Mente rota, alma quebrada

Juegos y bromas

Harry tomó asiento en el sofá para la sesión de terapia matinal. El desayuno había sido particularmente opíparo y le estaba dando un poco de sueño. Lo que lo volvía menos reservado.

—Comprendo que mis parientes se sentían incómodos con mis habilidades mágicas y les tenían miedo. —dijo con expresión reflexiva— Incluso he podido llegar a entender y a aceptar la posible envidia que sentía mi tía. Pero yo sigo siendo yo. Quiero decir… una persona que quería tenerles afecto, una persona a la que le importaba lo que ellos pensaban. Y yo me esforzaba mucho tratando de que fueran felices, tratando de que sus vidas fueran mejores. No puedo concebir que no llegaran a darse cuenta en algún momento. Yo soy un chico… y era por entonces un nenito… sinceramente no puedo entenderlo…

Harry se puso a llorar.

—No es tan simple. —dijo Severus tratando de que su voz sonara desprovista de emoción, lo cual no le resultaba fácil. —Aunque hubieran tenido la capacidad de darse cuenta de que eras un chico que necesitaba ayuda, habrían rechazado el concepto violentamente, porque aceptar eso habría significado admitir que todo lo que habían hecho estaba mal, era horrible y despreciable. No podían aceptar esa verdad, porque eso los habría signado como monstruos. Y no podían reconocerse monstruos.

—Eso no es justo… —dijo Harry enderezando la postura y secándose las lágrimas con la manga. Severus notó con satisfacción que por primera vez había un brillo de enojo en la mirada. —¡Yo no quiero que me odien! ¡Quiero que todos me acepten! ¡Incluidos ellos!

La ráfaga de ira no duró más que un momento y en su lugar dejó pena. —No quiero que ellos puedan volver a hacerme daño, pero no puedo evitar sentir el deseo de que ellos me hubieran amado y que nada de lo que pasó hubiera pasado. Me da mucha rabia que me trataran tan injustamente, pero sigo sintiendo que ellos siguen siendo… familia. Que yo pertenezco con ellos. Es muy difícil tratar de superar eso.

—Bien que lo sé.

Severus ya no pudo contenerse más, fue a sentarse a su lado en el sofá y lo rodeó con un brazo. —Pero vos no pertenecés con ellos Harry. Eso es algo que tenés que repetirte constantemente. Ellos actuaron mal. Son malas personas. Y sin duda eso te causa mucho pesar porque son tu familia, pero es la verdad. Vos no te merecías su maldad. Quisiera que trates de concentrar tu atención en las buenas cosas que hiciste y en las personas que te quieren. Y otra cosa importante, vos no le pertenecés a nadie excepto a vos mismo. Aunque sí le debés consideración a los que te quieren.

Harry lo miró, le sonrió y se recostó contra él. Era algo muy raro que Severus le brindara consuelo mediante el contacto físico y quería sacarle el mayor jugo posible. —Realmente ayuda tenerlos, a Neville y a vos a mi lado. Es muy reconfortante comprobar que hay quienes realmente me quieren. Me asombra que pueda ser real. —admitió con una mirada culpable.

—Eso me recuerda… —empezó a decir Severus, lo soltó, se puso de pie y volvió a su asiento— Tu empatía es muy poderosa y las emociones de Longbottom te afectan profundamente. Veo cuánto te esforzás haciendo todo lo posible para que no se deprima, incluso si eso implica actuar mucho más animoso y jovial de lo que realmente te sentís.

—¿Y eso está mal?

—En cierta forma. —dijo Severus, se reclinó en su silla, juntó las manos como en actitud de rezo y se las llevó a los labios. —Longbottom está convencido de que sos su amigo. Pero podría empezar a tener dudas si vos persistís en ocultarle tus sentimientos y problemas. Los amigos confían los unos en los otros y comparten las cargas. Me consta que podés y sabés cómo levantarle el ánimo. Pero no caigas en la costumbre de disfrazar siempre tus emociones.

—Entiendo. —dijo Harry— Perdón.

—No tenés que disculparte. Todavía no se ha transformado en un problema y lo has venido haciendo hasta ahora porque lo querés. — dijo Severus restándole importancia a la cuestión— Me preocupa más el asunto de la empatía, en realidad. No había conocido ningún caso de una empatía tan poderosa como la tuya. Y temo que cuando estés rodeado de mucha gente no vayas a poder tolerarlo. Tenés que aprender a ponerle límites, a bloquearla… de lo contrario no vas a poder sobrevivir en Hogwarts.

—¿Qué tengo que hacer entonces? —preguntó Harry mordiéndose el labio.

—Voy a enseñarte Oclumencia. Un arte que permite ocultar las propias emociones habitualmente, pero que en tu caso servirá para modular tu empatía de modo de que las emociones de los que te rodean no terminen abrumándote.

—¿Ahora?

—No. —respondió Severus y sonrió— Este tiempo es para la terapia y sólo para eso. Emplearemos una de las horas libres después del almuerzo.

Harry gruñó contrariado, pero accedió resignado.

—Creo que ahora podemos pasar a hablar de tu primo. —dijo Severus.

oOo

Remus llegó cuando estaban por sentarse a almorzar. Les estuvo contando un poco sobre la playa en la que estaba Sirius y sobre las cosas que habían hecho juntos. Severus se mantuvo en silencio, aparte de algunos gruñidos desdeñosos ocasionales que se acompañaban con muecas afines. Los chicos no le prestaron ninguna atención, las anécdotas de Remus los hacían reír mucho. Cuando terminaron la comida, Harry le prometió a Severus que volvería una hora más tarde para la lección de Oclumencia y partió con Remus y Neville.

—Tengo algo para ustedes. —dijo Remus. Estaban en el cuarto de Harry que se había transformado en el virtual cuartel general de planificación y estrategia.

—¿Qué? ¿Sirius encontró una solución para el problema de la miniaturización? —preguntó Harry entusiasmado.

—Así es. —respondió Remus riendo— Y también les manda varios libros sobre cómo llegar a ser animagi y todos sus apuntes sobre el tema.

—¿En serio? —preguntó Neville interesado.

—¡Eso vendrá después! ¿Que tenemos que hacer para transformarnos en pequeños Snapes.

En ese momento apareció Omi con un pop. —Omi consiguió la polijugos, jóvenes señores. Hay suficiente para los dos.

—¡Más oportuno imposible, Omi, gracias!

El elfo le entregó los frascos y luego empezó a bailar dando saltitos de contento y riendo como un chico. Todos se rieron un buen rato y luego retomaron la elaboración del plan. Iban a tener que estudiarse el encantamiento que los reduciría de tamaño y tenían que decidir cuándo iban a poner en práctica la broma. Remus los ayudó todo lo que pudo. Harry tuvo que disculparse cuando se cumplió la hora y salió presuroso para la lección de Oclumencia. Remus invitó a Neville a dar juntos un paseo y Neville aceptó gustoso.

oOo

Cuando Harry entró en la salita, Severus ya estaba allí, parado de pie junto a la chimenea y con un vaso de whisky en la mano. Lo tomó como una mala señal. Cuando Severus recurría al licor, habían sido muy contadas las veces durante las sesiones, era porque las cosas iban a ponerse muy complicadas.

—Sentate. —le indicó Severus con un gesto.

Harry obedeció y lo miró expectante.

—La Oclumencia es un arte muy complejo y difícil. —comenzó Severus hablando lentamente, con ese tono melodioso y profundo que en Harry siempre inducía una total distensión. —En cierta forma es lo opuesto a la Meditación. Meditar implica abrirse completamente. La Oclumencia es el arte de cerrar la mente, de hacerla impenetrable. Cuando se medita uno absorbe todo lo que lo rodea y se libera de todo vestigio de individualidad. Uno se expande y se confunde con el medio y todos los patrones de pensamiento cesan por completo. La Oclumencia consiste en forzar la individualidad a lo más profundo dentro de uno y requiere luego que uno se concentre en una sola cosa hasta transformarla en un muro viviente que separe al mundo del ser interior. ¿Podés entenderlo, Harry?

—Sí. —respondió. Pero sentía como si estuviera a punto de dormirse.

Severus se sintió satisfecho con el resultado. Lo necesitaba los más relajado posible. Tomó asiento en el sofá a su lado. —¿Confiás mí?

—Sí. —respondió Harry sin vacilar.

—Distendete. —dijo mirándolo a los ojos pesados de sueño.

Severus no tuvo ninguna dificultad para introducirse en su mente. Pensamientos serenos danzaban perezosos alrededor. Con cautela, Severus buscó recuerdos, no le costó encontrarlos. Había algunas barreras naturales pero Severus pudo franquearlas maniobrando con habilidad.

Miró alrededor y distinguió una puerta a cierta distancia. Presumió que sería la que llevaría a los otros alter. Quiso identificar recuerdos relacionados con el tío de Harry pero curiosamente había muy pocos. Infirió que las experiencias y recuerdos de los demás alter estaban separados y que sólo podían alcanzarse con Legilimencia los del alter en control. Era algo bueno. Particularmente si Dumbledore intentaba la técnica en el futuro. Al menos en parte Harry iba a estar protegido.

Severus se retiró con delicadeza de la mente de Harry y lo atrajo guiándolo dentro de la suya. Harry opuso resistencia, pero Severus lo calmó proyectándole seguridad y confianza. Ya en la mente de Severus, Harry giró la cabeza estudiando el entorno pero se cuidó muy bien de no tocar nada y no intentó sondear los recuerdos que cuales peces en un arroyo relampagueaban y destellaban a su alrededor.

Harry observó con asombro que repentinamente el arroyo empezaba a crecer, transformándose primero en un río y luego en un océano. Y ya no quedaba nada que le indicara que estaba en la mente de una persona, sólo agua ondulante. Se estremeció, no quería pensar lo que podría pasar si las aguas se encrespaban. Pero por el momento lo acunaban calmas. Luego recibió un empujón, no muy intenso, pero firme. Y se encontró de regreso en la salita. Parpadeó varias veces desorientado hasta que se fue ubicando. Primero fueron reestructurándose los colores, luego los sonidos y finalmente el tacto. Volvió a sentir el contacto de la ropa sobre la piel y el del sofá en que estaba sentado. Realmente era todo muy extraño, tuvo que sacudir la cabeza varias veces para reaccionar del todo.

—¿Pudiste seguir lo que hice? —preguntó Severus mirándolo directo a los ojos.

—Creo que sí. —contestó frunciendo el ceño.

—Puede ser cualquier cosa que vos elijas. No necesariamente tiene que ser un elemento. Podemos probar varias cosas hasta que te decidas.

Severus bebió un sorbo del vaso.

Harry frunció el ceño aun más. —¿Pero cómo voy a hacer para ocluir y funcionar normalmente al mismo tiempo?

Severus sonrió con ojos divertidos. —Lo que elijas actuará meramente como un escudo. Una vez que lo levantes podés resguardarte detrás y seguir pensando normalmente. Por supuesto requiere un poco de práctica hasta que se vuelve algo automático que no requiera tu atención.

—Creo que entiendo, ¿qué tipo de escudo te parece que me vendría bien?

—Eso lo tendrás que decidir vos… puede ser un objeto… una flor, una snitch…

—El cielo. —dijo Harry— Siempre me fascinó el cielo y creo que ésa es una de las razones de que me guste tanto volar.

—El cielo es una buena alternativa. —aprobó Severus— ¿Qué tipo de cielo? Tenés que imaginártelo con minucioso detalle para que puedas concentrarte en él. ¿Hay nubes? ¿Se ve el sol? ¿Cuál es el tono exacto de azul? ¿Qué temperatura hace? ¿Sopla viento?

Harry gruñó. —Me parece que me lo estás haciendo más difícil a propósito.

—Te aseguro que no soy yo el que la complica, la materia es muy difícil de por sí. Ahora cerrá los ojos y empezá a construir tu cielo.

oOo

Horas más tarde y ya después de la cena, Severus y Neville estaban terminando la partida de ajedrez. Boy se había refugiado en un rincón del cuarto y cada tanto dejaba oír un gimoteo. Habían progresado un poco. Boy casi no había gritado ni rogado y el llanto manifiesto había sido reemplazado por los gimoteos ocasionales.

Cuando se cumplió el tiempo que habían previsto, Harry volvió a salir sin inconvenientes.

—Avanzamos lento pero seguro. — le dijo Severus. Neville le sonreía. —Ahora andá a descansar.

—Buenas noches, profesor.

—Buenas noches, Severus.

Los dos estaban muy cansados. Mientras Neville tomaba un largo baño relajante, Harry aprovechó para contestarle a Ron que le había escrito contándole varias cosas. Cuando Neville finalmente dejó el baño libre él también fue a tomar un largo baño para distenderse.

oOo

Cuando volvió del baño, sintiéndose cálido y muy relajado se encontró a Neville sentado en la cama esperándolo.

—Te ves mejor. —le dijo.

—Estuve charlando con Remus. —dijo sonrojándose— Él también tenía la costumbre de cortarse.

—Me alegra que esté ayudándote. —dijo Harry y lo abrazó. Ya se había dado cuenta de que él era el único que podía abrazarlo sin que Neville se pusiera tenso. —Severus me está ayudando con los recuerdos de cuando vivía con los Dursley… es muy duro.

—¿Querés contarme? —aventuró Neville tentativamente.

Y Harry empezó a contarle algunas cosas sobre Rose, pero sin entrar en demasiados detalles porque no quería que se trastornara. Y realmente le hizo bien confiarse con alguien de su edad. Lo hacía sentirse más fuerte.

—¡Oh, Harry! —se lamentó Neville y lo abrazó— ¡Siento tanto que te hicieran esas cosas! ¡Qué hijos de puta!

—Severus opina igual. —dijo Harry riendo.

—¿Y vos vas a estar bien?

—Creo que sí. —contestó Harry bostezando— Ahora te tengo a vos, a Severus, a Remus y a Sirius. Y todos me cuidan.

—Buenas noches. —se despidió Neville abrazándolo— Te quiero, Harry.

—Yo también te quiero, Neville. Buenas noches.

oOo

Silas salió de la biblioteca y regresó al cuarto. Todos en la casa dormían. Era su hora preferida. Lo hacía sentir tan bien poder salir y estirarse. Y esa noche estaba incluso de mejor humor porque había recibido carta de Malfoy.

—Volvé mañana por la respuesta. —le había ordenado al búho real. El ave había ululado como con enfado y había partido.

Estimado Potter:

¡Qué interesante! ¿Así que vas a contestar mis preguntas? Muy bien, aquí van: ¿Qué fue lo que pasó realmente entre vos y ese imbécil incompetente de Quirrell? ¿Qué fue lo que pasó en verdad en la Cámara de los Secretos? ¿Y qué ocurrió a finales del año pasado? Sé que vos tuviste que ver con las tres cosas. ¿Te placería arrojar algo de luz sobre esos misterios? Pero, por supuesto, ya me habías advertido que podías ser muy evasivo sobre cuestiones que te implicaran demasiado directamente… quizá convenga que te plantee otras preguntas adicionales sobre tópicos menos sensibles.

¿Es cierto que por pedido de Dumbledore, su padre le ordenó al Weasel en primer año que se hiciera amigo tuyo? ¿Es cierto que tu amiguita nacida de muggles ha estado reportándole de manera periódica y continua información sobre vos al director? ¿Se los instruyó específicamente para que te mantuvieran conforme y evitaran que te hicieras otros amigos, incluso de tu propia Casa, para que eso no socavara el control que Dumbledore ejerce sobre vos?

Bueno, creo que por el momento es suficiente. Y aunque le pongas freno a tu labia y me escatimes información, que no te quepa duda de que terminaré por averiguar la verdad. Pero presumo que siquiera algunas respuestas me proporcionarás. Y como muestra de mi buena fe procedo a continuación a revelarte ciertas cosas que pueden interesarte.

Viejos amigos de mi padre le informaron que hubo otra perturbación en la seguridad de la cárcel de Azkaban. Parece que el ejemplo de Black inspiró a otro… que también logró escaparse. No dispongo por el momento datos sobre la identidad del prófugo… pero sí detalles sobre cómo lo consiguió. Habría fingido su propia muerte y cuando tiraron el "cadáver" al mar logró fugarse. Fascinante, ¿verdad? Dos fugas en menos de un año de una cárcel de la que supuestamente nadie puede escapar. Una demostración más de que nada es imposible.

Tuyo,

Serpentine

P.D.: Gracias por el apelativo, Potter. Creo que voy a adoptarlo. Bien hallado y muy apropiado.

Silas volvió a leerla para asegurarse de captar todas las insinuaciones implícitas. ¿Así que nada es imposible? ¿Incluso un Slytherin poniéndose en contra del Señor Oscuro? ¿Acaso Draco estaba sugiriendo que sus alianzas actuales no lo satisfacían del todo? Silas desconocía cómo había sido la vida de Draco mientras crecía y cómo era cuando no estaba en la escuela. Y las máscaras son muy útiles cuando de ocultar cosas se trata. ¿Cuánto habría de mera actuación en el comportamiento que Draco desplegaba en Hogwarts? ¿Era algo que le interesara descubrir?

Sí.

¿Por qué? Era divertido jugar con el Slytherin desde una posición de ventaja. Y era agradable poder conversar con alguien que no abrigara expectativas o preconceptos. Le había insinuado que las apariencias pueden ser engañosas y Draco había mordido el anzuelo. Y se había mostrado a entablar un intercambio que podía tener consecuencias inciertas. No se conocían, no se caían bien uno al otro. Y era justamente eso lo que lo tentaba.

Se trataba de un juego riesgoso y apasionante. Un ejercicio de astucia y manipulación. Lo hacía sentir libre y le permitía siquiera por momentos olvidarse de cosas más complejas y difíciles de la vida. Así fue que Silas se sentó al escritorio y empezó a elaborar su respuesta. Iba a jugar a hacerse el difícil. Suministrando la información muy dosificada, prometiendo dar más para así obtener más a cambio.

Le contó una versión bastante expurgada de lo ocurrido en primer año. Naturalmente que no mencionó el Trastorno de Personalidades Múltiples. Pero sí le dijo que él y los otros dos habían podido descubrir el misterio del paquete que había estado guardado en la bóveda de Gringotts. Cuando llegó a la parte del enfrentamiento con Quirrell no mencionó a Demon por supuesto, le contó la mentira de Dumbledore. Que había sido el amor de su madre el que había reducido a polvo a Quirrell, el poseído. Tampoco se molestó en aclararle por quién estaba poseído. Si Draco no podía deducirlo por su cuenta, no merecía que se lo dijera.

Y con respecto a las preguntas sobre Ron y Hermione… no contestó nada. Tenía serias dudas de que las especulaciones fueran ciertas. Esos dos no le caían bien, pero a Harry sí. No podía traicionarlos sin crear un serio conflicto con su anfitrión… a menos que pudiera reunir pruebas contra ellos de mucho mayor peso que la información de segunda mano provista por un Slytherin en el que no confiaba. No mencionó nada, por lo tanto. El silencio puede ser también elocuente, que Draco sacara sus propias conclusiones.

Pensó durante unos momentos antes de firmar, finalmente se decidió y escribió: Shadow [sombra].

oOo

La mañana del sábado 28 de junio prometía ser muy soleada y agradable. El sábado era el único día que los chicos disponían libre. Así lo había decretado Severus que consideraba que dos días libres a la semana eran demasiados.

Severus suponía que iba a desayunar solo, presumiendo que sus huéspedes optarían por dormir hasta más tarde. Grande fue sorpresa cuando al entrar al comedor se encontró con dos réplicas iguales de sí mismo, aunque de menor tamaño, ya sentadas a la mesa.

Su asombro fue en aumento cuando ambas cabezas se voltearon a mirarlo. Los rostros reproducían con fiel exactitud la expresión desdeñosa tan característica de él, la misma que solía practicar frente al espejo.

—¿Qué creen que están haciendo? —demandó con la más negra e intimidatoria de sus miradas. Seguramente Longbottom no tardaría en delatarse.

Sin embargo, fueron muy pobres las reacciones que obtuvo. Uno de ellos había permanecido imperturbable, el otro apenas si había fruncido ligeramente el ceño.

—Buenos días, profesor. —saludó el de la derecha, era el que había fruncido el ceño.

—¿Le placería unírsenos para el desayuno? —invitó el otro señalando con un gesto lánguido de la mano el plato ya servido ubicado en el lugar libre de la cabecera.

Severus apretó las mandíbulas, ¿¡cómo tenían el descaro de usar su voz y sus gestos en su contra?! ¿¡Qué significaba todo eso?! Se había quedado inmóvil junto a la puerta, no podía concebir tamaña insolencia.

—¿Debería sacarle puntos por desperdiciar una comida tan nutritiva y apetitosa? —preguntó el de la izquierda con sorna.

Severus lo taladró con ojos furibundos, ése tenía que ser Harry, Longbottom jamás se hubiese atrevido a decirle algo así. De todas formas no podía quedarse toda la mañana parado donde estaba, fue a ocupar su asiento.

—No se inquiete, profesor. El cambio no es permanente. Pero me encantaría ponerme a preparar alguna poción, quien le dice, en una de esas mis habilidades se han incrementado… —dijo el otro. Severus empezó a dudar de su hipótesis inicial, eso tampoco sonaba como algo que Longbottom pudiera haber dicho.

—Va a necesitar mucho más que un cambio de apariencia para mejorar sus deplorables capacidades para las pociones. —replicó Severus con brusquedad. Luego se permitió alzar una comisura y agregó: —Aunque debo admitir que ha sabido elegir el mejor aspecto para alcanzar ese propósito.

—¿Qué otra cosa sugiere Ud. que haría falta? —inquirió el de la derecha con suficiencia.

—Un milagro. —respondió Severus con un bufido mezclado con risa.

No hubo respuestas en voz alta, uno se limitó a alzar una ceja, el otro no disimuló un visaje despreciativo.

Se pusieron a comer. El desayuno transcurrió con intercambios similares. Severus seguía sin estar seguro de quién era quién. Se transformó en algo gracioso, ridículo, pero divertido también. Y a Severus siempre le habían gustado los desafíos. Y disponía de tiempo para adivinar.

Los chicos lo siguieron durante toda la mañana, excepto cuando se escapaban durante breves intervalos, seguramente para restaurar el efecto de las pociones. Incluso se animaron a bajar con él al sótano. Severus sonrió para sus adentros, no tardaría mucho en resolver el enigma, ¡nadie podía ser peor que Longbottom en Pociones! Sin embargo, los chicos se manejaron con prudencia y sagacidad, se limitaron a asistirlo preparando y acondicionando algunos ingredientes. Severus pronto se dio cuenta de que iba a tener que apelar a otro recurso.

—¡Potter! —bramó de repente.

No resultó como él esperaba. Los dos se volvieron al mismo tiempo y lo miraron, con inocentes expresiones expectantes durante unos segundos que se fueron contaminando con sonrisas sobradoras un momento después. Eran muy conscientes de que habían ganado otro round.

—¡Esto es ridículo! —gruñó impaciente, el juego se había prolongado más de tres horas— ¡Vayan ya mismo a recuperar el aspecto normal! —demandó.

—¿Ya se dio por vencido, profesor? ¿Tan pronto?

Severus apretó los labios y enfiló bufando hacia la escalera. Los chicos intercambiaron una sonrisa y fueron detrás de él siguiéndolo como pollitos a una gallina.

Cuando pasó por delante de la puerta del comedor fue encandilado por un resplandor repentino. Sacó de inmediato la varita para enfrentar al presunto atacante. Que no era otro que el lobo sosteniendo una cámara fotográfica.

—¡Vos fuiste el que los incitaste a esto! —aulló clavándole la punta de la varita en la barbilla.

—¿Yo? ¿Cómo se te ocurre que podría ser capaz de algo así? —preguntó Remus con voz dulce y sonrisa inocente— Y creo que es un gran cumplido que se tomaran tanto trabajo para emularte.

Su fastidio mermó un poco durante el almuerzo. Los chicos se habían cuidado de no delatarse cuando hablaban con él, pero habían cometido deslices en sus intercambios con Remus. ¿Así que estaban muy satisfechos de haber podido engañarlo? Sonrió para sus adentros y empezó a tramar el desquite.

—Harry, —dijo dirigiéndose al de la derecha— necesito conversar unas palabras con vos. En privado.

—¿Acaso no puede esperar hasta que hayamos terminado de comer? —intervino el de la izquierda. Remus tuvo que taparse la boca para contener la risa, el tono y las expresiones remedaban con sorprendente exactitud las de Severus

—Mal puede considerarse éste el momento más oportuno. —replicó desdeñoso el aludido.

—Me temo que no puede esperar. Iba a comunicártelo esta mañana pero tuve que postergarlo por todo este circo pueril que desplegaron. Ahora acompañame.

—Pero, ¿cómo puede estar seguro de que soy Harry? —argumentó el chico cruzando los brazos sobre el pecho y alzando una comisura.

—No dudes de mi habilidad, niño. —dijo con voz helada— Me di cuenta de quién era quién esta mañana apenas entré a desayunar. Les estuve siguiendo la corriente. Vení conmigo… ¡ya mismo!

Todo el humor se había esfumado del recinto. El pequeño Snape bajo ataque se puso de pie y lo siguió hasta el estudio. Severus cerró la puerta y lo encaró sin demora.

—Habíamos estado conversando sobre lo que harías el próximo verano. Hoy recibí una respuesta afirmativa a la solicitud que habías enviado. Felicitaciones. Yo te voy a asistir en todo lo que sea necesario comprar.

—Gracias, señor. —contestó el pequeño Snape con incertidumbre en los ojos.

—Sé cuántas esperanzas habías depositado en esto y me complace mucho que las cosas se hayan dado tan bien. Dentro de cinco minutos se vence el plazo para la aceptación, así que hay que hacerlo ya mismo. Y supongo que estarás ansioso de ir a comunicarles la novedad a tu amigo y al lobo mugriento.

Severus sacó un rollo de pergamino del bolsillo, lo desenrolló un poco y se lo entregó. En el parte inferior había un espacio en blanco para que estampara la firma. Severus se encaminó hasta el escritorio. El pequeño Snape se había quedado como petrificado en el mismo lugar, manifiestamente confundido.

—¿A qué estás esperando? —lo urgió Severus— ¡El tiempo apremia! ¡Vení a firmarlo!

El chico reaccionó y salió corriendo y gritando. —¡Harry!

Severus sonrió y lo siguió.

—¡Harry! —gritó Neville frenético entrando al comedor— ¡Rápido, tenés que firmar esto o el plazo de aceptación se va a vencer!

Remus había fruncido el ceño y Harry se había puesto de pie.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Harry desconcertado.

—¡El contrato de verano! —gritó Neville histérico y empezó a farfullar una explicación. Pero ya era tarde, ante sus ojos espantados el rollo se disolvió en sus manos transformándose en una pequeña nube de humo.

—Borre esa expresión de mi cara, Longbottom. —dijo Snape, estaba parado junto a la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho— Es muy poco digna. El juego se terminó. Yo gané.

—¿Quiere decir que esto no fue más que un truco para engañarme? —demandó Neville.

—Naturalmente. —respondió Severus alzando una comisura.

—¡Oh, gracias a Merlín! —exclamó Neville con gran alivio y se desplomó en su silla.

Todos se echaron a reír. Incluso Severus.

oOo

Todos quedaron muy contentos por como había resultado lo de la broma. Remus se había llevado a revelar las fotos que Omi disimuladamente había estado tomando durante toda la mañana. Harry estaba ansioso por verlas.

Se recostó en la cama y se puso a pensar en el otro plan que había estado urdiendo con Remus. Dos sábados más adelante pensaban llevar — sin prevenirlo— a Neville al pueblo para comprarle ropas muggle.

En ese momento el pergamino de Ron entró en actividad.

Harry, cumpa… ¿estás ahí?

Sí, Ron. ¿Recibiste mi mensaje?

Sí, esa broma que le hiciste a Sirius es genial. ¿Cómo lo conseguiste?

Harry le había contado lo de la broma, pero obviamente no había podido decirle que se la habían jugado a Severus. Secreto mío, escribió enigmático. Supuso que Ron se iba a irritar con la respuesta, pero no fue así.

Oh, bueno… si no querés decirme no importa. Porque se lo conté a los mellizos y ellos se pusieron a especular enseguida. Así que ya me hice una buena idea del posible procedimiento. Te mandan saludos y me pidieron que te diga que están muy contentos de que la estés pasando bien.

Mandales saludos y gracias de mi parte. Escribió Harry sonriendo.

Si sacaste fotos, más adelante quiero verlas.

Veré qué puedo hacer. Buenas noches, Ron. Mañana hablamos de nuevo.

Buenas noches, Harry.

Había sido un día muy bueno. Enrolló el pergamino y lo dejó sobre la mesita. Apagó las luces y se acostó a dormir con una sonrisa en los labios.

oOo

Transcurrió una semana normal, sin sobresaltos. Los dos habían completado los deberes de vacaciones y Severus había aprobado el proyecto de estudios independientes. Habían empezado a estudiar sobre la transformación animagus.

Pero el martes cuando Harry entró en la salita después del desayuno para la sesión de terapia su mentor dijo con calma pero también con determinación: —Necesito hablar con Silas. Teníamos un acuerdo que él no cumplió. Si vos no tenés inconveniente, quisiera suspender la sesión de hoy para arreglar las cosas con él.

Harry frunció el ceño pero accedió. Recostó la cabeza sobre el respaldo, cerró los ojos y se distendió. Pasaron varios minutos. Volvió a abrirlos y se encogió de hombros. —No pasa nada, señor.

—Ya veo. —dijo Snape y adoptó una expresión grave— Hay algo que tengo que comunicarte, entonces.

Tal como Severus había esperado que ocurriera, Gabriel tomó el control de inmediato. Lo miró con muy mala cara, se puso de pie y enfiló hacia la puerta. Pero Severus la bloqueó con un movimiento de varita.

Gabriel dejó oír una maldición y volvió sobre sus pasos con la varita en alto. —Déjeme salir, Snape. Ud. ya sabe lo que pienso de esto. No es necesario. —dijo amenazador.

—Soy perfectamente consciente de lo que es y de lo que no es necesario. Y esto lo es. —dijo Severus inflexible— Y también soy consciente de que las sesiones tal como las hemos encarado con Harry no van a servirle a Silas. Ud. mejor que nadie debería saber lo peligroso que es dejar que una situación peligrosa llegue al punto en que todo se pudre.

Gabriel no contestó de inmediato. Severus esperó. Sabía que estaban debatiendo internamente. Lo intrigaba la actitud celosamente protectora que Gabriel recientemente había desarrollado con respecto a Silas. Siempre había considerado que existía rivalidad o en el mejor de los casos tolerancia/indiferencia entre ellos. Pero últimamente se comportaban como aliados/amigos. Severus empezaba a sospechar que había algo de crítica importancia que era desconocido para él. Sin embargo no pudo continuar con sus reflexiones, Silas acababa de reemplazar a Gabriel.

Silas entrecerró los ojos y se cruzó de brazos. —¿Qué es lo que quiere, Snape? —preguntó, no parecía tener intenciones de volver a sentarse. Quería mantener la mayor distancia que fuera posible. Trató de que no se le notara la inquietud que sentía, aunque temía que Snape ya hubiera dado cuenta. Irritación, desdén y enojo dominaban en su mente. —Esto es un desperdicio de tiempo. No tengo nada que hablar con Ud.

—¿Y cuál es la razón? —preguntó Snape con calma.

Silas no contestó. Se quedó mirándolo con expresión impasible, esperando. Consideraba que era el turno de Snape de mover. Él no iba a agregar nada más. Snape terminó por darse cuenta de cómo se planteaban las cosas.

—Está bien. Si Ud. no quiere que hablemos de Ud., entonces seré yo el que hable… de otro tema.

Snape se reclinó sobre el respaldo y depositó las manos sobre la falda. —En realidad quiero contarle una historia. Mi historia.

Silas se distendió un poco, Snape lo notó y lo invitó con un gesto a que tomara asiento. Silas así lo hizo. Snape alzó una comisura y comenzó su relato.

oOo