Mente rota, alma quebrada

Clases

Al día siguiente durante la clase de Pociones, Neville fundió su caldero. Como en muchas oportunidades anteriores. Sólo que esta vez lo había hecho a propósito. Snape le impuso penitencia. Era la excusa para que pudiera tener una lección con Rowena.

El miércoles después de clases, Severus lo condujo a un pequeño patio a medias escondido en la parte posterior del castillo al que nunca iba nadie. Rowena lo estaba esperando.

—¡Neville, qué gusto volver a verte! —lo saludó ella contenta, se acercó y le dio un abrazo.

Neville se lo devolvió con cierta torpeza. —Hola. —saludó a su vez.

Tomaron asiento en uno de los bancos y Severus fue a sentarse en otro un poco más alejado.

—¿Cómo vas con la Meditación? —preguntó ella.

—Mejorando. —respondió él tímidamente.

—Empecemos, entonces. —lo invitó ella con una sonrisa— Entraremos juntos en meditación y yo te voy a ir guiando en los preliminares para eliminar el bloqueo de tu magia.

—¿Bloqueo? —repitió Neville desconcertado.

—Un elemental que no comprende la magia que posee se confunde y la bloquea. Y pasa a manejarse de manera rudimentaria con la magia estándar que le enseñan. —explicó ella— Empezaremos entrando juntos en trance, de esa forma yo voy a poder hacerte algunas preguntas y vos podrás responderme.

—De acuerdo. —asintió él nervioso.

No había practicado durante varios días pero no le costó ir siguiendo los pasos del proceso. Poco a poco los pensamientos fueron disipándose o transformándose en sensaciones.

Desde cierta distancia le llegó una voz suave que él percibió como una lluvia suave de la que podía entender cada gota. Las gotas lo animaban a caer como ellas caían… una profunda sima se abría debajo de él, por un momento sintió miedo y estuvo a punto de escapar del trance… pero fue sólo un segundo… y luego se dejó llevar. La no existencia no existía. La vida no terminaba… sólo se transformaba en otras cosas. Se dejó hundir en la tierra cálida, millones de raíces a su alrededor bullían de vida. Lo acunaban, lo protegían… sus dedos se iban transformando en raíces… y sus venas… y su sangre en savia…

—¡NEVILLE!

El grito hizo añicos sus percepciones, el cuerpo se le arqueó y un estertor agónico escapó de su garganta. Estaba atrapado… y se sentía pequeño y frágil… y sentía frío, mucho frío… sentía manos que lo sacudían… un terror primigenio lo inundó, ya no sabía quién era o qué era…

oOo

Severus los había estado observando, habían ocurrido algunas cosas insólitas durante la última media hora. Ligeros temblores del suelo y los arbustos del patio había empezado a crecer rápidamente, estaba muy asombrado pero nada parecía estar mal. Hasta que oyó el grito de Rowena y vio a Neville desplomarse. Corrió de inmediato hacia ellos.

—¡Lo he perdido! ¡Se fue demasiado hondo! —chilló ella.

Neville yacía en el suelo ligeramente de costado. No respiraba y no tenía pulso. Severus probó varios Enervate sin resultado. Rowena seguía gritando el nombre de Neville una y otra vez. Aterrado y furioso, Severus le dio varios golpes en el pecho. Neville soltó un estertor desesperado y abrió los ojos. Severus sintió un escalofrío espeluznante, los globos oculares estaban completamente negros, no se distinguían iris ni pupilas. Neville había empezado a hiperventilar y parecía presa de un ataque espasmódico, las uñas se clavaban arando la tierra a los costados. Rowena estaba tratando de calmarlo con palabras suaves. Severus le retuvo las piernas para contener las sacudidas.

Poco a poco el ataque fue cediendo, las convulsiones fueron atemperándose y el negro de los ojos fue aclarándose. Rowena lo puso sobre su falda, lo abrazó y comenzó a mecerlo. Poco después Neville dejó de temblar. Tenía los ojos clavados en la pared del castillo pero no daba la sensación de que estuviera viéndolo. Severus estaba muy sacudido y alterado, no sabía qué había pasado y tampoco sabía qué hacer para ayudarlo. Oyó ruidos, alguien se acercaba, ¿acaso Dumbledore había detectado la magia liberada y había venido a ver que pasaba? No… el que se acercaba corriendo era Harry.

Harry se hincó junto a Neville. —¿Hermano? —susurró con voz temblorosa— ¿Nev? ¿Podés oírme? —dijo y comenzó a acariciarle la cabeza. Rowena hizo silencio y Severus frunció el ceño. Los dos podían percibir que estaba haciendo magia, pero no tenía varita ni pronunciaba ningún encantamiento. Pero con cada caricia los ojos de Neville se aclaraban más y más.

Harry le sonrió inspirándole calma y confianza. Había estado de camino al Gran Salón para la cena y de repente había percibido el dolor y los pensamientos demenciales de Neville y había partido corriendo de inmediato guiado por sus sensaciones.

Neville se aferró fuertemente a él. Y en pocos minutos se recompuso.

—¿Estás bien, Neville? —susurró Harry.

—Sí, Harry, estoy bien. —respondió con voz oscura. Aunque no era del todo cierto, porque seguía sintiendo un fuerte impulso que lo empujaba a volver a integrarse con la tierra.

—Eso va a disiparse también, Neville. —dijo Rowena— Perdón, no alcancé a retenerte y te fuiste demasiado hondo. No va a volver a pasar.

—Está como desesperado por volver a la tierra. Está haciendo un gran esfuerzo para mantenerse compuesto. —dijo Harry.

—¡Oh no, mi chiquito! ¡No vuelvas a cerrarte! —clamó Rowena— Mantenete abierto, pero no te disuelvas…

—Longbottom, —dijo Severus— cree una ventana.

—Sí, es una buena idea. —lo secundó Rowena— Creá una ventana en tu corazón. Te mantendrá conectado con la tierra pero el impulso de integrarte se irá debilitando.

Neville los miró confundido, pero ellos le fueron indicando lo que tenía que hacer para abrir el vínculo. Siguió las indicaciones y lo logró. Podía sentir el pulso de la tierra y de las plantas pero la atracción imperiosa de poco antes había desaparecido. Sollozó aliviado, Harry lloró con él. Rowena le sonrió.

—Eso fue un desastre. —le recriminó Severus.

La sonrisa de Rowena se borró, la culpa se le notaba en los rasgos. —Perdón. Ocurrió tan repentinamente… todo iba desenvolviéndose muy bien… y de golpe fue como si la tierra lo hubiese chupado.

—Esto no puede repetirse. —le advirtió Severus.

—No se repetirá. —le prometió ella.

Severus se volvió hacia los chicos. —¿Se pueden poner de pie?

—Sí, señor. —respondió Harry y ayudó a Neville a incorporarse.

—Neville, vos necesitás ir a ducharte. Harry, vos volvé al Gran Salón. Dumbledore podría empezar a sospechar que algo está pasando.

—Sí, Severus. —contestó Harry, tomó a Neville de la mano y los dos enfilaron hacia el castillo.

Severus se quedó mirándola con ojos acusadores. Rowena desvió la vista hacia el jardín, que había florecido en la última media hora y lucía pletórico de vida.

El poder de Neville era inmenso, más poderoso que el de cualquier otro elemental que ella hubiera conocido. Pero el impulso a integrarse con su elemento era excesivo… iba a tener que ir con mucho cuidado…

oOo

Cuando Ron, Hermione —que había comenzado a comer otra vez pero fusilaba con la mirada a cualquiera que se lo hiciera notar— y Harry regresaron de la cena, encontraron a Neville sentado frente al fuego. Hermione frunció el ceño. Sabía que Neville había tenido penitencia con Snape… pero por el estado en que se encontraba era evidente que Snape se había extralimitado esta vez. Ron parecía ser de la misma opinión. Hermione fue a sentarse con Neville para confortarlo.

—Vos sabés por qué Snape está de mucho peor humor que habitualmente, ¿no? —le preguntó Ron a Harry— Es por Moody.

—Sí. —respondió Harry. Pero la razón no era la que creía Ron. Severus no estaba fastidiado porque le hubiese birlado el cargo de profesor de Defensa, sino porque Moody acosaba y provocaba constantemente a los Slytherin y ninguno de los otros profesores hacía nada para impedírselo. Dumbledore tampoco.

La rivalidad entre Gryffindor y Slytherin era tradicional. Pero Harry siempre había considerado que Hufflepuff y Ravenclaw eran neutrales. Pero no era así. Si la víctima era un Slytherin, nadie salía a defenderla.

Gabriel era el que más fastidiado estaba con la cuestión. Había querido salir más de una vez para enrostrarles los prejuicios a los indiferentes. Pero Silas lo había retenido, consideraba que no convenía que Gabriel saliera hasta que se hubiese liberado del hechizo de Dumbledore. Harry se había mostrado de acuerdo con Silas. Así que Gabriel había tenido que aguantarse y quedarse adentro gruñendo y despotricando.

Además, todos los que habían tenido ya clases con Moody estaban muy entusiasmados con el nuevo profesor les había causado muy buena impresión. Y eso no ayudaba precisamente.

Harry había discutido el tema con Hermione y Ron, tratando de hacerles ver la injusticia de la situación. No había tenido suerte. Sus amigos le replicaron que los Slytherin se lo tenían merecido, ellos también eran abusadores y hacían trampa durante los partidos de quidditch y que Snape siempre los había privilegiado, el favoritismo que mostraba hacia ellos era escandaloso.

—Creo que Snape le tiene un poco de miedo a Moody. —dijo Hermione.

Harry suspiró, dijo que estaba cansado y que se iba a dormir. Neville subió con él. Harry todavía no le había contado que Silas era la personalidad nuclear, más que nada porque sabía que Neville se iba a preocupar y no quería agregarle una carga más a las que ya tenía que soportar.

—Nev… —empezó a decir.

—¿Sí, Harry?

Se acobardó una vez más y cambió lo que iba a decir. —¿Qué te parece si este fin de semana empezamos a trabajar en la poción animagus?

—Me parece una buena idea. Buenas noches, Harry.

—Buenas noches.

oOo

Al día siguiente los Gryffindor de cuarto estaban expectantemente ansiosos. Iban a tener la primera clase de Defensa con Moody. Harry estaba más bien nervioso y Neville también.

Cuando lo oyeron acercarse, el resonar de la pierna postiza contra las piedras del suelo era tan característico, todos hicieron silencio y desviaron los ojos hacia la puerta.

Moody entró mirándolos con mala cara. Su aspecto siempre era intimidante. —Pueden guardar los libros. Hoy no van a necesitarlos. —gruñó.

Todos obedecieron intercambiando miradas extrañadas. Hermione guardó los libros pero se quedo con una pluma y un folio de pergamino en blanco. Moody pasó lista y fue escrutando a cada uno cuando daban el "presente". La forma en que se movía y taladraba el ojo mágico postizo hacía estremecer hasta el más pintado.

—Muy bien… —dijo dejando la hoja de asistencia sobre el escritorio— El profesor Lupin me informó sobre el programa desarrollado el período previo. Que se concentró especialmente en las criaturas oscuras, si no me equivoco… —agregó a modo de pregunta.

Hubo varios movimientos de cabeza y murmullos de asentimiento.

—Pero también tengo entendido que están muy atrasados con la parte de hechizos y maldiciones. Tengo hasta el fin de este año para ponerlos al día…

—¿Así que no piensa quedarse más…? —lo interrumpió una voz.

Moody se volvió fastidiado hacia el descarado —Ron, que ya se estaba arrepintiendo de haber abierto la boca— y sonrió ampliamente. Todos temblaron… era más intimidante cuando se reía que cuando miraba enojado. —Vos debés de ser hijo de Arthur Weasley, ¿no? —dijo y se le acercó parándosele al lado del banco. —Tu padre me ha ayudado en varias oportunidades a zafar de ciertas situaciones… embarazosas, la última vez hace pocos días. Y tenés razón, sólo voy a quedarme este año, acepté el puesto sólo como un favor especial hacia Dumbledore. —agregó y soltó una carcajada. Luego batió palmas un par de veces y retornó al frente. —Entonces… vayamos a lo nuestro… hechizos y maldiciones…

Moody les aclaró que no se iba a demorar en remilgos y que tenía autorización del director para tratar en clase todas las maldiciones conocidas por muy oscuras que fueran. Se volvió una vez más hacia Ron y preguntó: —¿Y cuáles serían las maldiciones más oscuras conocidas, Weasley?

—Las Imperdonables. —contestó Ron con cierta vacilación.

—Exacto ¿Podrías mencionarme una de ellas?

—Eh… ¿Imperius?

—Correcto. —dijo Moody asintiendo apreciativamente— Tu padre debe de haberte hablado de ésa. Le creó al Ministerio muchos problemas hace ya varios años.

Mientras hablaba, el profesor se había acercado a un estante detrás del escritorio y había agarrado un frasco con tres arañas adentro. Ron contuvo una exclamación cuando Moody metió una mano dentro del recipiente y sacó una. Alzó la palma y ordenó: —Observen con atención. ¡Imperio! —pronunció.

La araña empezó a moverse de manera muy extraña, como si estuviera haciendo gimnasia. Se oyeron muchas risas. Pero Harry, Neville y Hermione permanecieron muy serios, entendían las implicaciones. Moody pasó a continuación a demostrarles lo terrible que podía ser la maldición, obligó a la araña a saltar, haciéndola estamparse violentamente contra el cristal de la ventana. Luego le ordenó que volviera al frasco.

Toda la clase se había quedado en silencio. —Es posible resistirse al Imperius. —gruñó— Y yo les voy a enseñar cómo hacerlo. Pero requiere muchísima fuerza de voluntad, pocos son los que lo logran… por eso, lo más sensato es que uno evite que le acierten con la maldición… ¡VIGILANCIA PERMANENTE! —ladró y todos saltaron sobrecogidos en sus asientos. Los observó en silencio durante unos instantes y luego preguntó con voz calma: —¿Quién más puede nombrarme otra de las Imperdonables?

Hermione y Neville levantaron la mano. Harry lo miró sorprendido, era curioso que se hubiera animado. Incluso Neville parecía sorprendido de su temeridad.

Moody lo autorizó con un gesto a que se expresara.

—El Cruciatus. —dijo Neville con voz clara.

—Tu apellido es Longbottom, ¿no? —preguntó el profesor mirándolo fijamente.

Neville asintió nervioso. Moody no agregó comentario alguno, pegó media vuelta y fue a buscar otra araña. Ron empezó a temblar cuando la agrandó al triple de su tamaño.

¡Crucio!

La araña comenzó a sacudirse convulsiva sobre el escritorio. Harry se puso mortalmente pálido y Neville empezó a hiperventilar. De hecho toda la clase estaba muy sacudida al ser testigos del sufrimiento de la araña, los segundos parecieron volverse eternos. Todos podían imaginar el efecto sobre una persona.

—¡Basta! —chilló Hermione y la maldición se interrumpió.

Reducio. —murmuró Moody el pobre bicho recuperó su tamaño normal— Dolor… extremo… no es preciso recurrir a engorrosos elementos de tortura si uno conoce y sabe usar el Cruciatus. Fue también muy popular hace unos años.

Se tomó unos momentos para devolver la araña al frasco y sacó la tercera. —¿Alguien sabe cuál es la que hasta ahora no hemos mencionado?

—La Maldición Mortal. —respondió Hermione con voz temblorosa. Nadie había levantado la mano para responder, todos estaban muy consternados.

—Así es… —confirmó Moody al tiempo que se desplazaba hasta quedar parado frente al banco de Harry. —La Maldición Mortal es muy desagradable… no existe contraconjuro… no hay forma de bloquearla. Sólo se sabe de una persona que logró sobrevivir a ella… el que está sentado delante de mí.

Harry alzó los ojos para mirarlo, el corazón se le había acelerado, las manos apretaban los bordes del pupitre. Mucho le hubiese gustado que lo sustituyera un alter… pero no era conveniente, no era sensato llamar la atención, todas las miradas estaban fijas en él… y en una situación como ésa bien podría salir Boy… habría sido desastroso.

Moody volvió al escritorio y apuntó a la infortunada araña. Ron se aferró temblando al brazo de Harry.

¡Avada Kedavra!

Un haz verde brillante brotó de la varita e impactó en el blanco. La araña quedó quieta en la misma posición, sin marca alguna de daño pero indudablemente muerta.

Harry sintió como un estilete helado que le recorría el alma.

Fue así como murieron mamá y papá.

Los ojos se le llenaron de lágrimas, se cubrió la cara con las manos y soltó un sollozo. Neville le pasó un brazo por encima de los hombros y Ron le frotó la espalda. Hermione había quedado temblando en shock, la boca ligeramente abierta, los ojos fijos en la araña muerta.

—La Maldición Mortal requiere intención de matar y mucho poder mágico. —explicó Moody sin prestar atención a los sollozos de Harry— Todos podrían en este momento apuntarme con la varita y pronunciar la fórmula… lo más probable es que ni siquiera lograran hacerme sangrar la nariz. De todas formas eso no viene al caso, porque no es mi intención enseñarles a lanzarla. Es posible que algunos se pregunten por qué la estamos viendo en clase si el objetivo no es aprenderla y tampoco existe contraconjuro que la neutralice… ¡Porque es preciso que la conozcan! ¡Que sepan lo que puede hacerles! ¡Que eviten ponerse en situaciones peligrosas! ¡VIGILANCIA PERMANENTE! —rugió. Y toda la clase volvió a sobresaltarse.

—Otra cosa. Estas maldiciones se llaman Imperdonables por una muy buena razón. El uso de cualquiera de ellas sobre una persona está penado con una condena de por vida en Azkaban. Ahora saquen material para escribir porque les voy a dictar resumidamente los conceptos básicos de cada una.

El resto de la clase transcurrió sin más sobresaltos.

Cuando salieron, Hermione se acercó a Neville y preguntó: —¿Te sentís bien?

—Una clase muy interesante… ¿no? —respondió él con voz demasiado aguda y mal modulada— Me pregunto que servirán para la cena… me muero de hambre…

—Nev… —intervino Harry con tono ahogado, lo abrazó y se puso a sollozar contra su pecho. Hermione los abrazó a los dos.

Oyeron entonces los pasos de Moody acercándose. Ron se paró delante de sus amigos con actitud protectora.

Pero Moody les habló con tono amable. —Harry… Neville… todo va a estar bien, chavales. Entiendo que les resulte muy amargo, pero es necesario, ustedes tienen que saber… Vengan conmigo, tomaremos una taza de té en mi oficina. Tengo unos libros muy interesantes que me gustaría mostrarles.

Harry y Neville intercambiaron una mirada preocupada, la perspectiva de acompañar al profesor no los seducía precisamente. Así y todo lo siguieron. Hermione y Ron, con inquietud en los rostros, los observaron alejarse.

oOo

Silas y Gabriel estaban sentados en el sofá. Ambos lucían muy impresionados. Los dos tenían la mirada fija en la puerta de Demon. Cuando Moody había pronunciado la Maldición Mortal, la puerta había empezado a sacudirse. Silas había corrido de inmediato a apoyarse contra la puerta parta impedirle que saliera, Gabriel también había corrido a ayudarlo. Boy se había puesto a chillar frenético, los gritos eran agudísimos y potentes como una sirena. Por suerte Demon se había calmado enseguida y no intentó salir durante el resto de la clase. Y en ese momento, al parecer, había vuelto a dormirse.

—¿Qué fue eso? —preguntó Gabriel con voz tensa.

—Sólo puedo aventurar una suposición… pero creo que Demon reaccionó de manera vehemente a la Maldición Mortal porque así fue como fue creado. El hechizo actuó para él como una especie de llamado.

—Eso no me gusta nada. —dijo Gabriel frunciendo el ceño— Sería un desastre si saliera en medio de un combate contra mortífagos que no tendrían ningún escrúpulo en usar la Maldición Mortal. Demon mataría a cualquiera, sin distinguir quién es enemigo y quién inocente.

—Sí, ya sé. —asintió Silas— Al menos esta vez pudimos contenerlo.

—Sí, por suerte. —suspiró Gabriel.

—Todavía no sé si estoy en buenos términos con Severus como para hablar con él… pero podría preguntarle si se le ocurre algo para refrenar a Demon.

—¿Seguís enojado con él por haberle revelado la verdad a Harry? —preguntó Gabriel alzando una ceja— Harry se habría enterado igual, tarde o temprano, de una forma o de otra.

—Así es, pero este caso fue una torpeza difícil de disculpar. ¿¡Cómo va a irse de la lengua justamente con una cuestión tan crítica?!

—Mirá, Silas. —dijo Gabriel cruzándose de brazos— Yo creo que deberías dirigir tu enojo hacia blancos que se lo merecen mucho más que Severus. Como Voldemort, sin ir más lejos, ¡fue él el que mató a nuestros padres!

—Y vos te vas a encargar de castigarlo, ¿no? —le espetó Silas entrecerrando los ojos con desaprobación.

—¡No me vengas a decir que a vos no te importa en absoluto!

—Me importa. Pero no ganaríamos nada enfrentándolo. Nada va a devolvernos a nuestros padres. No vale la pena arriesgarse.

—¿Ni siquiera para impedirle que haga lo mismo con otros? Oh, bueno… ya veo que sobre esto difícilmente nos vamos a poner de acuerdo. Y si no es Voldemort, ¿qué te parece Dumbledore? ¡El muy hijo de puta me puso esta mierda… me encadenó para poder usarme!

—Ya encontraremos la manera de sacártelo. —afirmó Silas con voz helada— Y tenemos que asegurarnos de que no vuelva a ocurrir nada por el estilo. Tenemos que encontrar alguna forma de presionarlo o algún modo de protegernos de su poder e influencia.

—¿Por qué no podemos atacarlo? —ladró Gabriel.

—¿Y con qué objetivo? —siseó Silas en respuesta— ¿Matarlo? ¿Querés que terminemos en Azkaban?

Gabriel gruñó y retomó la cuestión original. —Estábamos hablando de Severus… no creo que el desliz que cometió merezca un castigo… que estés fastidiado y se lo recrimines, puedo aceptarlo… pero un castigo me parece demasiado extremo.

Silas no quería ponerse a discutir. —Nunca se me habría ocurrido que llegarías a transformarte en un acérrimo defensor del Jefe de la Casa de Slytherin. —apuntó sarcástico.

—Oh, bueno… —admitió Gabriel— Severus está de nuestro lado. Y no tenía intención de lastimar a Harry.

—Está bien. —concedió Silas— Reconozco que nos resulta útil. Trataré de actuar con indulgencia.

—¿Vas a hablar con él sobre Demon entonces?

—Así es. —contestó Silas acomodándose una mecha negra detrás de la oreja— Pero antes voy a ir a la biblioteca. Hay varias cosas que debo investigar, el hechizo que te puso Dumbledore, los encantamientos que usó para controlarnos… y alguna forma practicable de contener a Demon.

—Que tengas suerte. —le deseó Gabriel riendo, no le envidiaba el trabajo que le tocaba.

—Gracias. —respondió Silas desdeñoso.

oOo

La oficina del profesor Moody estaba atiborrada de baúles, de objetos de todo tipo, algunos muy extraños, y de libros. Los invitó a sentarse y él también se dejó caer en una silla con un suspiro. Procedió a masajearse el muñón en el que se insertaba la pierna postiza.

—Lamento haber tenido que explayarme sobre las maldiciones que les afectaron tan seriamente la vida. —dijo unos minutos después y con un movimiento de varita conjuró un servicio de té. —La guerra es un asunto difícil y doloroso. Todos pierden durante una guerra… aunque algunos más que otros. Pero mejor pasemos a otros temas menos sombríos. La profesora Sprout ha ponderado tus habilidades en más de una oportunidad, Neville. Dice que nunca hasta ahora había tenido un alumno tan talentoso en Herbología.

Neville se sonrojó un poco por el elogio y desvió la mirada.

—Andá hasta aquella biblioteca. —lo instó indicándosela— Y traeme el libro grande de lomo verde que está el estante superior.

Neville obedeció y cuando regresó se lo tendió.

—No, no… quedátelo… ese libro me lo regalaron hace mucho tiempo y la verdad es que nunca le presté demasiada atención… yo no soy precisamente de los que gustan de leer… y mucho menos sobre plantas. Pero sé que se trata de una obra rara y por lo tanto valiosa. Estoy seguro de que vos sabrás sacarle buen provecho.

—Pero, señor… yo no puedo…

—Nada, nada… —lo interrumpió Moody ahogando el conato de protesta— Yo no lo necesito y a vos te puede resultar muy útil.

—Gracias, señor. Es un libro excelente.

—Me alegro. —dijo Moody y concentró su atención en Harry— Y en cuanto a vos Harry, no es bueno reprimir el dolor. Aunque no recuerdes a tus padres… eran personas muy buenas, no es ninguna vergüenza lamentar y llorar su ausencia.

Harry agachó la cabeza.

—Los padres de ustedes estarían muy orgullosos de sus hijos. Neville, a tu madre le encantaban las plantas y la jardinería. Seguramente se habría sentido muy bien impresionada por tu talento y tus conocimientos. Tu padre probablemente se habría reído mucho con vos ante cualquier metida de pata que pudieras cometer, él era bastante torpe hasta que terminó la escuela y después llegó a ser uno de los aurores más destacados.

—Potter, vos has llevado a cabo acciones admirables según me ha comentado Dumbledore. Sin dudas tus padres se habrían sentido muy orgullosos de vos… y de tus amigos también.

Harry asintió. Un par de lágrimas le corrían por las mejillas. Neville le tomó con cariño una mano.

Moody se paró de repente y fue hasta un estante. —Tengo acá un libro que quiero regalarte. Se trata de un manual para aurores, bastante árido por cierto… pero mencionan a tus padres en varios de los capítulos.

—Gracias. —dijo Harry y aceptó el libro con una sonrisa.

Cuando finalmente salieron de la oficina de Moody decidieron ir a visitar a Remus. Pasaron con él una hora muy agradable.

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Cuando volvieron a la sala común encontraron a Ron sentado en una de las mesas a punto de empezar a redactar el deber de Adivinación. Harry y Neville se le unieron y se pusieron a trabajar juntos. Respondieron a todas las preguntas en menos de media hora y después se pasaron otra media hora intercambiando unos con otros augurios ominosos sobre el futuro, se divirtieron a mares.

Cuando ya estaban bostezando y decidiendo si irían a acostarse, entró Hermione por la puerta retrato portando una caja. —¡Terminé finalmente! —declaró ella entusiasta.

—¿Qué hay en la caja? —preguntó Neville.

—Bueno que lo preguntes… —dijo abriéndola. En el interior había unas cincuenta insignias de diferentes colores. En todas constaba la misma inscripción: E.R.U.C.T.O.

—¿Eructo? —leyó Harry con curiosidad.

—No eructo… E.R.U.C.T.O., esto es, Elfos Reivindicados Unidos Contra Toda Opresión.

—No sabía que existiera una organización así. —admitió Ron.

—Por supuesto que no. —dijo ella— Yo acabo de crearla.

—¿Ah, si…? —dijo Ron y agarró una de las insignias para estudiarla con atención— ¿Y cuántos miembros la integran?

—Bueno… si ustedes tres se asocian seríamos cuatro. —respondió ella con una sonrisa proselitista. Los tres aludidos fruncieron la cara en una mueca. —Estuve investigando minuciosamente la cuestión en la biblioteca. La esclavitud de los elfos tuvo su origen hace siglos. ¡Es inconcebible que nadie haya hecho nada al respecto nunca!

—Hermione… parece que hay algo que no entendés. —dijo Ron con exasperación al tiempo que devolvía la insignia a la caja. —A los elfos les gusta. Les gusta ser esclavos.

Hermione no le prestó ninguna atención y siguió explicando los objetivos de la organización y las funciones que cumplirían cada uno de ellos. Harry y Neville intercambiaron una mirada. Por un lado sabían que había elfos como Omi que disfrutaban de la vida que llevaban. Por otro lado, la esclavitud era algo reprochable y había elfos que eran maltratados, como Dobby.

—Quizá podríamos llegar a un arreglo de compromiso. —sugirió Harry, terciando en el desacuerdo de sus amigos. —Sinceramente, Hermione, no podés exigirles a los elfos que renuncien a algo que disfrutan. Les gusta vincularse a una familia y servir a los que viven en la casa. Pero tenés razón en que a veces no tienen elección o medios para abandonar a una familia que los maltrata. Quizá los objetivos no deberían ser tan radicales como emanciparlos de un día para el otro. Quizá habría que apuntar a que tuvieran la posibilidad de elegir a la familia con la que quieran vincularse y la posibilidad de poder irse si no se sintieran cómodos con una determinada familia.

—Harry tiene razón. —lo secundó Neville aunque Hermione les había puesto muy mala cara. —Se sentirían muy ofendidos si iniciaras una campaña para que empiecen a pagarles o para que les den ropas. Sería como si Harry tuviera que pagarte a vos por hacer investigación. Vos sos su amiga y lo ayudás por eso, sin requerir pago u otro tipo de compensación.

—¡Por supuesto! —bufó ella.

—Pues esto es igual. —intervino Ron— Ellos realmente quieren a las familias a las que sirven. Y servirlas los hace felices.

—Yo creo que deberías estudiar la forma en que viven los elfos que trabajan en la escuela. Observar y sacar conclusiones sin preconceptos de ningún tipo. Seguramente algo se podrá hacer para proporcionarles mayor bienestar pero sin interferir drásticamente en su cultura y costumbres.

—Está bien. — gruñó ella no muy convencida y alzó la caja— Voy a pensarlo.

Los chicos guardaron silencio hasta que la vieron desaparecer en lo alto de la escalera. Ron felicitó a Harry palmeándole la espalda. —Muy buena ésa, cumpa. Por un momento llegué a pensar que no íbamos a tener otra opción que ayudarla.

Neville sacudió ligeramente la cabeza. —Ella tiene buenas intenciones. Pero a veces puede apasionarse en demasía por algo. ¿Se acuerdan el año pasado? Se había apuntado en todas las materias y vivía extenuada y al borde de la histeria.

—Y nosotros teníamos que aguantarla. —exclamó Ron— ¿Por qué siempre terminamos sufriendo con ella?

—Porque es nuestra amiga. —respondió Harry sonriendo y encogiendo los hombros.

—¿Y desde cuándo te creés tan listo vos? —preguntó Ron riendo y despeinándolo.

—¡Pará con eso! — demandó Harry riendo también al tiempo que le daba un leve empujón.

—Vamos. —invitó Neville tendiéndole una mano. —Ya es tarde vayámonos a dormir.

—Buena idea. —dijo Ron bostezando.

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Esa noche, cubierto con el manto de invisibilidad, Silas bajó sigilosamente a la biblioteca y estuvo haciendo investigación durante varias horas.

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