Mente rota, alma quebrada
Hola Padfoot, adiós Neville
Harry y Neville fueron despertados abruptamente a la mañana siguiente cuando Sirius irrumpió en la habitación portando regalos, llevaba tantos entre los brazos que la pila le tapaba la cara.
—¡Feliz cumpleaños, chicos! —saludó dejando caer los paquetes sobre la cama.
—Pero… pero si no es hasta mañana… —farfulló Neville con desconcierto. Había paquetes de todos los tamaños, algunos muy grandes otros pequeñitos.
—Mañana ya no vas a estar acá. —señaló Sirius sonriendo— Y queremos celebrar con vos también… ¡Feliz cumpleaños!
—¡Gracias, Sirius! —exclamó Harry riendo contento— ¿Todos estos son para nosotros?
—Así es. —confirmó Sirius y con un salto acrobático se subió a la cama cayendo pesadamente sobre el colchón que se sacudió haciendo rebotar a los chicos. Las risas se multiplicaron.
Neville vio a Remus que había entrado un momento antes y amagó a bajarse de la cama para ir a saludarlo. Pero Remus se le adelantó, tomó carrera y lo tacleó haciéndolo caer nuevamente sobre el colchón. Intercambió una mirada cómplice con Sirius y los dos adultos atacaron con una artillería de cosquillas. Cuando finalmente cedieron dos minutos después, Harry y Neville estaban jadeantes de risa.
—Entonces… ¿cuáles son los de Neville y cuáles los míos? —preguntó Harry cuando hubo recuperado un poco el aliento.
—Los de cinta dorada son tuyos y los de cinta roja los de Neville. —explicó Sirius empujando los paquetes en dirección a ellos— ¿Y a qué están esperando? ¡Desenvuélvanlos!
—¿Ahora? —dijo Harry dubitativo— Quiero que esté Severus.
—No es navidad, Padfoot. —dijo Remus riendo— No tienen que abrirlos enseguida.
Sirius gimió con exagerado dramatismo. —¡Pero eso es tan… aburrido! ¿Y a quién le importa Snape? Abrilos ahora.
—Sirius… —lo reconvino Harry si bien en tono de broma.
—Oh… está bien… me voy a comportar… —se resignó Sirius haciendo un puchero. Y se bajó de la cama de un salto. —Dense prisa y bajen, pueden desenvolverlos durante el desayuno.
oOo
Cuando entraron al comedor, Sirius estaba subido a la mesa colgando guirnaldas y globos usando la varita. Remus estaba tratando de convencerlo de que ya había demasiadas decoraciones.
—¡Por supuesto que no son suficientes, Moony! Catorce años se cumplen una sola vez en la vida. ¡Y todavía faltan las serpentinas!
—¡Bajate ya mismo de mi mesa, Black! —bramó la voz de Severus que acababa de entrar. Los chicos se sobresaltaron y se les cayeron varios regalos de los que portaban entre las manos. Sirius estaba por protestar, pero Remus lo agarró y lo bajó de la mesa como si no pesara nada.
—Ésta me la vas a pagar, Moony.
—Pongan todos esos paquetes afuera en un rincón. —les ordenó Severus a los chicos, que se apresuraron a obedecer.
Severus tomó asiento en la cabecera como era habitual y los chicos uno a cada lado, también como siempre. Remus se sentó del otro lado de Neville y Sirius del otro lado de Harry. Omi apareció y empezó a servir.
—¿Los platos están canturreando el Cumpleaños feliz, Omi? —demandó Severus con voz peligrosa.
—Sí, amo. —respondió el elfo temeroso— El señor Sirius los trajo, ¿prefiere que los reemplace por la porcelana habitual?
—¿Dónde perdiste tu espíritu cumpleañero, Snape? —intervino Sirius— Apenas si es un susurro, ¿a qué tanto remilgo? ¿Y ya los felicitaste?
—Lo haré cuando sea apropiado. —replicó Severus desdeñoso— Los demás que hagan lo que quieran, pero yo prefiero una vajilla muda.
—Sí, amo. —dijo Omi y le reemplazó el plato de inmediato.
Severus se puso a comer ignorando por completo a todos los otros. Sirius le hizo unas morisquetas burlonas, Remus lo pateó por debajo de la mesa. Neville bajó la cabeza para disimular la sonrisa, pero Harry se volvió a mirarlo rogándole con los ojos que no lo hiciera enojar. Sirius suspiró y se avino.
—Entonces… ¿qué les gustaría hacer hoy? —preguntó Remus con una sonrisa.
—No podemos tener una fiesta como se debe, ni tampoco podemos ir a algún lado divertido, pero eso no significa que tengamos que aburrirnos. Podemos buscar alternativas para pasarla estupendo. —dijo Sirius con una sonrisa pícara y cómplice.
—¿Haciendo qué? —preguntó Harry con curiosidad.
—Neville y vos podrían desafiar a Sirius a una competencia en la sala de juegos. —sugirió Remus— A este viejo le está haciendo falta ponerse en forma, la práctica no le va a venir mal.
—¡Viejos son los trapos, che! —reacciónó Sirius fingiéndose muy ofendido y le arrojó un pancito a la cara.
—Parece una muy buena idea. —dijo Harry. Mucho le hubiese gustado invitar a Severus, pero ya había detectado que no estaba de humor. —¿Te parece que podamos vencerlo, Nev?
—Hum… no sé… pero es lo más probable.
—Te voy a hacer tragar esas palabras. No se ha inventado juego en el que yo no sobresalga. —replicó Sirius.
—Excepto cualquier juego que requiera el uso del cerebro. —dijo Severus poniéndose de pie. Y antes de que Sirius pudiera responderle nada salió del comedor.
Sirius empezó a mascullar insultos por lo bajo.
—Pará con eso. —dijo Harry castigándolo con un suave golpe en el brazo— Dejate de refunfuñar y vayamos a jugar.
Se pasaron varias horas en la sala de juegos. Nadie pudo vencer a Harry en Horda de snitches, pero a Remus le faltó muy poco. Sirius se impuso en Blaster y Remus en el juego de esquivar. Por su parte, Neville fue el vencedor en el ajedrez de cuatro. Todos se divirtieron a mares.
—¡Nos olvidamos de los regalos! —exclamó Sirius después de felicitar a Neville con un abrazo por la victoria ajedrecística.
Salieron corriendo y bajaron precipitadamente las escaleras.
—¡No están! —exclamó Harry señalando el rincón vacío.
—¿¡Cómo…!?
Harry, llamó a Omi. —¿Dónde están los regalos?
—Sobre la mesa en la sala de estar, joven Harry. ¿Los jóvenes van a desenvolverlos ahora?
—Sí, Omi. ¿Podrías avisarle a Severus, por favor?
—Por supuesto. —respondió el elfo y desapareció con un pop.
—Oh, Harry… —se quejó Sirius— ¿Para qué lo mandaste a avisarle?
—Severus es mi mentor, Siri. Y yo lo quiero. Y quiero que comparta este momento con nosotros.
Sirius lo miró muy decepcionado y había estado a punto de decir algo, pero Remus lo previno con una severa mirada desaprobadora. Sirius cerró la boca resignado y para aliviar la tensión generada exclamó: —¡El último cola de perro! —y partió corriendo hacia la sala de estar.
Unos minutos más tarde, los chicos estaban sentados en el sillón con la pila de paquetes sobre el suelo delante de ellos. Sirius y Remus estaban de pie animándolos a que empezaran a abrirlos. Severus se había ubicado, también de pie, pero más alejado, junto a la chimenea.
Harry le dirigió una rápida sonrisa y alzó el primer paquete. Neville hizo otro tanto.
—A mí no deberían haberme regalado nada. —dijo arrugando la frente.
Harry le dio un leve coscorrón. —No empieces con eso. Ahora sos parte de la familia.
—Harry tiene razón. —dijo Remus— Y tenés que aceptarlos o Sirius y yo nos ofenderíamos.
—Y vos no serías capaz de algo así… —agregó Sirius sonriendo malicioso.
—¡Por supuesto que no! Harry, abrí el tuyo primero.
Harry procedió a desenvolverlo. Era una caja de madera de cerezo. Cuando la abrió brotó música de piano que inundó el ambiente. —¡Gracias! —exclamó Harry encantado.
—Sabemos que tocás de oído. —dijo Sirius— Y nos pareció una buena forma para que aprendas los clásicos. Mirá adentro…
Había una lista de varias decenas de piezas musicales.
—Basta que pronuncies el nombre de la pieza y la música cambiará.
—¡Es genial! ¡Gracias! —repitió, saltó de su asiento y fue a abrazarlos. Los dos rieron complacidos y lo instaron a que siguiera con los otros paquetes.
—Tu turno, Neville.
Neville recibió artículos para dibujo, un par de zapatillas deportivas y un rosal rarísimo que daba flores de color violeta. Aparte de la caja musical, Harry recibió una remera y una camisa. Los dos recibieron sendos barriletes y bicicletas. Harry gritó entusiasmado, ¡no veía la hora de aprender a andar!, Neville, en cambio mostró cierto recelo ante el extraño vehículo.
Severus se había mantenido en silencio todo el tiempo hasta que Harry abrió el último regalo: tres entradas para la final de la Copa Mundial.
—No. —dijo Severus cortante, todos se volvieron a mirarlo— No puede ir. Es demasiado peligroso.
—¡Pero si va a haber un mundo de gente! —protestó Sirius fastidiado— Y podemos pasar totalmente inadvertidos usando encantamientos cosméticos o polijugos.
—¡Hay cientos de razones por las que no debe ir! —bramó Severus— Pero las tres más importantes son la Orden, los aurores y los mortífagos.
—Sirius… —intervino Remus frunciendo el ceño— ya habíamos hablado extensivamente sobre este asunto…
—No, Remus. —porfió Sirius— Esta vez no voy a ceder. Harry tiene catorce años y tiene derecho a hacer las cosas que hacen todos los chicos de su edad. Y hasta ahora no ha podido por una razón u otra. Harry merece ir, esto es algo que no se puede perder. ¡Le fascina el quidditch! ¡Es un buscador talentoso!
—Ya habrá otras ocasiones… —dijo Remus sacudiendo la cabeza— En este momento es muy riesgoso…
—Por favor no se peleen… —rogó Harry con ojos húmedos— Siri, me encanta el regalo. Pero todavía no domino bien del todo la Oclumencia. No sé si voy a poder soportar a una multitud como ésa.
—No, Harry. —dijo Sirius y se le arrodilló al lado encima de los envoltorios descartados— Vos nunca fuiste a un juego como éste. Te aseguro que no es algo que quieras perderte. El mundial sólo se lleva a cabo cada cinco años y pasarán décadas hasta la próxima vez que la final tenga lugar en Inglaterra. Hay tres entradas, dos adultos pueden acompañarte. Y para entonces ya vas a manejar bien la Oclumencia, Snape no te permitiría volver a Hogwarts si no fuera así.
Harry alzó la mirada hacia Severus. Percibió un halo de contrariedad y moderado fastidio… pero se mezclaba con algo más… era claro que él también quería que Harry pudiera ir.
—Tengo serias dudas de que esta excursión pueda ser posible. —dijo Severus finalmente— Pero si Black logra convencerme de que vas a estar seguro, daré mi autorización. Aunque las posibilidades de que eso ocurra son mínimas, convendría que no te forjaras demasiadas esperanzas.
Sirius estaba por agregar algo pero Remus lo atajó poniéndole una mano sobre el hombro. —Dejalo para otro día, Padfoot, hoy es para celebrar.
—Está bien. —concedió Sirius con renuencia.
—Abrí mi regalo para vos. —sugirió Neville para distender la atmósfera.
—De acuerdo. —dijo Harry recuperando la sonrisa.
—¡Omi! —llamó Neville— En realidad es de parte de los dos. —aclaró.
—Feliz cumpleaños para los dos jóvenes. —chilló Omi muy entusiasmado y le entregó a Harry un paquete.
—Gracias, Omi. —dijo Harry y procedió a desenvolverlo. Era un álbum de fotografías encuadernado en cuero. Lo abrió y contuvo una exclamación de asombro dichoso. Había muchas fotos del verano anterior y de ese verano. Dejó el álbum a un lado y envolvió al elfo en un apretado abrazo, los ojos cargados con lágrimas de emoción.
—Es un regalo estupendo, Omi, gracias.
Luego se volvió hacia Neville y lo abrazó también. —Gracias, Nev, es maravilloso.
—Me alegra que te guste. Feliz cumpleaños, Harry.
—Feliz cumpleaños, hermano. Omi… ¿podrías traer el regalo de Neville? Éste también es de parte de Omi y de mi parte.
Omi asintió, al elfo también se le había escapado una lágrima, y desapareció con un pop. Regresó unos segundos más tarde portando un sobre que le entregó a Neville.
Neville los miró con algo de desconcierto pero procedió a abrirlo. Del interior sacó una breve nota y dos pases para una extensiva visita al Centro Herbologístico. La cara se le iluminó de alegría. Era uno de los centros de investigación en Herbología más grandes del mundo. Neville siempre había deseado poder visitarlo pero las listas de espera eran larguísimas.
—¿Cómo…? —farfulló encantado, todavía no podía creerlo.
—Digamos que Omi y yo tenemos algunas conexiones. —respondió Harry sonriendo.
—Harry… yo… esto es…
—Gabe y Sy ayudaron también. Les pregunte si tenían alguna idea y Gabe dijo: "Le gustan las plantas, algo por ese lado". Y luego Silas agregó: "Hay un complejo de investigación especializado en Herbología" Después hablé con Omi al respecto… él conoce a varios de los elfos que trabajan en el Centro. Lo demás no fue difícil.
—¡Es extraordinario! Gracias Silas, Gabriel… Omi y Harry…
Neville abarcó al elfo y a Harry en un abrazo triple.
—Los pases son para la próxima semana, Neville. La visita guiada es exhaustiva, completarla toma tres días. Ya hablé con tu abuela, ella te acompañará, se mostró muy contenta cuando se lo comuniqué.
—¡Gracias, Remus! —exclamó Neville, saltó de su asiento y fue a abrazarlo.
Cuando las efusividades pasaron, intervino Sirius: — ¿Quién quiere probar las bicicletas? —invitó.
—¡Yo! —gritó Harry poniéndose de pie y también hizo parar a Neville agarrándolo del brazo— ¡Vamos, Nev, no puede ser tan difícil porque hasta Dudley aprendió!
No resultó tan fácil como Harry había pensado, pero aprender a andar en bicicleta también tenía su lado divertido. Pasaron más de dos horas de intentos hasta que los dos pudieron mantenerse sin caerse. Remus fue muy paciente y los ayudó todo lo que pudo, Sirius, en cambio, fue poco lo que hizo para ayudar no paraba de reírse cada vez que se caían… y fueron muchas veces. Sufrieron muchos golpes y les quedaron varios moretones, pero valió la pena porque finalmente aprendieron.
Para entonces todos estaban con hambre, llamaron a Omi para que les trajera comida e hicieron un picnic. Harry lamentó que Severus no estuviera presente, pero sabía que de nada hubiese servido invitarlo, se habría negado. Después de comer pasaron a remontar los barriletes, fue el turno de ellos de reírse, Sirius era pésimo para manejarlos, se enredaba constantemente con el cordel y terminaba cayéndose.
Cuando el sol ya estaba poniéndose, volvieron a la casa para bañarse y cambiarse. Cuando entraron al comedor para la cena, Severus ya estaba sentado esperándolos. Harry le sonrió y Severus le devolvió la sonrisa. La conversación giró sobre las actividades de la tarde, más que nada consistió en intercambios de pullas y burlas mutuas. El postre fue una torta inmensa que había preparado Omi, adornada con catorce velitas. Harry y Neville las apagaron juntos. Omi tomó fotos.
—¿Que deseo pidieron? —preguntó Sirius cuando Omi procedió a cortar la torta y a servir los trozos.
—No se puede decir… ¡no se cumplirían!
—Oh… por favor… —rogó Sirius con dramatismo.
Pero los chicos no dieron el brazo a torcer. La fiesta se prolongó amena una hora más hasta que los chicos empezaron a mostrar signos de sueño. Severus se despidió y se retiró. Remus y Sirius acompañaron a los chicos hasta sus habitaciones. Remus fue con Neville y Sirius con Harry.
—La pasé muy bien, Siri. —le dijo Harry ya acostado mientras lo arropaba.
—Me alegro, pichón, yo también la pasé muy bien. —dijo Sirius y le dio un beso en la frente— Feliz cumpleaños, Harry.
—Gracias. —dijo Harry y lo besó en la mejilla— Te quiero.
—Yo también te quiero. Y ahora a dormir.
oOo
Harry se despertó a medianoche. La varita había empezado a zumbar, la acalló sonriendo. Se levantó y bajó hasta la salita en puntas de pie. Severus le sonrió cuando lo oyó entrar, con la mano le indicó el sillón para que se sentara, Harry primero fue a darle un abrazo, después tomó asiento.
—¿Pasaste un buen día?
—Muy bueno. —respondió Harry, los ojos le brillaban felices detrás de los cristales de los anteojos— ¡Y qué bueno que me esperaste levantado! Se me ocurrió que podrías haberte olvidado.
—¡Como habría podido…! —lo reconvino Severus frunciendo el ceño y le indicó con un gesto de la mano los regalos que había sobre la mesa. —Feliz cumpleaños, Harry.
Harry fue a abrirlos. Ron y Hagrid le habían mandado sendas tortas. Hermione una tarjeta, un libro y una larga carta en la que se disculpaba, le decía que respetaba sus deseos, que se trataba de su vida y que tenía derecho a decidir qué era lo mejor para él y que nadie estaba autorizado a interferir. Le pedía perdón y esperaba que Harry siguiera considerándola su amiga. Harry sonrió complacido y dejó la carta a un lado.
El regalo de Omi era una bufanda blanca que hacía juego con la capa y los guantes que Severus le había regalado el verano anterior. Omi se hizo presente cuando Harry lo llamó y se emocionó mucho cuando Harry lo abrazó agradeciéndole el regalo. —No tendrías que haberme regalado nada más, con el álbum ya era más que suficiente, es fabuloso, y la bufanda también.
—Es muy poco, joven Harry. —dijo Omi secándose una lágrima— Me habría gustado regalarle algo más importante. Es una pena que el joven Neville se tenga ir. Omi se siente tan feliz de tenerlos en la casa… y el amo también.
—Bueno, yo todavía no me voy a ir. Y más adelante trataré de volver lo más frecuentemente posible.
Omi le sonrió y se retiró.
Severus carraspeó, sacó de un bolsillo un pequeño paquete envuelto en papel plateado y se lo entregó. —Gracias. —dijo Harry, tomó asiento, pero no hizo ademán de abrirlo de inmediato.
—¿Te parece que Nev va a estar bien en su casa? Últimamente acá había ganado tanta seguridad y estaba tan contento.
—La seguridad no la va a perder de un día para el otro. —lo tranquilizó Severus— Creo que va a estar bien… y si llegara a recurrir a viejos hábitos, sé que el lobo y vos se ocuparan de recordarle lo bien que le fue estas semanas y que hay otras maneras de manejar los problemas.
—No quisiera que terminara el verano. —dijo Harry con añoranza— Me gustaría poder quedarme acá con vos y Nev… y no tener que volver a Hogwarts.
—Esta casa siempre estará abierta para vos, Harry. Es posible que las cosas se pongan algo difíciles en Hogwarts, pero siempre vas a poder volver aquí.
—Gracias. —dijo Harry y bajó la vista al regalo. Lo desenvolvió cuidadosamente. Era una pequeña caja de madera oscura. Dentro había una pulsera y un anillo, ambos de plata, la pulsera era muy parecida a la que le había dado el año anterior, el anillo era una simple banda plateada. Harry se lo probó en el anular, pero le quedaba grande, lo pasó al mayor y le calzó perfecto.
—Es precioso, Severus.
Severus se le acercó sin decir nada y sacó la pulsera que seguía en la caja. Tomó la mano de Harry y se la abrochó alrededor de la muñeca. El broche desapareció de inmediato. —Al igual que el del año pasado, si necesitaras convocarme bastará que lo rompas. En cuanto al anillo, es un traslador especial, si dejás caer una gota de tu sangre sobre el metal y pronunciás las palabras "llevame a casa", te transportará de inmediato adonde esté su gemelo.
Severus sacó de un bolsillo un cuadrito que sobre un fondo de terciopelo color crema sostenía un anillo idéntico al que Harry llevaba puesto en el dedo. Harry sabía adónde lo iba a colgar, en la pared de su habitación junto a la cama. Se puso de pie y con ojos llorosos abrazó a Severus por la cintura.
—Muchas gracias, Severus. Esto significa tanto para mí.
Severus carraspeó. —¿Querés que le ponga un encantamiento para que no lo pierdas?
—Sí, por favor.
Severus alzó la varita y murmuró unas palabras. —Gracias. —dijo Harry.
—Ya basta de repetir eso. —se quejó irritable con el típico gesto de la mano— No es nada…
Harry sonrió, volvió al sillón y se acurrucó sobre uno de los lados. —¿Pasaste un buen verano? Seguramente no te parecieron vacaciones. El trabajo para la Orden… y ocupaste el resto del tiempo enseñándonos… y dentro de unos días vas a tener que volver a Hogwarts.
—Creeme lo que te digo, enseñarles a Longbottom y a vos fue muy distinto de las clases que tengo que dar en la escuela. Esto fue mucho más fácil y más ameno.
Harry soltó una breve risa. —¿Te gusta enseñar o preferirías pasarte casi todo el tiempo trabajando en pociones?
—Depende. —dijo Severus, tomó asiento en una silla y desvió los ojos hacia la chimenea. —Cuando tengo un alumno prometedor, enseñar es un placer. Además, disfruté muchísimo enseñándoles duelo a ustedes. Es muy difícil encontrar a un alumno que se interese y tenga dotes para las pociones. Es por eso que hace varios años le vengo pidiendo al director que me transfiera como profesor de Defensa, pero Dumbledore piensa que no es conveniente porque eso podría interferir negativamente con mis labores de espionaje.
Volvió la cabeza y notó que Harry se había dormido, con una sonrisa en los labios. La mirada de Severus se ablandó. Se paró y fue junto a Harry. Le apartó unas mechas del flequillo y le acarició los cabellos. Había aprendido a respetar a ese chico… y a quererlo. Era algo que lo asustaba un poco, las emociones lo vuelven a uno vulnerable… pero brindan tantas otras compensaciones.
Cargó a Harry en sus brazos. Había ganado bastante peso pero seguía siendo tan liviano. Harry se acurrucó contra su pecho y su hombro pero no se despertó. Severus lo llevó a su habitación para acostarlo.
oOo
Al día siguiente, muy temprano todos estaban frente a la puerta para despedir a Neville, Remus lo iba a llevar de vuelta a su casa.
—¿Empacaste todos los regalos y las ropas nuevas? —le preguntó Harry en un aparte.
—Eso creo. —respondió Neville mordiéndose el labio.
—No te preocupes, si llegara a encontrar algo que te hayas olvidado te lo llevaré a Hogwarts. Feliz cumpleaños, Neville… te quiero mucho… y no te olvides nunca de que sos muy fuerte.
—Te lo prometo. —dijo Neville secándose una lágrima con el dorso de la mano— Te voy a extrañar, Harry.
—Yo también. Pero nos vamos a reencontrar pronto… hermano mayor. —dijo Harry sonriendo y lo abrazó una vez más.
—Acordate de practicar. —le recomendó Severus.
—Pierda cuidado, señor. Muchas gracias por haberme recibido en su casa y por todo lo que me enseñó.
Severus hizo el habitual gesto desestimando la necesidad de agradecer nada. Harry y Neville intercambiaron una sonrisa cómplice.
—Ya tenemos que irnos. —dijo Remus. Neville asintió.
—Te voy a escribir. —dijo Harry despidiéndolo con la mano.
—Yo también. —dijo Neville y un momento después Remus y él desaparicionaron.
Sirius suspiró triste. —Es un buen chico, lo voy a extrañar.
—Lo volveremos a ver pronto. —dijo Harry tratando de reír pero tuvo que secarse unas lágrimas que se le habían escapado.
—Esto no significa que vas a estudiar menos. —intervino Severus— El programa de actividades seguirá igual que antes.
—Oh… aflojá un poco, Snape. —dijo Sirius poniéndole mala cara.
—No, está todo bien. —dijo Harry— No preciso unos días de descanso. Y lo cierto es que disfruto de todas las actividades y todavía me queda mucho que aprender antes de volver a Hogwarts. Pero podemos pasar tiempo juntos y divertirnos en mis horas libres… que son… de una a dos de la tarde y las horas después de la cena, de seis y media a nueve… porque a las nueve tengo otra hora de terapia.
Sirius frunció el ceño. —¿Y yo qué voy a hacer el resto del tiempo?
—Podrías aprovechar para estudiar también. —sugirió Severus— Hay toda una biblioteca a tu disposición. Y está la sala de duelos para prácticas. Pero eso sí, si llegaras a dañar algún libro, lo vas a lamentar, Black. Vamos Harry.
Sirius se quedó solo y para nada contento. Detestaba tener que admitirlo pero a Snape razón no le faltaba… había perdido doce años en Azkaban, le hacía falta ponerse al día. Suspiró muy profundamente y enfiló hacia la biblioteca. Se quedaría leyendo al menos hasta que Remus volviera, le había dicho que tenía que hablar de algo importante con él… esperaba que fuera algo relacionado con Harry porque sabía que había algo serio que le habían estado ocultando.
oOo
Remus no estaba precisamente entusiasmado de hablar del tema con Sirius. Pero ahora que había recuperado cierta estabilidad, tenía derecho de conocer la condición mental de su ahijado. No había ido a pedirle permiso a Severus, pero esa mañana se había llevado a Harry a un breve aparte y le había preguntado si le parecía bien que le contara a Sirius cómo eran realmente las cosas. Harry había vacilado durante un largo instante pero finalmente había accedido. La parte difícil seguía siendo cómo presentarle a Sirius la cuestión… y no quería ni pensar en cómo podría llegar a reaccionar Severus.
—¿Omi? —llamó cuando volvió a la casa.
El elfo apareció al instante. —¿Qué se le ofrece, señor Lupin?
—¿Sabés dónde se encuentra Sirius? —preguntó sonriendo.
—En la biblioteca, señor.
Remus se lo agradeció, el elfo hizo una breve reverencia y desapareció.
—Así que en la biblioteca… hum… —murmuró Remus, Sirius no había sido nunca de los más afectos al estudio… pero quizá era una buena señal, quizá lo iba a encontrar mejor dispuesto para aceptar las novedades que le iba a comunicar.
oOo
—¡¿QUÉ?! —bramó Sirius. Se había puesto de pie tan de golpe que la silla había caído hacia atrás.
—¡Sirius, por favor! —rogó Remus, pero al mismo tiempo lo miró serio reconviniéndolo— No grites y dejame que te explique.
—¿Qué más hay que explicar, Remus? —gruñó Sirius.
—¿Querés realmente entender lo que le pasa a tu ahijado? —preguntó Remus sin disimular su fastidio— Esto no es nada fácil para ninguno de nosotros y para Harry es mucho más difícil aun.
Sirius dejó caer los hombros, agachó la cabeza y se mesó los cabellos desesperado. Los ojos azules se le habían nublado. Remus se acercó, levantó la silla que se había caído y le indicó que volviera a sentarse. Sirius obedeció dispuesto a escuchar. Remus le contó todo sobre el Trastorno de Personalidades Múltiples y sobre los "tres" alter de Harry. A Demon no lo mencionó.
Cuando terminó se produjo un prolongado silencio, los dos se sentían muy culpables. Nada de eso habría pasado si ellos hubieran estado al lado de Harry para ayudarlo cuando más los necesitaba.
oOo
Apenas entró a la biblioteca se puso muy nervioso. Tuvo que apuntalar sus escudos de Oclumencia porque la culpa y la tristeza que impregnaban el recinto eran tan hondas al punto de ser hirientes. Remus y Sirius estaban sentados en silencio, las cabezas gachas, las miradas perdidas, parecían dos muñecos rotos.
—¿Siri? ¿Remy? —dijo tentativamente apoyándose contra una estantería de libros para sostenerse.
—Harry… —dijo Remus volviendo la cabeza hacia la puerta. Trató de sonreírle, pero con poco éxito.
—¿Se sienten bien? —preguntó Harry sin moverse de su posición.
—Por supuesto que sí, pichón. —dijo Sirius y sacudió la cabeza para despejársela al tiempo que dibujaba una sonrisa un poco más convincente que la de Remus. —¿Ésta es una de tus horas libres?
—No, ésta es la hora para la tarea independiente, estoy estudiando la poción para la transformación animagus.
Harry se les acercó, pero cubriéndose la cara con ambas manos. No se animaba a mirar a Sirius directamente. —¿Remus te contó…?
—Sí.
Sirius se puso de pie y lo abrazó. —Perdón, Harry… espero que algún día puedas perdonarme.
—¿Qué tengo que perdonarte? —preguntó Harry con sorpresa y desconcierto.
—No estuve a tu lado cuando más me necesitabas. Debería haber estado con vos y protegerte. —dijo Sirius con voz quebrada y se puso a llorar.
—No, Sirius, no fue tu culpa. Vos no sabías. Y además te habían metido preso injustamente. No hay nada que perdonar, te lo aseguro.
Entre Harry y Remus lo llevaron de regreso a la silla y lo hicieron sentar. Remus se le arrodilló al lado y le sostuvo un brazo.
—Yo necesito que me perdones, Sirius… no te creí entonces… y dejé que te metieran en ese pozo infernal… y no hice nada…
Sirius desestimó las disculpas sacudiendo la cabeza y hasta logró dejar oír una risa. —Vean, no podemos hacer nada para cambiar el pasado… pero podemos jurarnos ahora que en adelante nos cuidaremos unos a otros.
—Lo juro. —declaró Remus asintiendo.
—Yo también lo juro. —dijo Harry sonriendo.
—lo juro. —expresó Sirius solemne y los envolvió a ambos en un abrazo— No permitiremos que nada malo vuelva a pasarnos.
Remus fue el primero que se liberó del abrazo y con un pañuelo le secó las mejillas a Harry. —¿Qué te parece si te ayudamos con la poción? Sirius sabe mucho al respecto.
—¡De acuerdo! —respondió Harry entusiasmado y fue corriendo a buscar los libros y los apuntes.
oOo
Después del almuerzo, Harry y Sirius decidieron salir a dar un paseo.
A Silas le había fastidiado que le contaran a Sirius; cuanto más gente supiera aumentaban las posibilidades de que la información llegara a sus enemigos. Pero por otro lado, también era una ventaja, ahora podía salir y hacerle a Black varias preguntas. Y también iba a ser impagable verle la expresión a Snape cuando se enterara de que el lobo se lo había contado a Black.
—Parece que va a llover. —dijo Sirius mientras caminaban en dirección al bosquecillo.
—Sí, eso parece. —respondió Silas. El tono que había usado claramente indicaba que no era Harry el que había hablado.
Sirius, se detuvo de repente, giró la cabeza y se quedó mirándolo anonadado con la boca abierta.
—¿Qué pasó? —preguntó Silas riendo— ¿Te comieron la lengua los ratones? Me pareció una buena idea salir para presentarme. Yo soy Silas y soy Slytherin.
—¿Qué ratones…? —fue todo lo que logró articular Sirius.
Silas rió una vez más. —Es un dicho muggle. Se aplica cuando alguien se queda sin saber qué decir de golpe debido a alguna emoción intensa.
Sirius cerró la boca y sacudió la cabeza. Ya recuperado un poco retomaron la marcha. —Sí, creo que los ratones me habían comido la lengua…
—¿Te molestaría que te hiciera algunas preguntas? —tanteó Silas.
—Adelante. —lo animó Sirius. Todavía no se recuperaba del todo del desconcierto. El cambio era tan manifiesto. Fascinante. Como un mellizo idéntico de Harry o algo así.
—Esa noche en el Antro, mencionaste algo sobre cosas que habías oído en Azkaban… cosas que gritaban los mortífagos en sueños sobre Pettigrew. ¿Hablaban de otras cosas aparte de eso?
—¿Otras cosas como qué? —preguntó Sirius frunciendo el ceño— ¿Y por qué querés saber?
—Es natural que quiera saber. Voldemort quiso matarme… y los mortífagos son sus seguidores.
—Bueno… los dementors destruyen todos los buenos recuerdos… pero no los malos, se alimentan de esos.
Sirius tragó con dificultad y desvió la vista. —Y sí… algunos mortífagos gritaban cosas sobre Ya Sabés Quién.
—¿Cosas como qué?
—Generalmente eran recuerdos de torturas sufridas. Nada que te pueda ser útil.
—¿Hubo algún otro aparte de vos que se haya escapado? ¿Y vos por qué no te escapaste antes?
Sirius suspiró y se pasó una mano temblorosa por los cabellos. —No sé… explicar bien lo que pasa cuando uno está encerrado ahí… pensar es muy difícil y uno nunca sabe si está despierto o dormido… pero es un infierno continuo. La única forma de mantenerme más o menos cuerdo fue pasando casi todo el tiempo como perro… y los perros no son buenos para elaborar planes. Creo que fue esa foto de Peter en el diario lo que produjo el cambio… ¡quería destruir al asesino! Y eso me sirvió de vivo incentivo para buscar una forma de escapar.
—Así que el principal motivo fue la venganza. Y no lo que le pudiera pasar a tu ahijado huérfano. —le espetó Silas impiadoso.
Sirius se puso muy pálido. —Harry, yo…
—Silas. —le recordó con un gesto de disgusto— Creo que no es tan difícil acordarse.
Sirius hizo una mueca. Apartó la mirada, se rodeó el torso con los brazos y se inclinó hacia delante. Silas se quedó mirándolo un momento y comprendió que había encarado mal el asunto, enrostrándole lo de los Dursley no le iba a aportar la información que necesitaba. Optó por la vía directa.
—¿Tu celda estaba cerca de la de Barty Crouch, Jr.?
Sirius se incorporó. —¿A qué viene eso? —articuló con vos ronca— ¿Por qué preguntás?
—Es algo importante para mí. —respondió Silas como toda explicación.
—No sé… no creo… pero su padre pasaba por delante de mi celda cuando lo iba a visitar. —Sirius se había puesto a temblar, de repente todos los horribles recuerdos de la prisión volvían todos juntos— Pero después dejo de ir…
—¿Tuvo visitas el día que murió?
—Sí, su padre y su madre… los dos…
Silas sabía que no iba a poder sacarle más información que le resultara útil y dejó de presionarlo. Siguieron caminando en silencio. No convenía que regresaran enseguida, Black estaba muy alterado, no quería que Snape lo viera así, podría despertarle sospechas.
—No debería haberte hecho esas preguntas. —dijo unos minutos después con tono fingidamente contrito— No fue mi intención causarte pesar… olvidate de todo eso.
Sirius recuperó un poco la compostura. —¿Vos me odiás, Silas? ¿Por no haber estado a tu lado cuando tanto me necesitabas?
—No te odio. —declaró Silas con expresión impasible— Tampoco me inspirás simpatía. Indiferencia quizá sea el término más apropiado… o poco más.
Sirius bajó la cabeza apesadumbrado. Pero entendía los sentimientos amargos de Silas hacia él. Habría entendido incluso si le hubiera expresado su odio.
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Más tarde, esa noche, Sirius pudo finalmente resurgir de la profunda depresión en la que se había sumido luego de la conversación con Silas. Harry lo había invitado a que lo escuchara mientras tocaba el piano. Resultaba increíble que Harry, tan dulce y cariñoso como era, pudiera albergar a un alter tan frío y oscuro. Pero la música sirvió para levantarle el ánimo.
Harry se había dado cuenta lo trastornado que estaba su padrino y sospechaba que Silas debía de tener algo que ver. Había tenido una laguna durante la hora del paseo.
Suspiró y siguió tocando con entusiasmo. Por suerte podía percibir ahora que Sirius ya se sentía mejor. Más tarde cuando se fuera a acostar le preguntaría a Silas qué era lo que había pasado. Pero todavía faltaba la terapia de Boy… deseaba que Sirius pudiera soportarla.
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