Mente rota, alma quebrada
Conflicto interno
Harry almorzó con Sirius y se pasaron las primeras horas de la tarde charlando sobre la Final y los acontecimientos de la noche anterior. Luego Padfoot pasó un par de horas con Boy. Dado que no había adultos presentes, Boy se animó a caminar alrededor de la habitación, pero no salió del recinto, no fuera que se encontrara con alguien. No tocaba nada tampoco. Pero empezó a hablarle al perro, que por momentos parecía incitarlo a agarrar las cosas. —No, no podemos tocar eso… nos vamos a meter en líos. Las primeras palabras en muchísimo tiempo que no eran los lamentos, los gritos y las súplicas habituales.
Después de la sesión, salió Gabriel para la práctica de duelo. Como de costumbre, Sirius fue superado en la gran mayoría de los lances. Todavía seguía un poco oxidado después de tantos años de encierro, pero mejoraba día a día. Gabriel no se mostraba para nada clemente, Sirius tenía que esforzarse al máximo para imponerse las pocas veces que lo lograba.
Cumplida la hora, Gabriel se retiró más que satisfecho y le dejó el lugar a Harry.
—¿Estás bien? —preguntó Harry mientras lo desataba,
—Fresco y lozano como una lechuga. —gruñó Sirius— Pero Gabriel podría haberme desatado antes de irse.
—Perdón. —susurró Harry sonrojándose.
—No es tu culpa. —rió Sirius poniéndose de pie— Y ahora bajemos que me estoy muriendo de hambre.
Harry sonrió, le tomó una mano y salieron juntos.
oOo
Silas seguía durmiendo cuando Harry se fue a acostar. Gabriel se quedó levantado para controlar, a pesar de que en la casa se sentían seguros, nunca estaba de más permanecer alerta.
A la medianoche percibió ruidos en la ventana y tomó el control para investigar. Supuso que podría tratarse de una carta de Severus o de Remus. Así y todo abrió la ventana con mucha cautela. Fue un ave muy extraña la que entró volando y fue a posarse sobre el respaldo de la silla. Gabriel se quedó mirándola con algo de desconcierto. El búho real levantó la pata y la sacudió con impaciencia. Gabriel reaccionó entonces, usó algunos encantamientos para asegurarse de que no hubiera nada peligroso y desató la nota. El pájaro soltó un ulular que sonó fastidiado, reemprendió el vuelo y desapareció al cruzar la ventana.
Gabriel desenrolló el pergamino y se puso a leer.
Querido Shadow:
Estabas muy en lo cierto al sospechar que podría haber disturbios durante la Final. Fue todo un show. Me resultó sumamente interesante el hecho de que los agresores huyeran cuando apareció en el cielo la Marca del Señor Oscuro… como si de pronto los hubiera invadido el miedo. Sea como sea, no hubo que lamentar un gran número de víctimas, sólo tres, según las crónicas de prensa, los tres eran extranjeros. Hay gran consternación en el Ministerio. Te recomiendo que leas el informe de El Profeta, especialmente la página 3, mencionan tu nombre.
En cuanto lo que me confiaste en tu última carta, puedo decirte que te comprendo muy bien; si a mí me hubiesen asignado en Gryffindor, Merlín me libre y guarde, yo también hubiese mantenido la mayor distancia posible de mis compañeros de Casa. Es indiscutible que los de tu Casa son los más estridentes y entrometidos de toda la escuela. Yo personalmente prefiero una atmósfera más calma en mi hogar… pero sobre gustos… Si alguna vez te hiciera falta una vía de escape hacia la cordura, no dudes en escribirme. Conozco varios lugares tranquilos en el estadio de quidditch a los que nunca va nadie.
Bueno, Shadow, la escuela ya está a punto de empezar, ésta será mi última carta. Pero si quisieras que continuemos con el intercambio epistolar, estoy seguro de que podríamos arreglar algo. Y hasta podríamos encontrarnos personalmente, con discreción naturalmente. Hay algunos temas sobre los que es mejor no dejar pruebas escritas. Ya sabés dónde encontrarme.
Hasta pronto,
Serpentine
Gabriel leyó la carta dos veces, no cabía en su asombro. Obviamente Shadow era Silas pero, ¿con quién era que se había estado escribiendo y por qué? ¿Por qué no le había dicho nada? Adoptó una expresión muy seria, si Silas se las había arreglado para ocultarle eso, ¿cuántas otras cosas le estaría ocultando? Notó entonces que Silas acababa de levantarse… unos minutos más tarde de lo conveniente, pensó Gabriel sonriendo. Se guardó la carta.
¿Qué estás haciendo?, preguntó Silas.
—Tenemos que hablar. Voy a entrar. —dijo subiéndose a la cama.
Intercambiarse con Harry no le resultó difícil. Silas lo miró con curiosidad cuando apareció en la sala, no había adoptado una actitud defensiva. O no todavía… cuando se enterara… Gabriel no estaba enfadado con Silas, se sentía más bien decepcionado y preocupado. Hasta ese momento había estado convencido de que el Slytherin confiaba en él. Y naturalmente desaprobaba que Silas hubiera puesto en riesgo el secreto de ellos.
—Gabe, ¿qué pasó? —preguntó Silas, ya se había dado cuenta de que había algo que no estaba bien.
—¿Qué es lo que hace falta para que vos confíes en mí? —preguntó Gabriel serio.
Silas adivinó de inmediato lo que había pasado. Se cruzó de brazos y optó por permanecer en silencio, expectante.
—Silas, contestame. —insistió Gabriel —¿Por qué no confiás en mí? ¿Acaso te traicioné alguna vez?
—Bueno, te metiste por lo menos en tres confrontaciones que pusieron nuestra vida en peligro. Y la segunda después de manipularme para que te ayudara a pesar de que sabías que yo me oponía.
—Sy… —suspiró Gabriel con exasperación.
—Puedo entender que está en tu naturaleza…
—Es parte de mi naturaleza defendernos y defender a otros. Yo confío en vos para que nos guíes y nos mantengas seguros, pero has estado intercambiando mensajes con alguien de Hogwarts sin consultármelo… y ocultándomelo. Estas cartas son mucho más peligrosas que cualquier cosa que yo haya hecho. Al parecer a vos no te importa en absoluto ponernos en riesgo si se trata de algo que te conviene. Así que no me vengas con eso, vos al menos estás al tanto cuando yo corro riegos… vos nos lo ocultaste, a Harry y a mí. ¿Cuándo tenías pensado comunicárnoslo? ¿Qué pasaría si esta persona nos abordara en Hogwarts? ¿Vos tomarías el control y seguirías manteniéndonos a oscuras? ¿Y cómo lo lograste hasta ahora? Tiene que haber sido siempre que yo dormía… ¿acaso te las arreglaste para hacerme dormir deliberadamente para que nunca te descubriera?
—Basta. —dijo Silas, suspiró y descruzó los brazos— No te dije nada porque no había razón para que te lo contara. Sí, es alguien de Hogwarts. Me mantiene informado de ciertas cosas que están pasando. Ya te había dicho que quería ir a la Final justamente para eso, para obtener información directamente. No te quejaste entonces.
—Me estoy quejando ahora.
—Si querés te puedo mostrar todas las cartas. No me puse en peligro para nada, me manejé con extremo cuidado y obtuve mucha información. Tampoco fueron tantas.
—Quiero leerlas. —dijo Gabriel y volvió a salir. Siguió las instrucciones de Silas que le indicó dónde estaban escondidas. Había seis. La que había llegado esa noche era la séptima. Silas había hecho copias de sus respuestas. Gabriel leyó en silencio durante un rato. —Es un Slytherin. —dijo finalmente.
Así es, confirmó Silas con un suspiro. Pero eso no significa…
—¿Quién es? —lo interrumpió Gabriel. Silas no contestó. —¿Sy…?
No, eso no es importante por ahora. Te lo diré si en algún momento llegara a ser necesario.
—¿De qué se trata esto realmente? —demandó Gabriel. Volvió a esconder las cartas en el mismo lugar donde habían estado. Se sentó en una silla y dejó caer los brazos a los costados. Aunque le hubiese gustado volver a entrar para encararlo directamente, consideró que Silas podría decirle más si no estaban frente a frente. Y no estaba buscando un duelo de voluntades, realmente estaba preocupado.
¿A qué viene esa pregunta?
—¿Por qué te embarcaste en este… juego? Y con un Slytherin, nada menos.
No son todos malvados o mortífagos en ciernes, declaró Silas a la defensiva.
—No… pero hay unos cuantos que sí los son. Los dos lo sabemos. Y esta persona podría darles información a nuestros enemigos… aunque no fuera deliberado… no estoy diciendo que sus intenciones sean necesariamente maliciosas.
No le he proporcionado ninguna información crítica.
—No… pero suscitaste su curiosidad. Y yo estaba convencido de que era algo que había que evitar a toda costa. Esta persona… una vez superado el desconcierto inicial… debe de estar cuestionándose sobre tu comportamiento. Las cartas no suenan para nada como algo que Harry hubiese escrito. Te muestran como sos vos… y me lo ocultaste… ¿de eso se trata no? Esto es algo exclusivo para vos… que no tenés que compartir, que no querés compartir… un paso hacia tu independencia…
Gabriel, no digas ridiculeces.
—No son ridiculeces. Y supongo que es comprensible, debe de ser muy difícil para vos que sos la personalidad nuclear pero que te ves obligado a permanecer escondido. Con muy pocas oportunidades de expresarte o de interactuar con otros. Con Severus quizá en este último tiempo… pero aparte de eso…
Gabriel volvió a la cama y se intercambió con Harry.
Silas le estaba dando la espalda y se había abrazado el torso. Gabriel se sentía muy mal, quería ayudarlo pero no sabía cómo. —Tendrías que decírselo a Harry.
—No… le haría daño.
—Va a terminar enterándose, Sy. Sería mejor que se lo dijeras. Y te proporcionaría a vos más espacio para poder actuar como vos mismo.
—No todavía. —dijo Silas con vos muy suave. Y había una nota de ruego en el tono. Gabriel se le acercó y lo abrazó. Silas se puso tenso de inmediato… y unos instantes después se relajó. Gabriel le dio un breve apretón y lo soltó. —No deberías guardar esto secreto. Pero si es lo que querés… yo no voy a impedírtelo.
—Gabriel… —dijo Silas sin mirarlo y tampoco supo qué más agregar.
—Vos tenés una carta que escribir… yo me voy a dormir. —dijo Gabriel y se retiró a su cuarto.
Silas se quedó un largo minuto mirando la puerta cerrada. Finalmente sacudió la cabeza, se recompuso un poco y salió.
La ventana no estaba cerrada del todo, entraba una suave brisa y la luz de la luna a través de los cristales. La casa dormía pero Silas no estaba solo.
Harry dormía algo inquieto con tanto ir venir de sus alter. Gabriel también dormía… y Boy… más pacíficamente de lo que había dormido en mucho tiempo. E incluso el frío helado de la puerta de Demon parecía distante. Todo estaba más o menos bien… y sin embargo las palabras de Gabriel seguían resonándole en los oídos… y sentía ganas de esconderse.
Silas era muy bueno para esconderse… pero, ¿por qué sentía ganas de esconderse si no había ninguna razón que lo justificase? En ese momento estaba solo… sólo de sí mismo podía esconderse… y ése era un lujo que no podía permitirse. Tenía que mostrarse calmo y racional ante los otros y para los otros. No podía cegarse, no podía rendirse a una debilidad… los llevaría a la destrucción. Y entonces… ¿por qué tenía ganas de esconderse?
¿Acaso Gabriel tenía razón? ¿Sus intercambios con Draco eran un signo de que estaba cansado de permanecer siempre en el fondo de la escena? ¿Un signo de que quería más independencia? No creía que fuera así. Él no sentía deseos de asistir abiertamente a las clases en Hogwarts. No quería hacer amigos ni tampoco tener que alternar con la familia con la que Harry se había rodeado. A Severus llegaba a tolerarlo… pero Sirius y Remus eran un caso totalmente distinto.
Para Sirius había sido más importante la venganza que el interés por su bienestar. Y Remus… tenía muchas debilidades… siempre quería agradar y eso lo hacía fácilmente manipulable, no se podía confiar en él.
A Silas no le interesaba particularmente entablar una relación con ninguno de ellos. Los soportaba y hasta allí llegaba.
Había cosas más importantes de las que tenía que ocuparse. Los planes de Voldemort. Sus comunicaciones con Draco no habían sido sino parte de sus estudios. Draco le había aportado información. Gabriel no tenía razón, él no buscaba independencia o reconocimiento, estaba bien así… se sentía libre y satisfecho.
Apartó todos esos pensamientos que no parecían servir para nada. Fue hasta al escritorio, tomó asiento y se puso a leer muy atentamente la carta de Draco. Había varias cosas explícitas e implícitas en el mensaje. Draco confirmaba que los atacantes de la noche de la Final habían sido mortífagos. Que se habían asustado y huido cuando apareció la Marca de Voldemort en el cielo. ¿Acaso le temían a Voldemort? ¿Pero por qué? ¿Porque si Voldemort volvía los consideraría traidores y los castigaría?
¿Y quién era el que había conjurado la Marca entonces? ¿Qué papel había jugado Winky…? Winky era la elfa de los Crouch… ¿Había sido Crouch, Jr. el que había conjurado la Marca y Winky no lo había delatado porque era su amo? ¿Junior era el fiel seguidor que había mencionado Voldemort en la visión?
Silas sacudió la cabeza. Estaba especulando demasiado, mucho podía estar equivocándose. Necesitaba reunir más información para poder establecer hipótesis con más fundamento.
Volvió a concentrarse en la carta de Draco. Draco se había referido a su Casa, Slytherin, como su hogar… era una palabra elegida de manera casual o estaba tratando de implicar algo más… quizá sobre sus lealtades… quizá Draco no estaba tan interesado en seguir los mismos pasos de su padre… había iniciado y mantenido una comunicación secreta con El Niño Que Sobrevivió, nada menos… Pero también podía tratarse de una trampa, Severus era un espía de la Luz… Draco bien podría estar actuando con espía para el otro lado. Frunció el ceño y continuó leyendo.
Draco expresaba un deseo velado de que pudieran encontrarse cara a cara. E insinuaba que había algo importante que quería comunicarle pero que no convenía poner por escrito. ¿Hasta dónde podía confiar en el que muchos llamaban el Príncipe de Slytherin? Si tantos Slytherins apoyaban la causa de los mortífagos, ¿qué se suponía que hiciera el Príncipe?
Así y todo, Voldemort todavía no estaba de regreso. Aparte de Wormtail y quizá de Junior, los otros no eran sino ex mortífagos. Había muchas cosas que no estaban claras, cosas sobre las que iba a tener que reflexionar mucho. Silas suspiró. Pero correspondía elaborar una respuesta que dejara las puertas abiertas para tomar decisiones mejor fundamentadas en el futuro.
Querido Serpentine:
Voy a conseguirme un ejemplar de la edición de El Profeta que mencionaste, gracias por el consejo. Creo que me conviene estar más al tanto de las novedades que trae el diario, aunque su credibilidad sea cuestionable. En cuanto a las comunicaciones futuras, en caso de que fueran necesarias, supongo que algo se nos va a ocurrir. Hasta entonces habrá que esperar y mantenerse alerta.
Hasta pronto,
Shadow
oOo
El resto de la semana pasó muy rápido y con una rutina similar. Severus venía por la mañana y se llevaba a Silas para jugar al ajedrez durante unas dos horas. Silas nunca pudo ganarle. Harry pasaba varias horas con Sirius estudiando la transformación animagus o jugando. Luego venía la sesión de unas dos horas de Boy con Padfoot. Antes de la cena Sirius y Gabriel mantenían una práctica de duelo.
Gabriel y Silas no volvieron a hablar sobre las cartas. Pero Gabriel había leído la última respuesta y había asentido conforme sin agregar nada más. Silas le estaba muy agradecido que no hubiera insistido en la cuestión. Todas las noches Harry conversaba con Ron, Neville y Hermione.
Silas se consiguió la edición de El Profeta que Draco le había recomendado. La nota de la página tres estaba firmada por Rita Skeeter. Mencionaba que varios testigos oculares habían informado que Harry Potter había estado presente esa noche del ataque en la Final, que había actuado heroicamente advirtiendo a muchos del peligro. Muchos se habían salvado de morir incinerados en sus carpas gracias a El Niño Que Sobrevivió.
Harry dejó oír un gruñido cuando lo leyó. Silas suspiró comprensivo. Iba a haber seguramente muchas cartas y otros alumnos podían volverse muy fastidiosos. A Gabriel, por su parte, le parecía que no era una cuestión para preocuparse tanto.
La mañana del 1º de septiembre, Harry estaba muy inquieto. Entusiasmado también porque iba reencontrarse con sus amigos, pero preocupado porque había llegado a la conclusión de que algo iba a tener que contarles. No correspondía que siguiera manteniéndolos totalmente a oscuras. No era justo. Pero el asunto lo ponía nervioso.
A Gabriel le parecía bien que les contara, a Silas, no. No creía que fuera un asunto que les concerniera. Gabriel opinaba distinto, eran sus amigos, sí les concernía. Harry había mediado y había hecho una propuesta de compromiso, les diría algo, pero no todo. El problema era… ¿qué decirles?
—¿Estás bien, pichón? —le preguntó Sirius durante el desayuno.
—Bien, sí… pero nervioso. Las cosas van a ser distintas en Hogwarts, el director ahora sabe de mi condición. Creo que algo debería decirles a Hermione y Ron, pero no sé bien qué puedo decirles.
—Sí, ya veo… no es algo fácil. ¿Lo consultaste con Snape?
—No tuve oportunidad. Venía para jugar con Silas pero después se iba, no pude hablarle al respecto.
—Bueno… creo que para empezar… podrías contarles sobre el abuso en casa de los Dursley… y de acuerdo a las reacciones podrías considerar decirles algo más.
—Gracias Siri… es una buena idea… igual no me va a resultar fácil pero me parece bien para empezar.
Cuando terminaron de desayunar se prepararon para partir. Harry llamó a Omi. El elfo apareció de inmediato. Harry se arrodilló y lo abrazó apretadamente. —Gracias por habernos cuidado este verano, lo pasé estupendo. Y gracias por los regalos.
—El joven Harry no tiene por qué darlas, para Omi fue un placer. —respondió el elfo con los ojos húmedos de lágrimas— Omi estará esperando con ansias su regreso, Harry Potter, señor.
—Volveré tan pronto me sea posible. —dijo Harry también lagrimeando. Y lo soltó.
Sirius le ofreció una mano que Harry tomó agradecido. Con la otra saludaron despidiéndose de Omi y enfilaron hacia la puerta.
oOo
Como habían acordado previamente se reunieron con Remus en un bar del centro de Londres. La "coartada" que habían elaborado para contarle a Dumbledore era que Sirius lo había llamado esa mañana dándole la dirección del bar pero recomendándole que no dijera nada a nadie y que fuera solo. Si Sirius llegaba a detectar algo irregular desaparicionaría y Harry no volvería ese año a Hogwarts.
—¿Querés comer o tomar algo? —preguntó Remus.
—No, gracias. Desayunamos hace media hora. —respondió Harry y le dio un abrazo— Te extrañé.
—Yo también te extrañé. —dijo Remus estrechándolo— Y a Neville. No veía la hora de verlos de nuevo.
—Está considerando la posibilidad de contarles a Ron y Hermione. —informó Sirius.
—¿Ah, si…? —reaccionó Remus sin disimular del todo la sorpresa— ¿Se lo comentaste a Severus?
—No todavía… quizá debería esperar… —dijo Harry removiéndose incómodo.
—No creo que se opondría. —lo tranquilizó Remus— Es algo que te toca a vos decidir.
—Y yo ya le aconsejé cómo empezar. —apuntó Sirius.
Remus hizo una cara. —Vos no sos el más indicado para dar consejos.
Sirius lo taladró enojado con la mirada.
Intervino Harry para apaciguar las cosas. —Fue un buen consejo. —aseguró.
—Me alegro. —dijo Remus poniéndose de pie— Ahora deberías despedirte porque tenemos que ponernos en marcha.
Los otros dos también se pusieron de pie y Harry abrazó a su padrino. —Hasta pronto, Siri… te voy a extrañar.
—Escribime seguido, pichón. Quiero saber todo lo que está pasando. —le recomendó Sirius y también lo abrazó.
—No te preocupes. Te voy a contar todo.
Poco después Harry y Remus tomaron un taxi hacia Kings Cross.
oOo
Cuando Ron, Neville y Hermione ingresaron a la plataforma 9 ¾, Harry los estaba esperando. La señora Weasley y los demás iban a pasar después. No querían llamar la atención de los muggles de la estación.
—¡Harry! —exclamó Neville y lo saludó abrazándolo.
Harry lo abrazó a su vez. —Ya reservé un compartimiento. —les anunció— Vengan.
Ron y Hermione también intercambiaron abrazos con él.
—¿Hace mucho que llegaste, Harry? —preguntó Hermione cuando subían al tren
—No, hace unos diez minutos. Me trajo Remus, pero él volvió a Hogwarts. Es el nuevo profesor de Historia.
—¡Qué buena noticia! El año pasado fue el mejor profesor.
—Él también está muy entusiasmado. Historia es su especialidad. —dijo Harry.
Una vez que dejaron los baúles en el compartimiento volvieron a bajar para despedirse.
Harry estaba algo nervioso por lo que los Weasleys le pudieran decir. Neville se dio cuenta y para tranquilizarlo un poco le empezó a contar lo que habían hecho durante esa semana en La Madriguera.
—¡Harry Potter! —exclamó la señora Weasley cuando bajó y a continuación lo apretó en un abrazo como para dejarlo sin aire— Arthur quedó tan consternado cuando se dio cuenta de que te habías escapado durante la noche. ¿¡Cómo se te ocurre hacer algo así?!
—Perdón, no quise preocuparlos… —alcanzó a articular Harry sonrojándose.
—Soltalo, mamá, que lo estás ahogando. —dijo Fred sacudiéndole un brazo— Y es evidente que Harry está bien.
—O estaba bien… —dijo George liberando a Harry de los brazos de su madre— Hasta que mamá, lo agarró.
—Adiós, mamá. —dijo Ron dándole un beso y un rápido abrazo. Mejor era distraerla antes de que continuara amonestando a Harry.
—Gracias, señora Weasley, por habernos recibido en su casa. —dijo Hermione sonriendo y también la abrazó.
—Por nada, querida… pero mantené un ojo atento sobre tu amigo… necesita que lo cuiden. —dijo lanzándole una mirada a Harry.
Harry hizo una mueca. Los ojos le empezaron a arder, apartó la cara para disimular. No creía que la señora Weasley lo hubiera hecho con mala intención, pero la mirada que le había dirigido lo había hecho acordar de tía Petunia.
—Gracias, señora Weasley. —dijo Neville y se despidió dándole un beso en la mejilla.
—Pórtense bien, chicos. —les recomendó la mujer y se secó la nariz con un pañuelo.
—Chau, Bill, Charlie… —dijo Ron saludando.
—Quizá me vuelvas a ver mucho antes de lo que pensás. —dijo Charlie enigmático al tiempo que se despedía de Ginny con un abrazo.
—¿Por qué? —preguntó Fred con suspicacia.
—Ya se enterarán… pero no le digan a Percy que les dije nada… es información confidencial.
—La verdad es que me están entrando ganas de volver a Hogwarts este año. —apuntó Bill con un guiño.
—¿Por qué? —preguntó George. En ese instante sonó el silbato del tren.
—Sólo puedo decir que van a tener un año muy interesante. —contestó Bill riendo— Puede que yo me dé una vuelta por allá también.
La señora Weasley los urgió a que volvieran a subir. Obedecieron pero se dieron vuelta enseguida para saludar. El tren se puso en marcha.
oOo
Ya de vuelta en el compartimiento y antes de que cerraran la puerta alcanzaron a oír el sonido de una voz muy conocida que entraba desde el pasillo: —…y mi padre había considerado en su momento mandarme a Durmstrang, él conoce al director… y ya conocen a Dumbledore, tan amante de los sangresucia… allá no admiten a esa chusma. Pero a mi madre no la seducía la idea de que fuera a una escuela tan alejada. Mi padre dice que en Durmstrang encaran las Artes Oscuras de manera más racional. Los alumnos las aprenden… no es sólo Defensa lo que enseñan.
Hermione cerró la puerta y la voz de Malfoy dejó de oírse. —Ojalá lo hubiesen mandado a Durmstrang, no tendríamos que soportarlo. —dijo Hermione fastidiada.
—¿Durmstrang es otra escuela de magia? —preguntó Harry.
—Así es. —contestó ella sin disimular su enojo— Y tiene pésima reputación. Según se menciona en Un panorama sobre la educación mágica en Europa, ponen énfasis en la enseñanza de las Artes Oscuras.
—Algo sobre eso había oído. —corroboró Ron— ¿Dónde está? ¿En qué país?
—En algún lugar de Escandinavia. —respondió Hermione— Pero nadie conoce la localización exacta.
—¿Por qué no? —preguntó Neville con curiosidad.
—No sé bien cuál sea la razón. —respondió ella— Quizá tenga que ver con rivalidades tradicionales entre instituciones… lo mismo pasa con Beauxbatôns… se sabe que está en Francia pero nadie sabe con seguridad dónde.
La conversación prosiguió sobre otros temas variados. Tras dos horas de viaje el cielo se pobló de densos nubarrones, fue necesario encender las lámparas. Harry había estado nervioso todo el tiempo esperando una ocasión adecuada para contarles, el clima no parecía mostrarse propicio precisamente.
Finalmente aprovechó un silencio que se produjo y se animó.
—Yo… yo quería contarles algo… —empezó diciendo y buscó de inmediato la mirada comprensiva de Neville, que le dirigió una tenue sonrisa.
—¿De qué se trata, Harry? —preguntó Hermione
Neville se paró, cambió de lugar sentándosele al lado y le tomó una mano. Ron alzó las cejas con desconcierto. Harry apretó la mano de Neville y respiró hondo.
—Quería explicarles… por qué me escapé con Padfoot este verano… y por qué no quería que le informaran nada a Dumbledore. Creo que si vos lo hubieses sabido antes, Hermione… no habrías dicho nada.
—¿Qué es, Harry? —dijo Ron y él también se le sentó más cerca.
—Los Dursley… —dijo Harry bajando la vista al suelo— …abusaron de mí.
Hermione contuvo una exclamación y se llevó una mano a la boca.
—Dormía en el armario debajo de la escalera hasta que llegó la carta de Hogwarts. Y me tenían encerrado ahí durante días si hacía algo mal… como quemar las tostadas o algo así… Tenía que limpiar toda la casa y cocinar… mi familia… me odiaban y me tenían miedo… creo que mi tía le había tenido mucha envidia a mi mamá porque mi mamá era mágica y ella no… Ella está convencida de que los magos somos abominaciones… me gritaba cosas como engendro o anormal… me había hecho creer que mis padres eran borrachos y que habían muerto en un accidente por manejar ebrios… yo ni siquiera sabía cuándo cumplía años… nunca me regalaron nada y de una fiesta, ni hablar… y para navidad lo único que recibía eran las ropas viejas de Dudley…
—¡Oh, Harry! —gimió Hermione con los ojos llenos de lagrimas— ¡Esto tenés que decírselo a alguien! ¡Tienen que ser castigados por lo que hicieron!
Harry sacudió la cabeza. —Dumbledore lo sabe, Hermione. Él sabía lo que sentía mi tía sobre la magia… sabía que me iban a odiar. Pero me iba a mandar igual de vuelta con ellos, por eso me escapé.
—¡No podría haber hecho algo así! —se escandalizó ella, los ojos se le habían desorbitado.
—Podía y era lo que iba a hacer. —intervino Neville al tiempo que le pasaba un brazo a Harry por encima de los hombros— La intención de Dumbledore fue siempre que Harry creciera en un entorno que lo hiciera vulnerable y sensible al dolor. Harry es muy importante y Dumbledore no quería que fuera independiente. Y por eso tampoco quiso nunca que confraternizara mucho con otros alumnos. Quería que Harry fuera siempre influenciable, maleable. Y crecer en un entorno hostil y maltratado era lo ideal para conseguir sus propósitos.
—¡Eso es ridículo! —saltó Hermione furiosa— ¡Dumbledore se preocupa por Harry… eso que decís no puede ser verdad! ¡Dumbledore nunca podría…!
—Dumbledore sabía, Hermione. —la interrumpió Harry— Y me iba a mandar de vuelta con ellos. Que se preocupa por mí… quizá… pero hay otras cosas que considera mucho más importantes. Y el bien mayor prima sobre los bienes individuales.
—¡No! —repitió ella… se negaba a admitir que pudiera ser cierto.
—Yo he… admirado a Dumbledore durante mucho tiempo más que vos, Hermione. Me educaron enseñándome a venerarlo. Pero vos no viste cómo estaba Harry ese verano antes de segundo… Había barrotes en la ventana… la habitación estaba casi vacía, igual que una celda en una cárcel. Había una puertita gatera en la puerta, los mellizos me dijeron que probablemente por ahí le pasaban la comida. Y Harry estaba… gimiendo y llorando. —Ron tuvo que carraspear sonoramente porque le resultaba muy difícil pronunciar las palabras, tenía un nudo en la garganta— Dumbledore necesita que Harry sea un héroe. A todos les aporta tranquilidad y la confianza que tienen en él se mantiene… Especialmente ahora que los seguidores de Ya Sabés Quién vuelven a mostrarse activos.
—Exactamente, Ron. Dumbledore necesita un héroe. ¿Por qué iba a permitir que se Harry fuera sometido a abusos? Lo habría transformado en alguien débil y temeroso. ¡No en el luchador ardoroso que necesita! —argumentó ella.
—Hermione… —dijo Neville— Harry sufrió tremendos abusos, pero no es débil. En realidad es muy valiente y trató de hacer todo lo posible para que obtener la aprobación de Dumbledore. El director obtuvo justo lo que quería. Pero Harry siente también que los demás son más importantes que él, porque le destruyeron la autoestima, y se arriesga por los otros para salvarlos, aunque le toque morir en el intento. A Dumbledore le conviene que sea vulnerable porque de esa forma dispone del arma que necesita… pero un arma que nunca protesta o se rebela.
Hermione no quería aceptar lo que oía, se acurrucó en el asiento y empezó a llorar desconsolada. Ron se acercó a confortarla. Neville mantenía muy abrazado a Harry que tenía las mejillas bañadas en lágrimas, y le susurraba palabras de consuelo.
—Perdón por no habértelo dicho antes. —dijo Harry con voz ronca— En realidad creo que Dumbledore quiere lo mejor para el mundo mágico… pero no quiere lo mejor para mí. No puedo confiar en él y por eso me escapé. Sirius me cuidó muy bien… y creo que puedo decir que por primera vez me sentí muy feliz… como nunca antes… Debería habértelo dicho antes… pero tenía miedo… y sentía vergüenza. Y hay otras razones por las que no te lo había dicho… pero creo que conviene dejar eso para más adelante.
—Es razonable que no quieras hablar de eso ahora. —dijo Neville.
—Sí, cumpa… lo entendemos. Pero me pone contento que nos lo hayas dicho ahora. Vamos a hacer todo lo posible para ayudarte.
—Gracias. —dijo Harry con voz exhausta.
—¿Una rana de chocolate? —ofreció Ron tendiéndosela.
Harry la aceptó y se puso a comerla en silencio. Hermione siguió llorando, Ron cada tanto le daba unas palmaditas en la espalda.
oOo
Se había producido un amontonamiento en las puertas del Hall de Entrada. Peeves le arrojaba bombitas de agua helada a cualquiera que osara ingresar. Hasta que llegó la profesora McGonagall y le pegó un grito admonitorio que hizo temblar las paredes. El poltergeist lanzó una carcajada y se apresuró a huir.
Los alumnos empezaron a entrar. A Harry le dolía la cabeza y quería ir a sentarse lo antes posible. Pero la profesora lo retuvo. —Señor Potter, necesitaría tener unas palabras con Ud. —y dirigiéndose a los otros— Ustedes entren al Gran Salón, el señor Potter no demorará en unírseles.
Los tres la miraron con disgusto, particularmente Neville. Pero no podían hacer nada y obedecieron.
oOo
—Ah, Harry, mi muchacho. —lo saludó Dumbledore cuando la profesora lo hizo entrar en el despacho.
Harry empezó a sentir miedo. Cuánto le hubiese gustado que Severus estuviera presente o poder hablar con sus alter. Se preguntaba por qué no había salido ninguno todavía, quizá no querían empeorar las cosas poniéndose en evidencia. De todos modos, si bien algo de miedo tenía, Harry no creía que el director fuera hacerle daño.
—Vos andá, Minerva y empezá con la ceremonia de Selección, yo voy a bajar dentro de un rato para dar los anuncios.
—Sí, Albus. —dijo la profesora y se retiró.
—Sentate, mi muchacho. No estoy enojado. Aunque me tuviste muy preocupado todo el verano. —agregó y le ofreció una caramelo de limón.
—Perdón.
—¿Por qué te fuiste, Harry? Estábamos todos muy inquietos.
—Porque no quería volver con los Dursley. —contestó Harry con voz temblorosa, no se animaba a mirar al director a los ojos, su mirada viajaba por las paredes de la oficina.
—Hay quienes suponían que no te trataban bien. —suspiró Dumbledore— ¿Es eso cierto, Harry?
—Sí, señor —confirmó Harry. Juntó las manos sobre la falda y trató de concentrarse en la respiración.
—¿Y por qué nunca me dijiste nada?
Harry lo miró sorprendido. El director no parecía triste, su expresión era calma. No supo que contestar.
—Si yo lo hubiese sabido, Harry… —prosiguió Dumbledore—…no habría permitido que regresaras con ellos. Supongo que vos no pensarás que yo podría haber sido capaz de algo así.
¿Acaso el director le estaba haciendo algo en la mente? Porque Harry empezaba a sentirse inclinado a creerle.
—Yo no soy omnisciente, Harry. Aunque algunos parecen pensar que sí lo soy. Y realmente me pesa mucho enterarme de que alguien bajo mi cuidado haya sufrido debido a algo que yo ignoraba.
—Perdón, señor. No fue su culpa. Yo debería habérselo dicho a alguien.
—Gracias, Harry. Me hace sentir mejor que comprendas y puedas perdonarme. Voy a poner mayor atención en mis obligaciones de ahora en más. Contame cómo te fue durante el verano. ¿Tuviste dificultades?
—No, señor. Fue el mejor verano de mi vida. Nunca me había sentido tan feliz.
—Me alegra que así haya sido. —dijo Dumbledore sonriendo— ¿Tu padrino sigue bien de salud?
—Sí, señor, por suerte ya se recuperó.
—Es bueno oírlo… ¿estás seguro de que no querés servirte un caramelo de limón? —insistió. Harry vaciló un segundo pero agarró uno. —A mí me hacen sentir mucho mejor.
—Remus piensa lo mismo del chocolate. —comentó Harry— Cree que es la cura para todo.
—¿Cuando fue que te dijo eso? —preguntó Dumbledore.
—La primera vez… el año pasado cuando ocurrió lo del dementor en el tren.
—Ah, ya veo. —sonrió el director— Es un hombre muy sabio y sensato.
Harry contempló el caramelo que tenía entre los dedos. De pronto se le antojó que lucía muy dulce y sabroso y sin pensarlo más se lo llevó a la boca.
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