Mente rota, alma quebrada
Perdonarse
A la mañana siguiente Harry se sentó de entrada abrazando las piernas recogidas contra el pecho. Severus suspiró y tomó asiento frente a él. La atmósfera era tensa. La confusión, el enojo, el dolor y el miedo de Harry eran palpables. Lo que tenían que encarar iba a ser duro pero era necesario.
Severus se lo explicitó claramente. —Esto va a ser difícil de oír, pero debo asegurarme de que me estás escuchando. —dijo Severus con firmeza— Quiero que me mires directo a la cara. Si en algún momento querés que hagamos una pausa, apartá la mirada e interrumpiremos hasta que consideres que podés continuar. ¿Entendido?
Harry asintió brevemente su acuerdo.
—La mayoría de la gente asocia la violación con algo violento y doloroso. Y generalmente es así. Pero ocasionalmente no. Harry, vos no hiciste nada malo, tu cuerpo reaccionó…
Harry apartó la mirada y se notaba que se estaba esforzando para contener los temblores que lo habían asaltado. Necesitó de unos minutos para componerse un poco y volvió a mirarlo.
—Tu cuerpo reaccionó de manera natural… pero vos sabías que la situación estaba mal. Vos no merecías ser tratado de esa manera. Fue agresivo e hiriente a pesar de la reacción natural de tu cuerpo.
—Pero… Kit… ella lo disfrutó. —dijo Harry con voz ronca.
—Kit… ella está conformada casi puramente de tu respuesta física. —dijo Severus eligiendo cuidadosamente las palabras— Vos la separaste porque no querías ser parte de eso. Y ella surgió… para ella el concepto de violación es desconocido. Surgió con el sólo objeto de sentir y eso fue lo que hizo. Pero eso no es algo de lo que debas culparte. Y tampoco está mal que para vos haya sido agradable. Lo que sí esta muy mal es que hayas sido forzado a tales cosas demasiado pronto y sin estar preparado. Algún día encontrarás a alguien a quien amar y estas sensaciones que Kit disfruta vos también las vas a disfrutar.
—¡No! —dijo Harry con brusquedad encendiéndose de enojo.
—Sí. —contraargumentó Severus con tono medido— Lo que te pasó es horrible pero vos no tenés la culpa.
—Pero sí la tengo. —dijo Harry— Fue muy estúpido de mi parte. Lo dejé que me masajeara y que me pusiera un aceite…
—¿Quién era él?
Harry encogió los hombros con rigidez, como si el movimiento hubiese sido un reflejo súbito. —No me acuerdo.
Severus no estaba seguro de que le estuviera diciendo la verdad. Era posible que Kit estuviera bloqueando esa información, pero también era posible que Harry la estuviera reteniendo a propósito movido por sentimientos de vergüenza. Pero cualquiera fuera el caso tenía que lograr convencerlo de que él no había hecho nada de lo que tuviera que avergonzarse.
—Quienquiera que haya sido tenía malas intenciones, intenciones de hacerte daño desde un principio. Probablemente había planeado toda una estrategia. Y eligió el momento, un momento en el que vos te sintieras muy vulnerable. No sería de extrañar que te hubiese drogado para que te sintieras confuso y desamparado. Hay pociones que pueden pasar inadvertidas en una taza de té. El victimario se aprovechó de tu inocencia e ignorancia para conseguir sus bajos propósitos. Él es el culpable de lo que pasó. Te viste empujado a una situación de la que no podías defenderte.
Los ojos de Harry habían empezado a inundarse de lágrimas pero no apartó la mirada.
—Yo nunca te voy a mentir, Harry. Y puedo jurarte que vos no hiciste nada malo. Vos no sos responsable de lo que pasó. No tenías capacidad de defenderte de una agresión de ese tipo. No tenés la culpa de tus reacciones. Fue algo natural de lo que no tenés que sentirte culpable.
—Pero… me gustó… —dijo secándose la nariz con la manga— Algo debe de estar mal conmigo, ¿qué es?
—No hay nada mal con vos. —le ratificó Severus con firmeza al tiempo que endurecía un poco la mirada— Y no es cierto que te haya gustado. Y vos querías que se detuviera. Te resultaba insoportable y ésa es la razón por la que creaste a Kit, para apartar eso que en realidad no te gustaba. ¿Qué pensarías de una persona que bajo Imperius es obligada a sentir placer matando inocentes?
—Que no estaba actuando por voluntad propia. —respondió Harry con énfasis— Pero el caso no es igual. Kit soy yo.
—Eras vos, sí. Pero fue sólo tu cuerpo el que lo sintió agradable. A tu mente no le gustó. Tu cuerpo es un sistema complejo pero no puede pensar por sí mismo. Te avisa de un daño mediante el dolor. Y también te da señales placenteras cuando hay cosas que son buenas y saludables. Toda persona posee innatamente el instinto de reproducirse. El impulso sexual es algo saludable. Asegura la continuidad de la especie. Tu cuerpo activó una respuesta normal. Pero lo que estaba mal era la situación, vos te diste cuenta de que estaba mal en esa situación. Y repito, vos no sos el culpable de lo que pasó.
Quizá repitiéndolo una y otra vez lograría convencerlo.
—No quiero seguir hablando de esto. —dijo Harry poniéndose de pie.
—¿Qué pensás hacer? —preguntó Severus que seguía sentado.
—Voy a ir a tocar un rato y luego quiero ir a mi cuarto… quizá para dormir… ¿podríamos obviar las lecciones?
—Sí, pero sólo por un día o quizá dos. No podemos permitir que esto provoque una detención en tu vida.
—Sí, señor. —contestó Harry y abandonó presto la salita.
oOo
Harry estuvo tocando el piano durante unas horas y luego se recluyó en su habitación. No sabía qué hacer. Se sentía perdido, enojado… y sucio. Tenía ganas de romper cosas, de darse de golpes contra la pared. Quería llorar y quería escapar. Era enloquecedor. Sentía una gran presión detrás los ojos y supuso que debía de estar sembrando el caos entre los alter. ¡Qué se las aguantaran! ¡Era culpa de ellos después de todo! ¡Si Kit no hubiera nacido él habría manejado la situación de otra forma!
Pensar eso le dio la idea. Corrió a la cama, agarró el diario y escribió con furia: ¿¡Por qué no salieron para impedírselo!? ¡Yo pensaba que ustedes estaban para protegerme! ¡Silas! Vos seguro que te diste cuenta de sus intenciones de inmediato. ¡Y vos, Gabriel! ¿No se supone que seas fuerte y valiente?
Yo soy inteligente. —respondió Silas con calma, Harry podía deducirlo porque la letra era tan esmerada y elegante como la vez anterior— Pero yo sólo sé lo que vos aprendés y lo que yo estudio por mi cuenta. Y la situación de abuso fue algo repentino, no había habido ninguna indicación previa que me hubiese permitido anticiparlo, caso contrario habría buscado la forma de advertírtelo.
Lo siento mucho, Harry. —escribió Gabriel con trazos más descuidados que la vez anterior, signo de que se sentía culpable— Yo quería detenerlo. Pero vos estabas drogado y afuera, y no pudimos hacerte entrar. Y fue entonces que Kit surgió y estaba en su elemento… y eso la hizo muy fuerte. No pudimos detenerla. Yo quería, pero no pude. Perdón.
¡Perdón! ¡Y lo sentís mucho! ¡¿Y eso es todo lo que se te ocurre decir?! —escribió Harry estallando de rabia sobre el papel. ¡Sus alter eran unos inútiles!— ¡¿Y por qué no saliste después y lo cagaste a patadas?! ¡A quienquiera que haya sido!
No pudimos atacar al muy degenerado porque a partir de ese día vos… nosotros… lo evitábamos. Además, yo no podía permitirte que terminaras haciéndote echar por haber atacado a un profesor, nos habrían mandado de vuelta con los Dursley. —explicó Silas— Y sí queríamos decírselo a alguien pero no nos poníamos de acuerdo en a quién. No confiamos en las mismas personas. Y Gabriel no me permitió que fuera a hablar con el profesor Snape.
¡Y Silas no me dejó que fuera a decírselo a Dumbledore o a McGonagall! —escribió Gabriel enojado.
¡Basta! ¡Cállense! ¡Los dos! ¡Me importa un rábano en quién confía cada uno y en quién no! Porque en este momento, ¡yo no confío en ninguno de USTEDES DOS! Harry cerró el diario de golpe, lo arrojó con bronca contra la pared y se hundió llorando en la cama. Odiaba llorar y últimamente era algo que hacía muy seguido. ¡Y detestaba a sus estúpidos alter, buenos para nada!
oOo
Harry no abandonó su cuarto durante dos días, excepto para ir al baño. Severus se lo permitió para que tuviera tiempo de asumir el mal trago de lo que se había enterado. Omi le había informado que estaba comiendo menos de lo habitual pero que al menos algo se alimentaba.
Lo que Severus no iba a permitirle era que se mantuviera aislado de manera indefinida, si la reclusión se prolongaba un día más estaba decidido a intervenir. Sin embargo, no llegó a ser necesario. Omi lo abordó a la mañana siguiente muy consternado.
—Amo, ¡el joven Harry está limpiando! Le supliqué que dejara de hacerlo pero no me contestó, creo que ni siquiera notó mi presencia.
—Yo me encargo. —lo tranquilizó Severus y se encaminó a la habitación del chico. Golpeó un par de veces pero no obtuvo respuesta. Abrió la puerta. Harry estaba limpiando los cristales de la ventana usando una de sus remeras como trapo. Se dio vuelta cuando Severus se le acercó y le sonrió tímidamente juntando las manos muy modosas delante.
—Harry, ¿qué estás…? —empezó a decir y fue entonces que notó que tenía los ojos fijos en el movimiento de sus labios.
—Hola. —saludó Harry con amabilidad. Las sílabas sonaron con una cadencia extraña.
—Rose, —dijo Severus comprendiendo— ¿cómo estás?
Harry se concentró frunciendo el ceño y finalmente pudo articular: —Bie… Le sonrió una vez más. Omi se materializó en la habitación con un pop, Harry/Rose no pareció notarlo. Severus recordaba que Silas le había dicho algo en referencia a la empatía de ese alter, pero al parecer el talento no era efectivo para detectar a un elfo. A Severus si lo había detectado cuando se le había acercado.
—No quiero que limpies. —dijo Severus— Vení conmigo.
Rose sonrió y asintió, ansiosa por complacerlo.
—Omi, podés retirarte. Y no vuelvas a mostrarte ante Harry hasta que yo te lo indique.
—Sí, amo. —chilló el elfo algo confundido y desapareció.
Severus bajó al comedor seguido de cerca por Rose. Cuando llegaron, él desplazó una silla para ella, ella pensó que quería que la limpiara y se inclinó para frotar el asiento con la mano.
—No, no limpies. Quiero que te sientes aquí y que me esperes. Volveré enseguida.
—Gracias. —dijo ella sentándose con una amplia sonrisa dibujada en los labios. Severus se la devolvió. Y cuando se dio vuelta suspiró resignado. Fue a la cocina y le explicó a un Omi muy alterado que Harry por el momento no se sentía del todo bien, pero que no se trataba de nada preocupante y que pronto se pondría mejor. Le pidió que les preparara una buena comida teniendo en cuenta que Harry no había estado comiendo del todo bien esos días. El elfo se puso a trabajar de inmediato y le aseguró que todo estaría listo en pocos minutos.
Severus volvió al comedor. Rose/Harry seguía sentado en el mismo lugar, muy como una señorita bien educada. Con la espalda derecha, los tobillos cruzados, las piernas ligeramente inclinadas hacia un lado y las manos descansando juntas sobre la falda.
Severus tomó asiento y esperó a que ella lo mirara antes de hablar. —La comida aparecerá por sí sola sobre la mesa dentro de unos minutos. No te asustes. —le avisó.
Rose sonrió y asintió.
—Cuando llegue, me gustaría que comas bien. —dijo. Era algo inquietante ver a Harry actuando tan diferente de sí mismo. Severus había alternado poco con los alter, excepto con Silas. Pero Silas en el cuerpo de Harry no quedaba mal. Con Rose la cosa era totalmente distinta.
Rose esperó pacientemente con los ojos siempre fijos en los labios del profesor, no quería perderse nada en el caso de que le dijera algo. Poco después apareció la comida. Había carne asada, puré de papas, un bol con chauchas hervidas y un tazón con salsa. Rose sonrió una vez más y preguntó: —¿Me permite?
Severus asintió y Rose empezó a servir. Le preparó primero un plato para él, lo hizo con mucho esmero y le quedó como para una foto de revista de cocina. Luego se sirvió un plato idéntico para ella.
—Exquisitamente presentado. —la elogió.
—Gracias. —respondió ella contenta. Y se pusieron a comer.
Cuando terminaron, Rose seguía en control. Severus quería mantenerla entretenida con algo que le gustara pero no quería que se pusiera a limpiar o a cocinar. — Vení conmigo. —le indicó.
Ella lo siguió hasta el sótano. Había varios ingredientes que precisaban ser acondicionados y enfrascados. Severus le dio precisas instrucciones explicándole lo que tenía que hacer, ella le siguió atentamente el movimiento de los labios para no perder nada. Luego se puso a trabajar con muy buen ánimo.
Severus por su parte se desplazó a otra mesa y él también se puso a trabajar en la preparación de una poción. Más o menos una hora después experimentó un leve sobresalto.
—¿Dónde estamos?
Ciertamente no había sido Rose la que había hablado. El tono había sido duro y fastidiado.
—En el sótano, en mi laboratorio de Pociones. —contestó Severus con tono neutro.
—Debería haberlo supuesto. —dijo Gabriel frunciendo el ceño— Me juego a que empezás a experimentar síndrome de abstinencia cuando estás mucho tiempo lejos de un subsuelo.
—¿Cuál la razón para que hayas salido, Gabriel? Acá no hay nada contra lo que tengas que pelear.
—Quizá Harry piensa que sí la hay. —dijo Gabriel y enfiló hacia las escaleras— Nos vamos de acá.
—¿Adónde vas?
Gabriel se detuvo. —No te necesitamos. Vos no nos estás ayudando. Todo lo contrario, estás haciendo que las cosas sean peor. Y estoy convencido de que lo estás haciendo a propósito.
—No te podés ir. —dijo Severus alzando una comisura— Hay barreras que no te permitirán abandonar la casa.
—Pues tendré que neutralizarlas entonces, y si hiciera falta echaré la puerta abajo. —dijo Gabriel y un segundo después empezó a atacarlo con todo tipo de hechizos.
Severus tuvo que empezar a contorsionarse esquivándolos. Y corrió hacia las escaleras, tenía que sacarlo de allí, había muchas cosas que podían explotar en el laboratorio. Su idea era hacerse perseguir hasta la sala de prácticas en el piso alto. Pero no le resultó para nada fácil, Gabriel no estaba jugando. Y eludir las maldiciones le significaba un esfuerzo penoso y a su vez era bochornoso puesto que Harry sólo tenía trece años.
Unas cortinas se prendieron fuego cuando Severus se agachó para no lo alcanzara un hechizo. El profesor lanzó una seguidilla de Stupefy y Petrificus para cubrirse, sólo ganó unos segundos, pero ninguna impactó en el blanco buscado porque Gabriel rehuía los haces rojos con agilidad pasmosa. Pudo, no obstante, levantar un escudo y correr escaleras arriba. Gabriel se dio cuenta de la situación vulnerable de su adversario y apuntó a la base de sustentación. Severus bramó un improperio cuando los escalones empezaron a resquebrajarse y ceder bajo sus pies, tuvo el tiempo justo para alcanzar el piso superior, una fracción de segundo más tarde toda la escalera colapsó con un estruendo ensordecedor.
Jadeante y con el corazón desbocado, Severus supo encontrar el ánimo para desafiarlo desdeñoso. —Brillante movida, ¿y cómo se supone que vayas a alcanzarme ahora?
Gabriel no perdió tiempo para contestarle, se rodeó con un poderoso escudo y se levitó hasta la barandilla del piso alto. Severus maldijo otra vez y salió disparado hacia el cuarto de ejercicio. Una vez que estuvieron allí, atacó con toda la artillería, recurrió a todos los hechizos habidos y por haber para aturdir, desmayar, confundir, cegar y atar y a todos los escudos de su arsenal.
Gabriel era excelente. Determinado, concentrado, veloz y ágil. Lanzaba los ataques con asombrosa maestría. Podía mantener hasta cuatro encantamientos activos sin perder eficiencia ni empuje. Y recurría a la improvisación como el más logrado de los luchadores. La lid se prolongó durante varios minutos. Finalmente Gabriel logró impactarlo con un Petrificus que lanzó contra con un espejo y que rebotó con el ángulo preciso para hacer blanco en el profesor. Severus se desplomó presa del shock. ¿Y por qué no se le había ocurrido eso mismo a él antes? Inmediatamente puso en juego su magia sin varita para neutralizar la maldición. Pero eso le iba a llevar varios segundos y el tiempo era crítico en esa circunstancia. Gabriel ya estaba a su lado y lo apuntaba implacable desde arriba, los ojos verdes llameantes se clavaron en él agresivos.
—Adiós, profesor. —articuló impiadoso.
La boca volvió a abrirse para pronunciar la siguiente maldición, una que seguramente lo mataría, pensó Severus. Pero entonces la mirada cambió, el cuerpo se le distendió y abandonó la instancia de ataque y la expresión se trocó en una de aspecto felino, de ladina suficiencia.
Silas dibujó una sonrisa divertida. —Estoy realmente pasmado, no creía que Gabriel pudiera atreverse a llegar tan lejos.
—¡Liberame! —ordenó Severus taladrándolo con la más amenazante de sus miradas.
—¿Y para qué gastar energía? —replicó Silas con voz sedosa— Si no me equivoco, está Ud. a punto de lograrlo por su cuenta.
Severus pudo anular los efectos de la maldición un instante después y se puso de pie. Le puso muy mala cara pero Silas no se amilanó, le mantuvo la mirada, calmo e impasible. Severus se sacudió las ropas y aprovechó esos segundos para recomponerse. Silas siguió todo el proceso con una imperturbable comisura en alto.
—¡Borrá esa sonrisa ya, mocoso! —demandó con tono peligroso.
—¿Cómo? ¿Y no me va a dar las gracias por haberle salvado la vida? —se burló Silas adoptando un tono fingido exageradamente ofendido. Luego chistó reprobador.
—No estoy de humor para juegos. —gruñó Severus.
—Y yo que pensaba que se estaba divirtiendo a mares.
—¡Basta! Y es la última advertencia, Silas. ¿Qué fue lo que pasó?
Silas suspiró decepcionado y se puso serio. —Harry se pasó los dos días pensando aunque cada tanto alternaba explotando en ataques de cólera. También durmió. Está enojadísimo con nosotros, por cierto. Finalmente creo que se rindió exhausto por la vorágine emocional y optó por retraerse. ¡Et voilà! Puede disfrutar de nosotros durante varias horas. En realidad todos estábamos muy alterados y queríamos salir.
—¿Y el tiempo de Gabriel se agotó justo cuando estaba por mandarme en viaje sin regreso? —bufó Severus.
—No exactamente, pero ya había estado bastante afuera, no me resultó difícil desplazarlo y tomar el control. No se trataba de una situación que lo anclara.
—¿Y no podrías haber intervenido antes? —inquirió Severus con voz helada.
—¿Y por qué iba a hacerlo? Gabriel necesitaba liberar presión. —respondió Silas despreocupado encogiendo los hombros.
Severus tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse y no estrangularlo. —¿Y se supone que Kit, Boy y Demon todavía tienen que salir?
—No. Kit fue la que salió primero. Tomó un prolongado baño relajante. Luego Rose, Omi la vio cuando estaba limpiando el baño, luego siguió con la habitación. Boy ya había salido al principio cuando se escondió en el armario y Demon… bueno, a veces se pone inquieto… pero nunca sale. Nunca. Cuando Harry se calma vuelve a dormir. Y ahora si me disculpa, creo que Ud. tiene una casa que reparar y yo tengo varios libros a los que quiero dedicarles tiempo. —concluyó Silas. Pegó media vuelta y abandonó la habitación.
Severus se quedó bufando durante varios minutos, finalmente lanzó un largo suspiro y llamó a Omi. Juntos se dedicaron a arreglar el desquicio.
oOo
—¡Oh, gracias a Merlín! —murmuró Severus cuando la música llegó a sus oídos. Seguían siendo mayormente escalas, pero Harry a veces incursionaba en algunas melodías sencillas. Era una buena señal, todo indicaba que Harry había decidido dejar de esconderse. El problema estaba lejos de haberse solucionado pero al menos se trataba de un comienzo.
—Bienvenido de regreso, señor Potter. —saludó remarcando cada sílaba.
Harry se sobresaltó levemente, no lo había oído entrar y tampoco había notado lo tarde que se había hecho. Luego tomó consciencia del apelativo que había usado el profesor. —¿Pasa algo malo? —preguntó tímidamente.
Severus se le acercó y se sentó a su lado en la banqueta. —No, todo terminó bien… esta vez. Y los daños ya fueron reparados.
—¿Daños? —repitió Harry con desconcierto— ¿Alguno de ellos salió, señor?
—Sí, todos, excepto Demon.
Harry se puso algo tenso. —¿Qué pasó?
—Hum… —empezó Severus e hizo una pausa como si reflexionara— Kit tomó un baño. Luego Rose se puso a limpiar toda la casa. Al pobre de Omi casi le da un ataque. Llegó a pensar que estabas tratando de quitarle el empleo.
Harry sonrió divertido.
Satisfecho con el resultado de su ocurrencia, Severus prosiguió: —Tuve que distraerla para que Omi no sufriera un colapso. Me estuvo ayudando con los ingredientes para las pociones. Luego vino Gabriel que había estado reprimido acumulando presión y decidió liberarla batiéndose a duelo conmigo. No quería permanecer ni un minuto más encerrado en la casa y se tomó el asunto muy en serio. Ejecutó a varios cortinados incendiándolos y literalmente derrumbó toda la escalera con un hechizo que no alcancé a identificar. Las paredes resistieron con honor por suerte y se mantuvieron incólumes a pesar de que varios impactos les provocaron melladuras y algunas grietas. Yo sufrí algunas escoriaciones menores y tuve que aguantarme un sermón de Silas por haber perdido contra "el tarado de Gabriel". Luego me dejó para que me las arreglara solo y se fue muy campante a leer a la biblioteca. Un día muy trajinado, ¿no creés?
—Así parece. —dijo Harry, no aguantó más y rompió a reír— Me hubiera gustado verlo.
—¿Qué parte? —preguntó Severus cruzando los brazos y poniéndose muy serio— Espero que te refieras al ataque de histeria de Omi y no a la instancia en que me tenías paralizado y a merced de tu varita.
—A lo primero naturalmente, profesor. —le aseguró Harry sin dejar de reír.
—Mejor así. Y acordate de que el nombre es Severus. Estoy dispuesto a aceptar un "señor" ocasionalmente, pero "profesor" es demasiado. No estamos en la escuela.
—Sí, Severus. —dijo Harry sonriendo con un dejo de insolencia.
—Vamos a desayunar ahora. —ordenó con firmeza— Y hoy mismo retomamos la rutina de las sesiones, las lecciones y el entrenamiento.
—Sí, señor. —contestó Harry sin dejar de sonreír.
Harry comió con mucho apetito y quiso pedirle perdón a Omi. Pero el elfo no lo dejó concluir la disculpa, dijo que era escandaloso que un mago de tal excelencia y que no había hecho nada reprochable quisiera disculparse.
Las cosas se pusieron más serias cuando pasaron a la salita para la terapia. Harry estaba algo nervioso pero Severus lo contagió con su calma. Se tranquilizó enseguida. Y realmente se sentía listo para encarar el problema. Había pasado dos días espantosos y estaba harto de llorar.
—¿Puedo presumir que ahora te sentís mejor?
—Sí. Quiero entender esto y quiero aceptarlo. Y encerrarme en mi habitación no sólo no es una solución sino que empeora todo. Mientras tocaba estuve pensando en todo lo que me había dicho, aunque no creo que haya hecho mucho progreso. Empiezo a entender quizá, pero eso no cambia en nada lo que siento respecto de Kit.
—Y es natural que así sea. —lo tranquilizó Severus— No es un problema que se solucione mágicamente de la noche a la mañana.
—¿Y entonces qué tengo que hacer?
—Lo que ya empezaste a hacer. Encarar la situación y pensar en ella para comprenderla mejor, pero sin interrumpir tu vida habitual. Lo que sentís va a ir cambiando paulatinamente como una consecuencia de tu mayor comprensión de la situación. Con un poco de suerte llegará un momento en que te sentirás preparado para reintegrar a Kit como una saludable parte de vos.
—Puesto así no suena mal.
—¿Seguís teniendo pesadillas?
—Sí, pero es la misma secuencia que se repite una y otra vez. —dijo y se rodeó el torso con los brazos— Nunca llego a ver al que me hizo esas cosas.
—Tomará cierto tiempo pero ya se dará. —dijo Severus restándole importancia a la cuestión— Me preocupa más que las pesadillas te estén quitando horas de sueño reparador. Estos malos sueños son beneficiosos en cierta forma porque te ayudan a comprender mejor la situación pero no quiero que termines exhausto. Si llegara a ser necesario te proveeré con pociones para dormir sin sueños.
—Gracias, señor. —dijo Harry y aflojó los brazos.
—¿Has estado teniendo dificultades con los otros alter?
—¿Y Ud. cómo lo sabe?
—Creo que Silas mencionó algo al respecto.
—Ah… —dijo Harry removiéndose un poco— Estaba muy enojado con ellos. Les echaba la culpa por lo que había pasado. Les eché en cara que ellos deberían haberme protegido y que tendrían que haber ido a contarle a alguien lo que estaba pasando. Sé que es una estupidez… porque me estoy culpando a mí mismo… y ellos no sabían qué hacer. Ellos son yo… e incluso ahora yo no sé qué hacer. Y enojarme con ellos no sirve de nada y no me va a llevar a ninguna parte.
—Entonces, ¿ya se te pasó?
—Sí, ya se me pasó. Sigo enojado con quienquiera que fuera el que me hizo esto. Ni Silas ni Gabriel tuvieron la culpa… ni tampoco Kit, aunque a ella sigo sin poder tolerarla.
—Así y todo, el que lo reconozcas es un progreso.
—Sí, supongo.
—¿Cuánto tiempo estuviste tocando esta mañana?
—Dos horas…
—Entonces será mejor que pasemos a las lecciones. —dijo Severus poniéndose de pie— Te preparé para hoy una prueba de recapitulación.
Harry dejó oír un gruñido, pero se paró también y siguió a Severus.
oOo
Esa noche después de un día muy productivo. Se sentó en la cama y abrió el diario. ¿Es realmente cierto que venciste a Severus en un duelo?, preguntó.
Sí. —respondió Gabriel— Y no fue nada fácil. El muy guacho puede moverse muy rápido cuando quiere.
A vos no te cae para nada bien…, escribió Harry frunciendo el ceño.
Supongo que podría ser peor. Harry pudo suponer que incluso conceder eso debía de haberle costado.
No le hagas caso. —intervino Silas— Es un tarado. El profesor Snape no ha hecho otra cosa que ayudarnos. Siempre fue sincero y ha guardado nuestro secreto.
Eso es lo que vos pensás, pero no podés estar seguro. —argumentó Gabriel— Bien puede habérselo informado ya al director.
Pero no se lo informó. —repitió Silas con énfasis.
¿Cómo podés estar seguro?
Bueno, basta… no desperdiciemos papel con una discusión sin sentido, intercedió Harry.
¡Oh, está bien!, capituló Gabriel. Harry podía imaginárselo bufando.
¿Ya no estás enojado con nosotros?, preguntó Silas como al descuido.
Ya se me pasó, respondió Harry encogiéndose de hombros.
Mejor así, escribió Gabriel.
¿Y por qué te trenzaste en duelo con Severus?
Quería irme de acá. Yo me tengo que mover constantemente. Quiero libertad. Y él era un obstáculo que se interponía. Además acá te hace trabajar todo el día y no parece que se obtenga ningún resultado.
No a la velocidad que a vos te gustaría, deberías aclarar. —intervino Silas— Ni siquiera vos podés ser tan adoquín como para no darte cuenta de que está ayudando a Harry.
Oh, está bien… demasiado lento para mi gusto.
Lo soportaremos con estoicismo. —escribió Harry con humor— No creía que vos fueras de los que se repliegan ante el prospecto de una pelea, Gabriel. Y vos, Silas… ¿acaso no eras el cínico sempiterno que no confía en nadie?
Digamos que soy principalmente cauto. —respondió Silas despreocupado— No veo que vayamos a obtener ninguna ventaja yéndonos de acá. Tenemos enemigos, si escapáramos podríamos terminar en manos de ellos. Acá estamos seguros. Al menos por el momento. No digo que Snape no nos vaya a traicionar nunca, no hay que bajar la guardia, pero hasta ahora no hay ningún indicio cierto de que vaya a ponerse en nuestra contra.
Yo no me estaba escapando. —se defendió Gabriel— Me gustaría poder irme, pero me voy a quedar. Y si peleé fue más que nada para soltar presión, como dijo Silas. Si lo hubiese querido realmente, podría habérmelo cargado y haber escapado. Pero no hice nada de eso, le dejé el control a Silas.
¿Habértelo cargado?, repitió Harry preocupado.
Él no tiene problema en apelar a cualquier recurso para salvarnos. —explicó Silas— Y creo que yo haría lo mismo si me supiera acorralado, pero yo seguramente haría todo lo posible para nunca quedar acorralado. Y Gabriel ya ha matado. No te olvides del basilisco.
Es cierto. Pero el basilisco no era una persona. Hay una gran diferencia, le aclaró Harry.
Claro. —concordó Gabriel— Y no es mi intención salir a matar gente, Harry. Pero mataría para salvar nuestra vida… pero buscaría cualquier otra forma alternativa antes. Y también podría llegar a sacrificarme para salvar a inocentes, pero no como un suicida insensato como opina Silas, sino como último recurso.
Sigo sosteniendo que eso sería una insensatez, escribió Silas en sus trece.
Ya veo que sobre eso no se van a poner de acuerdo. —Harry hizo una pausa para bostezar— Me voy a dormir. Buenas noches, chicos.
Cerró el diario y lo dejó sobre la mesita. Con unas palabras susurradas apagó las luces y se acomodó debajo de las mantas. Suspiró y deseó fervientemente que las pesadillas no se hicieran presentes esa noche.
oOo
Harry se puso pie una vez más, jadeante. Sentía el cuerpo dolorido. Severus le estaba enseñando diferentes tomas de lucha y naturalmente lo usaba a él para las demostraciones. Él no podía responder con otras por su limitado tamaño con respecto al de Snape, pero era bueno para él aprender… Harry sacudió la cabeza e hizo una mueca, bueno… para quedar como un estropajo más bien.
Snape le rodeó el pecho inmovilizándole los brazos a los lados. Harry se defendió aflojándose completamente, Snape se vio obligado a soltarlo un poco para reacomodar el agarre, Harry aprovechó esa fracción de segundo para explotar en movimientos, lo desestabilizó haciéndolo caer y pudo liberarse con facilidad.
—¡Muy bien! — lo elogió el profesor y estiró las manos para aferrarlo de los hombros. Harry no se dejó engañar, se agachó antes de que lo alcanzara, se echó al suelo y rodó alejándose. Snape sonrió aprobador.
Siguieron practicando una media hora más y al final completó la sesión con diez minutos con la bolsa de boxeo. Al final estaba sudoroso y exhausto. Snape le aseguraba que empezaría a disfrutarlas más a medida que fuera adquiriendo más destreza, pero lo cierto era que terminaba reventado. Por suerte sólo tenían esas prácticas dos veces por semana, Harry las toleraba porque a Gabriel le encantaban y aprendía ávido observando todo por encima de su hombro, por ponerlo de alguna forma.
oOo
Sentado al piano sus dedos iban explorando las notas, pulsando una o dos teclas cada segundo, sonaba como un repiqueteo lento de lluvia. Había algo en esos sonidos que siempre le activaban fibras muy profundas. Sonrió. Y poco a poco las escalas se fueron transformando en una vaga melodía, que fue ganando ímpetu y entidad más definida en los instantes siguientes.
Sin que él lo supiera, estaba tocando la Canción de cuna de Brahms. Una pieza que su mamá solía interpretar con frecuencia cuando él era bebé. La sonrisa se le amplió y comenzó a balancearse ligeramente siguiendo la cadencia de la música. Cerró los ojos y se dejó inundar por la dulzura de los sonidos. El piano parecía estar arrullándolo. Kit se sintió convocada y trató de salir. Harry interrumpió la melodía aporreando el piano, que se quejó gruñendo discordante. El silencio que siguió se tornó enseguida opresivo. Pero Harry estaba empecinado en no dejarla surgir.
Pensar en ella le suscitaba siempre sentimientos de incomprensión y de traición. Y no importaba cuántas sesiones tuviera con Snape. No quería… no podía aceptar que ella fuera una parte de él… y aunque lo fuera… había hecho muy bien sacándosela de encima. Él no la necesitaba, no necesitaba lo que ella pudiera brindarle, podía arreglárselas muy bien sin esa parte de él.
Retomó las escalas del principio. La canción de cuna no volvió a sonar.
oOo
En las clases de Defensa estaban viendo escudos. Snape le había asignado la tarea de investigar tres encantamientos en particular. El primero era un escudo bloqueante, Tectussitum, había necesitado tres días para dominarlo. Era un encantamiento útil pero la protección que proveía era bastante limitada.
El segundo era un escudo de absorción, Tectum haurio, el escudo se fortificaba con la incidencia de hechizos atacantes. Harry lo había practicado durante una semana y lograba mantenerlo durante dos minutos, no drenaba la magia del que lo usaba pero demandaba un altísimo grado de concentración.
Ese día en particular estaban practicando el tercero, un escudo de repulsión, Tectum repercutio, formaba una especie de cúpula alrededor que supuestamente debía hacer rebotar las maldiciones. Le estaba costando bastante, Snape ya lo había hecho caer media docena de veces.
Finalmente lo consiguió, la maldición que le había lanzado Snape rebotó y el profesor tuvo que arrojarse al suelo para evitar que lo impactara. Pero Snape no se detuvo, siguió lanzándole maldiciones una tras otra. Harry había empezado a sudar copiosamente y las manos le temblaban, pero los ojos le flameaban de determinación y de triunfo y su escudo resistía. Logró mantenerlo durante poco más de un minuto, hasta que desplomó jadeante al suelo. El esfuerzo había sido mayúsculo. Snape se le acercó y le dio a beber una poción energizante, luego le tendió una mano para ayudarlo a incorporarse.
—Buen desempeño. Pero vamos a probar con un nuevo lance antes de ir a almorzar.
—De acuerdo. —aceptó Harry tratando de no pensar en lo cansado que estaba. Como Snape y Silas le martillaban siempre, sus enemigos no iban a esperar a que estuviera al ciento por ciento de su capacidad de rendimiento para atacarlo. Harry por su parte opinaba que los dos eran unos paranoicos, pero les daba el gusto para no lo atosigaran constantemente.
oOo
—No creo que haya mucho más que pueda hacer. —dijo Harry. Estaban en la salita sentados uno frente al otro como todas las mañanas.
Durante esas dos semanas había ido manejando mejor el asunto de las pesadillas. Ya no se presentaban todas las noches y cuando ocurrían al menos no lo hacían despertarse con un ataque de pánico. Había incluso llegado a aceptar que lo que había ocurrido no había sido su culpa. Todavía se sentía algo avergonzado, pero aceptaba que no había tenido por entonces la capacidad para defenderse de la agresión. Tampoco culpaba a Kit pero seguía sin tolerar lo que ella representaba. No llegaba a comprenderla del todo y sinceramente pensaba que no la necesitaba de regreso. La terapia con Snape lo había ayudado mucho y era consciente de que había avanzado un largo camino, pero el siguiente paso era la reabsorción del alter y eso era algo que no quería hacer.
—A mi me parece igual. —dijo Severus— Has avanzado mucho, Harry. Pero a partir de este punto yo no puedo brindarte lo que necesitás para superar total y definitivamente lo ocurrido.
—¿Y eso es todo? —dijo bajando la mirada a sus manos. Snape parecía estar dándose por vencido y eso lo fastidiaba sobremanera— ¿No tengo remedio?
—En absoluto. Sólo dije que yo no puedo darte lo que vos necesitás. Tengo que volver a Hogwarts, las clases empiezan dentro de una semana y hay muchas cosas de las que debo ocuparme.
—¿Y yo me voy a quedar acá? ¿Ud. cree que estar solo me va a hacer bien? —preguntó con incredulidad.
—No, no creo que te sirva de ayuda. —admitió Severus con una sombría media sonrisa— Así que di con una solución que me parece mejor. Vas a pasar esta semana alojándote en El caldero que pierde. El dueño me debe algunos favores y sabe ser discreto.
—¿¡Cómo?! —reaccionó Harry muy sorprendido.
—Hum… sí. Pero vas a tener que cumplir al pie de la letra las reglas que te voy a imponer. Y todos los otros van a tener que cumplirlas o sufrirán las consecuencias.
—Sí, señor. —respondió Harry con aprensión.
Severus asintió satisfecho. —Durante la noche permanecerás siempre en tu habitación. Durante el día podés aventurarte, con prudencia, en Diagon. Pero nada de desviarte a las calles laterales. El Londres muggle también está vedado. Nada de alternar con extraños por más amistosos que se muestren. Y no podés invitar a nadie a tu habitación.
—¿Ni siquiera a mis amigos? —se lamentó Harry.
—Bueno, a tus amigos de Hogwarts sí. Pero nadie más que ellos.
—Gracias.
—¿Me das tu palabra de que vas a seguir estas directivas?
—Sí. —respondió Harry con firmeza.
—Voy a necesitar que también Silas y Gabriel lo prometan. —dijo Severus muy serio. Detestaba tratarlos como personas distintas pero en ese caso lo consideraba imprescindible.
—Ningún problema. —contestó Gabriel encogiéndose de hombros.
—Lo prometo. —dijo Silas revoleando los ojos— Pero dígame, señor, ¿hay alguna amenaza concreta de la que debamos estar prevenidos?
—Sí. Pero quiero que vuelva a salir Harry.
—¿Prometieron? —preguntó Harry cuando volvió.
—Así es, pero Silas planteó una pregunta y me interesa que vos también escuches la respuesta. Me preguntó si había una amenaza concreta que justificara tomar tantas precauciones. La respuesta es sí. Un hombre escapó de Azkaban, Sirius Black. Era uno de los seguidores del Señor Oscuro. Fue capturado un día después de la desaparición del Señor Oscuro de la faz pública. Hay informes de que había estado repitiendo tu nombre una y otra vez durante los días anteriores a la fuga. Es muy posible que quiera capturarte, ésa es la razón que justifica tantas precauciones.
—Entiendo, señor. Pero si es tan peligroso, ¿por qué me deja ir solo?
—Porque siempre vas a estar en peligro y no es justo que estés encerrado indefinidamente. Y Diagon va estar muy concurrida y vigilada durante el día, mucho dudo que el prófugo se arriesgue a ser descubierto. Tom, el dueño, se va a encargar de cuidarte durante la noche. —explicó Snape y a continuación sacó un brazalete de un bolsillo— Con esto podrás convocarme en cualquier momento, sólo hará falta que lo rompas. Manejás bien los tres escudos básicos y aprendiste técnicas de defensa personal, eso te bastará para poder escapar. La situación no deja de tener ciertos riesgos pero se tratan de riesgos calculados.
Snape le prendió la fina cadena de plata alrededor de la muñeca. Harry la observó con atención. No le quedaba ni muy ajustada ni demasiado suelta. Le gustaba. Se dio cuenta de que iba a extrañar esas semanas que habían compartido en la casa del profesor.
—Gracias, prof… quiero decir, Severus. Por todo lo que ha hecho por mí. Realmente me ha ayudado mucho y yo no sé si alguna vez podré pagárselo de alguna forma.
—No necesitás agradecerme nada. —dijo Severus poniéndose de pie, Harry hizo otro tanto— Al menos no por ahora. Algún día, cuando ya hayas superado este trance y te sientas fuerte y completo… quizá entonces podamos pensar en alguna forma de compensación. Ahora andá a empacar tus cosas. Salimos dentro de una hora.
oOo
