Mente rota, alma quebrada
Tribulación
—Despiértese, señor. —dijo el taxista. Sirius se despertó sobresaltado y trató de alejarse de la mano que lo había sacudido. —Cálmese, amigo, ya llegamos.
Sirius miró por la ventanilla y vio que estaban estacionados delante de una hostería. Harry seguía a su lado, dormido. Suspiró con alivio. Todo estaba bien. Harry estaba bien. No había dementors allí. Y él era libre.
—Amigo, ¿se siente bien? —preguntó el taxista. Había algo muy extraño con esos pasajeros. —¿El chico es hijo suyo?
Sirius no estaba del todo ubicado todavía, demoró unos instantes en responder. La expresión de suspicacia del chofer se intensificó.
—No. —respondió finalmente Sirius con voz muy ronca. Tuvo que toser varias veces. —Es mi ahijado.
—¿Y sus padres? —preguntó el taxista.
—Muertos. —contestó Sirius, los rasgos se le pusieron tensos y apartó la mirada.
El taxista se tranquilizó un poco, supuso que las muertes debían de ser muy recientes y por eso el tipo se veía tan mal. Sirius le pagó, bajó del auto, alzó a Harry y entró en la hostería.
—Pobres infelices. —murmuró el taxista antes de volver a subir al coche.
oOo
—Buenos días, ¿en qué puedo servirlos? —preguntó la recepcionista sonriente a pesar de que era muy tarde o muy temprano según se viera.
—Necesito una habitación, todavía no sé por cuánto tiempo.
—¿Cuántos se van a alojar?
—Dos. Sólo nosotros dos. —respondió Sirius y tosió varias veces.
—Muy bien. —dijo la chica y empezó a teclear en la computadora.
Harry se removió inquieto en sus brazos y soltó un gemido. Sirius lo apretó más contra sí. Aprovechó para explorar el pequeño hall del establecimiento. Sólo había otro empleado aparte de la chica, seguramente debía de cumplir varias funciones, portero, botones y hombre de mantenimiento. Harry gimió un par de veces más, Sirius empezó a entrar en pánico. ¿Y si se despertaba? ¿Qué iba a hacer? Snape le había anticipado que lo más probable era que tuviera un ataque como el del día anterior.
—Tenemos habitaciones para fumadores y para no fumadores. ¿Cuál prefiere, señor?
—Para no fumadores.
—¿Una o dos camas?
Harry abrió los ojos y aterrorizado empezó a gritar. Empezó a sacudirse frenético para liberarse del abrazo de Sirius. Sirius se arrodilló porque tenía miedo de que Harry se cayera y se golpeara lastimándose. —Shhh… —chistó acunándolo. La recepcionista estaba espantada y el portero se había puesto de pie con actitud agresiva. —Harry… por favor… —suplicó apretándole la cabeza contra su hombro para amortiguar siquiera un poco los gritos.
—¿Qué es lo que pasa? —demandó el hombre— ¡Suelte al chico!
—¡No le estoy haciendo daño! ¡Es mi ahijado!
—¡Dije que lo suelte! —replicó el hombre— Sheryl, llamá al gerente.
—¡No! —clamó Sirius— ¡Está bien! ¡Harry está bien! Es sólo que se asustó… se va a poner bien enseguida. Yo lo estoy protegiendo… ¡no me lo pueden sacar! ¡No me lo van a sacar!
—¡Cálmese! —dijo el hombre acercándose— No voy a sacárselo… pero quiero que suelte al chico. Acá no queremos problemas, señor… Suéltelo.
Los gritos de Harry aumentaron de volumen.
—Harry… por favor…
En ese momento entró el gerente y amenazó con llamar a la policía. Sirius sintió que había fracasado… ¡se lo iban a sacar! Pensá, Sirius, pensá… se te tiene que ocurrir algo para salir de ésta…
Harry logró liberarse del abrazo, inmediatamente se acurrucó haciéndose una bola sobre el suelo y empezó a mecerse, los gritos cesaron de golpe. Los muggles quedaron atónitos por el comportamiento de Harry. Sirius tuvo un ataque de tos. Pero logró aplacarlo rápido.
—Por favor… —pudo articular con voz ronca y suplicante— No le estoy haciendo daño… tiene una cierta condición… Se calmará cuando estemos instalados en una habitación.
—¿Qué le pasa? —preguntó muy conmocionada la recepcionista, le corrían lágrimas por las mejillas.
—¿Es autista? —preguntó el portero con tono compasivo— Tengo una sobrina que sufre de eso…
—Sí… —confirmó Sirius de inmediato, aunque no sabía de qué le estaba hablando, pero no iba a desaprovechar la excusa que le ofrecía servida— Tendría que habérselo informado apenas entré… pero temía que no me permitieran alojarme. —tosió varias veces— Tuve que hacer una parada porque no me encuentro bien… por favor… les aseguro que no les va a causar ningún problema… yo me voy a ocupar…
El gerente miró a los dos empleados; sin palabras los dos le hicieron saber que estaban de acuerdo con que les permitiera quedarse. —Está bien… —accedió finalmente— ...puede alojarse, pero no quiero que haya problemas.
—Pierda cuidado… —dijo Sirius, todo indicaba que había podido zafar. Pero, ¿qué iba a hacer a continuación? Si volvía a alzarlo se pondría histérico otra vez… Lágrimas le inundaban los ojos… ¡Oh, Harry, que te hicieron para que terminaras así! ¡Es mi culpa! Yo tendría que haber estado a tu lado para cuidarte…
—¿Señor?
Sirius se secó los ojos con la manga. —¿Sí…? Discúlpeme… es que…
—Entiendo… —dijo la chica con compasión, ella seguía con los ojos húmedos también— Le voy a dar la habitación 206, está en una de las esquinas y algo alejada de las otras… para que los ruidos no los molesten… —agregó con diplomacia— Si llegaran a necesitar algo, llámeme, mi nombre es Sheryl. En realidad la hostería no tiene servicio de habitaciones, pero yo estoy dispuesta a llevarle cualquier cosa que necesite.
—Gracias, Sheryl. —dijo Sirius sonriéndole con todo el corazón, la chica se sonrojó un poco.
A pesar de su condición maltrecha, aparentemente algo de su natural seductor encanto persistía. Una buena, al menos. Volvió los ojos hacia Harry que seguía meciéndose en el suelo. Tenía los ojos verdes muy abiertos y miraba alrededor con desconfianza y miedo. Snape le había dicho que quizá iba a tener que ordenarle que comiera, ¿daría resultado si la orden fuera otra? Valía la pena probar. Y lo antes posible… antes de que las sospechas de los que estaban alrededor se reactivaran.
—Harry, seguime… —dijo con firmeza— Ya mismo… —agregó y se encaminó hacia el ascensor.
Pudo observar de reojo y con gran alivio que Harry se ponía de pie y que con la cabeza gacha y los hombros caídos lo seguía. Entró detrás de Sirius en el ascensor y fue a resguardarse en un rincón para poner la mayor distancia posible entre ambos dentro del reducido espacio. Soltó un grito cuando la puerta se cerró y el ascensor se puso en movimiento.
—Shh… Harry… está todo bien… no te va a pasar nada… tranquilo, no tengas miedo… —rogó Sirius y se abrazó el torso. Las lágrimas le rodaban por las mejillas… Sentía como si estuviera a punto de desmoronarse en cualquier momento… pero tenía que resistir… tenía que llegar hasta la habitación…
Por suerte no se cruzaron con nadie en el corredor del segundo piso, porque Harry estaba llorando. Y llorando entró en la habitación cuando Sirius se lo ordenó y fue corriendo a esconderse debajo del escritorio que estaba en el extremo opuesto del cuarto.
Sirius sintió una vez más que se le estrujaba el corazón. ¡Daba una imagen de total desamparo! Gimiendo, acurrucado… Sirius se apoyó contra la puerta y se cubrió la cara con las manos. ¡No iba a poder! ¡No iba a aguantar verlo así! ¡Moony no debería haberle confiado a Harry!
Salvo que… la idea le había brotado de golpe de su desesperación y pánico… y se transformó. Y lentamente se acercó a Harry… y le lamió una mano. Harry no reaccionó con otro ataque… no consideraba al perro una amenaza y se fue calmando… se estiró un poco y apoyó la cabeza sobre la alfombra, los ojos empezaban a cerrársele… Snuffles se le tendió al lado, muy junto a él… y unos minutos más tarde los dos dormían.
oOo
Boy abrió los ojos de repente y de inmediato retrocedió gateando hasta la chocar contra la pared. El corazón se le aceleró en el pecho, la respiración se lo tornó agitada y las lágrimas le nublaron la visión. Con horror miró al hombre dormido que estaba tan cerca. Se tapó la boca con ambas manos para no dejar escapar ningún sonido. ¡Que no se despertara!
Esperó unos instantes y luego muy lentamente y temblando reptó hasta quedar a un costado del escritorio. Le llevó varios minutos completar la corta distancia. ¡No más, por favor, no quiero que me peguen más! Se detuvo un momento y juntó fuerzas y voluntad para continuar, tenía que escaparse. Retomó el gateo y siguió avanzando, pero muy lentamente, cada vez que el hombre tosía en sueños se detenía espantado. Tenía que encontrar un lugar seguro… ¡Pero que no se despertara!... ¡Se enojaría tanto! ¡Y le pegaría! ¡Y le dolería tanto!
El tiempo que demoró en llegar hasta la puerta le pareció una eternidad. ¡Por favor, que esté abierta y que no haga ruido! Aparentemente sus ruegos fueron oídos porque la puerta se abrió prácticamente sin hacer ningún ruido. Suspiró aliviado y huyó de la habitación.
oOo
Sirius se despertó unas horas más tarde, respirando muy dificultosamente. Se sentía muy enfermo como para poder dormir, notó que ya entraba luz por la ventana. Ardía de fiebre y tenía los labios resecos, se moría de sed. Se puso de pie con dificultad y tambaleando llegó al baño. Bebió con avidez directamente de la canilla. Tuvo un violento ataque tos que demoró unos minutos en ceder. Luego volvió a beber. Y tuvo que tomarse otros minutos más para componerse un poco.
Cuando volvió a la habitación, sus ojos derivaron hacia el escritorio. ¡Harry no estaba! Muy alterado fue a mirar debajo de las camas. Nada. Corrió hasta la puerta que daba al pasillo, pero seguía con los cerrojos puestos. Tuvo un nuevo ataque tos. Volvió al baño y se fijó en la ducha, pero tampoco estaba allí. Volvió al cuarto y miró por la ventana, estaban a una altura de casi ocho metros, sólo con magia habría podido salir por ahí…
—¡Harry! —gritó mirando primero hacia un lado de la calle y luego repitió el grito girando la cabeza hacia el otro lado.
Le llegó un sonido desde adentro. Que se transformó en gemidos ahogados cuando volvió a meter la cabeza. ¡En el armario, claro! Caminó hasta la puerta y la abrió, Harry estaba hecho un ovillo en un rincón. Empezó a gritar súplicas y se cubrió la cabeza con ambos brazos.
Sirius se transformó, entró y empezó a lamerlo hasta que se fue distendiendo y calmando. Finalmente los gimoteos cesaron y Harry se limpió la nariz con el dorso de la mano. Pero seguía habiendo algo que lo inquietaba, la puerta había quedado abierta, quería cerrarla pero el perro se interponía, trató de empujarlo para sacarlo del paso. Incluso en su forma animagus, Sirius se dio cuenta de lo que quería hacer Harry… y de que él no iba a soportarlo, quería estar al lado de Harry pero la idea de un espacio estrecho, oscuro y cerrado le hizo muy presentes los recuerdos de Azkaban.
Salió del armario y Harry cerró la puerta. Sirius recuperó forma humana y apoyó la cabeza contra la puerta. Se sentía muy débil y miserable. Su ahijado lo necesitaba y él no podía ayudarlo. ¡Oh, Prongs, Lils…! ¿Dónde están? ¿Por qué me dejaron solo…? ¡No! ¡No podía permitir que lo dominara la depresión! La situación requería que entrara en acción. Recordó algo que había dicho Snape… era preciso que consiguiera comida para Harry.
—Harry… todo va a estar bien, pichón… voy a ir a buscar comida y volveré pronto… quedate ahí… no trates de ir a ningún lado… vuelvo enseguida…
Recogió la llave y la billetera que habían quedado sobre la mesa de luz y salió al pasillo… ¿Cómo era el nombre de la chica…? ¿Sherry? Iba a bajar y le pediría ayuda a Sherry… ella había dicho que estaba dispuesta…
Desgraciadamente, un hombre había reemplazado a la chica en la recepción. Se puso nervioso y se le desató otro ataque de tos. El hombre lo miró con desconfianza. Una vez que pudo contener la tos se acercó con cautela al mostrador.
—¿Se le ofrece algo? —preguntó el empleado.
—Sí… necesito comprar comida para mí y para un chico de trece años. ¿Ud. me puede indicar adónde puedo ir?
—Le sugeriría también un jarabe para la tos.
—No, gracias… ya tengo demasiada tos como para ponerme a alimentarla con un jarabe.
El hombre lo miró con extrañeza. —¿Tiene Ud. fiebre?
—Sí… ¿me puede decir adónde puedo ir a comprar comida?
—¿Cuál es el número de su habitación? —preguntó el hombre preocupado.
Sirius tuvo que mirar la llave. —Doscientos seis.
—Sería mejor que volviera a su habitación, yo me voy a ocupar de conseguirle lo que necesita.
—¡Gracias! —exclamó Sirius. Sintió el impulso de abrazar al hombre por el gran favor pero se contuvo. Volvió a subir lo más rápido que pudo, entró de nuevo en la habitación, corrió hasta el armario y abrió la puerta. Harry empezó a chillar.
—Shh… todo está bien. Es sólo que quería… no te inquietes, Harry… pronto nos van a traer comida…
Pero Harry no quería calmarse. Sirius decidió que era mejor cerrar la puerta y dejarlo tranquilo por el momento.
—Perdón, Harry… me gustaría estar con vos pero no puedo. —susurró— Todo va a estar bien, me quedaré acá al lado… yo te voy a cuidar, Harry…
Pero lo atacó de nuevo la tos y tuvo que ir a la cama. La garganta le ardía y si hubiera tenido algo en el estómago seguramente habría vomitado. Pero fijó la vista en la puerta del armario y siguió vigilando acostado.
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Lo despertaron un rato después unos golpes en la puerta. Se levantó y fue a abrir. Era la chica de la noche anterior portando tres bolsas y más chica con medicamentos. Se lo agradeció y ella lo retó por no estar cuidándose como debía, Sirius no entendió bien lo que le decía porque empezó a toser una vez más, tuvo que volver a la cama.
Sheryl fue hasta el baño y volvió con una compresa fría y un vaso de agua. Primero le hizo beber un par de cucharadas de jarabe para la tos, luego le administró un comprimido de paracetamol y finalmente le puso la compresa fría sobre la frente.
El chico no estaba en la otra cama. Lo encontró dormido en un rincón del ropero. Sonrió apenas, ella también solía esconderse en el ropero cuando era chica, siempre parecía un lugar seguro. Lo despertó llamándolo. Los ojos verdes se abrieron de inmediato y húmedos de miedo. Ella tuvo el buen tino de no acercársele, se limitó a susurrar algunas palabras tranquilizadoras. Fue luego a buscar una de las bolsas y se la dejó dentro del armario, le dijo lo que contenía: un pote de leche chocolatada para beber con pajita, un sándwich de jamón y queso y galletitas dulces. Boy la escuchó mirándola con desconfianza pero con atención. Le dejó también una pequeña linterna y le explicó lo que era. Finalmente arrimó la puerta hasta casi cerrarla.
Luego volvió hasta la cama, Sirius se había incorporado un poco y había sacado un grueso fajo de la billetera.
—Tenga cuidado con eso, es mucho dinero. —advirtió— Dos billetes bastarán. Volveré más tarde. Descanse.
—Gracias.
oOo
Pasaron cuatro días. Sheryl venía dos veces por día a atenderlos. Sirius estaba un poco mejor pero seguía con tos. Harry seguía en el armario. Sirius tenía que ordenarle que usara el baño y que comiera. Pero Harry no había hecho demasiado problema, Sirius se mantenía alejado y lo dejaba comer en el armario. No habían tenido ninguna noticia de Moony ni de Snivelus… Sirius empezaba a inquietarse.
oOo
Harry abrió los ojos y no vio nada. Dejó escapar un gruñido y trató de estirarse, pero no pudo hacerlo del todo, el armario no daba para tanto. Había una manta con la que estaba a medias cubierto y localizó al tanteo algunos bollos de papel. Empezó a entrar en pánico. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba? ¿Por qué no podía ver nada?
No te alteres. —sonó la voz de Silas en su cabeza con tono cansado— Debe de haber una puerta.
¿Sy…? —preguntó sorprendido— ¿Pero cómo…?
Las barreras entre nosotros deben de haberse afinado debido al ataque de los dementors. —contestó Silas— Cuando estemos totalmente recuperados es muy probable que deje de ser posible.
Ahora date prisa… —lo urgió Gabriel malhumorado— …y tanteá la manija de la puerta.
—¡Qué hacés tanto escándalo! Soy yo el que está encerrado.
Si vos estás encerrado es obvio que nosotros también. —le recordó Silas sarcástico.
—Oh, bueno… —admitió Harry, había encontrado la manija y abrió la puerta de golpe. La luz que entró de repente lo deslumbró durante un instante. Cuando sus ojos se hubieron acomodado recorrieron el exterior. Era una habitación de hotel, no muy grande y de las baratas al parecer. Black estaba acostado en una de las camas, dormido.
—¿Cómo vine a parar acá? —susurró.
Sobre eso… —dijo Gabriel y empezó a contarle lo que había pasado el 6 de junio, Silas iba intercalando de cuando en cuando detalles en el relato. Harry los escuchó con atención, sorprendiéndose cada vez más a medida que se iba enterando de todo.
—¡Increíble! —fue lo único que se le ocurrió decir cuando concluyeron. Se puso de pie, se estiró un poco y enfiló hacia el baño.
Luego de asearse, se detuvo un instante delante del espejo del lavabo y mientras bebía un vaso de agua comentó. —La verdad es que me da mucha pena. Que lo acusaran falsamente y lo metieran preso. ¡Debe de ser horrible estar encerrado tantos años rodeado de dementors!
Sus alter permanecieron conspicuamente en silencio.
—¿Qué pasa? ¿A ustedes no les cae bien?
Es un desconocido. Es sólo hecho de que sea nuestro padrino no lo hace necesariamente confiable. —contestó Silas.
A mí no me cae ni bien ni mal. —dijo Gabriel con indiferencia.
—Bueno… igual tenemos que saber qué es lo que está pasando y cómo fue que terminamos acá con él. Al menos un poco vamos a tener que confiar en él. No me puedo escapar así como así.
Salió del baño sin esperar respuesta y fue hasta la cama de su padrino. Se veía enfermo y muy delgado. Le sacudió suavemente un hombro. Sirius entornó un poco los ojos y los abrió grandes de sorpresa al verlo. —¡Harry! ¿Estás bien?
—Sí. —respondió Harry con tono algo confundido— ¿Y vos?
—¡Oh, Harry!
Sirius se incorporó y lo envolvió en un apretadísimo abrazo. Harry graznó por la repentina falta de aire.
—Perdoname… —dijo Sirius soltándolo y secándose una lágrima que se le había escapado— ¡Es que estoy tan contento de que estés mejor!
—¿Qué querés decir? —preguntó Harry extrañado.
—Bueno… es que estabas tan asustado… te metiste en el ropero y no querías salir y gritabas si alguien te tocaba… ¿no te acordás de nada?
Habla de Boy obviamente. —dijo Silas— Que no se dé cuenta de que no te acordás. Hacete el boludo, encogete de hombros y decile que te sentís como si te hubieras despertado de un muy mal sueño.
Harry vaciló un segundo pero siguió el consejo de Silas.
Sirius asintió y la expresión se le ensombreció. —Sí, entiendo muy bien cómo te sentís.
Harry se sintió muy incómodo por haberle mentido y decidió que lo mejor era cambiar de tema. —Entonces… ¿qué es lo que está pasando? ¿Por qué estamos acá?
Sirius empezó a contarle todo lo que sabía, que no era mucho… —Me desperté y estaba en esa habitación de hospital. Vos estabas gritando, hecho un ovillo en la cama de al lado. Dumbledore trataba de calmarte pero te ponías cada vez peor… intervino Pomfrey y te puso a dormir. Yo estaba muy mal pero igual pude oír lo que hablaban. Moony decía muy enojado que por la forma que actuabas era claro que habías sido … eh… víctima de abuso… pero Dumbledore insistía en que te iba mandar de vuelta con los Dursley… yo protesté y traté de bajarme de la cama… grité que vos eras mi ahijado y que no lo iba a permitir…
Para mí que a éste le falta más de un tornillo. —dijo Gabriel riendo.
—Pero me dijeron que no te podías quedar conmigo… y luego creo que me dormí… y más tarde Moony me despertó y me dijo que me tenía que escapar con vos… me dijo que usara el túnel a Honeydukes y que después llamara al Knight Bus… y me dio tu varita… acá la tengo…
Sirius le tendió la varita y Harry se la guardó en un bolsillo.
—Nos bajamos en Londres y tomamos un taxi a la dirección de un viejo teatro… como Moony me había dicho… media hora después llegó Snape, subimos a otro taxi y me dio instrucciones de que viniera a este pueblo… que nos alojáramos y que esperáramos hasta que él pudiera venir a buscarnos para llevarnos a un escondite.
—¿Cuánto hace que estamos acá? —preguntó Harry frunciendo el ceño.
—Cuatro o cinco días… no sé bien… yo estuve enfermo… —se disculpó Sirius.
—¿Y ahora qué vamos a hacer? —les preguntó Harry a sus alter pero lo había dicho en voz alta
Esperar. Dijo Silas aunque había sonado dubitativo. Black cuenta sólo con parte de la información. Sería muy peligroso que nos fuéramos de acá.
Hagan como quieran, dijo Gabriel bostezando. Estoy aburrido, despiértenme cuando las cosas se pongan más interesantes.
—¿Vos no te querés quedar? —preguntó Sirius— ¿Pensás que algo le debe de haber pasado a Snape y que no va a venir?
—Eh… no… no quise decir eso… si Sev… eh… si el profesor Snape dijo que iba a venir, va a venir… seguramente no demorará mucho más.
—Si vos lo decís… —concedió Sirius sin convicción— El muy solapado podría habernos mandado a una trampa.
—¡Él no haría una cosa así! —reaccionó Harry.
—Puede haber estado engañándote. —dijo Sirius revoleando los ojos— Snape siempre fue un podrido.
—A mí me ayudó mucho aunque no tenía ninguna obligación. —lo defendió Harry— Le debo mucho y sé que no haría nada que me pusiera en peligro.
—Si vos lo decís, pichón… —repitió Sirius poniéndose de pie— ¿Qué te parece si salimos a comer algo? Creo que a los dos nos vendría bien.
oOo
Sheryl quedó anonadada cuando los vio acercarse. Sirius empezó a farfullar algunas explicaciones, pero Harry intervino.
—Lo lamento, señora. En realidad no soy exactamente autista. Mi padrino dio esa excusa probablemente para no avergonzarme. Tengo… eh… ataques… porque me tocó ver cuando asesinaban a mis padres… pero gracias a Dios ahora Sirius me está cuidando muy bien.
—¡Oh, chiquito! — Sheryl, se le acercó, se agachó un poco y lo abrazó estrechamente. Harry se ruborizó por todas las mentiras a las que había tenido que recurrir. —¿Iban a salir? —preguntó Sheryl.
—Sí, íbamos a comer algo. —respondió Sirius.
—Tengo un par de horas libres… ¿quieren que los acompañe?, conozco el mejor restaurante y está cerca.
Sirius aceptó entusiasmado.
Sheryl guió a los dos chicos —el mote le cabía muy bien a Sirius también— al restaurante. Harry y Sirius comieron bien y mucho, les hacía falta. Sirius hacía muchas bromas. Hacía mucho que Harry no pasaba un rato tan agradable, siquiera por un par de horas pudo olvidarse de todos los problemas.
Cuando regresaron, Sheryl volvió al mostrador y ellos subieron a su habitación. Conversaron un poco, Sirius les contó algunas anécdotas de James y Lily, pero la mayor parte del tiempo estuvieron mirando televisión… todavía no había demasiada confianza entre ellos. Sirius estaba fascinado con el artefacto, era la primera vez que veía televisión. Le hizo muchas preguntas sobre el aparato.
oOo
Esa noche, alrededor de las diez, cuando estaban decidiendo si empezar a prepararse para irse a acostar hubo golpes a la puerta.
—¿Quién es? —preguntó Sirius poniéndose tenso.
—Remus. —contestó una voz del otro lado.
Harry y Sirius intercambiaron una sonrisa y corrieron contentos a abrir.
—¡Moony! —exclamó Sirius y se le echó encima a Remus abrazándolo, tanta era la emoción que tuvo otro ataque de tos.
Severus estaba parado al lado. Harry le sonrió. —¡Pase, señor! —lo invitó.
—Harry… —dijo Severus inclinándose un poco, el alivio que reflejó su rostro fue manifiesto y preguntó con voz cálida: —¿Cómo te sentís?
¡No!, le advirtió Silas, sabía que lo primero que Harry iba decirle era que podía hablar con ellos dos. Harry no parecía dispuesto a hacerle caso por la forma en que frunció el ceño. Decíselo más tarde cuando estemos solos con él, agregó.
—Bien, señor. —respondió Harry aviniéndose a la recomendación por el momento. —¿Qué es todo esto que está pasando?
—Te lo diré cuando estemos en mi casa. Ahora debemos irnos. —dijo haciendo un gesto hacia el pasillo. Harry obedeció y se encaminaron al ascensor. Remus y Sirius los siguieron después de haber juntado las pocas cosas que tenían. Venían cuchicheando entre ellos.
Le dejaron saludos para Sheryl al hombre de la recepción y salieron a la calle. Caminaron hasta un callejón cercano y luego de asegurarse de que nadie los veía, Severus los envolvió a los tres con los brazos y desaparicionó. Se rematerializaron frente a una casa muy derruida, que parecía abandonada, que se encontraba ubicada en las afueras del pueblo. Caminaron hasta la puerta del frente.
Severus usó una llave muggle, luego murmuró un encantamiento y finalmente se pinchó un dedo y frotó un poco de sangre en la madera. La puerta se abrió y entraron. Harry reconoció de inmediato la gran sala, estaban en la casa donde habían pasado el verano.
—¿Eso que cruzamos es un portal? —preguntó Remus.
—Así es. —confirmó Severus— Nos encontramos ahora en cierto lugar en el norte de Italia. Saliendo por la puerta o por cualquiera de las ventanas se vuelve al exterior de la casa abandonada en las afueras del pueblo muggle. Hasta acá nadie puede rastrearnos, se lo aseguro.
—Debe de haberte tomado mucho tiempo y habilidad lograr algo así. —se asombró Remus admirado.
—Ciertamente. —dijo Severus y los condujo hasta el comedor donde Omi los estaba esperando, el elfo saludó con cortesía a los recién llegados. —Si alguno tiene desea comer algo, hay comida disponible…
—Espero que no esté envenenada… —masculló Sirius. Severus le dirigió una mirada negra pero no se dignó a contestarle nada.
—Señor… yo no tengo hambre pero sí varias preguntas. —intervino Harry.
Severus asintió y se volvió a los otros dos. —Omi los llevará a sus habitaciones, pídanle cualquier cosa que necesiten.
—¿Y ustedes adónde van? —protestó Sirius— ¡No pienso dejarte solo con Harry!
Remus lo agarró del brazo. —Vení conmigo, Padfoot. Tenemos mucho que conversar. Te aseguro que Harry no corre ningún peligro. Sirius terminó aceptando con renuencia.
Severus condujo a Harry hasta la salita. Tomaron asiento en los lugares habituales. Harry lo estudió durante unos instantes, el profesor estaba muy demacrado y el cansancio era notorio en sus rasgos.
—Hay mucho que contar. —dijo Severus— Pero antes quiero saber cómo estás.
—Bien. —lo tranquilizó Harry— Creo que Boy salió en algunos momentos mientras estuve con Sirius. Yo me desperté recién hoy. ¿Qué día es?
—Es 12 de junio. —respondió Severus y adoptó un tono solemne— Estuviste rodeado por dementors y eso creó una convulsión en tu mente lo suficientemente violenta para liberar a Demon. Demon destruyó a los dementors pero también produjo una dantesca tormenta mágica que causó severos daños en un área extensa alrededor de Hogwarts. Los daños al castillo habrían sido mayores si el director no hubiese estado fortificando las defensas.
Harry tragó con dificultad, se había puesto muy pálido.
—Afortunadamente, nadie resultó gravemente herido. El señor Longbottom, la señorita Granger y el señor Weasley se encuentran bien y han regresado a sus hogares para pasar el verano… — Severus hizo una pausa, Harry había suspirado aliviado y la tensión de su cuerpo había disminuido un poco. —Mañana tendré que irme con Lupin. No sé cuándo me va a ser posible regresar. Por eso quiero hablar con vos sobre Rose esta noche y dejar para mañana la discusión de los pormenores de la situación actual… si te parece bien…
—De acuerdo. —dijo Harry.
Silas no estaba para nada de acuerdo, todo lo contrario. En su opinión el asunto de Rose bien podía esperar. Pero Harry no atendió a sus objeciones, ya se sentía demasiado culpable por ocultarle al profesor la novedad de que podía hablar con sus alter. En realidad, no sólo había callado eso debido a Silas, él mismo se sentía renuente a informarlo… ¿y si el profesor lo tomaba como una señal de que estaba empeorando y decidía darse por vencido definitivamente? Se mordió un labio y decidió por el momento no decirle nada.
—¿Qué es lo que sentís respecto de ella?
—Bueno… ella sale cuando yo experimento emociones muy intensas.
—Sí… pero no cualquier tipo de emoción. —dijo Severus con tono neutro, aunque Harry detectó cierta tensión en él, era claro que el profesor estaba algo incómodo— Rose sale cuando vos sentís intenso afecto.
Harry asintió y desvió la mirada. —Eso significa que yo siento gran afecto por Neville, por Remus y por Ud., porque Rose sale con frecuencia en presencia de ustedes.
—Es algo perfectamente entendible, nada que tenga que avergonzarte o hacerte sentir incómodo. —Severus inspiró profundamente— Harry, después de todo lo que hemos pasado juntos, es natural que se hayan desarrollado sentimientos mutuos y que nos preocupemos del bienestar y de la seguridad del otro.
Harry giró la cabeza bruscamente y volvió a mirarlo directo a los ojos. —¿Ud. me tiene cariño?
—Por supuesto que sí. —tuvo que admitir Severus, si bien trató de mitigar la afirmación con un tono desdeñoso y una mirada seria, pero a Harry no podía engañarlo con esas argucias. —Sabe Merlín que no estaría pasando por todo esto si fuera de otra forma.
—Gracias. —susurró Harry de corazón. Severus desestimo cualquier conato de agradecimiento con ese gesto displicente de la mano tan típico de él. Harry sonrió.
—Dejá de sonreír de esa forma. —reaccionó amonestador y retomó el tema de Rose— Rose nació mucho antes de que vinieras a Hogwarts. A ella le gusta cocinar, cuidar el jardín, limpiar la casa y trata de que cualquiera que tenga a su alrededor se sienta cómodo y contento. ¿Qué te sugiere todo eso?
—Supongo… —empezó a decir Harry y bajó la vista a la falda— …supongo que a mí me importaba que los Dursley se sintieran bien…
—No exactamente… significa que vos deseabas quererlos. Y deseabas que ellos te quisieran. Pero eso se conciliaba muy mal con la forma en que te trataban… y por eso expulsaste esos deseos y así nació Rose.
—Ah… —dijo Harry con tristeza y se quedó un silencio durante un largo instante. Cuando volvió a mirar a Severus tenía los ojos húmedos de lágrimas. —¿Por qué no me querían?
Severus se inclinó un poco hacia delante manteniéndole la mirada. —Creo que ellos odian todo lo que tenga relación con la magia. La magia los asusta. Y hay muchas personas que se enojan y pueden tornarse agresivas cuando están asustadas. Habrían tratado de la misma forma a cualquier otro que mostrara signos de magia. No era propiamente que te odiaran a vos… lo que odiaban era la magia que vos tenés y manifestabas. ¿Podés comprenderlo?
Harry asintió, eso lo hacía sentir un poco mejor.
—¿Tenés alguna otra pregunta sobre Rose? —inquirió Severus después de un largo intervalo de silencio.
Harry se limpió la nariz con el dorso de la mano. —¿Por qué le gusta tanto cocinar y cuidar el jardín? —preguntó con curiosidad.
—Creo que eran las tareas que te asignaba tu tía. Rose se siente muy complacida cuando de ayudar a otros se trata, seguramente se sentía muy dichosa porque su trabajo le ahorraba esfuerzos a tu tía.
—Entonces… ¿yo no pasaba tanto tiempo encerrado en el armario como creía hasta ahora? —dijo Harry asombrado— ¿Por qué yo creo recordar todos esos largos tiempos de encierro?
—Te creaste recuerdos. —respondió Severus— Este particular mecanismo de defensa no habría dado buenos resultados si vos hubieses sido consciente de la existencia de otros alter. La creación de esos recuerdos era necesaria para que vos te mantuvieras ajeno de lo que realmente ocurría.
—Ah… ¿y por qué es sorda? ¿No es acaso una dificultad para saber lo que mi tía quería?
—Eso es algo sobre lo que vas a tener que reflexionar para arribar a tus propias conclusiones. Lo único que puedo decirte al respecto es que no habrías separado a Rose si no hubiese habido algo penoso, doloroso en la situación.
Harry procesó la información pensativo. —Es cierto… las tareas de la casa ocasionalmente pueden ser un poco fastidiosas pero no dolorosas… ¿Por qué fue necesario crear a Rose? No hacía falta, yo habría podido ocuparme de eso por mi cuenta… debe de haber habido algo más que se mejoró o se solucionó con la sordera de Rose… tía Petunia debe de haber dicho muchas cosas hirientes… y como Rose no la oía no se sentía afectada… y Rose cuenta con la cualidad de la empatía que le permite detectar las necesidades de los que tiene alrededor… no precisaba oírla para mantenerla más o menos conforme. ¿Es así, no?
—No podría afirmarlo con certeza. —respondió Severus— Nunca la vi actuando cerca de tus parientes. Sólo puedo afirmar que cuando está conmigo se muestra muy perceptiva, aunque no sepa lo que estoy diciendo. Los detalles es algo que vas a tener que descubrir por tu cuenta.
—De acuerdo. —dijo Harry sonriendo. Era una tarea que sabía que podía encarar solo.
—Ya se ha hecho tarde y mañana tenemos que levantarnos temprano. ¿Le encargo a Omi que te despierte? Quiero que en la conversación de mañana el perro y el lobo estén presentes. —agregó desdeñoso.
—Que Omi me despierte me parece una buena idea.
Ambos se pusieron de pie y se encaminaron hacia las escaleras. Estaban exhaustos, había sido un día muy largo para los dos.
Cuando llegaron al piso alto, se despidieron y cada uno marchó a descansar a su respectiva habitación.
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Esa noche Harry soñó con la creación de Rose. Y los recuerdos dolorosos que había borrado deliberadamente volvieron.
Tía Petunia estaba histérica aullando cosas espantosas. Harry estaba en el suelo de la cocina llorando desconsolado… ya no podía aguantar más… escapó y dejó a otro en su lugar. Ya no era él que estaba ahí y todos los gritos hirientes habían enmudecido de repente. Todo el dolor que le habían provocado se había esfumado también. Sólo le quedaba el deseo de portarse bien. Miró a la mujer, su boca se movía pero ningún sonido parecía salir de ella. No oír no tenía nada de malo. Había otras formas de oír. Podía percibir las emociones de enojo, era mejor tratar de contentarla de alguna forma, se puso de pie y fue a tamizar las papas para preparar el puré. Trabajó con contento y notó que los sentimientos de disgusto iban amainando poco a poco.
Todo iba a resultar bien. Todavía podía percibir los sentimientos resentidos de su tía pero la parte más dolorosa había desaparecido… y los sentimientos pueden cambiar… eso lo sabía muy bien. Aparentemente el ponerse a trabajar había logrado que la mujer se calmara… era bueno… todo lo que hiciera sentir mejor a los demás… a ella, a Rose también la ponía feliz… muy feliz.
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