Mente rota, alma quebrada
Curación dolorosa
Fueron pasando las semanas y todos entraron en la rutina de las clases. Lupin era el profesor preferido de todos, especialmente de Harry. Había tomado la costumbre de almorzar dos veces a la semana con él. La conversación era casi siempre sobre temas triviales pero Harry la disfrutaba. Y Lupin realmente lo escuchaba. Igual que Snape… pero con más calidez.
Al principio Harry se había sobresaltado un poco por los gestos físicos de afecto, Lupin solía palmearle la espalda con frecuencia o le apretaba suavemente un hombro y acostumbraba despedirse de él con un abrazo. Harry no estaba habituado a ese tipo de demostraciones de afecto. Excepto quizá de Hermione y Ron de vez en cuando no los recibía de nadie.
Pero no se había sentido nunca amenazado por el contacto físico con Lupin, se acostumbró muy rápido y se sorprendió al comprobar lo confortante que le resultaba. Incluso había llegado al punto en que era él el que tomaba la iniciativa de abrazarlo. Y le encantaba sentarse al lado del profesor, muy próximo a su calidez protectora. Por Severus también sentía afecto pero sabía que del profesor de Pociones muy raramente iba a obtener ese tipo de solaz.
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Se despertó sudoroso y con dificultad para respirar. El ataque de pánico era tan violento al punto de hacerle olvidar las técnicas que le había enseñado Severus para manejarlos. Bajar a la sala común y salir al corredor exterior le resultó torturante, temblaba, tambaleaba y tropezaba y le faltaba el aire. ¡Necesitaba a Severus! Se arrancó el brazalete con tal fuerza que empezó a brotarle algo de sangre de la muñeca.
Severus llegó unos minutos después, lo alzó en brazos, lo llevó a un aula cercana y puso encantamientos silenciadores. Harry se aferraba a él y lloraba desconsolado contra su pecho. Severus vaciló un instante y finalmente lo apretó estrechamente contra sí.
Transcurrió un largo momento hasta que se fue calmando, los sollozos amainaron y comenzó a respirar mejor. Severus lo soltó, ambos se sentaron y el profesor conjuró unos pañuelos. Harry se limpió un poco la cara y se sonó la nariz.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Severus con voz muy suave.
—Yo… eh… ¡ay, profesor!... ¡me acuerdo! ¡Me acuerdo de todo! Y Kit… sé que la integré porque finalmente pude entenderla…
Se puso a llorar otra vez.
—Harry… —Severus le pasó un brazo por encima de los hombros— …la parte más difícil ya pasó, las cosas van a mejorar a partir de ahora.
Harry asintió e hizo un esfuerzo para calmarse. —Me acordé de repente… ¡y fue espantoso! Y pasó otras veces después de la primera… ¡cinco veces! Y yo me quedaba ahí… aceptándolo… sin poder hacer nada…
Severus permaneció en silencio, brindándole el apoyo de su presencia y de su contacto. Pero no era momento para palabras. siguieron callados uno junto al otro durante un rato muy prolongado. Finalmente Harry fue el que interrumpió el silencio, ya se sentía mucho más compuesto.
—Señor… me acuerdo de quién fue el que lo hizo… —susurró con tono ronco— Fue el profesor Lockhart. ¿Cree Ud. que…? ¿Puede haber habido otros…?
—Harry… —Severus estrechó el abrazo. ¡Estaba tan enojado! Hasta ese momento había sospechado que el abuso había sido en casa de los Dursley. Pero no… ¡había sido en Hogwarts! ¡Y de un profesor! Harry lanzó un chillido, lo estaba estrujando, Severus aflojó un poco. —No lo sé, Harry. Pero lo voy a averiguar.
—¡Pero no se lo va a decir a nadie! —se espantó Harry aferrándole la toga.
—Por supuesto que no. —lo tranquilizó Severus— Yo sé cómo ser sutil. Nadie se va a enterar de nada por el momento. Pero tenés que ir preparándote para más adelante… llegará la oportunidad en que todo tendrá que salir a la luz. Vos sabés bien que lo que pasó no fue culpa tuya.
—Eso lo sé. —dijo Harry limpiándose la nariz con la manga— Ud. supo convencerme. Pero todavía no estoy listo para que lo sepan todos… no todavía…
—Entiendo… —dijo Severus al tiempo que rebuscaba en uno de los bolsillos, sacó dos frascos— Necesitás dormir. Volvé a tu dormitorio y tomátelas cuando ya estés en la cama otra vez. La celeste primero, la morada después.
Harry las reconoció. Una era un filtro tranquilizante, la otra una poción para dormir sin sueños. —Gracias, señor… —susurró poniéndose de pie— Gracias por haber venido… no era su obligación y…
—Harry, lo que pasó es algo horrible, pero vos sos fuerte. Y merecés mi ayuda. No siempre es posible hacer todo solo. Yo te había prometido que estaría a tu lado para ayudarte y aquí estoy… y seguiré estándolo.
—Gracias.
Severus lo acompañó de regreso a la torre. Cuando llegaron a la puerta retrato, lo retuvo un instante. —Sobre esto es preciso que hablemos más.
Harry asintió. —¿Penitencia mañana después de la cena entonces?
—Así es. Y te pondré otras… hasta que te sientas más seguro creo que deberíamos hablar por lo menos día por medio.
—De acuerdo, profesor. Buenas noches.
—Que duermas bien, Harry.
Severus emprendió el regreso hacia los subsuelos. Hasta ese momento se había estado conteniendo para no alterar más a Harry, pero ahora que ya estaba solo… era tan intenso el sentimiento de ira que lo invadía… ¡Lockhart iba a pagar! ¡Y él se encargaría de hacer justicia y de administrar el castigo!
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—¿Estás seguro de que te sentís bien, Harry? —preguntó Hermione preocupada. Todo el día había estado muy callado y casi no había comido, ni en el almuerzo, ni en la cena. —Quizá deberías ir a ver a madame Pomfrey.
—Sí, cumpa… estás un poco pálido. —dijo Ron.
Harry negó con la cabeza. Se puso de pie y se encaminó hacia la puerta del Gran Salón.
Unos minutos después entró directamente sin llamar en el aula de Pociones. Snape estaba en su escritorio, Harry tomó asiento en una silla.
—¿Cómo te sentís? —preguntó Severus.
Harry se pasó una mano por los cabellos. —Cansado. Herido. Traicionado.
—¿Traicionado? —repitió Severus con una nota de desconcierto.
—No puedo entender cómo es que el director contrata gente que le hace daño a los alumnos. Supongo que no sabía que Lockhart era un abusador, pero seguramente sabía que era un fraude. Y Quirrell… ¿cómo no se dio cuenta de la maldad de Voldemort concentrada en Quirrell? Me siento usado y no sólo por Lockhart. ¿Por qué me toca a mí afrontar todas esas batallas? Es injusto. Apenas tengo trece años. Tengo derecho a sentirme seguro en mi escuela. Tengo derecho a ir a Hogsmeade a divertirme con mis amigos. No estoy pidiendo nada especial, sino lo que cualquier alumno normal tiene. Pero pareciera que todos quieren hacerme daño. Los Dursley me odiaron siempre. Hay un mago maligno y demente, al que no recuerdo haber enfrentado que quiere matarme… y los mortífagos… y Black… ¡No es justo!
Severus se puso de pie, se le acercó, se arrodilló a su lado y le posó las manos sobre los hombros. —Tenés todos esos derechos, y que puedas sentirte seguro es una responsabilidad de las autoridades de la escuela… no puedo excusar al director… ni a mi mismo… por haber permitido que esas personas despreciables y pervertidas te hayan hecho daño. Pero te prometo que de ahora en más haré todo lo que esté a mi alcance para que no se repita. No estás solo, Harry. Lamentablemente el Señor Oscuro te ha elegido como blanco y hay otros que quieren hacerte daño. Pero no es preciso que encares esas batallas solo, yo me voy a ocupar de que dispongas del tiempo suficiente para prepararte antes de que te veas obligado a enfrentarlo otra vez.
Harry lo miró directo a los ojos durante un largo instante. Sabía que le estaba diciendo la verdad. Severus estaba diciéndole que lo cuidaría y lo protegería en todo momento. Sonrió. Tenía ganas de abrazarlo, pero sabía que a Severus esas cosas lo ponían incómodo. Esperaba, así y todo, que el profesor entendiera sus sentimientos.
—Gracias por creer en mí. —dijo Severus con voz muy suave y algo turbado por la intensa carga emocional de ese momento. Se puso de pie y se apoyó contra el escritorio. —¿Creés que hubo algo en particular que haya influido para que pudieras aceptar de regreso a Kit?
—Fue por el profesor Lupin. —admitió Harry con timidez— No se lo había contado, pero me he estado reuniendo con él para almorzar dos veces por semana. Hablamos de cosas de la escuela, de quidditch y de otros temas… nada muy serio. Creo que él me tiene cariño. Quizá suene estúpido pero él me abraza, me frota la espalda… o simplemente se sienta a mi lado, muy próximo… creo que nunca había experimentado ese tipo de atención, en alguna que otra ocasión quizá pero no de manera asidua. —Harry se removió algo inquieto en su asiento— Me hizo entender a Kit de una manera nueva, diferente… a ella le gusta el contacto físico porque es algo agradable y yo no lo entendía del todo así. Sin siquiera ser consciente de eso el profesor Lupin me ayudó a entenderlo. Ahora sé que el contacto con otra persona puede ser muy confortante… ¿tiene sentido lo que estoy diciendo?
—Sí, mucho sentido. —asintió Severus— Todas las personas y en particular los niños necesitan del contacto humano directo. Yo debería haberme dado cuenta de que era eso lo que necesitabas, me habría permitido entender mejor a Kit.
Harry lo miró y se mordió el labio. Se le presentaba una oportunidad ideal para preguntarle algo que venía inquietándolo un poco. Pero hasta el momento no se había animado por no hacerlo enojar. Severus se dio cuenta de su vacilación y alzó una ceja inquisitiva. Harry se decidió, en Severus podía confiar y correspondía que le expresara lo que pensaba con sinceridad.
—Señor… el profesor Lupin me cae muy bien… pero he notado que Ud. parece… este… aborrecerlo… y me preguntaba a qué se debería.
Severus suspiró y volvió a su silla en el escritorio. Sabía que no podía cargar al chico con más problemas y mucho menos con sus problemas. Realmente le hubiese gustado haberse enterado de la situación desde primer año, no se habría comportado con él con tanta crueldad, y todo había sido por los malos recuerdos que le inspiraba James. Harry tenía tanto que soportar ya, y finalmente había encontrado a alguien que podía brindarle lo que necesitaba desesperadamente.
Tomó asiento y lo miró. Había nerviosismo y descontento en los ojos verdes. Sabía que Harry dependía de él y había empezado a depender de Lupin también. Era natural que se sintiera frustrado de que los dos adultos en los que más confiaba se llevaran tan mal entre ellos.
—He conocido al profesor Lupin desde hace mucho tiempo. —respondió calmo haciendo un gran esfuerzo para que el resentimiento no se le transparentara en los rasgos ni en la voz— Cuando asistíamos a la escuela éramos adversarios, algo parecido a la animosidad que existe entre el señor Malfoy y vos.
—Ah… —dijo Harry removiéndose incómodo— Bueno… yo podría… dejar de…
—No. —lo interrumpió Severus. Harry necesitaba a Lupin y aunque mucho le pesara tener que aguantar al lobo sarnoso se las aguantaría— El profesor Lupin y yo tenemos diferencias pero eso no es razón para que vos no puedas ser… amigo de él.
—Entiendo. —dijo Harry inseguro.
—Realmente no constituye un problema para mí. —ratificó Severus— Y no afectará en absoluto la relación entre vos y yo.
—Gracias. —dijo Harry sonriendo— Yo no querría hacerlo enojar.
—No estoy enojado. Todavía queda media hora, ¿te gustaría tocar un rato?
Harry asintió entusiasmado.
Severus se sorprendió mucho apenas sonaron las primeras notas. La forma de tocar había cambiado. Había una especie de acariciante suavidad, una tersura que no había estado antes presente. Harry sonreía despreocupado, dejándose llevar por la música, meciéndose levemente al ritmo de la agradable melodía.
Comprendió entonces que probablemente era la primera vez que Harry tocaba sólo para disfrutarlo. No era ya una vía de escape para sus emociones. Tocaba porque le gustaba. Y la música sonaba distinta, llenaba la atmósfera de brío y vida. La sonrisa de Harry se había ampliado. Haber conseguido eso realmente hacía que valiera la pena soportar a Lupin.
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Al día siguiente se sentía mejor. Ron y Hermione lo notaron y se tranquilizaron. Y Harry mejoró su desempeño en las clases.
Empezaron además las prácticas de quidditch y eso también ayudó a que se sintiera mejor, a Harry le encantaba volar.
Las noches que no tenía prácticas, cumplía las penitencias con Snape. Y seguía reuniéndose con Lupin dos veces por semana para almorzar.
Así pasó otro mes. Su relación con Lupin se volvía más estrecha cada día. Y estaba encantado de ver que el aborrecimiento que originalmente sentía Severus por el profesor de Defensa se había trocado en mediana antipatía. Por primera vez desde hacía mucho tiempo se sentía contento. Y si bien se sentía decepcionado por no poder ir a Hogsmeade con sus amigos, al menos ya había quedado con Lupin en que pasarían ese día juntos.
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—Buenos días, Harry —saludó el profesor Lupin cuando entró a su oficina.
—Hola, Remus. —respondió con una sonrisa y fue a sentarse a su lado. El profesor le había dicho que lo llamara por su nombre cuando estaban en privado.
—Llegás justo. —dijo señalando el tanque que tenía sobre el escritorio— Lo recibí hoy.
Había una criatura verde con pequeños cuernos en el agua. Harry se acercó para estudiarla mejor. —Simpática. —dijo dando unos golpecitos en el vidrio. La criatura siseó hostil en respuesta.
—Es un demonio de agua. Son mucho menos peligrosos que los kappas. Pero igualmente son de cuidado, tienen un agarre muy potente… notá el largo de los dedos, tienen mucha fuerza pero son frágiles. —giró la cabeza hacia Harry y le sonrió— ¿Tomamos una taza de té? —invitó.
—Con gusto. —respondió Harry.
Remus pidió un servicio y cuando estaba sirviendo alguien llamó a la puerta. —Adelante. —dijo Remus.
Entró Severus. Harry se sorprendió al verlo. El profesor lo saludó con un gesto calmo y luego se volvió hacia Remus, quien le dirigió con una leve sonrisa. Al parecer a él no lo afectaba tanto la animosidad que se habían tenido de chicos.
—Ah, Severus, gracias por habérmelo traído. ¿Podría dejarlo acá sobre el escritorio?
Severus depositó la copa que portaba en la mano. Sus ojos derivaron a Harry, que había empezado a fruncir el ceño.
—Le estaba mostrando a Harry el grindylow que me llegó hoy.
—Fascinante. —dijo Severus con sorna, pero comparada con sus habituales respuestas había sonado casi como una cortesía— Debería tomarlo ya mismo, profesor, se degrada rápidamente sin los encantamientos estabilizadores. Tengo más preparado, si acaso llegara a necesitarlo.
—Seguramente mañana me hará falta otra dosis. Gracias, Severus.
—No hace falta darlas. —respondió Severus con un gesto que Harry le conocía muy bien. Y se marchó.
—¿Qué es? —preguntó Harry con curiosidad.
—Últimamente no me he sentido del todo bien. Esta poción es la única que sirve para mejorarme. Tengo suerte de que Severus me la provea, son muy pocos los que saben prepararla.
Harry lo observó beberla. El ceño fruncido de preocupación. ¿Remus estaba enfermo?
Remus se dio cuenta y para tranquilizarlo se apresuró a preguntarle sobre el partido contra Slytherin que se llevaría a cabo el siguiente fin de semana. Dio resultado, porque Harry se puso a hablar de las prácticas y la inquietud se le pasó.
Después del almuerzo se despidió de Remus con un abrazo. —Nos vemos esta noche en el banquete. —dijo el profesor al tiempo que le desordenaba cariñosamente los cabellos.
Harry volvió a la torre y le dedicó algo de tiempo a los deberes.
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El banquete estuvo estupendo. El problema se presentó cuando regresaban a los dormitorios. Se había producido un embotellamiento de gente en la escalera y Percy estaba a los gritos llamando a Dumbledore. Harry fue abriéndose camino entre la multitud hasta quedar adelante. Los ojos verdes se le abrieron como platos cuando vio la puerta retrato, el lienzo había sido reducido a jirones a cuchilladas. Sirius Black estaba en el castillo.
Todos los alumnos fueron enviados a dormir al Gran Salón mientras se hacía una exhaustiva revisación de toda la escuela. Harry alcanzó a escuchar una conversación susurrada entre el director y Severus. Al parecer Severus estaba convencido de que alguien había ayudado a Black a entrar al castillo y era claro que sospechaba de Lupin.
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—Ah, Severus… —saludó Lupin distraído, estaba juntando varios papeles que iba necesitar para la clase siguiente— ¿Hay algo en lo que pueda serte útil?
Los papeles volaron por el aire cuando Snape lo agarró de la toga y lo estampó con violencia contra la pared.
—Te lo advierto, lobo. Si llego a comprobar que fuiste vos el que ayudó a ese asesino mugriento a entrar al castillo, no vas a vivir el tiempo suficiente como para llegar a lamentar tu traición. Te voy a hacer sufrir tanto que en comparación la transformación te va a parecer un paraíso. ¿Te queda claro?
Lupin era siempre una persona muy controlada y pacífica, excepto cuando la seguridad de los que quería estaba en juego, y Harry era el que figuraba primero en esa lista. Puso en juego toda su fuerza, que era mucha, e invirtió las posiciones en un segundo. Dejo oír un gruñido y los ojos le llamearon dorados. Severus se puso tenso de miedo, aunque naturalmente no lo habría admitido nunca.
—Yo sería el primero que mataría a Black si llegara a verlo. No te confundas, Severus. Él fue el que me quitó la felicidad. Y él es el culpable de todos los sufrimientos de Harry.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Severus sin disimular su sorpresa.
—De nada. —dijo Lupin dándose cuenta de que había hablado de más. Lo soltó y se dio vuelta, pero Severus lo retuvo.
—Yo también le tengo afecto a Harry. Es preciso que me lo digas.
Lupin le escrutó la mirada durante un instante y finalmente asintió. Con pasos exhaustos fue a sentarse, Snape se sentó enfrente.
—Él nunca me dijo nada, pero a mí no se me pasaron por alto los signos de descuido extremo, a mí me tocó vivirlo. —Lupin desvió la mirada hacia la ventana— Tenía cinco años cuando me mordieron. Después de eso nadie quería tocarme, ni siquiera los de mi familia. James y los otros me ayudaron, gracias a ellos volví a sentirme humano. No fue difícil deducir que a Harry le había pasado algo similar, por la forma en que reaccionaba ante una palmada, un apretón de hombro o un abrazo. Sospechaba que en casa de la hermana de Lily lo habían tratado muy mal. Nunca se lo pregunté directamente, pero era claro que Harry necesitaba contacto humano como yo en su momento y me esforcé para darle todo lo que podía.
—Y está dando buen resultado. —tuvo que admitir Snape a regañadientes.
—Si, por suerte. —dijo Lupin con una sonrisa indiscutiblemente sincera— Y Harry es tan afectuoso, es inconcebible que alguien pudiera negarle a propósito el cariño que tanto le hace falta. —Lupin se puso serio— ¿Vos sabés algo más?
Snape no podía traicionar el secreto, le correspondía a Harry decidir a quién contárselo. Probablemente terminaría siendo ventajoso que Lupin lo supiera, pero él no era quién para decidirlo.
Lupin pareció entender el dilema interno que se le planteaba y lo liberó de la carga. —No hace falta que me contestes.
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—Adelante. —dijo Snape con aspereza. No era una de las noches de penitencia de Harry por lo que alzó una ceja al verlo entrar, un brillo de preocupación se le encendió en los ojos.
—Discúlpeme, señor. Ya sé que no tenía que venir hoy, pero hay algo que realmente necesito pedirle. —dijo de corrido y se quedó sin aliento.
—Calmate. Respirá. —le indicó con tono más atemperado y le hizo una seña para que tomara asiento.
Harry se dejó caer en la silla y respiró hondo. Durante dos minutos practicó los ejercicios de rutina. Severus esperó pacientemente.
—He vuelto a tener pesadillas. —dijo ya más calmo— Y quisiera pedirle una poción para dormir sin sueños, porque mañana es el partido y estoy muy cansado.
—¿Se te ocurrió que podría negártela porque el partido que estaba programado es del de Gryffindor contra mi Casa? —preguntó Snape intencionado.
—¡No, claro que no! —reaccionó Harry de inmediato— Pero pensé que podría negármela porque supuestamente yo no debería seguir teniendo pesadillas. Kit ya es parte de mí y debería haber superado lo de… Lockhart.
—Ya veo. —suspiró Severus— Harry, hay algo que tiene que quedarte claro, siempre te vas a acordar y el recuerdo será naturalmente doloroso. Con el tiempo se irá mitigando, pero no es algo que se haya borrado porque aceptaste a Kit. ¿Lo entendés?
—Creo que sí. En realidad no es algo que me venga a la memoria durante el día, pero por las noches es distinto…
—Eso no significa que seas débil, Sólo el tiempo puede curar algunas cosas. Y no hay problemas en utilizar de vez en cuando alguna poción que te ayude a superar esta primera etapa que es la más difícil.
Severus se puso de pie y fue hasta uno de los armarios. Volvió con cuatro frascos. —Dos cosas quiero aclararte antes de dártelas. No es conveniente suprimir siempre las pesadillas, esos sueños también cumplen una función. Y la poción es adictiva, se debe usar con mucho cuidado. Durante tres días tomate medio frasco cuando te acuestes. Y luego medio frasco, día por medio, durante la semana siguiente. Te quedaría una media dosis de reserva, no la uses salvo en una situación extrema y quiero que al día siguiente mismo me lo comuniques.
—Sí, señor.
—Hay otra cosa que debés saber… para poder superar el trauma de manera más definitiva… es posible que en algún momento futuro sea necesario que vuelvas a enfrentar a Lockhart.
—No creo que eso vaya a ser necesario. —se apresuró a decir Harry, de repente se había puesto pálido— A menos que sea la única manera… en ese caso… pero no sé si voy a poder…
—Por supuesto que yo estaría con vos. No tendrías que enfrentarlo solo. —le aclaró Severus.
Eso lo tranquilizó un poco. —Gracias, señor.
—¿Necesitabas preguntarme algo más?
—En realidad sí… es sobre la salud del profesor Lupin… me acuerdo de la poción que le llevó en Halloween, él me dijo que era lo único que lo ayudaba a sentirse mejor… pero hoy Ud. tuvo que reemplazarlo… ¿acaso empeoró?
—Hoy no se sentía bien. —confirmó Severus— Lo que él sufre es algo que no se puede curar. La poción lo ayuda pero así y todo periódicamente hay días en los que es necesario que guarde cama. Pero mañana o pasado ya va a estar bien.
—Señor… eh… ¿se va a morir?
—No. Al menos no debido a eso, no se trata de una enfermedad mortal. Pero no hay forma de evitar esos días malos que se presentan periódicamente.
—Entiendo, gracias por la información, señor. —dijo Harry y aprovechó para preguntarle otra cosa que lo inquietaba— ¿Ud. realmente cree que podría estar ayudando a Black?
—¿A qué viene esa pregunta? —replicó Severus con una arista de brusquedad en el tono.
—Perdón, señor… pero la noche de Halloween alcancé a escuchar parte de una conversación que tuvo con el profesor Dumbledore…
—Ya veo… —dijo Severus y prosiguió— Tenía ciertas sospechas, es cierto, pero ya no… no creo que el profesor Lupin haya tenido nada que ver con la incursión de Black en el castillo.
—Ah, bueno… —dijo Harry más tranquilo— Eh… ¿le molestaría que yo me quedara a dormir un rato acá? Una siesta corta… hasta que Ud. termine de corregir los deberes.
Severus lo miró con una expresión de divertido desdén, pero suspiró y se avino. Le transfiguró una silla en un diván y asintió. Harry le sonrió agradecido, se recostó y se durmió enseguida.
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