Mente rota, alma quebrada
Pruebas de confianza
Harry entró a la salita bostezando y fue a recostarse cómodamente en el sofá. Recién entonces notó la presencia de Severus que estaba de pie junto a la chimenea sirviéndose un vaso de whisky. El profesor bebía ocasionalmente, pero no durante las sesiones y nunca antes de la cena, no que él supiera al menos. Además, se había servido el doble de lo habitual.
Esto pinta muy mal, murmuró Silas preocupado.
—Las cosas se han complicado. —dijo Severus luego de tomar asiento— Pero trataré de explicarlo lo mejor posible… Dumbledore y la Orden están convencidos de que Black te secuestró. Lo cierto es que Lupin y yo planeamos la huida de Black con vos. Luego participamos en la búsqueda pero tratando disimuladamente de confundir más las cosas en lugar de ayudar.
—¿Y todo esto por qué? —preguntó Harry nervioso.
Severus bebió un generoso trago. —He llegado a la conclusión de que el director no es infalible. Hasta ahora lo había seguido ciegamente porque él me brindó una segunda oportunidad y la posibilidad de redimirme, acepté todas sus decisiones aunque me hicieran la vida muy difícil, pero no estoy dispuesto a aceptar que te haga lo mismo a vos.
—Ya era hora de que se diera cuenta, dijo Silas con sarcástica suficiencia.
—¿Qué me quiere decir con eso? —susurró Harry, no entendía del todo lo que había dicho el profesor y lo que su alter sugería con su comentario.
—Iba a mandarte de regreso con los Dursley. Yo no podía permitirlo. Particularmente porque me consta que sabe cuáles serían las consecuencias si te mandara de vuelta.
Silas permanecía en silencio, eso era muy preocupante. Harry sabía que lo que se venía iba a ser muy malo. Abrazó las rodillas contra el pecho y miró muy fijamente al profesor. Severus no pudo mantenerle la mirada. Sabía que era muy probable que destruyera con sus palabras mucho de lo que tanto les había costado construir… pero le debía una explicación a Harry.
—Harry… cuando terminé mis estudios en Hogwarts me uní a los mortífagos.
Dejó el vaso a un lado y se levantó la manga exponiendo el tatuaje. —Era débil y quería obtener fuerza y poder para mostrarle al mundo mi valía… pero no estaba preparado para las cosas extremas que el Señor Oscuro demandaba. Ser su seguidor resultó muy distinto de lo que yo había imaginado. Pocos meses después fui a pedirle ayuda a Dumbledore, quería salirme. Dumbledore me interrogó largamente y pareció convencerse de mi sinceridad. Pero no me ofreció santuario como yo esperaba, me pidió que espiara para él. Yo acepté porque era una forma de compensar, de expiar los males de los que era responsable. Fue por entonces que empecé a estudiar Psicología y Oclumencia, la ciencia que permite mantener la mente cerrada ante cualquier intento de intrusión. Era indispensable para ser espía y no ser descubierto.
—¿Por qué me está contando todo esto? —pregunto Harry.
—Confiaba en que Dumbledore siempre haría lo correcto—prosiguió Severus con tono sombrío— Él había peleado contra los horrores del Señor Oscuro, tenía todas las razones para confiar en él y ninguna para confiar en mí. La noche que Demon salió, después de que la tormenta pasó, yo los llevé… a vos, a tus amigos y a Black de regreso al castillo. Dumbledore estaba en el ala hospitalaria con la profesora McGonagall. Había muchos alumnos heridos, madame Pomfrey estaba muy ocupada. Los llevamos a esa habitación aledaña y la transformamos en sala de recuperación. Dumbledore me hizo varias preguntas. Yo le dije que la tormenta había sido natural y que se había originado en el bosque. No me pareció prudente informarle sobre el inmenso poder de Demon. No insistió con más preguntas en ese momento. Pero a la noche siguiente fue a mis aposentos. Y hubo más preguntas, me interrogó sobre los llamativos y bruscos cambios de comportamiento que habías mostrado en noviembre y sobre las frecuentes penitencias. Al parecer, la señorita Granger y el señor Weasley le habían informado sobre tu extraño comportamiento en el Antro.
Severus hizo una pausa para beber otro trago.
—Madame Pomfrey había dicho que no estaba segura de que volvieras a despertar. Y consideré que Dumbledore tendría mejores posibilidades de ayudarte si se enteraba de tu condición. Pero sólo le conté de Gabriel y Silas. Nada sobre los otros.
Harry pestañeó con desconcierto, no estaba seguro de cuáles eran sus sentimientos respecto del director. En cierta forma algo vaga se habría podido decir que confiaba en él, más que nada le estaba agradecido por poder estudiar en Hogwarts. Pero no hubiera querido que se enterara de su condición… mentalmente inestable. ¿Y si Dumbledore lo expulsaba? La explosión de furia de Silas lo arrancó de sus reflexiones.
¡Traidor!, siseó con rabia. A diferencia de Harry, él entendía las implicancias de que Dumbledore, mago muy poderoso y maestro de la manipulación, estuviera al tanto sobre ellos. Eso era mucho peor que el haberles ocultado toda la verdad sobre Black. Durante tres años Silas había hecho todo a su alcance para que el director no se enterara… ¡y Snape había arrojado todos sus esfuerzos a la basura!
Harry se empezaba a sentir algo mareado. Gabriel se había despertado y estaba tratando de calmar al Slytherin.
Severus continuó. —Cuando el director me dijo que no veía conveniente que te curaras, comprendí con pesar que estaba relegando tu bienestar por razones que consideraba más importantes. Decidí entonces que iba a tener que esconderte, pero las cosas se pusieron peor cuando el director fue testigo de una de las salidas de Boy.
—¡No! —exclamó Harry poniéndose mortalmente pálido.
—Pomfrey y yo lo convencimos de que Boy no era un alter. —se apresuró a aclararle Severus— Cree que fue un episodio aislado consecuencia del ataque de los dementors, cree que en esa instancia vos habías quedado atrapado en tus peores recuerdos. Pero incluso habiéndote visto en ese estado Dumbledore insistió en que debías volver a lo de los Dursley aunque no estuvieras del todo recuperado. Fue entonces que Lupin y yo tramamos el plan y Black nos ayudó a llevarlo a cabo.
—¿Por qué le dijo sobre mi condición? —preguntó Harry.
—No sabía que su insensibilidad respecto de lo que pudiera pasarte fuera tan extrema. Estaba convencido de que él se preocupaba por vos. Dumbledore ha vivido durante mucho tiempo y buena parte de su vida la dedicó a combatir el mal y a preservar la vida. Pero parece que llega un momento en el que los fines rectos pasan a ser más importantes que los medios que se utilicen para conseguirlos. Creo que eso es lo que pasó con Dumbledore y por lo tanto ya no lo considero confiable.
Harry estaba demasiado confundido como para hablar pero Silas no. E insistió urgiéndolo a que expresara en voz alta todas las preguntas que él quería formular. —Si como Ud. dice no sabía nada de esto respecto del director, ¿por qué me dio refugio y me escondió durante el verano? ¿Y por qué siguió guardando el secreto en la escuela? ¿Por qué no le dijo al hijo de puta que Demon había sido la causa de la tormenta? ¿Y qué si todo esto no es más que una sarta de mentiras y Ud. le sigue siendo leal al viejo despótico?
—De ningún modo es así. —dijo Severus con firmeza, evidentemente molesto puesto que no había parecido notar lo extraña que había sonado la formulación en boca de Harry. —Nunca haría algo así. Yo quiero que te mejores y estoy haciendo todo lo posible para conseguirlo.
Sí, claro, siseó Silas furioso.
—¿Y yo nunca voy a volver a Hogwarts? —preguntó Harry con voz temblorosa.
—Volverás en septiembre. Pero vas a tener que ser muy cuidadoso.
¡Y qué mierda vamos a poder hacer para impedirle que use a Gabriel!, bramó Silas.
—¿Cómo voy a poder ser cuidadoso si él sabe? —preguntó Harry con ojos llorosos. La cabeza había empezado a dolerle espantosamente.
¡Paren un poco!, protestó Gabriel vehemente, ¡Yo no voy a permitirle que me manipule! ¡Y pienso decírselo a la cara!
¡Idiota!, le escupió Silas furioso. Una confrontación directa sería la peor vía de acción. Dumbledore terminaría envolviéndote en su telaraña.
—Lo siento, Harry. —se lamentó Severus. Mucho lo perturbaba lo que veía en sus ojos esmeralda. Había tanto dolor, y no sólo emocional.
¡Yo sabía que iba a traicionarnos!, Silas trinaba de furor. ¡Es un mortífago! ¡Seguro que estuvo fingiendo todo este tiempo que estaba del lado de la luz! ¡Y mientras tanto estaba preparando todo para entregarnos a su amo!
¡Pero no seas ridículo!, le espetó Gabriel. ¡Vos estuviste desde el principio en contra de Dumbledore! ¡Deberías estar más que contento de que Snape esté haciendo todo lo posible para protegernos! Aunque yo sigo convencido de que no necesitamos que nos proteja del director. ¿Qué podría hacernos? Especialmente ahora que estamos prevenidos.
¿Protegernos?, replicó Silas con una risa desagradable. ¡Le entregó al hijo de puta en bandeja de plata nuestra mayor debilidad! ¿Y querés que te diga más? Todo esto puede haber sido parte de un plan de Dumbledore desde el principio. Para hacernos confiar en el dulce y solícito Severus, para transformarnos en el arma poderosa que el viejo necesita para combatir el mal.
¡¿Quién es el idiota ahora?!, chilló Gabriel. ¿¡Cómo son las cosas en realidad?! ¿¡Snape está del lado de Voldemort o del lado de Dumbledore!? ¡Decidite de una vez!
¡Lo que es evidente es que no está de nuestro lado! ¡Y eso es lo único que importa!
—¡BASTA! —gritó Harry y salió corriendo y llorando. Fue a refugiarse a su cuarto y cerró dando un portazo.
oOo
Severus se quedó muy alterado. Había algo más que Harry le estaba ocultando. Dejó oír una exclamación fastidiada y azotó el vaso contra la pared haciéndolo añicos. Harry parecía estar más vulnerable que nunca y no era precisamente algo halagüeño si se trataba de lo que él sospechaba. Y para peor ya no confiaba en él.
Iba a tener que darle instrucciones a Lupin. Que Harry favoreciera la independencia de los alter era algo que debía evitarse. Hizo una mueca de disgusto. No confiaba en nadie más que él mismo para manejar la condición de Harry. A Silas le iba a resultar un juego de niños engatusar al lobo… o a cualquier otro. ¿Pero qué otra alternativa le quedaba? No podía traer a ningún otro… Harry no confiaría en un extraño.
—¡QUÉ DIABLOS LE HICISTE! —aulló Sirius entrando como una tromba, tenía los ojos celestes encendidos de ira. Remus entró un segundo después.
—Tuvimos una discusión. —respondió Severus con voz neutra— Va a necesitar estar solo durante algunas horas. Recomiendo que no vayas a abrumarlo ni a ahogarlo con tu baba de perro.
—¡No vengas a ordenarme cómo tengo que tratar a mi ahijado! —bramó Sirius; Remus tuvo que agarrarlo para contenerlo y que no se abalanzara sobre Severus.
Severus le había pedido que por el momento no le dijera nada a Sirius sobre la condición mental de Harry. Remus se había mostrado de acuerdo, mejor era demorarlo hasta que Sirius estuviera más estable.
Severus aprovechó para emprender una prudente retirada. No estaba como para tener que lidiar con el perro.
—Por favor, Sirius… —suplicó Remus— Harry es muy frágil en este momento. Es mejor dejarlo solo, no lo presiones… sería peor, lo alejarías más de vos.
Toda la rabia de Sirius se esfumó, la reemplazó el miedo. Se volvería totalmente loco si Harry lo odiara. No podría soportarlo. Y recordaba el comportamiento de Harry durante esos días que había estado con él… y Remus le había asegurado que Snivellus estaba haciendo lo posible para ayudar al chico.
—Está bien. —concedió— Voy a ir con cuidado.
—Gracias, Padfoot. —dijo Remus y lo abrazó, Sirius lo abrazó a su vez. —Voy a volver lo más pronto que me sea posible.
—¿No te vas a quedar a desayunar? —se lamentó Sirius.
—No puedo. —le explicó sonriendo— Ya se ha hecho tarde.
—Nos vemos.
—Muy pronto.
Remus fue a reunirse con Snape que estaba esperándolo al lado de la puerta. Los dos salieron juntos.
Sirius soltó un largo suspiro resignado. Un segundo después se sobresaltó cuando el elfo se materializo a su lado. Le puso mala cara pero el elfo no pareció inmutarse. —El desayuno está servido, señor.
La criatura hablaba mucho mejor que la mayoría de los elfos. ¡Típico de Snape eso de tener un elfo cultivado!
oOo
Harry estaba muy confundido. Dumbledore quería usarlo. ¿Y quería que sufriera daño? ¿Por qué? ¿Y dónde quedaba parado Snape en todo eso? No entendía nada de todo eso y el dolor de cabeza se volvía cada vez más intenso. Aunque sus alter se habían afortunadamente sumido en el silencio desde que había gritado.
Harry, perdón, aventuró Silas. Era muy protector de su anfitrión y detestaba la sola idea de que sufriera innecesariamente.
Gabriel agregó con tono culpable: No nos vamos a pelear más.
Harry asintió pero todavía no quería hablarles. Estaba acurrucado en la cama, quieto, deseando y esperando que el dolor de cabeza cediera. Mejoró un poco pero no del todo. Dejó oír un gruñido y rodó un poco hasta quedar boca arriba. Silas le preguntó si se sentía bien y ofreció explicarle por qué se había enojado tanto. Harry le dijo que procediera, quizá si empezaba a entender el dolor de cabeza desaparecería.
Fue entonces que Silas empezó a contarle sus sospechas de que el director lo había deliberada y sutilmente empujado a la confrontación por la Piedra y a la pelea en la Cámara. Dumbledore necesitaba un arma y Gabriel era exactamente lo que necesitaba. Silas le contó sus miedos de que el director terminara usándolos, que encontraría alguna forma de dominar a Gabriel para que le obedeciera en todo. Que no le importaba si ellos resultaban heridos o algo peor. Lo que realmente le importaba era prevalecer en sus juegos de poder.
Harry le preguntó por qué actuaba así, Gabriel manifestó que él también estaba interesado en saberlo. Silas prosiguió entonces explicándoles cosas básicas sobre política y que muchos de los que participaban en ella la consideraba una especie de juego y que harían lo que fuera para poder llegar a ser el dueño del gallinero, por ponerlo de alguna forma. Harry no quedó del todo convencido, no podía concebir que hubiera gente con una mentalidad así.
Gabriel sí podía imaginárselo. Él conocía el entusiasmo y la exaltada emoción que podía inspirar el combate, la excitación que se sentía al medir las habilidades propias con las de otros. Él sabía de la sed de triunfo. Pero no estaba seguro de que Dumbledore perteneciera a esa categoría. Sin embargo, su opinión era que hasta tener certeza era conveniente seguir el consejo de Silas. Superado en número, Harry tuvo que empezar a considerar la posibilidad de que el director tuviera motivaciones oscuras.
—¿Por qué nadie es como se supone que sea? —preguntó con tristeza. Se sentía muy solo y desamparado. Por suerte poco después el sueño vino a rescatarlo de su aflicción… aunque eran las diez de la mañana.
oOo
Dumbledore no había estado tratando de engañarse, sabía que había perdido el rastro. Se vio obligado a convocar a los más selectos miembros de la Orden del Fénix. Era algo que hubiera querido posponer, pero los necesitaba. Les ordenó poner en acción patrullas. El Ministerio era totalmente incompetente, pero no vendrían mal más ojos buscando, así que también les avisó de la fuga de Black pero se guardó muy bien de decirles nada sobre la desaparición de Harry.
Si en el Ministerio se enteraban de que El Niño Que Sobrevivió había sido secuestrado del ala hospitalaria de Hogwarts y prácticamente bajo sus narices, lo sacarían de su puesto. El Consejo Escolar estaba dividido, la mitad lo apoyaba, la otra mitad hacía ya mucho tiempo que complotaba para echarlo. Y Fudge iba a estar encantado, era un imbécil y carecía de visión de futuro. Y si la desaparición de Harry se hacía pública, cundiría el pánico, no era algo que Dumbledore quisiera provocar.
—¡Señor director! —exclamó la señora Weasley cuando lo vio acceder por la chimenea — ¿Ocurre algo malo?
—Oh, no, no… —la tranquilizó Dumbledore riendo— Sólo vine para conversar un rato con Ron… si ustedes no tienen ningún inconveniente.
—Por supuesto que no. —respondió ella sonriendo, si bien algo nerviosa— Está afuera con sus hermanos. ¿Se ha metido en problemas?
—Para nada, Molly. —le aseguró Dumbledore— Recibí una carta de Harry para él. Me pareció necesario restringirle a Harry el uso de Hedwig porque es muy fácilmente reconocible.
—Ah… —dijo ella más tranquila y fue a buscar a su hijo. Ron llegó poco después y Dumbledore lo condujo a la sala para que pudieran hablar en privado.
—¿Pasa algo señor director? —preguntó Ron frunciendo el ceño.
Dumbledore sonrió. —No estás en problemas. Diría que todo lo contrario. Tengo noticias pero necesito que me des tu palabra de que no le vas a comunicar a nadie lo que voy a decirte. Ni siquiera a tus padres.
—De acuerdo. —dijo Ron, una chispa de entusiasmo se le había encendido en los ojos. Por una vez iba a ser él el que se enterara de algo antes que su familia.
—Harry está desaparecido. Pero no te preocupes. No creo que su vida corra peligro. Si él llegara a contactarse con vos necesito que me lo hagas saber inmediatamente. —explicó Dumbledore solemne.
—Está bien… ¿pero está Ud. seguro de que Harry se encuentra bien?
—Sí. —lo tranquilizó Dumbledore— Creo que se escapó porque no quería volver con su familia.
—No me extraña, esos muggles son espantosos y lo tratan pésimo.
Dumbledore le entregó una pequeña esfera de cristal. —Si Harry se comunicara con vos, rompela. Y si fuera posible, tratá de averiguar dónde se encuentra para que yo pueda mandar gente a buscarlo.
—Está bien. —respondió Ron.
—Excelente, mi muchacho.
Volvieron a la cocina, Dumbledore se despidió de todos y regresó a Hogsmeade por la chimenea. Desde allí aparicionó a la casa de los Granger. A Hermione le dejó las mismas instrucciones que a Ron. Cumplida esa otra etapa se preguntó si sería conveniente visitar a los Longbottom también. Decidió luego de reflexionar un momento que no haría falta. Harry era mucho más amigo de Ron y Hermione, sería a ellos a los que contactaría en primer lugar.
oOo
Cuando Harry se despertó, el sol se estaba poniendo. Se frotó los ojos que estaban húmedos y frunció el ceño. Había vuelto a soñar con Rose. A diferencia de Rose él no estaba dispuesto a mantener contentos a los Dursley. Sus familiares lo odiaban.
Fastidiado, se bajó de la cama. No era justo. Ese día el mundo externo se había vuelto muy confuso y en su espacio interno se sentía abrumado por el dolor. No había ningún lugar para él. Gabriel trató de levantarle el ánimo con algunas bromas y Silas le aseguró que no necesitaban a nadie. Pero Harry no les prestó atención.
Omi se puso muy contento de verlo y le sirvió una cena abundantísima. Harry sonrió culpable y aceptó el "castigo" porque se había salteado el desayuno y el almuerzo. Demoró bastante en comer todo pero lo logró. Cuando terminó, Omi ofreció traerle el postre. Harry declinó la oferta, no podía comer ni un bocado más.
—Lo guardaré para más tarde. —dijo el elfo.
—Gracias, Omi. ¿Dónde está Sirius?
—En su cuarto, joven Harry.
Harry pestañeó extrañado. —¿Por qué no bajó a comer conmigo? ¿Le avisaste que la cena estaba lista?
—Por supuesto, joven Harry. —respondió Omi con tono ofendido— Omi atiende bien a los huéspedes del amo.
—No era eso lo que quise decir. —se disculpó Harry— Quisiera hablar con él.
El elfo lo acompañó al piso alto y le indicó la habitación que era la que estaba en el extremo del pasillo. Harry golpeó a la puerta, como toda respuesta le llegaron a los oídos unos gimoteos sordos. —¡Sirius! —llamó inquieto y golpeó con más fuerza.
Los gimoteos cesaron, pero nadie vino a abrirle. Incluso más preocupado, Harry se animó a abrir la puerta.
—¿Sirius? Voy a entrar… ¿estás bien?
La habitación era un poco más chica que la suya. La recorrió rápidamente con la mirada. Había una cama, una cómoda, una ventana y la chimenea con un diván frente a ella. A Sirius no se lo veía por ningún lado. Se animó a entrar. Notó de reojo movimiento, volvió la cabeza. Un gran perro negro estaba acurrucado en el rincón. Harry pegó un grito asustado y retrocedió un paso cuando el perro adquirió forma humana.
—¿Harry? —dijo Sirius tentativamente, tenía muy mal semblante— ¿Estás bien?
—Eh… sí… —se esforzó para responder Harry y hasta alcanzó a dibujar una débil sonrisa.
Es un animagus. —le informó Silas— Un mago que puede adoptar forma animal… su forma animal intrínseca.
La expresión de Sirius había mejorado un poco al verlo y también él había dibujado una tímida sonrisa. —Perdón.
—¿Te sentís bien? —preguntó Harry preocupado.
—Sí… ahora mejor… es conveniente que me concentre en algo… si no, es como si la realidad se desdibujara… me olvido de que soy libre…
Harry asintió aunque no lo entendía del todo.
—¿Vos estás mejor? —le preguntó Sirius.
—Sí. —le aseguró Harry. Se sentía un poco culpable, si hubiera estado acompañándolo Sirius no se hubiera deprimido. ¿Qué te parece si te muestro la casa? ¡Hay una sala de juegos estupenda!
—¿Ah, si…? —respondió Sirius asombrado— ¿Y por qué Snivellus tiene una sala de juegos en su casa?
—No sé. —contestó Harry. No quería hablar de Severus porque le llegaban desde adentro ondas fastidiadas de Silas. —¡Vamos!
Sirius quedó encantado con los juegos, especialmente el que consistía en derribar al mayor número de atacantes virtuales con una varita falsa. Harry sacó menos puntos en ese juego, pero se resarció más tarde, en Horda de snitches lo aplastó.
Un par de horas después los interrumpió Omi. —¿Gustarían los señores comer postre?
Harry y Sirius intercambiaron una mirada y asintieron con entusiasmo. Las orejas de Omi aletearon complacidas. Bajaron juntos, en el comedor los esperaba una deliciosa torta de chocolate.
oOo
Al día siguiente, Remus llegó para el desayuno y les anunció que se iba a quedar varios días. Los dos se pusieron muy contentos. Harry se divertía con Sirius, pero el hombre era inestable, por momentos muy eufórico y al instante siguiente deprimido. Y eso a Harry lo ponía nervioso. Quizá con Moony cerca los intervalos depresivos serían menos frecuentes.
Remus sonrió y después del desayuno Harry pudo disponer de unas horas para él, mientras Remus conversaba con Sirius. Remus sabía que se suponía que también tenía que hablar con Harry. Pero el saber que había otros que lo escuchaban detrás de los ojos verdes era algo que le resultaba perturbador. Quería ayudar pero sabía que aún no estaba suficientemente preparado para encarar la tarea. Necesitaba todavía algunas "lecciones" más con Severus.
Severus por el momento no iba a volver a la casa, se había traslado a Snape Manor. Dumbledore le había dicho que tenía que estar disponible siempre que el director lo necesitara. Y era mejor no despertarle ningún tipo de sospechas a Dumbledore.
Esa noche durante la cena, Harry le preguntó si podía ponerse en contacto con sus amigos. Remus contestó con tristeza que no era seguro. Podrían rastrear a Hedwig y existía la posibilidad de que Ron y Hermione se lo comunicaran al director si recibían una carta de él. Harry protestó. Él estaba seguro de que, si les explicaba la situación, sus amigos no lo delatarían, a Ron y Hermione ni siquiera haría falta que les mencionara su condición.
No son confiables, Harry, argumentó Silas.
—¡Ellos no me denunciarían! —insistió Harry— ¡Son mis amigos!
—Harry… podrían hacerlo sin querer… —dijo Remus contemporizador.
Hermione tiene un altísimo respeto por la autoridad. Ella vería muy mal que te estés escondiendo del director. Porfió Silas. Acordate de la Firebolt.
—Pero Ron, no. —dijo Harry empecinado.
A menos que estuviera enojado. En ese caso no guardaría tu secreto. Y podría seguir enojado por… bueno… mi comportamiento en el Antro.
—¡Tengo una idea! —exclamó entusiasmado Sirius. Todas las discusiones internas y externas cesaron de golpe. Sirius sonrió triunfal. —Podemos encantar un par de pergaminos para que cuando vos escribas en uno, el otro reproduzca lo que has escrito y viceversa. De esa forma Hedwig tendrá que hacer un solo viaje.
—Eso no soluciona el problema de que los amigos de Harry puedan… eh… inadvertidamente por supuesto… revelarle al director la localización de Harry. —dijo Remus sacudiendo la cabeza con tristeza.
—¡Pero podemos probarlos! ¡Va a ser genial! —exultó Sirius— Harry, vos les decís que estás conmigo en… Egipto o algo así. A cada uno decile una ubicación diferente y Moony se va a enterar si Dumbledore manda gente a buscarte. De esa forma sabremos si han guardado el secreto.
—Eh… no sé… —dijo Remus dubitativo.
—Oh, vamos, Moony… esto para nosotros va a ser facilismo… ¡los Merodeadores vuelven a ponerse en acción!
Lanzó un ¡hurra! y salió corriendo. Pero volvió unos segundos después para llevarse a Remus a la rastra. Lo necesitaba, Sirius no tenía varita. Harry fue tras ellos muy alborozado.
Crear los tres pares de pergaminos les llevó toda la noche. Aparte de los encantamientos básicos para la comunicación ida y vuelta, era preciso que les agregaran otros por cuestiones de seguridad. Lo que se escribiera sólo podía ser legible para los destinatarios señalados y había que asegurarse de que los pergaminos no pudieran ser utilizados para rastrearlos.
Harry se había quedado dormido en un sillón hacia la medianoche. Había libros abiertos desperdigados por todos lados. Sirius finalmente dio un grito triunfante, habían conseguido que los pergaminos respondieran como ellos querían. Remus le dio un coscorrón por el escándalo. Sirius sonrió culpable, fue a alzar a su ahijado y lo llevó a su cuarto. Remus y Sirius también se fueron a dormir, querían disfrutar siquiera algunas horas de sueño antes de que Harry los hiciera levantar.
oOo
Acababan de almorzar, los dos adultos estaban bostezando. Harry estaba bien despierto y la mar de entusiasmado. Estaba sentado al escritorio y tenía los tres pares delante de él. El primero iba a ser para Neville. Escribió una carta larga contándole todo lo que había pasado el 6 de junio y todo lo que estaba pasando en ese momento. Silas se abstuvo de protestar, aunque esta disconforme. No era que no confiara en Neville, sólo que le parecía innecesario que cualquiera que fuera supiera dónde estaban. Gabriel había mascullado que se estaba volviendo paranoico. Harry los ignoró a ambos olímpicamente, se había dado cuenta de que en las situaciones en que empezaban a discutir, no prestarles atención era la más sensata vía de acción.
Las cartas para Ron y Hermione iban a ser más difíciles pero Sirius y Remus lo ayudaron.
Querido Ron:
¡Hola! Te escribo más que nada para hacerte saber que estoy muy bien. No si estarás enterado o no, pero Sirius me salvó de tener que volver con los Dursley. ¡Y la estoy pasando genial! Ahora estamos en Egipto y tenías razón, ¡las pirámides son espectaculares! Ahora no puedo escribir mucho más, pero contestame usando este mismo folio de pergamino, lo que escriba va a aparecer en uno mellizo que tengo yo. ¡No va a ser preciso esperar ni a recurrir a lechuzas! Y vamos a poder conversar como si estuviéramos en el mismo lugar.
Espero que estés pasando unas excelentes vacaciones.
Harry
P.D.: Por favor, no le digas a nadie que tuviste noticias mías. De ninguna manera quiero volver a casa de los Dursley. Vos sabés muy bien lo mal que me trataban y con Sirius estoy perfectamente a salvo. Y vos sabés que él es inocente.
La carta para Hermione era casi idéntica con algunas leves variaciones. Le decía que estaba en París y que ella había tenido razón sobre la torre Eiffel.
La intención de Harry era mandar todas las cartas con Hedwig pero Sirius tuvo otra brillante idea. Se le ocurrió que resultaría más convincente si las mandaba con lechuzas autóctonas de los supuestos lugares en los que decía estar. Con un suspiro resignado, Remus aceptó ir a conseguir las aves de marras. En el interín, Harry mandó la carta de Neville con Hedwig y se sentó a esperar impaciente con el pergamino al lado. Sirius le dijo, sensatamente, que iba a demorar un poco hasta que Hedwig pudiera entregar la carta, pero Harry no quería oír razones. Una hora después llegó Remus con las dos lechuzas y Harry las envió con las otras dos cartas.
Pasó otra hora más y Harry notó que empezaba a aparecer texto en el pergamino correspondiente al de Neville, chilló de alegría y corrió a su habitación a leer la carta en privado.
Harry:
¡Gracias por escribirme! Estaba muy preocupado aunque Remus me había avisado que estabas bien y con Black. ¡Todavía no puedo creer que sea inocente! Para él debe de haber sido horrible, muy horrible. ¡Y Scabbers es el verdadero asesino! ¡Vivió al lado nuestro casi tres años! Creo que de ahora en adelante no voy a poder sentirme seguro nunca.
Tengo mucho que contarte. Mientras vos estabas en coma, conocí a una chica. Me dijo que había venido para ayudarme y me reveló que yo soy un mago elemental, con afinidad Tierra. Suena a total disparate, ¿no? Yo ni sabía que existían magos así. Después casi me dio un patatús cuando de golpe apareció otro chico. Ella me lo presentó. Los dos parecían perfectamente reales, incluso en un momento ella me tocó un hombro y la mano se sentía cálida, pero me dijeron que eran fantasmas. Sus nombres son Rowena y Salazar. Me dijeron que habían nacido como improntas o algo así de los Fundadores, pero que en realidad ellos son Hogwarts, el alma del castillo. ¿Serán ciertas todas esas bromas de que el castillo está vivo y que las escaleras se mueven a propósito? Espero que me creas todo esto, Harry. Soy consciente de que parece un disparate.
¡No puedo creer que Dumbledore siguiera empecinado en que volvieras a casa de los Dursley! ¡Es espantoso! Te prometo que no le voy a decir nada de que me escribiste ni de tu localización. ¡No sé que le habrá dado al viejo! Lamento que el profesor Snape le haya contado de Silas y Gabriel. Supongo que él se debe de sentir muy mal, como vos, traicionado. Vas a tener que andar con mucho cuidado con Dumbledore cuando volvamos a la escuela.
Te juro que me cagué de miedo cuando Gabriel me dejó con el hipogrifo y partió corriendo para ayudar a Ron. Tenía tanto miedo por lo que pudiera pasarles.
Ahora tengo que cortar, mi abuela me está llamando. Voy a volver a eso de las nueve. ¿Vas a poder hablarme, o mejor dicho, escribirme a esa hora? ¡Este pergamino es fabuloso! ¿De dónde lo sacaste? ¿Te parece que vayamos a tener la oportunidad de encontrarnos durante el verano? ¡Ojalá que sí!
Hasta luego.
Neville
No te iba a pasar nada, protestó Gabriel. Yo tenía todo bajo control. Harry podía imaginarse a Silas alzando una comisura, Neville opinaba lo mismo que él. También podía imaginarse a Gabriel con ganas de borrarle de una trompada la media sonrisa a Silas. Gabriel continuó: Y Neville está de acuerdo conmigo en que Snape no es ningún peligro para nosotros. Lo que le dijo a Dumbledore podría considerarse un accidente.
Accidente ¡las pelotas!, bramó Silas con desdén. Ésta es la segunda vez que nos cagó. ¡Y a vos no te importa un pito que sea de una forma u otra! ¡Sólo discutís por discutir!
—¡Córtenla! —los frenó Harry— Sy, ¿vos sabías algo de esto? —preguntó señalando la parte de los magos elementales y los fantasmas.
No. —contestó Silas. Seguramente estaba frunciendo el ceño por el tono. Pero seguro que en la biblioteca vamos a encontrar alguna referencia. Tendríamos que ir a ver.
Harry asintió. Recogió los tres folios de pergamino y bajó a la biblioteca. Silas le enseñó un encantamiento que le revelaría los libros que contenían ciertas palabras o expresiones clave. Harry tuvo que probar varias veces pero finalmente logró pronunciarlo bien y dos tomos volaron hasta sus manos. Uno estaba bloqueado, el otro no. Silas lo urgió a que neutralizara el bloqueo y que empezara por ése. Harry no sabía como neutralizarlo y no quería perder tiempo para aprender el encantamiento. Abrió el que no tenía restricciones de acceso.
Pero apenas había empezado a hojearlo cuando el pergamino mellizo del de Ron mostró actividad.
¡Harry, cumpa! ¡No puedo creer que te hayas fugado así como así! Sé que Sirius es inocente, pero eso no significa necesariamente que sea confiable. ¿Qué es lo que pensás hacer ahora? ¿Cuando pensás volver? Ya sé que los Dursley son despreciables, pero acá estamos muy preocupados… bueno, yo estoy preocupado… en mi casa nadie sabe que estás desaparecido.
¡Hola, Ron!, escribió Harry.
¿Harry? ¡Guau! ¿De dónde sacaste esto? ¡Es súper genial!
Gracias. Sirius lo hizo para mí, escribió Harry sonriendo. Y escuchó atentamente lo que Silas le dictaba que escribiera a continuación. Oíme, Dumbledore me va a mandar de vuelta con los Dursley si me encuentra. Yo tengo planeado volver a Hogwarts en septiembre, así que no es que esté arruinándome la vida ni nada de eso. ¡Por favor, Ron, no le digas a nadie que estoy escribiéndote! Nunca antes tuve a un adulto que se preocupara por mí y me cuidara, realmente estoy muy feliz. Te aseguro que con los pergaminos vamos a poder comunicarnos con frecuencia, para que vos sepas que estoy bien y no te inquietes.
Pero ya anduvo por acá y me pidió que le avisara inmediatamente si vos te ponías en contacto…
Ron, ¡por favor!, escribió Harry y se mordió el labio nervioso.
¡Está bien! ¡Está bien! ¡No te exaltes! No voy a decir nada… pero si me llego a meter en problemas me vas a deber una grande. Y lo hago más que nada porque sé que los Dursley son unos cerdos de mierda.
¡Gracias, Ron!, escribió Harry sinceramente muy contento.
No tenés que agradecerme nada. Me están llamando a comer. ¿Cuándo podemos escribirnos de nuevo?
Mañana a las nueve, decidió Harry.
Perfecto. Cuidate, Harry.
Chau, Ron.
Harry enrolló el pergamino. —¿Viste, Silas? Te había dicho que podíamos confiar en él.
Por el momento, concedió Silas. Pero no podemos estar seguros de que podamos confiar en él en el futuro.
Harry sacudió la cabeza y sonrió apenas. ¡Silas era tan terco! Era sorprendente que Neville le cayera bien, pero era una suerte que fuera así. Volvió a concentrarse en el libro que había abierto. Casi enseguida se dio cuenta de que no le iba a resultar de gran utilidad. Era una colección de mitos. Describía a los magos elementales como individuos súper poderosos que podían transformarse en el elemento afín, que más se asemejaban a criaturas que a personas. Harry sacudió la cabeza con incredulidad, la descripción no le calzaba en absoluto a Neville.
Todos los mitos están basados en verdades, dijo Silas con tono divertido, la reacción de Harry le había hecho gracia. Concuerdo con vos en que el texto exagera las habilidades de los magos elementales, pero podemos inferir al menos que este tipo de magia es algo real.
Antes de que Harry pudiera decir nada, hubo actividad en el pergamino mellizo del de Hermione.
¡Harry James Potter! ¡¿Cómo se te ocurre cometer la barbaridad de fugarte?! ¡El profesor Dumbledore está enfermo de preocupación y tiene a un montón de gente buscándote! Sé bien que no querés volver con los Dursley, y razón no te falta, pero seguramente habría cambiado de parecer si se lo hubieras explicado claramente. Sirius es tu padrino, pero con esta fuga ha puesto de manifiesto que es un irresponsable. ¿Ya te olvidaste del peligro que representa el Señor Oscuro? ¡Te has puesto en grave riesgo, Harry!
¡Hermione, calmate! Yo estoy perfectamente y contento además. Y Sirius sabe cómo cuidarme, no te olvides de que fue auror.
Harry… ¿qué hechizo usamos en primero contra el troll y quién lo lanzó?
Ron… y no fue un hechizo propiamente sino un encantamiento, Wingardium leviosa.
Harry… ¿de dónde sacaste este pergamino?
Sirius lo creó para mí. Yo tengo el que hace pareja con el tuyo. Y tiene además encantamientos puestos para que sólo vos y yo podamos leerlos.
¡Fascinante! Me vas a tener que enseñar los encantamientos cuando volvamos a vernos.
¡Ningún problema!, prometió Harry. Hermione, los Dursley son de lo peor, de ningún modo podía volver con ellos y Sirius me está cuidando muy bien. Tomamos muchas precauciones, sé que con él estoy seguro… y feliz además. Y Sirius tuvo el buen tino de acordarse de mi baúl, lo trajimos con nosotros. En lo de los Dursley nunca podía hacer la tarea porque ponían los libros y todo lo de la escuela bajo llave. Ellos odian cualquier cosa que tenga que ver con magia… ¡y a mí también me odian! ¡Y vos lo sabés! Dumbledore no quería que fuera con Sirius y lo expresó de manera terminante. Hermione… por favor, no le digas nada…
Quizá tenía muy buenas razones para no dejarte con Sirius. El director sabe muchas cosas que nosotros desconocemos. Y él siempre nos protege. Quiere que estés seguro. Y no me parece bien que estés recorriendo mundo con un ex convicto que estuvo encerrado en Azkaban durante doce años. Harry… ¡tenés que volver!
¿Que nos protege y quiere que estemos seguros?, bufó Silas exasperado. ¿Ésta ya se olvidó de la Piedra y de la Cámara?
Ella no estuvo con nosotros en la Cámara, le recordó Gabriel.
—¡Silencio! —los reconvino Harry y siguió escribiendo. Hermione, te estoy pidiendo como amigo que guardes el secreto. Necesito que confíes en mí, con Sirius estoy seguro… y te lo repito, ¡muy feliz! Y vivir con los Dursley era un infierno. Sé que hay muchas cosas que no les conté a Ron y a vos… pero es que no me animaba… porque eran brutales. ¡Por favor, Hermione!
Si las cosas en casa de los Dursley eran así como las describís, ¡tenés que decírselo claramente al profesor Dumbledore! Lo lamento, Harry, pero tengo que hacer lo que considero que está bien. Aunque te enojes conmigo. Como pasó con la Firebolt. Yo te quiero, Harry, y no quiero que sufras ni que corras peligro.
Pero con la Firebolt estabas equivocada. ¡No tenía nada de malo!
Pero podría haber sido peligrosa. Lo siento, Harry… pero ya informé… antes de empezar a escribir…
¡La muy yegua!, bramó Silas. ¡Estuvo manteniéndonos ocupados para que nos quedáramos en el mismo lugar!
—Ella sólo está preocupada por lo que me pueda pasar. —la justificó Harry.
Hermione, voy a ser muy prudente, voy a tener mucho cuidado. Nos volveremos a ver cuando se reinicien las clases. Entiendo tus razones… pero dado que informaste, no puedo confiar en vos por el momento, no voy a escribirte de nuevo. Hasta pronto y cuidate. Y alejate del folio de pergamino porque dentro de unos segundos se va a prender fuego.
¡Harry, esperá!
Pero Harry no le hizo caso. Levantó la varita y comenzó a pronunciar el encantamiento para prenderle fuego al pergamino, él tenía la copia maestra, cualquier cosa que le pasara al suyo se reproduciría en el mellizo. Observó cuando empezó a arder y suspiró decepcionado. No podía culparla, pero le hubiera gustado que hubiese confiado más en él. Ella no sabía de lo seria que era su situación porque poco era lo que le había contado. Quizá durante esos meses podría juntar valor para sincerarse con Ron y con ella cuando los volviera a ver.
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