Mente rota, alma quebrada

El final del verano

—¿Estás listo, Harry? —preguntó Severus poniéndose de pie. Era la hora de la sesión de Boy. Harry asintió con una sonrisa y también se puso de pie.

—¿Podemos estar presentes nosotros también, Severus? —preguntó Remus. Ya le había comunicado a Severus que le había contado a Sirius y dentro de todo no lo había tomado tan a mal. Lo había echado de su presencia con voz helada y no le había vuelto a hablar hasta ese momento.

—No. —contestó Severus.

—Yo quiero ayudar, por favor. —pidió Sirius.

—Yo no tengo inconveniente. —dijo Harry.

—Está bien. —concedió Severus— Pero harán exactamente como les diga sin plantear objeciones.

Los dos mostraron su acuerdo de inmediato. Severus salió sin decir más. Harry les sonrió levemente y siguió a su mentor. Remus y Sirius intercambiaron una mirada inquieta y fueron tras ellos. Decidieron que Severus y Remus jugarían al ajedrez y que Sirius se sentaría en un rincón a leer. Harry fue a ubicarse en la silla de dos cuerpos, sobre la mesita había un plato de galletitas dulces y un vaso de jugo. Se recostó sobre el respaldo y cerró los ojos.

Boy salió dos minutos después. Gritando y llorando como siempre. Se tiró al suelo y se escondió debajo de la silla. Sirius y Remus se pusieron rígidos de inmediato pero Severus coartó cualquier acción con una mirada de advertencia. Los gritos de Boy se fueron acallando hasta que dejaron de oírse diez minutos más tarde.

Pasaron veinte minutos más hasta que Boy se animó a hacer un movimiento. La salida transcurrió en varias etapas como la vez anterior, pero finalmente quedó sentado afuera, meciéndose un poco enfrentado con el plato de galletitas y el vaso de jugo. Pasaron varios minutos más y como no había habido ningún movimiento de parte de los adultos, agarró el plato y se volvió a esconder debajo de la silla. Veinte minutos más tarde repitió toda la maniobra y se apoderó del vaso de jugo.

Severus esperó unos momentos más y finalmente dijo: —Voy a traerlo de vuelta.

Al oír la voz, Boy empezó a llorar y a gritar una vez más.

—¿Me permitís que haga una prueba? —preguntó Sirius con tono neutro. Severus alzó una ceja como toda respuesta. —La última vez respondió positivamente a mi forma animagus, quizá podríamos obtener mejores resultados…

Severus lo consideró un momento en silencio y finalmente dio su aprobación con un breve asentimiento. Severus y Remus fingieron seguir jugando y Sirius se transformó. Padfoot esperó hasta que Boy volvió a calmarse y luego se le fue acercando lentamente reptando, arrastrando la panza contra el suelo.

Cuando Boy lo vio venir los ojos se le abrieron grandes y de inmediato se desviaron hacia los dos hombres que estaban sentados junto a la chimenea, pero seguían ocupados en el juego sin prestarle atención. El perro estaba junto a él y le había lamido la mano. Se puso tenso, pero como no le había dolido no emitió sonido. El perro le dio un empujoncito con el hocico, Boy trató de apartarlo… ése era su escondite, que el perro se buscara otro. El perro le lamió una mejilla. Boy se la secó contra la alfombra, y se le estaba interponiendo en el campo visual, no podía ver bien a los hombres. Lo empujó una vez más, el perro se arrastró retrocediendo una corta distancia y se quedó quieto. Boy se distendió, ya podía ver mejor el panorama.

Pasaron un par de minutos y el perro desapareció, pero volvió poco después con una manzana sostenida entre los dientes. Se veía muy roja y jugosa. Boy siempre tenía hambre… en ese momento no tanta como otras veces… pero igual… Volvió a mirar a los hombres que seguían tan distraídos como antes. Estiró una mano temblorosa hacia el perro, el perro se le acercó un poco más.

Boy agarró la manzana. Se aplastó contra el piso escondiéndose detrás del perro y le dio un mordisco a la fruta, masticó tratando de hacer el menor ruido posible. Se comió la mitad de la manzana y le dio la otra mitad al perro, le pareció bien compartirla, el perro era el que se la había traído después de todo.

El perro la aceptó entre los dientes, luego se incorporó, dio media vuelta y fue hasta donde estaban los hombres. Boy empezó a gritar de nuevo. Pero ninguno de los hombres se levantó de su asiento, uno de ellos le rascó al perro entre las orejas. El perro parecía muy contento por como movía la cola. Boy dejó de gritar, al parecer ninguno se había enojado. Y de pronto sintió sueño y se acostó sobre la alfombra. El perro volvió y se le tendió al lado, muy junto… era tan cálido… por primera vez desde hacía mucho tiempo se durmió plácido con el estómago lleno y abrigado.

oOo

—¿Cómo salieron las cosas? —preguntó Harry cuando Sirius lo ayudó a incorporarse.

—Muy bien. —respondió Severus— Boy parece responder muy positivamente a Padfoot. Todavía es muy pronto para adelantar pronósticos pero podría ser el primer paso hacia la rehabilitación.

—¡Qué buena noticia! ¡Gracias, Siri! —exclamó Harry abrazándolo.

Sirius rió y le desordenó los cabellos. —No tenés por qué darlas, pichón. En realidad yo no hice nada.

—¡Pero claro que sí! —protestó Harry— ¿No es así, Remus?

—Creo que sí. Boy está haciendo progresos gracias a Severus y hoy Sirius colaboró muy bien.

Severus se limitó a dibujar una mueca desdeñosa. Harry sonrió y fue a abrazarlo. —Gracias.

Severus aceptó el abrazo pero lo hizo separar enseguida. —Ya es suficiente. —fue todo lo que dijo y abandonó la habitación.

Harry se dio vuelta y les sonrió. Remus le hizo un breve resumen de lo que había pasado durante la sesión.

—Voy a subir para contarle a Neville. Cuando vayan a acostarse pasen por mi pieza para que pueda desearles las buenas noches.

—Claro, pichón. —dijo Sirius y le desordenó los cabellos una vez más.

Harry le frunció el ceño y trató de acomodárselos un poco. Cuando salió alcanzó a oír las risas de los dos adultos.

Apenas entró a su cuarto, fue derecho al escritorio.

Hey, Nev… ¿estás ahí?

Sí. Le llegó la respuesta unos segundos más tarde. ¿Cómo estuvo el cumpleaños?

Bastante bien. Aunque resultó raro no tenerte acá. Creo que Remus ya te está extrañando. ¿Cómo llegaste y qué hicieron por tu cumpleaños?

Yo también extraño a Remus. La abuela está bien y contenta de que Remus me haya enseñado y por mi aspecto saludable. Tío Algie me regaló una planta muy bonita: Mimbulus mimbletonia. Parece un pequeño cactus de color gris, excepto que en lugar de espinas tiene lo que parecen ampollas. La ubiqué junto a la rosa violeta en la repisa de la ventana.

¡Qué bueno! ¡No veo la hora de verla! Mi cumpleaños estuvo muy bien. Ron y Hagrid me mandaron tortas. Y Hermione me mandó un libro, una tarjeta y una carta. Me dice que siente mucho lo que hizo. Parece que habló con los padres del asunto y ellos le hicieron comprender mi punto de vista. Dice que nunca su intención fue traicionarme y reconoce que se arrogó atribuciones que no le correspondían. "Soy tu amiga no tu mamá", cito textual.

Parece que empieza a entender. Quizá este año cambie.

Siguieron hablando durante media hora hasta que los dos se confesaron cansados y se despidieron. Harry bostezó y guardó el pergamino. Fue al baño y se puso el piyama. Cuando volvió tomó el diario y se metió en la cama. Escribió las principales cosas que habían ocurrido ese día. Remus y Sirius vinieron a desearle las buenas noches, lo arroparon y le dieron un beso en la frente antes de irse. Harry completó la entrada en el diario y luego pasó a hablar con sus alter. Les preguntó qué había pasado durante su laguna de esa tarde.

Durante el paseo con Black, le pregunté sobre Azkaban, me interesaba saber si era posible que algunos de los mortífagos prisioneros pudieran escapar como él, escribió Silas con inocencia.

Ah… menos mal, pensé que quizá se habían peleado… Sirius estaba bastante alterado, pensé que quizá vos también… me alegro de que estés bien.

Por supuesto que está bien, rió Gabriel. Silas nunca permitiría que un Gryffindor lo alterara.

Exactamente, confirmó Silas.

Buenas noches para los dos, se despidió Harry. Que tengan dulces sueños.

Buenas noches, Harry, escribió Silas.

Que duermas bien, agregó Gabriel.

oOo

Media hora más tarde, Silas se levantó y se sentó al escritorio a redactar la respuesta para Draco.

Querido Serpentine:

Este misterio de Junior es fascinante. Hablé con mi padrino, me dijo que él no estaba cerca de la celda de él. Pero los visitantes tenían que pasar por delante de su celda. Y él recuerda que el día que Junior "murió", su padre y su madre habían ido a visitarlo. Todo parece indicar que algo tuvieron que ver con la fuga.

Otro asunto que me intriga es lo de Bertha Jorkins. Ella trabajaba con el padre de Junior en el Departamento de Relaciones Exteriores. ¿Podrían estar ambas cuestiones relacionadas? Y si así fuera, ¿podría haber algún asunto turbio en marcha con la Copa Mundial o con el Torneo de los Tres Magos?

Me gustaría conocer algunos otros datos al respecto que pudieras informarme. En cuanto a nuestra pequeña alianza, temo que he agotado mi colección de historias de mi vida… ¿hay algunos otros tópicos que despierten tu curiosidad? Espero que sea así, porque disfruto mucho de nuestros intercambios.

Respetuosamente tuyo,

Shadow

oOo

El resto de la semana pasó sin mayores confrontaciones. Silas no volvió a salir para hablar con los adultos y poco a poco se iba sintiendo más fuerte porque Gabriel lo conminaba a que durmiera. Cuando estaba despierto continuaba practicando encantamientos y Oclumencia o investigaba en la biblioteca.

Unos días más tarde había recibido una respuesta de Draco, en la que le informaba que la madre de Junior había fallecido pocos días después de "esa visita" a Azkaban. Y en cuanto a qué cosas quería que le contara, volvió a interesarse en algo que ya había mencionado una de las primeras veces, los reales lazos de amistad que unían al Trío Dorado. ¿Era cierto que Weasley y Granger, deliberadamente, mantenían a todos alejados de él… para que no lo molestaran?

Silas había interrogado a Ron al respecto y resultó ser que Draco tenía razón. Ron lo reconoció sin sentirse culpable, lo había hecho para que Harry no se viera abrumado porque ya eran muchos los problemas que le tocaba manejar. Y mencionó también que en primer año había sido el mismo profesor Dumbledore el que les había aconsejado a Hermione y a él que procuraran que los otros alumnos guardaran cierta distancia, que le dieran espacio a Harry para que pudiera concentrarse más en sí mismo y en los estudios.

Silas se lo comunicó a Draco en la siguiente misiva. También le aclaró que su relación con los dos Gryffindor era menos próxima de lo aparente y hasta mencionó que ocasionalmente podían ser muy fastidiosos, aunque a veces habían sido muy útiles. Pero concluyó que en realidad le parecía bien que se hubiesen preocupado de crearle espacio porque él no estaba demasiado interesado en estrechar vínculos con otros de su Casa.

En cuanto a Gabriel, él y Severus continuaban con las prácticas de duelo. Gabriel había empezado también a prestarle mayor interés a la Oclumencia, si bien por el momento no había progresado mucho en esa área. El combate era lo que le gustaba y cuando Sirius y Remus se sumaban a las prácticas exultaba de contento. Habían empezado a practicar defensa en cooperación con otros y ataque contra enemigos múltiples.

Sirius aprendió mucho sobre Gabriel durante esa semana. Al principio se había decepcionado un poco. No se había esperado que el lado Gryffindor de su ahijado lo sermoneara por su comportamiento infantil y por causar más problemas que aportar soluciones con sus constantes bromas e insultos expresos o solapados. Pero una vez que había llegado a conocerlo mejor, le había ganado gran respeto. Llegó a darse cuenta de que Gabriel era competitivo, seguro de si mismo y de que le gustaba divertirse como al que más, pero no a expensas de otros. Si era preciso confrontar, lo hacía pero no porque le gustara.

Las sesiones nocturnas con Boy continuaron, con la participación de Padfoot. El alter había mostrado algunos progresos. Siempre y cuando Severus y Remus no lo miraran, ya no lloraba ni gimoteaba. Ya no se ocultaba debajo de la silla, se sentaba abiertamente sobre la alfombra, acariciaba al perro y comía lo que le dejaban sobre la mesita. Solía dirigirles miradas temerosas a los adultos cuando hablaban y se abrazaba a Padfoot, pero mientras no lo miraran no se escondía.

A Neville le había ido muy bien en el Centro Herbológico. Había vuelto con muchos nuevos libros y abundante información sobre cómo presentar una solicitud para ser aceptado en el programa de graduados una vez que hubiera terminado la escuela. La posibilidad futura de una carrera en lo que le gustaba le dio más seguridad aun.

Ron cada vez estaba más ansioso con la Copa Mundial. Llenaba páginas y páginas con el tema cada vez que se comunicaba con Harry. A Harry el fanatismo extremo de su amigo le causaba gracia.

Finalmente llegó el viernes 7 de agosto, el día que Severus debía regresar a Hogwarts. Harry se sorprendió cuando bajó a desayunar, las valijas de Severus estaban junto a la puerta pero también las de Remus. Sirius le sonrió cuando entró, Severus y Remus llevaban puestas togas, como preparados para salir.

Harry saludó y tomó asiento.

—Buenos días, pichón. —respondió Sirius y le desordenó los cabellos.

Harry hizo una mueca e intentó acomodárselos. —¿Vos también te vas, Remus? —preguntó.

—Así es. —confirmó Remus y le sonrió— Dumbledore me ofreció el puesto de profesor de Historia. Que es la materia en la que estoy especializado.

—¡Eso es genial! —exclamó Harry contento— ¿Y Sirius también va a ir a Hogwarts?

—No abiertamente… quizá como Padfoot. —contestó Remus sin dejar de sonreír.

—¿Va a ser tu mascota? —rió Harry.

—¡Hey! —reaccionó Sirius con fingida indignación y le arrojó una miga de pan.

—¡Dejá de actuar como un animal, Black! —lo increpó Severus disgustado— Hasta vos debés de saber los que se consideran modales aceptables en la mesa.

—¡Oh, callate, Snape! ¡Ni que te la hubiera tirado a vos!

—Los voy a extrañar. —intervino Harry antes de que las cosas se complicaran— Va a ser triste la casa vacía.

—Oohhh… pero si yo voy a quedarme… ¿que acaso no es suficiente? —se quejó Sirius haciendo un puchero.

Harry rió y le dio un leve golpe en el hombro. —Pero por supuesto que sí… Sirius.

—Voy a hacer lo posible para venir a cenar dos o tres veces por semana. —dijo Severus con tono neutro— Si llegaras a necesitarme mandá a Omi para que vaya a buscarme.

—Sí, Severus.

Cuando terminaron de desayunar los cuatro se levantaron y fueron hasta la puerta. Completados los saludos de rigor, Remus y Severus se marcharon.

Ya solos, Sirius lo alzó en vilo y lo hizo dar varias vueltas en el aire.

—¡Ahora que nos quedamos solos, la diversión no va a parar nunca! —declaró Sirius con entusiasmo.

—Todavía tengo que cumplir con los deberes, Sirius. —dijo Harry riendo— Lo prometí.

—Nada de trabajo hoy. Vacaciones son vacaciones. Vamos a ir a buscar las bicicletas y vamos a ir al pueblo. Iremos al parque y luego a almorzar en un restaurante y después a tomar un helado. La vamos a pasar de maravilla.

—Está bien. —concedió Harry riendo— Pero mañana vamos a tener que estudiar.

—Como vos digas. —se resignó Sirius.

oOo

Dumbledore estaba de pie frente a una de las ventanas de su despacho. Eran pasadas las ocho y el predio de Hogwarts se extendía ante sus ojos esplendoroso bañado de sol bajo un cielo sin nubes. Pero el director apenas si le prestaba atención, estaba inmerso en sus reflexiones. Y el tema central era Harry Potter, naturalmente.

Cuando Severus le había dicho que Harry sufría de un daño mental severo, su primera reacción había sido de horror. ¿Cómo era posible que hubiese cometido un error tan garrafal? Por una equivocación suya la única esperanza del mundo podría haber sido destruida. Él había sabido desde el principio que los Dursley no le iban a proveer afectos ni cuidados.

Había considerado en esa oportunidad que era mejor que creciera en un ambiente poco propicio para que no se volviera caprichoso y arrogante. Había puesto cerca a alguien que lo vigilara. Arabella Figg. Que le avisaría si las cosas se ponían muy difíciles en casa de los Dursley.

Pero también había controlado por su lado. Había tenido entrevistas con los maestros. Que por cierto siempre habían tenido un muy buen concepto de Harry. Lo único que habían mencionado como negativo era que su primo vivía provocándolo y que su atuendo dejaba que desear.

Pero en ninguna ocasión había habido signos de que el descuido también incluyera abuso. Por un corto momento, Dumbledore había temido lo peor, que Harry hubiera resultado dañado profundamente al punto de no poder cumplir su misión.

Pero seguidamente Severus había hablado sobre el Trastorno de Personalidades Múltiples y de inmediato había comprendido que el chico había sido dotado con un gran don. Su condición mental podía haber sido causada por hechos terribles que nunca tendrían que haber ocurrido, pero ¡valía la pena! Ahora el chico podía gozar de su paz e inocencia, pero el mundo también contaría con un guerrero tenaz.

Con su condición, no sería Harry el que sufriría las penas, las traiciones, las batallas que se demandaban de él. ¡Éste bien puede ser el poder que el Señor Oscuro no conoce! Era imperativo que la condición de Harry permaneciera como tal.

Se había preocupado cuando Harry había recuperado la consciencia. ¿Los dementors había alterado irremediablemente el balance perfecto de su mente? Había tenido que ahogar también las protestas de Remus. No convenía que nadie, excepto Severus y él, conocieran la condición mental de Harry. No entenderían que era imprescindible que la condición mental de Harry siguiera tal cual hasta que hubiera cumplido su misión.

Y había sido entonces que Sirius se había atrevido a lo inconcebible. Lo había secuestrado… ¡se lo había quitado de las manos! La Orden no había podido encontrarlo y con tanto turista yendo y viniendo por la Copa había sido imposible ubicar a los dos fugitivos. Dumbledore rogaba que la inconsciencia de Sirius no provocara daños irreparables en la excepcional condición mental de Harry.

Un elfo se materializó a su lado.

—Profesor… el cuerpo docente lo espera en la sala de profesores.

Dumbledore asintió distraído. Con un gesto lo despachó a que siguiera con sus quehaceres.

Respiró hondo y suspiró. Nada podía hacer por el momento y el Torneo les iba a significar mucho trabajo. Sólo le quedaba esperar hasta que Harry se reintegrara a la escuela el 1º de septiembre.

oOo

Neville ya llevaba dos semanas en su casa. Las cosas no estaban tan mal, excepto por las tardes. Durante la mañana, después de desayunar, se iba a su habitación a estudiar. Hablaba muy poco con su abuela y ella ya no hacía tantos comentarios despreciativos y vejatorios como antes.

Tío Algie, cuya salud era muy delicada, dormía hasta el mediodía. Y a Neville le tocaba ir a despertarlo para el almuerzo. El viejo siempre se levantaba de pésimo humor y le gritaba de todo, que era un grosero y desconsiderado, desagradecido y holgazán y un montón de otras cosas.

Por la tarde, la abuela lo obligaba a jugar al ajedrez con su tío para entretenerlo. Tío Algie se pasaba todo el tiempo hablando de épocas pasadas, de gente muerta y de lo grandiosa que había sido la vida décadas atrás. Y despotricaba contra los jóvenes actuales que no querían más que divertirse y no tener responsabilidades. Y miraba a Neville como si fuera el modelo más logrado que probaba todos sus dichos.

Neville soportaba con paciencia un par de horas y luego se excusaba aduciendo que tenía que ir a atender sus plantas. Era el momento del día que más disfrutaba. Cuando el sol empezaba a ponerse, volvía a su cuarto para tomar una ducha y prepararse para la cena.

Durante la cena la abuela y tío Algie hablaban entre ellos como si Neville no estuviera presente. Después de comer, le tocaba lavar los platos y limpiar la cocina, todo a mano, la abuela no le tenía confianza con la varita. Cuando terminaba se despedía de los adultos con un beso, como correspondía y subía a su habitación. Era el momento de volver a distenderse. Practicaba Meditación y luego se quedaba a esperar que el pergamino de Harry entrara en actividad. Casi todas las noches conversaban un rato antes de ir a acostarse.

Extrañaba a Harry y a Remus cada vez más con cada día que pasaba. Extrañaba las sonrisas y los abrazos. Extrañaba las risas y las tantas pequeñas cosas de las que hablaban. Detestaba tener que controlar cada movimiento que hacía y cada palabra que pronunciaba ahí en su casa. Detestaba que el miedo estuviera de regreso. Tenía miedo de meter la pata, especialmente en ese momento puesto que su abuela parecía un poco más conforme con él, si bien no satisfecha.

Esa mañana, la abuela abrió intempestivamente la puerta de su habitación. — ¡Neville! Te llamé dos veces y no bajaste. Ya es la hora del almuerzo. ¿Qué estabas haciendo?

Neville se puso de pie tan de golpe que la silla cayó hacia atrás. Se había dejado llevar por sus pensamientos sentado al escritorio y había perdido toda noción del tiempo. A la abuela no se pasó por alto que no había papeles ni libros abiertos sobre el escritorio.

—Suponía que usabas estas horas para estudiar. —lo regañó— Y parece que estás haraganeando. El profesor Lupin se mostraría muy decepcionado, dedicó tanto de su tiempo para asistirte ¿y ésta es la forma en la que retribuís su amabilidad? Esto es algo que no estoy dispuesta a tolerar. Después de almorzar volverás a subir para estudiar, ahora andá a despertar a tu tío. El almuerzo estará servido dentro de media hora minutos.

—Sí, señora. —fue todo lo que atinó a responder muy avergonzado.

La cosa no mejoró durante el almuerzo. Cuando fue a servirse papas fritas, la abuela prácticamente le quitó la fuente de la mano. —Con el sándwich será suficiente, he notado que has subido algunos kilos estos últimos tiempos.

—Sí, señora. —contestó agachando la cabeza.

—Cuando yo tenía tu edad… —intervino tío Algie apuntándolo con la cuchara— …estaba haciendo algo productivo todo el día, no paraba y hasta me hacía tiempo para jugar al quidditch. Ni yo ni ninguno de mis amigos teníamos sobrepeso. Siempre digo que uno puede juzgar a cualquier mago por su contextura. Los que son disciplinados siempre están en forma. Y si no mirame a mí, soy un viejo pero tengo más vitalidad que vos.

—No hay nada de malo en no jugar al quidditch. —dijo la abuela— Es un deporte violento que me ofrece ciertos reparos. Pero no se puede discutir que el estado físico es importante. ¿Qué actividades físicas practicabas con el profesor Lupin?

—Una hora diaria en la sala de entrenamiento y también practicábamos duelo, señora.

—Ah, sí… —dijo la abuela y arrugó la frente— Bueno, nosotros no tenemos una sala de entrenamiento… pero quizá pueda conseguirte un compañero para que practiques duelo.

Neville contuvo una mueca y contestó como correspondía. —Gracias, señora.

oOo

La abuela no perdió tiempo, al día siguiente se hizo presente una amiga con su nieto. Las dos mujeres se pusieron a charlar animadamente y los mandaron al jardín para que hicieran ejercicio.

Se trataba de Justin Finch-Fletchley, un Hufflepuff que estaba en su mismo año.

—Sólo vine porque mi abuela me obligó, Longbottom. —dijo Justin encogiéndose de hombros— Trataré en lo posible que no resultes muy dañado.

—Yo no le pedí que trajera a nadie, fue idea de mi abuela.

—Oh bueno, como sea… —respondió el otro resignado— Pero más vale que aprovechemos el tiempo. Empecemos con escudos, no quisiera que hicieras explotar algo de entrada. Parate a tres metros… yo te voy a lanzar un hechizo y vos tenés que tratar de bloquearlo.

Justin casi no le dio tiempo a prepararse y lanzó el primer hechizo. Neville no pudo levantar un escudo a tiempo y estuvo danzando varios minutos hasta que cayó sentado al suelo. Justin sacudía la cabeza con lástima. Había empezado mal pero Neville no se dio por vencido. Ya mejor preparado pudo bloquear y esquivar toda la batería de hechizos que le lanzaba Justin. Ningún hechizo hizo impacto de ahí hasta que terminaron.

Para Justin dejó de ser divertido y después del segundo día dejó de venir. Como era de esperar, la abuela le echó la culpa a Neville. Y le soltó una de sus largas e hirientes diatribas. Que no podía hacer nada bien. Que era la oveja negra de la familia y que nunca podría mejorar. Que era un inútil, torpe y gordo, bueno para nada. Que sus padres estarían avergonzados de él.

Subió directo al baño cuando su abuela agotó el repertorio de imprecaciones. Tenía el rostro bañado en lágrimas cuando agarró la navaja. Procedió a hacerse tres pequeños cortes en el antebrazo. Sintió alivio y culpa. De inmediato se le habían presentado las imágenes de Harry y de Remus. ¡Se sentirían repugnados si lo vieran! ¡Era tan débil! Se hizo otro corte y otro más. Se apoyó contra la pared y fue deslizándose lentamente hasta quedar sentado en el suelo, sangrando. Sentía la mente en una nebulosa… pero ya no sufría.

oOo

Cuando Harry bajó a desayunar el martes, Sirius se dio cuenta de inmediato de que había algo que no estaba bien.

—¿Qué pasa? —preguntó frunciendo el ceño.

—Es por Neville… todas las noches conversamos con el pergamino… pero anoche no me escribió.

—No creo que sea para preocuparte, Harry. Quizá se fue a acostar más temprano… o quizá había salido con su abuela.

—Sí, quizá… —dijo Harry poco convencido— Pero yo tengo la sensación de que hay algo que está mal.

—Si esta noche tampoco escribe le vamos a decir a Remus que les haga una visita a los Longbottom. Seguro que va a estar encantado de contar con una excusa. —dijo Sirius riendo y le desordenó los cabellos.

Harry le sacó la mano y le frunció el ceño. —¿Por qué vivís despeinándome, Siri?

—¡Por que es divertido! —le respondió Sirius sonriendo sin contrición alguna.

Neville tampoco escribió esa noche. Harry mandó a Omi con una nota en la que explicaba la situación y le pedía a Remus que fuera a averiguar qué era lo que pasaba. El elfo volvió un rato más tarde con la respuesta: Remus se iba a ocupar del asunto.

oOo

Dos días más tarde era luna llena, así que Dumbledore lo autorizó para que se ausentara. Era temprano, pero no demasiado cuando llamó a la residencia Longbottom. Augusta Longbottom lo invitó a pasar de inmediato.

—Nosotros ya hemos desayunado pero podría prepararle algo. —ofreció la matrona amablemente— Lo noto un poco desmejorado…

—Es sólo un resfrío… y un té bastará. ¿Cómo está pasando el verano?

—Bien… —respondió ella sonriendo— Y gratamente sorprendidos cuando Neville regreso. Le estamos muy agradecidos por todo lo que hizo por él.

—En realidad no fue nada. Neville sólo necesitaba ganar un poco de confianza, el resto fue muy fácil.

—Pero mucho me temo que los buenos resultados no fueron duraderos. Los primeros días estuvo muy bien, pero después volvió a los malos hábitos. Parece que necesita control muy estrecho para desempeñarse como corresponde. Lamentablemente no ha aprendido autodisciplina… empiezo a pensar que no tiene remedio…

—Mucho dudo que ése sea el caso, señora. —dijo Remus poniéndose tenso— Neville es talentoso y solícito. Es un chico excelente del que debería sentirse orgullosa. Pero es muy duro mantenerse íntegro e incólume cuando uno escucha a diario de su familia que no es más que un fracaso. Llega al punto de que uno termina convenciéndose de que es cierto y actúa en conformidad.

—No sé qué es lo que está insinuando, profesor Lupin. —dijo Augusta enderezando la postura y con manifiesto enojo en la expresión.

—Creo que sí lo sabe. —dijo Remus con voz muy suave— Sé que ama a su nieto y que quiere lo mejor para él, pero creo que ha venido manejando mal las cosas. Si Ud. realmente quiere que Neville sea fuerte, con confianza en sí mismo y feliz… debería replantearse ciertas actitudes y debería repensar ciertas cosas que le dice. Su constante desaprobación y sus expectativas de que fracase lo apabullan. Le quiebran la confianza en sí mismo y la autoestima. Y naturalmente, nada bueno puede esperarse de eso.

—¡Basta! —dijo ella vehemente poniéndose de pie— Creo que será mejor que se vaya.

—Por favor, señora. Estoy muy preocupado por Neville. Hace varios días que no me escribe y eso es muy irregular. Permítame por lo menos que converse un momento con él.

—Lo voy a permitir en consideración a la ayuda que le ha prestado. Pero le aclaro que a partir de hoy Ud. ya no es bienvenido en esta casa.

Remus acusó recibo con una breve inclinación de cabeza y enfiló hacia la escalera.

—¡Remus! —se sorprendió tartamudeante Neville cuando abrió la puerta.

Remus lo abrazó y lo acunó durante unos instantes hasta que sintió que se distendía en sus brazos. —Te extrañé, Neville. ¿Qué pasa? ¿Por qué dejaste de escribirme?

Neville sacudió la cabeza y trató de separarse. Había llegado a considerar al profesor como un padre y no quería verle el rostro decepcionado. Pero Remus no le permitió que se escondiera y lo obligó a que lo mirara. Neville frunció el ceño, Remus se veía muy pálido y parecía enfermo. Recordó entonces que la luna llena estaba cercana y se sintió más culpable aun, le estaba agregando una carga más sobre los hombros.

—Neville, —dijo Remus con voz muy suave— yo te quiero. Estoy orgulloso de vos. Y mi estima no decrece en absoluto al saber que vivir en esta casa te produce depresión. Nadie podría vivir acá y ser feliz. ¿Comprendés lo que quiero decirte? Me decepcionaría saber que vos aceptás sin más la forma en que te tratan. A vos te importa lo que los demás piensan de vos y vos querés hacer sentirse orgullosos a los de tu familia. Eso es admirable… algún otro menos valioso que vos ya habría mandado todo al diablo hace rato. Vine por vos, me hace feliz poder ayudarte. Nunca tuve hijos ni ahijados y tener a alguien al que pueda cuidar y proteger me hace dichoso. Nunca deberías dudar en recurrir a mí cuando necesites apoyo, consuelo o cualquier otra ayuda.

—¡Perdón, Remus! —Neville lo abrazó estrechamente y se echó a llorar— No sé… no sé en qué habré estado pensando… fue como si nada de lo que pasó este verano fuera real… todo parecía haberse disuelto en la nada… y volví a pensar que era un inútil… que no servía para nada y… y…

—Shhh… —Lo instó Remus a calmarse. —No hay ninguna razón para que dudes de vos mismo. Este verano hiciste mucho y debés sentirte orgulloso de lo que lograste. Sé que yo estoy muy orgulloso de vos. Y Harry está preocupado por vos… y también Sirius. Y hasta Severus me deseó buena suerte con un gesto, sabía que venía para acá. No somos un sueño. Todos creemos en vos. Y todo va estar bien. Sólo faltan once días para que empiece la escuela.

—Ya sé. —dijo Neville secándose una mejilla— Lo siento.

—No tenés que lamentar nada. Te extrañamos, Nev. Y vamos a estar muy contentos cuando te tengamos de vuelta. Creo sinceramente que tu abuela te quiere, pero realmente no se da cuenta de cuanto te hiere. Tratá de darle tiempo. Cuando vea que podés mantenerte en pie, llegará a darse cuenta de que sos inteligente y de que te podés manejar con independencia… y ese día ella también se sentirá orgullosa de vos.

—Eso espero. —suspiró Neville— Pero pareciera que para ella nada es suficiente… siempre encuentra defectos.

—Eso no es cierto. —dijo Remus con firmeza— Mirame a los ojos.

Neville obedeció con renuencia.

—No hay nada mal en vos. Y no has hecho nada que esté mal. Sos una persona excelente y somos muchos los que te queremos.

—Y me siento ridículo. —dijo Neville con un esbozo de risa. Era bueno oír esas cosas… pero la situación seguía siendo muy difícil.

Remus también rió. —No tengo mucho más tiempo. Me temo que le canté algunas verdades a tu abuela y no le gustaron. Ya no soy más bienvenido acá.

—¡¿Cómo?! —exclamó Neville espantado— Remus, vos siempre sos bienvenido.

—Quizá para vos, Nev. —le sonrió y le desordenó los cabellos— Quiero que me prometas que le vas a escribir a Harry todas las noches y que no te vas a olvidar de todo lo que aprendiste… aunque te resulte difícil. Yo estoy a tu disposición, podés llamarme por la chimenea en cualquier momento si sentís necesidad de conversar con alguien. Para mí será siempre un gusto poder hablar con vos.

—De acuerdo. —asintió Neville.

—Y tené cuidado. —agregó Remus y le envolvió con las manos los antebrazos— No vuelvas a caer en la adicción. Sé que es duro. Yo , no te olvides. Y es más dulce y tentador cuando lo hemos dejado por un tiempo… y es mucho más peligroso… creo que no podría soportarlo si te murieras…

—Remus… —susurró Neville y empezó a llorar otra vez— Perdón. No lo volveré a hacer.

—Me consta que vas a hacer el mayor esfuerzo. Y eso para mí es suficiente. —sonrió y se puso de pie— Estaré a la espera de tus cartas y llamadas.

—Gracias por todo, Remus.

—No es preciso darlas. Y yo también te estoy agradecido… por todo, Neville.

—De nada. —dijo Neville riendo.

—Así me gusta. ¿Por qué no me acompañás hasta la chimenea? Y te pido disculpas por anticipado, porque algunas cosas que le dije a tu abuela podrían dificultarte más las cosas.

—Sabré arreglármelas.

La abuela estaba amenazadora de pie junto a la chimenea, tenía los brazos cruzados sobre el pecho y una expresión de profunda desaprobación en el rostro. Remus hizo de cuenta que no lo había notado, pero Neville empezó a bullir de enojo. ¡¿Cómo se atrevía a tratar a Remus de esa forma?! Remus lo abrazó una vez más y se despidió amablemente de ambos. Apenas hubo desaparecido en las llamas, la abuela empezó con sus reproches.

—No quiero que vuelva nunca más, Neville. Es un grosero y no me gustan las ideas que podría meterte en la cabeza.

—¡Qué curioso! Parecías opinar muy distinto el día que volví. —dijo Neville con sorna, estaba furioso— Estabas tan agradecida de que se ocupara de un caso sin remedio como yo y parecías muy admirada de los progresos que había hecho.

—¡Basta! ¡Es claro que tengo razón! Sólo habló unos minutos con vos y ya estás comportándote como un chico malcriado y desagradable. ¿¡Qué dirían tus padres si te oyeran?!

—¡No lo sé, porque nunca me hablaron y probablemente nunca me hablen! ¿¡Qué dirían de vos si te oyeran usarlos para reprocharme cosas infinidad de veces durante el día?! ¡No creo que sintieran muy complacidos precisamente! Prefiero pensar que me habrían querido igual aunque me equivocara un montón de veces.

—¡Andá a tu cuarto ya mismo! —aulló furibunda.

—¡Remus me ha ayudado más de lo que vos me ayudaste nunca! ¡Gracias a él llegué a convencerme de que puedo conseguir mucho si me esfuerzo, vos en cambio vivís martillándome que todo lo que hago es inútil, una vergüenza o un fracaso! Él nunca se sorprende cuando hago las cosas bien, ni se decepciona cuando cometo un error. Me ayuda, eso así, a corregir mis errores, porque cree en mí y cree que puedo hacer las cosas bien. ¡Y lo que es realmente vergonzoso es que lo hayas tratado tan desdeñosamente después de todo lo que me ha ayudado sin pedir nada a cambio!

Dicho eso, pegó media vuelta y con calma se encaminó hacia la escalera.

Ya en su cuarto, se apoyó en la puerta y se dejó deslizar hasta el suelo. ¿¡Cómo se había atrevido a decirle todo eso?! Se miró las manos, le temblaban. Pero no lamentaba nada de lo que había dicho.

Unos minutos más tarde, ya más compuesto, se puso de pie y fue a sentarse al escritorio para escribirle a Harry.

Hola, Harry. Sólo quería que supieras que estoy bien y te pido disculpas por no haberte escrito durante dos noches. Pasé un par de días difíciles. Acá en mi casa es siempre difícil… y mi confianza vaciló… Pero no te preocupes, sin embargo, Vino Remus y arregló las cosas. Los extraño mucho… pero ya falta poco para que empiecen las clases, sé que voy a poder aguantar hasta entonces. Mandale mis saludos a Sirius. Te quiero. Neville.

Esa noche, después de cenar, Harry se encontró con la nota de Neville y se puso a contestarle. Neville estaba cerca del pergamino y notó de inmediato la actividad. Estuvieron conversando un largo rato.

oOo

En los días que siguieron la abuela lo dejó tranquilo. No le hablaba y ni siquiera lo miraba. Tío Algie había detectado la tensión y optó por no meterse para no empeorar las cosas. Neville estaba más que contento de que no lo fastidiaran. Había retomado además las prácticas de Meditación.

En cuanto a Harry, había recibido una interesante novedad de parte de Ron. Al parecer el señor Weasley se había ganado unas cuantas entradas para la Final. Para toda la familia y dos extra. Ron le había ofrecido una a Hermione y la otra era para Harry. Harry declinó el ofrecimiento diciéndole que ya contaba con entradas, aunque no estaba seguro de que pudiera ir. Le sugirió que invitara a Neville.

Humm… no sé, cumpa… creo que ni siquiera le gusta el quidditch.

Le va a encantar ir. Y si finalmente yo puedo ir… ¡quiero que esté él también! Él también es mi amigo.

Yo creía que yo era tu mejor amigo.

Neville y yo nos hicimos muy amigos el año pasado cuando ustedes estaban tan ocupados con otras cosas. Y me he estado escribiendo con él mediante un pergamino igual al tuyo. Él y vos, los dos son mis amigos.

Oh, bueno… lo que vos digas, cumpa. Creo que puedo invitarlo.

Gracias, Ron.

De nada, cumpa. Neville no es mal tipo. Y en una de esas los mellizos se la agarran con él para las bromas y me dejan a mí más tranquilo.

oOo

Gabriel estaba nuevamente tratando de convencer a Silas que se fuera a dormir. El Slytherin tenía muy mal aspecto otra vez. Llevaba varios días sin reposar.

—Vamos, Sy… —insistió Gabriel por enésima vez.

—Más tarde. —replicó Silas con brusquedad— Tengo que resolver este enigma… sé que dispongo de todas las piezas… tengo la respuesta delante de mí… estoy a punto de capturarla… y si me acuesto se escapará…

—¿Esto tiene que ver con la Copa? Ni siquiera sabemos si vamos a ir, ¿qué te preocupás tanto entonces?

—Porque todavía no sé si nos conviene ir o no. Podría ser una oportunidad inigualable para obtener información. Pero por otro lado, los mortífagos podrían estar planeando una matanza… y en ese caso nos convendría quedarnos.

—Mirá, así como estás mal vas a poder pensar nada con coherencia… andá a dormir… todo va a resultarte más claro en la mañana cuando estés descansado.

Silas suspiró. —Ya lo sé, Gabriel. Pero… es que nos estamos quedando sin tiempo. La final es el lunes, sólo faltan dos días… y quizá no sea tiempo suficiente para convencer a Snape de que nos deje ir.

—Eso no va a ser un problema. —le aseguró Gabriel— Si queremos ir y él no nos deja, iremos igual. Nos robamos las entradas y listo.

—Tenés razón. —dijo Silas alzando una comisura— Tendríamos que celebrar porque es un hecho inusitado.

—Oh, callate y andá a dormir. —replicó Gabriel riendo.

Silas rió, se puso de pie y se encaminó a su habitación, pero a mitad de camino se desplomó al suelo. Gabriel fue a auxiliarlo sin perder un segundo. Lo dio vuelta. Silas estaba aparentemente experimentando una visión y una cicatriz con forma de rayo le había aparecido en la frente, roja, inflamada. Suspiró profundamente, lo alzó en brazos y lo llevó a la cama.

—Espero que esa información que tanto estás buscando realmente valga la pena.

Frunció el ceño preocupado y lo dejó con su visión. Tenía que ir a vigilar a Harry, no quería que llegara a pasar nada irregular como la última vez en el parque. Y Silas no iba a estar disponible durante varias horas.

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