Mente rota, alma quebrada
Tormenta de furia
Lupin hizo una mueca al oír el tono y las palabras de Silas, pero toda su atención se concentró en el hombre maltrecho que estaba contra la pared. Levantó un poco el puño en el que apretaba un trozo de pergamino.
—¿Qué es esto? ¿Qué quisiste decir con eso de que lo vas a matar?
Black no emitió sonido, sólo lo miró fijamente.
—A menos que… a menos que haya sido él… ¿vos cambiaste con él…? ¿Sin decirme nada?
El horror había inundando repentinamente los rasgos de Lupin. Black asintió levemente sin dejar de mirarlo. Lupin ahogó un grito, se abalanzó sobre él y lo envolvió en un apretado abrazo. Black también lo abrazó y pareció encogerse en los brazos de Lupin, parecía más un chico que un prófugo demente. Silas hizo una mueca desdeñosa y se puso en acción de inmediato. Levantó una mano y empezó a concentrarse. Hermione comenzó a gritar histérica advirtiéndole sobre la peligrosidad del licántropo. Silas la desintonizó sin prestarle ninguna atención.
Cuando logró reunir una cantidad suficiente de magia en su palma gritó: —¡Accio varitas!
Se oyó un sonido de género rasgándose y Lupin perdió todas las varitas, las que tenía en el bolsillo y la que sostenía en la mano. El impacto del hechizo también lo hizo tambalear. Silas separó de inmediato la varita de Harry de las otras y con ésa apuntó a los dos hombres. Hermione había interrumpido de repente los chillidos, sus ojos se habían vuelto hacia Silas, lo miraba fijo y con asombrada reverencia. Ron estaba muy pálido, su mirada celeste llena de miedo seguía clavada en el que hasta poco antes había sido su profesor preferido.
—¡Esperá, Sil… Harry! —exclamó Lupin y se desplazó un poco para proteger a Black con su cuerpo. —Puedo explicar todo. ¿No querés conocer la verdad? En este momento estás en posición de ventaja. No corrés peligro. Escuchame, por favor.
—Que sea rápido. —siseó Silas— Tenés diez segundos.
—Encontré esta nota en mi escritorio. Reconocí la letra de Sirius. Dice: "Voy a matar al traidor esta noche en el Antro". Vine corriendo lo más rápido posible para capturarlo. Pero durante el trayecto tuve tiempo para pensar sobre el significado del mensaje. Y el significado es que él no fue el que nos traicionó.
—¿Y a mí todo eso qué puede importarme? —le espetó Silas con impaciencia.
—Debería importarte porque él no fue el causante de la muerte de tus padres.
—¿Cómo pudo escaparse de Azkaban si no fue apelando a recursos oscuros? —demandó Hermione.
—Como has podido comprobarlo esta noche, es un animagus. Sirius, James y Peter se volvieron animagi para poder estar conmigo durante las transformaciones en luna llena. Todo ilegal, por supuesto. James se transformaba en ciervo, Peter en rata y Sirius en un gran perro negro parecido al Grim. Habría querido decírtelo antes, Harry, pero estoy sometido a un encantamiento que me impide hablar de eso con cualquiera que no esté al tanto del secreto. Por eso me asombré, pero no pude decirte nada cuando vi tu Patronus por primera vez. Tampoco pude decirle nada a Dumbledore, a pesar de que sospechaba que Sirius había podido ingresar al castillo en su forma animagus. Y probablemente eso le sirvió también para poder escapar de Azkaban. ¿Estoy en lo cierto? —preguntó volviéndose hacia Sirius.
—No sé cómo lo logré. —graznó Sirius— Creo que la razón de que no me haya vuelto completamente loco es que sabía que era inocente. No se trataba de un pensamiento feliz, los dementors no pudieron absorberlo… pero me ayudó a mantenerme más o menos cuerdo… me ayudó a mantener mis poderes… y llegó un momento en que todo se volvió demasiado… y logré transformarme en mi celda… los dementors son ciegos, no pudieron verme como perro… lo que los atrae hacia las personas son las emociones, es lo que los guía… probablemente notaron que mis pensamientos eran mucho más débiles… pero eso es muy común en Azkaban a medida que los prisioneros van perdiendo la razón… lamentablemente yo estaba muy débil, muy débil…
—Shhh… —dijo Remus y lo rodeó con un brazo apretándolo contra sí. Sirius metió una mano en uno de los andrajosos bolsillos y sacó un trozo de papel. Pareció ganar algo de estabilidad y de seguridad. Era un recorte de "El Profeta", con la foto de Ron y su familia en Egipto.
—Esto me lo dio Fudge, durante una de sus visitas de inspección. Y allí en la foto estaba Peter, lo reconocí de inmediato sobre el hombro del chico. Y en el artículo decía que el chico iba a volver a Hogwarts… donde estaba Harry…
—¡Merlín! —exclamó Lupin volviéndose hacia Ron— ¡La pata delantera…! ¡Sólo encontraron un dedo!
Sirius prosiguió como si no lo hubiese escuchado. —Iba a estar en el lugar perfecto para actuar… apenas le llegara un rumor de que el Señor Oscuro estaba recuperando su poder… y llegado el momento se habría llevalo a Harry y se lo habría entregado… y habría sido recibido con todos los honores y nadie se habría atrevido a llamarlo traidor. Yo… tenía que hacer algo, yo era el único que sabía que Peter seguía vivo. Tenía que proteger a Harry… mi ahijado… ¡no podía permitir que también mataran a Harry!
Black quiso abalanzarse sobre Ron pero Lupin lo retuvo. Ron que no entendía nada de lo que estaba pasando empezó a gritar desaforado. Hermione también se había puesto a chillar argumentando que nada de eso podía ser cierto. Silas, por su parte, tuvo que reconocer para sus adentros que todo eso sí tenía que ver con él. Poco le importaba Black. Tampoco le importaba demasiado quién había sido el culpable de la muerte de sus padres. Sus padres estaban muertos. Y nada ni nadie se los iba a devolver.
Pero sí le importaba su seguridad y su supervivencia. El traidor era una amenaza real. Si Black estaba diciendo la verdad, el traidor era Peter y había que eliminar la amenaza. —Dame a Scabbers. —ordenó apuntando a Ron.
—¿¡CÓMO?! ¡NO! —aulló Ron.
—¡Ya mismo! —siseó Silas amenazador.
—¡No! —volvió a negarse Ron.
—No seas ridículo, Harry… Scabbers no puede ser… —intervino Hermione.
Silas no le prestó atención. —¡Accio rata!
Ron pegó un grito cuando la rata que estaba chillando le fue arrancada de las manos. Silas la abarajó en el aire y la apretó con fuerza, los chillidos cesaron. Alzó una comisura y la arrojó en dirección a Lupin y Black al tiempo que formulaba: —Aperio corpus natura.
El encantamiento impactó a la rata a mitad del trayecto aéreo. Scabbers quedó detenido en el aire. Hermione y Ron gritaban, Lupin y Black observaba en silencio con ojos muy atentos. La rata empezó a crecer hasta adoptar la forma de un hombre, una vez completada la transformación, el cuerpo del hombre cayó pesadamente al suelo.
Peter era de baja estatura, apenas un poco más alto que Hermione y Harry. Sus cabellos eran muy finos y tenía una calva en la coronilla. Presentaba el aspecto encogido y arrugado, como el de un hombre regordete que hubiese perdido mucho peso en poco tiempo. Algo del aspecto de la rata persistía en la forma de la nariz y en los ojos acuosos. Giró la cabeza alrededor, estudiando el ambiente y sus ojos brillaron ansiosos cuando vio el hueco de la puerta.
—¿Qué tal, Peter? —saludó Lupin con tono exageradamente jovial— ¡Tanto tiempo sin verte!
—¡Scabbers! —gritó Ron que seguía sin creerlo. Hermione se había quedado muda.
Black quiso echársele encima pero Lupin lo retuvo una vez más. —No todavía. —dijo y avanzó un paso acercándosele con actitud predadora, sonrió con malicia. —Estábamos manteniendo una pequeña charla, Peter… sobre lo que pasó la noche que James y Lily murieron. Es posible que no hayas podido entender todos los detalles.
Black fue el que habló a continuación. La cabeza del ex prisionero lucía incluso más parecida a una calavera que antes. —En Azkaban se oyen muchas cosas, Peter… ellos piensan que estás muerto… creo que hubieras tenido que explicar muchas cosas si no fuera así… fue por eso que te pasaste tantos años fingiendo ser una mascota, ¿no?... los prisioneros gritan muchas cosas cuando duermen. Podrían haber llegado a pensar que el espía los había traicionado… Voldemort fue a casa de los Potter gracias a la información que vos le habías dado… y Voldemort desapareció esa noche… y no todos los mortífagos de entonces terminaron en Azkaban. Si llegaran a enterarse de que seguís vivo…
—No sé… de qué estás hablando… —tartamudeó Peter temblando. Se limpió la cara con la manga y miró a Lupin. —Supongo que vos no creerás este… disparate, Remus.
—Lo que me resulta difícil de entender, Peter, es por qué alguien inocente decidiría pasarse más de diez años como una mascota. —replicó Remus mirándolo duramente.
—¿Cómo hizo para saber que yo encontraría a Scabbers y que correría hacia el sauce? —demandó Ron— ¿Y cómo hizo para hacerle llegar esa nota? ¡Yo creo que lo que Black dice es todo mentira!
—Hagrid capturó a nuestro pequeño Peter ayer. Yo iba a ir a la cabaña para agarrarlo y lo iba a traer acá para matarlo. —dijo Sirius con saña en la voz— Pero justo vos fuiste a la cabaña… Crookshanks me ayudó… me ha estado ayudando todo el tiempo, él fue el que me trajo las contraseñas y estuvo vigilando constantemente al traidor. Asustó a Peter para que te mordiera y escapara… yo sabía que iba a correr hacia el sauce, sólo tenía que esperar y podría concretar mi plan… iba a poder matarlo, hoy 6 de junio… una fecha muy especial para nosotros, un 6 de junio fue nuestro último día en Hogwarts en primer año, ese día nos hicimos un juramento y los cuatro nos autodenominamos los Merodeadores…
—Esto está muy entretenido. —dijo Silas sarcástico— Pero es tarde. Si no lo matás vos, lo mato yo… ya me quiero ir.
—Dame una varita. —pidió Sirius ansioso.
—Y devolveme la mía. —pidió Remus, los ojos le llameaban dorados.
—Nunca me voy a perdonar por haber convencido a James para que te hiciera a vos Guardián Secreto en lugar de a mí. Pero al menos esto va a ser una compensación. —dijo Sirius riendo al tiempo que abarajaba la varita que le había arrojado Silas. Remus también recuperó la suya y los dos apuntaron a Peter que temblaba como una hoja.
—¡Stupefy!
Sirius y Peter, los dos se desplomaron al suelo. Silas y Remus apuntaron hacia la puerta, Snape se quitó el Manto. Tenía los ojos llenos de furia.
—¡Severus! —exclamó Remus— ¡Esperá! ¡No entendés!
—¡Callate, lobo! —siseó Snape— ¡Oí todo!
—¿Y entonces…?
—Bueno… para empezar no maté al perro pulguiento. Y Pettigrew no debe morir por ahora, posee información que le va a resultar muy útil a Dumbledore.
Remus asintió entendiendo. —Y el testimonio de Peter va a ser imprescindible para exonerar a Sirius.
—Lo que le pase a Black no podría importarme menos. —bramó Snape. Usó un encantamiento para amarrar a Pettigrew y otro para levitarlo y llevárselo. Remus se acercó a Sirius para revivirlo.
Silas fue tras Snape, lo alcanzó poco después de que había entrado al túnel. Snape estaba muy convulsionado, algo de su magia provocaba petardeos débiles y erráticos a su alrededor, estaba furioso sin lugar a dudas.
Silas alzó una comisura. —¿Te estás volviendo blando, Severus? —lo provocó.
Severus giró instantáneamente y lo fusiló con la mirada. —¡NO HABLES DE LO QUE NO SABÉS! —bramó.
Silas no se amilanó en absoluto, se limitó a alzar una ceja como signo de curiosidad. Snape estaba a punto de agregar algo más pero vio entonces a los otros a la distancia, Remus al frente, Granger detrás de él y por último Black que portaba en brazos a Weasley. Giró sobre sus talones y retomó la marcha. Silas no dijo nada más para acicatearlo, no quería que se demoraran en el túnel, quería salir lo antes posible de allí.
oOo
—Señor, ¿qué está pasando? —preguntó Harry confundido. Estaban parados a unos metros del sauce.
Snape apretó los dientes. Silas lo había sacado de quicio, había estado a punto de atacarlo. Los otros estaban emergiendo por la abertura del tronco. Explicó rápidamente. —Descubrimos que Pettigrew fue el que traicionó a los Potter, fingió su propia muerte, inculpó al sarnoso de Black y todos estos últimos años ha estado viviendo en forma de rata y como mascota de Weasley.
—¿Harry? —llamó una voz áspera y ronca.
Harry se volvió y vio a un hombre que más parecía un espantapájaros que se le acercaba. Más atrás alcanzó a ver a Remus y a Hermione… y a Ron flotando en el aire a un lado a medio metro del suelo.
Snape se había puesto en marcha una vez más.
—Bueno… —dijo el convicto con tono nervioso— …Moony dice que ahora que capturaron a Peter, a mí me van a dejar libre… y yo soy tu padrino… lo entendería si quisieras volver con tus tíos… pero me gustaría que lo pensaras… una vez que me hayan exonerado… si quisieras un nuevo hogar…
Harry estaba atónito, no entendía qué era lo que estaba pasando. Ya estaba oscuro, Ron estaba herido y Hermione al borde de un ataque de histeria. Snape tenía como prisionero a un hombre que supuestamente había muerto doce años antes y ¡Sirius Black le estaba ofreciendo un hogar! Con Severus no había hablado todavía adónde iría a pasar el verano… ¡pero cualquier cosa era mejor que volver con los Dursley!
—Creo… que me gustaría… —dijo vacilante.
—¿Lo decís en serio? ¿Te gustaría? —preguntó Black sonriendo entusiasmado como un chico.
Una sonrisa así no podía ser fingida. Cualquier duda que Harry hubiera albergado se desvaneció por arte de encanto. —Sí. —respondió con seguridad.
Black se adelantó para abrazarlo, pero antes de que Harry pudiera decidir si se lo iba a permitir o no, se oyó un chillido. Snape que se había alejado, se dio vuelta y regresó corriendo. Hermione agarró a Ron y lo tironeó retrocediendo. Black le dio un empujón a Harry para alejarlo y comenzó a transformarse en perro.
Se oyó un aullido escalofriante. Las mandíbulas de Lupin comenzaron a estirarse hacia delante y los huesos largos de su anatomía a aumentar de longitud. Fueron brotándole pelos en la cara y en las manos, las que a su vez fueron curvándose, trocándose en garras de largas y afiladas uñas. Crookshanks se había erizado entero y también estaba reculando. Black, ya en su forma animal, saltó abalanzándose sobre el hombre lobo. La bestia aulló de dolor y con una violencia se sacó de encima a su atacante golpeándolo y haciéndolo volar, el perro terminó azotado contra un árbol.
—¡No debe de haber tomado la poción! —gritó Snape— ¡Corran! ¡Es muy peligroso!
—¡Ron no puede! —replicó Gabriel. Y se ubicó en instancia defensiva delante de Hermione y Ron protegiéndolos con su cuerpo.
Snape lanzó un juramento y apuntó al pelirrojo con la varita para levitarlo.
—¡Cuidado!
Snape no alcanzó a darse vuelta, una garra lo había impactado con fuerza sobrehumana en la cara y lo arrojó a varios metros de distancia. Se desplomó al suelo al parecer inconsciente. Gabriel alcanzó a verle el brillo de la sangre que le iba cubriendo el rostro. Pettigrew quedó libre porque el hechizo que lo amarraba perdió todo efecto. Inmediatamente se transformó en rata.
—¡Mierda! —bramó Gabriel, pero no podía abandonar su posición sin dejar desprotegidos a Ron y Hermione— ¡Black, la rata se escapa!
Para entonces el perro negro había podido reaccionar y salió corriendo tras Pettigrew. El hombre lobo volvió a aullar y cargó contra Gabriel y los otros. Hermione gritó espantada. Gabriel no se arredró, era consciente de que su atacante era Remus, no podía matarlo, pero tampoco dejarlo avanzar.
—¡Reducto!
El lobo aulló de dolor y fue empujado hacia atrás por la arrolladora potencia de la maldición. Dejando oír gemidos sufridos partió en dirección opuesta perdiéndose entre los arbustos. Gabriel sonrió triunfal y se volvió hacia Hermione y Ron. Ron se había desmayado, quizá por el dolor… quizá por el miedo. Gabriel se agachó junto a Hermione que tenía los ojos desorbitados de terror y estaba hiperventilando.
Gabriel le apartó una mecha de la frente. —Llevémoslo cuanto antes al castillo, es posible que….
Pero se interrumpió cuando empezaron a oírse gemidos aullados… el sonido era desgarrador… —¡Black! —exclamó Gabriel, no podía dejarlo librado a su suerte.
—¡Quedate con Ron! —le ordenó a Hermione— Y fijate cómo está Snape…
Gabriel partió corriendo hacia donde se oían los gemidos doloridos… la orilla del lago. Alcanzó a ver a Black desde cierta distancia, estaba en cuatro patas pero había recuperado su forma humana. ¡Y estaba rodeado por un remolino de dementors!
—¡Nooo… por favor! —se lamentaba Black con desamparo.
—¡Volvé a transformarte! —lo urgió Gabriel, acercándose a toda velocidad. Alzó la varita y lanzó: —¡Expecto Patronum!
El ciervo brotó y cargó contra un grupo de dementors. Espantó a una docena, pero seguían llegando más… muchos más… Gabriel empezó a sentir el frío calándole los huesos, los dientes le castañeteaban, Black rodó al suelo y quedó boca arriba… temblando… y pálido como la muerte misma.
—¡Expecto Patronum! —volvió a lanzar Gabriel y otro grupo de criaturas fue repelido… ¡pero eran tantos! ¡Y seguían acercándose más! —¡Mierda! ¡Tectum repercutio!
Adentro las cosas estaban también convulsionadas, Boy chillaba estridentemente y preparado para salir, Silas sabía que si salía Boy morirían irremediablemente, lo que iba a hacer lo estremecía de miedo pero era la única alternativa, abrió la pesada puerta de piedra gris y llamó: —¡Demon!
Demon desplazó a Gabriel un segundo después. Lanzó un grito de furia ensordecedora, alzó una mano y la sacudió en el aire liberando ondas de fuerza que repelieron a un grupo de dementors enviándolos al olvido. Pero otros muchos convergieron hacia él.
Los brazos de Demon se movían como aspas de molino rastrillando el aire. Más y más dementors iban siendo abatidos, las vestiduras desaparecían desgarradas y quedaba expuesto lo poco de carne que los cubría, escuálidos cuerpos de piel color de luna que se iba abriendo atacada por filosísimos escalpelos invisibles. Las cabezas, especie de calaveras elongadas, abrían las bocas tratando de absorber algo, pero nada que pudiera nutrirlos entraba en ellas. Un icor negro escapaba de las múltiples laceraciones que Demon les infligía sin piedad.
Pero para Demon no era suficiente. Él era Odio e Ira primigenios, viscerales. TODO tenía que sufrir. NADA debía quedar entero. TODO debía morir. Lanzó otro bramido, hincó una rodilla en tierra y azotó un puño contra el suelo. La tierra tembló, implosionó y se quebró en grietas con un ruido ensordecedor como el del trueno. Los dementors iban cayendo uno tras otro, chillando torturados, aplastados, descuartizados, astillados.
Y unos momentos después todo volvió a sumirse en silencio, todo el ruido se interrumpió tan abruptamente como había empezado. Pero no por mucho tiempo. Un sonido que empezó siendo sordo fue aumentando de intensidad en pocos segundos como el un tren titánico aproximándose a gran velocidad. Las aguas de la orilla retrocedieron y se alzaron hacia el centro en olas gigantescas como movilizadas por un tifón mortal. Una gran superficie del lecho del lago quedó expuesta.
Relámpagos rojos y morados se entrelazaron cubriendo la negrura seca del cielo. Luego los truenos estallaron rugientes haciendo temblar toda la tierra. Rayos fulminantes fueron cayendo en todas direcciones, carbonizando todo aquello que alcanzaban directamente, encendiendo hogueras en el bosque… toda una sinfonía infernal desatada.
Ahora de rodillas, con los puños apretados hasta sacarse sangre de las palmas con las uñas, Demon alzó ambos brazos y sumó otro aullido al fragor estruendoso de los elementos desatados. Magia oscura, caótica, ávida, brotó a raudales de él, cólera y furor en su estado más puro, incontrolables y con el sólo propósito de destruir TODO.
Y un segundo después Demon cayó al suelo… pequeño, frágil e inmóvil. Sorprendentemente, Sirius Black yacía a su lado a un metro, indemne. Los dos en una isla de poco más de tres metros de diámetro, alrededor de ellos todo estaba calcinado. El escudo había actuado como salvaguarda.
El bosque dejó de sacudirse pero los fuegos seguían encendidos, las aguas retornaron a sus límites más o menos normales pero con una temperatura treinta grados por encima de la habitual.
Severus llegó corriendo minutos después. Estaba pálido y muy sacudido, costras de sangre seca le cruzaban el rostro. La ira desatada de Demon había sido un espectáculo aterrador. Y a él eran muy pocas las cosas que lo aterraban.
Afortunadamente, Ron, Hermione y él habían estado fuera del radio de acción del vendaval mágico. Ciertamente había sido una gran suerte de lo contrario en ese momento habrían estado todos muertos. Ron había estado inconsciente todo el tiempo, Hermione no había parado de gritar histérica, hasta que hacia el final se había desmayado también. A Severus le había costado muchísimo mantenerse más o menos controlado con todo el Apocalipsis sacudiendo el entorno.
Levitó los cuerpos de Harry y Black y desanduvo el largo trecho hasta el lugar donde yacían inconscientes los dos otros chicos. A ellos también los levitó y con los cuatro cuerpos flotando y precediéndolo regresó en dirección al castillo.
oOo
Toda la escuela estaba en pánico. La tormenta se había hecho sentir allí también y con violencia. Los violentos temblores habían hecho caer muchos cuadros, muchos espejos se habían hecho añicos, las torres se habían sacudido peligrosamente. Había muchos heridos.
—¡Profesora! —le gritó Dean a McGonagall— ¡Algo muy malo le pasa a Neville!
—¡Tráigalo y lo mandaremos con los otros por la chimenea al ala hospitalaria! —ordenó ella al tiempo que ayudaba a una nena de primero que tenía un corte muy feo en la frente— Te vas a poner bien, niña, dejá ya de gritar, madame Pomfrey te va a dejar como nueva.
—¡Pero es que no puede moverse! —se desesperó Dean— ¡Parece que le dio una especie de ataque!
—¡Percy! —ordenó— ¡Atendé a los más chicos, voy a ver que pasa con Longbottom!
Cuando entró al dormitorio de los chicos de tercero, Neville estaba sobre la cama, inmóvil y enrollado sobre sí mismo como si fuera una pelota. Farfulló exasperada, se acercó a la cama y lo agarró de un brazo para hacerlo sentar. Contuvo una exclamación. El chico estaba helado, en shock profundo.
—¿Lo golpeó algo que se le cayó encima? —demandó— ¿Ustedes trataron de usar algún encantamiento para hacerlo reaccionar?
Dean y Seamus negaron con la cabeza. La profesora suspiró profundamente apartándose una mecha gris de la frente. Con un movimiento de varita levitó a Neville y enfiló hacia la puerta remolcándolo en el aire.
—Profesora… —dijo Seamus— no hemos podido encontrar ni a Ron ni a Harry en ningún lado.
McGonagall se detuvo y sus labios se afinaron apretándose. —¿Cuándo fue la última vez que los vieron?
—En la cena.
—Yo los voy a encontrar… ustedes no salgan a buscarlos… nadie debe abandonar la torre excepto los heridos… y solamente a través de la chimenea y al ala hospitalaria. ¿Les queda claro?
—Sí, señora.
oOo
Neville se despertó acostado en una cama del ala hospitalaria, tiritando, a pesar de que estaba cubierto por varios acolchados.
—¿Donde está? Necesitamos su ayuda… —llegó a sus oídos la voz de McGonagall.
Giró la cabeza y vio a la profesora y al director parados a pocos metros de su lecho.
—No lo sé, Minerva. Hay que esperar. —dijo Dumbledore con tono exhausto, Neville nunca lo había visto así, tan viejo, parecía como si todos los años que tenía le hubieran caído encima de repente.
—¿Aurora Sinistra se está ocupando de los Slytherin? —preguntó la profesora.
—Así es. Afortunadamente no hubo heridos graves entre ellos. Pero los temblores fueron mucho más notorios en los subsuelos, están todos muy convulsionados.
—Me lo imagino… ¿Qué fue lo que pasó, Albus?
—Una tormenta mágica. —respondió muy serio— Más terrible que cualquier otra que me haya tocado ver… y que espero que no vuelva a tocarme ver.
—¿Has sabido algo de los chicos desaparecidos?
—Nada todavía… esperemos que estén con Severus.
—¿Lupin?
—No está en su oficina ni en sus aposentos.
En ese momento se abrió la puerta del pabellón y entró Snape. Dumbledore y McGonagall corrieron hacia él. Los tres profesores conferenciaron en voz baja durante unos segundos y luego abandonaron el ala hospitalaria.
oOo
Poco después los tres profesores y las cuatro víctimas flotantes entraron en una habitación no muy alejada al pabellón principal. McGonagall transfiguró varios muebles en camas… cinco camas… Snape protestó…
McGonagall no le prestó atención. —¿Ése es Black? ¿Deberíamos comunicárselo a las autoridades?
—Esperemos hasta oír lo que tiene que decir Severus. —dijo Dumbledore con prudencia y volviéndose hacia Snape preguntó: —¿Y bien, mi muchacho?
Snape inspiró profundamente y alzó la cabeza con los rasgos cubiertos por su sempiterna máscara de impasibilidad. Explicó que Neville Longbottom había venido tartamudeante a avisarle que Ron Weasley había sido atacado por el Sauce Golpeador y que Hermione Granger y Harry Potter había ido corriendo a auxiliarlo. Snape había despedido a Longbottom y había ido lo más rápido posible hacia el sauce, sabía que el árbol guardaba la puerta de un pasadizo que esa noche sería utilizado por Lupin.
—Me introduje por el hueco del tronco y recorrí todo el túnel hasta El Antro de los Alaridos. Todos estaban arriba. Subí y me quedé en el pasillo escuchando lo que hablaban. Black les estaba explicando al lobo y a los tres del Trío Insoportable que él no había sido el guardián secreto de los Potter, que le habían delegado la función a último momento a Peter Pettigrew porque suponían que el Señor Oscuro sospecharía menos de él.
—¡Merlín bendito! —exclamó McGonagall volviendo la mirada hacia la cama en la que yacía Black.
—Al parecer… —prosiguió Snape— …Black fue a confrontar a Pettigrew después del ataque y lo encontró. Pettigrew habría sido el que mató a todos esos muggles, llegó incluso a cortarse un dedo para incriminar a Black, luego adoptó su forma animagus y huyó. Poco después llegaron los aurores y detuvieron a Black.
—¿Animagus? —repitió McGonagall con descreimiento— ¡Eso es imposible!
—Potter, Black y Pettigrew habían llegado a dominar la transformación animagus mientras estaban en la escuela; transformados solían acompañar a Lupin durante las noches de luna llena. Lupin desconocía hasta hoy la inocencia de Black pero había jurado un voto de silencio que le impedía decir nada, por eso no había informado nada de que Black podía transformarse en perro.
—¿Y hay alguna prueba de la inocencia de Black? —preguntó Dumbledore— Podría tratarse todo de una mentira.
—Yo vi a Pettigrew esta noche. Todos estos años estuvo ocultándose como la mascota de Weasley. Y le falta un dedo, el que se cortó a propósito para inculpar a Black.
—¿Y ahora dónde está? —preguntó McGonagall con un hilo de voz, estaba muy pálida, parecía a punto de desmayarse.
Severus suspiró. —Yo lo había amarrado y estaba trayéndolo al castillo… pero con todo lo que estaba pasando me olvidé de la luna. Lupin nos había seguido, al parecer el también se había olvidado. Se transformó. Me atacó y me desmayé. Cuando recuperé el conocimiento, Granger estaba a mi lado, había levitado a Weasley que estaba inconsciente. Estaba histérica, gritaba que Potter había ido tras Black para protegerlo del licántropo. Le ordené que volviera de inmediato con Weasley al castillo, pero justo en ese momento se desató la tormenta.
—¿Hubo algún indicio que la precediera? ¿Que permitiera anticiparla? —preguntó Dumbledore con ojos suspicaces— ¿Desde qué dirección se originó?
—Ninguno. —mintió Severus al tiempo que apuntalaba sus escudos de Oclumencia. No estaba seguro de que fuera conveniente por el momento informarle al director sobre la condición de Harry. —Creo que vino del bosque…
—Señor director… —dijo madame Pomfrey que acababa de entrar, traía a un Neville tiritante detrás— …el señor Longbottom me informó que habían llegado mas pacientes, se me ocurrió que podían haberlos traído acá… ¡Oh, por el amor del cielo! —exclamó y corrió de inmediato a la cama donde estaba Harry.
—Es bueno que estés aquí, Neville. —dijo Dumbledore y le hizo una seña para que se le acercara— ¿Cuál es la razón de tus amigos y vos salieran del castillo tan tarde?
Neville le dirigió una rápida mirada a Snape pero no encontró ninguna clave que le sirviera de ayuda en el rostro impávido del profesor. La profesora McGonagall lo urgió a que le respondiera al director. Neville no sabía qué hacer o qué decir, el shock anterior persistía y ahora se le sumaba eso.
Intervino Pomfrey. —El chico ha sufrido un trauma muy severo. Ahora debe descansar, las preguntas déjenlas para más tarde.
Dumbledore decidió no hacerle caso. —Vení, Neville… —dijo llevándoselo a un rincón, le indicó una silla para que se sentara y él también tomó asiento— … estamos todos muy preocupados y debemos saber qué fue lo que pasó. No tengas miedo, ni vos ni tus amigos van a meterse en problemas… no importa lo que sea que hayan hecho… contanos lo que pasó. —la voz del director sonaba muy afable y los ojos le titilaban más amables que nunca.
—Ron y Hermione querían estar con Hagrid… —empezó a decir Neville inseguro— … después de la cena fueron a visitarlo. Ga… —Snape se había dado cuenta de que el director estaba usando un encantamiento de compulsión sobre Neville para que le dijera todo e interpuso una barrera en la mente del chico para que pudiera resistirlo— …Harry y yo nos escapamos poco después…
—¿Para hacer qué, mi muchacho? —lo animó Dumbledore— Te repito que nada de lo que digas les va a causar problemas a tus amigos o a vos.
—Naturalmente que no. — ratificó Snape, se suponía que eso era lo que correspondía que dijera, y debía mantener su papel.
Dumbledore le dirigió una mirada incisiva y volvió a concentrarse en Neville un segundo después.
—Estuvimos esperando afuera escondidos entre unos arbustos… —prosiguió Neville tartamudeante— …hasta que Hagrid hizo salir a Hermione y Ron por la puerta trasera cuando Ud. llegó a la cabaña con los funcionarios del Ministerio. Esperamos unos minutos más y entonces fuimos a desatar a Buckbeak y nos internamos un poco en el bosque. Íbamos caminando cuando vimos de lejos a Ron corriendo, parecía que estaba persiguiendo algo. Hermione también iba corriendo pero más atrás. Cuando Ron estaba cerca del sauce un gran perro negro saltó y lo atacó. El perro lo arrastró y se lo llevó por una abertura en el tronco. Harry me dijo que atara a Buckbeak a un árbol y que fuera a avisarle a un profesor, él salió corriendo para ir a ayudarlos. El profesor Snape fue el primero al que encontré, le conté todo y regresé a la torre como él me lo indicó.
—¡Inconcebible! —masculló McGonagall escandalizada por la cantidad de reglas que habían sido violadas.
—Así es. —dijo Dumbledore con una risa corta y le palmeó suavemente un hombro a Neville— Pero los chicos lo hicieron todo por una buena causa… salvar una vida… creo que corresponde que perdonemos y nos mostremos indulgentes.
—Aunque es posible que no haya servido de nada. —dijo Snape alzando una comisura— El hipogrifo bien podría estar muerto a estas alturas, el bosque fue uno de los lugares más afectados.
Las lágrimas brotaron en los ojos de Neville. Dumbledore volvió a palmearle un hombro y se volvió hacia Snape amonestándolo con una mirada severa. En realidad el destino que hubiera sufrido el hipogrifo estaba muy atrás en su lista de prioridades… había otras cosas, mucho más críticas que lo preocupaban en ese momento.
Madame Pomfrey se les acercó atraída por el llanto de Neville. —¡Pero qué les había dicho yo! —protestó enojada— Mi paciente necesita descansar, señor Longbottom, vuelva ya mismo a su cama.
—Yo… yo quiero quedarme con Harry. —dijo Neville nervioso.
—Minerva… ¿podrías…? —solicitó Dumbledore con tono de ruego.
La profesora suspiró resignada y transfiguró otra cama al lado de la de Harry. Neville fue presuroso y contento a acostarse. Madame Pomfrey lo arropó bien y le puso un encantamiento para calentarlo. Luego volvió adonde estaban los profesores. Dumbledore fue el que formuló la pregunta que todos querían hacerle. —¿Cómo están?
—El señor Longbottom se recuperará con descanso dentro de un día o dos. El señor Weasley tenía una pierna quebrada, ya la reparé, para mañana ya va a estar bien. La señorita Granger no tenía nada físico, pero el estrés emocional fue muy violento, le he administrado algunas pociones y ahora duerme, probablemente también estará bien mañana. Son Black y el señor Potter los que están en condiciones más graves.
—¿Qué les pasa? —preguntó Snape de inmediato algo de la ansiedad que experimentaba se le había colado en el tono. Dumbledore y McGonagall se volvieron a mirarlo con curiosidad. Él les respondió con un gesto desdeñoso. —Estuvieron en el centro de una tormenta mágica… —dijo a modo de justificación— …eso es algo que no podría deseárselo a nadie, ni siquiera a Black.
—Naturalmente que no, mi muchacho —dijo Dumbledore con una sonrisa y volvió a mirar a la sanadora.
—El señor Black presenta síntomas de haber sido seriamente drenado por los dementors. Pero venía arrastrando trastornos de mucho antes. Está severamente desnutrido y padece de una neumonía crónica que ha venido siendo mal suprimida desde hace meses con magia, algo que logra hacer desaparecer los síntomas pero no cura sino que por el contrario agrava la enfermedad. Necesitará por lo menos una semana para recuperarse y necesitará muchos encantamientos para levantarle el ánimo porque este tipo de pacientes se deprimen con mucha frecuencia.
—¿Y Harry? —preguntó Dumbledore desviando la mirada hacia la cama del aludido.
—El del señor Potter es un caso completamente distinto. Ha sido drenado por completo de su magia y está hundido en coma profundo. No hay seguridad de que pueda resurgir, Albus. Por supuesto que haré todo lo que esté a mi alcance para ayudarlo.
—Gracias, Poppy. —le contestó el director sonriendo— Sé que no podría estar en mejores manos.
Ella asintió brevemente y regresó a ocuparse de sus pacientes.
Severus sentía un frío intenso que le estrujaba el corazón. Existía la posibilidad de que Harry no volviera a despertarse nunca. E incluso si llegaba a despertarse alguna vez, era posible que no volviera a ser el mismo, el ataque de los dementors debía de haber sido muy violento, caso contrario Demon no habría salido.
Neville debía de estar pensando algo parecido porque estaba gimoteando en su cama. McGonagall sollozaba, en los rasgos tensos y doloridos se le notaba lo alterada que estaba. Dumbledore los miró a ambos y les dirigió una sonrisa cansada. —No se pongan así. —dijo tratando de animarlos— Harry superará el trance. Es joven y fuerte. Todavía hay esperanza.
Se produjo un muy prolongado silencio. Fue McGonagall la que lo interrumpió. —¿Y con respecto a Black?
—Nunca tuvo un juicio justo… las cosas estaban muy convulsionadas después de la muerte de los Potter y todo se manejó con mucha precipitación… y no podemos mandarlo de vuelta a Azkaban si es inocente. —decretó Dumbledore.
—¿Y entonces qué vamos a hacer? —preguntó Snape sin disimular su disgusto— ¿Ocultarlo acá?
—No es lo más razonable. —dijo Dumbledore con una breve risa— La relación entre Hogwarts y el Ministerio ya está demasiado tirante a como están las cosas. No, no sería conveniente… una vez que se haya recuperado lo mejor es que vuelva a desaparecer. Quizá Remus pueda llevárselo con él. Pero creo que hay otros asuntos más apremiantes que la cuestión Black. Minerva, creo que tendrías que hacer algunas rondas por la escuela para ver como va desarrollándose todo y vos, Severus, deberías ir con tus Slytherins, Aurora se ha estado ocupando de ellos en tu ausencia.
Severus asintió con un breve gesto y salió de la habitación, aunque mucho le hubiese gustado quedarse junto al lecho de Harry. Minerva y Dumbledore también salieron unos minutos más tarde.
Neville se quedó pensando en Harry. Justo ahora que había encontrado a un amigo, alguien que lo entendía y le tenía afecto… ¡no era justo que se lo quitaran! ¡No tan pronto! ¡Como cuando había perdido a sus padres! Empezó a gemir y a respirar con dificultad… mucho le hubiese gustado tener a mano una navaja…
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Un fantasma que había estado oculto en un rincón oscuro se adelantó un poco y se hizo visible. La tormenta mágica lo había despertado y una fuerza poderosa lo había atraído al ala hospitalaria y a esa habitación en particular. Ninguno de los adultos había notado su presencia, sabía pasar inadvertido cuando se lo proponía. La conversación que había podido oír lo había sacudido mucho.
Neville se había dormido finalmente. Le realizó un rápido y tenue sondeo de la mente. Lo que vio lo dejó anonadado. Aparte del dolor mental por la situación que le tocaba sufrir había algo más… su núcleo mágico estaba totalmente descentrado… ¿alguno de los profesores lo habría notado ya? ¿Alguien habría prestado atención a los signos? ¿Habría alguien con capacidad para detectar a un mago Elemental? No era un hecho frecuente, el último Elemental conocido había vivido cinco siglos antes. Y el último Elemental de Tierra… más de seiscientos años antes. No era de extrañar que el Gryffindor fuera tan torpe con la magia "estándar". La magia de los Elementales se casaba muy mal con el latín y las varitas. Poseían un tipo totalmente diferente de magia, muy poderosa en algunos limitados aspectos pero muy poco útil para cosas cotidianas.
La mente de Harry era completamente diferente. El intelecto del fantasma se estremeció. Había captado una breve imagen de un chico de cinco años encerrado en un armario oscuro. Los ojos se le abrieron grandes, eso no podía estar bien. Harry era mucho mayor. Tenía que investigar más minuciosamente.
Y fue así que ingresó en la sala de las Almas. En el sofá de la sala estaba durmiendo Harry, el mismo que dormía en la cama de afuera. Le barrió la mente como con una pluma y no vio nada, estaba en coma como Pomfrey había dicho. ¿Pero qué había sido entonces lo que había visto antes? ¿El nene dormido aterrado y gimiendo en sueños?
El fantasma frunció el ceño y miró alrededor, había cinco puertas. Esa mente no era como ninguna de las que hasta ese momento había explorado. ¿Qué había detrás de las puertas? Tenía que averiguarlo.
La de la extrema izquierda era inmensa y pesada, de piedra gris. No tenía manilla para abrirla y tampoco agujero de cerradura. No pudo abrirla. Luego venía una que parecía la puerta de un armario con el borde superior inclinado. La que seguía tenía aspecto más normal, blanca, simple, con manilla de bronce.
Entró y estudió rápidamente el recinto, luego se concentró en la nena acostada sobre la cama. Se acercó, era rubia, de unos diez u once años. Bonita, parecida a Harry. Pudo comprobar que su mente también estaba en coma. Sacudió ligeramente la cabeza, retrocedió y salió otra vez a la sala.
La siguiente habitación tenía una puerta de caoba oscura con un montante semicircular en la parte superior y serpientes grabadas en todo el marco que la rodeaba La abrió y entró. No se demoró mucho en los muebles, ni en los detalles de decoración. El verde y el negro eran los colores predominantes. El chico tendido en la cama tenía cabellos negros, lacios y bastante largos, sus rasgos eran más afilados que los de Harry pero similares. Daba la impresión de tener unos quince años. Ninguna actividad pudo detectar en su mente, otro que estaba en coma.
La puerta a continuación tenía un aspecto más sólido, era de color roble dorado y tenía grabada la cabeza de un león en la madera. La abrió y estudio durante un minuto el cuarto. Luego se acercó al durmiente sobre la cama. Era muy parecido a Harry pero lucía algunos años mayor. La contextura era atlética, fuerte pero delgada. Los cabellos eran castaños. Su mente también estaba en coma.
Cuando salió estudió con atención el siguiente tramo de pared, parecía más irregular y presentaba algunas grietas, le sugirió la idea de que allí había habido otra puerta, pero aplicó su magia y no detectó ninguna oculta.
Frunció el ceño una vez más y recorrió otra vez la sala con la mirada. No lograba entender, ¿por qué estaba Harry allí en su mente? ¿Y quiénes eran los otros? ¿Hermanos? ¿Pero cómo? ¿Y por qué tenían habitaciones? ¿Y por qué estaban todos en coma?
Miró la puerta del armario. No, eso no era del todo cierto. Detrás de esa puerta había una mente dormida pero no anulada. Fue hasta la puerta y la abrió, el interior estaba oscuro. Peinó con delicadeza la mente del nene dormido. Lo que detectó lo colmó de inquietud y desasosiego. Flashes de dolor y de terror, palabras hirientes y abusivas, chillidos. Hizo una mueca de disgusto. Se apresuró a abandonar la mente del niño y la de Harry.
Durante un largo rato se quedó contemplando al Niño Salvador con manifiesto desconcierto. Por suerte Neville seguía durmiendo en la cama de al lado. El fantasma no tenía la menor idea de lo que podía significar lo que acababa de ver en la mente de Harry. La única actividad detectable había sido la del nenito traumatizado y que evidentemente había sufrido severo abuso. Por el momento no entendía nada pero terminaría averiguándolo. Obtendría las respuestas que necesitaba… pero iba a tener que espiar bastante en los próximos días.
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