Mente rota, alma quebrada

Confrontaciones

—¡Está usando eso de la compulsión! ¡Trata de manipularlo! —bramó Gabriel enojado.

Silas lo aferró del brazo. —No conviene hacer nada por ahora.

—¡Pero algo tengo que hacer! —replicó Gabriel zafando el brazo del agarre.

—Sería peor. —insistió Silas.

—¿Qué querés decir?

—Ha tenido meses para pensar alguna forma de usar nuestra condición en nuestra contra. Supongo que no pensarás que se quedó todo el tiempo de brazos cruzados esperando. Debe de tener un plan para controlarnos, para decidir a su arbitrio quién y cuándo puede salir.

—Pero eso es imposible, ¿no? —dijo Gabriel.

—Nada es imposible.

Gabriel lo miró dubitativo. Confiaba en el buen juicio de Silas… pero en ese momento Harry había aceptado el caramelo de limón… ¡era demasiado!

Gabriel tomó el control, se puso de pie de un salto y le arrojó a Dumbledore el caramelo a la cara al tiempo que lo fusilaba con una mirada furiosa.

—¡Vos sos uno más de los mortales, Albus Dumbledore, y vas a tener que responder por tus acciones pérfidas! ¡Esto no es un juego! ¡No tenés derecho a jugar con la vida de la gente! ¿Qué fue lo que pasó, viejo? ¿Te volviste senil? ¡El mago que fuiste de joven estaría avergonzado de vos y sabe Dios que todo el mundo mágico te detestaría si llegara a enterarse de las cosas rastreras que has estado haciendo!

—¡Basta! —rugió Dumbledore parándose. Era evidente que estaba haciendo un gran esfuerzo para contener la rabia que le habían suscitado las invectivas de Gabriel. —Sos muy valiente, Gabriel… y eso va a serte muy útil en el futuro… pero no te conviene crearte enemigos donde no los hay.

—¡Yo no te tengo miedo, Albus! ¡Me das lástima! Pensá en todo lo que has hecho, en toda la gente a la que le hiciste daño… ¿y para qué? ¿Cuál es el propósito que querés alcanzar?

¿Cuál es tu propósito? ¿Por qué lo estás provocando?, chilló Silas airado. ¡Abandoná la oficina en este mismo instante!

Estoy tratando de distraerlo para que no pueda poner en acción ese plan del que hablaste, cualquiera que sea. ¡No interfieras!, replicó Gabriel.

—Ya había anticipado que no ibas a entender. —dijo Dumbledore solemne— Pero llegarás a entender más adelante.

Alzó una mano y le lanzó un hechizo. Gabriel lo esquivó y contraatacó con otro mientras corría hacia la puerta. El director lo bloqueó, sin embargo, y le acertó con el siguiente. Gabriel quedó paralizado durante un segundo y luego cayó pesadamente al suelo. No alcanzó a deslizarse al interior, Dumbledore había corrido a su lado y le apuntó la varita a la sien. Y todo se puso negro de golpe.

oOo

—¡Si serás imbécil! —aulló Silas cuando Gabriel se materializó en su cama. Tenía una banda metálica alrededor de la cabeza. Seguramente algún tipo de restricción que le había puesto Dumbledore. La tocó con un dedo y Gabriel siseó de dolor. Al tacto, Silas la había sentido helada. —¿Por qué hiciste eso? —dijo y suspiró, había sonado más preocupado que fastidiado— Te había advertido que planeaba algo.

—Perdón. —murmuró Gabriel, la voz había sonado arrastrada como si estuviera drogado— Pero no podía permitir que le hiciera daño a Harry.

—Ya sé… —dijo Silas resignado y le tomó una mano— Ya encontraremos alguna forma de sacarte esta cosa.

—Gracias, Sy. —dijo Gabriel, dibujó una tenue sonrisa y los ojos se le fueron cerrando.

Silas se puso de pie, lo mejor era que lo dejara dormir tranquilo. En ese momento Boy empezó a chillar. Salió de prisa a la sala, Harry estaba acostado sobre el sofá y se retorcía gimiendo en sueños, como atacado por una pesadilla. Silas siseó contrariado, ¡Dumbledore estaba a punto de invadirlos! Tenía que actuar rápido, ser la personalidad nuclear tenía sus prerrogativas, con un castañeteo bloqueó las puertas de Demon, la de Boy y la de Gabriel. Luego fue hasta el sofá, cargó a Harry en brazos y se lo llevó a su cuarto. Lo acostó con cuidado en la cama y bloqueó también su puerta.

Acarició suavemente la frente de Harry y lo sintió distenderse y tranquilizarse de inmediato. —Todo va a salir bien. —susurró.

Volvió a la puerta y apoyó la oreja sobre la madera. Lanzó un breve silbido y una de las serpientes grabadas en el marco cobró vida. Decime lo que esstá passando afuera, ordenó.

Hay un hombre parado frente a la puerta de Gabriel, esstá mirando con atención el grabado de la madera… ssacude ligeramente la cabeza, parece asombrado y un poco divertido también… trata de abrirla, pero fracassa… hace una mueca de fasstidio… loss gritoss de Boy captan su atención… camina hassta el armario… trata de calmarlo con algunass palabrass pero Boy grita máss fuerte… ssacude la cabeza y ssigue hasta la puerta de Demon… apoya la oreja contra la piedra… sse ssepara de inmediato y retrocede un passo… ssiente miedo… viene para acá… esstá parado frente a mí… esstá estudiando con atención la puerta… ssussurra palabrass extrañass… assiente ssatissfecho…

—Llegará el momento en que vas a entender, mi muchacho. —dijo Dumbledore en voz alta.

El hombre sse ha ido.

Graciass.

La serpiente se inmovilizó reintegrándose en la madera. Silas esperó prudentemente unos minutos y luego trató de abrir la puerta, pero no pudo. Masculló un juramento. —¡Si creés que me vas a poder encerrar de esta forma estás muy equivocado viejo de mierda, engendro del demonio!

oOo

Severus partió de prisa hacia la oficina del director. Había deducido lo ocurrido cuando vio entrar a Longbottom, Granger y Weasley al Gran Salón con caras de pánico y sin Harry. Cuando llegó ante las gárgolas que guardaban la escalera, comenzó a pronunciar una tras otra diferentes contraseñas pero ninguna resultó efectiva. Maldijo por lo bajo y le dio un puntapié al pedestal de la izquierda.

—No creo que de esa forma puedas acceder. —dijo una voz que le llegó desde atrás.

Se dio vuelta bruscamente.

—¿Cumpliste con tu parte del trato? —inquirió Rowena inclinado apenas la cabeza— ¿Le enseñaste Meditación al Elemental?

—Así es, pero ahora no es el momento de…

—¿Ah, no? —lo interrumpió ella sonriendo— Te había prometido que a cambo de ese favor, Salazar te iba a ayudar con Harry.

—¿Y…? —la instó Severus alzando una ceja impaciente.

—Harry no está curado todavía. Salazar sigue obligado a ayudarte. —dijo ella y le guiñó con picardía— Pero sólo si se lo pedís amablemente.

Severus no podía creerlo, Harry estaba en peligro y ese fantasma imbécil le estaba haciendo perder el tiempo con sus jueguitos pueriles. Pero le convenía avenirse. —Salazar, ¿me ayudarías? —dijo apretando los puños.

—Claro que sí. —le llegó la respuesta desde atrás. Volvió a darse vuelta. Salazar estaba apoyado como al descuido contra una de las gárgolas. Los ojos le brillaban con desenfadada insolencia y tenía una comisura en alto. —Pero no soy yo el que puede mover este armatoste, ésa es el área de Helga, es ella la que se ocupa de las escaleras y todas esas cosas. Puedo pedirle que te ayude pero vas a tener que ofrecerle algo a cambio.

—Ustedes están tomando todo esto para la chacota. —lo acusó Severus.

—Bueno, sí… —admitió Salazar encogiéndose de hombros— Hacía tanto tiempo que no estaba despierto… un poco de diversión de tanto en tanto siempre viene bien.

—¡Harry está en peligro! —rugió Severus.

—Sí, es cierto. Es mejor que no te sigas demorando. ¿No te parece? —dijo Salazar riendo.

A Severus le entraron ganas de acogotarlo pero, ¿cómo se acogota a un fantasma? Y algo se le tenía que ocurrir para que le franquearan el paso.

—Despertala. —dijo finalmente.

Salazar alzó una ceja como toda respuesta y el aire a su lado empezó a relumbrar. Unos segundos después se materializó otra chica. Era alta y robusta y tenía los cabellos rubios recogidos en dos trenzas. El rostro era redondo y los ojos castaños. Bostezó con cierto desconcierto. —¿Qué pasa? —preguntó con voz dormida.

—Te ofrezco mi cuerpo y mi magia para reparar, apuntalar o reforzar cualquier área del castillo que precisara de tal atención. —dijo Severus solemne— A cambio de que muevas las gárgolas para que pueda pasar.

—¡¿Cómo?! —reaccionó ella sorprendida— Pero… si son los guardianes del despacho del director…

—La cosa es así. —intervino Rowena— Salazar se despertó porque hay un alumno que tiene una condición mental muy compleja y rara. Para obtener información de un segundo alumno, que es un Elemental, le prometió que yo lo entrenaría. Para poder enseñarle al chico yo necesitaba la colaboración de Severus, para obtenerla le prometí que Salazar lo iba a ayudar para curar la condición mental del primer alumno. En virtud de ese acuerdo es que Salazar te despertó para que le permitieras a Severus acceder al despacho, el alumno con la condición mental única está en este instante cautivo del director, un individuo que se ha vuelto muy inescrupuloso y poco digno, que ha privilegiado sus intereses políticos por encima de sus responsabilidades y deberes que como director le competen.

—¿Por qué no me lo explicaste así desde un principio? —dijo Helga volviéndose hacia Severus con una sonrisa. Hizo un gesto distraído con la mano y las gárgolas se desplazaron de inmediato.

Severus no perdió un segundo, corrió de inmediato escaleras arriba.

Cuando entró en el despacho, vio a Harry yaciendo en el suelo y al director arrodillado a su lado, con los ojos cerrados, apuntándolo en una sien con la varita. Aunque le hubiese gustado darle un empujón para apartarlo, sabía que eso podía ser peligroso.

Se acercó y le aferró un hombro con la mano. —Señor director, ¡detenga esto ya mismo! Está cometiendo un error.

Dumbledore abrió los ojos de repente estremeciéndose. —Severus… dijo conteniendo una exclamación y tambaleó ligeramente— Ayudame a volver al escritorio.

Severus lo acompañó y lo ayudó a sentarse.

—¿Qué debo hacer con Potter?

Dumbledore consideró durante un instante la respuesta. —Llevalo al ala hospitalaria. Decile a Poppy que se desmayó cuando yo le estaba haciendo algunas preguntas sobre cómo había pasado el verano.

Miró el reloj y suspiró. —Tengo que bajar al Gran Salón para dar mi discurso. Más tarde volvé para reunirte conmigo. Tengo mucho que conversar con vos.

Severus asintió, se despidió con un breve gesto de cabeza, hizo levitar el cuerpo inerte de Harry y se lo llevó de inmediato al ala hospitalaria.

Madame Pomfrey chistó desaprobadoramente cuando lo vio entrar con Harry flotando a su lado. Entre los dos lo acostaron sobre una cama inmediatamente y la sanadora, sin demora, comenzó a murmurar una serie de encantamientos. Severus aguardó de pie junto a la cama en silencio.

Luego de veinte minutos Poppy se volvió a mirarlo inquieta. —No encuentro nada anormal… pero no logro que recupere el sentido.

—Quizá si me permitieras…

Madame Pomfrey adivinó enseguida que estaba sugiriendo Legilimencia. Frunció el ceño. No estaba de acuerdo con el uso de esos métodos sin el consentimiento expreso del paciente y con mucha más razón tratándose de un alumno… pero la persistente inconsciencia de Harry la preocupaba y ya había agotado todos sus recursos. Asintió.

Severus le pidió que le levantara los párpados.

Después de tantas sesiones de Oclumencia, conocía la mente de Harry tanto como la suya propia. No tardó en abrirse camino hacia la sala de las almas.

oOo

Silas estaba que trinaba, había probado una docena de encantamientos distintos y no había conseguido abrir la puerta. Finalmente había ido a sentarse en la cama al lado de Harry, había recogido las rodillas contra el pecho y se hamacaba ligeramente mientras se devanaba los sesos para encontrar una solución que los sacara del aprieto.

Harry murmuró algo en sueños.

Silas se volvió a mirarlo. —¿Qué dijiste?

Sev'rus. —repitió Harry, con una tenue sonrisa dibujada en los labios.

Alborozado, Silas se bajó de la cama de inmediato y corrió hasta la puerta.

—Severus… ¿estás ahí?

—Silas… —le llegó la voz grave del otro lado— ¿Qué está pasando?

—El hijo de puta me encerró. —explicó Silas con voz helada— Probé todos los encantamientos que conozco y ninguno sirvió… bueno no todos, no me animé a usar nada muy drástico.

—Sensata decisión. —dijo Severus sin disimular una nota divertida en el tono— no es conveniente provocar daños críticos en el paisaje mental. ¿Sabés que encantamiento usó?

—No… no alcancé a oír las palabras.

—¿Dónde están los otros? —preguntó Severus.

Silas le hizo un breve resumen de lo que había pasado. —Harry está durmiendo muy inquieto… no conviene que esté mucho más tiempo suprimido. Necesita salir.

—Haré lo más rápido que pueda. —dijo Severus.

Un minuto después la puerta se abrió. Harry desapareció de la cama, había salido al exterior.

Severus lo miró alzando una comisura. —¿Te parece que vas a poder manejar las cosas acá dentro a partir de ahora?

—Sí. —respondió Silas haciendo una breve mueca, había notado la ligera entonación sarcástica. Severus le había demostrado una vez más que él disponía de más recursos.

—Bien. —dijo Severus asintiendo y un segundo después desapareció.

oOo

Cuando Severus salió, madame Pomfrey ya se estaba ocupando una vez más de Harry que había recuperado la consciencia. La revisación se prolongó más de veinte minutos hasta que se declaró satisfecha. Le dijo a Harry que podía ir a dormir a la torre y le recomendó que en el futuro tratara de ser más cuidadoso.

—Haré todo lo posible. —dijo Harry sonriéndole con dulzura— Gracias por todos los cuidados.

—No tenés por qué darlas, mi chiquito. —dijo ella y le acarició una mejilla.

Harry se levantó y siguió a Severus. Ya en el pasillo, preguntó: —¿Qué fue lo que pasó, señor?

—Cometí un error. —admitió Severus con tono serio— Había pensado que el director no intentaría nada sin consultarme antes. Estaba equivocado, lamentablemente.

—¿Qué fue lo que hizo? —preguntó Harry inquieto.

—Le puso a Gabriel una especie de restricción y encerró a Silas en su cuarto. Si yo no hubiese logrado abrir la puerta no habría podido salir… y vos tampoco porque estabas en la habitación de él.

Harry sacudió la cabeza, tenía los ojos húmedos de lágrimas. —Es mi culpa, creo que yo confié en él… ¿por qué confié en el?

—No, no fue tu culpa. El director uso subrepticiamente encantamientos de sugestión y compulsión. —lo tranquilizó Severus apretándole ligeramente un hombro— Me tomará algo de tiempo pero voy a averiguar con precisión qué fue lo que hizo y encontraré la forma de deshacerlo.

Harry asintió y lo abrazó.

Severus le dio unas palmaditas en la espalda y lo hizo separar. —El banquete de bienvenida ya debe de haber terminado. Te acompañaré hasta la torre. Todo va a salir bien, Harry. Y no te olvides de ocluir. Vení mañana, después del toque de queda a mis aposentos.

—De acuerdo, Severus.

oOo

Cuando entró al dormitorio, Neville, Ron, Dean y Seamus ya estaban en sus respectivas camas. Neville se levantó de inmediato y vino a abrazarlo. —¿Todo bien, Harry? —le susurró al oído.

—Sí, —respondió Harry abrazándolo a su vez— sólo estoy cansado.

—Te voy a contar lo que te perdiste. —dijo Neville en voz alta. Quería más que nada desviarse a otros temas para que los otros no empezaran con preguntas incómodas.

—Dumbledore llegó tarde. —explicó Neville acompañándolo hasta la cama, los dos tomaron asiento. —Pero hizo un importante anuncio. Este año no va a haber campeonato de quidditch, porque Hogwarts va a ser la sede de El Torneo de los Magos. Participan tres campeones, uno de cada escuela, pero sólo los mayores de diecisiete pueden postularse para ser elegidos. El torneo consiste en superar tres pruebas, el ganador obtiene un trofeo, un importante premio en metálico y, por supuesto, gran honor para él y para la escuela que representa.

—Si le han puesto un límite de edad es porque debe de ser muy peligroso. —comentó Harry.

—Efectivamente. —confirmó Neville— De hecho dejó de realizarse hace varias décadas porque algunos participantes morían durante la competencia.

—Pero Dumbledore aclaró que esta vez se iban a tomar recaudos para que las pruebas sean más seguras. —acotó Dean.

—¡Imagínense lo que sería ganar ese trofeo! —exclamó Seamus con un brillo de codicia en los ojos— ¡Ojalá yo pudiera participar!

—Yo más que el trofeo preferiría los galeones. —dijo Ron— La de cosas que se podrían hacer con tanto dinero.

—También tenemos un nuevo profesor de Defensa. —retomó Neville— El profesor Moody.

—Es un paranoico, obsesionado con el peligro. Ve enemigos en todas partes. Vive o vivía hasta ahora en un edificio muggle y a mi papá le causó problemas en varias oportunidades, ayer mismo incluso, su departamento tuvo que intervenir varias veces porque cuando Moody cree que van a atacarlo no se fija quién está delante y dispara hechizos aunque haya muggles presentes.

—Creo que vamos a aprender mucho con él. —se entusiasmó Dean.

—Esperemos… —dijo Ron con tono incrédulo— Los profesores de Defensa que no han tocado dejaban bastante que desear… excepto Lupin, quizá.

—¿Cómo es físicamente? —preguntó Harry.

Dean y Seamus intercambiaron una mirada de morbosa fascinación y se pusieron a describirlo minuciosamente, haciendo hincapié en los detalles más horribles.

Siguieron conversando un rato más, pero todos estaban muy cansados. Finalmente intercambiaron las buenas noches y todos se fueron a dormir.

oOo

—Severus, —lo interpeló Dumbledore apenas entró— ¿por qué demoraste tanto? ¿Qué pasó con Harry?

—Lo dejé hace unos momentos en la torre de Gryffindor. Poppy lo revisó y no encontró nada fuera de lugar, pero no lograba de ninguna forma que recuperara el sentido. Yo me ofrecí a sondearle la mente… ella aceptó con renuencia… por suerte pude hacerlo reaccionar.

—¿Sabe lo que pasó con sus alter?

—No lo sé, señor. Se mostró muy reservado, prácticamente no pronunció palabra.

—Entiendo. —dijo Dumbledore y le indicó que tomara asiento— ¿Te tomaste algo de tiempo para explorarle la mente?

—No, señor… no me pareció que fuera prudente… teniendo en cuenta la condición en la que se encontraba.

Dumbledore asintió vagamente. —Cuando entré en su mente descubrí indicios, no de dos sino de cuatro alter. Aunque no puedo estar seguro, una de las puertas puede haber sido la del cuarto de Harry.

Le describió brevemente lo que había visto. —¿Difiere de lo que vos conocías?

—La última vez que exploré su mente, hace ya tres meses, sólo había tres puertas. —mintió Severus sin alterarse en lo más mínimo— La del cuarto de Silas, la del cuarto de Gabriel y la del de Harry.

—Ya veo… —dijo Dumbledore reflexivo— Al parecer Sirius alteró la condición de Harry, lo llevó a crear un nuevo alter. Es imperativo que averigüemos todo lo posible sobre esta nueva personalidad. Y es preciso que encontremos a Sirius, necesitamos saber con toda precisión qué fue lo que ocurrió durante el verano.

—Trataré de hacer todo lo que esté a mi alcance. —dijo Severus— ¿Podría preguntar qué encantamiento usó sobre el alter Gryffindor?

—Ah, sí… —dijo el director sonriendo con orgullo— Estuve trabajando todo el verano en eso. Es un complejo encantamiento combinado. Una parte está basada en un encantamiento que se usa para exorcizar espíritus inmundos, pero invertido, en lugar de expulsar al que posee, lo ancla. La otra parte tiene analogía con el funcionamiento de los trasladores, ajustado para que actúe de manera inversa también, en lugar de transportarte a algún lugar, trae a un individuo ante tu presencia. Me resultó muy difícil coordinar esas dos partes en un solo encantamiento pero lo logré. Me permitirá obligar a Gabriel a que tome el control cada vez que pronuncie la frase clave.

—¿Y cuál es el objetivo de todo esto?

Dumbledore suspiró. —Él es el único que puede salvarnos. Si podemos librar a Harry de sufrir las adversidades de las batallas que vendrán, pero al mismo tiempo podemos entrenar a un guerrero que no pensará en otra cosa que el combate, entonces ganaremos pero sin sacrificar a un niño inocente. Pero no podemos arriesgarnos a que alguno de los otros alter le ponga trabas a Gabriel y no lo deje combatir. Cuando se encuentre en situación de peligro, no le quedará otra alternativa que pelear, de hecho, por su naturaleza, no querrá escapar… peleará y ganará, nos salvará a todos y restaurará la paz.

—No parece razonable depender de un chico para que nos salve. —objetó Severus— Todos deberíamos pelear.

—Te entiendo, Severus… vos querés pelear, como una forma de lavar viejas faltas… pero Harry es El Niño del Destino… no podemos obstaculizar su misión… debemos ayudarlo todo lo que podamos, eso sí… y Gabriel es una bendición, aligerará mucho la carga de Harry y logrará triunfar tal como lo ha marcado el Destino.

Dumbledore sonrió y cambió el tono por uno menos solemne. —Ahora andá, Severus… tus nuevos Slytherins te necesitan y descansá bien después… mañana seguiremos hablando sobre estos asuntos.

—Sí, señor. —dijo Severus, se puso de pie y se encaminó hacia la puerta.

—Ah… y cualquier novedad que tengas sobre Harry me gustaría que me la comunicaras lo antes posible.

—Sí, señor. —repitió Severus y salió.

oOo

Gabriel salió de su cuarto con andar inseguro y vino a sentarse junto a Silas en el sofá. No tenía buen aspecto.

—¿Qué es lo que está pasando?

—Harry está durmiendo. Amanecerá dentro de dos horas. —le informó Silas.

Gabriel sonrió apenas. —¿Ya tenés alguna idea de lo que es esta porquería? —preguntó señalando la banda metálica que le rodeaba la cabeza.

—Todavía no. Sabremos más mañana a la noche. Hoy no me animé a bajar a la biblioteca… habría podido llamar demasiado la atención. ¿Cómo se siente?

—Como espinas de hielo clavadas en el cráneo. —respondió Gabriel haciendo una mueca— Pero ya no me duele tanto como al principio. Quizá el dolor termine disipándose completamente.

Se volvió hacia la puerta de Boy. —¿Ha estado gimiendo así toda la noche?

Silas también miró hacia la puerta del armario y asintió. —Sólo espero que todo esto no interfiera con los progresos que había logrado.

—Yo también… —dijo Gabriel— Eh… mirá, Silas… yo… lamento mucho lo que hice.

—No te disculpes. Quién sabe qué habría hecho Dumbledore si vos no intervenías… yo debería haber elaborado un plan por si se decidía a actuar de entrada como lo hizo…

Gabriel suspiró y le tomó la mano, Silas no la retiró. Los dos se quedaron mirando la ventana que mostraba lo que ocurría en el exterior, en ese momento estaba negra. Los gemidos de Boy continuaron, sordos pero constantes.

oOo

Neville, Ron y Hermione estaban sentados en la cama de al lado cuando Neville lo despertó sacudiéndole ligeramente un hombro. Dean y Seamus no estaban, probablemente ya habían bajado a desayunar.

Harry percibió de inmediato las emociones. En Ron predominaban la preocupación y el miedo. En Hermione la decepción y la depresión… con preocupación también. En Neville había mucho de enojo, pero él también estaba muy preocupado.

—Chicos… estoy bien… realmente… —dijo tranquilizador.

—¿Qué fue lo que pasó, cumpa? —preguntó Ron.

Neville intervino para excusarlo. —Harry, no hace falta que hables ahora… si no es lo que querés…

—Pero yo quisiera poder ayudarte… —dijo Hermione— y no sé cómo si no nos decís lo que pasó.

Harry comprendió que era justo que algo les contara. —La profesora me llevó al despacho de Dumbledore y se retiró cuando él le ordenó que bajara para dirigir la ceremonia de selección. Cuando ya estábamos solos me empezó a preguntar sobre el verano y Sirius, mi intención era decirle lo menos posible… pero usó eso de la sugestión y compulsión… y estuve a punto de hablar de más y hasta acepté el caramelo de limón que me ofreció… y me desmayé. Me desperté en el ala hospitalaria, madame Pomfrey me dijo que estaba bien, pero que había pasado un largo rato inconsciente… que no me podían despertar… después Sev… eh… quiero decir, Snape… hizo algo y logró hacerme reaccionar.

—¿Vos pensás que le había puesto algo al caramelo? —preguntó Hermione muy alterada y con una expresión escandalizada en los rasgos.

—Obviamente… —intervino Ron con aspereza— No tiene ningún escrúpulo. Y Harry no tiene padres que podrían presentar una queja.

—¡Ron! —protestó ella.

—¡Te guste o no es así! —porfió él.

—Pero… ¿por qué haría algo así? —la voz de Hermione había sonado casi como una súplica. Seguía resultándole inconcebible que el director hubiera podido ser capaz de algo así.

—Creo… creo que lo asusté. —dijo Harry con lágrimas de comprensión humedeciéndole los ojos, podía percibir lo confusa y herida que se sentía, los últimos vestigios de fe y confianza se le habían desmoronado. —Tenía miedo de haber perdido el control sobre mí después de los meses que había pasado con Sirius y quería asegurarse de que iba a seguir confiando en él y obedeciéndolo.

—¿Qué creés que hizo mientras estuviste desmayado? —preguntó Ron con tono sombrío.

—No sé… —respondió Harry, se sentía muy mal por tener que mentirles pero no estaba listo todavía para revelarles todo.

—¡Ay, Harry! —exclamó Hermione abrazándolo— ¡Lo lamento tanto! ¡Y no sé que hacer!

—Creo que sería mejor que bajáramos a desayunar. —dijo Neville con voz muy suave.

oOo

Hermione no comió nada durante el desayuno y se levantó antes de la mesa, dijo que iba a la biblioteca hasta que sonara la campana.

—¿Esto tiene que ver con lo de recién? —preguntó Harry.

Ron se encogió de hombros. —En parte quizá… pero hay otra cosa. Anoche se enteró de que Hogwarts tiene elfos domésticos para el servicio. Declaró que se negaba a comer nada que fuera fruto de la explotación de esclavos.

—Ah… —dijo Harry y miró su plato, consideró por un momento dejar de comer… pero después pensó en Omi y cambió de opinión. Omi se habría ofendido si alguien no quisiera comer lo que él había preparado.

Cuando estaba por terminar, vio pasar por delante de la mesa a un chico con cabellera rubia. Se puso de pie de inmediato. —Los espero afuera. —dijo a modo de explicación y partió tras el chico. —¡Owen!

Lo alcanzó cuando ya había salido al hall de entrada, iba conversando con otro alumno, de cabellos oscuros.

—Perdón por no haber estado durante la Selección… veo que te han puesto en Hufflepuff… eh… y este otro chico, ¿es un compañero de dormitorio?

—Eh… sí… —respondió Owen mirándolo con desconcierto— Es Kevin Whitby…

—Un gusto conocerte. —dijo Harry y le estrechó la mano— Owen es un gran amigo mío. Kevin asintió apenas… estaba tan desconcertado como Owen, que había abierto los ojos grandes como platos.

—Bueno… eh… quería devolverte algo, Owen. —retomó Harry sacando algo de la mochila— Gracias por prestármelos. —agregó. Eran los omniculares que Hermione había usado durante la Final.

Owen entendió entonces y sonrió complacido. —No tenés por qué darlas…

—Realmente lo disfruté mucho… eh… ahora tenemos que ir a clase, pero me gustaría que más tarde charláramos un rato más…

—Claro… —respondió Owen entusiasmado. Tomó a Kevin de la mano y se alejaron susurrando.

—¡Ése era Harry Potter! —alcanzó a oír Harry antes de que las voces se perdieran.

Sintió la mano de Ron sobre su hombro y se dio vuelta.

—Así que ahora te dedicás a fascinar a chicos de primero. —dijo Ron con humor, Neville estaba a su lado.

Los tres se echaron a reír.

oOo

Hermione ya estaba en el invernadero cuando llegaron para la clase de Herbología. Ese día les tocó obtener pus de los bubotubers. Todos estaban repugnados, excepto Neville quizá, que mientras trabajaban les fue contando sobre los usos del pus, principalmente como ingrediente de varias pociones.

La siguiente clase era Criaturas. Hagrid los recibió con una amplia sonrisa. Una sonrisa que nunca auguraba nada bueno… ¿qué nueva y espantosa criatura les presentaría?

—¡Buenos días! —los saludó jovial— Una vez que llegue el resto de los Slytherins comenzaremos. ¡Nadie va a querer perderse esto! Están recién saliditos del cascarón, van a tener la posibilidad de criarlos…

Prácticamente a nadie le gustaron. Los screws de cola explosiva no sólo eran desagradables a la vista sino que también peligrosos de manejar, fueron varios los que terminaron con quemaduras o con picaduras de aguijones.

oOo

Hermione tampoco estuvo con ellos para el almuerzo. Se reencontraron con ella en el hall de entrada después de la clase de Adivinación. Había muchos alumnos alrededor. Fue el momento que eligió Draco Malfoy para una de sus habituales provocaciones.

Se les acercó con El Profeta en una mano y una comisura en alto. —Hey, Weasley, ¿no leíste el diario de hoy? —dijo y se puso a leer en voz alta un artículo que describía la intervención ministerial en un episodio que había tenido lugar el día anterior en el edificio muggle donde vivía Moody. —Parece que tu papá tuvo que sacarlo del lío. Ni siquiera pusieron bien el nombre. —agregó Draco con una carcajada— Arnold en lugar de Arthur…

Ron estaba a punto de abalanzársele pero Harry y Hermione lo retuvieron agarrándolo cada uno de un brazo. —¡Prefiero que mis padres sean unos desconocidos y no arrogantes pelotudos como los tuyos! ¡Sí, hablo de tu mamá, Malfoy…! ¡Con esa cara de repugnancia que tenía durante toda la Final… como si tuviera bosta debajo de la nariz! ¿Siempre tiene esa expresión… o era porque te tenía a vos al lado?

Draco se había puesto morado de furia. —¡No te atrevas a insultar a mi madre!

—¡Aprendé a mantener la jeta cerrada entonces! —le escupió Ron.

Harry, Hermione y Neville lo tironearon para sacarlo lo más pronto posible de allí. Cuando le dieron la espalda, Malfoy les disparó un hechizo. Harry vio pasar y sintió un haz blanco muy caliente que le rozó la mejilla. Por un segundo sintió pánico… Silas tomó el control. Se dio vuelta de inmediato para contraatacar pero Moody que se había acercado cojeando se le adelantó.

Le lanzó un hechizo a Malfoy transformándolo en un hurón blanco. Silas abrió los ojos escandalizado. Había un millón de cosas que podían resultar muy mal cuando se transfiguraba a una persona… y era una experiencia muy traumática para la víctima.

Hubo algunos gritos espantados y muchas exclamaciones contenidas de los alumnos que estaban alrededor.

—¿Te lastimó, Potter? —preguntó Moody.

—No, señor. —respondió Silas.

—¡SOLTALO! —bramó Moody.

—¿Soltar qué…? —masculló Ron confundido.

—No te lo decía a vos… —aclaró Moody dándose vuelta para enfrentar a Crabbe que se había agachado para alzar al hurón. Cuando el hurón lo vio acercársele, lanzó un chillido agudo y escapó corriendo hacia las escaleras que bajaban a los subsuelos.

—¡No tan rápido…! —rugió Moody y le lanzó un hechizo.

El animal quedó paralizado y luego se elevó en el aire hasta casi dos metros. Y un segundo después cayó golpeando duramente contra el suelo. —No me gusta la gente que ataca a traición. —dijo Moody y repitió el procedimiento sacudiendo dos veces más al hurón contra las duras piedras del piso.

¡Silas! ¡Hacé algo! ¡Le está haciendo mucho daño!, gritó Gabriel furioso. ¿¡Cómo se atrevía un profesor a torturar a un alumno de esa forma?!

Silas apretó los dientes. ¿Pero qué podía hacer? Y había tantos alrededor mirando… aunque debía intervenir… Moody parecía haberse entusiasmado y seguía martirizando al desamparado animal… se concentró y y lanzó el contraconjuro sin pronunciarlo. Draco recuperó su forma humana.

Moody se dio vuelta de inmediato para descubrir al que había puesto fin a la diversión.

Fue en ese momento que la profesora McGonagall se abrió paso por entre un grupo de alumnos. —¿Qué está pasando acá? ¿¡Señor Malfoy?! —exclamó espantada. Había visto al hurón sacudiéndose en el aire y comprendió lo que había pasado. Draco yacía en el suelo, desorientado y dolorido.

Se volvió hacia Moody y dijo con tono severo. —Alastor, ¡nunca usamos Transfiguración como castigo! Se asignan penitencias… y en los casos más graves se habla con el jefe de Casa del que comete una trasgresión.

—Eso es lo que voy a hacer. —gruñó Moody mirando a Draco con una mueca de marcado disgusto— Yo conozco muy bien a tu padre, chaval… y te voy a estar vigilando muy de cerca… podés informárselo a tu padre de mi parte… y tu Jefe de Casa sería Snape, ¿no?

—Sí. —respondió Draco con tono desafiante.

—Otro viejo amigo… —dijo Moody sonriendo maligno— Vení conmigo, vamos a ir a hablar con él.

Lo agarró de un brazo y se lo llevó escaleras abajo.

La profesora les ordenó a todos que volvieran a sus actividades habituales.

Silas había quedado muy sacudido por el episodio, siguió a los otros sin pronunciar palabra. Ron era el que hablaba mientras avanzaban por los pasillos, muy entusiasmado por lo que le había tocado pasar a Malfoy. Y Hermione se reía con él.

Gabriel estaba rabioso. ¡Es increíble que haya hecho algo así! ¡Y McGonagall apenas si le llamó la atención! ¡Y lo dejó que se lo llevara! ¡Si la víctima hubiese sido un Gryffindor, habría reaccionado mucho más severamente sin dudas!

Sí, ya sé, respondió Silas mirando con una mueca de desprecio a Ron.

¡Y estos dos imbéciles riéndose!, prosiguió Gabriel. ¡Deciles algo!

Silas negó con la cabeza. No, poco me importa lo que piensen. Se separó del grupo sin dar ningún tipo de explicación y partió hacia la biblioteca, tenía mucho que investigar.

oOo

Harry recuperó el control frente a la puerta de Severus. Supuso que ya sería después del toque de queda, golpeó suavemente. Severus lo hizo pasar y fueron a sentarse junto a la chimenea.

—¿Draco se encuentra bien? —preguntó Harry.

Severus alzó una ceja sorprendida.

—Yo estaba ahí cuando se anunciaba la pelea… después alguno de los otros tomó el control… pero Draco es el que lleva las de perder siempre que nos peleamos.

—Esta vez no fueron tus amigos sino Moody. Lo transfiguró en hurón, lo revoleó por el aire y lo sacudió repetidamente contra el suelo. Después me lo trajo para que decidiera qué otros castigos imponerle.

—¡Oh, no! —exclamó Harry horrorizado llevándose una mano a la boca— ¿Está muy lastimado?

—Sufrió muchas magulladuras que ya fueron curadas. Las dos costillas fisuradas demorarán unos días en sanar por completo.

Harry estaba espantado. —El profesor Moody va a tener serios problemas, ¿no?

—Mucho lo dudo… sólo lastimó a un "Slytherin rastrero…" —respondió Severus con acritud. Se levantó de su asiento y fue a servirse un trago. —Pero dejemos ese tema, hay otras cosas de las que debemos hablar. —dijo y regresó a ocupar su lugar.

—Hablé con Dumbledore. El encantamiento que usó sobre Gabriel combina dos encantamientos invertidos. Uno que se usa para exorcizar malos espíritus… y el otro es el que regula el funcionamiento de los trasladores. Le permite al director obligar a Gabriel a tomar el control y a permanecer afuera. De esta forma tiene total control sobre su "guerrero". También había encerrado a Silas, pero yo pude liberarlo. Además sabe que ahora hay por lo menos un nuevo alter aparte de Silas, Gabriel y Harry. Cree que fue algo que hizo Sirius lo que provocó que se creara esta nueva pers…

Severus se interrumpió porque de repente Harry se había puesto muy pálido y los ojos se le habían abierto inmensos. Y recién entonces se dio cuenta de que acababa de meter la pata soberanamente.

—Harry…

—Yo… yo soy… —murmuró Harry con voz quebrada, dos inmensas lágrimas le corrían por las mejillas— Yo… no puedo ser un alter… yo soy real… ¿o no?...

—Harry, ¡concentrate en la respiración! —lo instó Severus. Harry se esforzó por hacerle caso y logró componerse un poco pero seguía mirándolo con desesperación en los ojos— Lo siento, Harry, no era mi intención que te enteraras de esta forma.

—¡No! —exclamó echándose a llorar.

—Sí. —dijo Severus con voz muy suave— Pero seguís siendo tan real como lo has sido siempre.

Le posó una mano tranquilizadora sobre un hombro y esperó unos momentos hasta que se fue tranquilizando. —Silas es la personalidad nuclear. Vos naciste de él. Sos una parte muy importante de él. Sos tan real como lo es Silas… y también son reales Boy, Rose, Kitten y Gabriel. Pero ninguno de ellos es una personalidad tan completa como vos… ellos son fragmentos menores. Silas te instituyó como anfitrión, sos el encargado de vivir el día a día… tu estatus te permite desarrollar más tu personalidad y te otorga un mayor entendimiento que el de otros alter. En realidad tenés el mismo estatus que Silas, podés crear personalidades o absorberlas.

—Pero… si Silas es… entonces yo no… yo… ¿cuánto hace que sabés esto?

—Silas me lo dijo a finales de julio.

—Entonces… entonces es por eso…

El llanto de Harry se intensificó, levantó las piernas abrazándolas contra el pecho y lo miró desconsolado. —Es por eso que estuviste pasando tanto tiempo con Silas… y muy poco conmigo… porque yo no soy tan… importante como Silas…

—¿¡Cómo?! ¡No! ¿De qué estás hablando?

—Venías a la casa para jugar con Silas al ajedrez… y cuando yo volvía ya te habías ido. Él es más real y más importante.

—No, eso no es cierto. —dijo Severus sacudiendo la cabeza, se levantó de su asiento y fue a sentársele al lado— Las ocupaciones de la escuela me dejaban muy poco tiempo libre y Silas necesitaba lecciones para mejorar su juicio y para actuar con mayor sensatez en situaciones futuras.

Harry giró la cabeza a un lado, el argumento no lo convencía.

—Harry vos sos tan real y tan importante como Silas. Todos los alter son importantes.

—¿Vos estás tratando que Silas me integre? ¿Yo voy a desaparecer? Yo… yo no me quiero morir…

—¡Harry! —exclamó Severus casi con desesperación y lo abrazó estrechamente contra sí— ¡Nunca permitiría que murieras! ¡Nunca! Y tampoco estuve hablando con Silas sobre integrarte… lo discutiría primero con vos si en el futuro consideráramos la posibilidad.

Harry se apretó acurrucándose contra Severus. Estaba tan asustado, se sentía amenazado. Amaba a Severus y a Neville… y a Sirius y a Remus. Y no quería dejarlos. Y también amaba a Silas y a Gabriel y no quería que sufrieran. Se sentía tan confundido… y herido.

Sintió una leve y tibia presión en su cabeza.

Harry, no te pongas mal, dijo Gabriel. Nosotros nunca haríamos nada que pudiera perjudicarte. Y vos nunca vas a desaparecer.

¿Acaso Rose se fue, Harry? —preguntó Silas con voz muy suave— No, Rose sigue con vos. Nosotros siempre te hemos cuidado y vos sos el que tomás la mayoría de las decisiones. Sólo intervenimos a veces.

Eso era cierto, pensó Harry. Silas no había estado de acuerdo que les contara del abuso a Ron y Hermione pero no se lo había impedido. Y Rose no se había ido… él era Rose y también Harry. Ella vivía con él y en él. Y entonces, ¿por qué les importaba tanto lo que él pensaba si después de todo él no era la personalidad nuclear? —¿Por qué?

Porque vos, Harry, —contestó Gabriel— sos el anfitrión. Nosotros confiamos en vos y te queremos. Queremos protegerte y queremos que seas feliz. Vos sos nuestro corazón.

Severus pensó que la pregunta iba dirigida a él y contestó también. —Silas temía que lo rechazaran por su forma de ser, fue por eso que te creo… en vos se concentraron las más puras intenciones y motivaciones.

Yo también soy un alter, Harry, dijo Silas suspirando. Todos somos alter… porque ninguno es completo por sí mismo. Yo soy el alter núcleo. Vos sos el alter anfitrión. Boy y Gabriel son alter guardianes. Demon… bueno, podríamos decir que Demon es un alter oscuro. Yo no soy más importante que vos. Somos iguales.

—¿Qué va a pasar cuando nos unamos? —preguntó Harry con cierta aprensión.

—Volverán a ser una persona íntegra, completa. —respondió Severus— Pero para eso aún falta un largo camino que recorrer.

Severus se separó un poco y lo miró a los ojos. —¿Te sentís mejor? Harry asintió cansadamente. —Voy a pedir que nos traigan chocolate caliente.

Se puso de pie y fue hasta la chimenea. Harry se apoyó sobre el respaldo y cerró los ojos. Se sentía raro eso de saber que había surgido de Silas. ¿Y él era el corazón de ellos? Por un lado lo hacía sentir orgulloso, ellos lo necesitaban y él los protegía, pero también lo hacía sentir triste. Había tantas cosas que no sabía. Boy guardaba muchos recuerdos de la infancia, malos recuerdos… muy malos recuerdos… el alter era un desastre justamente por eso… Harry poco y nada sabía de todo eso y sólo de oídas. Kit había sido otro alter desastroso. Él tampoco se acordaba mucho de ella… más allá de que le gustaba muy poco… eso era raro también, al principio le había parecido que sabía mucho más de ella pero después todo se había desdibujado. Claro, ahora podía entender mejor por qué… Silas se había hecho cargo de esas cicatrices… Silas y Gabriel siempre lo protegían, como a un hermano menor. Y en cierta forma él era el hermano menor de Silas… había salido de él. Todo resultaba tan raro… y el haberse enterado lo hacía sentir al mismo tiempo más fuerte… pero también más débil. Y de pronto se dio cuenta de algo más en lo que no había reparado…

¿Por qué ahora puedo hablar con ustedes?

Supongo que las barreras se debilitaron ahora que sabés, contestó Silas.

Silas y yo siempre hemos podido hablar de esta forma cuando alguno de los dos está en control, agregó Gabriel.

¿Y eso quiere decir que desde ahora cuando yo esté adentro voy a poder ver lo que ustedes hacen?

No, respondió Silas, como anfitrión vos tenés que estar protegido. Nosotros salimos para lidiar con las cuestiones que vos no podés manejar. Ésa en definitiva es la razón para que nos tengas.

Pero yo no los tengo…, son ustedes los que me tienen a mí… todo es tan confuso.

Nada ha cambiado, le aseguró Gabriel con firmeza. Nada. Salvo que ahora podés hablar con nosotros cuando tengas ganas sin que tengas que recurrir al diario. Y podés dejarnos mudos cuando vos quieras, vos controlás eso porque sabés Oclumencia, podés silenciar nuestras voces si ése es tu deseo.

Severus regresó, le tendió un jarro de chocolate y volvió a tomar asiento frente a él. —Lamento mucho que hayas pensado que te había relegado a favor de Silas. No es cierto. Y de ahora en más vamos a tener muchas más ocasiones para compartir tiempo juntos. He hecho un acuerdo con el "castillo". A partir de ahora el director no va a darse cuenta de que venís a verme después del toque de queda. Es importante porque me ordenó que le informara detalladamente de cualquier cosa que hablara con vos, no serviría ponerte "penitencias" como durante el año pasado.

—Entiendo. —dijo Harry y bebió un sorbo de chocolate.

—Harry… quisiera… —dijo Severus vacilante— Quisiera que bajaras las barreras…

—¿Cómo? —se sorprendió Harry.

—Por un momento… —lo instó Severus.

Harry obedeció y de inmediato pudo sentir claramente las emociones de su mentor. Mucha preocupación, un deseo vehemente de protegerlo, gran determinación… y algo de pesar. Severus había bajado sus escudos, se le había abierto por completo. Harry sonrió complacido. Podía sentir todo su amor… tan intenso que era casi tangible. Gabriel tenía razón: Nada había cambia. Al menos nada de las cosas que realmente importaban. Pero no quería que Severus estuviera tan preocupado como en ese instante. Se puso de pie y lo abrazó.

—Gracias por todo, Severus. Te quiero.

Severus lo dejó hacer pero Harry pudo percibir la incomodidad, Severus todavía no se acostumbraba a tales expresiones de afecto. Lo soltó y regresó a su asiento. —Contame cómo es ese asunto del acuerdo con el castillo.

Agradecido de poder pasar a otro tema menos incómodo, Severus explicó. —Los espíritus de Hogwarts están disconformes con el accionar del director. Todos están despiertos y lo están evaluando. Yo ofrecí mi ayuda para reforzar físicamente ciertos sectores del castillo que se han deteriorado. Como contrapartida ellos se ocuparan de que el director no se entere de tus excursiones por los pasillos después del toque de queda. Sólo es válido para las noches. Sería conveniente además que Silas pusiera una ilusión para que nadie note que no estás en la cama. Y por supuesto siempre que vengas usá el manto.

—Entendido. Otra cosa… ¿sabés cómo eliminar el encantamiento que Dumbledore le puso a Gabriel?

—Todavía no, pero ya encontraré la forma. Es un encantamiento que el mismo director creo, tengo que estudiarlo minuciosamente porque es muy complejo. Hasta que encuentre la solución vamos a tener que mantenerlo distraído y ocupado con otras cosas para que no pueda dedicarte tiempo. No va a ser tan difícil una vez que hayan llegado las delegaciones de las otras escuelas. Pero podemos poner en acción algunas otras artimañas distractivas.

Una buena posibilidad es crearle problemas con el Ministerio, sugirió Silas.

Harry trasmitió la idea en voz alta. —Quizá algo relacionado con el Ministerio.

—Una idea interesante, ya pensaré en algo. Contame ahora algo de la última semana de vacaciones…

—La pasé muy bien. Sirius trabajó mucho con Boy y se fastidiaba mucho porque Gabriel le ganaba casi siempre en los duelos.

—Con Boy vamos a continuar trabajando… quizá durante los fines de semana.

—Hay otra cosa que quisiera contarte… —dijo Harry, hizo una pausa y cruzó las manos sobre la falda. Ahora que sabía que Silas era el núcleo le costaba mucho hacer algo que sabía que Silas desaprobaba.

Harry, pará de comportarte así, lo reconvino Silas. Yo podría habértelo impedido si realmente lo hubiera querido. Pero en realidad no tiene tanta importancia. Son tus amigos y vos sos dueño de interactuar con ellos como mejor te parezca… eso sí, si llegaran a traicionarnos la cosa sería distinta y tomaría represalias.

—¿De qué se trata? —preguntó Severus.

—Se me ocurrió que Hermione y Ron podrían entenderme mejor si supieran más sobre mí. Les dije sobre el abuso en casa de los Dursley pero no sobre mi condición.

—Ya veo. —dijo Severus reflexivo— Son tus amigos Harry. Aunque debo admitir que la idea de que sepan todo me preocupa. Son muy jóvenes y no sé hasta que punto podemos confiar en ellos. Pero vos debés actuar según lo que tu buen juicio te indique. ¿Podría preguntar cómo fue que reaccionaron?

—Hermione se trastornó seriamente. Está muy decepcionada con Dumbledore, de hecho le costó mucho poder aceptar que era cierto, ella lo admiraba tanto. Ron se enojó mucho, no conmigo sino por mí. Neville los está vigilando… creo que él tampoco confía del todo en ellos. Me preguntaron qué había pasado en el despacho del director, les dije de la compulsión que había usado y lo del caramelo de limón y que después me había desmayado. Les conté que me había despertado en el ala hospitalaria y que vos habías ayudado a madame Pomfrey porque ella no podía hacerme reaccionar.

—Presumo que la señorita Granger se debe haber puesto muy mal cuando se lo dijiste…

—Así es. Pero yo creo que es mejor que sepan cómo son las cosas… si Hermione hubiese sabido no me habría delatado.

—Probablemente no… y es mejor que sepan para que estén prevenidos, Dumbledore podría tratar de obtener información de ellos. Creo que las cosas van a ir mejorando a medida que pasen los días.

—Eso espero.

—¿Te gustaría tocar durante un rato? —sugirió Severus— Hace mucho que no te escucho.

Harry asintió con una sonrisa.

oOo