Mente rota, alma quebrada

Saber cuál es el lugar de uno

Eran las dos de la tarde cuando llegaron a la casa.

—¡Omi! —llamó Harry.

El elfo apareció unos segundos después. —¡Señores! ¡Los señores se han portado muy mal!

—Lo sé, Omi. —dijo Harry y le sonrió —Perdón, no lo voy a hacer más.

—No tiene que decírmelo a mí, señor. Tiene que decírselo al amo.

—Sí, ya sé. —respondió Harry asintiendo— ¿Cómo puedo hacer para hablar con él?

—Omi va a llamarlo, joven Harry. Esperen aquí, por favor. —dijo Omi y desapareció con un pop.

—No creo que ésa haya sido una buena idea. —murmuró Sirius.

Todo un vaticinio. Dos minutos más tarde la puerta se abrió de golpe y entró Severus con la más temible de sus expresiones de ira, que con el mal semblante que tenía lucía incluso peor. Harry sintió que los ojos le ardían con lágrimas de alivio. Pero antes de que pudiera decir nada, Severus empujó a Sirius contra la pared y le rodeó el cuello con la mano ahogándolo.

—¡¿En qué cuernos estabas pensando?! ¿¡Cómo se te ocurre poner a Harry en peligro por razones PURAMENTE EGOÍSTAS?!

Sirius forcejeó tratando de soltarse pero cuando Severus alzó la varita juzgó sensato quedarse quieto. Harry se estremeció de terror, la ira y la rabia inundaban la habitación y eran demasiado para su recientemente adquirido don de empatía. Tambaleó hacia atrás hasta chocar contra la pared y soltó un gemido dolorido.

Severus liberó a Sirius. —¡Andate de acá! ¡Fuera de mi vista!

Sirius tosió varias veces. —¡No te voy a dejar solo con mi ahijado!

—Hacé lo que te dice, Sirius. —murmuró Harry tratando de erguir lo más posible la postura— Tengo que hablar con él. Por favor. Todo va a estar bien, te lo aseguro.

Sirius lo miró a los ojos unos segundos y asintió. Le dirigió una mirada amenazadora a Severus y partió en dirección a la escalera. Severus y Harry se quedaron quietos hasta que oyeron cerrarse la puerta del cuarto de Sirius en el piso alto. El sonido pareció ser una especie de señal, Harry avanzó varios pasos y rodeó a Severus con los brazos. La furia de Severus se desvaneció al instante y fue reemplazada por alivio y algo de preocupación también. No sabía qué hacer con los brazos, Harry no parecía tener intenciones de soltarlo. Finalmente lo abrazó a su vez, tímidamente al principio pero enseguida lo estrechó con mucha fuerza y se permitió sentir la gran alegría que lo llenaba al tener a Harry de vuelta.

—Perdoname. —susurró Harry— Por favor, volvé conmigo. No me dejes.

—Harry… —dijo Severus, lo hizo separar un poco y se agachó un poco para que las caras quedaran más o menos al mismo nivel— ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

Harry se enjugó los ojos con una mano y sonrió. La otra mano la apoyó en el hombro de Severus para sostenerse. —Estoy bien… es sólo que me integré con Rose… y quería volver… y quería que vos volvieras… perdón por haberme enojado tanto por lo que le dijiste a Dumbledore, en realidad ya no me importa, te lo juro.

—Aquí estoy y seguiré disponible. —le aseguró Severus y se incorporó.

Le tomó la mano y lo condujo a la salita para conversar. Se ubicaron en los lugares habituales y Harry le sonrió muy contento. Severus no le devolvió la sonrisa, pero la tensión de los hombros y la mandíbula cedió. Harry podía percibirle las emociones, completamente opuestas a las que tenía unos momentos antes cuando había llegado y por eso estaba muy contento.

—Contame lo que pasó. —dijo Severus serio.

Harry relató la aventura con Sirius. Cuando llegó a la parte del "juego de las escondidas" esperaba un rebrote del enojo, pero no fue más que una mueca de disgusto y un aura de exasperación que se disipó de inmediato. Severus quería concentrarse en Harry, de Sirius quería olvidarse por el momento. Harry se rodeó las rodillas contra el pecho, pero no era la posición rígida y defensiva de otras veces, en realidad se sentía muy cómodo y distendido.

—¿Por qué sonreís así? —preguntó Severus desconcertado. Hacía mucho que no lo veía sonreír de esa forma, como cuando ganaba un partido de quidditch.

Harry se sonrojó y bajó la vista. —Puedo sentirte… y estoy feliz de que estés acá conmigo otra vez para ayudarme… te extrañé.

Severus lo miró fijamente y no pudo evitar un fugaz esbozo de sonrisa. —Merlín me asista… yo también te extrañé, mocosito…

Harry se levantó de repente y de un salto se le sentó en la falda y lo abrazó. Severus se quedó sin aire de golpe y necesitó unos segundos para recuperarse. Luego le devolvió el abrazo con cierta torpeza. Había terminado por aceptar sus sentimientos por Harry, a pesar de que era el hijo de James y de que tenía mucho de Gryffindor. Pero las demostraciones físicas de afecto seguían poniéndolo muy incómodo.

Harry lo miró a los ojos y con una sonrisa un poco triste pero comprensiva se le bajó de la falda. A Severus también esa comprensión lo ponía incómodo. Harry poseía una empatía potentísima y a Severus no le gustaba que sus emociones quedaran expuestas. Apuntaló sus escudos de Oclumencia. Supuso que Harry se iba a sentir herido por eso, pero el chico se limitó a encoger apenas los hombros.

—Perdón… —dijo Harry y se le sentó al lado— Es que ahora tengo tanto… tanto dentro de mí…

—Lo entiendo. —dijo Severus, había recuperado la máscara impasible— Puede que tome cierto tiempo para que tus emociones se estabilicen, serán un poco erráticas hasta que te adaptes a la reintroducción de Rose.

Severus titubeó un instante. ¿Convenía empezar a discutir los recuerdos que habían vuelto con Rose? Decidió que era mejor esperar hasta que Harry estuviera más estable. Desvió el tema hacia otro punto.

—Harry… necesito saber… si podés oír a tus alter en tu cabeza. —preguntó con cautela.

—Podía. —respondió Harry sin vacilación, pero al mismo tiempo reacomodó la postura y la sonrisa desapareció— Desde que me desperté en la hostería donde nos alojábamos con Sirius. Silas y Gabriel me hablaban. Pero no podían salir.

—¿Y ahora no podés oírlos?

—No desde que Rose se me unió. ¿Significa eso que las cosas pasaron a ser como antes?

—Quizá. —dijo Severus y juntó las manos debajo de la barbilla reflexionando— ¿Experimentaste algún episodio de sordera después de la unión de Rose?

—No. —respondió Harry con curiosidad— Eso es quizá lo único que me sigue desconcertando de Rose. ¿Cómo es posible que fuera sorda? Sus oídos siempre fueron los míos.

—La mente es muy compleja y poderosa. El bloqueo de sensaciones, en este caso el sonido, es algo que ha sido comprobado en muchos casos.

—¿Una especie de magia?

—Podría considerárselo así… pero una magia que también es propia de la mente de los muggles. Harry… lamento tener que decírtelo pero me tengo que ir. —dijo Severus con renuencia— Tengo que reintegrarme a las partidas de búsqueda, pero como te lo había dicho antes voy a estar disponible si me necesitaras. ¿Por qué no vas a comer algo? Antes de irme tengo que hablar un momento con el perro.

—¿Lo vas a lastimar? —preguntó Harry solemne mirándolo directo a los ojos.

Severus no pudo mantenerle la mirada. Se levantó y se encaminó hacia la puerta. —Quizás un poco… pero lo vas a tener de vuelta vivo.

oOo

La puerta de la habitación de Sirius tenía el pestillo puesto pero con un movimiento de varita Severus la abrió. Sirius estaba de espaldas a la puerta mirando la ventana. Severus se le acercó.

—Voy a ponerme en contacto con Lupin y tendrás que irte con él a otro lado.

—¡No podés alejarme de mi ahijado, Snivellus! ¡No lo voy a permitir y vos lo vas a lamentar si lo intentás!

—Vos no me podés hacer nada. Cualquier cosa que me hicieras haría sufrir a Harry y si hicieras sufrir a Harry yo te destruiría. Harry no está como soportar tus inestabilidades mentales. Así que tenés que irte. Y nada de ir a protestarle o a llorarle a Harry… más adelante diagramaremos un esquema de visitas.

—¡Esto es absurdo! —ladró Sirius— Si James y Lily estuvieran vivos…

—¡Pero están muertos! —bramó Severus— Mi actitud es más que razonable. Creo que hasta podría decir que ¡DEMASIADO INDULGENTE! ¡No me presiones, Black, o no vas a volver a ver a Harry nunca!

—¡Hijo de puta! —le escupió Sirius.

—Empezá a empacar. —fue todo lo que agregó Severus y se fue.

oOo

Remus entró por la chimenea en Snape Manor. Neville estaba sentado en el sofá escribiendo. Estaba rodeado de libros abiertos. Remus se le acercó y se dejó caer sobre una silla.

—Hola… ¿qué estás haciendo Neville?

Neville dejó las cosas a un lado. —Estaba trabajando en un deber de Transfiguración. ¿Te sentís bien?

Remus sonrió forzadamente. —Estoy muy cansado, mañana es luna llena.

—¿Te puedo traer algo?

—No, gracias Neville… últimamente nos hemos visto poco, que te parece si conversamos…

En ese momento entró Severus por la chimenea.

—Harry y el perro volvieron. —informó Severus— Los dos están bien.

Miró a Neville. —Andá a empacar tus cosas. Vas a ir a quedarte con Harry. Sé que tenés que volver el lunes a tu casa pero Lupin va a hablar con tu abuela para que extienda el período acordado inicialmente.

—¡Gracias, señor! —respondió Neville contento, saltó de su asiento y partió corriendo.

Severus volvió su atención a Remus. —Vas a tener que llevarte a Black a algún lado. Está mentalmente inestable y no podemos permitir que vuelva a poner en peligro a Harry. Tiene prohibido volver hasta que haya recuperado un mínimo de cordura.

Severus le hizo un breve resumen de las chiquilinadas peligrosísimas en las que había incurrido durante la insensata escapada. También le dijo que habían arreglado las cosas entre Harry y él.

—¿Pero quién se va a quedar con Harry y Neville? —planteó Remus.

—Omi es más responsable que Black y me avisará si hay algún inconveniente. Yo puedo darle excusas a Dumbledore si fuera necesario ausentarme.

—Me alegra que vuelva a haber armonía entre Harry y vos.

—Ponete en acción ya, lobo, mañana de poco vas a servir y llevate a Longbottom a la casa.

Neville acababa de aparecer en la puerta con su baúl. —Hice rápido, casi no había desempacado nada.

Remus rió, se puso de pie y fue hasta la puerta. — No te preocupes, Neville, y si más tarde te das cuenta de que te olvidaste de algo, podemos volver a buscarlo.

Remus redujo el baúl y partieron por la chimenea a El Caldero Que Pierde.

oOo

Cuando aparicionaron cerca de la casa abandonada que servía de portal, Neville miró alrededor sorprendido. A la izquierda había un bosquecito de árboles muy poco lozanos, daba la impresión de que se estaban muriendo. Aparte de eso la casa estaba rodeada por prados, no se veían otras viviendas, tampoco gente. Un camino de tierra conducía hasta la puerta. La propiedad estaba rodeada por una cerca pintada de rojo. Mal podía imaginar que el profesor Snape viviera allí, supuso que iban a hacer otro salto de aparicionamiento más.

—Bienvenido. —dijo Remus— No sé si Severus eligió un nombre especial para este lugar. Sólo le he oído llamarla "la casa" o "mi casa". Sea como sea, bienvenido Neville.

Abrió la puerta e ingresaron a un pasillo derruido y oscuro, Neville frunció el ceño. Tenía miedo de que el techo se cayera o que el piso cediera. Remus le sonrió y le recordó que a veces las apariencias pueden engañar. Dieron dos pasos más y desembocaron en la sala de recibo de la casa, que lucía como un lugar muy bien puesto y acogedor.

—¡Neville! —gritó Harry que había entrado corriendo por una de las puertas laterales. Vino a abrazarlo con tanto brío que Neville se cayó al suelo con Harry encima de él. Afortunadamente la alfombra era muy mullida. Remus rió, lo ayudó a levantarse y lo saludó con un abrazo. Sirius bajó corriendo en ese momento y se repitió la escena, pero el que se cayó fue Remus, al lado de Neville que seguía sentado en el suelo.

—¡Moony! —gritó Sirius.

Neville rió. Hasta ese momento se había sentido un poco inquieto porque sabía que iba a encontrarse con el ex convicto, pero mal podía inspirar temor el hombre que se había transformado en perro y les estaba lamiendo la cara a Remus y Harry.

—¡Sirius, salí! —dijo Remus riendo y sacándoselo de encima.

Harry volvió a abrazar a Neville. —¡Sirius me llevó a Disneylandia! ¡No te imaginás lo que nos divertimos! En una de las vueltas en la montaña rusa casi vomito…

Mientras Harry seguía contándole todo lo que habían hecho, todos se pusieron de pie y pasaron a la salita. Neville tomó asiento en el sofá al lado de Harry y los otros dos se sentaron en sillas.

—Me alegra saber que la pasaste bien Harry. —dijo Remus— Pero no deberían haberse ido. Podrían haberlos capturado los del Ministerio y te habrían mandado con los Dursley. O peor, podrían haber sido los mortífagos los que los encontraran.

—¡Oh, no empieces, Moony! Sólo queríamos divertirnos un poco. —dijo Sirius molesto.

Remus suspiró. —Sirius, hay otras formas de divertirse… formas que no impliquen peligro.

—Volvimos sanos y salvos, ¿o no?

—Por pura suerte. —la mirada de Remus cambió a una de enojo— ¿Cómo se te ocurre provocar a los aurores jugando a las escondidas?

La discusión entre los dos adultos fue tornándose más airada. Neville notó que Harry había dejado de sonreír y se había puesto rígido. —Hey, no te pongas mal, Harry. No están enojados con vos.

Harry asintió apenas pero no dijo nada. Colores oscuros iban bordeando su campo visual y se multiplicaban a medida que la discusión crecía de tono. Podía sentir decepción, lástima y fastidio emanando de Remus… y algo más… ávido y animalístico. Sirius por su parte estaba rodeado por auras de frustración e inquietud… y de enojo también.

Y Harry estaba como atrapado por todo eso. Era doloroso y lo asustaba. Quería que se pusieran contentos de nuevo. Pero no sabía qué hacer. De pronto se le despertaron unos intensos deseos de servirles un té y los ojos se le humedecieron de lágrimas por la estupidez de la idea. Y los dichos que intercambiaban los dos hombres iban tornándose cada vez más agresivos. Ya no pudo aguantarlo más y soltó un chillido.

Neville lo tomó de los hombros para calmarlo y fue peor. Harry se tiró al suelo y empezó a gemir y a rogar que no le pegaran. La discusión se interrumpió de golpe. Sirius y Remus quedaron espantados de asombro.

—Quizá convendría que lo dejáramos solo. —sugirió Neville.

—Por favor, no me peguen… perdón… me voy a portar bien… —suplicaba Boy, se había abrazado las piernas contra el pecho y se balanceaba en el suelo. El terror era evidente en los ojos verdes.

—¡Oh, Harry! —se lamentó Remus. Sentía como si se le desgarrara el corazón al verlo así.

Sirius se transformó y se le acercó. Pero no consiguió el resultado buscado. Boy se puso peor. —¡Oh no, no dejen que el perro me muerda! —gritó aterrado— Péguenme, pero que no me muerda… voy a ir a buscar el cinturón… pero por favor, que no me muerda… perdón… me voy a portar bien…

—Calma, Harry… —dijo Remus con voz suave— Padfoot no te va a morder. No te portaste mal. Nadie te va a castigar.

Neville estaba llorando y había volteado la cabeza hacia un lado porque no soportaba verlo así. Sirius, que había recuperado su forma humana, lo tomó de un brazo, lo hizo poner de pie y lo guió hasta la puerta, Remus fue con ellos. Boy se fue calmando poco a poco una vez que lo dejaron solo.

Afuera, Neville se apoyó de espaldas a la pared junto a la puerta, sentía las piernas flojas, Remus lo abrazó para sostenerlo.

—A veces me olvido… —susurró Neville avergonzado— …de lo mucho que sufrió, de lo mucho que le pegaron…

—Quizá no sea algo tan malo que te olvides por momentos. —dijo Sirius— No podemos tratarlo como si fuera algo frágil.

—Quizá… —concedió Neville— ¿Pero cómo es posible que su familia lo tratara tan mal…? Tiene que haber sido terrible para que se ponga así…

—Nadie sabe qué horrores le hacían. Ni siquiera Harry. —dijo Remus.

—Pero algún día va a saberlo. —dijo Neville estremeciéndose— ¿Qué va a pasar entonces?

—No lo sé, Neville… no lo sé.

—Y yo que me sentía tan miserable con la familia que me había tocado. —dijo Neville con una risa amarga— Comparado con lo que le tocó sufrir a Harry, mi vida es perfecta. ¿Cómo es posible que yo sea tan débil y él tan fuerte?

—No es así como funcionan las cosas. —respondió Remus— No se puede comparar el dolor de uno con el de los otros. Uno puede entender, tener compasión… pero no puede saber lo que realmente siente el otro. Harry sufrió mucho daño, probablemente sufrió mucho más daño que cualquiera de nosotros pero no podemos decir que su dolor sea mayor que el sentimos nosotros. ¿No sé si podés entenderlo?

—En realidad… creo que no… —dijo Neville con un atisbo de sonrisa entre las lágrimas.

Remus también sonrió y se enjugó las lágrimas. —No tenés que sentirte débil si el peso de la vida te abruma hasta quebrarte, incluso. Tu dolor es único y personal, en principio no es posible establecer que sea mayor o menor que el de otros. Lo que podemos hacer es ayudarnos unos a otros para que todos podamos seguir adelante a pesar de todo. Y Harry quiere ayudarte, yo también.

—¿Y qué puedo hacer yo por Harry? Yo también quiero ayudarlo.

—Hablá con Severus. —le aconsejó Remus— Él es el que conoce mejor lo que Harry necesita. Y ahora vení conmigo, voy a mostrarte tu habitación.

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Remus estaba ayudando a Neville a instalarse cuando Harry entró por la puerta. —Hey, Nev, ¿Sabías que mi habitación es la que está frente al baño? ¿Cuánto tiempo vas a quedarte?

—Hasta pasado mañana.

—¡Genial!

Remus hizo una seña hacia Padfoot que había venido con Harry.

—Me siguió hasta acá. —dijo Harry— Creo que debe de estar triste o asustado… o algo así. No quiso transformarse en Sirius.

—Probablemente está cansado. —dijo Remus sonriendo— Bueno, me tengo que ir ya. No voy a volver durante unos cuantos días. Me llevo a Padfoot conmigo. Pórtense bien. Severus vendrá pronto.

—Hasta pronto, Remus. —dijo Harry dándole un abrazo— Cuidate.

—No te preocupes. —respondió Remus desordenándole los cabellos. Se despidió de Neville con otro abrazo y salió seguido por el perro.

—Te ayudo a terminar de desempacar y después tengo mucho que mostrarte. Hay una sala de juegos espectacular.

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Severus entró en Las Tres Escobas y enfiló hacia las escaleras. Madame Rosmerta le había cedido a Dumbledore un salón del piso alto que usaban para las reuniones de la Orden.

Dumbledore había convocado a ocho miembros de la Orden original para la reunión y había incorporado a un miembro nuevo. Shacklebolt, un auror de tez negra, alto y calvo, que actuaba como informante sobre asuntos relacionados con el Ministerio. Faltaban Remus, Hagrid y Moody.

Dumbledore estaba sentado en la cabecera de la mesa, vestía un toga azul oscuro muy formal, nada que ver con el atuendo más estridente que solía usar habitualmente. A un lado de él estaba la profesora McGonagall y del otro Emmeline Vance. Al lado de la profesora se sentaba Dedalus Diggle, un mago que no se caracterizaba precisamente por su sentido común, a Severus muchas veces le resultaba difícil tolerarlo, a McGonagall también le pasaba igual pero ella sabía disimularlo diplomáticamente. A la izquierda de Vance estaba Elphias Doge, un mago de cabellos blancos, muy inteligente y muy activo dentro de la Orden, aunque no se destacaba en combate.

La reunión no se prolongó demasiado. Cada uno dio un informe. Básicamente el mismo. La búsqueda había sido infructuosa. El informe de Shacklebolt fue el más extenso, incluyó el estúpido juego del perro con los aurores. Concluía esa etapa, Dumbledore asignó las nuevas patrullas, a Severus le tocó el tercer turno con Shacklebolt. La reunión se dio por concluida poco después, los miembros saludaron y se marcharon. Excepto Severus que permaneció sentado.

—Severus, mi muchacho, ¿querías hablar conmigo? —preguntó Dumbledore.

—Así es. —dijo Severus, se puso de pie y fue a sentarse al lado del director. —Potter ya lleva dos semanas desaparecido. Black provocó a los aurores y así y todo se las arregló para escapar. Entiendo muy bien la importancia de recuperar a Potter, pero es evidente que la búsqueda no dará ningún resultado. Yo tengo mucho trabajo que he dejado pendiente hasta ahora, pero no puedo seguir perdiendo tiempo en una carrera inútil tras el perro pulguiento y el mocoso.

—Comprendo, Severus. —suspiró Dumbledore— Minerva y vos tienen que ocuparse de organizar el próximo período lectivo. Te desafectaré del servicio activo. Sólo te llamaré si surgiera alguna nueva pista importante.

—Gracias, señor director.

—Mantenete cerca de Snape Manor, Severus. Iré a buscarte por la chimenea si llegara a necesitarte. —dijo Dumbledore poniéndose de pie— Tengo que marcharme ahora, dentro de unos minutos tengo una reunión con Fudge. Más tarde te llamo.

Intercambiaron saludos y el director partió.

Severus regresó de inmediato a Snape Manor. —¡Omi! —llamó apenas llegó.

—¿Sí, amo? —preguntó el elfo cuando se materializó unos segundos después.

—Necesito el amuleto de mi madre.

—¡Sí, señor! —respondió Omi y desapareció.

Severus se agachó delante del fuego y empezó a canturrear en voz baja al tiempo que movía la varita. Las llamas comenzaron a oscilar e iban cambiando de color, del amarillo al rojo, luego al verde y nuevamente al amarillo y el ciclo recomenzaba y se repetía. Omi había regresado y se había quedado esperando pacientemente detrás de su amo.

Sin dejar de canturrear, Severus estiró una mano hacia atrás. El elfo le entregó el amuleto. Severus lo arrojó a las llamas. El amuleto no se hundió en ellas, quedó flotando por encima como mecido por las lenguas ígneas. Luego y poco a poco el fuego fue extinguiéndose hasta apagarse por completo. El amuleto quedo reposando sobre las cenizas. Severus estiró una mano y lo recupero.

El metal estaba frío al tacto. Severus se lo colgó al cuello e hizo deslizar el Nudo Celta debajo de la camisa. El amuleto se calentaría cuando alguien lo llamara por la chimenea. La entrada quedaría bloqueada hasta que él se hiciera presente en la mansión.

—Ahora volvé a la casa, Omi, yo no demoraré en llegar.

El elfo asintió y desapareció.

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—Explicame otra vez por qué tuvimos que dejar a Harry con Snape. —demandó Sirius cuando aparicionaron en el centro de Londres.

Remus suspiró. —No acá en la calle. Puede llevarnos un largo rato.

Entraron a un bar y fueron a ubicarse en una de las mesas del fondo.

—¿Estás bien, Moony? —preguntó Sirius— Te noto muy tenso…

—Bien, dentro de todo… mañana es luna llena… los dolores usuales.

Sirius le sonrió. —Yo puedo acompañarte como en otros tiempos.

Remus le sonrió a su vez. En ese momento se acercó el mozo. Pidieron dos cervezas y el mozo se retiró. No hablaron de nada serio hasta que les trajo lo pedido. apenas volvió a alejarse, Sirius clavó expectante los ojos en su amigo.

—A ver, ¿qué es lo que está pasando realmente? Me dijiste que los Dursley son los responsables de esos ataques que tiene Harry. Pero que Dumbledore sostiene que no es así e iba a ir a casa de los Dursley él mismo para atenderlo. Para evitar eso fue que planearon el "secuestro". Todo eso lo entendí. Pero, ¡que pito toca Snape en todo esto? ¿Cómo es posible que consideres que va a estar mejor con Snape que con Dumbledore?

—Mirá, Sirius, el director puso un encantamiento de protección en casa de los Dursley, el encantamiento creó un vínculo particular entre Harry y su tía y protege a Harry de cualquier ataque de los mortífagos cuando está en la casa. Pero para que esta barrera se mantenga efectiva Harry debe permanecer durante cierto tiempo del año en la casa. Dumbledore le otorga suma importancia a esa defensa. El aduce que no es posible estar seguros de que los Dursley cometieran abusos, pero incluso si tuviera pruebas concretas insistiría en que Harry pasara varias semanas en casa de sus parientes, aunque con un adulto que lo acompañara para evitar que se repitieran los abusos.

—A mí no me parece que esté tan mal. —dijo Sirius.

—El director se preocupa de su integridad física pero se olvida de otros daños que no afectan al cuerpo sino a la mente.

—¿Qué querés decir?

—Vos pudiste verlo, Sirius. Esos "ataques" como los llamaste son serios. Harry es muy frágil. Y de ningún modo le haría bien, tener que vivir bajo el mismo techo con sus abusadores, aunque tuviera a alguien con él para protegerlo. Verse obligado a ver a diario a los abusadores no es algo que le vaya a hacer bien.

—Es cierto. —admitió Sirius— A esos muggles hay que mantenerlos lo más lejos posible de él. ¿Pero Snape? Oh vamos, Moony, nosotros dos podemos cuidarlo mejor que él.

Remus sacudió la cabeza exasperado. —Sirius, Harry quiere quedarse con Snape. Y hay una razón por la que confía en él. Ha ayudado mucho a Harry con sus problemas y de una forma que ningún otro habría podido ayudarlo. Él entiende a Harry de una forma que nosotros no podríamos. Se necesitan el uno al otro. Ya no somos adolescentes, Sirius. Tenés que dejar atrás el pasado… y no estoy hablando sólo de la inquina entre vos y Snape. Fuiste torturado en Azkaban. Y las consecuencias de eso no es algo que pueda superarse en unos cuantos meses.

—¡No hace falta que me lo señales! Lo sé perfectamente. —se indignó Sirius.

—Lo sé… perdón…

—No fue tu culpa, Moony. —dijo Sirius, se distendió un poco y le sonrió— No lo fue y lo digo en serio. Suspiró y prosiguió: —Y tenés razón. Yo no estoy en condiciones de cuidar a Harry en este momento… mucho me cuesta ya mantenerme entero. Pero sigue sin gustarme el asunto. James debe de estar removiéndose en la tumba y si estuviera vivo no creo que le habría gustado que le permitamos a Snivellus que tenga tanta influencia sobre Harry. Apenas yo me sienta un poco más seguro de mi mismo voy a exigir que me devuelva a mi ahijado.

—Yo creo que James estaría llorando de gratitud. Por fin a Harry se lo está tratando bien. —dijo Remus muy serio— Quiero que me prometas algo. Que no vas a forzar a Harry a hacer algo que él no quiera hacer. Si él se quiere quedar con Severus, vos se lo vas a permitir.

—Veremos. —respondió Sirius con el ceño fruncido. Enseguida cambió la expresión y sonrió. —Entonces… ¿adónde vamos a ir, Moony?

Remus suspiró y no insistió en el asunto. Estuvieron conversando sobre las posibilidades durante una hora. Finalmente se decidieron por Grecia. Sirius estaba convencido de que mucho sol y playa le harían mucho bien. Remus se mostró de acuerdo.

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Severus regresó a la casa cuando Omi empezaba a servir la cena. Pudo oír algo de la conversación de los chicos cuando entró. Harry le estaba diciendo a Neville que él también tenía que aprender a tocar un instrumento así podían juntos formar una banda.

—¿Cuánto tiempo vas a poder quedarte? —le preguntó Harry cuando se sentó a la mesa.

—Lo más que pueda. —contestó Severus evasivo al tiempo que se servía— ¿Ya terminaste los deberes?

—No, Neville me prometió que mañana me iba a ayudar.

—Vas a tener arreglártelas solo. —dijo Severus— Neville trabajará conmigo.

Harry asintió algo decepcionado. —Neville me contó que le estás enseñando a meditar para lograr alcanzar su balance interno. ¿Me pregunto para qué lo va a necesitar?

Al parecer Neville también estaba muy interesado en conocer la respuesta. —Es una buena técnica para personas de temperamento nervioso. Asimismo es el primer paso para entender y dominar las habilidades de los Elementales.

Neville contuvo una exclamación, el tenedor se le cayó de la mano y fue a parar al suelo. Se puso muy colorado y se inclinó para recogerlo. Procedió con tanta torpeza que en el proceso volcó el vaso y el líquido se derramó sobre la mesa. Omi apareció de inmediato para ayudarlo. Harry amagó a levantarse para prestarle auxilio, pero Severus le indicó que permaneciera en su lugar. Harry obedeció, pero hubiera preferido que lo dejara confortar a su amigo que en ese momento era evidente que se sentía muy incómodo y avergonzado. Le tomó varios minutos a Neville componerse un poco. Finalmente se animó a preguntar.

—¿Cómo se enteró, señor? —preguntó nervioso.

—Una señorita que dijo apellidarse Castle vino a verme. Me pidió que te enseñara meditación para cubrir la primera etapa indispensable de la instrucción y me dijo que ella se encargará de impartirte los conocimientos más avanzados y específicos una vez que se reinicien las clases.

—¿Conociste a Rowena? —preguntó Harry con curiosidad— ¿Es como un fantasma?

—Sí y no. —contestó Severus entre bocado y bocado— Puede desplazarse de manera similar a un fantasma pero el castillo puede infundirle a la ilusión una gran cantidad de energía de modo que luce y se siente como real.

—¿Y le va enseñar a Neville a dominar sus poderes de Tierra?

—Así es. —respondió Severus— Y según tengo entendido es toda una experta en la materia.

Neville gruñó. —Ya tengo muchos problemas con las clases habituales. No necesito precisamente que me asignen otra más.

Severus dejó los cubiertos junto al plato y lo miró fijamente. —Obtenés resultados pobres porque desde el inicio te preparás para el fracaso. Y aunque me cueste reconocerlo, tenés potencial para alcanzar grandes logros.

—¿Qué te había dicho yo? —le recordó Harry con una sonrisa— Vos sos inteligente pero te ponés nervioso y te sentís inseguro… y por eso las cosas se te hacen tan difíciles.

—Exactamente. —concordó Severus.

Neville se sonrojó incómodo pero también halagado. Severus decidió que era mejor cambiar de tema y paso a informales el plan de actividades que había delineado. Al día siguiente Harry tendría sesión de terapia después del desayuno.

Durante ese tiempo, Neville podría trabajar en los deberes. Y si ya había terminado los deberes, empezaría con un algún estudio independiente adicional sobre algún tema que le interesara. Luego tendría lugar la clase de meditación y Harry pasaría a ocuparse de sus deberes.

Después del almuerzo dispondrían de dos horas libres para dedicarlas a lo que quisieran. A continuación se reunirían en la sala de ejercicio para práctica de duelo y de defensa personal. La hora antes de la cena correspondería a una actividad creativa, Harry tocaría el piano y Neville que había manifestado su afición por el dibujo se dedicaría a eso.

Luego de cenar irían a la salita. Severus y Neville se pondrían a leer o a jugar al ajedrez en silencio y Boy sería forzado a salir. Severus les explicó que lo primero que debían tratar de conseguir con Boy era que aprendiera a aceptar que la presencia de otras personas a su alrededor no necesariamente era sinónimo de castigo inminente. Neville entendió y se mostró contento de poder colaborar en la terapia. Harry les agradeció efusivamente. Severus, como siempre, desestimó con un gesto distraído la necesidad de agradecer nada.

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