Mente rota, alma quebrada
Quidditch, caos y castigos
Harry estaba prendido de la mano de Severus como si en ello le fuera la vida. La tensión y la excitación en el estadio eran casi tangibles. Le sangraba la nariz y se habría desmayado de no haber sido por el contacto directo con el profesor. Y de pronto ocurrió…
—¡La tiene! ¡Krum agarró la snitch! —gritó Harry poniéndose de pie de un salto. El buscador búlgaro se remontaba casi desde el suelo con un brazo en alto.
Las tribunas parecieron estallar de entusiasmo. El resultado final parpadeaba en el gran cartel luminoso: BULGARIA: 160 - IRLANDA: 170.
—¡Victoria de Irlanda! —resonó la voz de Ludo Bagman.
oOo
El retorno a la carpa les llevó más de una hora, había sido muy difícil avanzar entre la multitud que festejaba.
Ya en el interior, Sirius lo levantó en vilo y lo hizo girar en el aire. Severus dibujó una mueca desdeñosa y se encaminó a la cocina.
—¡¿Podés creerlo?! ¡Eso no pasa casi nunca! ¡Capturó la snitch pero igual perdieron el partido!
—Fue genial. ¿Viste cuando Krum hizo la finta Wronski?
—Y Aidan Lynch se cayó dos veces… el capitán tuvo que llevarlo en su escoba para la vuelta de la victoria…
—Sí, esas caídas fueron espantosas… —respondió Harry pero se interrumpió de pronto. Había sentido como un pop interior súbito y fue como si una intensa ola de alivio lo hubiese invadido.
—¿Qué fue eso? —le preguntó a Severus que acababa de volver de la cocina.
—Puse una barrera de aislamiento alrededor de la carpa.
—¡Gracias! ¡Ahora me siento mucho mejor!
Sirius lo miró preocupado. —¿Te parece que va a estar bien en Hogwarts? —le preguntó a Severus.
—Estará bien. Las emociones en la escuela no van a ser tantas ni tan intensas como acá esta noche. Y si en algún momento se viera superado, siempre puede salir Silas. Sólo Harry es empático.
—¡Voy a preparar té! —anunció Harry y partió hacia la cocina.
oOo
Silas salió de la carpa con el mayor sigilo. Había sido toda una hazaña pasar por delante de Severus, que dormía en el sofá de la sala, sin despertarlo. Alzó una comisura y tuvo que reconocer para sus adentros que había sido muy divertido.
Y después decís que yo soy el inconsciente temerario, rió Gabriel bufando. Diría que eso fue más arriesgado que cualquier cosa que yo haya intentado hasta ahora. ¿Y por qué nos estamos escapando después de todo?
Ya te lo había dicho. Ésta es una oportunidad excepcional para poder observar directamente lo que está ocurriendo en el mundo mágico. Siempre estamos o encerrados en la escuela o en la casa, respondió Silas avanzando por el césped.
Mucha gente se había ido a dormir pero había muchas fiestas que seguían. Se podían oír muchos gritos ebrios y cantos desafinados. Pasaron por delante de una carpa que se sacudía violentamente, probablemente estaban festejando con una orgía adentro. Hizo una mueca de disgusto y continuó avanzando. Buscaba algo muy particular, un grupo que estuviera conversando, un poco ebrios como para que no les llamara la atención ver a un chico de once años merodeando pero lo suficientemente sobrios como para poder otorgarle algo de credibilidad a lo que dijeran.
Encontró lo que buscaba más o menos a unos ochocientos metros de la carpa. Era un grupo de cinco hombres y dos mujeres de entre veinticinco y treinta años. Estaban sentados alrededor de una pequeña fogata, había una música suave sonando y una pareja estaba bailando. Los otros bebían, reían y charlaban.
—Krum es lo más grande que hay. —decía uno de los hombres.
—Y muy sexy. —acotó una de las mujeres con picardía.
—Hace por lo menos cien años que no se destacaba tanto un jugador que todavía estuviera asistiendo a la escuela. —prosiguió el hombre— Según dicen es alumno de Durmstrang y todavía le falta un año. ¡Es increíble! ¡Lo contrataron como jugador profesional a los dieciséis años! Hay quienes dicen que el equipo tenía las prácticas en el estadio de la escuela. Y por supuesto tenían que darle un permiso especial para salir cuando se jugaban los partidos. Ése sí que no debe de tener problemas para conseguirse chicas.
—Es realmente sorprendente porque por lo que he oído, Durmstrang es una escuela de métodos medievales, todavía aplican castigos físicos severos. No sé si será cierto… pero lo que es cierto es que no es como Hogwarts.
—Yo nunca mandaría a un hijo mío a un lugar así. —dijo la otra mujer.
—Ya sabés cómo son algunos sangrepura. —intervino otro de los hombres— Viven todavía en la Edad Media, quieren que sus hijos salgan endurecidos. En su infinita sapiencia creen que es la mejor forma de perpetuar la estirpe impoluta… ni el más mínimo desliz debe permitirse.
—Bueno… —dijo una de las mujeres con intención— A mí me gustaría empujarlo a que cometiera un desliz… y también podría enseñarle alguna que otra cosita.
—Sí… de eso no me cabe duda. —acotó otro de los hombres burlón.
—Igual no puedo entender que los padres manden a sus hijos a un lugar donde serán sometidos a abusos físicos.
—Y no sé si ustedes lo sabían… pero el director es el ex mortífago Igor Karkaroff así que no sería de extrañar que fuera cierto todo lo que se rumorea… con un monstruo así a cargo…
—Digan lo que digan de la escuela se gradúan magos y brujas muy idóneos y competentes. —dijo el hombre que había estado bailando y que se les había acercado con su pareja— Individuos que no se desmoronan bajo las presiones y que llegan a ser muy exitosos y poderosos.
—Y muy oscuros también… —gruñó otro de los hombres— A mí no me parece bien que les enseñen magia oscura.
—Uno no se puede defender bien de lo que no conoce. La ignorancia no es lo ideal. —contraargumentó otro.
—Oh, esto se supone que es una fiesta…. y se han puesto demasiado serios. —dijo la que había estado bailando haciendo un puchero— Córtenla de una vez… y un trago no me vendría mal.
Silas retomó la marcha.
Suena como un lugar muy acogedor, comentó Gabriel con sorna sombría.
Durmstrang parece ser muy exigente y severa, pero no te olvides de que de ahí surgió el buscador profesional más joven de la historia.
No me digas que ahora se te dio por admirar la severidad y las exigencias extremas.
No fue eso lo que dije. Y seguramente debe de haber mucha exageración en todos esos rumores que se corren. No te apresures en decretar tu condena. Y Hogwarts está lejos de ser perfecta. Demasiado permisiva para mi gusto. Y el programa de estudios está desactualizado y hay muchas áreas que no contempla.
Sólo a vos se te podría ocurrir una opinión como ésa, dijo Gabriel sonriendo.
Vos pensás lo mismo, así que no hables tanto… ¿o acaso no echaste al profesor de Historia por incompetente? Y siempre te quejás de que el programa de Defensa deja mucho que desear.
Es cierto, admitió Gabriel riendo. Pero prefiero un lugar donde no te den una paliza por infracciones menores… treinta y nueve azotes por llegar tarde suena excesivo, ¿o no?
Uno puede arreglárselas para violar las reglas sin que te descubran, poco importan los castigos que apliquen si nunca pueden atraparte en un renuncio.
Siguió explorando pero no pudo encontrar otro grupo más o menos coherente o útil. Todos estaban muy borrachos o estaban hablando de cosas que a Silas no le interesaban. Decidió emprender el regreso pero cortando camino por el bosque. En eso estaba cuando oyó los gritos de una discusión, se acercó con sigilo y se escondió detrás de un árbol para escuchar.
—¡Por favor, necesito que me asignen un traslador temprano! —casi rogaba Ludo Bagman a un oficial del Ministerio que lucía muy cansado, tenía cabellos negros y bigote.
—Lo lamento, pero ya conocés las disposiciones. Ningún traslador hasta mañana, no se puede permitir que la gente, borrachos como están todos, vayan a causar disturbios a otra parte. Y ni siquiera para vos puedo autorizar uno, después tendría que dar montón de explicaciones y probablemente me sancionarían.
—¡Pero es que no entendés! ¡Se trata de una emergencia!
—¿Qué fue lo que hiciste ahora, Ludo? —reaccionó el otro con brusquedad— Esto tiene que ver con las apuestas, ¿no?
—Es que era imposible que Irlanda ganara, pero que Krum capturara la snitch. Por favor, pude sacármelos de encima por ahora dándoles oro falso… pero no van a tardar en darse cuenta. ¡Tengo que escaparme!
—Tendrías que haber pensado en eso antes… —dijo el hombre sacudiendo la cabeza— Lo siento, Ludo, pero no puedo ayudarte. Lo único que te puedo aconsejar es que te pongas a caminar, eso sí, serán más de dos horas de marcha hasta que puedas cruzar las barreras antiaparicionamiento.
—Por favor, Barty…
—No, lo lamento. —dijo el otro, dio media vuelta y se alejó.
Silas había seguido la conversación con indiferencia pero cuando oyó el nombre su interés se despertó de inmediato. Con mucha cautela se puso a seguirlo, de todos modos iba en dirección al lugar donde estaba la carpa de ellos, no se iba a desviar demasiado. Crouch estaba controlando, así que hizo varias paradas para hablar con otros empleados ministeriales que estaban vigilando.
Finalmente llegó a una carpa que al parecer era la suya. Cuando se disponía a ingresar se oyeron estruendos algo alejados, sonaban como disparos de armas de fuego. Crouch se paralizó durante un segundo y luego se apresuró a meterse en la carpa.
Gabriel desplazó a Silas en el control sin previo aviso.
—Perdón, Sy, pero tengo que ir a avisarles a los Weasley y quiero asegurarme de que no le pase nada a Neville.
¡Yo podría haberme encargado de eso!, protestó Silas.
—¡Si. claro! —replicó Gabriel riendo. Y de inmediato se concentró para recordar en qué dirección se encontraba la carpa de los Weasley. —Vos habrías ido corriendo directamente a Snape para que nos sacara de acá.
Silas no hizo comentario alguno respecto de la acusación, se puso de inmediato a darle indicaciones orientándolo en la dirección correcta. Gabriel se sorprendió por la colaboración inesperada.
Ya que nos vas a embarcar en esto, es mejor que lo hagamos rápido, gruñó Silas.
Gabriel se puso en marcha y por el camino fue advirtiéndoles a todos los que se le cruzaban que buscaran refugio en el bosque. Los estruendos continuaban, más numerosos a cada momento y sonaban más próximos. A lo lejos podían distinguirse haces luminosos de hechizos. Una escuadra de sujetos enmascarados y vestidos con togas negras eran los atacantes.
Llegó a la carpa de los Weasley justo cuando Ron, Hermione y Neville estaban saliendo.
—¡Harry! —exclamó Hermione que fue la primera que lo vio— Vos te ves… ¡como vos!
Gabriel vaciló un segundo, el efecto de la polijugos debía de haberse desvanecido. La expresión de Neville reflejó inmediato alivio cuando lo vio. Ron lucía muy alterado, tenía la vista fija en el grupo de atacantes que se iban acercando y parecían estar jugando haciendo danzar a personas en el aire. Los gritos de las víctimas se mezclaban con las risas de los mortífagos. Muchas carpas explotaban y otras ardían. Cientos de personas huían despavoridas tratando de alejarse lo más posible del foco del grupo destructor.
Los Weasleys adultos, los mellizos y Ginny salieron en ese momento. Los mayores estaban vestidos pero los chicos estaban en piyamas.
—¡Vamos a ir a ayudar a los aurores! —gritó el señor Weasley. Vaciló un instante al ver a Harry Potter, pero no se demoró en preguntas. —Vayan a refugiarse al bosque, volveremos a buscarlos.
—Vamos. —ordenó Gabriel y el grupo se puso en marcha.
Pero eran muchos los que habían ido a buscar seguridad entre los árboles. Quedaron inmersos en una multitud presa del pánico que terminó separándolos. Gabriel maldijo y agarró a Hermione de la mano.
—Agarrate de Ron. —le ordenó— ¡Ron, vos dale la mano a Neville!
Todos obedecieron y Gabriel fue abriéndose paso por entre el mar de gente. Finalmente pudieron escapar del amontonamiento. Pero un minuto después Gabriel sintió un violento tirón de la mano de Hermione. Ron se había desplomado al suelo.
—¿Qué pasó?
—Me tropecé con una raíz. —explicó Ron fastidiado, ya se estaba poniendo de pie.
—No es de extrañar con lo patón que sos.
La voz divertida y desdeñosa que había hecho el comentario no había sido la de ninguno de ellos. Gabriel se dio vuelta al instante adoptando instancia de combate. Era Draco Malfoy. Estaba solo y apoyado como al descuido contra el tronco de un árbol.
—¡Maricón de mierda! —farfulló Ron.
—No hace falta ser grosero, Weasel. —dijo Malfoy cruzándose de brazos, no daba la impresión de que el comentario le hubiera hecho mella— Y les convendría proseguir alejándose… si llegaran a verla a ella… —agregó con una seña hacia Hermione.
—¿Qué querés insinuar con eso? —intervino Hermione con tono desafiante.
—Granger… hace unos momentos estaban revoleando por el aire a una familia de muggles… si no querés estar mostrando la bombacha flotando en lo alto dentro de un rato más te vale que te pongas a correr, porque vienen para acá… aunque presumo que el espectáculo podría llegar a ser muy cómico.
—¡Hermione es una bruja! —aulló Ron apretando los puños.
—Como vos digas, Weasel… —replicó Malfoy malicioso— Pero no abundan los muggles esta noche, lo más probable es que sigan con los sangresucia.
Malfoy está tratando de advertirte, opinó Silas. Confía en lo te digo. No te va a atacar por la espalda. Retomen la marcha.
—¡Cuidado con lo que decís! —bramó Ron a punto de abalanzársele.
—Ron, no le hagas caso. —dijo Gabriel frenándolo— Y no perdamos más tiempo, tenemos que alejarnos lo más posible de los atacantes.
Se oyeron estruendos y gritos mucho más próximos. Hermione chilló espantada.
—Es de las que se asustan fácil… —continuó Malfoy con las provocaciones. Pero a los oídos de Gabriel sonaban bastante huecas. —Supongo que tu papá les ordenó que corrieran a esconderse. ¿Dónde está ahora? ¿Fue a rescatar a los muggles?
—¡¿Y dónde está tu padre!? —le escupió Ron forcejeando para librarse del agarre férreo de Gabriel que lo retenía— ¡Seguro que es uno de los enmascarados!
—Si así fuera… no pensarás que iba a decírtelo…
—¡Ya basta de perder tiempo con este imbécil! —los urgió Hermione— ¡Vamos!
Todos reanudaron la marcha. Malfoy lanzó un último dardo a modo de despedida. —Mantené esa melena greñuda lo más bajo posible, Granger.
Caminaron a paso vivo durante unos quince minutos. Cuando llegaron a un pequeño claro, Gabriel les dijo que se quedaran a esperar, que él iba a volver para ayudar en el combate. Ron protestó, él también quería volver a pelear. Pero Hermione lo retuvo al tiempo que le soltaba una retahíla de reproches. Gabriel aprovechó para ponerse en camino de regreso, pero se detuvo antes de abandonar el claro. Había oído un crujido entre los arbustos. Giró y apuntó la varita en dirección al ruido. Todos los demás se callaron al instante.
La elfa que había estado reservando el asiento de Crouch, se abrió paso apartando unas ramas. Se desplazaba de una manera muy extraña, como si manos invisibles estuvieran reteniéndola, dificultándole el avance.
—¡Hay magos malos atacando…! —chilló con voz muy aguda sin detener el paso— ¡Gente por los aires! ¡Winky tiene que escapar…!
Desapareció entre los arbustos del otro lado del claro.
¡Seguila!, lo urgió Silas.
Gabriel vaciló un segundo… él quería volver para pelear… pero el tono de Silas había sido perentorio. Masculló un juramento y siguió a la elfa. No hizo caso alguno de Hermione y Ron que le gritaban que volviera.
Unos segundos después oyó una voz grave y profunda que pronunció: —¡Morsmordre!
Un haz brillante de luz verde trepó hacia el cielo. Gabriel se tiró al suelo. Los gritos de Hermione se oían más cercanos, aparentemente lo habían seguido.
Y no tardaron en llegar adonde estaba. —¡Harry! —exclamó ella al divisarlo. Neville lucía una expresión espantada y tenía la vista fija en lo alto. Ron se veía muy trastornado. —¡Harry, tenemos que irnos de acá ya mismo! —lo urgió ella.
Gabriel alzó la vista al cielo. La Marca Oscura campeaba verde fluorescente destacándose contra el fondo negro.
—¡Harry, vámonos! ¡Es la Marca Oscura! —gimió ella— ¡La marca de Ya Sabés Quién!
Gabriel se puso de pie dispuesto a hacerle caso, pero en ese momento empezaron a oírse pops de aparicionamiento, todo alrededor de ellos. Debían de haber bajado las barreras. Y de pronto más de veinte varitas los apuntaban.
—¡Al suelo…! —ordenó desplomándose a tierra y arrastrando a Ron y Hermione.
—¡STUPEFY! —lanzaron casi al unísono muchas voces.
Pero Gabriel ya había levantado una cúpula escudo y todos los haces rojos rebotaron.
—¡Alto el fuego! —ordenó la voz del señor Weasley— ¡Ése es mi hijo!
Gabriel alzó la cabeza con ojos relumbrantes de ira. El señor Weasley se le había acercado.
—Ron… Harry… Hermione… Neville… ¿están bien?
—¡No gracias a ustedes! —reaccionó Gabriel furioso— ¡Podrían habernos matado! ¿¡Disparan a discreción sin fijarse donde hacen blanco?! ¿¡Y por qué eliminaron las barreras de desaparicionamiento?! ¡El culpable se va a escapar!
—¿Quién de ustedes fue el que lo hizo? —lo interrumpió la voz de Crouch— ¿Quién conjuró la marca Oscura?
—¡Ninguno! —le espetó Gabriel— ¡El culpable estaba por allá! —agregó señalando.
—¡No mienta, señor! —gritó Crouch con tono demencial— ¡Son los únicos en la escena del delito!
Gabriel estaba por hacer algo drástico, pero notó que el único desaforado era Crouch, ninguno de los otros creía que ellos fueran los culpables y de hecho estaban apuntando las varitas hacia el punto que había señalado Gabriel.
—Me temo que ya es tarde. —dijo una decepcionada voz de mujer— Quienquiera que fuera ya desaparicionó.
—Quizá no. —dijo un hombre— Varios de nuestros hechizos rebotaron en esa dirección. —agregó y se encaminó en dirección al punto señalado por Gabriel.
—¡Cuidado, Amos! —advirtieron varios, pero permanecieron en sus posiciones.
—¡Oh, por el amor de Dios…! —se impacientó Gabriel— ¡Se van a quedar parados sin hacer nada! ¡¿Ninguno lo va a acompañar?!
Dos magos se pusieron en movimiento de inmediato al oír la reprimenda y fueron tras Diggory.
Regresaron un minuto después. Amos Diggory portaba en brazos a la elfa.
—¿Sólo la encontraron a ella? —preguntó Gabriel con tono contrariado.
—No había nadie más. —respondió Diggory— La elfa está desmayada. —aclaró al tiempo que la depositaba sobre el suelo a los pies de Crouch.
—Mal puede haberla conjurado ella. —dijo el señor Weasley— Un hechizo como ése requiere una varita.
—Así es… y tenía una varita.
—¿¡Cómo?!
—La sostenía en la mano. —dijo Diggory mostrándosela— De algo es culpable al menos… el Código establece que a ninguna criatura no humana le está permitido el uso de varitas.
—¡Es… es la mía…! —tartamudeó Neville.
Todas las miradas se volvieron hacia él. Gabriel no perdió un segundo, se le puso al lado y le rodeó los hombros con un brazo.
—¿Cómo dijiste? —preguntó Diggory sin poder creer lo que había oído.
—Se me debe haber caído… —explicó Neville.
—Dice que se le cayó… —repitió Diggory— ¿O acaso la tiró a propósito después de conjurar la Marca Oscura?
—¡Oh, por Merlín! —se impacientó el señor Weasley— Se trata de Neville Longbottom… basta de decir disparates. Interroguemos a la elfa.
Diggory usó un enervate para hacerla reaccionar. Apenas abrió los ojos y al verse rodeada por miradas hostiles, la elfa estalló en sollozos desconsolados.
—Elfa, —la interpeló Diggory con tono grave— yo soy miembro del Departamento de Regulación y control de las criaturas Mágicas. Como puede ver, la Marca Oscura fue conjurada hace unos minutos y a usted la encontramos en la escena del delito. ¡Demando una explicación!
—Winky no lo hizo, señor. —gimoteó la elfa hamacándose patéticamente en el suelo— Winky no sabe qué pasó…
—¿Por qué tenía la varita del señor Longbottom?
—¡Winky no iba a usarla, señor! —chilló la elfa— ¡Winky la encontró tirada y la levantó para devolvérsela al dueño cuando apareciera! Winky no conjuró nada… Winky no sabe nada…
—¡No fue ella! —expresó en voz alta y nerviosa Hermione— Winky tiene voz aguda, la voz que conjuró la Marca era profunda y grave. ¿No fue ella, verdad? —agregó volviéndose hacia sus amigos.
—Por supuesto que no. —la secundó Gabriel— Era la voz de un hombre, sin lugar a dudas.
—Sin lugar a dudas… —repitió Ron confirmando, y rodeó a Hermione con un brazo.
Diggory no pareció convencerse y pronunció un Prior incantato. Que confirmó que había sido la varita de Neville la que se había usado para conjurar la Marca. Se volvió una vez más hacia la elfa con mirada triunfante. —Entonces… ¿cómo se explica esto?
—¡Winky no hizo nada! —volvió a chillar la elfa aterrada.
—Amos, pensá un poco, —dijo el señor Weasley— son muy pocos los magos que pueden pronunciar ese conjuro… ¿quién podría habérselo enseñado a la elfa?
—Quizá Amos está sugiriendo que yo rutinariamente me dedico a instruir a mis sirvientes en las Artes Oscuras. —dijo Crouch con sorna pero también muy disgustado— Mirá, Amos, ya has acusado a dos sin evidencia cierta… ¿quién sigue? ¿Harry Potter, quizá?
—Barty… —reculó Diggory—…no fue ésa mi intención…
El señor Weasley interrumpió la disculpa y se dirigió a la elfa. —¿Dónde encontraste la varita?
—Winky la encontró entre esos árboles. —respondió la elfa señalando.
—Creo que queda claro lo que pasó. —retomó el señor Weasley— Quienquiera que sea el culpable encontró la varita de Neville, la usó para conjurar la Marca y la tiró, luego aprovechó que habíamos eliminado las barreras en esta área y desaparicionó. Winky tuvo la mala suerte de encontrarla y la alzó, y poco después recibió un hechizo que la desmayó.
—Eso quiere decir que pudo haberlo visto… —razonó Diggory— Elfa, ¿alcanzaste a ver a alguien?
—Winky no vio a nadie, señor. —respondió la elfa agachando la cabeza.
Lo que siguió a continuación fue un tedioso ritual/procedimiento mediante el cual Crouch repudió a la elfa. Pero no tuvieron que oírlo entero, el señor Weasley se los llevó antes. Durante el camino de regreso, Hermione despotricó todo el tiempo a voz en cuello sobre la horrible esclavitud de los elfos domésticos, de la injusticia flagrante que se cometía contra ellos y de que algo había que hacer para terminar con eso. A Neville le habían devuelto la varita. Al principio no quería ni tocarla, Gabriel tuvo que convencerlo de que no estaba contaminada por haber sido usada para un conjuro como ése. Finalmente la había aceptado y se la había guardado.
Recién entonces Gabriel pudo concentrarse en sus propios problemas. Uno, tenía el aspecto físico de Harry Potter. Dos, de alguna forma iba a tener que escaparse para volver a su carpa. Los mortífagos atacantes habían huido, la gente retornaba a sus carpas y la situación iba normalizándose poco a poco.
Cuando llegaron a la carpa de los Weasley, Charlie salió a su encuentro.
—Pudimos ubicar a los mellizos y a Ginny y los trajimos de vuelta. —informó.
—Yo traje a los otros… y a Harry Potter.
—¡Harry! —se asombraron los Weasleys mayores cuando lo vieron. Bill y Percy habían sufrido algunas heridas menores durante el combate, nada serio por suerte. Los mellizos lo miraron con solemne reverencia, Gabriel sabía que podía contar con ellos como aliados, quizá podrían ayudarlo a escapar.
Fue una bendición que todos estuvieran exhaustos porque no le hicieron preguntas y él no dijo nada. El señor Weasley los mandó a todos a la cama. Gabriel esperó pacientemente hasta que todos se hubieron dormido y luego se escapó con sigilo sin despertar a nadie. Resultó mucho más sencillo de lo que había anticipado.
oOo
Cuando llegó a su carpa eran casi las cuatro de la mañana. La fatiga le pesaba pero era consciente de que no iba a poder irse enseguida a reposar. Iba a tener que darles explicaciones a Sirius… y a Severus. Se preparó para la que se venía y entró con decisión. Sirius estaba sentado en el sofá con la cara oculta entre las manos. Lucía muy atribulado y no había renovado la polijugos, se veía como él mismo.
—Hola. —saludó con voz muy suave.
—¡Harry! —exclamó Sirius, se levantó de inmediato y vino a abrazarlo estrechamente— ¡Oh, Merlín! ¡No vuelvas a darme un susto como éste nunca! ¡¿Cómo se te ocurre escaparte así?! ¿Estás lastimado?
Gabriel se liberó con delicadeza del abrazo de su padrino. —Hace falta mucho más que esto para vencerme. Ya deberías saberlo.
—Snape está furioso. —dijo Sirius sacudiendo apenas la cabeza y a continuación dibujó una sonrisa— Gabe… quizá sería conveniente que fuera Silas el que manejara la situación cuando vuelva. No creo que vos pudieras salir vivo… —agregó sarcástico.
—Oh… ¿y Silas sí? —bufó Gabriel ofendido.
Digamos que yo soy mejor para esquivar y maniobrar. Tu habitual estilo de atacar directo y de frente resultaría contraproducente con Snape, le aclaró Silas.
Gabriel dibujó una sonrisa. —¿Y dónde está? —preguntó.
—Salió a buscarte, por supuesto. —contestó Sirius encogiéndose de hombros— Volvió un par de veces para ver si había habido alguna novedad… seguramente estará acá dentro de unos minutos. —agregó y volvió a abrazarlo— Estaba tan preocupado, pichón. Creía que te había perdido irremediablemente.
—Estoy bien. —lo tranquilizó Gabriel— Aunque creo que me vendría bien una taza de té.
Sirius partió de inmediato hacia la cocina. Gabriel suspiró aliviado y tomó asiento en el sofá. Unos segundos después entró Snape. Suspiró una vez más y volvió a parase para enfrentarlo. Se estudiaron en silencio durante un largo minuto.
—Explicá. —susurró finalmente Snape con tono helado.
Gabriel entrecerró los ojos con fastidio al oír el tono amenazante, pero antes de que pudiera decir nada, Silas lo reemplazó. Gabriel hizo un conato de protesta, pero Silas lo ignoró por completo, era el momento de poner paños fríos y Gabriel sólo empeoraría las cosas. Harry necesitaba a Severus y Silas, si bien todavía le guardaba cierto resentimiento, lo respetaba. Era preciso apaciguar a su mentor. No era el momento de antagonizar, Silas era el más indicado para manejar la situación.
—Señor, lamento haberme ido sin avisarles a Sirius o a Ud. No tengo excusas para mi comportamiento. —declaró con la cabeza ligeramente baja.
Para Severus eso no era explicación suficiente, ni de lejos. —¿Por qué saliste?
—No podía dormir y se me ocurrió que un breve paseo me ayudaría distenderme. El efecto de la polijugos persistía, mi intención era volver mucho antes de que se desvaneciera. Fue por arrogancia que pensé que iba a estar seguro. Mis disculpas. Prometo que no volverá a ocurrir.
—¿Por qué no volviste cuando empezó el ataque?
—Gabriel decidió que había que advertir a la mayor cantidad de gente posible y quería asegurarse de que Neville, Granger y los Weasley estuvieran bien.
Silas procedió entonces a relatarle todo lo que había pasado.
—Te pusiste en serio peligro al abandonar la carpa. Fue un accionar necio e irracional que merece ser sancionado, ya nos ocuparemos de eso cuando regresemos a la casa. Pude gestionar un traslador temprano, partiremos a las seis. Empaquen todo, renueven la polijugos, desarmen la carpa y espérenme.
Silas suspiró y asintió. Consideró la posibilidad de dejar que fuera Harry el que se ocupara de las labores manuales, pero la desechó. Todavía quedaba mucho miedo remanente en el aire, para la empatía de Harry sería demasiado. Hizo salir a Gabriel. El Gryffindor iba a protestar indignado pero en ese momento volvió Sirius con el té. Se guardó las quejas para otra ocasión y procedió a informarle a su padrino las novedades.
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Apenas entraron en la casa, Severus ordenó: —Vení conmigo.
Sirius sonrió con compasión. Gabriel se ofreció a quedarse para aguantar la reprimenda pero Silas decidió que era mejor que saliera él. Lo sorprendente fue que Severus no lo guió a la salita sino a la sala de juegos.
Severus tomó asiento frente al tablero de ajedrez. Silas alzó una ceja.
—¿Mi castigo consistirá en jugar al ajedrez? —inquirió sentándose enfrente.
—Decidiste actuar de manera muy riesgosa anoche. Un accionar que podría haberte costado la vida… o podrías haber terminado en manos de Dumbledore. Quiero creer que sos consciente del peligro en el que te pusiste. La pregunta es, ¿puedo ayudarte a que el futuro no vuelvas a elegir hacer algo tan desastroso como lo de anoche?
—¿Y la respuesta la vamos a encontrar en una partida de ajedrez? —preguntó Silas con escepticismo.
—Dame el gusto. —dijo Severus y avanzó un peón un par de casillas— El ajedrez requiere mucha observación y paciencia. Los riesgos deben sopesarse cuidadosamente, las piezas valiosas nunca deben quedar desprotegidas. Requiere el planeamiento cuidadoso de una estrategia. Requiere anticipar los movimientos del oponente. Es la única forma de poder ganar.
Silas no había jugado nunca pero había aprendido observando jugar a Harry. De inmediato se dio cuenta de que Severus jugaba muy distinto que cuando lo hacía con Harry. Podía oír a Severus enseñándole algo con cada movimiento.
No era tarea sencilla captar el mensaje, requería muchísimo esfuerzo. Dos horas más tarde, Severus ganó la partida y el respeto de Silas por su mentor había crecido mucho.
—Volveremos a jugar. Todos los días. Hasta que puedas vencerme. —declaró Severus solemne poniéndose de pie— Ahora tengo que volver a Hogwarts. No voy a estar para la cena. Asegurate de que Padfoot pase un par de horas con Boy esta noche.
Silas asintió en silencio, no sabía si correspondía decir gracias, ciertamente no tenía ninguna gana de agradecerle. Y además se sentía escarmentado. Sacudió ligeramente la cabeza, sonrió y se dirigió a su cuarto. Se sentó al escritorio, abrió el diario y se puso a relatarle a Harry todo lo que había ocurrido desde la noche anterior.
No llego a entenderlo, ¿el castigo es matarte de aburrimiento?, preguntó Gabriel.
No, respondió Silas cansadamente, el castigo es demostrarme que mis estrategias son inferiores a las de él. Y es una forma de indicarme que tengo mucho que aprender de él.
¿Quiere crearte inseguridades?
No, no es eso. Quiere hacerme tomar mayor consciencia. Me está enseñando a pensar con mayor meticulosidad. A medir mejor las consecuencias de mis acciones y a anticipar las acciones de los otros.
Gabriel no dijo nada. Estaba totalmente desconcertado.
Silas rió. Ahora me voy a dormir. Necesitamos reposo físico y yo necesito descansar. Que Harry se haga cargo más tarde, no conviene que quede suprimido demasiado tiempo, se crearían muchas tensiones. Y quizás vos podrías desafiar a Sirius a una sesión de duelo antes de la cena…
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