Mente rota, alma quebrada
Prisionero de sombrío destino
El pabellón 49, el Janus Thikey, era el de los pacientes que iban a permanecer en St. Mungo durante mucho tiempo. En el caso de los Longbottom, de por vida. Neville se conocía el lugar al dedillo, había estado allí muchas veces. Una bruja muy amable y jovial le dio la bienvenida como si se tratara de un miembro de su familia. Neville se la presentó a Harry, se llamaba Miriam Strout.
—Es un gusto conocer a un amigo de Neville, es un chico tan amoroso. —dijo ella dándole una palmadita en un hombro y agregó: —Tus padres están terminando de almorzar, pasen.
Los padres de Neville estaban juntos en una de las camas del fondo, era una cama de dos plazas. Estaban sentados con sendas bandejas en la falda.
—Hola, mamá… papá… —saludó Neville. Luego se dejó caer sentado en el sillón que había junto a la cama y escondió la cara en las manos.
La mujer y el hombre en la cama sonrieron vagamente al tiempo que se llevaban la cuchara a la boca. El señor Longbottom ya había terminado su plato de sopa pero seguía levantando la cuchara a la boca una y otra vez. Harry sintió lágrimas inundándole los ojos y como hacía con frecuencia en situaciones difíciles, escapó. Silas pestañeó un par de veces y de inmediato cambió la postura enderezando los hombros. Caminó con decisión hasta Neville y le posó una mano sobre las espaldas.
—Neville, contales lo que acabás de hacer, se van a sentir muy orgullosos.
Neville se destapó el rostro y lo miró con ojos llorosos.
—Yo estoy muy orgulloso. Si no hubiese sido por vos a Harry le habría resultado muy difícil ver al sorete ese como lo que realmente es. Te estoy muy agradecido.
Neville dejó oír una risita. ¿Cómo hacía Silas para sonar tan serio cuando intercalaba términos como "el sorete ese"? Se secó las lágrimas y miró a sus padres. Hablando con lentitud les contó lo que había hecho. Silas lo interrumpía de vez en cuando para mechar insultos contra Lockhart. El señor Longbottom había dejado la cuchara en el plato y se había vuelto a mirarlo, pero sus ojos carecían de toda expresión. La señora Longbottom había terminado su plato también, ella siguió con la mirada gacha y una tenue sonrisa dibujada en los labios.
—¿Querés hablar de esto? —preguntó Silas con prudencia cuando Neville concluyó el relato.
Neville agachó la cabeza. Silas pensó que quizá era conveniente cambiar de tópico, pero antes de que pudiera decir nada Neville comenzó a hablar otra vez. Le dijo que Bellatrix Lestrange y otros mortífagos habían ido a sacarles información a sus padres después de la desaparición del Señor Oscuro. Ella sabía que eran muy amigos de los Potter y sospechaba que podían saber algo. Aunque no era así. Los habían torturado con el Cruciatus de manera prolongada hasta destruirles la mente.
—¿Está encerrada en Azkaban? —preguntó Silas con tono neutro al tiempo que miraba al señor Longbottom, un hilo de baba había escapado de una comisura y le bajaba por la barbilla.
—Sí. —susurró Neville al tiempo que se incorporaba. Tomó una servilleta y le limpió la saliva a su padre.
—Qué lástima.
Neville se volvió a mirarlo. Notó un brillo helado y mortalmente amenazante en los ojos de Silas, sintió un escalofrío. Silas se encaminó hasta una ventana cercana y se quedó de pie dándole la espalda observando a través de los cristales. Neville siguió hablándoles a sus padres, contándoles otras cosas de la escuela.
Un cuarto de hora más tarde vino Snape, Neville se despidió de sus padres dándoles un beso y un abrazo.
Snape reconoció a Silas de inmediato. —¿Por qué está Ud. afuera? —le preguntó con mala cara. Silas no consideró necesario contestarle. Snape suspiró con cierto disgusto pero no insistió. Se volvió hacia Neville. —Podríamos ir a almorzar a Londres. —propuso.
—Me parece una buena idea. —respondió Neville sonriendo.
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Harry regresó cuando ya estaban sentados en un bar. Snape había elegido una silla ubicada convenientemente para permitirle vigilar la ventana y la puerta. Neville estaba ubicado enfrente del profesor y Harry entre ambos de espaldas a la ventana. Harry estudió el menú que tenía en las manos, ofrecía una docena de distintos tipos de sándwiches entre los cuales elegir.
Miró a su amigo. Neville se veía pálido y sus rasgos denotaban cansancio pero la tensión de los hombros había desaparecido. Bueno, al menos eso era un buen signo. Harry se removió incómodo en su asiento. Él no había resultado de mucha utilidad, había tenido tres lagunas y apenas si había hablado con Lockhart.
—Estuviste muy bien. Muy valiente. —dijo con admirado respeto— Con las cosas que le dijiste…
—Vos también Harry.
—Estoy de acuerdo. —intervino Snape— Le dejaste bien en claro que no es más que un gusano despreciable.
Neville soltó una corta risa. —Silas se refirió a él como "el sorete ese".
—Bien hallado el epíteto. —dijo Snape muy serio.
Los dos chicos intercambiaron una mirada durante unos segundos y finalmente se echaron a reír. Mal que le pesara, Snape no pudo disimular su sonrisa.
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Hasta donde ellos sabían, Dumbledore nunca llegó a enterarse de la escapada a Londres. Las cosas retornaron a la rutina habitual. Todos estaban muy ocupados con las clases y los deberes. Ron dedicaba al menos una hora por día investigando sobre leyes que pudiera ser útiles para salvar a Buckbeak. Hermione estaba como siempre tapada de trabajo escolar, Neville había tomado la costumbre de ir a ayudarla cuando Harry tenía prácticas de quidditch.
Harry y Neville continuaban con las sesiones de terapia dos veces por semana. Ocasionalmente tenían algún mal sueño pero nada que ver con las pesadillas de antes. Neville no había abandonado totalmente la costumbre de cortarse, pero recurría a eso con muchísima menos frecuencia y solía unírseles a Remus y Harry cuando almorzaban juntos. Snape seguía ridiculizándolos en Pociones, quizá un poco más morigerado, pero al parecer era necesaria la "actuación" durante las clases, Harry no trató de indagar la razón.
Silas y Gabriel casi no salían. Cuando Harry les preguntó al respecto, contestaron vagamente que tenían sueño atrasado. A Harry lo sorprendió que necesitaran dormir pero no insistió con las preguntas. Rose sí salía de manera más o menos habitual y en ocasiones en momentos muy inoportunos.
Una vez había sido en clase de Defensa y otra vez en el dormitorio cuando se estaban por acostar. Neville había actuado rápidamente en las dos oportunidades, la había llevado aparte y la había convencido de que volviera a entrar. Rose salía durante las clases de Herbología y a veces en los almuerzos con Remus.
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El 14 de abril se jugó la final de quidditch entre Slytherin y Gryffindor. Fue uno de los partidos más violentos de los que se haya tenido memoria en Hogwarts. Madame Hooch se quedó sin aliento por la cantidad de veces que tuvo que soplar el silbato, los fouls se cometían uno detrás del otro y de los dos lados.
Una gritería dantesca sacudió las tribunas cuando Harry capturó la snitch. ¡Gryffindor había ganado la Copa por primera vez desde hacía ocho años! La alegría entre los Gryffindor se prolongó durante semanas. Harry no fue la excepción, realmente estaba muy feliz, como hacía mucho tiempo no se sentía.
Para cuando quiso acordar ya estaban en mayo y con los exámenes encima.
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Los exámenes empezaban a la semana siguiente. Todos estaban frenéticos tratando de ponerse al día con tanto estudio atrasado.
Neville dejó oír un suspiro. Era tarde, pasadas las diez y media, y esa noche tenían sesión de terapia. Ya tenía el Manto y el Mapa guardados en su mochila, pero Harry se había quedado dormido en el sillón junto a la chimenea. No era de extrañar que estuviera exhausto, los últimos cuatro meses habían sido muy duros para él, primero la cuestión del enfrentamiento con Lockhart, luego las frecuentes y agotadoras prácticas de quidditch, las sesiones de terapia y por supuesto las clases, los deberes y el estudio, que esa última semana había sido prácticamente constante. No era de extrañar que estuviera reventado de cansancio.
Neville no quería despertarlo. Consideró la posibilidad de ir él solo y pasar antes a avisarle a Snape que Harry no iba a asistir esa noche.
—¿Neville…?
La voz de Hermione le provocó un ligero sobresalto. Así y todo pudo articular un saludo en respuesta.
—Me pregunto si Harry está bien… —empezó a decir ella con tono de preocupación— Reconozco que yo estuve siempre muy ocupada y que poca es la atención que les he prestado… a Ron y a él… igual me puedo dar cuenta de que no se comporta como siempre y no es sólo de ahora, viene pasando desde que empezó el año. A Ron se lo comenté varias veces, pero ya sabés como es… nunca se da cuenta de nada. Ustedes han estado pasando mucho tiempo juntos los últimos meses… me preguntaba si Harry te había dicho algo…
Neville se puso a la defensiva. —Sí, es cierto que nos hemos hecho más amigos… pero hablamos más que nada de cosas de la escuela y otros temas triviales… no se me ocurre nada inusual o particularmente importante que me haya contado… —se estaba poniendo muy nervioso, Hermione era muy sagaz… ¿y si llegaba a deducir todo?
—Puede haberse tratado de algo casual… —insistió ella— …algo que en su momento podría habérsete pasado inadvertido…
—No se me hubiera pasado inadvertido si de algo importante se hubiese tratado. Somos amigos, Hermione. — dijo Neville con mucha más acritud de la que hubiese querido usar. Pero se iba alterando cada vez más por miedo a que ella descubriera algo.
—Ya lo sé… —empezó a decir ella con tono conciliador pero fue interrumpida.
—¿'evil?
Harry se había despertado, se había levantado del sillón y se les estaba acercando. Había todavía algo de sueño en los ojos verdes pero también evidente preocupación. Neville sintió como si la sangre se le helara en las venas. Era Rose. ¡Oh, no!, pensó en pánico. ¿Y ahora qué iba a hacer?
Neville fue al encuentro de Rose de inmediato, dándole la espalda a Hermione e interponiéndose para bloquearle en parte la visión. Se llevó dos dedos a la boca y Rose fijó la mirada en él. Con los labios pero sin emitir sonido alguno le recomendó que no dijera nada más y que lo siguiera. Rose le sonrió, asintió y le tomó una mano.
—¿Pasa algo Harry? — les llegó la voz de Hermione desde atrás.
—No, no pasa nada… —se apresuró a asegurarle Neville dándose vuelta— Eh… tenemos hambre… vamos a ir a la cocina a buscar algo… eh… ¿querés que te traigamos algo cuando volvamos?
—¿A la cocina? —repitió ella con desconcierto y suspicacia.
Por suerte en ese momento entró Crookshanks corriendo y maullando sonoramente. Hermione se distrajo durante unos segundos y cuando volvió a darse vuelta Harry y Neville ya se habían ido.
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—¿Qué es lo que pasa, Rose? —preguntó Neville mirándola mientras avanzaban por el corredor hacia el aula de Pociones.
Rose le apretó la mano y lo hizo detener. Con gestos se las ingenió para explicarle que se había dado cuenta de que Neville se había trastornado mucho poco antes en la sala común. Rose había salido para confortarlo.
Neville sonrió y retomó la marcha pero sin dejar de mirarla. — Estoy bien… Hermione estaba haciendo muchas preguntas y me asusté un poco porque tenía miedo de que descubriera algo… —le estaba explicando Neville y de repente volvió a detenerse, una especie de revelación sorpresiva se había hecho clara en su mente en ese segundo. Rose había salido de manera espontánea… por él.
—Vos… ¿me amás? —preguntó.
El rostro de Rose se iluminó con una gran sonrisa y empezó a aplaudir contenta. —e'ma'o 'yoo —articuló con dificultad.
—¿Hermano mayor? —repitió Neville.
Ella asintió dichosa y lo envolvió en un apretado abrazo.
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El primer examen fue el Transfiguración. A Neville no le había ido bien y salió del aula muy trastornado. Su tortuga había quedado con una cola con forma de pico de tetera y parte del caparazón había permanecido de porcelana. Otra prueba de su fracaso como mago, Harry sabía que probablemente recurriría a cortarse para calmarse y quiso ir tras él cuando Neville se alejó con la cabeza gacha por el pasillo pero Ron lo retuvo. —Dejalo solo mejor… ya se le va a pasar.
Harry dudó un instante, pero decidió que era lo mejor; si lo seguía, Ron iba a ir con él y a Neville no le iba a gustar tener audiencia.
Por la tarde tuvieron el examen de Encantamientos. Neville estaba un poco mejor que a la mañana pero seguía nervioso. Harry trató de tranquilizarlo asegurándole que les iba a ir muy bien.
De hecho no les fue tan mal. La prueba incluía entre otras cosas un encantamiento para dar ánimos. El de Hermione fue perfecto. El de Ron y el de Neville fueron un poco débiles, sólo lograron inducir algunas sonrisas en su compañero. El de Harry, en cambio, fue excesivo. Ron tuvo un ataque de risas jubilosas durante quince minutos.
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Al día siguiente se pusieron en marcha hacia la cabaña de Hagrid para el examen de Criaturas. Resultó facilísimo. Hagrid estaba muy apesadumbrado por Buckbeak. Apenas si les prestó atención, pero les puso Sobresaliente a todos.
Después del almuerzo les tocó Pociones. No se puede decir que les haya ido bien, pero les podría haber ido peor. El caldero de Neville al menos no había explotado como había ocurrido en los exámenes de los dos años anteriores. Igual su poción terminó de un color equivocado, la de Harry era del color correspondiente pero menos espesa de lo requerido. Sorprendentemente la de Ron resultó bien y la de Hermione perfecta como era de esperar.
Todos se fueron a dormir temprano esa noche, a las dos de la mañana tenían el examen de Astronomía. Les fue bastante bien.
A la mañana siguiente tuvieron el de Historia, fue arduo pero todos salieron conformes con su desempeño. A la tarde les tocaba el de Herbología. A Rose, Neville y Hermione les fue excelente, a Ron le alcanzó para aprobar.
Esa noche se fueron a acostar exhaustos.
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El examen de Defensa los sorprendió por su originalidad. Consistió en un circuito de obstáculos que había sido montado en el exterior. Primero tenían que vadear un estanque con el agua hasta la cintura y sortear al "grindylow" que lo habitaba. Luego debían marchar por un sendero con muchos pozos y muchos "gorras rojas". Seguidamente les tocaba atravesar un sector pantanoso tratando de no confundirse con las indicaciones deliberadamente erróneas que les daba un "hinkypunk". Finalmente, tenían que entrar en un gran armario para enfrentar a un boggart.
Ron lo completó rápido, sólo perdió unos puntos por una equivocación en la parte del hinkypunk. A Neville le tomó bastante más tiempo, pero no cometió ningún error. Harry no le preguntó qué forma había adoptado el boggart, pero seguramente no había sido el profesor Snape. Curiosamente fue Hermione la que tuvo más problemas con el boggart, salió del armario espantada gritando que había reprobado todos los exámenes. Harry completó el circuito rápido y a la perfección.
Regresaron al castillo contentos, excepto Hermione que se lamentaba de haber metido la pata justo al final. Los cuatro se sorprendieron cuando llegaron a la puerta. En el escalón más alto estaba de pie el ministro Fudge, secándose con un pañuelo el sudor de la frente.
—Ah, hola Harry… —saludó acercándosele sonriente y tendiéndole una mano— Vienen de un examen, presumo… deben de faltarles pocos.
Harry le estrechó la mano brevemente. El ministro también se las estrechó a los otros.
—Un hermoso día. —dijo Fudge y luego soltó un exagerado suspiro— Lástima que sea una misión penosa la que me ha traído aquí. El Comité para el Control de la Criaturas Peligrosas necesitaba a un testigo oficial que presenciara la ejecución de un hipogrifo enajenado y como yo tenía que venir a Hogwarts para efectuar un control por la cuestión de Black se me solicitó que me ocupara también de este menester.
—¿La audiencia de apelación ya se completó? —inquirió Ron
—Eh… no todavía… —reconoció el ministro— Están reunidos en este momento… pero es casi seguro que no se hará a lugar al recurso… me lo comunicarán de un momento al otro.
—¡Entonces todavía existe la posibilidad de que Buckbeak se salve! —declaró Ron con vehemencia.
Dos hombres salieron del castillo en ese instante. Uno de ellos era muy viejo. El otro portaba una gran hacha. Harry no pudo evitar un estremecimiento.
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Ron, Harry y Neville estaban esperando sentados en el escalón superior de la escalera de la torre, a pocos pasos de la puerta del aula de Adivinación. Trelawney los iba haciendo entrar de a uno para el examen.
Neville fue al primero de los tres que llamó. Cuando salió un cuarto de hora después, Ron quiso saber cómo le había ido y qué le había preguntado.
—Me advirtió que había visto en la bola de cristal que si les contaba algo iba a sufrir un accidente espantoso. —respondió Neville nervioso— Que tengan suerte. —agregó cuando ya iba bajando.
—Gracias por nada… —masculló Ron desdeñoso. A él le tocó entrar a continuación.
Quince minutos después salió. —Una cagada. —le informó a Harry— No pude ver nada obviamente pero me inventé algunas cosas… aunque no creo que quedara muy contenta con lo que le dije.
—Nos vemos dentro de un rato en la sala común. —dijo Harry cuando Trelawney lo llamó.
El aula estaba mucho más caldeada que otras veces y el aire muy cargado de incienso y otros perfumes exóticos. Harry se sintió algo mareado, con pasos vacilantes se acercó a la mesa, la profesora estaba sentada frente a la gran bola de cristal y con un gesto le indicó la silla vacía del otro lado.
—Buenas tardes, mi querido… —lo saludó una vez que Harry hubo tomado asiento. —No es preciso que se precipite, tómese su tiempo, observe con atención… y cuando se sienta preparado dígame qué es lo que ve…
Como en todas las oportunidades anteriores, Harry no veía nada. La atmósfera era asfixiaste y había empezado a dolerle la cabeza. Quería irse lo antes posible de allí. Decidió inventar algo, pero como no quería reprobar el examen trató de buscar algo que pudiera conformar a la profesora. Pensó en el futuro y Buckbeak le vino a la mente.
—Un hipogrifo… —dijo procurando darle a su voz un tono distante, sobrenatural.
—¡Oh, mi muchacho…! Es muy posible que esté contemplando el futuro ciertamente aciago de la malhadada criatura del pobre Hagrid. Fíjese mejor… ¿todavía tiene la cabeza?
—¡Sí! —contestó Harry sin vacilar. Ni siquiera de mentira podía imaginar a Buckbeak muerto.
La profesora bufó decepcionada. —Oh, bueno… al menos se nota que ha hecho Ud. un esfuerzo… no es lo ideal pero seguramente ya mejorará… creo que por ahora bastará…
Harry suspiró aliviado, se puso de pie y giró hacia la puerta para marcharse. Pero se detuvo de golpe cuando la voz de la profesora le llegó desde atrás. Sonaba distinta que unos segundos antes, mucho más grave y ronca y pronunciaba las sílabas con una cadencia muy extraña.
Harry se volvió a mirarla, se había puesto rígida y tenía los ojos en blanco.
El Señor Oscuro yace solo y sin amigos, abandonado de todos sus seguidores. Su sirviente ha permanecido encadenado durante doce años. Esta noche, antes de medianoche, el sirviente se liberará y partirá a reunirse con su amo. Con la ayuda de su sirviente el Señor Oscuro se alzará una vez más… más poderoso y terrible que nunca antes. Esta noche… antes de medianoche… el sirviente se liberará… y partirá a reunirse con su amo.
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Sus tres amigos lo estaban esperando cuando entró corriendo a la sala común. Quería contarles los que la profesora había dicho. Pero Ron se le adelantó.
—Buckbeak no tiene salvación. —dijo con tono sombrío, Hermione se echó a llorar— Hagrid nos mandó una nota diciéndonos que lo ejecutarán a la caída del sol y que no vayamos.
—Pero tenemos que ir. —sollozó Hermione— No podemos dejarlo solo en un momento así.
—No nos van a dejar salir a esa hora. —dijo Ron mirando hacia la ventana— Y a Harry menos que menos.
Hermione iba a protestar, pero Harry habló primero: —No, Hermione. Ron tiene razón, a mí no me van a dejar salir, pero seguro que ustedes se pueden escabullir. Y Hagrid necesita tener a alguien a su lado.
—¿Estás seguro? —preguntó ella secándose las lágrimas.
—Si. —respondió él con una sonrisa para levantarle el ánimo.
—Iremos después de la cena. —dijo Ron tomándola de la mano— Bajemos ahora al Gran Salón.
Neville retuvo por un momento a Harry del brazo. —¿Qué estás tramando, Gabriel? —le susurró.
—Ya vas a ver. —le contestó Gabriel sonriendo.
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—¡No puedo creer que estemos haciendo esto! —susurró Neville cuando hubieron salido del castillo escondidos bajo el Manto. Ron y Hermione habían partido hacia la cabaña de Hagrid unos minutos antes.
—Es por una buena causa. —se justificó Gabriel al tiempo que le sacudía un hombro para levantarle la moral— Y va a ser muy divertido además.
Neville tenía serias dudas al respecto pero no presentó más objeciones y siguió a su amigo hasta el borde del bosque en la parte ubicada detrás de la cabaña de Hagrid. Buckbeak estaba atado a un palo en el sembradío de inmensas calabazas que estaba a un lado de la cabaña.
—¿Y ahora qué? —preguntó Neville.
—Ahora nos quedamos un rato esperando. —contestó Gabriel poniéndose en cuclillas— No podemos llevarnos a Buckbeak hasta que esos buitres del Ministerio lo hayan visto, de lo contrario acusarían a Hagrid de haberlo hecho escapar.
—¿Y cómo vamos a hacer para que Buckbeak venga con nosotros? —preguntó Neville con inquietud.
—No te pongas nervioso. —lo tranquilizó Harry dándole ánimos con una sonrisa— A mí me dejó montarlo, no creo que se niegue a seguirnos al bosque.
—¿Y pensás internarte mucho en el bosque? —preguntó Neville con aprensión.
—Shhh… ahí vienen…
Ron y Hermione salieron por la puerta trasera, alcanzaron a oír la voz de Hagrid ordenándoles que volvieran directamente al castillo. Ella y él esperaron unos minutos hasta que Dumbledore y los funcionarios ministeriales entraron en la cabaña por el frente y recién entonces emprendieron el regreso. Cuando se hubieron alejado lo suficiente, Gabriel salió de su escondite y se acercó al hipogrifo. Lo saludó con una reverencia y Buckbeak respondió de igual modo. Gabriel lo desató y empezó a tironear de la soga para llevarlo al bosque. Pero el hipogrifo no parecía decidido a seguirlo, volvía la cabeza hacia la cabaña y se resistía, quería quedarse con Hagrid.
En cualquier instante podían descubrirlos, Gabriel empezó a mascullar maldiciones por lo bajo, si bien muy susurradas no fuera que la criatura se enojara. Por suerte intervino Neville, había sacado de una reja cercana un hurón muerto —era la comida habitual del hipogrifo— y se lo ofreció tentándolo aunque lo sostenía con mano temblorosa. Buckbeak dudó unos momentos más pero finalmente los siguió. Justo a tiempo.
Gabriel iba riendo mientras regresaba por el bosque al castillo acompañado por el hipogrifo y un Neville anonadado que todavía no podía creer lo que acababan de hacer. De repente Gabriel se detuvo de golpe y Neville hizo otro tanto. Pudieron ver a Ron corriendo en dirección al Sauce Golpeador, al parecer iba persiguiendo a Crookshanks. Hermione también corría pero un poco más atrás.
—¡No te le acerques!... ¡Scabbers, volvé! —aullaba Ron y ese momento hizo una volada arrojándose hacia delante y cayendo al suelo, había estado a punto de agarrar al gato pero Crookshanks había logrado escapar por muy poco. Sin embargo Ron había por lo menos conseguido agarrar a Scabbers. Fue entonces que un inmenso perro negro pareció brotar del tronco del árbol y agarró a Ron del brazo con la boca. Ron chilló de dolor y de miedo.
—¡Atá a Buckbeak a un árbol y corré al castillo a pedir ayuda! —le ordenó Gabriel a Neville. Eran las instrucciones que Silas le había susurrado desde adentro. Silas sabía que Gabriel iba a ponerse en acción y que los pondría en peligro, lamentablemente no podía desplazarlo en una situación así, pero al menos hizo lo que pudo para disminuir un poco el riesgo.
Neville había abierto la boca para protestar, pero Gabriel ya había partido corriendo en dirección al sauce. Cuando Gabriel llegó el perro acababa de desaparecer por el agujero del tronco llevándose a Ron. Hermione había intentado retenerlo pero una de las ramas del sauce la había golpeado haciéndola volar dos metros. Gabriel pegó un grito y puso en juego toda su agilidad y destreza para poder llegar hasta la abertura en el tronco pero el sauce estaba empecinado en impedirle que se acercara.
Crookshanks, no obstante, aprovechó la ventaja que le otorgaba su menor tamaño y logró colarse entre las ramas que se sacudían irascibles, finalmente se paró sobre una raíz y como por arte de encanto todos los movimientos del árbol se detuvieron instantáneamente.
—Fanfarrón. —masculló Gabriel y sin perder un segundo desapareció por el agujero del tronco. Hermione lo siguió.
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Llegaron a El Antro de los Alaridos minutos más tarde. Hermione se le había prendido del brazo y apretaba con tanta fuerza que Gabriel empezó a sentir que la mano se le dormía. Con suavidad hizo que lo soltara y con un gesto le indicó la escalera. Ella asintió levemente, aunque el miedo que sentía se le dibujaba evidente en los rasgos.
Sólo una de las puertas del piso superior estaba parcialmente abierta. Gabriel se adelantó con la varita preparada y la abrió más con una patada. Una gran cama de cuatro postes con cortinados polvorientos entró en su campo visual. Crookshanks se había instalado en el centro y ronroneaba sonoramente con aire muy satisfecho. Ron estaba en el suelo, agarrándose una pierna, el ángulo de la extremidad era muy extraño, seguramente se había quebrado un hueso. Hermione entró corriendo a auxiliarlo.
—Es una trampa. —gimió Ron dolorido.
—¿Cómo? —preguntó ella con desconcierto al tiempo que giraba la cabeza alrededor.
Pero Gabriel ya se lo había esperado. —¡Reducto! —gritó.
La puerta se desprendió de sus goznes y se aplastó con violencia contra la pared… O mejor dicho, se habría aplastado contra la pared si no hubiera habido nadie escondido detrás de ella. Pero sí había alguien y el infortunado chilló de dolor, el porrazo había sido tremendo. Gabriel se arrojó al suelo y rodó ingresando en la habitación, sin demorar un segundo se incorporó y quedó de pie apuntando hacia la puerta. Que se desplomó al suelo con un ensordecedor estruendo al instante siguiente.
Gabriel vaciló un momento al observar a su enemigo. Mechones de pelos mugrientos y apelmazados le colgaban de los brazos. Si los ojos no hubiesen estado brillándole en las hondas y oscuras cuencas podría haberse pensado que se trataba de un cadáver. La piel cerosa y muy tirante del rostro le confería a la cabeza el aspecto de una calavera. La boca abierta en una mueca de dolor dejaba ver los dientes amarillos y muy irregulares. Se mecía apenas hacia delante y hacia atrás, agarrándose un hombro con una mano y gimoteando sufriente.
—¿Quién es Ud.? —demandó Gabriel amenazador.
—¡Es Sirius Black! —exclamó Hermione aferrándose al brazo de Ron.
—¡Expelliarmus! —formuló Black usando la varita de Ron.
—¡Tectussitum! —interpuso Gabriel simultáneamente.
Hermione había perdido su varita pero Gabriel no. El hechizo había rebotado en el escudo deshaciéndose en un brillante resplandor. —¡Expelliarmus! —lanzó Gabriel de inmediato.
Black fue azotado contra la pared y perdió las dos varitas. Se oyó un crack y el hombre gritó de dolor y enseguida suspiró aliviado. Aparentemente la puerta le había dislocado el hombro pero el segundo impacto había vuelto a acomodárselo. Gabriel sosteniendo las varitas de sus amigos recuperadas le ordenó que se pusiera de rodillas. Black se echó a reír, se abrazó el torso y empezó a mecerse. Gabriel frunció el ceño, la imagen le recordaba a Boy.
—Me imaginé que ibas a venir a salvar a tu amigo. —dijo Black con una voz muy ronca. No sonaba muy preocupado a pesar de estar desarmado y desamparado a merced de su oponente. —Tu padre habría hecho lo mismo por mí. Muy valiente de tu parte, otro habría ido corriendo a avisarle a un profesor… te lo agradezco… las cosas van a resultar mucho más fáciles.
—¡De rodillas! —repitió Gabriel con vehemencia.
—¡No! —siseó Black, giró la cabeza hacia Ron y sus ojos se clavaron en él relumbrando dementes— He estado esperando tanto tiempo… para matar al traidor… para matar al responsable de que me encerraran en Azkaban…
Black volvió a mirar a Gabriel y le preguntó con un tono de voz casi pueril: —¿Vas a matarme?
Gabriel no entendía bien qué estaba pasando, pero Black era una amenaza… y Ron necesitaba atención médica… abrió la boca para decir algo pero no llegó a pronunciar palabra alguna. Lupin se precipitó en ese instante dentro del cuarto y le acertó con un Expelliarmus. Gabriel perdió las tres varitas y el impacto del hechizo lo empujó hacia atrás, tambaleante chocó contra la pared. Silas aprovechó la confusión y desplazó a Gabriel. Sus ojos se entrecerraron glaciares de furia.
—Lobo… —lo increpó con voz helada y peligrosa— ¿qué carajo estás haciendo?
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