Mente rota, alma quebrada
Libertad y Hogwarts
Le tomó sólo unos minutos juntar sus pocas cosas y empacarlas ordenadamente en su baúl. Suspiró y recorrió con la mirada el cuarto que había sido el suyo durante las últimas semanas. Realmente iba a extrañar ese lugar. Durante un rato fue recorriendo las otras habitaciones como si quisiera despedirse de cada una de ellas. En el cuarto de juegos se quedó más tiempo y se animó incluso a un último juego de Horda de snitches. Cuando se cumplió la hora, Omi lo encontró en la sala de música sentado al piano.
—¿El baúl del joven Harry ya está listo?
—Sí, Omi. —contestó suspirando y se puso de pie.
—Pero se dejó todas las ropas nuevas en el armario. ¿No quiere que se las agregue al baúl?
—No son mías, Omi. Sólo las tomé prestadas durante el tiempo que estuve aquí.
—Llevaré su baúl abajo, entonces. —dijo el elfo claramente decepcionado y desapareció.
Harry descendió poco después, el baúl lo esperaba junto a la puerta. Recorrió también brevemente las habitaciones de la planta baja diciéndoles adiós sin palabras. Snape bajó en ese momento, con el tipo de vestiduras que usaba habitualmente en Hogwarts. Durante el verano raramente lo había visto con una toga. El atuendo le recordó la actitud hostil que había mostrado hacia él los dos primeros años.
Severus pareció haberle leído los pensamientos. —No voy a mostrarme amable con vos en Hogwarts. De acuerdo a lo que Gabriel me contó sobre Quirrell, es claro que el Señor Oscuro está de vuelta, si bien con muchas limitaciones. Es preciso, así y todo, que actúe con mucho cuidado.
—¿Por qué? —preguntó Harry preocupado.
—Eso es algo que no puedo explicarte, no por ahora. Pero será todo una actuación. Atemperaré un poco la acritud, eso sí, y no haré ninguna referencia a lo que ocurrió durante estas últimas semanas. Y tampoco se lo comunicaré al director. Es una decisión que te corresponde a vos informárselo o no. Seguiremos con las sesiones dos veces por semana, pero me temo que voy a tener que ponerte penitencias para que podamos reunirnos sin despertar sospechas. Cuando estemos solos todo seguirá siendo igual que hasta ahora. ¿Entendido?
—Sí, señor. —contestó Harry con una sonrisa— Y creo que hasta me va a gustar.
—Ahora ya debemos irnos. —dijo Severus y achicó el baúl para que pudiera caber en un bolsillo— Este lugar y tu estadía aquí debe seguir siendo un secreto. Es conveniente que no nos vean llegar juntos. Primero te llevaré cerca de la casa de tus tíos para que parezca que partiste de allí. Luego aparicionaré a El caldero que pierde, vos vas a ir con el Knight Bus, bastará que levantes la varita y ellos se harán presentes en forma casi inmediata. ¿Te parece bien?
—De acuerdo. —confirmó Harry.
Severus los aparicionó a la plaza cercana a Privet Drive y luego desaparicionó con un pop.
Estaba por levantar la varita cuando oyó un crujido de arbustos que venía desde atrás. Se dio vuelta de inmediato, el corazón se le había acelerado de golpe. Pero todo lo que vio fue a un perro negro bastante grande al que claramente le estaba haciendo falta comer más. Estaba quieto y lo miraba con ojos intensos. Harry dejó oír una risita nerviosa.
—Hola, perri. —saludó. El perro no se movió pero parecía que temblaba. ¿Estaría enfermo? ¿Y si estaba rabioso y lo atacaba? Reculó unos pasos para poner algo de distancia pero se tropezó con una raíz y se cayó al suelo. Soltó un grito. El perro entró en movimiento como si fuera a abalanzársele. Fue entonces que un ómnibus pareció brotar de la nada y se detuvo delante de él interponiéndose.
Un joven apareció en la escalerilla y lo instó a que subiera. Antes de ascender espió por el costado pero el perro ya se había ido. El viaje en el Knight Bus fue muy agitado y no apto para cardíacos. Cuando bajó en destino las piernas le temblaban, agradeció en silencio cuando un brazo seguro lo rodeó ayudándolo a estabilizarse.
—Ya era hora. —dijo Snape con el ceño fruncido. Quizá ya había empezado con lo de la actuación.
Siguió al profesor y entraron en el sombrío establecimiento. El dueño se mostró muy amable y los guió hasta la habitación con baño privado. Snape pagó por anticipado la estadía completa, cuatro noches. Cuando estuvieron solos, Harry le pasó el baúl para que le devolviera su tamaño normal. Hedwig entró por la ventana y vino a posársele sobre un hombro, Harry le acarició la cabeza.
—¡Sí que sos lista! —la elogió. Hedwig arrulló y le mordisqueó la oreja afectuosamente, luego voló hasta su jaula que había quedado sobre la cómoda.
—Tengo algo para vos. —dijo Severus y Harry se volvió a mirarlo expectante. El profesor sacó un colgante de un bolsillo, la cadena hacía juego con el brazalete. El colgante era un piano en miniatura, del tamaño de una moneda.
—Gracias. —dijo Harry con cierta nostalgia. El dije era precioso pero lo había hecho acordar del piano que había quedado en la casa.
—Le he puesto varios encantamientos. —prosiguió Severus— Sólo responderá al sonido de tu voz. Bastará que lo deposites en el suelo y digas Crescit. Eso le devolverá su tamaño normal. Cuando termines de usarlo, la formulación para achicarlo es Recusat. Volverá a adoptar la forma de pendiente. Es el mismo piano que tocabas en la casa.
—¡Señor! —protestó Harry con ojos húmedos de lágrimas de emoción— ¡Ud. no puede darme…!
Severus no lo dejó completar la oración. — Es tuyo. —declaró y enfiló hacia la puerta— Recuerde las reglas que establecimos, señor Potter, y cúmplalas en todo momento. —agregó con tono muy serio y salió.
Harry se quedó contemplando fijamente el regalo durante unos instantes. Estaba encantado y muy conmovido. Se lo colgó en el cuello y lo deslizó debajo de la remera.
—¡¿No es maravilloso, Hedwig?! —exclamó contento acercándosele y la acarició una vez más— Tengo un piano y cuatro días a mi disposición. Me pregunto cuándo vendrán Hermione y Ron.
Se acercó luego a la ventana. Era alrededor de mediodía, iba a tener varias horas para explorar. Riendo feliz, salió del cuarto y cerró con llave. Tom lo saludó con la mano cuando pasó por delante del mostrador y Harry le devolvió el saludo. Luego se encaminó al patio trasero y digitó el codigo sobre la pared de ladrillos para abrir la arcada.
Severus había estado en lo cierto. Diagon estaba muy concurrida. Harry se mezcló rápidamente entre el gentío. Curioseó algunas vidrieras pero su primera parada iba a ser el banco. Iba a necesitar dinero para comprar los útiles… y quizá también un presente para el profesor Snape.
oOo
Diagon era realmente espectacular. Incluso después de tres días todavía había negocios que no había explorado. Sus locales preferidos eran la heladería de Florean Fortescue y el negocio de quidditch, la Firebolt que tenían en exhibición era prodigiosa. Harry no veía la hora de volver a la escuela para poder volar otra vez. Él tenía una Nimbus 2000 que le había regalado McGonagall en primer año, pero cuando soñaba despierto se imaginaba montando una Firebolt.
Se enteró de muchas cosas oyendo a la gente durante sus jornadas de paseo. Había carteles por todos lados que ofrecían recompensa para el que pudiera aportar datos sobre Sirius Black, el prisionero prófugo. El tema estaba en boca de todos. Muchos de los comentarios dejaban traslucir preocupación y miedo. A una señora le oyó decir que se iba a trasladar a Francia con toda su familia porque allí ya no se sentía segura. Algunos protestaban contra la inoperancia del Ministerio, otros incluso llegaban a afirmar que agentes del Ministerio algo habían tenido que ver en la fuga del convicto.
Buena parte de esos días la ocupó comprando las cosas que iba a necesitar. Visitó el negocio del apotecario, la tienda de ropa de madame Malkin y Flourish & Blotts. El dueño casi tuvo un ataque cuando le pidió los libros de tercero, pero se calmó cuando Harry le aseguró que no iba a necesitar un ejemplar de El monstruoso libro de los monstruos. Realmente era muy violentos, los ejemplares estaban encerrados en una jaula dándose de mordiscones unos a otros.
Sí compró, en cambio, Develando el futuro, Transfiguración intermedia y el Manual estándar de Encantamientos para el tercer curso. Cuando fue a sacar el libro de Adivinación, vio al lado uno sobre presagios de muerte. Lo hojeó rápidamente y en una de las páginas vio una imagen que le llamó la atención. Era un perro idéntico al que había visto mientras esperaba el Knight Bus. El libro decía que se trataba del Grim, un perro de los Infiernos. Sintió un escalofrío. Luego sonrió y trató de restarle importancia al asunto. El que él había visto seguramente sólo era un pobre perro callejero.
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—¡Harry!
—¡Harry!
Era la mañana del último día antes de empezar las clases. Al día siguiente partiría el Hogwarts Express. Harry había salido temprano para completar las compras que todavía le faltaban. Se dio vuelta al oír el llamado. Eran sus dos mejores amigos que se le reunieron al instante.
Ron y Hermione se veían ambos bronceados y muy contentos. Y portaban sendos helados en la mano. Ron había crecido mucho durante esos meses, le llevaba como quince centímetros. Hermione también estaba más alta pero no demasiado. Se abrazaron con entusiasmo y Ron empezó de inmediato a contarle sobre el viaje a Egipto.
—¿Ya compraste todo lo necesario? —le preguntó Hermione aprovechando una pausa de Ron en su relato.
—Sí, hace un rato compré las últimas cosas que me faltaban. Estuve alojado en El caldero que pierde durante cuatro días.
—Yo todavía tengo que comprar una lechuza. —dijo Hermione muy animosa— Mis padres me dieron el dinero, es un regalo de cumpleaños adelantado.
—Yo voy a aprovechar para hacer revisar a Scabbers. —dijo Ron y se palpó suavemente un bolsillo— Creo que el viaje a Egipto no le sentó bien.
Al final Hermione cambió de opinión y en lugar de una lechuza compró un gato de patas chuecas al que bautizó Crookshanks y que de entrada se dedicó a atormentar al pobre Scabbers. Sus dos amigos se la pasaron discutiendo todo el camino de regreso al hotel. Ellos también se alojaban allí. Era una suerte que pudieran estar todos juntos esa noche, pero le hubiera gustado más si se hubieran dejado de discutir tanto.
Todos los Weasley se estaban preparando para la cena. Ginny se sonrojó un poco cuando lo vio, Harry también. Fred y George estaban tramando bromas como siempre. Percy lucía muy altivo y presuntuoso, incluso más de lo habitual ahora que lo habían designado prefecto mayor.
Más tarde, cuando ya se iba a dormir alcanzó a oír, sin que ellos lo notaran, parte una discusión entre el señor y la señora Weasley, que se había apartado un poco de los demás. Al parecer el señor Weasley quería advertirle sobre el peligro de Black, la señora Weasley contraargumentaba que Harry todavía era muy chico y que no era necesario asustarlo con esas cosas.
Se sintió incómodo al saberse el tema de discusión entre los esposos.
Más tarde, ya acostado se puso a pensar en las salidas a Hogsmeade. Seguramente a él no iban a dejarlo ir, por un lado estaba la cuestión del permiso que no había sido firmado… y además el peligro de Black acechando.
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Silas y Gabriel tampoco estaban contentos, pero por diferentes razones. A Silas lo preocupaba el presagio de muerte del Grim. Y no porque le diera demasiado crédito a esos augurios, pero con Black suelto el peligro era real y a Silas no le gustaba nada que significara un riesgo.
En cuanto a Gabriel, lo que lo molestaba era que los iban a tener vigilados muy de cerca todo el tiempo. Él era independiente y estaba capacitado para defenderlos llegado el caso de que Harry estuviera en peligro. Había disfrutado mucho la libertad de esos cuatro días y a como se presentaban las cosas, Hogwarts iba a resultar como estar en una prisión.
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Al día siguiente, después de desayunar, subieron a los autos del Ministerio que los llevarían a la estación. Llegaron a Kings Cross muy sobre la hora, pero así y todo, antes de que abordara el tren el señor Weasley lo llamó a un aparte.
—Harry, hay algo que tengo que decirte…
—Si se trata de que Black va a estar acechando, es algo que ya sé. —lo interrumpió Harry.
—¿Cómo te enteraste? —preguntó el señor Weasley sorprendido.
—Estuve en Diagon durante cuatro días y todo el mundo hablaba al respecto.
—Ya veo. Pero quiero que me prometas…
—…que voy a tener mucho cuidado. —se le adelantó Harry revoleando los ojos.
—No es eso lo que quería decirte. Quiero que me prometas que no te vas a poner a investigar sobre él para perseguirlo.
—¿Y por qué me iba yo a embarcar en algo así? —preguntó Harry desconcertado.
Sonó el silbato del Expreso. El señor Weasley le dio una suave palmada para se diera prisa y subiera al tren. Se reunió con Hermione y Ron unos momentos después y juntos buscaron un compartimiento que estuviera vacío. Harry quería conversar con ellos sobre Black y sobre la razón de que todos parecieran comportarse tan extraños al respecto.
No encontraron un compartimiento vacío, finalmente optaron por uno que ya tenía un ocupante. Era un profesor, Lupin, según le informó Hermione que había leído el nombre en la maleta del portaequipaje. Parecía que estaba dormido.
Susurrando les contó sobre Black y la extraña recomendación del señor Weasley. Ron y Hermione se pusieron muy inquietos al enterarse de la novedad, sobre todo porque a Harry parecía no preocuparlo demasiado. Según Harry en Hogwarts iba a estar seguro, no había ninguna posibilidad de que Black pudiera colarse en la escuela.
En ese momento se oyó un silbido agudo que provenía del baúl de Harry. —¿Qué es eso? —preguntó Hermione.
—¡El falsoscopio! —respondió Ron y se apresuró a abrir el baúl de Harry. No le costó ubicarlo y lo envolvió en una toga para amortiguar el sonido. —Es uno de los baratos que les venden a los turistas. —le recordó Ron ruborizándose.
El durmiente se había removido un poco en sueños, pero aparentemente el ruido no había sido suficiente para despertarlo.
Fue ése el momento que eligió Malfoy para abrir la puerta, como siempre venía con intenciones de provocarlos.
—¿Pero qué tenemos acá? Potty, el Weasel y la…
—Draco Malfoy, no empieces. —le advirtió Hermione— Ése que está ahí es un profesor y no queremos despertarlo.
Malfoy miró al susodicho y dibujó una mueca desdeñosa, pero decidió que lo más sensato era emprender la retirada. Harry elogió con una sonrisa la sagacidad de Hermione para manejar la situación. Ron despotricó contra Malfoy durante un rato y luego retomaron la conversación sobre Black. El profesor siguió dormido.
Por la tarde cuando ya faltaba poco para llegar, el tren se detuvo de repente y las luces se apagaron. Un momento después Ginny y Neville entraron al compartimiento muy asustados. El profesor Lupin se puso de pie de inmediato con la varita encendida en la mano. Era alto y muy delgado. Los rasgos eran angulosos y la expresión lucía demacrada, pero sus ojos marrones estaban muy alertas.
—¡Silencio! —ordenó con vehemencia.
Una figura espectral había aparecido delante de la puerta. Estaba casi totalmente cubierta por un capote harapiento. Pero las manos, como garras, se destacaban esqueléticas reflejando la pálida luz como si estuvieran mojadas.
Harry percibió que todo a su alrededor se había sumido en silencio, no podía oír ni siquiera su respiración. Aunque sabía que estaba jadeando. El corazón le batía a mil en el pecho. La criatura se había vuelto hacia él, la cara seguía oculta por la capucha, lo cual probablemente no dejaba de ser una ventaja. De repente un dolor agudísimo le explotó en la cabeza y todo su cuerpo se sintió aplastado como por una prensa.
Un ruido, un alarido como de cascada interrumpió el silencio en sus oídos. Harry tenía un grito atascado en la garganta pero le resultaba imposible emitirlo… un segundo después los ojos se le pusieron en blanco y se hundió en la inconsciencia.
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La puerta de Boy se abrió de golpe pero Harry no apareció en el sofá. De repente sintieron la misma gran presión que experimentaba Harry afuera. Tan violenta que los hizo caer al suelo. Oyeron a Boy y Harry gritando al unísono. La presión sobre ellos parecía aumentar con cada segundo que pasaba. Silas, Gabriel, Kit y Rose empezaron también a gritar en agonía. Y la puerta de Demon empezó a sacudirse ominosamente.
Cuando ya todos pensaban que estaban a punto de morir, la puerta de Boy volvió a cerrarse y sus lamentos se empezaron a oír débiles desde dentro del armario. A los demás les tomó varios minutos recuperarse un poco.
—¿Qué fue eso? —preguntó Gabriel con voz ahogada.
—Esa cosa forzó la salida de Boy pero retuvo a Harry afuera. Harry todavía no está listo para integrar a Boy y eso le creó una tensión severísima que estuvo a punto de despedazarlo. Si la situación se hubiese prolongado un poco más nosotros estaríamos muertos y Harry demente.
—¡Mierda! —masculló Gabriel.
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—¡Harry!
—¡Harry! ¡Reaccioná! ¡Despertate!
Harry se sacudió y abrió los ojos pestañeando varias veces. Yacía en el suelo. Hermione, Ron, Neville y Ginny estaban arrodillados rodeándolo. Se sentía descompuesto y estaba bañado en sudor. Estiró una mano temblorosa. Ron se la estrechó y lo ayudó a incorporarse hasta que quedó sentado. Todos tenían la mirada fija en él.
—¿Cómo te sentís? —preguntó Ron nervioso.
—Podría ser peor. —respondió con voz ronca. Se frotó la cara con las manos y preguntó: —¿Qué pasó? ¿Quién estaba gritando?
—No oímos gritos. —dijo Ron y volvió los ojos ansiosos hacia el profesor.
—Pues yo oí unos alaridos horribles… —susurró Harry.
El profesor le tendió una barrita de chocolate. Harry vaciló un segundo y la aceptó. El profesor les repartió una a cada uno de los otros también.
—Coman. —los animó— Les va a hacer muy bien, se lo aseguro.
—¿Qué era esa cosa? —tartamudeó Neville.
—Un dementor. —respondió Lupin muy serio— Coman. Yo voy a ir a averiguar cómo fue que pudo meterse en el tren.
Las luces habían regresado. Todos lucían muy pálidos y asustados. Ginny y Harry parecían los más afectados. Y Neville más o menos igual. Ron y Hermione estaban un poco más compuestos.
—¿Estás seguro de que te sentís bien, Harry? —preguntó Ron— Fue como si te diera un ataque, te pusiste rígido de golpe y te caíste al suelo y te dio como una convulsión…
—Por suerte el profesor Lupin pudo espantarlo, usó un encantamiento y una luz blanca brillante brotó de su varita. Y el dementor se fue.
Lupin volvió unos minutos después. —Aparentemente creían que Sirius Black se había colado en el tren. Pero igual no deberían haberlo dejado subir. Cómanse el chocolate. —repitió— ¿Te sentís un poco mejor, Harry?
—Sí. —asintió tenso.
Llegaron a Hogsmeade media hora después.
Cuando entró al hall del castillo tuvo que aguantar las burlas de Malfoy.
—¿Es cierto lo que se comenta? ¿Realmente te desmayaste, Potter? —le preguntó encantado.
Harry no le prestó atención y siguió caminando hacia el Gran Salón. Pero la profesora McGonagall que estaba junto a la puerta lo hizo detener y les pidió a Hermione y a él que la acompañaran a su despacho. Harry no puso objeciones.
—El profesor Lupin nos avisó con una lechuza que había tenido una indisposición en el tren. —dijo McGonagall una vez que todos se hubieron sentado. En ese momento entró madame Pomfrey.
Harry revoleó los ojos. —Estoy bien. —dijo con impaciencia poniéndose de pie para irse. Pero madame Pomfrey no quiso saber nada de dejarlo ir. Lo hizo sentar nuevamente y procedió a examinarlo. La revisación se prolongó varios minutos, finalmente la sanadora dio su visto bueno y se retiró.
La profesora McGonagall le indicó que saliera y que esperara afuera, que tenía que hablar unos minutos con Hermione. Harry se apresuró a obedecer.
Una mano se le posó en un hombro apenas salió al corredor. Se volvió sobresaltado. Pero se distendió de inmediato al comprobar que era Severus.
—¿Te sentís bien? —preguntó Severus.
Harry asintió. —¿Por qué me afectó tanto el dementor?
—Es muy posible que esté relacionado con tu condición. —respondió Severus con calma pero con un brillo de preocupación en los ojos— Te recomiendo que en el futuro te mantengas lo más alejado posible de cualquiera de esas criaturas.
—Por eso no se preocupe. Ni falta que hace que me lo diga. —contestó envolviéndose el torso con los brazos.
—Acordate de que te voy a imponer penitencias para que podamos reunirnos dos veces por semana. —dijo el profesor, sacó de un bolsillo una brújula mágica y se la tendió— Esto te va a guiar a mis aposentos. Si se trata de una emergencia, acordate de convocarme rompiendo el brazalete.
—Gracias. —dijo Harry y se guardó la brújula. Severus le apretó suavemente un hombro y se alejó. Hermione salió un minuto después, parecía muy entusiasmada. Pero Harry no le hizo preguntas.
Ron les había reservado lugares, la ceremonia de distribución ya estaba por concluir. Aplaudieron mucho cuando Hagrid y Lupin fueron presentados como nuevos profesores.
—Miren a Snape —los instó Ron susurrando.
Harry prestó atención, Severus tenía una mirada negra de odio clavada en Lupin. Se mordió un labio. ¿Por qué sería que le caía tan mal? Parecía mucho más que simple envidia porque le habían dado el puesto de profesor de Defensa que Snape siempre había ansiado. ¿Quizá podría preguntarle? Probablemente no se animaría. Se llevaba mejor con el profesor pero de ningún modo quería provocarle un ataque de ira.
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Al día siguiente durante el desayuno tuvo que aguantarse una comedieta burlona de Malfoy que remedó delante de todos su desmayo frente al dementor. Harry no le prestó atención.
La primera clase del día era Adivinación. Llegaron jadeantes al aula que estaba en la parte más alta de la torre norte. Y que no tenía para nada el aspecto de un aula. Más se veía como una cruza entre un desván atiborrado y una casa de té de un siglo antes. La atmósfera era sofocante. La profesora Trelawney también era un todo un personaje exótico, los inmensos anteojos "culo de botella" le daban el aspecto de un insecto gigante. Se presentó y les presentó sus clases con exagerados aires dramáticos. Luego les indicó que se pusieran a interpretar las hojas de té.
—A ver… vos tenés algo que parece una cruz torcida… eso significa… —Harry hojeó el manual— …dificultades, angustia y sufrimientos… lo lamento, Ron… pero también tenés esto que parece ser el sol… y que según el libro significa: "gran felicidad"… así que supongo que vas a sufrir mucho pero así y todo vas a ser muy feliz.
—Creo que tu Ojo Interior no funciona del todo bien. —dijo Ron con una risita— Mi turno ahora… esto parece un sombrero hongo, quizá significa que vas a tener un puesto político en el Ministerio… pero si lo mirara al revés… se parece más a una bellota, ¿qué significa la bellota?
—Dinero caído del cielo… —dijo Harry después de consultar el libro.
—Estupendo, entonces me vas a poder prestar un poco. —concluyó Ron riendo.
Las risas había atraído la atención de la profesora, que se les había acercado. —Déjeme ver eso… —demandó.
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Durante el almuerzo Ron y Hermione discutían sobre el asunto del Grim que había mencionado Trelawney. A Hermione le parecía un disparate, Ron no estaba tan seguro. Fue entonces que Harry les contó del gran perro negro que había visto mientras esperaba el Knight Bus. Ron lo miró con una cara como si ya lo viera muerto, pero Hermione le restó importancia a la cuestión, la Adivinación era una asignatura muy poco sería y sin ningún fundamento científico, afirmó.
La siguiente clase fue Criaturas. Todos quedaron temerosamente admirados al ver los hipogrifos, colosales caballos alados con cabeza y patas delanteras de águila. Tenían picos de color acero muy intimidantes y las uñas de las garras delanteras medían más de quince centímetros de largo. Los ojos anaranjados lucían muy amenazadores cuando se clavaban fijos en alguien.
Hagrid hizo una breve introducción y reseña sobre la criatura y luego preguntó animoso: —¿Quién se anima a acercarse primero? ¿Nadie?
—¡Yo! —respondió Gabriel entusiasmado con el desafío. Le había resultado sumamente fácil salir, quizá porque Harry todavía seguía algo sacudido por lo del dementor. No les prestó ninguna atención a las quejas de Silas en su cabeza y se acercó a Hagrid y al hipogrifo.
Siguiendo las indicaciones de Hagrid, sosteniéndole la mirada a la criatura se inclinó en una profunda reverencia. El hipogrifo se mantuvo quieto unos instantes pero finalmente él también flexionó un poco las rodillas delanteras. Hagrid lo elogió aprobador y sin decir agua va lo alzó en vilo y lo montó sobre el lomo del hipogrifo.
—¡Vamos Harry! ¡Partí a dar una vuelta!
Gabriel dio un breve paseo alrededor del lago sosteniéndose de las plumas del cuello. Estaba fascinado. Cuando regresó, se apeó muy satisfecho por el nuevo logro y le devolvió el control a Harry.
Harry se dio cuenta de que había tenido otra laguna. Los demás estaban practicando reverencias o acariciándoles el pico a las criaturas. Evidentemente alguno de los alter había salido, miró alrededor preocupado pero no había señales de que nadie hubiera notado nada.
Fue entonces que Malfoy hizo un comentario desdeñoso sobre "la poca inteligencia de esas bestias". El hipogrifo que tenía más cerca reaccionó enojado y lo atacó desgarrándole el antebrazo. Malfoy aulló de dolor, Hagrid hizo retroceder a la criatura y luego cargó a Malfoy en brazos y se lo llevó sin perder un segundo al ala hospitalaria.
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Esa noche Hermione, Ron y Harry se escaparon furtivamente del castillo y fueron a la cabaña de Hagrid. Casi todos lo habían criticado agriamente y los Slytherin habían exigido a los gritos que lo echaran. Lo habían visto muy deprimido deambulando angustiado por los pasillos y habían ido para levantarle el ánimo.
Tuvieron éxito, pero una vez que a Hagrid se le hubo pasado la depresión los reconvino severamente por haberse escapado a esa hora tan tardía. Los acompañó de regreso pero en el camino se cruzaron con Snape que aprovechó para asignarle una penitencia a Harry a cumplir ese miércoles por haber puesto a sus compañeros en peligro. Hagrid trató de interceder a su favor pero Harry le hizo un gesto negativo con la cabeza y Hagrid desistió.
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Harry golpeó a la puerta del aula de Pociones y entró. Snape estaba sentado al escritorio y le hizo una seña para que pasara. Le indicó una silla para que tomara asiento y puso unos encantamientos de privacidad.
—¿Cómo estás?
—Bien, señor. —respondió automáticamente y sonrió culpable cuando el profesor alzó una ceja descreída— Bueno, quizá no tan bien, tuve otra laguna durante la clase de Criaturas en la que Malfoy resultó lastimado.
—¿Sabés quién fue el que salió? —preguntó Severus con curiosidad.
—Creo que fue Gabriel. —respondió Harry elusivo. En realidad lo sabía con certeza, había hablado sobre el asunto con sus alter. —Me puse un poco nervioso porque pensé que alguien podía haber notado algo, pero nadie pareció darse cuenta.
—¿Estas salidas de los alter se produce con frecuencia desde que volviste a la escuela? —preguntó Severus inquieto, ¿acaso Harry estaba retrocediendo?
—No lo creo… excepto algunas veces que Gabriel sale para pelear. —contestó Harry sacudiendo ligeramente la cabeza.
—Me gustaría consultarlo con Silas. —decidió Severus— ¿Te molestaría?
—No, señor. —respondió Harry. Cerró los ojos y se apoyó sobre el respaldo distendiéndose. Silas surgió unos segundos después. —Buenas noches, profesor. —saludó formal.
Severus se puso de pie y se le acercó rodeando el escritorio.
—¿Estás bien?
—¿Para qué hace una pregunta cuya respuesta ya conoce? —replicó Silas incisivo pero con un atisbo de sonrisa.
—¿Cuál es el problema?
—El dementor, obviamente. —respondió Silas, la mirada se le había endurecido— No podemos arriesgarnos a que un episodio como ése se repita.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Severus serio frunciendo el ceño muy preocupado.
—Los dementors hacen surgir las peores memorias. En el caso de Harry eso hace salir a Boy, pero esta vez Harry siguió afuera. Los dos compartiendo el control. Y Harry no está preparado para integrar a Boy. La tensión que le produjo fue extrema. Si el profesor Lupin no hubiese espantado a la criatura, nosotros habríamos sido destruidos y Harry estaría demente. Harry no se ha recuperado del todo, sigue inestable, por eso a Gabriel le resultó muy fácil salir en la clase de Criaturas para dar una vuelta en hipogrifo.
Severus alzó una comisura, era claro el tono de censura de Silas al referirse a la imprudente actitud de Gabriel. —¿No hubo ningún progreso con Kit? —preguntó.
—No. —contestó Silas con un suspiro— La recuperación y la supervivencia son las prioridades en este momento.
—Entiendo. Creo que puedo ayudar con eso. Que vuelva Harry, por favor.
—¿Señor? —preguntó Harry pestañeando desorientado.
—Bebete esto. —dijo Severus tendiéndole un frasco. Harry obedeció sin cuestionamientos. —Es una poción fortificante de efecto suave y general. Todavía falta una hora de penitencia. ¿Te gustaría tocar durante un rato?
Harry le sonrió agradecido. Se alejó un poco, se quitó el colgante y lo depositó en el suelo. —Crescit. —murmuró haciendo un movimiento de varita.
Severus se puso a corregir deberes con las notas del piano de fondo. El chico iba mejorando. Las melodías fluían calmas y seguras, si bien ocasionalmente se le colaba alguna nota disonante. El tiempo pareció pasar volando. Harry estaba mucho mejor cuando se fue.
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Al día siguiente tuvieron la primera clase de Pociones. Y a Malfoy le habían dado finalmente el alta. Llegó unos minutos tarde y tuvo que ocupar un lugar en la misma mesa que Harry y Ron. Ninguno de los tres quedó precisamente encantado de tener que compartir el espacio de trabajo.
Durante la clase, Dean Thomas que estaba en una mesa contigua, comentó que Sirius Black había sido visto en las proximidades de la escuela.
—Si fuera yo, ya habría hecho algo al respecto. No me quedaría en la escuela comportándome como un niñito bueno. Ya habría salido a perseguirlo. —dijo Malfoy con tono casual pero con los ojos grises fijos en Harry.
—¿De qué estás hablando, Malfoy? —le espetó Ron con brusquedad y una mirada hostil.
—¿Acaso no lo sabés, Potter? —susurró Malfoy con suficiencia.
—¿Saber qué? —preguntó Harry. Pero el Slytherin no llegó a responder porque en ese momento se oyó la voz de Snape que estaba recriminado, una vez más, a Neville. Su poción no tenía el color que debía tener. Y lo obligó a administrársela a su sapo, Trevor.
La poción transformó a Trevor en un renacuajo y Snape le quitó puntos a Hermione cuando quiso ayudar a Neville. Al menos Snape tuvo la decencia de devolverle al pobre sapo su forma normal. Ron estaba que trinaba, mascullaba insultos y deprecaciones contra Snape. Harry se removió incómodo, el profesor había hecho tanto por él… pero eso era algo que no podía contarles a sus amigos.
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El día mejoró cuando después de almorzar fueron a la primera clase de Defensa. Lupin se ganó la admiración y simpatía de todos cuando se topó con Peeves en un pasillo, el poltergeist estaba obturando la cerradura de una puerta con chicle. Lupin usó un encantamiento que hizo salir el chicle de la cerradura con la velocidad de una bala y terminó insertándose en unos de los agujeros de la nariz de Peeves.
La clase resultó muy amena. Fue como un juego que no sólo les permitió conocer a una criatura oscura sino que también fue útil para aprender a enfrentar los propios miedos.
Sin embargo, Lupin no le había permitido a Harry enfrentarse con el boggart. Harry le preguntó por qué al final de la clase.
—Creía que la respuesta sería obvia para vos, Harry. Mi presunción era que el boggart adoptaría la forma de Voldemort.
Harry lo miró con ojos desorbitados de asombro. El profesor no sólo le había dicho la razón sin andarse con rodeos, también había pronunciado el nombre de Voldemort, algo que nadie hacía excepto Dumbledore y él.
Lupin le estudió el rostro y adoptó una expresión de disculpa. —Quizá fue un error de mi parte. —dijo el profesor poniéndole una mano amable sobre un hombro. —Pero no me pareció una buena idea que Voldemort se materializara delante de todos, habría cundido el pánico.
Intercambiaron sonrisas, pero Harry se puso serio enseguida. De pronto sentía un gran deseo de confiarse con ese hombre. Nunca le había pasado algo así con nadie. Ni siquiera con Snape que al principio había tenido que sacarle las cosas con tirabuzón. Vaciló un instante pero luego decidió que podía confiar y quería confiar en el profesor.
—Creo que no hubiese sido Voldemort… sino un dementor.
—Debo reconocer que eso me deja admirado. —dijo Lupin con una sonrisa. Harry lo miró sorprendido. —Lo quiero decir, Harry, es que eso equivale a decir que a lo que le tenés más miedo es al miedo mismo. Algo muy sensato sin lugar a dudas.
—Gracias, profesor. —dijo Harry agachando la cabeza algo incómodo.
Lupin le apretó el hombro con calidez. —Ya deberías irte a la clase siguiente. Perdón por haberte subestimado, Harry. Me gustaría que algún día vinieras a verme para que almorcemos juntos, quisiera llegar a conocerte mejor para no volver a cometer el mismo error.
—De acuerdo. —dijo Harry sonriendo.
Se despidió y partió.
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