballetes, lienzos y toda una batería de utensilios de arte. Dejó que probara todo. Harry se defendía relativamente bien en dibujo pero era pésimo para la pintura. Todo lo que pudo lograr eran composiciones abstractas, que no lo conformaban. Harry todavía se estaba limpiando con un trapo los restos de carbonilla y de pintura de la cara y las manos cuando entraron a la sala de ejercicios.
Practicó durante un rato con la bolsa de boxeo y luego pasaron a las colchonetas de lucha. Severus le enseñó algunos movimientos y llaves, Harry aprendía rápido cualquier cosa relacionada con defensa pero la lucha cuerpo a cuerpo lo puso tenso e incómodo. Pasaron a continuación a la sala de música que estaba ubicada al lado del dormitorio de Severus.
Le ordenó que cerrara los ojos y que se concentrara en el sonido de cada instrumento.
Severus usó un encantamiento para que los instrumentos fueran tocando por sí mismos.
Primero sonó la guitarra, que interpretó tres breves secuencias: una mariachi, otra de concierto clásico y la última una balada country. Abrió los ojos cuando la música se interrumpió, Severus lo interrogó con una mirada y Harry se encogió de hombros.
Siguieron con el violín. A Harry le gustó más. —Éste podría ser. —concluyó.
El cello le gustó pero menos que el violín. Finalmente pasaron al piano. Apenas las notas inundaron el aire, Harry quedó fascinado. Sin dudas se trataba de la opción ideal. Tomaron asiento en la banqueta y Severus procedió a enseñarle algunas escalas.
Severus no planeaba enseñarle sistemáticamente para que llegara a leer música. El objetivo no era ése sino que Harry dispusiera de una actividad en la que pudiera volcar sus emociones cuando lo necesitara. Le corrigió la postura, la posición de la muñeca y le indicó generalidades sobre el movimiento de los dedos. Pero se concentró sobre todo en que Harry fuera memorizando los sonidos para que con un poco de práctica terminara tocando de oído.
Severus sabía que Lily tocaba el piano. Y había sido una intérprete talentosa. Se preguntó si Harry recordaría subconscientemente haberla escuchado tocar cuando era bebé. Pronto se dio cuenta de que Harry poseía un talento natural para el instrumento.
Durante una semana practicaron dos horas todos los días después del desayuno. Era un poco tedioso y repetitivo, pero Harry nunca presentó queja. Severus le recomendó que siempre que se sintiera excesivamente emocional recurriera a tocar, ése era el objetivo buscado, que tuviera una vía alternativa para manejar las emociones antes de que se tornaran abrumadoras.
Harry también había empezado a escribir en el diario y practicaba los ejercicios respiratorios todas las mañanas. Por la tarde se ocupaba de las tareas de la escuela y luego se pasaba dos o tres horas en las salas de juegos y de ejercicio.
Horda de snitches era el juego que más le gustaba. A veces Severus se le unía y jugaban al ajedrez de cuatro. Era muy difícil. Las piezas que no tenían un humano que las moviera jugaban solas y eran excelentes. De más está decir que Harry nunca logró ganar un juego. Y Severus sólo ganó una vez de las tres que habían jugado. Harry se echaba a reír cada vez que Severus perdía porque se quedaba gruñendo muy enfurruñado.
Las cosas se iban desarrollando bien. Severus se dio cuenta de que ya no veía a James cada vez que lo miraba y que de hecho el chico le caía muy bien. No había disfrutado de un verano tan agradable desde hacía muchísimos años. Ya no quería ayudarlo sólo por obligación o por curiosidad científica, le iba tomando cariño. Harry se había ganado un lugar en su corazón.
oOo
Esa noche Omi fue a despertarlo. Harry parpadeó confundido unos instantes y tanteó los anteojos. Bostezó.
—¿Qué pasa? —preguntó algo inquieto incorporándose.
—El amo quiere que vaya a verlo a la salita. Dice que es importante… pero que se vista Ud. primero.
Harry frunció el ceño y empezó a vestirse. No debía de ser nada tan serio si le indicaban que se vistiera primero.
—¿Qué hora es, Omi?
—Medianoche, joven Harry.
La salita estaba casi a oscuras cuando entró. Iluminada sólo por la luz de una vela que Severus sostenía en la mano. Harry se le aproximó. —¿Qué pasa?
—Feliz cumpleaños, Harry.
Quedó helado, boquiabierto y con los ojos grandes como platos. Las luces se encendieron y Omi lanzó chilliditos entusiastas. Habían decorado el cuarto con guirnaldas rojas y amarillas. Uno de los sofás estaba cubierto de regalos y había una torta sobre la mesita.
La torta tenía un baño de cobertura blanca y en la parte superior, en letras coloridas, se podía leer: Felices 13 años. Y había también trece velitas encendidas que chisporroteaban como estrellitas. Hedwig arrulló desde su percha ubicada en un rincón. Una música suave comenzó a llenar el ambiente.
Harry miró a Severus con ojos húmedos.
—Señor, gracias. Me había olvidado. —susurró.
Severus sonrió y le pasó un brazo por encima de los hombros. —Bueno, Gabriel sí se acordó y me lo hizo saber.
—¿Gabriel? ¿Salió? ¿Cuándo? —preguntó asombrado.
—Anoche poco después de que te dormiste. Vino a verme y me emplazó para que hoy hiciéramos algo especial.
Harry sonrió y le abrazó la cintura, Severus también lo abrazó, fue muy breve pero apretado. Luego le hizo un gesto hacia el sofá con los regalos. Harry se sonrojó un poco, fue a acariciar a Hedwig primero y luego tomó asiento. Omi se le acercó dando saltitos de contento y le alcanzó el primer regalo. Estaba envuelto en papel dorado y venía con un sobre. En el sobre había una carta y un recorte de diario.
—Es de Ron. —les comentó después de leer. El señor Weasley había ganado una suma de dinero en la lotería y toda la familia se había ido de vacaciones a Egipto. En la foto estaban todos sonriéndole a la cámara con las pirámides de fondo.
Querido Harry:
¡Feliz cumpleaños!
Mirá, perdón por lo de la llamada. Espero que no hayas tenido problemas con los muggles. Papá dice que no tendría que haber gritado tanto.
Acá en Egipto es todo estupendo. Bill nos ha llevado a recorrer muchas tumbas. Ni te imaginás la cantidad de maldiciones que tienen puestas. Mamá no la dejó entrar a Ginny en la última que fuimos a ver, estaba poblada por esqueletos mutantes de muggles violadores de tumbas, algunos tenían dos cabezas y otras cosas.
Realmente no podía creerlo cuando me enteré de que papá había ganado la lotería. ¡Setecientos galeones! Una buena parte nos la gastamos en el viaje pero me van a comprar una varita nueva.
Regresaremos una semana antes de que empiecen las clases e iremos a Londres para comprar mi varita, los libros y los otros útiles. Sería bueno que nos encontremos en Diagon. Ojalá puedas arreglarlo.
Ron
P.D.: Percy es prefecto mayor, recibió la carta la semana pasada.
Harry sonrió y desenvolvió el regalo. Dentro de la caja había algo que parecía un pequeño trompo de vidrio. Venía acompañado con una nota. Harry: Esto es un falsoscopio de bolsillo, se enciende y empieza a girar cuando detecta algo extraño alrededor, como algún peligro o a una persona que tiene malas intenciones. Bill dice que es una basura inservible de las que les venden a los turistas, pero se activó cuando Fred y George le metieron un escarabajo en la sopa. Chau.
Harry sonrió otra vez y depositó el pequeño artefacto sobre la mesita.
—Es un regalo muy bonito. —comentó Severus.
—Sí, me encanta.
Omi le pasó otro paquete que también venía con un sobre.
—Este es de Hermione.
Querido Harry:
No sabía bien cómo mandarte el regalo, tenía miedo de que pudiera tener problemas en la aduana. Pero fue entonces que apareció Hedwig otra vez. Es una lechuza muy lista, Harry, espero que la elogies diciéndoselo de vez en cuando. ¿Ya viste la foto de Ron y su familia en el diario? Me da un poco de sana envidia, debe de estar aprendiendo un montón…
Ron dice que va a ir a Londres la última semana de vacaciones. ¿Vos vas a poder ir también? ¿Tus tíos te van a dejar? Espero que sí. Si no, nos veremos en el tren.
Cariños.
Hermione
P.D: Ron dice que nombraron a Percy prefecto mayor. Supongo que Percy debe de estar contentísimo pero Ron no.
Harry rió y volvió a mirar la foto en el recorte del diario. Percy además de sonriente se veía muy orgulloso. Y había prendido la insignia en el fez que llevaba puesto.
—Me juego a que es un libro. —dijo Harry al desenvolver el paquete. Pero se equivocaba. Era un kit para el mantenimiento de la escoba. —¡Excelente! ¡Hermione se pasó con el regalo!
Extrañaba volar, lástima que allí no pudiera. Bueno, en casa de los Dursley tampoco habría podido.
Omi ya le estaba alcanzando el siguiente.
—Éste es de Hagrid. —dijo riendo— ¿Saben? El primer regalo que recibí en toda mi vida fue de Hagrid cuando fue a llevarme la carta de la escuela. Era una torta de cumpleaños que él mismo había horneado y decorado.
Querido Harry:
¡Feliz cumpleaños!
Creo que esto te va resultar útil para el próximo año. No voy a agregar más por ahora. Te contaré más cuando vuelva a verte. Espero que los muggles te estén tratando bien.
Mis mejores deseos.
Hagrid
Harry miró el paquete con desconfianza, la última vez que Hagrid había usado ese tono misterioso había sido con el secreto de la piedra filosofal. Y el paquete se sacudía un poco en sus manos.
Severus se había acercado con cierto recelo en los ojos. Los dos sabían que Hagrid no le mandaría a propósito algo que le hiciera daño. Pero Hagrid a veces no era del todo consciente del peligro de algunas cosas.
Resultó ser un libro El monstruoso libro de los monstruos. Y parecía estar vivo y no ser muy amigable. Harry lo dejó en el suelo y el libro retrocedió escondiéndose debajo del sillón. Cuando quiso recuperarlo el libro lo mordió.
Severus bufó fastidiado, lo conjuró con la varita y sacándose el cinturón lo aseguró envolviéndolo apretado como si fuera una cincha.
Harry suspiró ya más tranquilo. —Me pregunto por qué me dice que piensa que me va a resultar útil este próximo año.
—Quién sabe… —dijo Severus con una mueca desdeñosa.
Omi le pasó otro regalo. Venía con una nota: Para el joven Harry de Omi. Harry le sonrió y lo abrazó. Las orejas del elfo aletearon de dicha. —¡Ábralo! —lo instó ansioso.
Así lo hizo Harry. Era una snitch. —Gracias, Omi. ¡Me encanta!
—Éste es de mi parte. —dijo Severus pasándole otro. Harry lo desenvolvió. Dentro de la caja había una capa blanca y guantes de invierno, negros.
—Gracias por todo, señor…—dijo Harry muy emocionado— Y gracias a vos Omi… nunca antes había tenido una fiesta de cumpleaños… y los regalos son perfectos.
—Me alegro de que te gusten. ¿Qué te parece si ahora comemos la torta? —propuso Severus.
Omi les tomó una foto cuando Harry sopló las velitas. Luego procedió a cortar y servir la torta. Los tres pasaron un rato agradable charlando y comiendo con gusto.
Severus finalmente sugirió que ya era hora de que se fueran a acostar. Pero antes le señaló un sobre que estaba sobre la mesita y que todavía no había abierto.
Era la carta de Hogwarts. Venía con la lista de los libros que iba a necesitar y además con un permiso que debían firmar los padres o tutores autorizando las salidas a Hogsmeade. Harry lo leyó con decepcionada tristeza.
Severus le puso una mano sobre el hombro. —Ya se nos ocurrirá algo.
—¿Voy a poder al menos reunirme con Hermione y Ron en Diagon?
—Creo que no va a haber inconveniente.
Harry le sonrió. —Será mejor que me vaya a dormir… y gracias por todo, señor.
—No hay por qué… y creo que el desayuno de mañana podemos posponerlo hasta las diez.
—¡Genial! —exclamó Harry y partió a su cuarto muy contento con todos sus regalos.
oOo
Al día siguiente después del desayuno tardío pasaron a la salita para la sesión de terapia. Iban a empezar con Kit.
—¿Cómo lo vamos a encarar, señor? —preguntó Harry un poco nervioso.
—Creo que lo mejor es que salga. Tengo un artefacto que nos permitirá grabar lo que ocurra. —dijo Snape e instaló un dispositivo semejante a una cámara sobre un trípode y lo enfocó hacia Harry. —Después vos podrás verte… o verla… y vos me darás tu opinión sobre ella y su comportamiento.
—¿Ud. no me va a contar su opinión?
—En principio diría que no… salvo que lo juzgara necesario… es más importante conocer la idea que vos te formes de ella.
Harry asintió, se recostó sobre el respaldo, cerró los ojos y comenzó con los ejercicios respiratorios. Enseguida se distendió. Y deseó firmemente que Kit saliera. Poco después se durmió.
oOo
Kit salió unos instantes después, cruzó los brazos y las piernas y dibujó un mohín con los labios. Se mostraba algo inquieta, no había ninguna razón o atracción particular que la hubiese impulsado a salir. Pero la confusión se le disipó cuando vio al hombre sentado frente a ella. El mohín se transformó en una sonrisa seductora que acompañó con una leve caída de ojos. El hombre se puso tenso, la observaba con evidente recelo. Amplió la sonrisa, descruzó las piernas y se inclinó hacia delante. Se sabía muy deseable.
El hombre no pareció afectado por la provocación. —¿Vos sos Kit? —le preguntó con voz fría.
—Llamame Kitten. —ronroneó ella haciendo un puchero. Y a continuación exageró un bostezo. —Estoy aburrida. Juguemos a algo…
—¿Qué clase de juego? —preguntó el hombre con tono neutro.
—Oh… estoy segura de que algo se nos ocurrirá… —dijo ella y estiró la mano hacia su pierna. El hombre se puso de pie de inmediato antes de que alcanzara a tocarlo.
—No estoy de humor para juegos.
—Oh… como quieras… —dijo ella con un bufido exasperado— Esto es demasiado aburrido. Me voy.
oOo
Harry se quedó mirando la pared una vez que la escena terminó de reproducirse. De repente le resultaba muy incómodo tener al profesor sentado frente a él. Se sentía confundido, abatido y avergonzado.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Severus.
Harry se lo dijo.
—No entiendo… o quizá tengo miedo de entender… —dijo Harry agitándose— Fue como si ella quisiera… pero eso no puede estar bien… quiero decir… con usted…
—Primero que nada, recurrí a la respiración y acomodá la postura.
Harry le puso mala cara pero obedeció.
—Segundo, Kit no me reconoció. Esa parte de vos no tiene la menor idea de quién soy yo. Sólo me vio como a una persona distinta.
—¿Es decir que ella habría actuado igual con cualquier otra persona que tuviera enfrente? —preguntó Harry frunciendo el ceño— Igual eso no me hace sentir mucho mejor.
—¿Pero sí un poco mejor? —preguntó Severus alzando una comisura. Por suerte Harry pudo dibujar una media sonrisa en respuesta.
—Pero yo no soy así para nada. —suspiró Harry.
—Harry, Kit es sólo una parte tuya. Concentra ciertos rasgos, deseos e impulsos. Como ente separado puede resultar chocante pero una vez integrada en tu personalidad contribuirá a conformar tu mente en la proporción adecuada. ¿Lo entendés?
—Supongo.
—Ella aprovecha los pequeños gustos. El postre del primer día o quizá también un largo baño relajante. Es posible que vos no lo recuerdes porque ella toma el control. Todos solemos permitirnos esos pequeños placeres.
Harry alzó las piernas y las apretó contra el pecho. —¿Por qué hice ese tipo de cosas a un lado? Si no tienen nada de malo…
Severus se dio cuenta de que se trataba de una postura defensiva. Lo más recomendable era no seguir ahondando por el momento. —No lo sé… pero creo que por hoy ya hemos trabajado lo suficiente. ¿Qué te parece ir a practicar un poco el piano?
Harry asintió claramente aliviado y partió hacia la sala de música. Después de la práctica trabajó en sus tareas y luego pasó varias horas haciendo ejercicio y jugando. Habló muy poco durante las comidas y Severus no lo presionó. Se lo agradeció en silencio. Apenas terminó de cenar subió de inmediato y se encerró en su cuarto.
Se tiró sobre la cama y cerró los ojos. Pero las imágenes de él actuando como Kit igual se le hacían presentes. No quería pensar más en eso, se metió bajo las mantas y se obligó a dormir.
Se despertó dos horas después falto de aliento. Había tenido una pesadilla pero no podía recordar nada del mal sueño. Estiró una mano temblorosa y agarró el diario y una pluma. Se incorporó sentándose y se quedó un largo instante contemplando la hoja en blanco. No se le ocurría nada que pudiera escribir. De pronto su mano empezó a moverse… ¡como con voluntad propia!
Quizá deberías empezar con otro alter que no sea Kit. La caligrafía era más elegante que la suya y con realces curvilíneos.
Harry contuvo una exclamación y comenzó a entrar en pánico. Pero de inmediato recordó los ejercicios de respiración y los puso en práctica. Unos instantes después ya se sentía más tranquilo y escribió: ¿Quién sos vos?
Su mano se movió por su cuenta. —Silas.
—¿Si hablara en voz alta podrías oírme y contestarme?
—Sí.
—Ah… eh… pero creo que prefiero seguir escribiendo.
—En realidad no importa demasiado… y… eh… probablemente yo no debería estar comunicándome con vos de ninguna forma. —admitió Silas.
—¿Y por qué no?
—Sería una forma de animarte a pensar que yo soy alguien diferente. Y en realidad no soy sino una parte más de vos.
—¿Vos te sentís como una parte más de mí? — preguntó Harry con curiosidad.
—Sí… en cierta forma… —respondió Silas con ambigüedad.
Harry no sabía bien cómo interpretar eso, prefirió no insistir y pasó a otra pregunta. ¿Vos sabés sobre qué fue mi pesadilla?
No la vi, si eso es lo que me estás preguntando, pero creo que los dos podemos adivinar que se trata de algo que tiene que ver con Kit.
¿Vos sabés lo que le pasó a ella…? Quiero decir… ¿ a mí…?
Harry, el profesor Snape tiene razón. Es algo que vos tenés que descubrir por tu propia cuenta. De nada serviría que te dijéramos la respuesta. Y por otro lado… creo que deberías empezar por un alter diferente.
¿Como quién?
Buena pregunta. La caligrafía era distinta, menos esmerada, más bien desprolija. Yo soy Gabriel. Yo, por el contrario, creo que, ya que empezaste con ella, es mejor que sigas con ella.
Yo opino distinto, Harry. Intervino Silas. Pero en algo tiene razón, va a ser difícil cualquiera sea el alter con el que empieces.
Y en algún momento vas a tener que absorberla. Agregó Gabriel.
Eso ya lo teníamos claro desde el principio, tarado. Replicó Silas y Harry podía imaginar perfectamente que lo había dicho con una mueca desdeñosa en los labios.
¿Kit sabe que yo estoy tratando de… absorberla?
Durante la pesadilla se alteró mucho en su sueño y Boy estaba llorando. Escribió Silas. Los dos están durmiendo tranquilamente ahora.
Te puedo decir algo que pienso que te puede resultar de ayuda, Harry. Intervino Gabriel. La primera vez que Kit apareció, cualquiera haya sido la causa que te llevó a crearla, fue algo que alteró mucho a Boy. Y él es que sale en los momentos que más sufrís. Acordate de eso y cuando la veas dale una buena patada en el culo de mi parte.
¡Tarado! No decís más que pelotudeces. Le recriminó Silas. ¿Puedo presumir que vas a seguir trabajando con Kit, Harry?
Sí. Contestó Harry con cierta renuencia pero ya lo había decidido.
¿Te parece que ahora vas a poder dormirte otra vez?
Creo que me voy a quedar un rato más escribiendo por mi cuenta. Ah… y gracias, Gabriel… por la fiesta de cumpleaños… ¡estuvo genial!
No tenés por qué darlas. ¡Dormí bien, Harry! Escribió animoso.
Buenas noches. Se despidió Silas.
Harry sonrió. Se sentía mucho mejor después de la "charla". Escribió en el diario sobre lo que había hecho durante el día y de lo bien que lo hacía sentir haber podido "hablar" con Silas y Gabriel. Era un sentimiento raro también, teniendo en cuenta que estaba hablando consigo mismo, pero lo hacía sentir menos solo y más fuerte. Sabía que iba a querer hablar con ellos nuevamente. Volvió a acostarse y pensó, a medida que el sueño lo iba ganando, si debía contarle a Severus la novedad.
oOo
—¿Cómo te sentís? —preguntó Severus a la mañana siguiente cuando tomaron asiento en la salita.
—Hum… tenso… creo… —contestó Harry.
Y se notaba, por la forma en que se removía inquieto y la postura defensiva que había adoptado. Y se había vestido con una remera y un jean de los viejos, de los que había heredado de Dudley, lo que probablemente era un signo de lo deprimido que estaba. Al parecer lo hacían sentir más "protegido" porque lo cubrían más y desdibujaban su cuerpo.
—¿Qué pensás de Kit? Es algo que no llegamos a abordar ayer. —preguntó Severus.
—Ella es… no sé… realmente no sé qué pienso… —admitió con un suspiro— Lo que sí sé es que no me gusta. Supongo que eso es obvio puesto que en su momento la aparté de mí. Ella me hace sentir incómodo y avergonzado. Y la forma en que actuó ayer… ¡es horrible!
—Ella actúa así porque no tiene otra cosa que la guíe aparte de sus ansias. Le gusta la buena vida, la despreocupación. De por sí no es algo reprochable, todos en mayor o menor medida deseamos confort, es un impulso saludable. Pero ese impulso aislado, que es el caso de Kit, se vuelve inapropiado.
—¿Por qué dice que es saludable?
—Todos sufrimos tensiones en la vida y necesitamos cosas que balanceen eso. Si ese impulso no existiera terminaríamos abrumados por el estrés. Y el estrés tiene un efecto nocivo sobre la salud si es constante y no hay nada que lo mitigue o contrabalancee.
Harry asintió. —Creo que lo entiendo. Hermione, que siempre estudia mucho, a veces necesita leer una novela para distenderse. Creo que para Ron viene por el lado de jugar al ajedrez… ¡y yo vuelo! ¿Por qué eso no me sirve?
—Quizá sea por la forma de volar, practicar piruetas riesgosas y a toda velocidad quizá no sea la mejor forma de relajarse.
—Tiene sentido. —admitió Harry.
—Creo que por ahora sería mejor no seguir hablando de ella. Quisiera que te pusieras a practicar el piano durante una hora más o menos y que mientras lo hacés trates de concentrarte en Kit, que pienses en ella.
—De acuerdo. —dijo Harry poniéndose de pie— ¿Va a venir a escuchar, señor?
—No, si eso no es lo que vos querés.
—Creo que al menos por hoy preferiría tocar solo.
oOo
La rutina se repitió durante una semana. Después del desayuno conversaban un rato sobre Kit y después Harry iba a tocar el piano con la instrucción de concentrar su mente en el alter. A veces Severus se sentaba a escuchar, otros días no. El resto del día, Harry lo ocupaba haciendo ejercicio, jugando y estudiando.
Ya había completado toda la tarea asignada para las vacaciones, Severus había empezado a darle clases extra. Le había dado a elegir la asignatura y Harry había optado por Defensa. Habían empezado con la práctica de escudos y con técnicas evasivas de agilidad para esquivar ataques. No se trataba sólo de magia, también le estaba enseñando defensa personal con técnicas muggle.
Harry había además tomado la costumbre de tocar un rato más el piano antes de irse a acostar. Con Silas y Gabriel no había vuelto a conversar desde esa primera vez. Harry tampoco había intentado atraerlos.
oOo
Esa noche se despertó de repente ahogando un grito. Había tenido pesadillas durante varias noches, pero ésa era la primera vez que recordaba partes del sueño. El corazón le galopaba desbocado en el pecho y estaba bañado en sudor. Le brotaban lágrimas y sentía como si se ahogara. Se esforzó para poner en práctica los ejercicios respiratorios, pero le servían de poco puesto que cuando empezaba a calmarse arreciaban los sollozos y volvía a agitarse.
Se bajó tambaleante de la cama y estuvo a punto de caerse porque las piernas le temblaban. Muy alterado y con paso inseguro enfiló hacia la puerta. No se había puesto los anteojos, veía todo muy borroso y las lágrimas no ayudaban. Sosteniéndose de la pared avanzó por el pasillo. Finalmente llegó a la puerta cerrada. La habitación de Snape.
Colapsó al suelo y Boy salió de inmediato y con todo el ímpetu. Silas y Gabriel no habían podido contenerlo más. Boy siempre se alteraba durante las pesadillas, pero con la de esa noche había sido mucho peor.
Boy desanduvo el camino, con paso vacilante y sollozando. Quería alejarse de Snape que seguramente lo castigaría si lo despertaba. Volvió a entrar en su cuarto, necesitaba un lugar donde esconderse… eligió el armario… se encerró y sentándose en el suelo comenzó a hamacarse suavemente y a gemir.
oOo
Severus se despertó por el ruido de una suave alarma, que sonaba cuando alguien tocaba su puerta. Se levantó de inmediato y salió al pasillo, no vio a nadie. La puerta de Harry estaba abierta pero no había nadie en la habitación.
—¡Omi! —llamó.
El elfo se materializó a su lado al instante. —¿Sí, amo?
—¿Dónde está Harry?
Omi se concentró un instante y luego desvió los ojos hacia la puerta del armario.
—Gracias.
El elfo asintió brevemente y desapareció. Severus caminó hasta el armario y empezó a abrir muy lentamente la puerta. Harry estaba acurrucado en un rincón balanceándose y gimoteando. Cuando notó la luz de afuera el llanto trepó en intensidad y empezó a gritar pidiendo perdón por haberlo despertado y suplicándole que no le pegara. Severus apretó los dientes angustiado, los ruegos eran desgarradores. Se le arrodilló al lado.
—Harry… Boy… no te voy a pegar, no estoy enojado. —dijo con voz muy suave, pero no se animó a tocarlo— Estoy contento de que me hayas despertado. Hiciste lo correcto. Estoy orgulloso de vos.
Los gemidos de Boy fueron acallándose y los movimientos se hicieron más espaciados. Un minuto después, Harry resurgió y pestañeó varias veces confundido. Severus lo ayudó a incorporarse. Harry empezó a llorar desconsolado y la respiración se le volvió jadeante.
Severus lo alzó en brazos y lo llevó a la cama. —Harry, tratá de respirar, acordate de la técnica… —dijo Severus pasándole un brazo sobre los hombros.
Nadie lo había consolado antes de esa forma… excepto quizá Hermione alguna vez… era tan bueno sentirse acompañado y protegido, se reclinó contra el profesor.
—¿Qué pasó?
—Yo… tuve una pesadilla… era… y yo… —se interrumpió y tuvo que concentrarse en respirar. Severus esperó pacientemente. —Yo no podía moverme… ni pensar con claridad… alguien me estaba masajeando los hombros… y a mí me pareció agradable… era cálido y relajante… pero después… ¡yo no quería! ¡no quería!
—Shh… Harry, todo está bien. —susurró Severus, aunque él mismo se había puesto tenso. En realidad ya sospechaba qué era lo que había hecho surgir a Kit en su momento, pero oírlo directamente de los labios de la víctima era algo muy distinto. —Tratá de mantenerte calmo y contame lo que pasó.
—Después… —murmuró Harry, pero un segundo más tarde se había puesto a temblar y había apretado los dientes. Severus lo abrazó más estrechamente contra su cuerpo, a él también le estaba costando mucho controlarse para contener la propia ira. —Después… sentí que me bajaban los pantalones… y entonces… se sentía muy cálido… y yo no me podía mover… y se sentía agradable y bien… ¡no tendría que haberse sentido BIEN! —gritó desesperado.
Boy surgió de golpe chillando y forcejeó para separarse. Severus lo soltó de inmediato y se limitó a susurrar palabras de consuelo mientras el chico temblaba y se sacudía en el medio de la cama. Observarlo en ese estado estrujaba el corazón. ¡Merlín, quería matar al que le había hecho eso! Se sentía asqueado. Cuando Harry retornó unos minutos más tarde, Severus conjuró una poción tranquilizante, se la dio a beber y volvió a pasarle un brazo confortante sobre los hombros.
—Harry, ¿recordás quién fue el que hizo eso?
—No. —respondió con voz apenas audible.
—Vos no hiciste nada malo. Nada de lo que pasó fue tu culpa.
Harry había empezado a sollozar. Pero ya no estaba tan alterado.
—Ahora tratá de dormir. Hablaremos del asunto en la mañana.
—No quiero. —protestó con un hilo de voz.
—Lo siento, Harry. Pero ésta es una situación ante la que no podés cerrar la puerta. Tenemos que hablar sobre eso, lo haremos con mucha prudencia, muy de a poco si fuera necesario. Ahora acostate y tratá de dormir.
Severus se quedó sentado a su lado hasta que los sollozos dejaron de oírse y se sumió en el sueño.
oOo
