Mente rota, alma quebrada

Secretos

Severus ingresó al despacho del director y tomó asiento frente al escritorio. Dumbledore lucía extenuado y realmente debía de estarlo porque ni siquiera le ofreció un caramelo de limón como era su costumbre.

—¿Me mandó llamar para que me reintegre a la búsqueda?

—No, Severus, he decidido dar por concluida la busqueda activa. Si bien los miembros de la Orden seguirán alerta. Yo por mi parte, tengo que concentrar mi atención en cierto evento que tendrá lugar este año en la escuela. Esperemos que los daños que haya sufrido Harry sean reparables cuando regrese.

¿Reparables? Los daños que vos le causaste, viejo, son mucho peores que cualquier cosa que pudiera hacerle el perro, pensó Severus. Pero la ira que se le había despertado de golpe quedó totalmente oculta detrás de sus escudos de Oclumencia.

—Te llamé para pedirte que te mantengas atento en caso de llegara a tus oídos alguna nueva pista sobre el paradero de Harry.

—Por supuesto, señor director. —dijo Severus— ¿Pero cuál es ese evento al que hizo referencia? Generalmente la preparación para el nuevo ciclo no empieza sino hasta mediados de agosto.

—Desde hace ya algún tiempo, el Ministerio ha estado haciendo gestiones para reinstaurar el Torneo de los Tres Magos. Finalmente lo consiguieron y Hogwarts fue elegida como sede.

Severus no disimuló una mueca de intenso disgusto. Dumbledore notó su fastidio y el brillo titilante de sus ojos que había estado ausente hasta ese momento reapareció. Con todos los problemas adicionales que iba a tener Severus durante ese nuevo año y encima le iba a tocar soportar muchos más alumnos que lo habitual. Y el peligro potencial para Harry se incrementaba, iba a haber muchos extraños en el castillo.

Dumbledore asintió y sonrió sin humor. —Ya podés imaginarte cuánto me complica esto las cosas. Hay mucho que planear y preparar. Por eso voy a necesitar que retornes al castillo un poco antes de lo habitual, voy a necesitar de tu colaboración.

—¿Qué día? —preguntó Severus claramente contrariado.

—Sólo una semana antes. —contestó Dumbledore con una breve risa comprensiva— El 7 de agosto.

Severus suspiró resignado. —¿Me necesitaba para algo más?

—No, mi muchacho. Ya podés retirarte y que disfrutes de tus vacaciones.

Severus se puso de pie, se despidió con una breve reverencia y partió.

oOo

Neville se puso de pie con algo de dificultad. Eran alrededor de las diez y media. Habían estado en medio de la lección de meditación y de improviso el profesor Snape le había dicho que iban hacer una interrupción porque tenía que salir un momento, pero que no demoraría en volver. Suspiró y fue a sentarse en una de las sillas de la sala de estar. De un bolsillo sacó la respuesta de su abuela a la carta fraguada que le había mandado solicitándole permiso para quedarse más tiempo.

Había llegado esa mañana durante el desayuno y venía dirigida al profesor Lupin, pero la lechuza de Snape se la había traído a su dueño. El profesor se la había pasado directamente a él sin abrirla. Tras leerla, se había sonrojado un poco y les había anunciado que le daban permiso para quedarse hasta el 31 de julio. El profesor había asentido distraídamente y Harry le había dirigido una sonrisa incierta, había habido curiosidad y un destello de preocupación en los ojos verdes.

Volvió a leerla.

Lunes 23 de junio.

Estimado profesor Lupin:

Le agradezco profundamente que esté dispuesto a dedicar su tiempo para mejorar el nivel académico de Neville. Ya hace años que soy consciente de las dificultades y limitaciones que tiene para el aprendizaje, pero es indudable que desde que Ud. se ocupa de asistirlo su desempeño ha mostrado progresos notables. No tengo ningún inconveniente en que permanezca más tiempo, si Ud. está dispuesto y no le significa una carga excesiva o una interferencia indeseada en su período de vacaciones. Estoy segura de que Neville se beneficiará mucho y le doy mi autorización para que permanezca en su casa hasta el 31 de julio. Si Ud. prefiriera que regrese antes, avíseme y haré los arreglos pertinentes. Si ése no fuera el caso, iré a buscarlo en la mañana de su cumpleaños mediante la red Floo. No le permito que se desplace por la red solo, como creo habérselo ya mencionado en alguna ocasión anterior, porque tiende a salir en lugares equivocados y a veces incluso se ha lastimado.

Agradecidamente suya,

Augusta Longbottom

Matriarca de la familia Longbottom

El pergamino tembló en la mano de Neville. No sabía muy bien cómo se sentía. Lo avergonzaba que su abuela le escribiera esas cosas a su profesor y mentor. Lo enojaba que lo tuviera en un concepto tan bajo. Lo enojaba el enojarse con ella puesto que tenía todo el derecho de sentirse decepcionada, él era un desastre. Lo inundó un intenso sentimiento de culpa. Él no habría debido estar allí. No era sino un fastidio para todos.

El profesor Snape ya tenía muchas cosas con las que lidiar, no tenía derecho a cargarlo con un problema más. Remus tenía que cuidar a Sirius… y estaba además la cuestión de su condición. Y Harry… Harry estaba tratando de reconciliarse con sus alter y su pasado. No necesitaba precisamente tenerlo a él alrededor interfiriendo. Su presencia lo distraía de su objetivo y le significaba más preocupaciones. La empatía de Harry era innegable y poderosa. Cualquier emoción negativa a su alrededor le hacía daño y Neville tendía a deprimirse con mucha facilidad.

Debía de sentirse agradecido por lo que todos estaban haciendo por él y no correspondía que siguiera importunándolos. Correspondía que volviera a su casa cuanto antes. De esa forma el profesor Snape tendría más tiempo para concentrarse en Harry y Harry tendría más espacio y estaría más liberado sin tener que arrastrar el peso muero que él le significaba. Estrujó la carta con el puño. Pero él no quería regresar a su casa. Y Harry podría alterarse porque no entendería las razones que lo impulsaban a irse.

Dejó oír una risa angustiada y hundió la cara en las manos. Se sentía tan avergonzado y tan disgustado consigo mismo. Él era débil. Allí estaba Harry luchando con decidida valentía para sobreponerse a los horrores que le había tocado vivir y él se estaba cayendo a pedazos por una estúpida carta de su abuela. Y Harry siempre le decía que él era fuerte, ¡cuánto se equivocaba! Sacudió la cabeza y partió corriendo hacia el baño. Harry decía eso porque se había animado a atacar a Lockhart… pero Harry no conocía toda la verdad.

Neville había querido matar a Lockhart. Por el daño que le había hecho a él pero también por el daño que le había hecho a Harry. Y su magia había venido en su auxilio para concretar ese propósito. Neville habría podido finiquitarlo después de haberlo estampado contra la pared, en ese instante había sido consciente de que tenía el poder para destrozar al muy degenerado… y sin embargo había flaqueado en el último instante y había dejado que fuera Snape el que se encargara del castigo. Porque él no tenía el coraje suficiente para matarlo.

No había sido fuerte ni un héroe como Harry pensaba. La idea de matar lo repugnaba, aunque el muy hijo de puta se lo mereciera. No, él no era fuerte para nada. No como Harry. A pesar de todo lo que le había pasado y le pasaba, Harry podía seguir sonriendo… Harry se preocupaba por los demás y de una forma que a Neville le resultaba imposible.

Harry se sentía seguro y podía reír, dar abrazos o jugar… a Neville todo eso le costaba una enormidad. Seguía poniéndose muy tenso cuando el profesor Snape o Remus le ponían una mano afectuosa sobre el hombro. El contacto lo ponía nervioso y lo incomodaba. Sabía que era por culpa de Lockhart pero igual no lograba sobreponerse. No. Él era débil. Harry sí que era fuerte. Y cualquier cosa que hiciera, si se quedaba o se iba, terminaría haciéndole daño a Harry, su único amigo. Volvería a hundir más a Harry en el pozo oscuro del que luchaba para poder salir con tanto esfuerzo.

Entró al baño temblando, respirando con mucha dificultad y con una dolorosa opresión en el pecho. Con un movimiento de varita conjuró una navaja. Llorando desesperado se abrió un tajo en el antebrazo. El dolor mordió incisivo y brotó la sangre. La histeria fue poco a poco replegándose y la depresión alejándose hasta que pudo volver a respirar un poco mejor. Lágrimas de hielo rodaban por sus mejillas… ¡cómo las aborrecía! Se hizo otro corte. Las lágrimas eran un signo de debilidad. ¡Qué patético! ¡Cuán deplorable!

Un tercer corte. Cerró los ojos apretándolos y se concentró en la calidez espesa de la sangre que le recorría el brazo, le bañaba la mano y se desprendía en gotas de sus dedos. Todo parecía haberse borrado a su alrededor y en su mente, solo existía el glorioso dolor liberador, dulce dolor que espantaba todos los pensamientos hirientes. No quería sentir ningún otro dolor excepto el que él pudiera controlar y limitar.

oOo

Remus entró en la casa con una amplia sonrisa en los labios. Estaba ansioso por reencontrarse con los chicos. Abrió la boca para llamarlos, pero se quedó como paralizado de repente. Sangre, podía sentirla en el aire. Se olvidó de todo y partió corriendo guiado por el olor escarlata.

Neville abrió los ojos de repente cuando lo oyó entrar al baño. Las mejillas cruzadas por surcos húmedos. Soltó la navaja que cayó al suelo con un filoso repiqueteo.

—¡Profesor! —tartamudeó.

Remus avanzó, se arrodilló a su lado y lo envolvió en un abrazo. Neville se puso tenso, pero Remus comenzó a susurrar apaciguadoras palabras de comprensión que actuaron como un bálsamo de alivio y serenidad.

Permanecieron abrazados durante un largo rato hasta que se separaron. Neville se secó avergonzado las renovadas lágrimas que había vertido. Remus esperó pacientemente en silencio hasta que pudo recomponerse un poco. Con un diestro movimiento de varita hizo desvanecer la navaja y la sangre. Y a continuación procedió a curar los cortes.

—Esto no tiene nada que ver con la opinión que tengo de vos, que no ha variado en lo absoluto. Tampoco quiere decir que seas débil o repugnante.

—¿Cómo supiste…? —empezó a preguntar Neville pero las palabras se le ahogaron en la garganta.

—¿Cómo supe lo que estabas pensando? Remus dibujó una sonrisa triste. —Porque fue lo que yo pensé cuando mis amigos me sorprendieron cortándome en tercer año.

Los ojos de Neville se abrieron grandes de asombro.

—Sí, yo tenía la costumbre de cortarme. Empecé a los nueve, cuatro años después de haber sido mordido. Las transformaciones eran una agonía, una tortura insoportable. Y para peor todos me habían hecho a un lado, excepto mi madre, pero incluso ella me tenía miedo. Estaba solo y el dolor que debía sufrir cada mes me ponía histérico de terror. La primera vez mi intención era matarme, pero sólo me hice un pequeño corte. Y descubrí que el dolor podía significar un inmenso alivio. Sé perfectamente lo que vos sentís, Neville, el dolor que uno puede controlar puede ser muy liberador.

Neville asintió su acuerdo.

—El cortarme me ayudó a mantenerme cuerdo. Pero me volví adicto. Y buscaba excusas, inventaba problemas como una forma de justificarme para apelar al recurso salvador. Que pasó a transformarse en lo más importante… pasó a controlarme. Y probablemente nunca hubiera podido librarme de esa adicción de no haber sido por mis amigos. Ellos me ayudaron cuando lo descubrieron, no fue fácil y me tomó varios años poder superarlo, pero llegó el día en que ya no lo necesité… aprendí a manejar los problemas de otra forma… y eso me inspiró un muy agradable sentimiento de seguridad serenidad.

Neville se abrazó el torso y nuevas lágrimas le llenaron los ojos. Sabía que Remus intentaría hacer por él, lo que sus amigos habían hecho por Remus. El pensamiento lo ponía al borde del pánico. Y fue esa desesperación repentina lo que le demostró de manera patente que él también era un adicto. El miedo y el disgusto de sí mismo lo ahogaron. ¡Necesitaba la navaja otra vez!

—Permitime que te ayude. —susurró Remus— Permitime que te aliviane la carga.

Neville asintió o quizá sólo fue una sacudida nerviosa. Pero cuando Remus intentó abrazarlo una vez más lo rechazó. Los ojos ámbar del licántropo se inundaron de compasión y comprensión, lo invitó sin palabras a que lo siguiera, luego retrocedió y salió del baño.

oOo

Harry estaba trabajando aplicadamente en la tarea. En una oportunidad le había preguntado a Silas qué sentido tenía que estudiara tanto si Silas ya sabía todo. Silas le había contestado que él no podía estar saliendo a cada rato y que era necesario que Harry también aprendiera las cosas. A Harry le pareció un argumento razonable. Había preguntado más que nada por curiosidad, no por pereza.

Neville y Severus estaban abajo en la lección de meditación. Harry ya había redactado más de la mitad del deber de Transfiguración. Oyó un golpeteo en la ventana y alzó la cabeza sonriendo, supuso que sería otra carta de su padrino. Fue hasta la ventana y la abrió. Pero el magnífico búho real que ingresó al cuarto, no parecía ser el tipo de mensajero que hubiese elegido Sirius.

Silas sospechó de inmediato quién podía ser el remitente y se puso en acción sin perder un segundo. Indujo el sueño en los alter y con delicadeza desplazó a Harry del control, al tiempo que le absorbía la memoria de ese último minuto.

El pájaro se había posado sobre el respaldo de la silla y le tendió la pata. Silas desató la carta. Antes de desenrollarla usó unos cuantos encantamientos, quedó conforme con el resultado. El búho dejó oír un arrullo, no parecía tener intenciones de marcharse.

—Volvé a la medianoche. Para entonces voy a tener la respuesta.

Si era lo que sospechaba iba a tener que redactarla muy cuidadosamente. El ave soltó otro arrullo y reemprendió el vuelo, desapareció apenas cruzó el marco de la ventana.

Silas tomó asiento y empezó a leer.

Saludos, Potter.

Me he enterado de cosas muy interesantes sobre vos este verano. Cierto cachorro de león incursionó en el nido de las serpientes y reveló algunas historias muy interesantes sobre la dinámica de la guarida de los leones. Y sumándole a eso la reprimenda que en su oportunidad recibí de tu parte por mi supuesta falta de astucia… no pude evitar que se me despertara una intensa curiosidad.

Con esto no quiero decir que los sentimientos de animosidad que siempre me has inspirado hayan disminuido. Pero me pareció que podría llegar a ser productivo lograr establecer una tregua, de carácter temporario aunque más no fuera. A mí podría llegar a servirme para obtener nueva información y, naturalmente, a vos también podría resultarte útil obtener información sobre la fuente indiscreta de tu entorno y sobre mi estimado padre.

Apenas haya recibido una palabra de aprobación de tu parte podríamos empezar formalmente con las negociaciones.

Sinceramente tuyo,

El príncipe serpiente

—Sinceramente taimado y viperino. —bufó Silas. Pero a continuación una sonrisa sedosa se le dibujó en los labios.

La oferta de Malfoy le suscitaba mucha intriga y la idea de iniciar una esgrima de ingenio y agudeza con el Slytherin sangrepura lo entusiasmaba, especialmente porque sabía que se encontraba en posición ventajosa. Había sido divertido jugar con el Príncipe de Slytherin. Recordaba la expresión de su rostro las últimas veces que habían mantenido un duelo verbal, haber conseguido eso era deliciosamente satisfactorio.

Era consciente de que se trataba de un juego peligroso, que podía perder la posición de control de manera repentina, pero eso lo hacía mucho más excitante. Silas se sabía astuto e inteligente, confiaba en que podía replegarse a tiempo y salir indemne si en el futuro el control amenazaba con escapársele de las manos.

Y habría estado mintiéndose a sí mismo, algo muy impropio de un Slytherin, si se hubiera negado a admitir que le interesaba conocer la identidad del espía en Gryffindor. Él y los otros estarían en peligro si había un informante en la torre. Por supuesto que habría podido descubrir al soplón sin tener que recurrir a la ayuda de Malfoy, pero si Malfoy estaba dispuesto a entrar en el juego quizá pudiera sacar algunas ventajas adicionales.

Ya decidido se puso a redactar la respuesta.

Mi queridísimo príncipe Serpentine:

No puedo decir que me haya sorprendido una tal proposición. Ya hace algún tiempo que estaba esperando algo por el estilo. Tampoco me asombra que exista un informante en la torre. Digamos que respecto de eso estamos iguales, como en muchas otras cosas. Pero sí siento curiosidad de saber de qué fue de lo que te enteraste, debe de haber sido bastante impactante para que te impulsara a escribirme una carta diplomática, bien redactada y de tono conciliador. Creo que merece una respuesta en esos mismos términos.

Mientras mantengas los mensajes libres de toda magia y de insultos ruines tendrás en mí a un asociado dispuesto a intercambiar correspondencia. Eso sí, preferiría que me enviaras tus mensajes a medianoche, le agrega al contacto epistolar una tinte melodramático, tengo cierta afición por el drama.

Ah y otra cosa, si llegara en algún momento a descubrir que me has estado jugando sucio, puedo asegurarte que me cobraré venganza y provocar mi ira es algo que terminarías lamentando durante toda tu vida… o lo que te quede de ella.

Pero dejemos de lado los cumplidos, mi príncipe, y pasemos a temas más sabrosos. Insinuaste que poseías información jugosa sobre tu honorable padre. Por favor, ten a bien compartirla conmigo. Estoy preparado, sea a felicitarte, sea a consolarte, según juzgue apropiado de acuerdo a la circunstancia. Y en referencia al interés en la política interna de La Casa de los Leones que mencionaste, te rogaría que fueras más preciso, estoy dispuesto a compartir con vos cualquier secreto que sirva para mitigar tu curiosidad. Pero si tu real interés estriba en mí, vas a tener que disculparme si mis respuestas son algo evasivas. No obstante, si conozco la respuesta, procuraré contestar a todas tus preguntas de la mejor manera que vos te merecés. Sólo hará falta que seas un poco más específico, mi señor dragón, y yo humildemente haré todo lo posible para satisfacer tus deseos.

Tuyo,

El de las muchas caras

—Esto va a ser muy entretenido. —ronroneó Silas relamiéndose con anticipación.

oOo

Harry parpadeó y miró la hoja del deber. Quizá era conveniente que continuara más tarde puesto que aparentemente había estado navegando en alguna ensoñación diurna. Cuando lo estaba enrollando sintió una picazón en el cuello que se iba incrementando. Bizqueó un poco los ojos concentrándose en la sensación: dolor emocional que se originaba en Neville y Remus. Salió corriendo de la habitación. Encontró al profesor y a su amigo hablando en voz baja en la sala de estar. Neville pareció sentirse aliviado cuando lo vio entrar, pero Harry percibió que el alivio estaba contaminado con vergüenza. Remus se puso contento cuando notó su presencia, pero en él también había rastros de emociones oscuras.

—Hola, Remus. —saludó Harry animoso, había decidido que hacer preguntas sobre la tensión en el ambiente sólo empeoraría las cosas. Se le acercó y lo abrazó. —¿Cómo está Sirius?

Remus le devolvió el abrazo con una sonrisa. —Mejor, pero va a pasar algún tiempo antes de que regrese.

—Yo lo que quiero es que se ponga bien. Recibí su carta pero hasta ahora no tuve oportunidad de contestarle bien extensamente como quisiera. —se volvió hacia Neville— ¿Me ayudás a escribirla? Un momento… ¿vos no tenías lección? ¿Dónde está Severus?

—Salió hace un rato, dijo que tenía algo que hacer pero que no demoraría.

—¿Por qué no aprovechan para ir a escribir la carta? —sugirió Remus— No creo que Severus les deje mucho tiempo libre entre una lección y la otra.

—¡Gracias, Remus! —exclamó Harry y agarró a Neville de la mano— Vení, Nev, vamos a escribirle. Y tenemos que pensar en una broma también. Quizá podamos convencer a Omi de que nos ayude. Él seguro que nos puede orientar sobre lo que a Severus le puede resultar gracioso.

Los chicos salieron a toda prisa. Remus sonrió. Harry parecía estar llevándola bien. La sonrisa se le marchitó. ¿Sería realmente así? A Neville todavía le costaba aceptar el contacto físico afectuoso… ¿a Harry le pasaría lo mismo?

Remus sacudió lentamente la cabeza. Harry y Neville eran diferentes. Neville no había sido tratado con demasiado afecto, pero no había estado hambriento de contacto humano como Harry. Era razonable suponer que Harry seguía necesitando ese contacto a pesar de Lockhart. Remus suspiró. Más tarde hablaría del asunto con Severus para estar seguro.

oOo

Harry se puso a escribir la carta con la ayuda de Neville. Le contaron a Sirius el nuevo programa de actividades y todo lo que estaban aprendiendo. Harry estaba por poner lo de su condición pero la mano se le trabó. Suspiró. O Silas o Gabriel, o los dos, no estaban de acuerdo con que se lo informara. Frunció el ceño y decidió hacerles caso, pero hizo una nota mental para preguntarles más tarde. Pasó a contarle de la hora de actividades creativas que había tenido lugar afuera y sobre las habilidades de Neville para el dibujo. Neville se sonrojó al leerlo y Harry se echó a reír.

—Quiero poner algo sobre la broma. —dijo Harry— ¿Se te ocurrió algo?

—Eh… no sé…

Harry pudo percibir el nerviosismo y hasta un atisbo de miedo. —Nev, te aseguro que no va a ser nada malo. Lo ideal sería que se nos ocurra algo que también lo haga reír a Severus.

—¿Y cómo vas a poder hacer algo así? —preguntó Neville alzando una ceja con curiosidad.

—Cómo vamos a hacer algo así… —corrigió Harry— ¡Omi!

El elfo se materializó de inmediato. —¿Sí, joven Harry?

—Queremos jugarle una broma a Severus, pero nada que lo haga enojar o lo hiera… queremos que se ría con nosotros. ¿Tendrías alguna sugerencia?

—Humm… —masculló Omi reflexivo al tiempo que se frotaba la punta de una oreja. Pensó durante un momento y luego empezó a dar saltitos alegres y exclamó: —¡Ya sé!

Los chicos rieron y abrieron los ojos expectantes.

—¿Qué les parecería transformarse en pequeños amos? —preguntó el elfo.

—¿Qué querés decir? —preguntó Neville confundido.

—¡Es una idea genial! —vivó Harry aplaudiendo— No va a saber quien es quién… ¿Cómo lo hacemos, Omi?

—Todavía no sé… Omi tiene que pensar… ropas como las del amo del tamaño de los señores puedo conseguir…

—¡Sos lo más grande que hay! ¡Gracias, Omi!

—El joven Harry las merece. —dijo el elfo, hizo una reverencia y desapareció.

—Harry, creo que no deberíamos… —empezó a decir Neville.

—Todo va salir bien mientras no nos burlemos de él. —lo tranquilizó Harry, agarró el diario, lo abrió y se puso a escribir. Silas, ¿podés ayudarnos con la broma? ¿Se te ocurre algo para transformarnos en Snapes en miniatura?

Quizá… , contestó Silas, …a lo mejor combinando polijugos con una poción de miniaturización, habría que ver las proporciones… tendrías que darme algo de tiempo para pensarlo… y preparar polijugos no es fácil y lleva tiempo…

Hermione la preparó en segundo año, ¿o no?

Sí, pero vos no sos Granger. Harry podía imaginárselo alzando una comisura. Podríamos comprarla, es posible que el elfo pueda ayudarnos con eso.

Le voy a preguntar. Gracias, Sy.

Harry se volvió hacia Neville alzando una ceja.

—Parece que un plan se pone en marcha. —dijo Neville con renuencia.

Harry lanzó un ¡hurra! y llamó a Omi otra vez.

El elfo dijo que podía conseguir la poción, pero que iba a necesitar un par de días. Harry le dijo que se tomara su tiempo, que no había tanto apuro.

Severus regresó para la hora del almuerzo. Harry le dio a Remus la carta para Sirius, Remus prometió que se la llevaría. Después de comer, Remus se fue y ellos retomaron el programa habitual de las tardes.

Esa noche después de que Harry se durmió alrededor de las diez y media, Silas se levantó y fue a la biblioteca. Estuvo consultando libros sobre Encantamientos y Transfiguración, una hora después ya había reunido datos suficiente para la broma, eligió entonces un libro de Defensa y partió hacia la sala de duelos para practicar hechizos.

Poco después de medianoche volvió a la habitación. El búho real de Malfoy golpeteó en la ventana unos minutos más tarde. Silas lo dejó entrar y le ató a la pata la respuesta para Malfoy. Cuando el pájaro se hubo ido, Silas cerró la ventana y se fue a acostar.

oOo

La lechuza que traía la carta de Sirius lo despertó a la mañana siguiente. Harry corrió con el mensaje a la habitación de Neville.

Neville gruñó un poco por el despertar intempestivo, pero un minuto después estaban sentados juntos en la cama leyendo.

Hola pichón:

¡Gracias por la carta larga! Me encantó. Mi enhorabuena para Neville que se puede quedar una semana más. Vamos a tener que ir planeando muchas cosas divertidas para hacer todos juntos cuando yo vuelva. Moony habla maravillas de ustedes y lo que me contaste de la broma me llenó los ojos de lágrimas de emocionada alegría. ¡La nueva generación de Merodeadores entra en acción!

Pasando a otra cosa, estuve pensando un poco en eso de los estudios independientes que Snape les asignó para complementar los deberes de vacaciones. Les tiro una idea… ¿qué les parece empezar a practicar para llegar a ser animagi? ¡Y después podríamos salir todos juntos en manada! ¡Sería genial!

Sé que todavía son chicos… pero el estudio y la práctica les va a llevar muchos meses, años quizá… pero ni se imaginan lo divertido que es y a mí me salvó la vida más de una vez. Si terminan decidiéndose háganmelo saber, tengo un montón de libros que puedo prestarles.

Cariños.

Padfoot

—Oh… animagi… —susurró Neville estremeciéndose y cubriéndose la boca con las manos.

—Vos podés hacerlo, Neville. —lo animó Harry que podía adivinar las dudas en su amigo— Vos sos mucho más capaz de lo que pensás. ¡Y la idea de Sirius es estupenda! Creo que es lo que tenemos que elegir para los estudios independientes. ¡Estoy seguro de que vos vas a ser un tigre inmenso o algo así!

—Y vos vas a ser un gatito [kitten] peludito y suavecito. —dijo Neville riendo— Pero mejor apurémonos o vamos a llegar tarde para el desayuno.

Harry también rió, se bajó de la cama y corrió hacia la puerta. Pero cuando salió se chocó con Severus.

—¡Perdón! —se disculpó y le sonrió a su mentor— ¿Estamos atrasados?

—Eso podría decirse. —contestó Severus con una mueca de desdén— Date prisa, todavía tenés cuatro minutos.

—¡Sí, señor! —respondió Harry, le hizo la venia y retomó la carrera hacia su cuarto.

Severus bajó las escaleras reflexionando preocupado. Había estado unos minutos escuchándolos hablar a través de la puerta. Cuando estaba por entrar para reconvenirlos porque ya era tarde, se había quedado helado de golpe. Neville había hecho el comentario sobre el gatito. Y Harry no había reaccionado.

Apretó los labios. El lobo le había confiado cierta preocupación… y al parecer no había estado errado… era posible que Harry hubiera hecho a un lado la cuestión Kit-Lockhart… para no tener que enfrentarla. Iba a tener que confirmarlo… y quizá estuviera haciendo lo mismo con Rose.

oOo

—Hoy vamos a hablar sobre algo que quizá se nos quedó por el camino.

—¿Qué? —preguntó Harry sentándose en el sillón, en realidad no estaba muy deseoso de seguir hablando de Rose y los Dursley, el cambio no le parecía mal.

—Lockhart. —respondió Severus estudiándolo atentamente con la mirada. Harry pestañeó extrañado. Severus lo presionó un poco más. —Sólo quería asegurarme de que no habías vuelto a tener malos sueños al respecto.

—Ah… —dijo Harry sonriendo— En realidad, respecto a eso está todo bien, ya lo superé.

Severus frunció el ceño.

—Lo digo en serio. —le aseguró Harry.

—Ya veo. ¿Te acordás de que te había dicho que incluso después de integrar a Kit te iba a llevar cierto tiempo superarlo?

—Eh… sí… —contestó Harry con desconcierto.

—Bueno… a mí me resulta extraño que lo hayas superado tan rápidamente. Incluso después de enfrentar a Lockhart… no creo que eso pueda explicar de tu parte tanta… eh… ecuanimidad.

—¡Basta! —gritó Gabriel y saltó poniéndose de pie.

Severus se apoyó sobre el respaldo de su asiento, el cambió repentino lo había sobresaltado, pero su rostro no había demostrado ni demostraba ningún tipo de emoción.

—¡¿Qué es todo esto Snape?! ¿Teme que Harry haya resucitado a Kit? No pasó nada de eso, Harry lo superó. Por supuesto que sigue afectándolo en cierta forma no muy definida, pero ya superará eso también. ¿Para qué vuelve a traer a Lockhart sobre el tapete? ¿Cuál es el problema de que lo hayamos mandado al cuarto de los trastos? Siga con Rose, se supone que es con eso que tiene que ayudarlo ahora.

—Me temo que las cosas no son así. —respondió Severus muy calmo— Se supone, como Ud. lo expresa, que yo logre que Harry vuelva a ser una personalidad íntegra y fuerte. Mandar a Lockhart al trastero lo debilitará y terminará haciéndole más daño a largo plazo.

—¡Usted no puede obligarlo a que haga algo que le provoque sufrimiento! —bramó Gabriel— ¡Le estaría haciendo daño!

—Puedo animarlo y ayudarlo para que encuentre el modo de manejarlo. —contraargumentó Severus.

—¿Manejarlo? —repitió Gabriel con un bufido— Las cosas no son tan simples, Snape, y Ud. lo sabe. El daño que ese hijo de puta infligió no se puede categorizar y analizar fríamente para concluir luego que "bueno, ya está, ya pasó y a otra cosa". Toda esa mierda deja un rastro de cicatrices profundas. Y las cicatrices profundas nunca desaparecen por completo. Hasta ahora Harry viene curándose bien del daño psicológico que le causó ese gusano de Lockhart. Déjelo tranquilo y concéntrese en Rose.

—¿Y Ud. qué puede saber de lo que es mejor para Harry? —replicó Severus con una mueca de desdén— Ud. no lo sabe. Tapar el problema Lockhart es una nueva forma de huir y huir no es la solución, si lo fuera no estaríamos acá.

Los ojos de Gabriel ardieron de furia, pero de golpe se quedó como paralizado. Silas tomó el control, relajó el cuerpo, volvió a tomar asiento con elegancia y cruzó las piernas. De inmediato se dio cuenta de que era una actitud defensiva y las descruzó.

—Severus. —saludó Silas con un breve gesto.

—Silas. —saludó Severus a su vez— ¿Viniste a prestarle tu apoyo al Gryffindor? —preguntó sarcástico.

—Así es. —respondió Silas con tono despreocupado— Es un suceso raro, pero a veces Gabriel tiene razón. Y tiene razón en esta circunstancia. No insistas en el punto.

—No. —dijo Severus con tono neutro pero definitivo.

—No. —repitió Silas. Y durante un instante procedió a estudiarse las uñas. Luego alzó la mirada para enfrentar a los ojos negros que lo estaban escrutando.

—No importa lo que Ud. piense. —dijo Silas con voz muy baja— Tratar de forzar a Harry a que enfrente el daño remanente que dejó ese… hijo de puta… no tendría ningún sentido. Ha sido puesto bajo llave y lejos de su consciencia. Sabe lo que pasó, pero sólo a grandes rasgos, los detalles se perdieron en una nebulosa para él. Y prácticamente no ha vuelto a pensar en eso. Cualquier intento en esa dirección que intentes chocará con frustrante fracaso. Es algo que ya no está a su alcance.

—Eso es inaceptable. —dijo Severus con tono helado.

—Tendrás que conformarte. —replicó Silas sin ceder un ápice. La mirada se le endureció repentinamente y adquirió un brillo feroz. Severus que hasta ese instante había estado conteniendo el enojo, cambió de repente de actitud. La ira reprimida se trastrocó en preocupación.

—Te doy mi palabra de que el problema no ha sido olvidado y será considerado.

Silas dibujó una sonrisa sedosa. —En última instancia no importa quién de nosotros sea el que enfrente el problema. Ésa es tu teoría respecto de Boy, lo estás tratando antes de intentar cualquier tipo de integración. No veo por qué debería ser distinto en este caso.

Severus no sabía qué decir. Había comprendido que había sido Silas el que había absorbido las heridas psicológicas dejadas por Kitten. Y era indudablemente cierto que sería totalmente inútil hablar de Lockhart con Harry. Harry debía concentrarse en Rose.

—Está bien. —dijo Severus— Comprendo ahora el desplazamiento que se produjo. Pero eso significa que, además de Harry, vos también vas a tener sesiones de terapia conmigo. —decretó.

Una mueca despectiva fue la respuesta de Silas.

—Tenés que aceptarlo, Silas. —dijo Severus perentorio— Como lo dijiste hace un momento, es necesario tratar a Boy antes de intentar la integración, lo mismo se aplica en tu caso. De lo contrario cuando te integres resultarías dañino para Harry.

—Yo puedo manejarlo. —dijo Silas con tono neutro aunque por dentro bullía de disgusto y furia.

Severus era consciente de que en ese momento no convenía argumentar más, las palabras sólo podrían empeorar la situación. Le tendió una mano. Silas se puso de pie alejándose.

—No digo que esté perfectamente bien, pero sé que puedo encarar la cuestión sin tu ayuda.

Severus retrajo la mano. —Tendremos dos sesiones por semana. Si te negaras a salir, me veré obligado a explicarle claramente la situación a Harry, la actitud que pretendés tomar es dañina para Harry y eso no lo voy a permitir.

Los ojos de Silas fulguraban de rabia y había apretado los puños. No agregó nada más y se fue echando humo.

Severus no trató de detenerlo. Suspiró exhausto y se masajeó las sienes. Varias cosas se explicaban ahora. La violenta reacción de Silas a la "traición" y sus muy tibias objeciones a la escapada con Sirius.

Iba a tener que medir cada paso con mucho cuidado. Curar a un Slytherin iba a ser muchísimo más difícil. Las mentes de los Slytherin eran enmarañadas como junglas impenetrables. Innumerables obstáculos se interpondrían, llegar a la raíz del problema sería una tarea titánica y cuanto más grave fuera el trauma tanto más complejo sería encontrarle solución.

¿Cómo es posible que cada vez que empiezo a pensar que estoy haciendo progresos con este chico… me doy vuelta y noto que sigo en el principio?

oOo

¿Qué fue lo que pasó?, escribió Harry. Estaba sentado en la cama con las piernas cruzadas y el diario abierto sobre la falda. Todavía no eran las nueve y media y no se acordaba prácticamente nada de la sesión.

Nada, contestó Silas. Teníamos algunas cosas que conversar.

Sy, ¿está todo bien?, preguntó Harry nervioso.

Está todo bien, Harry, contestó Gabriel. Confiá en lo que digo.

Pero no en lo que yo digo, ¿es eso lo que quisiste decir?, escribió Silas sarcástico.

Haya paz, abogó Harry riendo. Yo confío en los dos. Y portate bien, Gabe. Sy, ¿se te ocurrió algo sobre la broma?

No, contestó Silas. Había perdido todo interés en la broma después de la discusión con el hijo de puta de Snape.

Ah… creo que le voy a escribir a Sirius, él seguro que me aporta alguna idea.

Gabriel se había dado cuenta de que Silas necesitaba un poco de espacio y decidió que él se ocuparía solo de atender a Harry.

Bien pensado, reírnos mucho nos va a venir bien a todos y a Sirius le va a encantar que lo incluyamos, lo animó.

Silas se lo agradeció tácitamente y fue a encerrarse a su habitación. Gabriel siguió charlando con Harry durante un rato hasta que Harry le dijo que iba a cortar porque tenía que escribir la carta y terminar la tarea.

Gabriel se sentó en el sofá de la sala de las Almas y fijó los ojos en la puerta de Silas. Él ya sabía que había sido Silas el que había absorbido todo lo negativo después de la confrontación con Lockhart. Él había sido testigo de todo.

La semana posterior a la visita a St. Mungo y el enfrentamiento con Lockhart fue quizá la más ajetreada que hubieran tenido hasta ese momento. Todos estaban muy cansados y sumamente irritables.

Gabriel salió de su habitación y se encontró a Silas sentado en el sofá, tenía la mirada lejana, como perdida en una ignota distancia. Cuando los alter querían prestar atención a lo que ocurría afuera, salían a la sala. Desde los cuartos se les hacía más difícil. Silas era el que menos tiempo pasaba en su habitación, su trabajo requería que estuviera casi siempre alerta, controlando y preparado para suscitar consejos —u órdenes— si llegaba a ser preciso.

Gabriel había venido a consultarle qué podían hacer respecto del estrés interno que los oprimía. Pero al verle el rostro tan extenuado, lo primero que le dijo fue que necesitaba descansar. Pero antes de que pudiera agregar más, Silas se puso rígido de repente y un resplandor rojo purpúreo lo rodeó, la espalda se le arqueó y de la boca le brotó un grito estrangulado. Gabriel no sabía qué hacer, le recordó la ocasión cuando Harry había rechazado el pársel, pero esa vez había sido algo distinto, como un relámpago.

No duró mucho, el resplandor se desvaneció unos segundos después. Silas se desplomó hacia un lado, soltó otro sonido ahogado, encogió las piernas y se cubrió la cara con las manos. Gabriel estiró una mano y se la posó sobre un hombro. Silas reaccionó con brusquedad y se la sacó de encima con un gesto violento.

¡No me toques! —le espetó con una voz áspera y quebrada que Gabriel no le había oído nunca.

¿Qué pasó? —inquirió con preocupación pero también un poco molesto.

Silas sabía lo tozudo que era el Gryffindor, no iba a soportar que lo abrumara más de lo que ya estaba, optó por la vía sensata y contestó: —Harry decidió que no estaba para manejar el asunto Lockhart por el momento y lo empujó a un lado. Me lo pasó a mí. Ahora con tu permiso…

Gabriel lo observó entrar en su habitación y cerrar la puerta. Unos segundos después oyó gritos de rabia y ruido de cosas que se rompían. El proceso destructivo se prolongó más de una hora. Cuando todo volvió a estar en silencio se acercó a la puerta, iba a golpear y le iba a preguntar si se encontraba bien, pero antes de que el puño hiciera contacto contra la madera, desde adentro le llegaron a los oídos, sordos gemidos de llanto.

Gabriel no había sabido qué hacer entonces, lo había dejado tranquilo y no había vuelto a mencionar la cuestión. Y cuando Harry integró a Rose, Gabriel llegó a la conclusión de que era mejor que Silas fuera el que cargara con las consecuencias del asunto Lockhart, Harry no habría podido manejar las dos cosas.

Por eso había reaccionado airado cuando Snape había mencionado el asunto. El equilibrio ya era muy inestable como estaban las cosas. Por eso había salido intempestivamente a defender a Harry y Silas. ¡¿Qué se metía Snape a hurguetear?! Pero más tarde se había puesto a reflexionar ya más calmo. ¿Y si Snape tenía razón? Porque Silas en algún momento iba a tener que afrontar la cuestión, no podía taparla indefinidamente.

Suspiró. Por el momento y hasta que Silas se sintiera mejor él lo sustituiría en las labores de control.

oOo

—¿No te da la impresión de que los árboles te están como observando, Severus? —preguntó Harry. Estaban mirando el dibujo que Neville había finalmente concluido después de tres días de trabajo. —Es un poco perturbador pero cautivador al mismo tiempo.

Severus siguió estudiando la obra con ojos críticos. Los detalles habían sido bien cuidados y las sombras bien aplicadas. Y sí era cierto que el grupo de árboles daba la impresión de poseer un par de ojos grandes y penetrantes si se los observaba con atención. —Harry tiene razón, esto es muy bueno. —sentenció finalmente devolviéndole la hoja a Neville.

—El cielo no me quedó del todo bien y el pasto luce demasiado estático. —murmuró Neville sonrojándose.

—La perfección está sobrevalorada. —dijo Severus— Si todo hubiera quedado perfecto los potenciales observadores reconocerían que es realista y que está bien logrado, pero perderían interés enseguida. Son las imperfecciones las que suscitan fascinación. Sé de grandes artistas que se pasaron buena parte de la vida perfeccionando sus imperfecciones.

—Lo que está tratando de decirte, Nev, es que es muy bueno y que nos gusta. Vos siempre estás desmereciendo todo lo que hacés. —dijo Harry y le dio un abrazo— Realmente, Nev, no es un imposible que a los otros les guste lo que hacés.

—No se me desmaye en el patio, Longbottom. —dijo Severus con humor, los ojos de Neville se habían desorbitado de asombro por los elogios. —Vamos, entremos a cenar antes de que Omi haga algo drástico.

Cuando cruzaron la puerta del comedor, Neville recuperó la voz. —Yo creo que vos mejoraste mucho tocando, Harry. Parece mentira que hayas avanzado tanto en tan solo un año.

—¡Gracias! —dijo Harry sonriendo complacido al tiempo que tomaba asiento al lado de Neville. —Me encanta tocar, siento que me trasporta a un lugar maravilloso.

—Entiendo muy bien lo que querés decir. —dijo Neville sonriéndole a su vez.

—A vos, Severus, ¿te pasa algo parecido con las pociones? —preguntó Harry.

—No exactamente. —contestó Severus desplegando una servilleta y depositándola sobre la falda. —Las pociones requieren mucha atención, no me puedo dar el lujo de que la mente me transporte a lugares idílicos. Pero para mi es una actividad que me distiende y me renueva.

—La cena, amo, señores… —anunció el elfo.

—Gracias, Omi. —respondió Severus.

—Humm… qué rico… como siempre… —dijo Harry y preguntó: —¿Podría quizá ayudarte a cocinar mañana?

—¡Oh, no, joven Harry! Yo no necesito ayuda en la cocina.

Severus notó la expresión decepcionada de Harry y decidió intervenir. —No quiso sugerir que necesitaras ayuda, Omi. A Harry le gusta cocinar tanto como a vos. Y hasta podrían intercambiar recetas.

—En ese caso, será un placer tenerlo a mi lado, joven Harry. —dijo Omi aunque con una nota de renuencia. Los chicos se echaron a reír. Severus, no. Pero sonrió complacido para sus adentros.

oOo

Esa noche, Silas estuvo leyendo más de una hora en la biblioteca. Y luego subió a practicar hechizos en la sala de duelos. A medianoche no había llegado ninguna respuesta de Malfoy.

oOo