Mente rota, alma quebrada

La verdad de las cosas

Ron fue el primero que se despertó, muy confundido. No parecía ser el ala hospitalaria y sin embargo la cama era de hospital, ¿estarían en St. Mungo? Hermione dormía en la cama de al lado y en la siguiente estaba Sirius Black. A continuación estaba Harry y en el extremo, Neville. Había una cama más, contra la pared de enfrente en la que yacía el profesor Lupin muy malherido. El cuerpo del licántropo reverberaba con una tenue luminosidad debido a la gran cantidad de encantamientos curativos que le habían puesto y que seguían activos.

Hermione se despertó en ese momento. —Hola. —la saludó con voz muy suave.

Ella se sentó de inmediato, muy sobresaltada, los ojos desorbitados.

—¡Epa! ¿Qué pasa? Calmate… —trató de tranquilizarla Ron.

—¡Hubo una explosión…! Y yo pensé… ¡estaba tan asustada! —murmuró atropelladamente y jadeante.

Ron se bajó de su cama, se subió a la de ella y la abrazó. Nunca antes había visto a Hermione tan alterada. Empezó a preguntarse qué se había perdido mientras había estado desmayado. Mucho había pasado cuando todavía estaba consciente. ¿Cómo era posible que Scabbers fuera una persona? Y lo que había pasado en el Antro… ¡no podía ser cierto! Frunció el ceño al recordar el comportamiento de Harry… tan frío… ¡Y lo había amenazado a punta de varita!

—¿Dónde estamos? —preguntó.

Hermione miró alrededor. —No sé. —contestó.

—¿Qué es eso de la explosión? ¿Qué me perdí?

—No sé qué fue… —respondió Hermione, se puso a temblar y se pasó nerviosa las manos por los cabellos. —El profesor Lupin se transformó. Golpeó al profesor Snape que cayó desmayado. Pettigrew se escapó y Black fue a perseguirlo. Harry se paró delante de nosotros interponiéndose cuando el profesor Lupin intentó atacar. Le lanzó un hechizo y el profesor huyó. Yo te levité y fui hasta donde había caído el profesor Snape que estaba recuperando la consciencia. Él me dijo que te llevara al ala hospitalaria. ¡Y fue entonces que la tierra comenzó a temblar y el cielo se llenó de relámpagos! ¡Con tal intensidad que encandilaban… y el ruido… oh, Dios, el ruido!

Hermione se echó a llorar. Ron estrechó el abrazo. —¿Qué pasó después?

—No sé. Me desmayé y no me desperté hasta ahora. —dijo ella, se frotó los ojos e hizo un visible esfuerzo para componerse. —¿Qué pensás de lo que pasó en el Antro?

—¡Una locura! —exclamó Ron sacudiendo la cabeza— No sé qué creer… es como una pesadilla. Quiero decir… ¿cómo es posible que mi rata sea Pettigrew? Y Harry actuaba muy raro… ¡y Black como un loco! ¡Me mordió un brazo y me quebró una pierna! Y el profesor Lupin… bueno, es un licántropo… ¿podemos confiar que haya dicho la verdad?

—Ron… —dijo ella frunciendo el ceño— …el que sea un licántropo no lo hace de por sí ni más ni menos confiable. Pero es cierto que admitió que era amigo de Black en la escuela… ¿y si Black lo engañó y lo convenció de todo eso? La historia que contó Black es muy difícil de creer… ¿por qué no dijo nada cuando los aurores lo capturaron?

Black tosió en su cama en ese momento. Los dos se volvieron a mirarlo. Lucía un poco mejor, estaba limpio y lo habían peinado… pero el rostro seguía tan escuálido como antes, tenía los labios azules y persistían las ojeras muy marcadas. Se removía inquieto en sueños y dejaba oír algún gemido de cuando en cuando.

—No lo hubiesen dejado con nosotros si fuera peligroso. —tuvo que conceder Hermione. —Debe de ser cierto que es inocente.

—Yo todavía no puedo creer que Scabbers fuera Pettigrew. —repitió Ron— ¿Por qué no se mostró antes…? ¿Por qué no hizo nada…?

—No sé, Ron. —dijo ella y se volvió hacia Neville que acababa de despertarse. —¿Vos sabés dónde estamos? —le preguntó.

Neville no contestó, se quedó mirándola parpadeando. Se sentía vacío… y se dio cuenta luego de un momento de que era por Harry. Se volvió a mirarlo y se sintió peor. Temía por lo que pudiera pasarle…

—¿Vos sabés donde estamos? —insistió Hermione con un dejo de impaciencia en el tono.

Respondió enojado. —¿Acaso no te importa lo que pueda pasarle a Harry?

—¡Por supuesto que sí! —replicó ella ofendida.

—¿Debería importarnos? —dijo Ron mirando a Neville desafiante— Ayer actuó como si nosotros no le importáramos.

—¡Ron! —lo reconvino ella y luego matizó— Es cierto que se mostró grosero y desconsiderado… ¡pero el nos defendió! Y te puedo asegurar que el profesor Lupin tenía avidez en los ojos dorados cuando cargó para atacarnos. Y Harry se interpuso y logró espantarlo.

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Neville preocupado.

Ron y Hermione intercambiaron una mirada. —No sé qué corresponde que te diga… quizá sea mejor esperar a que Harry se recupere y que sea él el que te lo cuente. —dijo Hermione.

Neville se puso tenso, herido y enojado. ¿Por qué no querían contarle? Él también le tenía cariño a Harry. Estaba harto de la habitual actitud condescendiente de Hermione para con él, como si fuera un chico o un imbécil. Y Ron no era mejor, siempre lo trataba con lástima. Tenía que salir de ahí lo más rápido posible, no soportaba tenerlos cerca. Se bajó de la cama y enfiló hacia la puerta.

—¿Adónde vas? —preguntó Ron.

—¿Tenés permiso para irte? —quiso saber Hermione.

—Estamos en una habitación cercana al pabellón principal del ala hospitalaria. —fue todo lo que dijo Neville sin siquiera darse vuelta para mirarlos. Salió y cerró la puerta detrás de sí.

Hermione y Ron cruzaron una mirada culpable.

Unos minutos más tarde entró Dumbledore. Lucía cansado pero sus ojos titilaban brillantes como siempre. Les sonrió. Hermione empezó de inmediato a hacer muchas preguntas.

—Esperen. —pidió con un corta risa y tomó asiento en la cama de Ron— Primero cuénteme lo que pasó y luego yo trataré de responder sus preguntas.

Ron y Hermione se fueron turnando para relatarle lo ocurrido. Cuando llegó a la parte de la tormenta, Hermione volvió a alterarse pero esta vez no llegó a llorar.

—Señor… ¿Black realmente es inocente?

—Así es. —confirmó el director— Lo verificamos con Veritaserum. Nunca hubo un juicio formal en su momento, todos estábamos tan seguros de que era culpable… pero nos equivocábamos.

—¿Entonces Scabbers es Pettigrew? —dijo Ron suspirando al tiempo que se apoyaba contra una almohada.

—Eso me temo. —dijo Dumbledore sonriendo.

—¿Qué causó la tormenta, señor director? —preguntó Hermione.

—Las tormentas mágicas ocurren periódicamente, no con frecuencia por suerte. No existe ninguna forma de anticiparlas. Y esta vez nos tocó una particularmente violenta y destructiva.

Desvió la mirada a la cama de Harry y su expresión se tornó muy seria. —Lamentablemente a Harry le tocó sufrir la peor parte.

—¿Qué le pasa? —preguntó Ron inquieto.

—Fue drenado casi fatalmente de su magia y cayó en coma.

Hermione contuvo una exclamación y Ron abrió grandes los ojos, asustado. Sabían que estaba enfermo, pero "casi fatalmente y coma" sonaban pésimo.

—¿Se va a recuperar? —preguntó Hermione con ojos húmedos de lágrimas— ¿Cree Ud. que Harry puede haber presentido la tormenta y por eso se alteró emocionalmente y actuó de manera tan extraña?

—Es posible. —dijo Dumbledore— Pero puede haber otras razones que habrá que averiguar. Y yo confío plenamente en que se va a recuperar. El coma no es tan profundo como creímos en un principio, en algunos momentos madame Pomfrey detectó actividad cerebral semejante a la del sueño. En cuanto a ustedes, madame Pomfrey dijo que podían irse cuando se despertaran; si quieren quedarse un rato acompañando a Harry no hay problema… pero el banquete de despedida se servirá dentro de unas horas y espero que estén presentes.

—¿El banquete de despedida? —repitió Ron frunciendo el ceño.

—Así es, mi muchacho… estuvieron durmiendo casi un día entero.

—Pero… ¿qué va a pasar con Harry? —preguntó Hermione preocupada— No podemos irnos y dejarlo así como está…

—Ya arreglaremos un horario de visitas. Pero me temo que en Hogwarts no pueden quedarse.

Ron suspiró contrariado. —Si no hay más remedio.

—Es bueno que lo entiendan. Y no se preocupen, Harry se va a poner bien… como siempre.

El director les ofreció caramelos de limón que los dos aceptaron, luego se puso de pie y se encaminó hacia la salida silbando alegremente. Cuando se hubo ido, Ron y Hermione fueron a sentarse a la cama que había ocupado Neville. Durante un rato iban a hacerle compañía aunque Harry no fuera consciente de su presencia.

oOo

—¿Qué estás haciendo?

Neville se sobresaltó. —Eeh… nada… —tartamudeó al tiempo que escondía la navaja cuya hoja había estado deslizando por la piel del antebrazo.

—Eso no sonó muy productivo. —dijo la chica sonriendo, estiró una mano y sacó un libro de uno de los estantes.

Neville había ido a la biblioteca porque sabía que iba a estar desierta ese último día. Y por eso mismo se había animado a sacar la navaja. Se había puesto colorado de vergüenza y muy nervioso de que lo hubiese pescado in fraganti. La chica se limitó a sonreírle. Tenía el largo pelo negro recogido en una trenza y los ojos le centelleaban celestes. Neville calculó que debía de ser de cuarto o quinto. Llevaba puesta la toga negra del uniforme escolar pero no tenía ninguna insignia que identificara la Casa a la que pertenecía.

—¿Vos sos Neville, no? —preguntó ella luego de un instante de silencio.

—Eeh… sí… —respondió muy incómodo y sus ojos recorrieron el entorno como buscando una posible y rápida vía de escape. Ella se le acercó.

—No tengas miedo. —susurró ella— Un amigo me dijo que ibas a necesitar mi ayuda. Yo no te voy a hacer ningún daño.

—¿Ayuda? —repitió Neville farfullando confundido. La tenía demasiado cerca y ya no podía huir. ¿Quién era esa chica?

—Así es. —confirmó ella y sonrió otra vez— A decir verdad, estoy muy entusiasmada. Ya pasó mucho tiempo desde la última vez que tuve la oportunidad de enseñarle algo a alguien. Y los magos elementales son siempre asombrosos, sus talentos y habilidades siempre son distintos, nunca se manifiestan de la misma forma aunque tengan la misma afinidad. Realmente es fascinante.

—No seas maleducada. —dijo un chico que parecía haberse materializado de repente al lado de la chica— Deberías presentarte primero antes de empezar a frotarte las manos de satisfacción por la oportunidad que se te presenta de poder diseccionarlo.

Neville pegó un chillido, no sabía qué lo había asustado más si la aparición súbita del otro o lo que había dicho. El recién llegado parecía tener la misma edad de la chica. Sus cabellos eran negros y los ojos castaños oscuros. Los rasgos tenían algo de simiesco, pero el brillo de la mirada denotaba inteligencia.

—Ahora lo asustaste. —lo amonestó ella.

—No veo por qué eso deba importarme. —respondió él encogiéndose de hombros.

—¿Por qué de pronto estás tan ansioso? —preguntó ella con fastidio.

—Porque quiero saber sobre Harry. —dijo él impaciente— Y si no fuera por mí vos no te habrías enterado de este elemental.

—Oh, está bien… —concedió ella, revoleó la trenza para que le cayó por delante y se volvió hacia Neville que temblaba como una hoja. —Éste es Salazar y yo soy Rowena. Es un gusto conocerte, Neville.

—¿¡Cómo?! —tartamudeó Neville, quería escapar cuanto antes pero esos dos le bloqueaban el paso.

—Siempre reaccionan igual. —dijo Salazar bostezando exasperado— Qué aburrido…

—Oh, callate… —dijo Rowena— Vos siempre el mismo… a mí me resulta muy tierno.

—No me sorprende en absoluto.

—Paso a explicarte, Neville. —comenzó a decir ella— Los cuatro fundadores dejaron improntas de sus memorias integradas al castillo. Con el correr de los años… y de los siglos… fuimos creciendo y madurando… y fuimos adaptándonos. Mucha influencia tuvieron los miles de chicos que durante todo ese tiempo se educaron en la escuela. La mayor parte del tiempo estamos como dormidos y como en sueños vamos registrando todo lo que ocurre entre estas paredes. Sólo de tanto en tanto nos despertamos, como ahora, cuando ocurre algo extraordinario. Después de tanto tiempo transcurrido, somos muy diferentes de los Fundadores. Nos gusta pensar que en realidad sólo conservamos los nombres de ellos y que somos en realidad entidades personales completamente diferentes, únicas y originales por derecho propio.

Intervino Salazar. —Nosotros somos Hogwarts. No somos propiamente ni espectros ni fantasmas, aunque podemos proyectarnos como tales. Somos entes inteligentes e independientes pero conservamos los conocimientos de los Fundadores. Podría decirse que somos el alma del castillo. Creo que como explicación ya es más que suficiente. ¿Podríamos continuar ahora? —preguntó con sorna cruzándose de brazos y apoyándose contra unos estantes.

—Neville querido, creo que sería mejor que te sentaras. —sugirió Rowena amable.

Neville los miró anonadado pero hizo caso del consejo y tomó asiento. Ella le sonrió y le palmeó un hombro para darle seguridad. Neville se sobresaltó, la mano que lo había tocado era cálida y sólida… cada vez se sentía más confundido.

—¿Quizá deberíamos regresar más tarde? —aventuró ella volviéndose hacia su compañero.

—Vos hacé lo quieras, no es éste el que me interesa… yo quiero saber sobre Harry.

—¿Por qué razón? —farfulló Neville temeroso.

—Su mente me intriga. Nunca hasta ahora había observado otra igual. —dijo Salazar y le contó que había visitado la mente de Harry y lo que había visto— ¿Vos sabés por qué es así?

Neville asintió lentamente. Así que el coma de Harry no era tan profundo… Boy sólo dormía y como otras tantas veces estaba curándolo… sintió un gran alivio y ganas de llorar. —Gracias… —le dijo a Salazar—…tenía miedo de que nunca llegara a despertarse.

—Se va a poner bien. —le confirmó Salazar restándole importancia al asunto— El nenito que duerme poco a poco le va restaurando la magia a todos los otros. Pero… ¿por qué su mente es así?

—Es algo que no se lo pueden decir a nadie. —les advirtió Neville con vehemencia. Rowena sonrió orgullosa de su entereza, Salazar asintió impaciente.

Neville suspiró y empezó a contarles. —Harry sufre de algo que se llama Trastorno de Personalidades Múltiples. Cosas muy feas le pasaron y su mente se rompió. Para defenderse y no volverse loco fue fragmentando su mente… y los fragmentos adquirieron entidades independientes. Todos son parte de Harry, la personalidad nuclear, pero retienen ciertas memorias y concentran algunas características. Ésa es la forma que eligió Harry como defensa y eso le permitió sobrevivir. No es algo sencillo de entender… ¿tiene sentido para ustedes?

Salazar se había quedado en silencio con una expresión reflexiva en el rostro. —Creo que lo entiendo. —dijo finalmente y sin que mediara ningún ruido ni advertencia alguna, desapareció en un abrir y cerrar de ojos.

Neville volvió a sobresaltarse, Rowena rió. —No te dejes impresionar ni te alteres. Él suele comportarse así. Es un tipo muy obsesivo y la mente y la psicología lo fascinan. —Rowena se le sentó al lado— A mí en cambio me interesa más el estudio de la magia que el de las personas. Fue por eso que me despertó, los Elementales son una de mis especialidades.

—Ya habías mencionado eso antes. —dijo Neville removiéndose algo incómodo— ¿Qué son y por qué los traés a colación una y otra vez?

—Porque vos sos un Elemental, Neville. Tierra es tu afinidad. Y como la tormenta produjo severos daños en tu elemento… fue por eso que entraste en shock.

—¡¿Cómo!? —farfulló Neville anonadado.

Ella abrió la boca para explicarle pero algo llamó su atención. —Alguien viene, te explicaré todo más tarde. Tomá esto. —dijo tendiéndole un librito— Es un muy breve compendio sobre los Elementales de tierra.

Y dicho eso desapareció como Salazar había desaparecido unos minutos antes.

—Longbottom, —lo interpeló Snape con tono irritado— ¿por qué no estuvo en el festín?

—Perdón, profesor. —respondió Neville nervioso y poniéndose colorado.

—¿Que ha estado haciendo? —inquirió Snape entrecerrando los ojos con suspicacia.

—Eeh… estaba leyendo. —mintió Neville— Creo que me voy a llevar el libro y voy a seguir leyendo pero al lado de la cama de Harry. —dijo poniéndose de pie y encaminándose hacia la puerta.

—Pero acuérdese de comer algo también. —le recomendó Snape con tono áspero.

Neville asintió y salió. Sus labios dibujaron una sonrisa, ¿desde cuándo había empezado Snape a preocuparse de que él comiera o no? Por el momento no se había animado a decirle nada de los espíritus de los Fundadores… lo habría tomado por loco y lo habría mandado a St. Mungo a hacerles compañía a sus padres.

Cuando entró a la habitación especial del ala hospitalaria comprobó con alivio que Hermione y Ron ya no estaban. El profesor Lupin seguía profundamente dormido. Black también dormía, pero su sueño no era profundo. Notó que la respiración sonaba un poco mejor que unas horas antes. Neville todavía no conseguía explicarse que lo hubieran admitido allí, ¿no se suponía que estaba tras Harry?

Fue a sentarse al lado de la cama de Harry y lo miró preocupado durante un rato. No notó ningún cambio.

Estudió el aspecto del librito que tenía en las manos. Tenía cubierta de cuero marrón y las páginas estaban muy amarillas por el tiempo. Leyó el título en la portada: Afinidad con la Tierra de Rowena Castle.

Pasó a la hoja siguiente y empezó a leer.

Los magos elementales poseen una magia muy diferente de la de los magos comunes. Su magia está irrevocablemente ligada a uno de los seis elementos básicos. Fuego es la afinidad más común y siguen en orden de frecuencia: Aire, Agua, Tierra, Relámpago (también conocido como Energía) y Metal.

Este tipo de magia tiene una naturaleza muy particular —podríamos decir que es de tipo profundo— y es mucho menos maleable que la magia superficial. Debido a eso, la magia de uso cotidiano suele hacérseles dificultosa. De hecho, cualquier encantamiento que no tenga cierta relación con su elemento afín suele tener resultados pobres. Pero cuando se manejan con magia relacionada con su elemento logran resultados poderosísimos, imposibles e inconcebibles para cualquier otro mago.

Los magos elementales con afinidad tierra son muy infrecuentes, sólo hay documentados apenas poco más de una treintena de casos en toda la historia. La información de la que se dispone es muy poca pero generalmente se menciona que suelen mostrar gran habilidad en sólo dos o tres de los talentos potenciales.

Talentos que se han mencionado relacionados con esta clase de magos incluyen: hacer crecer las plantas mucho más rápido y más saludables y la utilización de la tierra para la formación de escudos contra ataques físicos o mágicos. Algunos poseen la capacidad de tomar prestada —durante cortos períodos— fuerza de la tierra y contando con esa fuerza logran proezas sobrehumanas. Hay otros que tienen la habilidad para detectar residuos de magia destructiva (oscura) tanto en el lugar donde se ha usado como en aquellos que la han usado. Por último, hay unos pocos que pueden comunicarse con los árboles y se han mencionado un par de casos de magos elementales con afinidad tierra que podían provocar terremotos.

Los magos elementales, como cualquier otro mago, necesitan educarse y entrenarse en sus habilidades. El proceso de aprendizaje es mucho más complejo que en un mago común, dadas las características muy especiales de esta clase de magia. Son muy pocos los que tienen las capacidades necesarias para instruirlos, no necesariamente es obligatorio que sean también magos elementales.

Neville cerró el libro de golpe. ¡No era posible que él fuera uno de esos! ¡Él no era poderoso! ¡Si era prácticamente un squib! ¡No podía ser cierto! ¡Rowena y Salazar estaban equivocados! Y si él había entrado en shock por la tormenta, no era porque la tierra hubiese sido dañada… ¡sino porque se había cagado de miedo! ¿O acaso no era así?

Se sentía muy confundido. Más que nunca necesitaba a un amigo con quien hablar… necesitaba a Harry… ¡Oh Harry, por favor, recuperá la consciencia pronto! ¡Te necesito!

oOo

—Ah, Severus, mi querido muchacho… te estaba esperando.

Dumbledore estaba sentado en un sillón junto a la chimenea. No le sorprendió que hubiera podido entrar, en Hogwarts ningún tipo de barrera podía detener al director. Tampoco le molestó —no demasiado al menos— encontrárselo en sus aposentos. Había trabajado lealmente para ese hombre durante casi catorce años y era la persona que mejor lo conocía.

Severus también había aprendido a conocerlo. La expresión del director no auguraba nada bueno. Se preparó para lo peor… ¿acaso Harry había muerto? Le hubiera gustado que le dijera lo que fuera inmediatamente, pero sabía muy bien que el director nunca era muy pródigo con la información. Como mucho podía intentar sacársela con tirabuzón.

—¿Severus?

—¿Qué puedo hacer por Ud., señor director?

—Te había preguntado si te encontrabas bien, pero al parecer tenías la mente ocupada en otra cosa.

Le hizo un gesto para que tomara asiento frente a él. —¿Qué es lo que te preocupa?

A Severus le habría gustado que se dejara de dar vueltas y que hablara de una vez, pero supo contenerse y tomó asiento como se lo indicaba. Nunca le había desobedecido. Dumbledore era el líder de la Luz, sabía mucho sobre el mal y como vencerlo. En su momento le había salvado la vida y el alma. Severus no sería nada sin la sabiduría, la indulgencia y la guía de Dumbledore. Por ese hombre habría entregado la vida sin vacilar.

—Veo que como siempre preferís guardarte tus preocupaciones. Sólo quisiera recordarte que siempre podés recurrir a mí cuando tengas algún problema.

—¿Qué lo ha traído por acá, señor director? —preguntó Severus con tono cansado.

—Siempre directo al punto… —Dumbledore soltó una risa corta— He venido a preguntarte tu opinión sobre Harry Potter.

Severus enderezó la postura y un brillo de alerta cruzó por sus ojos. —¿En qué sentido me lo pregunta?

—Minerva y yo nos preocupamos cuando hace unos meses mostró un comportamiento muy extraño. Luego pareció normalizarse, presumimos que había sido la influencia de los dementors lo que lo había afectado. Pero según me informaron Ron y Hermione, ese tipo de conducta anómala resurgió cuanto estaban en el Antro de los Alaridos.

Severus se encontraba en un serio aprieto. La pregunta era directa, no había lugar para evasivas salvo que mintiera flagrantemente. De hecho no conseguía explicarse por qué se lo había ocultado al director durante tanto tiempo. Lo lógico era suponer que el director haría todo lo posible para ayudar a que el chico se curara. Harry era su precioso Salvador. ¿Por qué se había mostrado tan renuente a hacerle saber todo?

—¿Qué le hace pensar que yo pueda disponer de información suficiente como para emitir una opinión al respecto?

Dumbledore sonrió y el brillo de sus ojos se incrementó de golpe, pero no como un signo de simpatía como habitualmente… en ese momento era un signo de suspicacia.

—Estoy al tanto de las muchas penitencias que ha venido cumpliendo con vos, Minerva vive haciendo referencia a ellas… me parecería muy raro que no hayas deducido nada sobre el estado emocional del chico… habiendo tenido tantas oportunidades. Es más, ahora que me he enterado de que el comportamiento errático de Harry ha persistido, me inclino a pensar que le estuviste asignando tantas penitencias para poder vigilarlo y controlarlo de cerca.

—Eso es verdad. —tuvo que conceder Severus. Seguía sintiéndose muy reticente a confiarle al director los particulares detallados sobre la condición de Harry. Pero el viejo lo tenía acorralado y no se iba a conformar con menos.

Y quizá era mejor que lo supiera. Harry estaba en coma… Dumbledore tendría mejores posibilidades de ayudarlo si estaba al tanto de todo el asunto. Durante una larga hora le describió con precisión todo lo relacionado con el Trastorno de Personalidades Múltiples.

—¿Cuántos alter ha creado y cuáles son las características de cada uno?

Severus vaciló durante un instante… ¿Cuánto más debía decirle?

—No sé con seguridad cuántos son. Harry no confía del todo en mí… pero sé con certeza que hay por lo menos dos, uno que se hace llamar Silas y otro que se hace llamar Gabriel.

Severus explicó las personalidades y características de cada uno. Dumbledore lo escuchó con mucha atención, el brillo de sus ojos iba encendiéndose cada vez más. Cuando Severus concluyó, Dumbledore lo felicitó por todo lo que había logrado averiguar y lo instó a que siguiera haciendo todo lo posible para ayudarlo una vez que Harry se recuperara. Pero, naturalmente, se imponía una pregunta…

—Lo no logro entender, mi muchacho, es por qué no me informaste de todo esto antes.

Severus ya había anticipado que iba tener que dar una explicación al respecto. —Hasta hace poco no estaba seguro de que su condición fuera real, es muy frecuente que los individuos la finjan. Luego consideré que no era conveniente preocuparlo con el problema hasta tener información detallada sobre los dos alter.

El argumento era algo endeble pero Dumbledore pareció conformarse.

—Voy a tener que reflexionar mucho sobre todo el asunto.

—Pienso que es un trastorno que puede curarse con la terapia adecuada. —aventuró Severus tentativamente.

—No… no conviene apresurarse. Su condición puede resultar útil… y si se trata de un mecanismo para defender su mente… la terapia podría ser contraproducente. —dijo Dumbledore como distraído, aparentemente su mente estaba muy ocupada evaluando toda la nueva información.

Severus sintió como si el mundo se desplomase alrededor, comprendió por qué había tenido tantas vacilaciones, sus instintos habían estado advirtiéndole algo, su renuencia había estado más que justificada. Así y todo le costaba aceptar que el director pudiera adoptar deliberadamente vías de acción que pudieran perjudicar a Harry. Decidió hacer un nuevo tanteo y aventuró otra pregunta. —¿Adónde piensa mandarlo cuando se recupere?

—Volverá con sus familiares. —contestó Dumbledore con el mismo tono distraído de antes. —Apenas los alumnos hayan partido, lo enviaré con Poppy a Privet Drive aunque todavía no esté recuperado.

Severus no podía creer lo que oía, protestó por reflejo. —Pero, señor director, su condición es un indicador incontestable de que ha sufrido severo abuso.

—No podemos estar seguros de que hayan sido los Dursley los que causaran el trauma que resultó en su condición. —dijo Dumbledore con determinación y mirándolo duramente— Harry necesita pasar tiempo con sus familiares directos para renovar la protección de la sangre. Es posible que los Dursley desprecien la magia y también es posible que no le hayan brindado a Harry los cuidados ideales, pero eso de ninguna manera nos autoriza a deducir que se comportaran con crueldad. Harry estará bien, Severus, no tenés por qué preocuparte. Yo voy a tener las cosas bien controladas.

Habiendo dicho eso, Dumbledore se puso de pie, se encaminó hasta la puerta y salió.

Severus permaneció sentado. Tenía mucho que reflexionar. La última parte del diálogo con Dumbledore había sido para él una muy triste revelación. El concepto que hasta ese momento había tenido del director no había sido más que una fantasía, una ilusión… la imagen del mago intachable que el siempre había tenido… porque lo había salvado, porque le había dado una nueva oportunidad… esa imagen ideal se había desmoronado en poco minutos.

Durante años, Severus había hecho todo lo que Dumbledore le había ordenado, aunque le hubiese significado mucho sufrimiento, lo había aceptado como una especie de expiación de sus culpas… por eso había aceptado ser su peón y Dumbledore no había vacilado nunca en usarlo para lograr sus fines. Hasta ese momento a Severus nunca se le había siquiera ocurrido reprochárselo.

Pero con respecto a Harry la cosa era totalmente diferente. Era claro que Dumbledore sabía que los Dursley odiaban la magia y que había anticipado que no lo iban a tratar bien. ¿Por qué lo había puesto al cuidado de ellos? Black lo había reclamado como padrino tras la muerte de los Potter, pero por órdenes de Dumbledore Hagrid se había negado a dárselo.

Black había reaccionado con rabia y dolor y se había lanzado a perseguir a Pettigrew. Y luego habían ocurrido todas esas muertes y la desaparición de Pettigrew. ¿Por qué Dumbledore no había recurrido al Veritaserum entonces para conocer la verdad? Black había luchado del lado de la Luz, ¿por qué había permitido que lo mandaran a Azkaban sin que mediara prácticamente investigación alguna? ¿Tan convencido estaba de la culpabilidad de Black? ¿O acaso había permitido que mandaran a un hombre inocente a la cárcel para que las cosas terminaran desarrollándose del modo que él consideraba más conveniente?

Y suponiendo que realmente hubiera estado convencido de la culpabilidad de Black… ¿por qué no se lo había dado a Lupin? No era un licántropo registrado, prácticamente nadie sabía que lo fuera… y Lupin le había solicitado la custodia, pero Dumbledore se la había negado.

Todo parecía apuntar a que el director quería que Harry se quedara con los Dursley.

El pensamiento que le surgió de pronto lo horrorizó de espanto… ¿y si el asesinato de los Potter no había sido un hecho fortuito? ¿Y si eso también había sido parte de los planes de Dumbledore?

¿Podría el director haber sido capaz de tales aberraciones? ¿Y por qué motivo? No podría haberlo hecho por mera maldad… alguna razón debía de haber, por más retorcida que fuera.

La profecía… un niño que nacería con el poder de destruir al Señor Oscuro. Pero un niño con un tal poder también era una amenaza para el propio Dumbledore… podía ponérsele en contra.

Todo parecía cobrar significado de golpe… implicaba conductas horrendas del director… pero tenía sentido…

Dumbledore se había valido de Pettigrew, le había contado parte de la profecía y lo había enviado al Señor Oscuro para que actuara como espía. Seguramente no le había costado convencerlo, la rata siempre había sido débil de carácter. Y por eso mismo al Señor Oscuro no debía de haberle costado nada sacarle lo que sabía… Severus conocía muy bien sus métodos… Dumbledore había obtenido así un doble propósito, el Señor Oscuro se había enterado de parte de la profecía y Pettigrew se sentía culpable de haber traicionado a sus amigos y al lado de Luz.

Aterrador… pero tenía mucho sentido si se partía de la premisa de que todo era obra de un manipulador inescrupuloso que no se detenía ante nada con tal de lograr sus designios.

El Señor Oscuro había decidido de inmediato eliminar la amenaza… y Dumbledore le había facilitado las cosas… seguramente había convencido a Black para que a último momento le cediera a Pettigrew la función de Guardián Secreto de los Potter.

Y el Señor Oscuro se había dejado empujar a la trampa. ¿Acaso Dumbledore había esperado que esa noche murieran los dos, Harry y el Señor Oscuro, al enfrentarse?

Pero las cosas se habían dado de otro modo. El Señor Oscuro había desaparecido esa noche en Godric Hollow y Harry había sobrevivido. ¿Qué había pasado después? ¿Cómo había reaccionado Dumbledore al enterarse?

Si la amenaza no había sido suprimida había que controlarla de alguna forma. A Black había que sacarlo del paso. Azkaban era el lugar ideal… Black no tendría posibilidades de reclamar a Harry y en poco tiempo se volvería loco. Y Lupin era fácil de manejar, le debía mucho al director.

¿Pero cuál había sido la razón para que quisiera ponerlo con los Dursley? No le costó mucho a Severus encontrarla… la gratitud debida… la que Lupin sentía hacia Dumbledore… ¡la que Severus sentía hacia Dumbledore!

Poniendo a Harry al cuidado de sus parientes abusivos lo pondría en deuda con el director cuando lo "rescatara" y lo devolviera al mundo mágico diez años más tarde. Y el abuso induciría también en el chico una actitud de sumisión que Dumbledore sabría manejar muy bien para su provecho. El Niño Que Sobrevivió estaría dispuesto a hacer cualquier cosa que el director le pidiera con tal de que no lo mandara de vuelta con su familia.

Y esa misma noche Severus le había dado a Dumbledore más armas de manipulación y control al revelarle la condición de Harry.

Dumbledore no quería que Harry se curara… ¡por supuesto que no! Le convenía que quedara así como estaba, en Gabriel tenía al superhéroe que necesitaba… pero un héroe que podía transformar cuando él lo quisiera en un Harry muy fácilmente controlable y manipulable.

Con su trastorno psicológico, Harry era el arma perfecta. Había un solo problema, Silas. Silas era un Slytherin. Silas haría lo que fuera para proteger a Harry y era astuto, solapado y muy inteligente. Dumbledore no podía hacer nada al respecto, pero era indispensable que Silas no se integrara con la personalidad nuclear. Manteniendo a Silas aparte, Harry era controlable.

Severus estaba seguro de que el director le iba a pedir pronto que encontrara alguna forma de bloquear a Silas para que nunca pudiera salir o alguna forma para poder controlarlo si no podía evitarse que saliera.

Severus se sentía repugnado por toda esa línea de pensamientos y deducciones que habían mantenido su mente ocupada durante más de una hora. No podía ser posible… y sin embargo… qué otra explicación cabía… Dumbledore había expresado claramente su deseo de que Harry NO se curara… porque eso era lo conveniente.

Muchas eran las actitudes y conductas del director que Severus había "disculpado" durante catorce años… muchos indicios de que el accionar de Dumbledore se había ido desviando hacia senderos muy oscuros.

La negación ya no era una opción. Tenía que enfrentar la verdad. En algún momento el derrotero de Dumbledore había cambiado y había comenzado a cometer actos malignos para lograr sus objetivos. Era algo que Severus había sospechado no del todo conscientemente durante mucho tiempo, pero que se había negado a admitir. Y había sido por eso que no le había dicho nada al director hasta esa noche.

Su principal prioridad a partir de ese momento sería proteger a Harry y no sólo porque era lo que correspondía hacer sino también porque le tenía afecto… lo quería… amaba a Harry.

Era el momento de tomar decisiones, tenía que planear cuidadosamente una vía de acción. En primer lugar, era imprescindible que Harry no volviera con los Dursley, eso era lo más apremiante. Y luego habría que hacer mucho más… no iba a permitir que Harry se transformara en otro peón de Dumbledore… y desde esa noche en adelante él, Severus Snape, también dejaría de ser un peón.

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