Mente rota, alma quebrada
Despertares
Neville estaba sentado en la cama de Harry sosteniéndole una mano. Todos los alumnos estaban abajo en el Gran Salón desayunando. El Expreso de Hogwarts partiría a las diez desde Hogsmeade hacia Londres. Neville se sentía muy deprimido, no quería tener que dejar a Harry mientras siguiera enfermo.
En ese momento oyó un leve gemido y alzó la cabeza.
—Neville… —dijo la voz muy ronca de Remus.
Neville se puso de pie de un salto y corrió hasta la cama del profesor. Había un vaso de agua en la mesita de luz. Neville lo ayudó a incorporarse y le dio de beber. Remus bebió lentamente, de a pequeños tragos.
—¿Qué pasó? —preguntó cuando se sintió saciado.
—No es mucho lo que sé, profesor. Al principio Harry había caído en coma, pero ya no, ahora duerme profundamente. Sirius Black también duerme, pero es un sueño inducido por encantamientos, sufre de un caso muy severo de neumonía suprimida.
—¿Peter? —demandó Remus vehemente. Neville tragó con dificultad.
—¿Quién?
—Pettigrew. —insistió Remus impaciente— Peter Pettigrew.
—No sé, profesor. —respondió Neville nervioso, que no sabía de qué le hablaba.
—Se escapó, señor. —les llegó la voz de Hermione desde atrás, Neville giró la cabeza y la vio, Ron estaba con ella. —Ud. se transformó y golpeó al profesor Snape que se desmayó. Los hechizos que había puesto sobre Pettigrew perdieron efecto, Pettigrew cambió a su forma animagus y salió corriendo, Black fue a perseguirlo. Harry lo espantó a Ud. con un hechizo, poco después se oyeron los gemidos de Black, estaban atacándolo. Harry corrió a ayudarlo, los dementors lo habían rodeado. Harry lo defendió y lo salvó pero él también resultó muy herido. Al principio había caído en coma profundo, pero madame Pomfrey dice que ahora está en un sueño profundo, es posible que se despierte esta tarde… o mañana quizá.
—Lo más probable es que los dementors los hubiesen matado. —dijo Ron— Pero en ese momento se desató una tormenta mágica que los hizo polvo. Eso fue lo que les salvó la vida a Harry y Black.
—Fue espantoso. —retomó Hermione estremeciéndose— Fue por la tormenta que Ud. resultó tan lastimado, profesor. Una gran área del bosque fue destruida y el suelo calcinado. El lago también se vio muy afectado, más de una docena de las criaturas que lo habitan murieron. Algunos emergieron a la superficie más tarde, Dumbledore habló con ellos… querían irse. Dumbledore les prometió algunos regalos como compensación, no sé si terminaron aceptando.
Remus volvió a recostarse sobre la almohada y cerró los ojos. Neville regresó junto a Harry. Ron y Hermione intercambiaron una mirada preocupada, el profesor Lupin parecía haberse dormido, finalmente decidieron acercarse también a la cama de Harry. La respiración de Harry era irregular y la expresión del rostro tensa. Ninguno de los tres habló durante varios minutos.
—Ah… estaban acá. —dijo Dumbledore que acababa de entrar— Tienen que darse prisa o van a perder el tren. Harry sigue mejorando, les mandaré una lechuza para avisarles cuando se despierte.
—Sí, señor director. —dijo Hermione, agarró a Ron de la manga y enfiló hacia la puerta. —Neville, ¿vos venís también?
Neville asintió y los otros dos salieron. Dumbledore se le acercó, le sonrió y le posó una mano sobre el hombro. Con renuencia, Neville se encaminó hacia la puerta, Remus había vuelto a abrir los ojos y le dirigió una sonrisa. —Te voy a escribir. —prometió.
—Gracias. —respondió Neville con una sonrisa triste— Recupérese pronto… y cuídeme a Harry.
—No te preocupes que eso haré… y vas a ver que todo va a terminar saliendo bien.
Neville asintió y salió. Remus concentró su atención en el director que le estaba acariciando los cabellos a Harry. —¿Cómo sigue? —preguntó.
—Se podrá bien. Los dementors les drenaron la magia, a él y a Sirius, pero los niveles están volviendo a crecer poco a poco. Poppy cree que se va a despertar dentro de algunas horas.
Dumbledore caminó hasta la cama de Remus, tomó asiento en una silla que había al lado y le palmeó suavemente una pierna. —¿Y vos como estás, mi muchacho? ¿Te acordás de lo que pasó?
—Nada desde que me transformé y hasta hace pocos minutos cuando me desperté.
—Contame todo lo que te acuerdes.
oOo
Severus estaba en su oficina corrigiendo exámenes. Los alumnos se habían ido y el castillo estaba muy silencioso. Para él solía ser uno de los mejores momentos del año… pero no ese día, estaba muy preocupado por Harry y por Dumbledore. Por diferentes razones, naturalmente.
—Profesor Snape.
Severus giró la cabeza. Había una chica parada atrás de su escritorio. Los ojos se le abrieron grandes de asombro y luego se entrecerraron suspicaces, sabía que nadie había entrado por la puerta. La chica aparentaba tener unos quince años, llevaba puesta una toga escolar reglamentaria pero no portaba en la solapa insignia de Casa. No la reconoció. Se puso de pie lentamente y se llevó la mano al bolsillo en el que tenía la varita. Severus conocía perfectamente a todos los alumnos… la chica no era alumna de Hogwarts.
La chica sonrió. Los ojos le brillaban intensos… un brillo que revelaba extensivo conocimiento… experiencia… nunca antes había visto un brillo como ése en ojos de un adolescente. —Hola, profesor. Soy Rowena Castle… y he venido para solicitarle algo.
—¿Qué es Ud.? —inquirió Severus muy tenso.
—Soy una proyección del castillo. Técnicamente podría decirse que yo, junto con los otros tres, somos Hogwarts. Los cuatros fuimos modelados a partir de los Fundadores, pero con el tiempo hemos adquirido personalidades propias y cada uno se ha especializado en diferentes áreas. —explicó— Lo cierto es que no tenemos mucho tiempo, bastará que diga que está de acuerdo…
—¿De acuerdo con qué?
—De acuerdo con enseñarle meditación a Neville para que pueda entrar en trance. A cambio, yo voy a hacer que Salazar le dé una mano.
—¿Salazar? —repitió Severus con una mueca desdeñosa— ¿Y dónde están Godric y Helga? —preguntó sarcástico.
—Siguen durmiendo. —contestó Rowena despreocupada— Es lo que hacemos la mayor parte del tiempo. Aunque no es un sueño profundo, considérelo una especie de duermevela si eso le conforma mejor. Incluso dormidos registramos todo lo que ocurre en el castillo. Muy raramente nos despertamos. La tormenta mágica despertó a Salazar. La magia oscura y la Psicología son sus obsesiones. Y lo que ocurrió tuvo mucho que ver con esas dos cosas. Después me despertó a mí porque quería obtener información de Neville. Pero entre nosotros hay una especie de ley no escrita, no podemos pedir nada si no damos algo a cambio. No le costó mucho darse cuenta de que Neville es un Elemental de afinidad Tierra. La magia es mi campo de acción y la magia elemental es uno de mis hobbies. Por eso me despertó. Neville ayudó a Salazar, así que ahora yo voy a ayudarlo a controlar y dominar sus talentos, pero antes Neville tiene que aprender meditación. Salazar me debe una porque lo ayudé a obtener la información que quería, yo le pedí que lo ayudara a Ud. con el asunto de la condición de Harry y Ud. me va a ayudar a mí enseñándole meditación a Neville. ¿Le quedó claro?
Severus permaneció en silencio durante un largo instante, entre el descreimiento y el asombro. Los Fundadores habían dejado improntas de ellos en Hogwarts y con el correr de los siglos esas improntas se habían transformado en entes pensantes y habían adquirido personalidad propia.
—¿Cómo podría ayudarme Salazar? —preguntó con cautela.
—Ya se lo he dicho. —respondió ella frunciendo el ceño— La magia oscura y la Psicología lo fascinan. Puede introducirse en las mentes y estudiarlas y lo que encontró en la mente de Harry es completamente inusitado para él. Él va a poder informale cosas sobre la condición de Harry que Ud. nunca podría averiguar de otro modo.
—Si Salazar pude introducirse en cualquier mente, ¿por qué no tomó directamente la información que necesitaba de la mente de Neville? ¿Por qué se vio obligado a negociar?
—Una excelente pregunta. —dijo Rowena con aprobación— En realidad Salazar no puede leer la mente, ni puede observar memorias a su antojo. Pero puede percibir la estructura del alma. Él seguramente sabrá explicárselo mejor.
—¿Y dice Ud. que fue la tormenta lo que lo despertó?
—Así es. Pero no crea que va a poder engañarnos por esa vía de acción. —le aclaró ella con suficiencia— Sabemos perfectamente que no fue una tormenta mágica natural. Si así hubiera sido habría sido yo la que se despertara primero. Salazar sabe que la tormenta fue obra de Harry.
—¿A quién más piensan decirle todo esto? —preguntó Severus muy serio.
—A nadie más. —lo tranquilizó ella— Lo traje a colación porque me constaba que Ud. ya lo sabía… y es mejor que todo esté muy claro desde el principio.
—¿Ustedes no están vinculados con el director?
—Bueno… en cierta forma… —respondió ella y se permitió una risa— Existe un compromiso… pero al revés… El director está obligado a proteger el castillo, es decir, a nosotros. A cambio de esa protección Godric lo ayuda con las barreras… podemos ayudar con otras cosas si queremos, pero no estamos obligados.
—¿No había dicho que Godric dormía? —preguntó Severus arrugando la frente.
—Así es. Pero incluso el Godric original solía hablar en sueños. Y las barreras son la especialidad de Godric. Tiene siempre un cierto grado de consciencia que le permite monitorearlas. Y cuando está despierto el control de las defensas pasa a él. En esos casos, muy raros por cierto, el director deja de tener el control.
—Ya veo. —dijo Severus, volvió a sentarse y ocultó el rostro en las manos. Hasta ese momento había pensado que las cosas no podían complicarse más de lo que ya estaban… ¡y detestaba equivocarse!
—¿Profesor? —dijo Rowena posándole una mano sobre el hombro— ¿Se siente Ud. bien? ¿Tenemos un acuerdo?
—Sí, señorita Rowena Castle. —respondió con vos exhausta al tiempo que se descubría la cara— Tenemos un acuerdo. No es que me quede otra opción… ¡y Merlín nos asista si justamente Longbottom resultó ser uno de los míticos magos elementales!
—Voy a hacer de cuenta que no escuché esa última parte. —dijo ella, carraspeó y llamó en voz alta: —¡Salazar!
Otro adolescente, de extremidades muy largas, se materializó al lado de Rowena. No parecía estar de buen humor precisamente. Cruzó los brazos sobre el pecho con fastidio. Severus tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa. ¿Y se suponía que un tal individuo compendiara mil años de conocimiento? Rowena miró a Salazar alzando una ceja reprobadora. —Vas a ayudar al profesor a comprender mejor la mente de Harry. —lo emplazó.
—¡No podías haber sido más inoportuna, Rowena! —protestó sacudiendo un pie contra el suelo. —Severus intentó sin éxito contener la sonrisa— ¡¿Y Ud. de qué se ríe?! Realmente estaba muy ocupado… Harry está en medio de un ataque y yo estaba muy interesado en ver lo que pasaba.
—¡¿CÓMO?! —bramó Snape. Saltó poniéndose de pie y salió corriendo.
—Excelente movida… —lo amonestó Rowena enojada. Salazar se limitó a alzar apenas una comisura y un segundo después desapareció.
oOo
Dumbledore se había ido una hora antes y Remus había vuelto a dormirse, pero fue arrancado de su sueño. No había sido un sonido ni un cambio de la luz lo que lo había despertado. Sino el olor de terror en el aire. Apartó las mantas y se sentó en la cama, quedó enfrentado a Harry y mirándolo directamente. Sus ojos empezaron a relumbrar con intensidad protectora al verlo enrollado en posición fetal y temblando sobre la cama.
—Harry, ¿qué te pasa? —preguntó con voz ronca al tiempo que se ponía lentamente de pie. Las heridas protestaron y le arrancaron un gemido dolorido. Pero no podía ignorar a su cachorro que estaba sufriendo. —Harry… ¡respondeme!
Harry se acurrucó más. —¡Perdón… perdón…! ¡Por favor no me pegue!
—¿Pero qué te pasa? —insistió Remus acercándose rengueando a la cama— Nadie va a pegarte.
Harry empezó a sollozar, no contestó. Remus estiró una mano y lo tocó suavemente en un hombro. Harry se retrajo separándose bruscamente y empezó a gritar más fuerte, las lágrimas le bañaban las mejillas. Remus murmuró palabras consoladoras y lo abrazó. Pero eso empeoró más las cosas. Harry forcejeó para liberarse al tiempo que chillaba que se iba a portar bien. Remus percibió que el olor de terror lo envolvía y que se había vuelto más intenso.
Retrocedió unos pasos y con dolorosa dificultad se acuclilló adoptando una posición que luciera menos amenazante. —Harry, soy yo… Remus… Todo está bien, no tengas miedo. Estás seguro, Harry. No te va a pasar nada…
Continuó susurrando palabras tranquilizadoras y poco a poco los sollozos de Harry fueron amainando. Pero seguía acurrucado, temblando y respirando jadeante. Tenía la cara empapada de sudor y de lágrimas que seguían brotándole. Pero se iba calmando, el olor de terror iba disminuyendo. Remus avanzó un poco, siempre agachado.
—¡No, no, por favor! ¡No me pegue más! ¡Perdón! ¡Me voy a portar bien! ¡Perdón! ¡Por favor! —suplicó con los ojos fijos en Remus, alterándose otra vez al verlo aproximarse.
Remus retrocedió una vez más y los sollozos y súplicas fueron acallándose. Había empezado a mecerse pero con los ojos siempre fijos en el profesor. Remus se sentía abrumado por el olor del miedo que impregnaba la atmósfera. El lobo en él quería ponerse a aullar y eliminar de inmediato la causa que aterraba a su cachorro. Lamentablemente, ni el lobo ni el humano podía adivinar cuál era la causa que lo había puesto así. El humano prevaleció y se puso a cantar. Era una canción de cuna que su madre solía cantarle el día posterior a la luna llena para ayudarlo a sobreponerse de los dolores de la transformación.
—No me pegue más… —susurró Harry suplicante. Los ojos se le iban cerrando. Remus se acercó un poco y el chico no reaccionó. Estaba agotado, el miedo es una emoción que drena las fuerzas, sobre todo cuando es muy intenso y se prolonga.
—No… —advirtió Severus que acababa de entrar. Remus se volvió a mirarlo. —No lo toques… entraría en pánico.
—¿Qué le pasa? —preguntó pero casi sin interrumpir la melodía que musitaba. Harry lucía tan desamparado, sentía un poderoso impulso de abrazarlo, de protegerlo.
—Es lo que yo también quisiera saber.
Severus giró bruscamente, Dumbledore estaba en el marco de la puerta. Afortunadamente supo controlarse porque su expresión continuó impasible sin delatar el sobresalto. Remus sintió el olor de la tensión y miró a Severus con curiosidad, pero no dejó de canturrear. Dumbledore fijó durante un instante la mirada en Harry y luego miró una vez más a Severus requiriendo con los ojos una explicación.
—Creo que es debido a los dementors. —dijo Severus con tono neutro— Potter había sido muy afectado en sus experiencias anteriores con los dementors y esta vez eran muchos más… debe de tratarse de un efecto residual.
—Ya veo. —dijo Dumbledore muy serio y enfiló hacia la cama de Harry.
Severus le advirtió con vehemencia que no se le acercara.
—Oh, tonterías, mi muchacho. Yo no constituyo amenaza alguna.
Remus se apartó un poco para darle lugar. Desde donde estaba Severus le llegaron efluvios de gran nerviosismo y de ira. Lo miró, pero el rostro de Severus no mostraba ninguna emoción. Sus miradas se cruzaron durante un segundo. ¡Severus no quería que el director se acercara a Harry! ¿Era Dumbledore la amenaza? Sus músculos se tensaron… presto a abalanzarse para eliminar el peligro.
Los ojos de Harry habían vuelto a abrirse cuando Remus había dejado de salmodiar la canción de cuna. Dumbledore sonreía y sus ojos brillaban titilando hipnóticos. Remus notó un ligero temblor en las manos y en los hombros de Harry… el temblor fue intensificándose cuanto más se aproximaba el director a la cama.
Disimuladamente, Severus susurró un encantamiento para interrumpir el sueño mágicamente inducido en el que estaba sumido Black. Sirius se sentó de repente apenas Harry empezó a gritar. Harry se había acurrucado una vez más, se había cubierto la cabeza con los brazos y chillaba con la cara hundida entre las piernas. Dumbledore retrajo de inmediato la mano que había estirado para tocarlo y trató de tranquilizarlo murmurando palabras apaciguadoras. Pero Harry no lo escuchaba, lloraba y temblaba frenético, histérico y desamparado.
Sirius se estaba bajando de su cama con mucha dificultad, entre toses y jadeos farfullaba que dejaran a Harry tranquilo. Remus se había incorporado y soltó un aullido. Tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para controlarse y no apartar con violencia al director de su cachorro. Los sollozos y gritos de Harry eran desgarradores.
—¡Apártese de mi camino! —gritó madame Pomfrey que acababa de entrar y le dio un empujón a Severus para abrirse paso. Severus tambaleó y se hizo a un lado. —¡¿Qué es lo que está pasando acá?! ¡Exijo que se vayan todos de inmediato! ¡Tengo que atender a mis pacientes!
Dumbledore juzgó sensato obedecer y retrocedió dándole lugar. Madame Pomfrey empezó a susurrar una letanía de encantamientos diagnósticos sobre el chico histérico. Remus fue a ocuparse de Sirius, lo ayudó a volver a la cama. No le costó demasiado, Sirius estaba exhausto, muy febril y respirando con mucha dificultad y apenas si había logrado dar un paso.
Como siempre, madame Pomfrey se mostró muy eficaz. Harry fue calmándose rápidamente y un minuto más tarde estaba dormido. Ella continuó pronunciando unos encantamientos más durante algunos instantes y luego pasó a atender a Sirius que esta protestando con voz débil porque quería ir con su ahijado. Dumbledore estaba tratando de calmarlo pero no le resultaba fácil.
Madame Pomfrey pronunció algunos encantamientos curativos y luego protestó: —¡Y después se quejan de que les lleva demasiado tiempo curarse! Vea Black… ¡o se queda quieto en la cama o vuelvo a dormirlo! Remus, ayudame a administrarle unas pociones.
Sirius bebió los remedios pero poniéndole muy mala cara a la sanadora.
—¿Cómo está Harry? ¿Sabés qué es lo que le pasa? —preguntó Remus.
—Todavía no puedo estar segura, pero creo que su estado fue provocado por los dementors. Creo que quedó atrapado en una de sus peores recuerdos. —respondió ella y luego volvió a la cama de Harry a acomodarle las mantas y a seguir atendiéndolo.
—¿Un recuerdo? —susurró Remus poniéndose muy pálido. Harry había estado gritando que dejaran de pegarle. ¿Quién era el que le había pegado? Gruñó… ¡debían de haber sido esos muggles enfermos!
—¡¿QUIÉN LE HIZO ALGO ASÍ?! —ladró Sirius y sufrió un violento ataque de tos.
Madame Pomfrey volvió presurosa para retarlo, blandiendo amenazadora la varita. Intervino Dumbledore antes. —Todavía no podemos estar seguros, pero voy a investigarlo. —prometió con voz seria— Sin embargo, tengo la sospecha de que Harry podría estar reviviendo la noche en que asesinaron a sus padres.
Severus dejó oír un bufido exasperado, Dumbledore sabía muy bien que no se trataba de eso. El director lo reconvino con una mirada dura. Severus optó por no agregar nada más, pero Remus no se quedó callado. —Gritaba que no le pegaran más. —dijo con voz ronca y enojada— Cuando mataron a James y Lily tenía menos de dos años, apenas si hablaba por entonces.
—Puede estar reviviendo el recuerdo pero con su mentalidad actual. —explicó Dumbledore.
—Yo he visto a chicos que habían sido víctimas de abuso, señor director. Hay signos que ponen en evidencia las cosas que les tocó pasar. —argumentó Remus— Y el comportamiento de Harry hace unos minutos no deja lugar a dudas.
—Repito, no podemos estar seguros de nada. —dijo Dumbledore con un tono que dejaba lugar para réplicas— Plantear hipótesis sin disponer de datos suficientes no tiene sentido.
—¿Quiere que haga algunas averiguaciones? —ofreció Severus con tono casual.
—No. —contestó el director sacudiendo la cabeza— Yo iré con él cuando regrese a su casa y veré qué puedo descubrir.
Muy conveniente, pensó Severus con disgusto. Detestaba a Dumbledore cada vez más. Tuvo que hacer un inmenso esfuerzo para controlarse.
—¡Señor director! —protestó Remus— ¡Harry no debe volver a esa casa! ¡Lo pondría en grave peligro!
—Yo voy a estar con él, Remus. —dijo Dumbledore mirándolo desafiante, Remus tuvo que agachar la cabeza y deponer sus argumentos— Y conmigo estará seguro, no tenés por qué preocuparte.
—Por supuesto, señor director.
—No. —masculló Sirius con la mente embotada por los encantamientos y las pociones— Harry no debe volver a esa casa, yo soy su padrino… se quedará conmigo.
—Lo lamento, mi muchacho. —dijo Dumbledore con tono triste— Eso no va a ser posible. Harry necesita renovar la protección de sangre y todavía no contamos con pruebas que sirvan para exonerarte. Yo me ocuparé de que esté seguro y Poppy me dará todas las indicaciones para atenderlo.
—Creo que había mencionado que madame Pomfrey iría con Ud. —dijo Severus.
—Así era… pero Poppy recibió un llamado hoy, requieren urgentemente sus servicios en St. Mungo. Al parecer se ha desatado una epidemia de gripe draconiana. De hecho tuvo que disculparse porque no iba a poder ir hasta mañana.
—¿Y Ud cuando piensa llevarlo? —inquirió Severus.
—Mañana a la mañana. —respondió Dumbledore— Remus, deberías volver a tu cama, necesitás descansar y Poppy te ha estado mirando con muy mala cara durante los últimos cinco minutos.
Remus sonrió apenas y se dejó guiar por la sanadora de regreso a la cama. Sirius aparentemente había vuelto a dormirse. Dumbledore se despidió, le dijo a Severus que lo acompañara y salió. Severus lo siguió tan como se lo había ordenado.
oOo
—Tomá siento, Severus. —le indicó señalándole la silla del otro lado del escritorio.
Severus declinó el ofrecimiento y permaneció de pie.
Dumbledore no puso objeciones. —Estoy contrariado, Severus. Sé que a vos te disgusta que Harry tenga que volver con su tía, pero así deben ser las cosas. Tomo las decisiones teniendo en cuenta las posibles consecuencias y puedo asegurarte que a la larga para Harry será peor si no vuelve a casa de los Dursley.
—Sí, señor director. —respondió Severus inclinando apenas la cabeza.
—Me parece bien que lo entiendas… —dijo Dumbledore al parecer satisfecho— Ahora quisiera plantearte algunas preguntas. ¿Cuántos son los que saben de la condición de Harry?
—Por lo que yo sé… sólo yo… es posible que Harry se lo haya dicho a otros, pero lo dudo. No le gusta hablar al respecto… —Severus se permitió una ligera mueca desdeñosa— …sus amiguitos Gryffindor no saben nada, por supuesto.
—¿Y Remus?
Severus encogió los hombros. —Es posible… pero lo dudo. El Lobo sigue muy dolorido, creo que por eso reaccionó con exagerada emoción.
Dumbledore sonrió. —Es mejor que sea así. Yo me ocuparé de hacer todo lo que sea mejor para Harry y para todos nosotros. Quisiera que me ayudaras a controlar a los otros, creo que todavía no están en condición ideal para pensar claramente.
—Sí, señor director. —repitió Severus con otra breve inclinación de cabeza.
—Sé que tenés que atender tareas relacionadas con la finalización del año. Podés retirarte. —dijo sonriéndole afable.
—Gracias, señor director. —dijo Severus y enfiló hacia la puerta.
—Ah… y otra cosa, Severus… es posible que precise de tu colaboración durante los meses de vacaciones, me gustaría que estuvieras disponible.
—Por supuesto. —contestó Severus y salió. Trinaba de furia cuando bajaba las escaleras pero nadie que lo estuviera mirando se hubiera dado cuenta.
Tenía mucho que planear.
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—Parece que ha estado muy ocupado. —comentó Salazar con un dejo de humor, estaba esperándolo sentado en la oficina de Severus.
—¿Tiene Ud. información adicional sobre la condición de Harry? —preguntó directo, no estaba como para un duelo dialéctico con el… ¿espectro? Durante las horas anteriores había elaborado un plan que ya se había puesto en marcha.
—Oh bueno… si no está de humor para una charla distendida… —Salazar fue al punto— Nunca antes había visto una mente dividida como la de Harry, es algo asombroso. —los ojos se le encendieron de entusiasmo— Por lo que he podido deducir, no fueron los dementors los que drenaron de magia a Harry. Cuando el alter que llaman Demon salió, usó al principio sólo su propia magia… sólo más tarde, cuando quiso focalizar sus ataques, recurrió a la magia de los otros alter. Su magia propia es caótica y necesitaba de magia más estable para imprimirle precisión a sus ataques. La magia puramente destructiva, o "magia oscura" como la llaman hoy en día, es muy difícil de controlar… no me cabe duda de que Ud. lo sabe muy bien. Creo que fue drenando a los alter empezando por el último que había aparecido y retrocediendo. Boy no sufrió ningún menoscabo de su magia. Y fue por eso que pudo detener a Demon antes de que los daños fueran mucho peores. Boy fue el único que quedó en condiciones de actuar, salió de su armario y obligó a Demon a entrar. Le costó bastante… varios minutos… es un chico, sus recursos no mágicos son limitados. Pero si no hubiera intervenido… poco habría quedado de buena parte del mapa. Pero, por fortuna, Boy lo obligó a retraerse. Los otros habían caído en coma pero Boy no… sólo dormía… pero curando como ha hecho siempre. Los otros todavía no están en condiciones de salir, cuando Harry esté consciente será Boy el que esté en control.
Salazar hizo una breve pausa reflexiva y prosiguió: —Puede resultar inconveniente que Boy sea el que salga… su comportamiento llama la atención… pero por otro lado es bueno que sea él el que se mantenga en control, Boy cura. Ésa es una de las razones por las que creo que Boy no debe integrarse en el corto plazo, pero no es la única… Boy es mentalmente inestable… o hablando mal y pronto, demente. Y su integración con Harry podría resultar sumamente contraproducente.
Salazar hizo otra pausa y continuó.
—En cuanto a Rose, está muy próxima a integrarse con Harry. Y creo que Harry la va entendiendo cada vez más… A diferencia de los otros alter, Rose quiere integrarse en Harry, Rose ama a Harry… y los ama a Ud., a Remus y a Neville. Ella quiere que Harry se sane y está convencida de que amarlos a todos ustedes lo va a ayudar. Pero debo hacerle una advertencia, es posible que si Rose se integra poniendo en manifiesto los sentimientos de Harry por ustedes… es posible que Silas y Gabriel, dejen de cooperar como hasta ahora. Silas y Gabriel son diferentes, tienen de entre las personalidades un estatus casi igual que el de Harry… Piensan, razonan y actúan casi como entidades independientes. Conseguir integrarlos podría llegar a ser muy dificultoso. Y en cuanto a Demon… quizá sería mejor que nunca se integrara.
Severus se limitó a asentir e hizo un breve gesto instándolo a que prosiguiera.
—En todo el asunto hay factores buenos… otros malos… y algunos pésimos. Por el lado bueno, Harry no se ve influenciado por Demon, los otros alter sí pueden influenciarlo solapadamente. Por el lado malo… Demon fue en su origen un enclave de Voldemort en Harry, un enclave de magia oscura, caótica, destructiva… dentro de Harry. Ajeno a él… pero así y todo ahora parte de él. Y la parte pésima… Harry y los otros han estado nutriendo a Demon de odio e ira durante años… y esa personalidad parásita también fue adquiriendo entidad propia… y razona… de manera muy primitiva. Sólo maneja rabia y odio. Se concentró para destruir a los dementors… pero también en hacerlos sufrir antes. Y la entidad Demon se fortificó con ese despliegue de poder. Quizá en el futuro pueda imponerse más que hasta ahora… y por encima de los otros alter.
Salazar hizo una nueva pausa, pareció ordenar sus pensamientos y continuó.
—La última cosa que descubrí sobre Demon es que Voldemort está conectado con Harry a través de él. Existe la posibilidad de que cuando Voldemort recupere fuerzas pueda "alimentar" a Demon… la personalidad podría tornarse muy poderosa y adueñarse de la mente de Harry. O quizá Voldemort podría intentar absorber para sí esa parte de Harry… y sabemos que Demon tiene inmenso poder, no auguraría nada bueno… No obstante, probablemente no le sea posible lograr eso, Demon dejó de ser parte de él hace mucho tiempo.
Concluida su explicación, Salazar estudió la expresión de Severus que sin lugar a dudas había quedado muy impresionado. —Creo que será mejor que me retire ahora, Ud. tiene mucho en qué pensar.
Severus ni notó cuando desapareció, estaba inmerso profundamente en sus reflexiones. Salazar le había aportado mucha nueva información, muy importante… y alarmante en muchos aspectos. ¿Cómo iba a hacer para poder manejar todo eso? Tenía que pensar y analizar mucho… decidió que un vaso de whisky le vendría muy bien y fue a servírselo.
oOo
Dumbledore se despertó de manera repentina, las defensas le informaron que un exalumno adulto y un alumno habían abandonado el predio de la escuela. Sólo había quedado un alumno en el castillo… ¡Harry! Bajó de la cama de un salto, pronunció un encantamiento de rastreo y levantándose el camisón hasta las rodillas corrió hacia el lugar donde se había producido la perturbación. El encantamiento le proveía una línea amarilla como guía. Curiosamente la perturbación no se había producido en los portales del castillo, sino varios metros bajo tierra… ¡Sirius debía de conocer un pasadizo subterráneo!
Cuando pasó cerca del ala hospitalaria se topó con Remus en el corredor. Estaba transido de dolor y tambaleaba. Dumbledore lo ayudó a sostenerse y demandó saber qué era lo que había pasado.
—¡Sirius…! ¡Harry y Sirius desaparecieron! —exclamó Remus en pánico y jadeante— ¡Me desperté y las camas estaban vacías! Fui al pabellón principal pero Poppy ya se había ido. ¡Tenemos que encontrarlos!
—Calmate, Remus. —lo instó Dumbledore al tiempo que lo hacía apoyar contra la pared— Los buscaré y los encontraré. Andá a avisarle a Severus y decile que vaya a mi encuentro.
—Si, señor director. —respondió Remus y partió con paso vacilante.
¡Condenado Sirius!, pensó Dumbledore cuando llegó ante la estatua de la bruja tuerta. Tuvo que emplear varios valiosos minutos hasta descubrir la forma de abrir el pasadizo. Luego marchó lo más rápido que pudo a lo largo del túnel. La puerta trampa al final había quedado abierta pero Harry y Sirius ya no estaban en el sótano de la bombonería y la línea amarilla se interrumpió abruptamente cuando llegó a la puerta del negocio.
Dumbledore sacó la varita y pronunció un encantamiento. ¡Maldición! Sirius no había desaparicionado, si ése hubiese sido el caso hubiese podido detectarlo y seguirlo. Levantó la varita, el Knight Bus se hizo presente con un estruendo unos segundos después.
—¿Vieron a un hombre de aspecto enfermo con un chico inconsciente o histérico? —demandó cuando se abrió la puerta.
Stan quedó boquiabierto de asombro durante un instante al reconocerlo, finalmente asintió. —Sí, señor. Los transportamos hace algunos minutos. ¿No es así, Ernie?
—Llévenme hasta el lugar donde se bajaron. —ordenó Dumbledore subiendo al ómnibus— No hagan ninguna parada entremedio. ¡Es imperativo que los alcance!
—Por supuesto, señor. ¡A toda velocidad, Ernie!
El viaje fue más traqueteado que habitualmente. Dumbledore se bajó de inmediato cuando llegaron a destino. La línea amarilla había reaparecido pero se estaba desvaneciendo rápidamente. Sólo le restaban unos pocos minutos, estaba a punto de perderlos. Estaba en el centro de Londres. Se puso un encantamiento de mimetismo y aparicionó una cuadra más adelante, repitió el procedimiento dos veces más pero cuando terminó el tercer "salto" la línea amarilla había desaparecido. Los había perdido.
—¿Señor director?
Se dio vuelta, Severus se le acercaba corriendo. —Severus, Sirius escapó y se llevó a Harry. Pude rastrearlos hasta aquí, pero el encantamiento dejó de ser efectivo. Yo voy a ir al Ministerio, vos continuá buscando. Hasta ahora lo había venido posponiendo pero creo que llegó la hora de informarles a las autoridades sobre Sirius, si siguen en Londres ellos podrán ayudarnos a encontrarlos.
—¡Perro sarnoso e imbécil! —masculló Severus con una mueca desdeñosa— ¿¡Cómo se le ocurre hacer un disparate como éste?!
—No sé qué responderte, mi muchacho. —dijo Dumbledore sacudiendo ligeramente la cabeza— Pero está enfermo y después de Azkaban no del todo en sus cabales… si llegaras a encontrarlo tratá de hacerle el menos daño posible. —le pidió el viejo y desaparicionó.
Severus se quedó parado en el mismo lugar durante unos instantes… por las dudas. Luego pegó media vuelta, desanduvo dos cuadras, paró un taxi, se subió y le dio las indicaciones al conductor. Era la dirección de un viejo teatro abandonado.
Sirius estaba sentado en un callejón estrecho que separaba al teatro de una gran tienda. A su lado estaba Harry, dormido. Harry temblaba en su sueño a pesar de que Sirius lo tenía estrechamente abrazado contra su cuerpo. Sirius trataba de contener un ataque de tos. Ninguno de los dos se veía bien.
Severus miró al prófugo con una mueca de desdén, le fastidiaba sobremanera tener que depender de la ayuda de Black, pero no le había quedado otra opción. Sacó una billetera y un papel del bolsillo y se los tendió. —Éstas son las indicaciones para llegar a un pequeño pueblo que está a dos horas de Londres. Cerca de allí hay una casa de mi propiedad. Nadie sabe de su existencia. Alójense en la hostería. Tan pronto como me sea posible yo iré a buscarlos y los llevaré a la casa. Lupin se nos unirá también.
Sirius se puso de pie y aceptó el papel y el dinero. —Hay muchas preguntas que vas a tener que contestarme cuando vengas a buscarnos, Snape. —le advirtió.
Severus torció la boca con desdén y se inclinó para alzar a Harry. El perro mugriento no estaba en condiciones para un esfuerzo tal. Le costó mucho más de lo que había pensado desprenderse de su preciosa carga pero finalmente se lo depositó en los brazos. —Que no le vaya a pasar nada malo —lo amenazó— Si Harry se despierta, ¡no lo toques! Hablale para calmarlo pero conservando distancia. El miedo no se le va a pasar no importa lo que hagas. Y es posible que tengas que ordenarle que coma. ¿Vas a acordarte de todo o es demasiada información para tu cerebro retardado?
—¡Cerrá la jeta! —le escupió Sirius acunando a Harry en los brazos— Yo puedo cuidar muy bien a Harry.
—Más te vale. —dijo Snape y con un gesto hizo parar un taxi.
Severus se quedó un rato mirando hasta que el taxi dobló en la siguiente esquina. Regresó entonces al lugar donde se había separado de Dumbledore y estuvo recorriendo varias manzanas haciendo de cuenta que "buscaba". Rogaba que Dumbledore no lo retuviera durante muchos días, lo inquietaba mucho haber tenido que dejar a Harry con Black, pero no le había quedado otra.
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