Mente rota, alma quebrada
Entrenamiento de verano
Harry se levantó a la mañana siguiente preparado para el nuevo programa de actividades. La noche anterior había hablado con Silas y Gabriel, diario mediante. Ellos le habían asegurado que estaban bien y que las barreras habían recuperado la solidez original. Les pareció bien la idea de Severus de empezar a trabajar con Boy y le prometieron que procurarían que saliera cuando Harry lo llamara.
Estaba terminando de vestirse cuando sintió un golpeteo en la ventana. Sin embargo, a través del cristal, no alcanzaba a ver nada que lo produjera. Frunció el ceño, se acercó y la abrió. Un ave de llamativos colores entró en el cuarto. Traía algo atado a la pata. El pájaro gorjeó alegre y le ofreció el mensaje. Harry lo desató y sonrió al reconocer la letra.
Querido ahijado:
Decidí tomarme unas vacaciones. En este momento estoy en una cálida playa disfrutando de un tonificante trago largo que viene con un paragüita. ¡Esto no quiere decir que te libraste de mí! Voy a escribirte seguido y espero recibir muchas cartas en respuesta. Moony se va a quedar conmigo hasta que pase la luna llena pero volverá pronto con vos. Les manda cariños a Neville y a vos. Háganle una buena broma a Snape de mi parte, ¡y no se olviden de sacar fotos para que yo pueda verlas cuando vuelva!
Padfoot
Harry garrapateó una breve nota deseándole que la pasara bien y prometiéndole que más tarde le escribiría más largo. El ave partió con el mensaje y desapareció cuando cruzó la ventana. Harry sacudió ligeramente la cabeza y se dio prisa para ir al baño. ¡Iba a llegar tarde! Cuando entró al comedor, Severus ya estaba sentado a la mesa leyendo "El Profeta", Neville todavía no había bajado.
—Un ave golpeteó en mi ventana, pero recién pude verla cuando entró y desapareció cuando volvió a salir.
—Las ventanas al igual que la puerta son portales. —explicó Severus— ¿Quién te escribió?
—Sirius. —contestó Harry y le mostró la nota. Severus la leyó con una mueca de desdén en los labios y se la devolvió. Harry lo miró durante un instante. —Ustedes no simpatizan.
—Obviamente. —respondió Severus cortante y volvió a concentrarse en el diario.
Harry podía percibir el desprecio en Severus, pero no odio. Decidió que no estaba tan mal después de todo. Prefirió no ahondar en la cuestión.
—¿Cómo va la búsqueda? —preguntó cambiando el tema.
—Se puede decir que bien… para la farsa que es. —dijo Severus con tono irritable. Harry consideró sensato quedarse callado.
Neville llegó poco después y Omi sirvió el desayuno. Hablaron muy poco mientras comían, Harry detectó alivio en Neville, el silencio lo hacía sentir cómodo, y Severus irradiaba satisfacción. Harry se regocijó en esas emociones pacíficas y siguió comiendo muy contento.
—La biblioteca está a tu disposición. —le dijo Severus a Neville poniéndose de pie cuando terminaron— Pero no trates de abrir los libros que están bloqueados.
—Gracias, señor. —dijo Neville.
Harry se despidió saludándolo con la mano y siguió al profesor a la salita. Se ubicaron en los lugares de costumbre. Harry detectó que las emociones de Severus habían enmudecido, evidentemente había fortificado los escudos de Oclumencia, de esa forma sus emociones no interferirían en la sesión.
—¿Cómo vas manejando los nuevos recuerdos? —preguntó Severus para empezar.
Harry apoyó las manos sobre la falda y bajó la mirada. Era un gesto típico de Rose, a Severus no se le pasó por alto. Era una postura rígida, ¿reemplazaría por completo a los movimientos inquietos habituales en las sesiones anteriores? El silencio se prolongó pero Severus aguardó pacientemente sin presionarlo. Finalmente, Harry levantó la vista pero no lo miró directo a los ojos.
—Sinceramente, no me he detenido a revisarlos con atención. —admitió Harry— Están ahí… y sueño todas las noches con los Dursley… pero me resulta difícil.
—Era de esperar. —dijo Severus con una sonrisa tensa.
Harry le sonrió a su vez y la tensión de sus hombros disminuyó. Confiaba en que Severus iba a ayudarlo a que todos los problemas se volvieran manejables. Eso le dio ánimos para hablar más abiertamente. —Es raro… las cosas que recuerdo y cómo las recuerdo… es como si las viera observando por encima del hombro o algo así. Puedo sentir lo que sentí en ese momento como Rose, pero me siento como yo al mismo tiempo. De modo que esos recuerdos me suscitan dos tipos de sentimientos. Es incómodo y perturbador… quiero decir, soy yo pero no soy yo… —suspiró y miró al profesor.
—¿Por qué no me das un ejemplo? —pidió Severus, se inclinó un poco hacia delante, juntó las palmas y se llevó las manos a los labios.
Harry se concentró en uno de esos recuerdos y unos momentos después fue como si estuviera de nuevo en Privet Drive.
—Tengo… no sé… ocho años quizá… Tía Petunia ha invitado a dos señoras, vecinas del barrio. Una de ellas es regordeta y muy jovial, muy entusiasta siempre pero así y todo sus colores no brillan demasiado, creo que es así porque no es muy sagaz. La otra sonríe constantemente y dice cosas amables. Le encantan los chismes, pero no es feliz. Y para compensarlo recurre interiormente a darse aires de superioridad, pero sus rasgos nunca ponen de manifiesto esa arrogancia. Sus colores nunca coinciden con su expresión. Todo esto ocurre en completo silencio, no hay que olvidarlo, el recuerdo es mudo, pero observándolas yo sé lo que están diciendo. Tía Petunia les ofrece té y ellas aceptan, yo voy a la cocina y traigo el servicio que ya había preparado anticipadamente. Me siento muy dichoso en ese momento. Dichoso porque puedo ayudar y esas reuniones me agradan. Pero… si me pongo a analizar la situación en perspectiva también me siento triste y avergonzado… por mí pero también por mi tía. Me doy cuenta de que alardea, se jacta ante las otras de ese sirviente tan formal y solícito. Traigo el té y tía Petunia les pregunta a las señoras cómo lo van a tomar. Yo presto atención a sus labios y sirvo de acuerdo a sus deseos. Y hago todo muy contento. Es agradable, estar sentado en compañía sorbiendo mi té. Aunque la conversación no era precisamente chispeante y gratificante. Puedo percibir la insignificancia de sus espíritus y la poca hondura de sus emociones. Petunia se destaca como la más brillante de las tres… ¡eso solo de por sí ya es por demás de elocuente! Por un lado me suscita cierto desagrado… pero no demasiado porque se trata por lo menos de un momento sereno, reposado y como Rose eso me causa satisfacción. Estoy contento porque mí tía se siente complacida y satisfecha y prácticamente en ninguna otra ocasión se siente satisfecha conmigo. Pero comprendo ahora que ella estaba conforme porque yo era el sirviente ideal. Prácticamente no hablaba, me quedaba quieto y atendía a cada uno de sus deseos. Comprenderlo me humilla y avergüenza.
Severus había esta mirándolo atentamente. Harry se había quedado en silencio y obviamente se había dejado llevar por sus reflexiones interiores, quizá por otros recuerdos. No era tarea sencilla conciliar ese tipo de sentimientos contradictorios ante un mismo suceso. Pero Severus estaba seguro de que Harry lo lograría. De hecho ya estaba muy bien encaminado. Y tampoco era la primera vez, ya había pasado por algo similar cuando había integrado a Kit.
—Harry… —dijo Severus. Harry levantó la vista y la fijó en los labios de Severus, solo después de unos segundos la alzó hasta los ojos. —La forma de comportarse de tu tía era errónea. ¿Te das cuenta de eso y lo entendés así?
Harry asintió apenas. Sabía que lo que su tía había hecho era cruel e hiriente, él nunca trataría a nadie de la forma que ella lo había tratado. Ella se había complacido en controlarlo, oprimirlo, degradarlo. Una bajeza sin dudas… pero podría haber sido peor, ¿o no? Le había enseñado a cocinar y a cuidar el jardín. Y le permitía sentarse en la reunión cuando venían las amigas. Y podía comer galletitas dulces y escones… se mordió el labio… por un lado quería repudiarla, condenarla… pero también le hubiese gustado que ella hubiera tenido siquiera un poco de cariño.
Severus se dio cuenta del conflicto interno, la respiración de Harry se había acelerado y empezaba a ser jadeante. Tenía que hacer algo antes de que entrara en pánico. Habló con tono medido y tranquilizador. —Nada de eso significa que tengas que odiarla. No era eso lo que yo había sugerido. Sino que te dieras cuenta de que no hay razón para que te sientas avergonzado de haber querido complacerla y que se sintiera orgullosa de vos. Ése es un sentimiento perfectamente normal hacia las personas que nos crían y educan. Fueron las debilidades de ella y su propia insignificancia de espíritu las que dieron origen a la animosidad que te tenía. No tiene nada que ver con algo que vos hayas hecho. Vos no habías hecho nada para merecer un comportamiento tan pérfido de parte de ella.
—Entiendo, señor. —dijo Harry ya más calmo— Soy consciente de eso. Puedo recordar que por mucho que me esforzara e hiciera todo bien, ella siempre terminaba encontrando algún defecto. Ya entonces sabía como lo sé ahora que yo no había hecho nada para ganarme su gran antipatía. Ella odiaba lo que yo era y yo no podía hacer nada para cambiar eso.
—No, Harry. Ella no te odiaba por quién vos eras. Ella nunca te conoció, nunca supo quién eras vos. Y por supuesto no se molestó en intentar conocerte. Lo que ella odiaba era lo que vos representabas. —Severus suspiró— Ese odio se originó exclusivamente a partir de ella y probablemente mucho antes de que vos nacieras.
—¿Qué me quiere decir? —preguntó Harry con curiosidad.
—Es algo bastante frecuente en las familias muggle que tienen un hijo mágico. Superados el desconcierto y temor iniciales, los padres suelen sentirse orgullosos y privilegian a ese hijo "especial". Los hermanos no mágicos con frecuencia se sienten dejados de lado. Y eso puede dar lugar a amargos resentimientos. No me sorprendería que ése haya sido el caso de tu tía con respecto a tu madre.
Harry recordó lo que su tía había dicho esa noche cuando Hagrid había venido a buscarlo. Algo sobre Lily que era supuestamente tan bella y especial y que sólo ella se daba cuenta de que su hermana no era sino una monstruosidad anormal. Harry trató de ponerse en el lugar de Petunia, creciendo desprovista de toda magia y viéndola a diario manifestarse en su hermana. Debía de haber sido muy duro para ella. Y si los padres la habían relegado por eso… mucho peor.
Severus había esperado en silencio para darle tiempo de reflexión a Harry. Finalmente habló de nuevo. —El que puedas comprender sus motivaciones, no la exonera del daño profundo que te causó.
Sí, pensó Harry, el daño había sido profundo. De otro modo Rose no habría surgido. Severus se dio cuenta de que lo había comprendido y le ofreció una de sus muy raras sonrisas, Harry le sonrió a su vez.
—Las visitas de las amigas no deben de haber sido tan frecuentes, ¿qué es lo que pensás del resto del tiempo que pasabas como Rose?
—En realidad no me molesta demasiado… aprender jardinería, cocina o a limpiar la casa son cosas útiles. El trabajo en sí es algo saludable y uno se siente satisfecho al observar los resultados. Y si bien me llevaron a identificarme más con una mujer, creo que es mejor eso que aburrirme como una ostra encerrado en un armario. A veces tía Petunia se ponía frenética de ira. Cuando yo notaba que sus colores se oscurecían, miraba para otro lado y me concentraba en el trabajo hasta que se le pasaba. Ella muy pocas veces me pegó, la lengua era su "cinturón", pero la sordera era la mejor defensa contra eso.
—Comprendo. —dijo Severus— ¿Y qué de los otros que vivían en la casa? Rose salía más que nada para ayudar a tu tía pero seguramente hubo oportunidades en las que tu tío y tu primo estaban presentes.
—Dudley… vivía incómodo y descontento. Trataba de mostrar complacencia cuando me trataban mal o me obligaban a servirlo, pero en realidad nunca se sentía feliz. Realmente me inspiraba lástima, entonces y ahora. Él nunca amó a sus padres y creo que en cierta forma ellos lo querían pero mal, la forma en que lo consentían era una manera indirecta de hacerle daño.
Harry hizo una breve pausa.
—Tío Vernon… siempre estaba rodeado de odio. Y cuando fijaba su atención en mí sus colores siempre eran negros o muy oscuros. Ni siquiera tía Petunia tenía un halo negro nunca. Yo procuraba siempre mantenerme alejado de él para que no me notara. Daba resultado a veces, las veces que no daba resultado no las recuerdo… no son recuerdos de Rose.
Severus se dio cuenta de que estaban entrando en el territorio de Boy y no era conveniente por el momento. —Creo que ya hemos avanzado lo suficiente por hoy, ¿qué te parece si vas a tocar el piano durante un rato? Mientras tocás, tratá de pensar en lo que conversamos. Concentrate en tu tía. Por ahora el piano tiene que ser, mayormente, una parte de la terapia. Ya en el futuro tendrás tiempo de tocar por mero placer.
—De acuerdo, Severus. —dijo Harry sonriendo y poniéndose de pie— ¿Querés venir a escuchar?
—Si a vos no te molesta.
—Todo lo contrario. —respondió Harry y salieron juntos hacia la sala de música.
Aunque Harry habría podido dejar el piano en la sala, cuando terminaba de tocar volvía a transformarlo en el colgante y se lo ponía al cuello. Severus ya lo había notado pero no había puesto objeción alguna.
Harry había estado tocando durante casi una hora cuando Severus le indicó que se detuviera. —Es la hora de la clase de Neville. —dijo poniéndose de pie— Y vos tenés que ir a hacer los deberes.
Harry soltó un gruñido y Severus alzó las cejas admonitorio. Pero había más de comedia que de reprensión en el gesto. —Vamos, mocosito, que tenés otras obligaciones.
—¡Sí, señor! —contestó Harry haciéndole la venia. Redujo el piano, se lo colgó al cuello y partió corriendo y riendo.
Severus bajó poco después si bien con un paso mucho más digno. Para las lecciones de Neville había elegido la sala de estar en lugar de la salita porque tenía más lugar libre en el suelo. Neville ya estaba allí aguardándolo. Severus le hizo un gesto y Neville se sentó en el suelo con las piernas cruzadas. Severus se le sentó enfrente en la misma posición.
—¿Cómo vas con los deberes? —preguntó.
—Me falta muy poco para terminarlos.
Severus aprobó con leve movimiento de cabeza. —¿Ya has pensado en que te gustaría elegir para el trabajo de estudio independiente?
—Todavía no me decido. —admitió el chico.
—¿Estás listo?
—Sí.
—Empezá.
Severus lo observó en silencio durante unos minutos. La respiración de Neville se había tornado profunda y con ciclos espaciados pero todavía no había alcanzado el nivel que requería la meditación. Severus palmeó una vez y Neville dio un respingo y abrió los ojos. Se sonrojó por el fracaso pero Severus le aseguró que alcanzar el estado profundo de meditación sin ayuda era difícil pero que finalmente terminaría consiguiéndolo.
—Escuchá mi voz. —dijo Severus con tono grave y profundo— Andá siguiéndola… dejate llevar a lo más hondo de tu interior… No hay nada a tu alrededor… no hay sentimientos… No hay olores… No hay luz ni oscuridad… Todo es silencio excepto mi voz… Flotás en el vacío… No hay miedos… No hay nada… Sólo vos existís y sos consciente de tu existencia... Pero no tenés pensamientos…
Severus palmeó nuevamente, pero esta vez Neville no registró el sonido. Estaba sentado totalmente inmóvil, los ojos cerrados, el rostro laxo y sin expresión. La respiración era profunda y muy espaciada, incluso más que durante el sueño. Severus esperó, el chico no iba a poder mantener ese estado demasiado tiempo pero el propósito era que resurgiera por su cuenta.
Hasta ese momento el lapso más largo que había podido mantener el estado había sido de tres minutos y medio. La meta de Severus era que llegara a lograr entrar en estado sin ayuda y durante por lo menos quince minutos. Neville llegó a los cuatro minutos y luego fue saliendo poco a poco a la superficie.
Hubo un intervalo de descanso y luego repitieron el procedimiento tres veces más. En el último intento, Neville había podido alcanzar el estado casi sin ayuda pero no superó el límite de los cuatro minutos.
—Vas haciendo progresos. —concluyó Severus poniéndose de pie.
Neville también se incorporó pero tambaleante. Severus lo sostuvo. Neville se sonrojó un poco, pero Severus no hizo comentario alguno, como si no lo hubiera notado.
—Antes de que vayamos a almorzar quería preguntarte si te gustaría prolongar tu estadía acá en la casa.
—¡Sí! —gritó Neville— Eeh… este… quiero decir, sí, señor. Me encantaría poder quedarme más tiempo.
—Escribile entonces una carta a tu abuela, fingiendo ser el profesor Lupin, y pedile que te permita quedarte una semana más. Y no te preocupes por la letra, sé un encantamiento que permite alterarla, ella no se va a dar cuenta.
Neville fue de inmediato al escritorio y se puso a escribir. Explicó que "Neville" estaba teniendo más dificultades de las previstas y que sería conveniente prolongar las clases unos días más. Neville estaba seguro de que su abuela iba a aceptar, eligió bien las palabras, amables y optimistas en cuanto a los resultados pero destacando las limitaciones de sus habilidades.
Snape leyó el texto y dio su aprobación. Luego aplicó el encantamiento y la caligrafía cambió por completo. Parecía una carta escrita por el profesor Lupin. —Hay una lección adicional en esto. —dijo Severus— Nunca te fíes de algo escrito hasta obtener debida confirmación. Y ahora andá, estoy seguro de que Harry debe de estar esperándote ansioso.
—Gracias, profesor Snape. —dijo con una sonrisa y partió a toda prisa para contarle a Harry la novedad.
oOo
Después del almuerzo tenían dos horas libres. Fueron a la sala de juegos.
—Te desafío a una competencia de Horda de snitches. —dijo Harry.
Neville rió. —Me vas a aplastar.
—Oh vamos, Neville, vos podés, no es tan difícil.
—Oh, está bien. —accedió Neville y los dos se subieron a la plataforma— Pero después pasamos al que matar a los monstruos. Ése se me da mucho mejor.
Por supuesto que ganó Harry, pudo mantenerse cinco minutos más que Neville.
—Los brazos me están matando. —se quejó Neville.
—Sacudilos un poco. —le aconsejó Harry y le hizo una breve demostración de cómo tenía que moverlos. Luego pasaron a Blaster, así se llamaba el otro juego, cada uno tomó una de las varitas falsas.
—Me pregunto por qué Snape tiene estos juegos. —comentó Neville. La pantalla se había encendido y empezaron a aparecer los monstruos.
—No sé. —contestó Harry— ¡Cuidado con ése!
—¡Abatido! —gritó Neville con satisfacción— ¡A la izquierda!
—¡Uy ese me acertó!
—Pero si yo le había pegado.
—A esos hay que pegarles dos veces.
—Encantador. —dijo Neville sarcástico— Y ese otro… ¿se está riendo de nosotros?
—Me parece que sí. —respondió Harry riendo a su vez.
—Ya no. —dijo Neville que acababa de destrozarlo.
—¡Cuidado que vienen tres juntos!
oOo
Dos horas más tarde fueron a cambiarse a algo más cómodo para la práctica de defensa. Llegaron unos minutos tarde y Severus se lo hizo notar. —Que no se repita.
—Sí, señor. —respondieron a coro.
Severus llevaba puestos una remera y un pantalón jogging, ambos negros. Los chicos habían elegido un atuendo similar, pero la remera de Neville era roja y la de Harry azul.
Durante más de media hora practicaron toda la rutina de ejercicios que Severus había preparado. Trote, salto con soga, lagartijas, abdominales y finalmente pesas en las máquinas.
Harry estaba sudoroso y jadeante cuando concluyeron esa etapa. Neville estaba peor. Tenía la cara roja como remolacha. No estaba acostumbrado al ejercicio físico. Severus se compadeció de ellos y los dejó descansar unos minutos. Aprovecharon para rehidratarse bien.
—Muy bien. Ahora a las colchonetas. —ladró Severus.
Les hizo demostraciones de cómo adoptar posturas defensivas, de bloqueos, de patadas y puñetazos. Los chicos practicaron durante veinte minutos, al final estaban que no daban más, los brazos y las piernas les ardían. Tuvieron otro descanso de cinco minutos. Pasaron a la sala de duelos. Severus puso varios blancos fijos para que practicaran los hechizos de ataque. Neville reparó entonces que no había traído la varita y salió corriendo para ir a buscarla. Se ganó un buen reto cuando volvió.
—Les voy a conseguir fundas de cuero para que la puedan llevar siempre en el antebrazo. —les dijo— Y que no se vuelva a repetir esto de no llevarla encima.
—Sí, señor. —respondieron ambos exhaustos y procedieron con la práctica.
—Más adelante mantendrán duelos entre ustedes. Pero antes tengo que asegurarme de que no vayan a terminar matándose mutuamente.
oOo
Cuando Severus dio por concluida la práctica, los dos se dejaron caer al suelo aliviados. Omi les trajo bebidas, se lo agradecieron profusamente.
—Ahora vayan a ducharse y cambiarse. —ordenó Severus unos minutos después— Todavía nos falta la hora de actividades creativas.
—Pensé que nunca iba a llegar la hora. —dijo Neville con una risa floja.
Severus ignoró el comentario. —Habías mencionado que te gustaba dibujar. —dijo tendiéndole una carpeta con papel de dibujo y varios lápices. Todo de primerísima calidad.
—Gracias. —dijo Neville con reverencia— Pero, señor… este… yo dibujo paisajes… ¿sería posible que pudiera salir?
—Yo puedo llevar el piano. —dijo Harry llevándose la mano al colgante.
Severus dudó un momento pero asintió. El aire fresco les haría bien a todos. —Está bien yo voy a buscar un libro y los acompañaré.
Los chicos soltaron hurras y corrieron a cambiarse. Severus sonrió y él fue a hacer lo mismo.
Veinte minutos después salieron al exterior. Neville estudió el entorno para elegir un buen lugar, finalmente se decidió por ubicarse sentado sobre el suelo a unos quince metros del bosquecito. Harry encontró un área bastante plana a poca distancia y agrandó el piano. Severus conjuró una silla y se sentó a leer.
Los tres perdieron noción del tiempo ocupados en lo que estaban haciendo. La tarde era muy pacífica. Se sobresaltaron un poco cuando Omi apareció a llamarlos para la cena.
—Puedo ver el dibujo, Nev. —pidió Harry. Neville se sonrojó un poco pero abrió la carpeta y se lo enseñó. Severus también se acercó para poder verlo.
—¡Excelente! —lo felicitó Harry.
—Todavía falta terminarlo.
—Tenés talento. —lo elogió Severus— Me gustaría verlo de nuevo cuando lo hayas completado.
—De acuerdo. —dijó Neville algo tartamudeante.
—¿Me dibujarías algo para mí? —pidió Harry— Me encantaría colgar un dibujo en mi cuarto. Dale, Neville. ¿Sí?
—Bueno… sí. —accedió Neville un poco incómodo de ser el centro de atención— ¿Te gustaría algo en especial?
—Cualquier cosa que a vos se te ocurra.
Harry había notado las emociones que se mezclaban en Neville. Placer por el aprecio pero también mortificación. Y el resultado de la combinación era doloroso. Tenía que hacer algo para hacerlo sentir mejor. Lo abrazó y lo sintió relajarse de inmediato en sus brazos. Sonrió y decidió aumentar la apuesta con un poco de humor. Se le montó a cococho. —Ahora llevame de vuelta.
—¡Harry! —exclamó Neville. Pero se avino riendo a llevarlo a cuestas.
oOo
Comieron con mucho apetito. El sabor de la mousse de chocolate persistía en las bocas cuando todos pasaron a la salita. Harry estaba muy nervioso. La noche anterior cuando habían hablado al respecto no le había parecido gran cosa… pero ahora era distinto. No realmente por él… él ni siquiera iba a estar y no se acordaría de nada… sino por Neville y Severus. No quería que lo vieran así… aunque él nunca había visto actuar a Boy… pero sabía que no era nada agradable.
—Todo va a estar bien, Harry. —trató de tranquilizarlo Severus mientras preparaba el tablero de ajedrez. Neville le dirigió una tímida sonrisa.
Harry percibió calma aceptación en Severus y nerviosismo, preocupación y compasión en Neville, pero también determinación. —¿Me podés repetir cual es el objetivo de esto?
—Boy sufrió un trauma serio. Y asocia automáticamente a cualquier persona que se le acerque con un castigo inminente. Nosotros nos vamos a sentar a prudente distancia, quietos y jugando en silencio, con un poco de suerte y ensayando la misma estrategia repetidamente, es posible que Boy termine acostumbrándose a nuestra presencia y que empiece a darse cuenta de que gente no es sinónimo de dolor.
—¿Cómo se te ocurrió? —preguntó Harry más para demorar que porque estuviera realmente interesado en saber.
—Fue idea de Salazar, en realidad. Él me ayudó a comprender muchas cosas sobre tu condición. Cosas que Silas no había podido contarme puesto que su perspectiva es más limitada.
—¿Hogwarts habló a través de Salazar y quiere ayudarme? —preguntó Harry sorprendido.
Severus le hizo una cara diciéndole sin palabras que ya no intentara demorar más. —¿Estás listo?
—¿Saben…? —dijo sonriendo nervioso— Si todos los fantasmas son Hogwarts, es como si el castillo tuviera TPM como yo.
Neville rió. —Tenés razón. Evolucionaron de personalidades distintas, pero se combinaron para conformar el alma del castillo.
—Creo que ya estoy listo. —dijo Harry, respiró hondo y cerró los ojos.
Severus y Neville esperaron ansiosos y conteniendo la respiración. Severus no sabía qué podía pasar. Mucho dependía de los otros alter. Suponía que no se opondrían puesto que se trataba de algo por el bien de Harry. Pero no podía estar seguro. Salazar le había dicho que era posible que se mostraran menos cooperadores tras la integración de Rose.
Harry abrió los ojos y los labios se le torcieron en una mueca desdeñosa. —Voy a ayudarlo con esto de Boy —dijo Silas con tono severo— Pero después quiero que me cuente todo lo que le dijo Salazar.
Severus asintió con un breve gesto y Silas volvió a cerrar los ojos. Unos segundos después Boy cayó de rodillas al suelo y estalló en su habitual letanía de gritos y súplicas. —¡Por favor no me pegue! ¡Me voy a portar bien! ¡Por favor, no!
—Nadie te va a pegar. Te has portado bien. —dijo Severus con tono neutro. Con Boy de nada servía la calidez y la amabilidad. —Vamos, Neville.
Se alejaron, tomaron asiento en la mesa donde ya estaba dispuesto el tablero y se pusieron a jugar. Boy siguió gimiendo sus ruegos durante veinte minutos, pero ambos hicieron de cuenta que no lo oían, no les resultó fácil, sin embargo. Finalmente Boy dejó de llorar y los ruegos se acallaron, se quedó meciéndose suavemente en el suelo. Después de otra media hora, Severus consideró que ya era suficiente para la primera vez. Se puso de pie, se le acercó y se le arrodilló al lado. Los gritos de Boy se habían reanudado histéricos apenas lo había visto aproximarse.
—Harry, todo esta bien. Volvé, Harry. Lo hiciste muy bien. Estoy muy orgulloso de vos. —dijo Severus con voz suave y cuidándose de no tocarlo.
Neville observó la escena muy angustiado. Detestaba verlo así. Le daban náuseas.
Harry retornó un minuto después. Severus le secó las lágrimas. —Terminamos por hoy. Lo hiciste todo muy bien. —dijo poniéndose de pie. —Yo ya me voy a retirar. Sugiero que no se queden levantados hasta muy tarde.
—Buenas noches, Severus. —lo saludó Harry con calidez en la mirada. Sabía que Severus lo quería, podía ver los colores que lo rodeaban, claros y brillantes como la luz del sol. Lo llenó de dicha, los ojos volvieron a ponérsele brillosos. Le abrazó estrechamente la cintura. —Gracias por todo.
Severus estuvo a punto de ruborizarse pero logró abortar la reacción antes de que se iniciara. La reemplazó con una mínima mueca desdeñosa y con cierta torpeza le palmeó la espalda. Harry lo soltó y se volvió hacia Neville. —Vayamos a ver si Ron escribió.
oOo
Se tiraron en la cama y Harry desenrolló el pergamino de Ron.
Hola Harry. ¿Cómo va todo? ¿Has visto cosas interesantes? Recibí una carta de Hermione hoy. Pone que podemos acordar en no estar de acuerdo y que es mejor que no hablemos de vos. Le contesté que me parecía bien. También me contó sobre todo lo que ha estado estudiando, pero de esa parte mejor te ahorro los detalles. Percy consiguió un puesto en el Ministerio como secretario del señor Crouch. Viene muy poco por casa y cuando viene se la pasa protestando a los gritos porque con tanto barullo no puede trabajar en todos esos informes que escribe que al parecer son importantísimos. La última broma de Fred y George fue un encantamiento que hizo que ninguna de las plumas disponibles en la casa escribiera. A Percy casi le da un ataque. Mamá se enojó mucho y prácticamente los echó, creo que se fueron a casa de unos amigos por unos días. ¿Sabías que sólo falta un mes para la final del Mundial de quidditch? Ojala pueda ir, aunque Inglaterra no es finalista.
Ahora tengo que interrumpir, Mamá me está llamando. Hablamos más tarde, cumpa.
—Estuvo hablando sobre la Copa Mundial de quidditch la mitad del año. —dijo Harry riendo.
—No me sorprende. —dijo Neville— ¿Así que Hermione finalmente cedió? Aunque parece que sigue convencida de que tiene razón.
—Eso creo. —dijo Harry frunciendo el ceño— En parte la entiendo porque hay muchas cosas que no sabe. Pero me hubiese gustado que me demostrara más confianza. Yo no soy de los que exageran y ella lo sabe muy bien.
—¿Qué le vas a contar a Ron que estuviste haciendo?
—No sé. ¿Se te ocurre algo? No quisiera mentirle, pero no puedo decirle que estoy con vos y en la casa de Severus.
—Contale que fuiste a Disneylandia, al cine y al zoológico pero en diferentes días.
—Buena idea. —aprobó Harry y se puso a escribir. Cuando terminó, enrolló el pergamino y lo dejó a un lado. —Contame de cómo es la vida en tu casa. Esa noche en el baño algo me dijiste, pero después no volvimos a tocar el tema.
—¿Qué querés saber? —dijo Neville abrazando una almohada contra el pecho.
Harry se dio cuenta de que se había puesto incómodo. —No es que estés obligado… quizá sea mejor que hablemos de otra cosa.
Neville sacudió la cabeza. —No… está bien. Bueno… vos ya sabés que mi familia creía que yo era un squib. En esa época yo vivía solo con mi abuela, tendría unos seis o siete años, tío Algie se mudó con nosotros tiempo después. Ella siempre quería que yo me comportara muy formal. Hablaba mucho de mis padres. Yo era muy chico y no entendía por qué no podían vivir con nosotros, no entendía por qué estaban enfermos. Pero eso aparte, siempre me gritaba porque no me sentaba derecho o porque no manejaba los cubiertos como es debido. Y yo era muy torpe… como ahora… y también me gritaba cuando me tropezaba o rompía algo. Por supuesto que con los gritos yo me ponía nervioso y era peor. Así que terminaba con frecuencia en penitencia en mi habitación. Ella siempre hablaba de cuán maravillosos habían sido mis padres. Talentosos, poderosos, gallardos. Quería que yo quisiera ser como ellos. "Neville, tenés que llegar a ser valiente como tu padre y sagaz como tu madre", me decía siempre. Pero yo sentía que no tenía la capacidad para eso. Y mi abuela no disimulaba su decepción. "Tenés que esforzarte, Neville. Tu deber es hacer que tus padres puedan sentirse orgullosos". Y yo trataba de hacer todos los esfuerzos posibles, pero no me alcanzaba. Y estaba siempre tenso y preocupado y cada error era una frustración tremenda. Fue entonces que los otros de mi familia empezaron a cuestionarse sobre mi magia que seguía sin manifestarse de manera espontánea y les pareció una buena idea tratar de inducirla. Me arrojaban cosas, me empujaban, me daban sustos por la noche… pero nada de lo que hicieran provocaba el brote de magia que ellos buscaban. Y llegó un momento en que todos parecieron hacerme a un lado. Excepto mi abuela y el tío Algie. Pero ellos seguían dándome sermones… que tenía que mostrarme fuerte y mejor porque eso era los que mi padres habrían deseado y lo que correspondía para honrarlos. Yo ya me había dado por vencido, estaba convencido de que no tenía capacidades para ser tan bueno como ellos querían. Era un fracaso y siempre lo sería. Y eso era lo que había terminado por aceptar.
Neville hizo una pausa, suspiró y prosiguió:
—Creo que tío Algie se dio cuenta y eso lo puso furioso. Un día me llevó a la punta del malecón. Se aproximaba una tormenta y las aguas estaban muy encrespadas. Y sin prevenirme de ningún modo me empujó al mar.
Neville abrazó la almohada y se estremeció. Harry pudo sentir el terror que Neville había experimentado entonces, sus colores se habían oscurecido de golpe. La misma desesperación que había sentido Neville en ese momento, podía sentirla él en ese instante. Lo abrazó estrechamente contra sí. Neville sonrió agradecido y poco a poco el terror que se le había despertado tan abruptamente fue mermando.
—Casi me morí. —continuó cuando ya se había recuperado un poco— Movía los brazos y las piernas frenético para mantenerme a flote pero nada servía, me hundía irremediablemente… golpeé contra unas piedras… me quebré un brazo… pero ya casi no registraba el dolor… apenas si estaba consciente y la sal me ardía en los ojos, los oídos, los labios y en toda la piel. Desde entonces le tengo un miedo cerval al agua… ni acercarme a una piscina puedo… deplorable, ¿no?
—De ningún modo. —dijo Harry— Es más que entendible.
—Como sea. Probablemente me habría ahogado de no haber sido por un pescador muggle que me rescató. Había varios de mi familia en la costa. Ninguno movió un dedo para auxiliarme. Supongo que para ellos, si mi magia no era suficiente para salvarme de algo así entonces no valía la pena que yo siguiera viviendo. La abuela no estaba entre ellos, sé que ella hubiera hecho lo que fuera para salvarme. No se molesta en disimular su decepción respecto de mí, pero me quiere. Nunca haría nada que pudiera dañarme. Soy su nieto, el hijo de su único hijo.
Harry no sabía que decir, pero siguió escuchándolo con atención y comprensión.
—Tío Algie volvió a hacer algo similar varios meses después. Yo estaba por cumplir nueve. Me arrojó al vacío desde una ventana del tercer piso. Y fue entonces que mi magia finalmente se puso en evidencia. Parece que formé una especie de esfera escudo a mi alrededor y reboté antes de hacerme mierda contra el suelo. Y seguí rebotando hasta que pudieron pararme a más de medio kilómetro de la casa. Las sacudidas me habían dejado mareado y con unos cuantos moretones… pero me sentía feliz… ¡tenía magia!
Harry le palmeó la espalda y le sonrió.
—Todos mis familiares estaban muy entusiasmados. La abuela estaba tan orgullosa que durante un mes no me retó sin importar las torpezas que pudiera haber cometido. Y pasé a ser el preferido de tío Algie… no sé si eso puede considerarse algo bueno porque analizándolo objetiva y fríamente habría que concluir que es una bestia… Pero al menos tenía sus ventajas, porque me empezó a hacer regalos fabulosos para navidad y mi cumpleaños. Y cuando unos meses después los sanadores le dijeron que ya estaba muy viejo y que no era conveniente que viviera solo, eligió mudarse con la abuela… para estar más cerca de mí, según expresó entonces. Todos se pusieron muy contentos también cuando recibí la carta de Hogwarts. Yo también. Los quiero… pero también los quiero lejos… y Hogwarts me permitía alejarme. También me surgieron muchos miedos, era consciente de que difícilmente terminara en Gryffindor, la Casa de mis padres. Yo no soy valiente.
—Sí, Neville, lo sos. —lo contradijo Harry— Tuviste el valor de enfrentarte a Lockhart, yo no pude.
Neville se sonrojó al acordarse, pero al mismo tiempo se sintió muy orgulloso. —Eso fue lo que dijo el Sombrero. Que me iría bien en Gryffindor, que allí aprendería a ser como realmente soy.
—¡Viste que yo tengo razón! —rió Harry y lanzó una almohada hacia arriba. Cuando volvió a caer, la almohada golpeó a Neville en la cabeza. Neville pegó un grito y contraatacó con otro almohadazo.
La batalla de almohadas se prolongó durante varios minutos hasta que los dos cayeron sin aliento y riéndose a más no poder. Cuando se recompusieron un rato después cambiaron de tema. Harry le mostró la carta Sirius y le describió el pájaro exótico que la había traído. Se pusieron juntos a escribir la respuesta.
—¿Te parece que deberíamos? —preguntó Harry.
—¿Hacer qué?
—Hacerle una broma a Severus. —respondió Harry con una sonrisa pícara.
—Humm… no sé. —dijo Neville mordiéndose el labio— Podría enojarse.
—No si la hacemos bien.
—¿Ya pensaste en algo?
—Todavía no. ¿Se te ocurre alguna idea?
—Mejor pensémoslo mañana. —sugirió Neville y bostezó— Estoy cansado, creo que me voy a ir a dormir.
—Está bien. Buenas noches. —dijo Harry y le dio un rápido abrazo— Te quiero, Neville.
Neville sonrió complacido. —Yo también te quiero, Harry.
oOo
Harry se puso el piyama y se acostó. Se durmió enseguida. Pero unos minutos después, Silas abrió los ojos. Se levantó, se sacó el piyama y volvió a vestirse, no quería ir a hablar con Snape en ropa de cama.
Bajó las escaleras y se dirigió directamente al estudio. Entró sin golpear, sabía que Snape estaría esperándolo.
—Espero no haberlo hecho aguardar demasiado. —dijo Silas, pero el tono de desdén desmentía la supuesta amabilidad de las palabras.
—Tome asiento. — dijo Snape indicándole con un gesto una silla.
—No, gracias, prefiero permanecer de pie. —respondió Silas. Tampoco se acercó al escritorio donde estaba sentado el profesor.
—Antes de que empecemos —dijo Snape— me gustaría saber de qué lado está.
—¡Qué curioso! Yo iba a preguntarle lo mismo.
—¿Harry es su principal preocupación?
—Así es.
—¿Por qué permitió que se fuera con Black? —preguntó Snape con tono casual pero taladrándolo con la mirada.
—Black es muy bueno para esconderse. Era consciente de los riesgos, pero tenía fe en la habilidad de Black para mantenernos ocultos. Gabriel estaba muy entusiasmado con la idea y Harry muy tentado. Y los tres estábamos muy aburridos. Planteé mis objeciones pero estaba en minoría. Finalmente se decidió que iríamos.
—¿Hablaron entre ustedes? —preguntó Snape. Era claro que le interesaba mucho saber la respuesta.
—¿De qué lado está Ud., Snape? —preguntó Silas con un tono muy semejante a un ronroneo.
Severus se apoyó sobre el respaldar de su asiento. Consideró que era justo. Él ya le había hecho una pregunta y Silas se la había contestado. Era su turno. —Yo estoy del lado de Harry. Como Ud., quiero lo mejor para él.
Silas no disimuló una expresión de escepticismo. La de Severus se endureció.
—¿Y qué otra cosa quería Ud. que hiciera? El director estaba exhausto, mucho le había costado fortificar las defensas para minimizar los daños sobre el castillo a causa de la tormenta. No le quedaba paciencia. Weasley y Granger le habían contado sobre el extraño comportamiento de Harry en el Antro. Y eso le había recordado las extrañas cosas que habían pasado en noviembre cuando Uds. se turnaron para reemplazarlo en clases. Y estaba también el asunto de las muchas penitencias que había cumplido Harry conmigo. Dumbledore tenía muchas sospechas y me demandó perentoriamente explicaciones. Hice lo que pude tratando de que las consecuencias dañinas fueran mínimas. Y estaba la cuestión de que se había empecinado en mandar a Harry de vuelta con los Dursley. Y si bien es cierto que ahora el director sabe sobre Gabriel y sobre Ud., lo cual no es conveniente, mucho peor hubiese sido que se enterara de la existencia de Demon y de sus poderes.
—¿Está Ud. adjudicándose el crédito de que no se haya enterado? —preguntó Silas sarcástico.
—Yo fui el único adulto que fue testigo de la tormenta y le dije que se había originado en el bosque. Él habría investigado más de no haber sido por mi informe.
Snape se puso de pie y su voz se tornó más áspera y oscura.
—Pero yo no tengo por qué darle explicaciones. Que el director sepa de la condición de Harry me gusta tan poco como a Ud. La cuestión que debemos encarar ahora es, ¿podemos lograr que la situación vuelva a ser ventajosa para nosotros? Yo creo que podemos.
Silas se quedó mirándolo en silencio, estudiándolo. Severus esperó también callado hasta que expresara el veredicto. Las cosas iban a resultar mil veces más difíciles si Silas se le ponía en contra. Necesitaba el apoyo del Slytherin. Era el regulador de los alter y el que tenía mayor influencia sobre Harry.
—Bien. Puedo aceptarlo por ahora. —dijo Silas, se adelantó y tomó asiento en la silla que antes había rechazado. —Pero se lo advierto, Snape, voy a estar vigilándolo muy de cerca… si Ud. llegara a causarle daño a Harry, yo estoy preparado a causarle a Ud. un daño mucho mayor en represalia.
Severus sabía muy bien que no se trataba de una amenaza vana. Si Silas en algún momento decidía vengarse de él, de Severus Snape no quedaría más que el recuerdo.
—Muy bien entonces… —prosiguió Silas, ahora con tono más de satisfacción que amenazante— ¿Por qué no me informa sobre lo que Salazar les contó sobre nosotros? Como contrapartida yo le brindaré datos sobre la actual condición de Harry y le explicaré detalles sobre nuestras comunicaciones telepáticas.
Severus se mostró de acuerdo y le relató lo que Salazar le había dicho. Lo único que no mencionó fue el asunto de la posible conexión entre el Señor Oscuro y Demon.
Era el turno de Silas de proporcionar información. —Cuando despertamos del coma, las barreras entre nosotros se habían debilitado hasta casi desaparecer. El único que podía salir era Boy. Los demás habíamos quedado confinados en nuestras habitaciones sin posibilidad de acceso a la sala común. Rose y Demon dormían. Pero Gabriel estaba despierto y podíamos comunicarnos. No era como cuando estábamos juntos, era algo así como hablar con otro que está en otra habitación pero cerca. Podíamos ver todo lo que hacía Harry como siempre… pero además descubrimos que si gritábamos él podía oírnos. Nuestras capacidades para protegerlo estaban muy limitadas, sin embargo. Harry se encontraba en situación muy vulnerable, pero al menos podíamos aconsejarlo y guiarlo. Naturalmente a Gabriel le costaba mucho entender eso, por eso quizá se mostró tan decidido y acuciante para que acompañáramos a Black en esa escapada imprudente. Dejando eso aparte, creo que le interesará saber que la puerta de Rose ha desaparecido… aunque no completamente, quedan algunos rastros del marco, Harry todavía no se ha curado por completo en ese aspecto… pero aceptar el amor y todas las otras cosas relacionadas con Rose, logró que se estabilizara mucho y las barreras entre nosotros volvieron a ser casi normales.
—Entiendo. —dijo Snape reflexivo.
—¿Cómo va la búsqueda? —preguntó Silas pasando a otra cuestión.
—Presumo que Dumbledore se está dando por vencido. Creo que se va resignando a que no volverá a ver a Harry hasta septiembre.
—¿Y en cuanto al Ministerio?
—Todas las pistas los llevaron a callejones sin salida y no cuentan con otras nuevas.
Silas asintió y se puso de pie para marcharse. —Ah… y otra cosa por si llegara a interesarle. Desapruebo que Harry… sienta por Ud., y ya puestos, por cualquier otra persona, profundo afecto… Pero no voy a poner ningún obstáculo porque evidentemente es lo que Harry quiere. Así y todo, no espere que vaya a quedarme de brazos cruzados si esta nueva emoción fuera utilizada para perjudicarlo.
—Comprendido. —dijo Severus con voz muy suave y Silas salió.
oOo
