Mente rota, alma quebrada

Mucho en común

Neville se había sentado, estaba apoyado contra la pared pero seguía en el charco de sangre. Lo estaba mirando con expresión de desamparo.

—Al menos podrías darme las gracias. —le reprochó Silas/Harry con una mirada desaprobadora y una mueca de desdén. Una expresión que Neville nunca le había visto. Pero de golpe cambió, Harry pestañeó varias veces, como si estuviera confundido y luego pareció verlo por primera vez, abrió grandes los ojos y se le arrodilló al lado.

—¡Neville! ¿Estás bien? —exclamó con voz preocupada— ¿Cómo se te ocurrió hacer algo así? ¿En qué estabas pensando? ¡Oh, Dios… toda esta sangre! ¡Voy a ir a buscar ayuda!

—¿Harry…? —pronunció Neville con desconcierto. ¿Qué estaba pasando?

—¿Sí…? —preguntó Harry con un manifiesto tono de gran preocupación.

Neville había pensado que a nadie le importaría si él se moría. ¿Por qué estaba Harry tan alterado? No se podía decir que ellos dos fueran amigos. ¿Y quién era Silas? ¿A quién había llamado cuando había entrado? Demasiadas preguntas… —Dejame tranquilo… —se oyó decir.

Naturalmente, Harry no podía dejarlo así. —¿Por qué hiciste esto? ¿Qué es lo que está tan mal?

—Vos nunca entenderías. No vos precisamente. —murmuró Neville. Las lágrimas le inundaban los ojos. Era un incompetente incluso cuando de suicidarse se trataba.

—¿Qué es lo que querés decir? —susurró Harry.

—¡Vos nunca entenderías qué es lo que se siente! ¡Que todos te detesten y que se burlen de vos! ¡Todos los días! ¡Y que te miren decepcionados! ¡Soy un fracaso como mago, como hijo y como ser humano! ¡Andate y dejame tranquilo! —bramó.

—Neville… yo… yo sé perfectamente lo que se siente…

—¡No es verdad! ¡No digas cosas para conformarme! —gritó y volvió a agarrar el cuchillo que había quedado sobre el suelo.

—¡Neville… pará! —suplicó Harry— No te estoy mintiendo…

—¡Vos sos un héroe! ¡Vos derrotaste al Señor Oscuro! Y sos una estrella jugando al quidditch… y sos inteligente… y a todos les caés bien. Vos sos especial… y todos te aprecian… y tus padres se sentirían orgullosos de vos… Mi abuela me vive diciendo lo decepcionados que se sentirían mis padres conmigo… hasta llegó a decirme alguna vez que hasta era mejor que estuvieran locos porque de esa forma se ahorraban la vergüenza de verse deshonrados por mí.

Harry no sabía bien qué hacer. Nunca antes le había tocado tener que consolar… o confortar a alguien… pero Neville tenía el cuchillo… ¡no podía permitir que volviera a usarlo! Pensó en Severus y en Remus y en la forma en que lo habían ayudado. Ellos se habían interesado en él y lo habían escuchado. Él podía entender el dolor de Neville, iba a hacer todo lo posible para ayudarlo.

—Yo no soy un héroe, Neville. —dijo con voz muy suave— Eso no es cierto. Y probablemente mis padres estarían muy decepcionados conmigo porque yo… nunca afronto los problemas… escapo de ellos… y me callo y no digo nada cuando me atribuyen logros que no son míos.

—¡Callate! —gritó Neville— Ya te dije que no quiero que inventes excusas para conformarme. ¡Vos protegiste la Piedra Filosofal! ¡Y mataste al basilisco y salvaste a Ginny! ¡No mientas!

—No te estoy mintiendo, Neville. —le aseguró Harry con ojos llenos de lágrimas— No fui yo… el que hizo esas cosas, fue Gabriel. Gabriel hizo todo eso… y mi mamá fue la que venció a Voldemort hace doce años… ¡nada de eso lo hice yo…!

Gabriel decidió que era mejor hacerlo que entrara porque se estaba descontrolando, él tomó su lugar. Neville notó el cambio de inmediato, quedó como paralizado de asombro, Gabriel aprovechó la instancia y le birló el cuchillo de la mano. —¿Cómo te sentís? —preguntó con tono amable al tiempo que le alzaba una mano para examinar las heridas curadas. Notó además varias cicatrices viejas en el antebrazo, al parecer Neville recurría a cortarse con bastante frecuencia.

—¿Harry…? —farfulló Neville.

—Hum… no. —contestó Gabriel con una sonrisa— Yo soy Gabriel. Harry se estaba alterando un poco, así que yo salí a manejar las cosas por unos minutos.

—Ah… —dijo Neville que obviamente no entendía nada.

—Oíme… Harry se trastornaría extremadamente si vos te mataras. Y no es una buena idea… sería mejor que no lo intentaras de nuevo pero al menos desistí por esta noche. Ya son muchos los problemas con los que tenemos que lidiar. Me gustaría que conversaras con Harry, aunque vos no lo creas ustedes tienen mucho en común. Me parece que si hablan, los dos van a empezar a sentirse mucho mejor. Me consta que hay momentos en los que Harry se siente solo, incluso con todos nosotros viviendo dentro de él. Y permitime que te dé un buen consejo, no creas lo que se dice de El Niño Que Sobrevivió… es muy poco lo que vos sabés sobre Harry, diría que prácticamente nada.

—De acuerdo. —logró articular Neville aunque seguía muy confundido.

—Parece que Silas hizo un excelente trabajo curándote. ¿Te parece que vas a necesitar más atención médica? Puedo llevarte al ala hospitalaria…

—No… eh… no va a hacer falta…

—No quisiera que Harry te encuentre otra vez como hoy. ¿Pensás hacer esto de nuevo?

—No… —contestó Neville y bajó la mirada avergonzado.

—Bien, creo que ya me puedo retirar entonces. —dijo Gabriel.

Neville alzó la vista y pudo observar el cambio en la expresión y la postura, la confianza de Gabriel se había esfumado de los rasgos y cierto temor e incomodidad la habían reemplazado. Neville se permitió una tímida sonrisa y Harry se la devolvió y pareció tranquilizarse un poco.

—¿Te sentís bien? —preguntó Harry.

—Sí. ¿Y vos?

—¿Podríamos… podríamos limpiar esto? — preguntó Harry señalando la sangre.

Neville se ruborizó un poco y sacó la varita. Pero tuvo que pronunciar el encantamiento tres veces para que toda la sangre desapareciera. Otra prueba más de su incompetencia, pensó. Se apretó las piernas contra el pecho y se largó a llorar.

Harry se le acercó y lo rodeó con un brazo. Neville se lo agradeció en silencio, seguía sintiéndose muy confundido, pero también agradecido. Y de repente y entre sollozos empezó a contarle todas sus tribulaciones. No estaba seguro de cuál era la razón que lo empujaba a hablar, quizá había sido el extraño comportamiento de Harry… Le contó de sus padres internados en St. Mungo, en estado prácticamente vegetativo por las torturas que habían soportado a manos de los mortífagos la noche de la caída del Señor Oscuro.

También le contó que sus familiares siempre habían pensado que era un squib porque su magia espontánea no se había evidenciado durante años. Y que le habían hecho cosas horribles para forzarla a manifestarse. Le contó lo contrariada que estaba su abuela con las notas espantosas que sacaba siempre y que ya lo había amenazado con echarlo de la casa. Y él sabía muy bien que nadie querría aceptar a un fracaso como él. Quedaría desamparado y sin hogar.

Le contó cómo lo habían insultado durante ese día por la terrible metida de pata con lo de las contraseñas. Él estaba convencido de que se merecía cualquier cosa que le dijeran porque por su estupidez había puesto en peligro a Ron y todos los otros. Él no merecía estar en Hogwarts. Era algo evidente. Y muchos se lo habían dicho directo a la cara. No tenía ningún amigo y el que lo hubieran puesto en Gryffindor parecía una pésima broma del Sombrero, él no tenía nada de valiente. Le tenía miedo a todo Y no hacía más que cometer una torpeza detrás de otra… vivía tropezándose casi a cada paso. Únicamente era bueno trabajando con las plantas… pero ésa era una actividad que poca utilidad le aportaba.

Harry había empezado a sentirse muy culpable durante toda la confesión de Neville. Él también se rodeó las piernas y las apretó contra el pecho. —Yo debería haberme dado cuenta hace rato de lo desdichado que eras. Compartí el mismo cuarto con vos durante más de dos años… no que quisiera marginarte a propósito… pero vos eras siempre tan tímido y callado… aunque eso no es más que una excusa para tratar de justificarme. Quisiera poder cambiar eso a partir de ahora. No merezco ser tu amigo pero me gustaría serlo. Creo que con vos puedo hablar con toda sinceridad, algo que nunca hice hasta ahora con alguien de mi edad. Nunca pensé que pudiera haber alguien que me comprendiera, siempre me guardé mis problemas para mí. Nunca me animé a mostrarme como realmente soy, tenía miedo. Yo tampoco merezco estar en Gryffindor, de no haber sido por mi… condición, muy probablemente habría terminado en Slytherin.

Harry le contó entonces de su infancia. Y cómo había sido crecer siempre odiado en casa de los Dursley. Qué vivían diciéndole que él no servía para nada. Le describió el armario y los juegos crueles de La cacería de Harry. Le contó de su soledad, de su aislamiento, del desprecio permanente que siempre le habían mostrado. De las mentiras que siempre le habían hecho creer… De que el día que había cumplido once años se había enterado de la verdad de muchas cosas de labios de Hagrid, no había sabido hasta ese momento que era un mago y había estado convencido de que sus padres habían muerto en un accidente.

Harry prosiguió con el nacimiento de Silas y cómo había sido que había terminado en Gryffindor. Luego pasó al surgimiento de Gabriel varios meses más tarde. Y le repitió lo que ya le había dicho, que Gabriel era el que había hecho todas esas cosas que le atribuían a él.

Neville lo escuchó con mucha atención, en ningún momento lo interrumpió. Había mucha comprensión en su mirada, pero Harry no detectó lástima en sus ojos en ningún momento.

Fue así que Harry se animó a profundizar sus confidencias. Primero habló de Snape y de todo lo que lo había ayudado ese verano

Tartamudeando y entre sollozos Harry le contó de Lockhart y de que ni siquiera había sido consciente de lo que había pasado hasta que había integrado a Kit. —Él me decía que era hermoso… y yo me quedaba quieto… y lo dejaba hacer… me dejaba llevar por las sensaciones… todavía puedo oírme gimiendo de placer… ¡Oh, Dios! ¡Me resulta difícil creer que me haya prestado a eso! ¡Lo detestaba! ¡No quería nada de eso! Pero tenía miedo y me sentía desamparado… y Kit… a ella le gustaba…

Neville lo interrumpió envolviéndolo en un apretado abrazo. Los dos lloraron durante un largo rato el uno en el hombro del otro. Y fue entonces que Neville también se sinceró, susurrándole al oído: —A mí me hizo lo mismo… yo también tenía miedo… no podía decírselo a nadie… pensaba que nadie me iba a creer… él era un profesor… y una personalidad famosa…

Neville estaba muy alterado, respirar se le hacía difícil. Se separó y apeló a la vía de escape habitual, el recurso que le permitía calmarse en crisis como ésa. Recuperó el cuchillo y se hizo un pequeño corte en el antebrazo. Dio resultado pero no fue suficiente, necesitó hacer otros dos cortes. Recién entonces consiguió calmarse. Levantó tímidamente la vista esperando encontrarse con una mirada reprobadora.

Harry había vuelto a abrazarse las piernas contra el pecho. Los ojos verdes lo observaban fijos pero no había horror ni rechazo en ellos, sólo compresión quizá mezclada con algo de pesar. Harry había recurrido a crear otras personalidades, Neville a cortarse. Eran técnicas de defensa… aunque ambas tuvieran también consecuencias dañinas.

—Creo que Gabriel tenía razón, tenemos mucho en común. —suspiró Neville.

Harry asintió.

—No te sientas mal… quiero decir, por no haberme casi notado, en cierta forma creo que yo tampoco te presté atención…

—Lo que me haría sentir mal… —empezó a decir Harry, pero se interrumpió. Luego señaló hacia las muñecas de Neville, hacia las heridas ya curadas pero que podrían haber sido mortales.

—No te inquietes… —dijo Neville y sus labios dibujaron una sonrisa amarga— Ahora tengo un amigo… y le prometí a Gabriel que no haría nada que pudiera lastimarte.

Harry sonrió y le apoyó la cabeza sobre un hombro.

oOo

Durante la semana siguiente fueron inseparables, si bien nadie llegó a notarlo. Ron estaba encantado de ser el centro de atención, todos querían oír el relato del ataque de Black que había estado a punto de costarle la vida de sus propios labios. Hermione vivía haciendo tarea o corriendo de un lado a otro. Ellos compartieron mucho tiempo charlando o jugando, básicamente estaban aprendiendo a ser amigos.

Harry incluso lo invitó a que probara la Firebolt. Neville reaccionó aterrado al principio pero Gabriel salió, lo contagió con su confianza y lo fue guiando durante las vueltas. A Harry no lo molestó la interferencia de Gabriel, lo ponía contento que a Gabriel le gustara Neville y que tratara de ayudarlo. Hasta Silas parecía haber aprobado tácitamente la nueva compañía.

A veces el Slytherin salía durante las clases de Pociones para burlarse de Snape a sus espaldas. Una forma astuta de hacerle perder a Neville algo del miedo que le inspiraba el profesor. Snape se había dado cuenta casi enseguida, pero no había aplicado medidas disciplinarias. Temía que Silas pudiera desquitarse poniéndolo en situaciones humillantes delante de todos, sabía que Silas seguía muy resentido con él. Las dos pociones que preparó Neville esa semana fueron exitosas.

Neville, por su parte, pudo ayudarlo con Rose. Como nuevamente estaba incursionando en su esfera, Rose había empezado a mostrarse inquieta. Neville tuvo la idea de que trabajaran juntos en Herbología para que ella pudiera salir. Al principio Neville se sintió un poco incómodo, como le había pasado a Snape, al ver a Harry actuando como Rose, pero se acostumbró rápido a los modales y al comportamiento del alter.

Para Neville fue probablemente la mejor semana de su vida, no recurrió ni siquiera una vez a cortarse. Para Harry también fue muy buena, saberse aceptado por sí mismo lo hacía sentirse libre. Y había empezado a entender la opinión de Silas, que siempre había sostenido que Ron y Hermione no eran en realidad "tan buenos amigos". Neville realmente se interesaba por él… Ron y Hermione últimamente habían estado demasiado absorbidos en sus propias cosas y problemas. Seguían siendo sus amigos… pero por comparación…

Ese viernes Hagrid los mandó llamar, a Ron y a él, a su cabaña para reconvenirlos. Hermione había ido a verlo llorando varias veces, muy angustiada porque Ron la detestaba y ella además estaba muy abrumada con todas las clases y los deberes. Ron todavía seguía furioso y no muy dispuesto a cambiar de actitud, pero Harry prometió hacer lo posible para animarla un poco.

oOo

Dos veces por semana, Harry y Neville se escapaban furtivamente para asistir a las sesiones de terapia con los profesores Snape y Lupin respectivamente. No era tarea sencilla porque habían asignado trolls de seguridad como guardias de la torre de Gryffindor. Silas había encontrado la solución, aplicaba antes de salir un encantamiento para enmascarar los olores, de ese modo los trolls no podían ubicarlos por el olfato y el Manto aseguraba que no pudieran verlos.

Tras las últimas sesiones, Harry finalmente se sentía en condiciones de afrontar a Lockhart, pero antes debían contarle todo a Lupin. Como habían acordado, fue Severus el que habló pero tanto Harry como Neville estaban presentes.

Una vez superado el shock inicial, Remus los abrazó a los dos muy estrechamente y se ofreció a ir con ellos también. Pero Snape se opuso. —A vos te va a tocar mantener distraído a Dumbledore.

La visita a St. Mungo quedó programada para el sábado de la semana siguiente, el sábado de esa semana era uno de los de salidas a Hogsmeade e inconveniente por lo tanto.

Antes de separarse esa noche, Lupin le susurró a Snape en un aparte. —Hacéselo pagar también de mi parte… una escoria como ésa no merece piedad.

Snape se limitó a asentir en silencio.

oOo

Ese sábado Harry bajó a despedir a Ron que partió solo hacia Hogsmeade. Neville, que había decidido quedarse en el castillo, le preguntó en qué ocuparían el día. Harry le respondió que tenía pensado hacerle compañía a Hermione en la biblioteca.

—Aunque no creo que nos preste mucha atención. —agregó suspirando— Igual voy a aprovechar para redactar el deber sobre vampiros que nos asignó Lupin. ¿Vos vas a posponerlo hasta mañana?

—No, voy con vos. En una de ésas podemos convencer a Silas para que nos ayude. Él sabe todo de todo.

—La adulación te va a servir para empezar, pero vas a necesitar más que eso para lograr sobornarlo. —dijo Harry riendo.

La encontraron rodeada de libros y muy enfrascada en el trabajo como siempre. Apenas si masculló una respuesta cuando la saludaron. Los dos revolearon los ojos pero se ubicaron en la misma mesa.

Neville desenrolló una hoja de pergamino y preguntó. —Entonces… ¿cómo era el asunto del ajo y los vampiros? ¿Tienen que comerlo o la simple proximidad ya les resulta dañina?

oOo

Esa noche durante la cena Ron les dio las bolsas de golosinas que le habían encargado y les contó lo que había hecho durante el paseo. Aparentemente para él el punto más destacado era la riña que había tenido con Malfoy, el Slytherin había recibido varios proyectiles de barro.

Cuando subieron a la torre y entraron en la sala común, Hermione vino corriendo hacia ellos con la cara bañada en lágrimas. —Hagrid perdió el caso. —les informó sollozando— Van a ejecutar a Buckbeak. Ésta es la nota que me mandó.

Harry la tomó y se puso a leerla, Ron también la leyó espiando por encima del hombro de Harry.

—No pueden hacer esto. Todos saben que Malfoy exageró lo de la herida. —murmuró Harry muy consternado. En ningún momento se había imaginado que podían llegar a eso. Suponía que Dumbledore pondría en juego sus influencias para que Hagrid ganara el caso.

—El papá de Malfoy presionó a los jurados. —explicó Hermione tratando de contener el llanto— Va a haber una apelación… siempre la hay… pero creo que las posibilidades de que cambien el fallo son prácticamente nulas.

—No nos podemos dar por vencidos. —intervino Ron— Y esta vez no vas a trabajar sola, Hermione. Prometo ayudar en serio.

—¡Oh, Ron…! —exclamó ella y se le echó encima abrazándolo.

Harry y Neville intercambiaron una mirada y decidieron hacer un prudente mutis para darles privacidad. Por un lado, Harry se alegraba de que sus amigos hicieran las paces, por otro, lo preocupaba un poco, cuando estaban bien avenidos era más difícil ocultarles cosas y Harry tenía muchos secretos.

Neville entendía las reservas de Harry para contarles. Ron era de los que se iban de la lengua sin darse cuenta y Hermione, si se enteraba, iba a querer oficiar de psicoterapeuta. Era mejor que no supieran de su condición. Neville le prometió que lo iba a ayudar a guardar el secreto hasta que Harry decidiera contárselo.

oOo

Al día siguiente, fueron un poco antes a la clase de Criaturas para tratar de levantarle el ánimo a Hagrid. Sin embargo, Hagrid siguió muy deprimido, tenía muy pocas esperanzas de que la apelación que se resolvería en el mes de junio fuera a tener algún resultado positivo.

Cuando la clase terminó y volvían al castillo, el grupo de Slytherins iba un poco más adelante. Malfoy iba insultando a Hagrid e imaginaba encantado el momento en que la cabeza del hipogrifo rodaría bajo el hacha del verdugo. Hermione perdió el control, avanzó con grandes pasos, lo alcanzó, lo hizo dar vuelta y le plantó un puñetazo en plena cara con todas sus fuerzas.

—¡No te atrevas a llamar deplorable a Hagrid! ¡Basura vil y perversa…! —le gritó ella enardecida.

—¡Hermione! —exclamó Ron en shock.

Neville le retuvo la mano cuando estaba a punto de pegarle de nuevo a Malfoy. Los Slytherin habían sacado las varitas, pero los Gryffindors ya tenían las suyas preparadas. Malfoy consideró la situación durante unos instantes y decidió que lo mejor era emprender una prudente retirada.

Cuando estuvieron solos, Neville le soltó la mano.

—Hermione… —repitió Ron con manifiesta admiración.

Ella se sonrojó un poco y se volvió hacia Harry, los ojos seguían ardiéndole de furia. —¡Más vale que les ganen en la final de quidditch! ¡No podría soportarlo si Slytherin triunfa!

—Mejor volvamos… —dijo Neville para poner paños fríos, Hermione estaba muy histérica, no fuera que también le pegara a Harry— O vamos a llegar tarde a Encantamientos.

Aunque corrieron igual llegaron tarde.

—Llegan atrasados. —los reconvino Flitwick con indulgencia— Dense prisa, estamos por practicar encantamientos para levantar el ánimo, ya se han formado las parejas.

Harry y Neville fueron a sentarse juntos. Pero cuando Ron se dio vuelta para formar pareja con Hermione… ya no estaba… ¡parecía haberse esfumado de repente!

—Qué extraño… —dijo Harry frunciendo el ceño— ¿Habrá ido al baño? Vení, Ron, trabajemos de a tres.

oOo

Hermione tampoco estuvo para el almuerzo. Subieron a la torre para ver si estaba allí. Faltaba todavía media hora para la clase de Adivinación. La encontraron sentada en un sillón, dormida, con un libro abierto sobre la falda. Ron la despertó, ella reaccionó horrorizada cuando le preguntó por qué había estado ausente en la clase de Encantamientos. Dijo que tenía que ir de inmediato a pedirle disculpas a Flitwick, se puso de pie y salió corriendo.

—Creo que se chifló del todo… —murmuró Ron.

Harry y Neville asintieron en silencio.

oOo

—¡Aquí hay algo! —exclamó Trelawney y agachó la cabeza para mirar bien de cerca la bola de cristal de Neville y Harry.

Harry ya sabía lo que se venía, algún augurio ominoso que anunciaba su muerte prematura de alguna forma particularmente brutal.

—Mi querido… está aquí, más claro que nunca antes… acechándote, más cerca que nunca… ¡el Grim…!

—¡Oh, por el amor de Dios! —estalló Hermione— ¡No nos venga otra vez con esa ridiculez del Grim!

Todos la miraron. Trelawney, espantada, Neville y Harry con ojos desorbitados y Ron boquiabierto.

—Siento decirle, mi querida… —empezó a decir la profesora con desdén cuando se hubo recuperado de la impresión inicial— … que desde el primer momento que entró a mi aula fue evidente que Ud. no posee el don que el noble arte de la Adivinación requiere. No recuerdo haber tenido nunca un alumno con una mentalidad tan prosaica como la suya.

—¡Como Ud. diga! —replicó Hermione prácticamente gritando— ¡Renuncio! ¡No me sobra el tiempo precisamente! ¡Y no estoy como para perderlo asistiendo a clases con un fraude con Ud.!

Se puso de pie y salió del aula dejando atrás a muchos pares de ojos anonadados.

—Se chifló sin remedio… —susurró Ron— …como una cabra…

oOo

—¿Hermione? —dijo Neville. Acababa de entrar a la biblioteca y se había acercado a la mesa en la que ella estaba sentada. Hermione levantó la mirada, tenía ojeras muy marcadas y manchas de tinta en la mejilla y en la frente.

—¿Sí, Neville?

—Eh… ¿necesitás ayuda? Podría ayudarte a buscar referencias… o alguna otra cosa…

Ella lo miró en silencio durante unos segundos y de repente rompió en llanto. Neville se removió incómodo y le palmeó suavemente la espalda, no sabía por qué lloraba y tampoco sabía qué hacer para consolarla. Por suerte ella se calmó unos instantes después.

—Gracias, Neville. Realmente lo aprecio mucho… es que tengo tanto que hacer y no puedo abandonar nada porque a principio de año prácticamente le rogué a McGonagall para poder asistir a todas las clases.

—Entiendo. ¿Qué puedo hacer para ayudarte? Yo ya completé todos mis deberes.

—Me ahorrarías mucho tiempo si me corrigieras lo que ya tengo escrito. —dijo ella pasándole un fajo de folios.

—Con gusto. —respondió él, tomó asiento y se puso a leer.

oOo

Neville y Harry estaban muy nerviosos a pesar de la poción tranquilizante que les había hecho beber Snape. El profesor se dio cuenta pero no hizo ningún comentario al respecto. Les tendió el traslador, una hoja de pergamino, y cuando los dos la agarraron pronunció la palabra de activación.

Arribaron a un callejón desierto en Londres. Neville se cayó sentado y Harry tambaleó jadeante agarrándose el estómago. Snape esperó pacientemente hasta que los dos se recompusieran.

—¿Estás bien? —le preguntó Harry a Neville al tiempo que le tendía una mano para ayudarlo a pararse.

—Eh… sí… —tartamudeó Neville.

Snape iba vestido con jeans azules y una camisa blanca, los chicos también se habían puesto ropa muggle. Cruzaron hasta el negocio que estaba del otro lado de la calle, tenía un cartel que rezaba: Purge & Dows, S.A. Y otro cartel que anunciaba: Cerrado por reformas.

Snape habló con el maniquí que estaba en la vidriera y recibió un breve gesto de aprobación en respuesta. Observó hacía ambos lados para constatar que no hubiera ojos curiosos mirándolos y los tres atravesaron la barrera. Harry se sorprendió mucho, Neville no, había venido muchas veces antes a visitar a sus padres.

Había muchos pacientes esperando sentados en el hall de entrada. Snape enfiló hacia el mostrador de admisión, los chicos lo siguieron.

La recepcionista era una bruja regordeta que los recibió con una amplia sonrisa.

—¿En qué puedo servirlos? —preguntó afable.

—Tengo una autorización para visitar al señor Lockhart.

La empleada revisó una planilla. —Ah, sí… aquí está, ¿cómo se llama Ud.?

—Severus Snape.

Ella asintió. —Firme aquí, por favor.

Completado el trámite, el profesor se encaminó hacia las escaleras, seguido por los chicos.

—¿Adónde vamos, señor? —preguntó tartamudeante Neville cuando iban por el tercer rellano.

—Al cuarto piso, está en el pabellón Jonas Hectare.

—El año pasado estaba en el mismo pabellón que mis padres. Una vez lo vi… —dijo Neville con voz temblorosa. Harry le tomó la mano y se la apretó con fuerza, era una forma de brindarle apoyo pero también una forma de controlar el pánico que lo estaba invadiendo.

—Así es. —dijo Snape— Pero hace unos meses empezó a mostrar signos de mejora y lo trasladaron. La varita usada para el hechizo de memoria era defectuosa. En el último informe constaba que ya había logrado recordar casi toda su infancia y que paulatinamente otras memorias iban volviendo.

Neville y Harry se alteraron más de lo que ya estaban al oírlo, prácticamente se abrazaron el uno al otro, temblaban y respiraban jadeantes.

—¿Se acuerda de…? —empezó a preguntar Harry con voz angustiada y cerró los ojos apretándolos.

—Es posible. De su vida adulta sólo recuerda algunas cosas… pero no lo sabremos con certeza hasta que se lo preguntemos. —contestó Snape.

Gabriel abrió los ojos. Enderezó la postura de inmediato y la expresión del rostro cambió de repente, irradiaba fuerza y confianza como siempre. Neville le sonrió y se apretó más contra él. Snape lo miró con muy mala cara.

—Esto no está funcionando. —declaró Gabriel con tono airado y sin arredrase por el fastidio del profesor— ¡Harry está muy alterado y Neville parece a punto de desmoronarse en cualquier momento!

—¡Por supuesto que están alterados! ¡No hemos venido para una acogedora reunión familiar! —replicó Snape con brusquedad— Pero es necesario para que no sigan alterados por el resto de su vida. ¡Ahora andate, Gabriel!

—No. —respondió Gabriel simplemente al tiempo que apretaba más a Neville contra sí— Lo voy a acompañar hasta la puerta de la habitación, una vez allí Harry volverá a salir.

Snape hizo una mueca de disgusto, no obstante asintió brevemente y retomó el ascenso. Gabriel se separó de Neville pero le tomó la mano. —Vos vas a poder hacer esto, Neville. Tanto vos como Harry van a poder. Ese hijo de puta no puede volver a lastimarlos. Snape no se lo va a permitir. Y Silas y yo tampoco. No hay nada a lo que tengas que tenerle miedo. ¡Y dale una buena patada en los huevos de mi parte!

Neville sonrió tímidamente y se secó una lágrima con el dorso de la mano. Snape se había adelantado un poco, cuando llegaron al cuarto piso Snape estaba esperándolos con expresión impaciente. Gabriel le sacó la lengua, Neville volvió a sonreír.

Un minuto más tarde entraron en el pabellón Hectare, Snape consultó brevemente con una auxiliar quien le indicó una de las puertas al fondo del corredor.

—Ya llegamos. —dijo Snape unos segundos después mirando severamente a Gabriel cuando estaban ya frente a la puerta.

—Todo va a salir bien. —le aseguró Gabriel con confianza. Neville asintió tenso. —Cuidámelo a Harry, nosotros vamos a estar vigilando con atención desde adentro.

—De acuerdo. —masculló Neville.

Gabriel sacudió ligeramente los hombros, relajó la postura y cerró los ojos. Harry volvió a abrirlos, pestañeó un par de veces e instintivamente se apoyó contra Neville. Snape suspiró y usó un encantamiento para levantar el ánimo sobre ambos. Recién entonces abrió la puerta. Hizo entrar a los chicos, ingresó él también y cerró la puerta.

Harry se desplomó al suelo, la espalda chocó contra la pared y empezó a hamacarse y a gimotear pidiendo perdón y prometiendo portarse bien. Severus se le arrodilló al lado y se puso a susurrar palabras de consuelo para calmarlo, asegurándole a Boy que no le iba a pasar nada malo y que él no estaba enojado. Neville se trastornó incluso más, hasta ese momento no conocía a ese alter, y ver a Harry llorar de miedo y dolor como un animal torturado le produjo náuseas.

Lockhart se había puesto de pie y se les había acercado.

—¿Qué es lo que pasa?

Severus no le prestó atención, estaba concentrado en Harry. Neville se volvió hacia el hombre que le había hecho daño. Los ojos celestes tenían un aire confundido y los cabellos rubios ya no estaban rizados como durante el período anterior. ¿Se habría olvidado de traer los ruleros? Neville soltó una breve risa histérica por la ocurrencia repentina.

Los ojos de Lockhart se abrieron grandes de repente.

—¿Ustedes son pacientes? ¿Hace falta que llame a una enfermera?

—No. —susurró Neville con voz ronca.

Lockhart retrocedió un paso… un aula del castillo, él aproximándose al chico, anticipación… Sacudió la cabeza y desvió la mirada, ¿qué eran esos recuerdos que le volvían? Y la presencia del chico lo turbaba… ¿Y el hombre agachado? ¿era Snape?

—Yo lo conozco. —declaró enderezando la postura y sacudiéndose la toga con orgullo— ¿Trabajábamos juntos?

Neville miró hacia Snape que seguía ocupado con Boy. Contestó él. —Ustedes trabajaban juntos en Hogwarts. —dijo casi sin tartamudear.

Con cierta reticencia, Lockhart volvió a mirar al chico. Un par de lágrimas le corrían por las mejillas, los hombros le temblaban un poco y se estaba frotando las manos, nervioso. —¿Qué pasa? ¿No te sentís bien?

Neville sacudió la cabeza. Y Lockhart recordó el gesto. En otra oportunidad…en un baño… el chico también estaba llorando entonces… temblando…renuente… los ojos cerrados, apretados de miedo… Lockhart se llevó la mano a la cabeza y se apretó un mechón de cabellos con el puño.

—¿Qué vinieron a hacer acá? —demandó airado.

—Vine a decirle algo… —tartamudeó Neville.

—¡Hablá entonces! —le espetó Lockhart con brusquedad.

Fue en ese instante que Harry regresó abriendo los ojos. Severus estaba arrodillado a su lado y con una expresión muy preocupada en el rostro. Fue desenrollándose de la posición que había adoptado, notó que se encontraba en una habitación desconocida y que estaba bañado en sudor frío. Temblando estiró una mano hacia Severus. El profesor lo abrazó flojamente y lo ayudó a incorporarse.

Lockhart quería que todos se fueran de inmediato. Pero su talante enojado cambió de repente cuando vio al otro chico.

Neville fue a abrazar a Harry y Severus les pasó a ambos un brazo por encima de los hombros.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Y qué quieren acá? —los increpó Lockhart una vez más.

Harry se largó a llorar. Severus se puso a susurrarle al oído, diciéndole que era fuerte, que podía enfrentarlo, que podía gritarle que ya no podía hacerle daño… pero para Harry era demasiado y soltó un gemido.

El gemido le trajo otro recuerdo a Lockhart…

¿Querés que juguemos?

Me encantan los juegos. —había respondido el chico con un suspiro.

¿Te gusta esto? —había preguntado manoseándolo y desabotonándole la camisa— ¿Es lo que querés?

Se siente tan bien… —había gemido el chico arqueándose de placer entre sus manos.

¡Sos tan hermoso, Kitten!

Lockhart trastabilló un paso hacia atrás, ahora los dos puños apretaban los cabellos rubios. El recuerdo por un lado lo horrorizaba… pero al mismo tiempo lo excitaba.

Neville le adivinó los pensamientos por el brillo de los ojos. —¡NO LO MIRE ASÍ! ¡MONSTRUO DEGENERADO! —bramó indignado.

—¿Cómo…? —farfulló Lockhart confundido. Pero ahora los recuerdos del otro chico se le iban haciendo mucho más nítidos… y no hicieron sino potenciar su excitación.

—¡Merlín…! —empezó a balbucear Lockhart, comenzaba a recordar todo… y era en parte asqueante pero no podía negar la ola de deseo que lo invadía.

—¡CÁLLESE! —chilló Neville. Harry abrió grandes los ojos verdes, admirado por la decisión potente y desafiante de la voz de Neville. —¡USTED NO ES MÁS QUE UNA BASURA VIL! ¡DÉBIL Y DESPRECIABLE! ¡Y YA NO PUEDE HACERNOS DAÑO! ¡Y DEBERÍA PAGAR, DEBERÍA SUFRIR POR LO QUE HIZO!

—¡No es así…! —suplicó Lockhart— No era mi intención… yo no…

—¡NO ME MIENTA! ¡NI SIQUIERA AHORA PUEDE OCULTAR SUS DESEOS PERVERTIDOS!

—No es así… —repitió Lockhart farfullando con desesperación.

Magia poderosa empezó a hacer temblar el ambiente. Snape miró a Neville con ojos desorbitados. El chico estaba literalmente aullando y un brillo salvaje y feroz le llameaba en los ojos. Lockhart soltó un grito y fue empujado hacia atrás por una fuerza invisible que lo estampó contra la pared y luego lo hizo caer hacia delante de bruces con no menos violencia. Se oyó un ruido como de huesos quebrándose. Lockhart lanzó otro grito muy dolorido.

—¡LO ODIO! —gritó Neville y cayó de rodillas al suelo sollozando. La magia a su alrededor poco a poco se fue disipando.

Severus soltó a Harry y fue a acuclillarse junto a Neville. Harry volvió sus ojos llorosos hacia Lockhart que con dificultad había logrado incorporarse y estaba sentado en el suelo. Ya no lucía poderoso, ni le inspiraba miedo. Su aspecto era lastimoso y lloraba.

—Ud. es débil. —susurró expresando sus pensamientos— Triste excusa de persona, miserable y débil.

Fue hasta Neville, también se le agachó al lado y lo abrazó. Miró a Lockhart otra vez. Ya no temblaba. Agregó con voz cansada: —Ya no nos puede hacer daño. Ud. no es nada.

—¡Nada! —repitió Neville con vehemencia.

—Ciertamente. —los secundó Snape al tiempo que los ayudaba a incorporarse —Hemos cumplido lo que habíamos venido a hacer. Ahora ya han visto la realidad de este… desecho humano. Ahora podrán superar lo que pasó.

Los dos chicos asintieron en silencio.

—¿Por qué no vas a visitar a tus padres, Neville? —sugirió Severus con voz muy suave— No me cabe duda de que se sentirían muy orgullosos de vos. Yo los alcanzaré dentro de unos minutos.

—Gracias, señor. —respondió Neville y junto con Harry salieron de la habitación.

Snape sonrió sombríamente, un brillo cruel se le encendió en los ojos cuando se volvió hacia Lockhart. Lockhart lanzó un gemido y reptó hasta un rincón buscando refugio. Snape se le acercó y sacó la varita.

—¡Ayúdeme! —rogó Lockhart gimoteando.

—Es lo que voy a hacer. —le aseguró Snape tocándole una sien con la punta de la varita— Lo voy a ayudar a sufrir para redimir sus pecados.

Y empezó a salmodiar la maldición. Lockhart perdió el conocimiento. —Disfrute de la inconsciencia. —susurró Snape cuando concluyó la formulación— A partir de ahora ya no conocerá la paz del sueño… lo asaltarán pesadillas diez veces más horrendas que las que les tocó soportar a esos dos chicos.

Probablemente algún sanador en el futuro terminaría por descubrir qué era lo que le pasaba al paciente, también era probable que descubrieran un contraconjuro para neutralizar la maldición. Pero Snape confiaba en que pasarían varios años antes de que eso ocurriera.

oOo

Aclaro que la historia en el original está completa. Y es mi propósito completar la traducción, pero es una historia muy larga, tomará bastante tiempo.