Mente rota, alma quebrada
Regreso a casa
Lamento lo de Hermione, escribió Neville esa noche pasadas las nueve. Donde estaba Harry eran las diez pasadas. Harry le había escrito todo sobre las reacciones de Ron y Hermione y lo que había averiguado sobre magos elementales. Sé que ella cree que está haciendo lo correcto y creo que eso lo hace aun más frustrante. Es que no puede concebir ninguna otra alternativa correcta que no sea la suya. Me alegra que Ron accediera a guardar el secreto, y no me sorprende por cierto. Debe de estar encantado de saber un secreto que ninguno en su casa conoce.
A Silas le pareció que era preciso que le recordara sus reparos. Ya te había dicho que Ron no es confiable, si en el futuro llega a considerarlo conveniente para él te va a delatar.
¿Me estás diciendo que no es porque sea mi amigo que aceptó guardar el secreto?, le preguntó Harry a Neville.
En realidad no lo sé, Harry. Quiero decir… él ha sido amigo tuyo mucho tiempo. No creo que ni siquiera ahora se pueda decir que es mi amigo, creo que es sólo por vos que se muestra últimamente más simpático conmigo.
¡Eso no es cierto!, protestó Harry.
Neville prefirió desviarse hacia otro tema. ¿Has vuelto a ver al profesor Snape después de la pelea?
No, escribió Harry frunciendo el ceño. Cuando el nombre de Snape había aparecido sobre el pergamino, Silas había empezado a destilar ondas de disgusto. Harry procuró ignorarlo. Está viviendo en Snape Manor, no sé bien donde queda exactamente, pero es en Inglaterra. Dumbledore le ordenó que estuviera disponible en caso de que lo necesitara. Pasó a buscar a Remus, pero yo no lo vi cuando vino. En este momento la Orden me está buscando en París.
Vos no podés verme pero me estoy riendo. ¿Qué creés que vayan a hacer cuando después de buscar tanto no te encuentren?
No sé, supongo que van a tener que quedarse esperando hasta que surja una nueva pista.
Silas murmuró, Dumbledore volverá a casa de los Weasley. Lo lógico es que piense que les escribiste a los dos. Y esta segunda vez va a ser la verdadera prueba.
Harry le transmitió la hipótesis de Silas a Neville.
Esto no me gusta nada, escribió Neville. Aunque Ron no quiera decir nada es posible que se vea obligado.
¿Qué querés decir?, preguntó Harry frunciendo el ceño.
Después de la tormenta cuando me interrogó, Dumbledore hizo algo cuando me miró directo a los ojos. De pronto me sentí mareado y como empujado a contarle todo lo que había pasado ese día después de la cena. Le dije que habíamos salvado a Buckbeak (por cierto, todavía no lo han encontrado) y estuve a punto de mencionar a Gabriel, pero en ese momento la cabeza se me aclaró un poco, pude contenerme y no le dije nada inconveniente. Yo estaba muy alterado y creo que no alcancé a entender bien qué había pasado… pero después cuando me puse a pensar con la cabeza más despejada…
Suena a algún tipo de compulsión, dijo Silas sumamente contrariado, Harry podía percibir la rabia helada de su alter.
¿Y ahora qué voy a hacer, Neville?, escribió Harry dejando caer los hombros muy descorazonado. Sy y Gabe no pueden salir por el momento, pero eso va a cambiar más adelante. ¿Y si Dumbledore encuentra un modo para obligar a Gabe a hacer lo que él quiere?
¡Yo sólo pelearía por algo que fuera realmente importante!, protestó Gabriel. Y evitaría que sufriéramos daño alguno.
¿Ya te olvidaste de la piedra?, bramó Silas. Si no hubiese sido por Demon nos habrían matado. Y algo parecido pero peor pasó con los dementors. ¡Y fuiste VOS el que fue corriendo a meterse en medio de ellos!
¿Y qué hubiera pasado si no me metía?, le espetó Gabriel. ¿Voldemort a un paso de conseguir la inmortalidad? ¿Y Sirius muerto? ¡VOS viste lo que le estaban haciendo! ¡Le querían COMER EL ALMA! ¡Sirius estaría peor que muerto!
No sé, Harry, escribió Neville. ¿Pero qué quisiste decir con eso de que no pueden salir?
Harry trataba de no prestarle atención a la discusión de sus alter pero no era fácil. Los dementors provocaron cierto daño. No lo entiendo bien del todo, pero básicamente dos cosas cambiaron. Yo puedo oírlos hablando en mi cabeza y ellos no pueden salir a tomar el control. Boy es el único que puede salir, él fue el único al que Demon no le drenó la magia. Rose y Demon siguen durmiendo todo el tiempo y no han mostrado signos de que necesiten tomar el control, así que no puedo decirte si podrían o no salir.
¿Y a vos cómo te está afectando todo eso? Sé que Rose estaba próxima a integrarse con vos.
Antes de la pelea con Snape estuvimos hablando sobre Rose. Y ahora yo sueño todas las noches con ella. Creo que estoy empezando a entenderla mucho mejor.
Eso me parece muy bien, escribió Neville contento. Bueno… estoy cansado, creo que será mejor que me vaya a dormir. Buenas noches, Harry, Silas, Gabriel.
¡Hey! ¿Y por qué yo último?, se quejó Gabriel.
Tarado…, murmuró Silas.
Buenas noches, Neville, saludó Harry sonriendo divertido. Enrolló el pergamino de Neville y agarró el de Ron.
¡Ron! Le escribí a Hermione en un pergamino especial como el tuyo contándole lo mismo que a vos. Ella piensa que no está bien que me haya ido con Sirius para ocultarme de Dumbledore y le dijo al director dónde estaba yo. Ahora estoy un lugar distinto así que no te preocupes. No pudieron encontrarnos por suerte, pero es posible que Dumbledore vaya a tu casa a hacerte preguntas. Tené cuidado, podría tratar de usar un hechizo de compulsión para que le digas del pergamino y seguramente te lo quitaría. Sé que resulta difícil creer que él haría algo así porque la compulsión es ilegal y todo eso… pero no está de más que estés prevenido para que puedas manejarte mejor. Te voy a escribir mañana de nuevo para saber si fue a verte. Ahora me voy a dormir. Buenas noches.
oOo
Sirius se despertó con el sonido de música de piano en los oídos. Sonrió y hundió la cabeza en la almohada, ¡le volvían tantos recuerdos! A Lily siempre le había encantado tocar. La música había sido una constante en sus vidas cuando empezó a salir con James. ¡Cuánto la extrañaba! Le hubiera gustado que supiera que su hijo había heredado la afición. Sirius no sabía mucho de música pero le parecía que Harry tocaba maravillosamente. Podía de alguna forma notar el potencial y el vigor.
Saltó de la cama, se vistió y fue a buscar a su ahijado. Entró en la habitación de la que brotaba la música. Harry estaba sentado al piano, un hermoso piano por cierto. Había otros instrumentos en el cuarto, alguno desconocidos para Sirius.
Se le acercó y se le sentó al lado —¿Desde cuándo tocás?
Harry se volvió a mirarlo con esos esplendorosos ojos verdes. —Severus me enseñó el verano pasado. Tuve la posibilidad de practicar en la escuela, pero estas dos últimas semanas no había tocado.
—A mí me parece que sos un eximio intérprete. —declaró Sirius— ¿Tenés hambre?
—Voy a bajar más tarde. —respondió Harry y volvió a las teclas.
Sirius sacudió levemente la cabeza, se puso de pie y lo dejó con su música.
Harry estuvo tocando toda la mañana pero bajó para el almuerzo. La tarde la pasó con Sirius en la sala de juegos. Remus todavía no había vuelto. Harry se sentía un poco culpable de que tuviera que trabajar tanto para protegerlo. Después de la cena subió a su habitación. Con un suspiro recogió los pergaminos. Estaba inquieto por saber qué había pasado con Ron. No tuvo que esperar demasiado.
Harry, cumpa, ¡tenías razón! Dumbledore vino y me preguntó si vos me habías escrito. Yo no le dije nada y no pudo encontrar el pergamino. Creo que lo habría encontrado de no haber sido por los mellizos. Después de que recibí tu mensaje, decidí que necesitaba ayuda. Recurrí a los mellizos. Pero lo único que les dije es que Sirius es inocente y que vos te habías escapado con él. Algo tenía que decirles porque si no me hubiese resultado mucho más difícil convencerlos de que me ayudaran y de que guardaran el secreto. Pero los dos se mostraron de acuerdo al instante. Cuando les pregunté por qué ellos me dijeron que no querían que vos volvieras con los Dursley y que cualquier otra cosa era mejor. Creo que ellos sospechan de que la cosa era mucho más seria y que iba mucho más allá de encerrarte y de darte poco de comer. ¿Es realmente así como ellos piensan?... Lo cierto es que me ayudaron. Prepararon una poción que me permitió resistir los efectos de la compulsión, a Dumbledore le conté la historia inventada que habíamos acordado. Que había recibido una carta tuya diciéndome que le habías escrito a Hermione para informarle tu localización porque no querías escribírselo a más de una persona. También le dije que vos me ibas a escribir de tanto en tanto para hacerme saber que te encontrabas bien. Me pidió que le mostrara la supuesta carta y yo le dije que se había prendido fuego después de que la había leído. Me hizo prometer que le avisara la próxima vez que vos escribieras.
Gracias, Ron, respondió Harry sonriendo. ¡Estuviste brillante! Y no me molesta que les hayas pedido ayuda a George y Fred. Me alegra que te hayan ayudado y que estén dispuestos a guardar el secreto. Realmente me siento culpable por ponerte en una situación como ésta con tu familia.
No tenés que disculparte por nada. Lamento mucho lo de Hermione, a pesar de lo inteligente que es, a veces se comporta como una necia. Pero ella no te vio en casa de los Dursley, ni vio las rejas en la ventana. Creo que si las hubiese visto no te habría delatado. Sea como se me escribió. Yo le contesté que no estaba enojado con ella, pero que no le iba a decir nada sobre vos. ¡Y se enojó conmigo y dijo que no le escribiera más! ¿¡Podés creerlo?!
No te culpes por eso, dijo Gabriel. Esos dos están siempre peleándose por una razón o por otra. Y si no tienen ninguna razón se la inventan.
Yo creía que te caían bien, apuntó Silas con sorna.
Y es cierto, confirmó Gabriel. Y me cuidaron las espaldas más de una vez. Pero es estúpido pelearse sin razón alguna y ellos se han vuelto expertos en ese tipo de peleas. Deberían dedicar todas esas energías para cosas más productivas y que realmente importen.
Harry..., escribió Ron. Te había hecho una pregunta antes que no me contestaste. ¿Es cierto lo que piensan los mellizos? ¿Los Dursley te pegaban?
Harry se mordió un labio indeciso. Y recurrió al consejo de sus alter. —¿Gabe?… ¿Sy…?
Decirle tiene pros y contras, contestó Silas con cautela. Puede que se vaya de la lengua y se lo diga a alguien… y que terminen enterándose todos. Pero por otro lado, que todos se enteren de los maltratos físicos de los Dursley tiene sus ventajas, lo más probable es que nunca más se hable de mandarnos de vuelta con ellos. Así y todo hay otros inconvenientes, habrá muchas preguntas sobre por qué no habíamos dicho nada… y nuestros enemigos estarían al tanto de algunas de nuestras debilidades.
Yo no creo que importe tanto que lo sepa o no, opinó Gabriel.
Tarado, le espetó Silas con brusquedad.
Harry… ¿seguís ahí?, preguntó Ron.
Sí, sigo acá. Mirá, es algo en lo que no me gusta pensar. Pero es cierto, mi tío me pegaba. Y no quiero que nadie se entere.
Lo lamento mucho, Harry. Yo no voy a decir nada. Y puedo entender por qué no me lo habías contado antes… pero me habría gustado que nos lo hubieras dicho, al menos a Hermione y a mí. Debe de ser muy duro para vos porque sos El Niño Que Sobrevivió y todos están convencidos de que sos fuerte y de que siempre fuiste mimado.
Eh… sí… algo así…, dijo Harry confundido e incómodo. No entendía bien qué le había querido decir Ron pero no iba a pedirle explicaciones, era un tema del que no quería hablar. Tengo que cortar ahora. Buenas noches Ron y gracias otra vez.
Buenas noches, cumpa. ¿Cuándo podemos escribirnos de nuevo? Quiero que me cuentes todo lo que estás haciendo con Sirius.
Eh… no sé… ¿Qué te parece día por medio a la misma hora?
Me parece bien. Cuidate mucho.
Chau.
Harry volvió al pergamino de Neville y empezó a escribirle una carta. Neville probablemente ya se había ido a dormir porque no le contestó nada en ese momento. Harry se encogió de hombros resignado y fue a prepararse para acostarse.
oOo
—Profesor Lupin. —saludó la señora Longbottom con algo de sorpresa en el tono.
La cara de Remus entre las llamas verdes le sonrió. —Perdón por llamar tan tarde, espero no haber interrumpido nada.
—En absoluto. Estábamos por sentarnos a comer. ¿Le placería acompañarnos?
—Con gusto. Gracias —respondió Remus. La señora Longbottom retrocedió para darle lugar y Remus entró. —¿Cómo están pasando el verano?
—Muy bien. —dijo ella y con aire solemne agregó— Fuimos a visitar a Alice y Frank el otro día.
—Ah… —asintió Remus que no sabía bien qué correspondía decir. Durante su estadía en la casa la navidad anterior había notado que los padres de Neville eran mencionados con cierta frecuencia pero que demostrar cualquier expresión de compasión en tales oportunidades generaba desagrado en los adultos de la familia. La abuela de Neville y su tío abuelo guardaban una muy alta estima por los dos ex aurores, los consideraban héroes y sentían gran orgullo por ellos, el sacrificio del que habían sido víctimas los enaltecía y la lástima no se conjugaba en absoluto con esos sentimientos.
Cuando pasaron al comedor, la señora Longbottom gritó: —¡Neville! Poné otro cubierto, el profesor Lupin cenará con nosotros.
Neville había dado un respingo al oír el grito. —Sí, señora… Buenas noches, profesor…
—Buenas noches, Neville. —saludó Remus sonriendo. Neville hizo un leve asentimiento y salió a toda prisa.
—Ay, este chico… —musitó la Sra. Longbottom— Qué bueno que haya Ud. llamado y que aceptara acompañarnos. Algie salió con unos amigos, no va a estar presente.
—Gracias por la invitación. —dijo Lupin al tiempo que tomaba asiento. Neville entró un momento después con un cubierto adicional y procedió a disponerlo delante del profesor.
—¡La cuchara está mal ubicada, niño! —lo amonestó la Sra. Longbottom — ¿Cuántas veces tengo que repetírtelo?
—Eh… perdón, abuela…
—Oh, andá a ubicarte en tu lugar. —dijo ella con una nota de exasperación— Yo voy a buscar la comida.
—¿Cómo van tus cosas, Neville? —preguntó Remus cuando estuvieron solos.
—Bien. —respondió Neville con una sonrisa.
—¿Recibiste el pergamino de Harry?
—Eh… sí… ¿Y Ud. cómo sabe?
—Yo le ayudé a Sirius a crearlos. —respondió Remus riendo.
—¡Gracias, señor! Estoy tan contento de poder conversar con Harry.
—Él también está muy entusiasmado. ¿Ya empezaste a trabajar en los deberes de vacaciones?
—Sí, pero la abuela me hizo reescribir el deber de Encantamientos porque tenía muchas manchas y tachaduras. —dijo Neville y bajó la vista avergonzado.
—Aquí vuelvo. —dijo la Sra. Longbottom que acababa de entrar, traía flotando varias fuentes que acomodó sobre la mesa. —Neville, esperá hasta que el profesor se haya servido. —advirtió.
—Sí, señora. —dijo Neville ruborizándose. Por supuesto que él sabía que tenía que esperar, no hacía falta que se lo recordara, no era desconsiderado.
—Humm… ¡qué bien huele esto! —le dijo Remus sonriendo a la señora, ella aceptó el elogio con expresión modesta y procedió a describirle los platos y cómo habían sido preparados.
—Si tan sólo Neville pusiera más atención en clase de Pociones… yo siempre le digo que no es mucho más complejo que cocinar. —se lamentó al final.
—Neville sólo necesita ganar un poco más de confianza en sí mismo. —le respondió él— Tiene excelentes instintos, pero duda de ellos.
—Si Ud. lo dice… Frank sí que tenía excelentes instintos, por eso era un auror tan destacado, es una pena que Neville no sepa aprovechar sus talentos.
—Con respecto a eso, —dijo Remus— está justamente relacionado con el motivo de mi llamada.
—¿Ah sí? —dijo la Sra. Longbottom con cierta sorpresa y algo de curiosidad.
—Me preguntaba si Ud. le daría permiso a Neville para que viniera a mi residencia durante una semana. Me gustaría poder continuar con nuestras clases y prácticas puesto que parecen que fueron efectivas y lo han ayudado a mejorar.
—Es cierto que sus notas mejoraron durante los últimos meses. Muchas gracias por su ayuda. —dijo ella con una sonrisa— Neville es un buen chico.
—No puedo sino estar de acuerdo. —confirmó Remus y le dirigió un guiño a Neville quien de inmediato bajo la cabeza para disimular su sonrisa.
—No veo razón alguna para que no pueda ir con Ud. Se volvió hacia su nieto y su voz aumentó de volumen. —Agradecele al profesor y andá a empacar. Asegurate de llevar suficiente cantidad de ropa y todos los libros. En el cajón de mi escritorio hay folios de pergamino, llevate una buena provisión porque seguramente los vas a necesitar. ¡Y que ninguna de las prendas tenga manchas, rasgaduras o agujeros! Vos sos el heredero de los Longbottom y tu aspecto personal debe reflejar y hacerle honor a tal dignidad.
—Sí, señora, gracias por el permiso. Y muchas gracias a Ud., profesor, por invitarme. —dijo Neville formal y sonriendo y partió a toda velocidad a preparar todo, estuvo a punto de tropezarse al salir.
—¡No corras! —gritó la señora— ¡Ay, qué chico! Yo no sé a quién salió, ninguno de sus padres era tan torpe y falto de coordinación.
—Alice siempre fue un poco tímida. —fue todo lo que se le ocurrió decir a Remus.
—Era una chica tan dulce. —dijo ella, se puso de pie y empezó a juntar los platos.
Remus no se ofreció a ayudarla, sabía que lo tomaría como especie de afronta. La mujer partió hacia la cocina un momento después.
Remus se quedó esperando. Se sentía contento de que Severus hubiese sugerido la invitación. Neville se veía sometido a mucho estrés cuando estaba con sus familiares y se deprimía. Le haría muy bien pasar cierto tiempo lejos de ellos. Era de suponer que la Sra. Longbottom quería a su nieto, pero con sus rígidas exigencias y comentarios de menosprecio no hacía sino perjudicarlo.
oOo
A la mañana siguiente, Harry leyó la breve nota que le había dejado Neville contándole que iba a pasar una semana en Snape Manor y que el profesor Snape iba a enseñarle meditación. Neville también mencionaba que el profesor Snape no tenía muy buen aspecto y que quizá sería una buena idea que Harry hablara con él.
De ninguna manera, se opuso Silas de inmediato.
Ya empezamos…, intervino Gabriel, mirá, vos fuiste el que nos llevó a Snape en primer lugar. E insististe en que era el único en quien podíamos confiar para que nos ayudara.
Y ésa es la mejor prueba de que ahora no deberíamos confiar en nadie. Me parece que ninguno se da cuenta de lo peligroso que es que haya otros que sepan de nuestra condición.
¡Pero no digas boludeces!, replicó Gabriel exasperado. Somos fuertes y poderosos. No estamos desamparados, Silas. Podemos y sabemos protegernos.
Lo sensato es que no nos pongamos en situaciones en las que nos veamos obligados a defendernos, argumentó Silas vehemente. Cuando vos decidís que es preciso ir a salvar al infortunado de turno te lanzás ciegamente sin medir las consecuencias y nos ponés en peligro de muerte. ¿Y qué pasaría si el viejo choto encontrara la forma de anclar a uno de nosotros afuera? Harry se enfermaría y nuestra condición se agravaría. Y pensá qué pasaría si los que supuestamente se preocupan tanto por Harry se enteraran de nuestra condición, nos mandarían a St. Mungo y nos intoxicarían con pociones. Y no me extrañaría que a alguien se le ocurriera usarnos como especímenes de estudio y experimentación. ¿Quieren que siga enumerando posibilidades? Y Snape nos expuso a sabiendas a todo ese tipo de ataques aunque sabía perfectamente de que yo estaba en contra de que se lo dijera a nadie.
Gabriel y Harry no replicaron nada. Harry le escribió un par de líneas a Neville para hacerle saber que había leído su mensaje, pero no mencionó nada sobre Snape. Gabriel, por su parte, no creía fuera imprescindible evitar todo tipo de confrontación, pero los argumentos de Silas, si bien habían sido expuestos con exagerado dramatismo, tenían peso. Decidió, por el momento, deponer toda actitud beligerante.
Remus volvió esa mañana y le ratificó la localización de Neville. Harry le agradeció la información y le preguntó si sería posible que Neville y él pudieran reunirse aunque más no fuera una o dos veces. Remus respondió que lo consultaría con Severus. Harry asintió y fue a jugar con su padrino. Esa noche después de la cena Remus se lo llevó a la salita. Parecía calmo pero Silas se dio cuenta enseguida de su nerviosismo, aunque le pareció prudente no informárselo a Harry por el momento.
—Harry, me preguntaba cómo te estaban yendo las cosas, ¿ha habido algunos… eh… cambios o deslices?
Harry lo miró y se removió incómodo. Confiaba en Remus y le caía bien, pero sentía… que estaba… mal… hablar con él de su condición. Por lo tanto no mencionó que podía hablar con sus alter en la cabeza. Y tampoco le dijo que no podían salir.
—No, no ha habido deslices y yo estoy bien.
—Bien. —dijo Remus sonriendo— ¿Y sobre entender a Rose…? ¿Querés hablar de eso?
Harry volvió a remarse incómodo. —A veces sueño con ella. Ella es… agradable, simpática.
—¿Y…? —lo instó Remus— ¿Cómo te sentís respecto a ella?
Harry hizo una mueca. Era obvio que Remus no tenía idea de lo que estaba haciendo, pero también era evidente de que sus deseos de ayudar eran sinceros. ¿Pero acaso podía decirle lo que pensaba de rose cuando soñaba con ella? ¿Cómo reaccionaría Remus? ¿Sentiría lástima? ¿Se enojaría? ¿Lo juzgaría? No quería que Remus lo mirara diferente o lo tratara diferente. Ya en ese momento lo estaba tratando distinto, como si fuera algo delicado y frágil.
—No quiero hablar sobre esto.
Remus pareció contrariarse pero asintió. Harry aprovechó para escapar de la habitación. Esperaba que Remus no intentara otra sesión. Extrañaba a Severus. Silas lo percibió y protestó una vez más contra Snape. Gabriel le gritó que era irracional y paranoico. Harry les dijo que se callaran y se encerró en la sala de música a tocar el piano.
Ésa era una de las cosas que había cambiado respecto del verano. Ni Sirius ni Remus respetaban la regla de las puertas cerradas. Golpeaban y entraban, Sirius a veces ni siquiera golpeaba. A Harry no le gustaba para nada, particularmente porque los dos solían invadirle la habitación con frecuencia, pero no se animó a expresar su desagrado en voz alta. No podía, sabía que Sirius necesitaba atención y compañía.
Remus intentó un par de veces más iniciar una sesión. Pero Harry las abortó de entrada, inventando una excusa y yéndose de la habitación. Eso lo había hecho sentir mal porque sabía que de esa forma lo hería, aunque también notó que para Remus era un alivio.
El miércoles a la mañana Remus se fue, Dumbledore lo había convocado para continuar la búsqueda, aparentemente habían encontrado una nueva pista. Harry se preguntó qué pista sería, él se había quedado ahí todo el tiempo, pero no le prestó al asunto mayor atención. Tenía una cuestión más preocupante entre manos: Sirius. Que iba de un lado a otro por toda la casa cambiando constantemente de su forma humana a la animal y viceversa. La cosa se había puesto mucho peor después de que se había ido Remus.
—Harry… —dijo Sirius asomándose a la puerta. Entró y vino a sentársele al lado, sobre la cama. Harry, que había estado escribiendo en el pergamino de Neville, lo dejó a un lado. —Me estaba preguntando… ¿te gustaría que nos fuéramos de acá por algunos días? Quiero decir… ya llevamos encerrados casi una semana. ¿Por qué no salimos a divertirnos? Volveríamos antes de que nadie se diera cuenta…
Harry se mordió el labio, no lo sorprendía que su padrino viniera a proponerle ideas insólitas, pero ésa era la más disparatada que le hubiese mencionado hasta el momento. Sirius parecía muy entusiasmado, los ojos celestes le brillaban llenos de vida. Era una mejora que lo ponía contento, pero así y todo no le parecía que fuera una buena idea irse de la casa.
—¿Y cómo volveríamos? Yo ni siquiera sé donde estamos.
—Yo sí… y puedo aparicionar con vos de regreso. ¡Dale, pichón… va a ser muy divertido! Te aseguro que no nos va a pasar nada malo. Y volveríamos antes de que nadie se entere.
Te va a hacer bien irte con él durante unos días, le señaló Gabriel. Y sabemos cómo defendernos. Y podemos volver de inmediato si llegara a pasar algo.
Nosotros podemos defendernos, pero Harry no puede, le recordó Silas. No podemos salir, ¿o ya te olvidaste? Y si tuviéramos que volver de manera precipitada pondríamos en peligro la seguridad de este lugar.
Pero yo ya no doy más del aburrimiento y a vos te pasa lo mismo, insistió Gabriel. Oh, vamos, todo va a salir bien.
Silas no dijo nada en respuesta y Harry lo tomó como tácito consentimiento. Miró a Sirius y le sonrió. Les iba a hacer bien salir de allí por unos días, sobre todo a Sirius cuya ansiedad había ido en aumento cada día que pasaba. Sirius lanzó un grito de alegría y lo envolvió en un abrazo. Y partió corriendo a empacar.
oOo
Severus miró con disgusto al lobo que estaba sentado a unos metros de él, furioso de que no hubiera conseguido ningún resultado con Harry. Minutos antes le había informado sobre su fracaso.
—La condición de Harry se está deteriorando. —gruñó Severus— Es preciso forzarlo a que afronte lo que está pasando dentro de sí.
—¿Por qué no hablás vos con él? —rogó Remus— Severus…
—¡NO! ¡Es algo que ya discutimos! ¡No vamos a volver sobre lo mismo! —bramó dándole la espalda y tratando de controlar el enojo. Cuando volvió a darse vuelta habló con un tono más razonable. —No confía en mí y si no me tiene confianza no puedo hacer nada para ayudarlo. Vos sos el único que puede ayudarlo.
Remus estaba muy contrariado y no se sentía del todo bien porque la luna llena se aproximaba, de todos modos asintió, fue hasta la chimenea y abandonó la mansión.
Severus se sirvió un whisky y se dejó caer en uno de los sillones. Se le estaba gestando un dolor de cabeza que iba empeorando a cada minuto. Recordaba la reacción de Harry cuando le había dicho que le había informado a Dumbledore sobre Silas y Gabriel. Su mirada se había vuelto distante durante un largo momento y luego había gritado demandando silencio. Pero Severus no había hablado. Eran voces en su cabeza las que había hecho callar, no cabía otra posibilidad.
Y eso constituía un inmenso retroceso. El chico necesitaba ayuda urgente. A Silas y a Gabriel había que ponerlos en su lugar, Rose tenía que integrarse y de alguna forma había que empezar a encarar la cuestión de Boy.
Y el único disponible para todo eso vacilaba por sus inseguridades y sus miedos. Era intolerable. Severus había incluso barajado la posibilidad de convocar a un profesional muggle… hizo una mueca, la reacción de Harry al enterarse de que un extraño se enterara de su condición podría empeorar más las cosas.
—Profesor Snape, —Neville estaba en el marco de la puerta en piyamas— oí gritos, ¿está todo bien?
—Estoy bien. Vuelva a dormir. Mañana tenemos una lección mañana antes del desayuno, no se olvide. —dijo desdeñoso y bebió un sorbo de whisky.
—Está bien. —contestó Neville nervioso. Pero no le parecía bien irse y dejarlo así sin más, se veía muy trastornado— Si Ud. está… eh… preocupado por Harry… él se encuentra bien…
Severus lo taladró con la mirada. —¿Y Ud. como lo sabe?
—Yo… este… hemos estado escribiéndonos…
—Ya veo. —dijo Severus y volvió la mirada hacia el fuego— Vaya a dormir Longbottom.
—Sí, señor. —dijo Neville y partió con prisa. Le hubiese gustado poder hacer más. Sabía que Harry extrañaba a Snape y sabía que a Snape le habría gustado volver para ayudar a Harry. Pero en su opinión los dos eran demasiado tercos como para decidirse a hacer algo al respecto.
oOo
Remus entró por la chimenea a la mañana siguiente a las ocho. Lucía frenético cuando entró al comedor. Severus y Neville estaban desayunando. Severus se puso de pie al verlo.
—¡Se han ido! —gritó Remus.
—¡¿Cómo?! —bramó Severus.
—¡No están! Busqué por toda la casa ¡Se fueron!
—¿Cuándo se fueron? —preguntó Severus.
—No sé. Anoche llegué tarde y pensé que ya se habrían acostado. Pero es posible que se hayan ido ayer a la mañana.
—¡El condenado perro pulguiento!
Severus se puso a caminar de un lado al otro del cuarto. —¿Adónde puede habérselo llevado?
—¡No sé! —respondió Remus mesándose los cabellos.
—¿Y Ud. Longbottom? ¿Harry le escribió algo al respecto?
—No, señor… eh… me escribió ayer después de la cena pero no dijo nada de que no estuviera en la casa.
—Lupin, yo estoy asignado a una de las partidas de búsqueda de la Orden. Vas a tener que ir a buscarlos por tu cuenta. Tratá de pensar en algún lugar que a Black pudiera gustarle. Yo voy a estar alerta y trataré de confundir las cosas si llegaran a avistar al muy imbécil. —dijo Severus y unos minutos después partió por la chimenea.
—¿Sabe del pergamino? —le preguntó Remus a Neville.
—No, pero le dije que nos escribimos. Voy a tratar de contactarlo.
—Bien. —dijo Remus sonriendo— Y tratá de convencerlo de que vuelva de inmediato, es peligrosísimo con tanta gente buscándolo. Y si lo encontraran… esperemos que sean los de la Orden… y no los mortífagos.
Neville se puso pálido y asintió. Remus se fue y Neville subió a toda prisa a su cuarto y se sentó a escribir en el pergamino sin perder un minuto.
oOo
—¿Estás listo para esto? —preguntó Sirius entusiasmado y dando saltitos alrededor de Harry.
Harry rió y lo agarró de la mano para que se quedara quieto. —Sí.
—Estupendo. Recuerdo que una vez que fuimos a uno con James. ¡Lo pasamos tan bien! ¡Y este es muchísimo más grande!
Se pasaron todo el día en Disneylandia París. Recorrieron todos los juegos. Harry se ganó un animalito de peluche en el juego de disparar con pistolas de agua. A la montaña rusa subieron tres veces. Comieron un montón de cosas poco saludables. Fueron unos de los últimos en abandonar el parque, los dos enfundados en sendas remeras con el logo de Disney.
—¡Estuvo genial! —exclamó Harry. La había pasado bien pero le estaba entrando sueño.
—Acaso lo dudabas… y ahora vamos a ir al cine. Las películas muggle son muy divertidas.
—Estoy un poco cansado. —dijo Harry bostezando— Quizá deberíamos volver al hotel.
—Oh, vamos, no podemos irnos a dormir tan temprano.
—Bueno, está bien. —se avino Harry.
La película que fueron a ver era Máxima velocidad con Keanu Reeves y Sandra Bullock, Harry había pensado que iba a poder dormir una siesta pero la película tenía tanta acción y suspenso que lo mantuvo sentado al borde de la butaca todo el tiempo.
Cuando salieron del cine, Sirius propuso que fueran a un bowling pero Harry apenas si podía mantener los ojos abiertos. Sirius se rindió finalmente y aparicionó con Harry de vuelta al hotel. Harry se durmió apenas apoyó la cabeza sobre la almohada. Pero fue arrancado intempestivamente del sueño a la mañana siguiente cuando le cayó encima un baldazo de agua fría. El shock tan repentino provocó la salida de Boy.
Sirius se estaba partiendo de risa por la broma, pero la alegría se le esfumó un segundo después cuando Boy se acurrucó contra el respaldo de la cama, temblando y mirándolo aterrado. —¡Ay, no…! —gritó y luego cambió a un tono lo más suave posible— Harry, está todo bien… fue una broma estúpida… perdón… no lo voy a hacer de nuevo… perdón, Harry…
Boy empezó a gemir cuando lo vio acercársele. Sirius reculó prudentemente. Boy temblaba de frío y de miedo. El miedo no se le pasó del todo cuando el hombre se fue y quedó un perro en su lugar. Pero pudo ponerse a pensar, estudió el entorno mientras trataba de sacarse de encima al perro que lo estaba lamiendo entero. Finalmente se bajó de la cama y reptando fue hasta el baño y se refugió debajo del lavabo.
Recién una hora más tarde volvió Harry. Sirius recuperó su forma humana, no hizo ningún comentario sobre lo ocurrido y lo invitó a que fueran a la piscina del hotel. Después del mediodía almorzaron en un restaurante y por la tarde fueron al zoológico. Cuando terminaron la recorrida todavía era temprano.
—Hay que aprovechar el día al máximo. Y se me acaba de ocurrir una idea. —dijo Sirius. Lo agarró de una mano y desaparicionaron.
Harry tambaleó un poco cuando llegaron. Estaban en un callejón en el centro de Londres. Sirius le hizo un guiño y lo condujo hasta El caldero que pierde, que estaba muy cerca.
¡Esto no es una buena idea!, advirtió Silas. ¡Harry no entres! ¡Podrían reconocerte!
—Humm… Sirius… creo que no deberíamos…
—Confiá en mí. —dijo Sirius sonriendo y entró. Harry lo siguió pero escondiéndose detrás de él. Los ojos de casi todo los clientes se fijaron de inmediato en ellos. Sirius siguió directo al patio trasero y abrió la arcada a Diagon usando una varita que le había conseguido Remus. Tres magos salieron en ese momento al patio y empezaron a dispararles hechizos. Sirius soltó una carcajada, le agarró la mano a Harry y desaparicionaron. Volvieron a materializarse en algún lugar en el campo.
El corazón de Harry se había acelerado por el sobresalto del ataque. —Vamos. —lo instó Sirius y partió corriendo en dirección a un grupo de árboles. Harry corrió tras él, suponía que algo debía de haber salido muy mal. Las manos le temblaban y no quería pensar en las consecuencias. Grande fue su sorpresa cuando Sirius se colgó de una rama del árbol más cercano y comenzó a balancearse riendo a más no poder.
—¿Qué está pasando? —preguntó Harry jadeante.
—Estamos jugando a las escondidas. —dijo Sirius, se soltó de la rama y le desordenó los cabellos con una mano. Harry se quedó mirándolo.
Y yo que pensaba que no podía existir nadie más imbécil que Gabriel, dijo Silas desdeñoso.
Alguien se acerca, dijo Gabriel con tono sombrío. Estaba desesperado por salir pero no podía.
A Harry se le nubló la vista por el dolor de cabeza que se le desató de golpe. No sabía quiénes eran los que habían aparicionado a cierta distancia de ellos pero definitivamente no eran amistosos. Estaban disparándoles todo tipo de hechizos, algunos que Harry no conocía. Sirius soltó una carcajada, lo tomó de la mano y desaparicionaron.
Repitió la misma rutina tres veces más hasta que Harry le rogó que parara. Con cierta renuencia, Sirius se avino. Aparicionó de vuelta a Francia, pero en una ciudad cerca de la costa. Allí tomaron un taxi, de modo de que los aurores no pudieran seguirlos.
Era tarde cuando llegaron al hotel. A pesar de lo cansado que estaba, Harry no podía dormir, había quedado muy convulsionado con la aventura. Sirius se durmió en seguida y roncaba sonoramente.
Harry, ya nos divertimos lo suficiente, dijo Silas con tono medido. Hay que volver a la casa.
¡De ningún modo! Si la estamos pasando genial, se quejó Gabriel. No creo que Sirius se arriesgue a repetir lo de esta tarde.
Igual sigue siendo muy peligroso. Y van a terminar capturándonos.
¿Y para qué vamos a volver? A una casa vacía… y Sirius se pone inquieto cuando está varios días encerrado.
—Extraño a Severus. —susurró Harry.
Harry…, empezó a decir Silas con algo de amenaza en el tono, pero la voz había sonado débil, como distante.
—No… acaso te olvidaste de todo lo que hizo. —dijo Harry, los ojos le ardían y las lágrimas comenzaron a brotarle.
Sintió algo raro en el pecho y muchos recuerdos le volvían, incisivos y dolorosamente dulces. Aunque Harry no lo supiera, Gabriel y Silas estaban viendo cómo la puerta de Rose iba desdibujándose. Harry finalmente había aceptado el amor. Y las barreras en su mente que se habían debilitado por los dementors volvieron a alzarse.
—Quiero a Severus de vuelta.
No hubo respuesta, pero Harry ni lo notó. Estaba más preocupado con los nuevos recuerdos. Recordaba las muchas horas que había pasado limpiando, cocinando y sirviendo a las visitas de su tía. Recordaba lo que era ser sordo. Recordaba las lecciones de modales y etiqueta. Recordaba cuánto quería hacer felices a los de su familia a pesar de que sabía muy bien que lo odiaban. Era muy doloroso. ¿Por qué no habían podido tenerle afecto? Él había hecho todo lo posible… ¿Por qué lo habían odiado tanto?
Quería tener a Severus más que nunca. Se había vuelto muy importante para él y lo necesitaba. Necesitaba decirle cómo se sentía, contarle lo que ahora recordaba. Lo necesitaba para ordenar todo eso nuevo y ponerlo en perspectiva. Necesitaba a Severus para que le recordara que no había nada de malo en él, que no era un anormal. Necesitaba saber que había alguien que lo quería y que lo protegería. Sirius era divertido, pero impredecible e inestable y con sus propias manías… no podía confiar su seguridad en sus manos.
Harry seguía despierto cuando Sirius se levantó a la mañana siguiente. Ahora podía verlo distinto, sentirlo de un modo diferente. Percibía la confusión y el entusiasmo en él. Llenaba el aire de colores. Era fascinante porque por un lado le resultaba algo muy familiar pero nuevo al mismo tiempo. Cuando Sirius notó que estaba despierto empezó a hablar rápidamente sobre todo lo que podían hacer ese día.
—Sirius… —dijo con tono cuidadoso, ahora era muy consciente de lo frágil que era el estado emocional de su padrino. No quería lastimarlo, ni hacerlo sentir peor pero no podía continuar con eso. —La pasé muy bien, pero creo que es preciso que regresemos. Ya deben de saber que nos fuimos y deben de estar muy preocupados. Quizá dentro de algún tiempo tengamos la oportunidad de repetir la experiencia.
—Pero, Harry… —gimoteó Sirius mirándolo con ojos de perrito apaleado.
Harry hizo una mueca. Ahora podía entender mucho más y mejor tantas cosas. Sirius no estaba jugando. Tenía miedo de volver. No soportaba estar encerrado. Harry se calzó la remera y bajó la mirada al suelo. Quería que Sirius se sintiera feliz, pero no quería que Severus y Remus se preocuparan. Y extrañaba a Severus. Quería volver a casa.
Sirius lo miró durante un largo instante y suspiró. Tuvo que ponerle rienda a sus propios deseos. Era preciso que volviera. La diversión no podía prolongarse por siempre. Y era claro que Harry ya no se sentía cómodo. No podía hacerle eso a su ahijado. Sonrió y volvió a suspirar, pero ahora con exagerado dramatismo. —Está bien pichón, unas zambullidas más en la piscina y luego emprendemos el regreso. ¿Te parece bien?
Harry alzó la mirada y sonrió. Los ojos verdes brillaron de gratitud y de comprensión. —Trato hecho. —dijo, se puso de pie y tomó a su padrino de la mano.
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