Mente rota, alma quebrada
Juegos peligrosos
A la mañana siguiente durante el desayuno, Harry recibió una sorpresa. Una lechuza le trajo una carta. La leyó y se la pasó a Neville con cara de preocupación.
—¿De quién es? —quisieron saber Ron y Hermione con curiosidad.
—De Sirius. —susurró Harry— Dice que va a venir. Está preocupado por el Torneo, cree que con tantos magos y brujas extraños alrededor puedo correr peligro y quiere estar cerca.
—¿¡Que va a venir?! —repitió Hermione sorprendida.
—¡Pero podrían capturarlo y mandarlo de vuelta a Azkaban! —dijo Ron con ojos desorbitados.
Harry se removió incómodo en el asiento. Después de oír los comentarios de sus amigos se sentía el triple de culpable. Se puso de pie. —Los veo más tarde en clase. —les dijo.
Ron también se puso de pie. —¿Adónde vas?
—Perdón… los veo en clase. —repitió y partió de prisa hacia la salida. Ron y Hermione querían seguirlo. Pero Neville los retuvo, seguramente iría a ver a Severus y no convenía que sus amigos se enteraran.
Harry efectivamente quería ir a hablar con Severus, pero Silas se interpuso con una advertencia mientras avanzaba por el hall de entrada. El director conoce tus desplazamientos durante el día. Si sabe que fuiste a ver a Severus después lo va a interrogar para que le cuente de qué hablaron.
Ah…, dijo Harry mordiéndose el labio, ¿qué debería hacer entonces?
Silas suspiró. Desde que sabía que era un alter, Harry sentía que las opiniones de Silas importaban más. Y eso realmente lo enervaba.
Gabriel sabía cómo venía la cosa y sugirió: Andá a ver a Remus por ahora, a Severus se lo podés contar esta noche después del toque de queda, para entonces Godric va a estar bloqueando a Dumbledore.
De acuerdo, dijo Harry y cambió la dirección de sus pasos.
oOo
—¡¿Que qué?! —exclamó Remus con el ceño muy fruncido al leer la nota.
—¿Vos creés que va a estar bien? —preguntó Harry ansioso.
—Sí. —respondió Remus ya recuperado de la sorpresa inicial y le sonrió— Padfoot puede ser muy estúpido a veces. Voy a ir a verlo y trataré de convencerlo de que no venga.
—Gracias, Remus. —dijo Harry y lo abrazó— No quiero que lo capturen… y menos que menos por culpa mía.
—Aunque lo capturaran, no sería por tu culpa, Harry. Y lo digo en serio. No te culpes por sus insensateces. Ya es hombre grande y debería saber lo que le conviene.
Harry asintió y Remus sonrió. —Y ahora andá a clase o vas a llegar tarde.
oOo
Esa noche oculto por el manto, Harry bajó a los subsuelos. Se sorprendió cuando entró a los aposentos de Severus, la habitación estaba muy desordenada, algo sobremanera inusual. Libros fuera de los estantes, muchos folios de pergamino sobre el escritorio, una copa y una botella de cognac sobre la repisa de la chimenea, un servicio de café sobre la mesita. Se volvió a mirarlo cuestionándolo con la mirada.
—Estuve investigando los encantamientos. —dijo Severus a modo de explicación. Le indicó con un gesto impaciente que tomara asiento en el sofá al tiempo que hacía desvanecer la bandeja de café de la mesita.
Harry obedeció. Podía percibir la frustración y el cansancio de su mentor. Se mordió el labio. —Creo… creo que Silas ha estado haciendo investigación también. Quizá él podría ayudarte… si es que quiere, claro. —dijo Harry y sintió que las mejillas le ardían, era poco amable ofrecer la colaboración del alter nuclear sin consultárselo de antemano. Perdón, Silas.
Yo le iba a contar lo que había averiguado de todos modos, le aclaró Silas.
Últimamente Harry sentía tantos reparos cuando de algo relacionado con el núcleo se trataba. Ya ni siquiera se atrevía a llamarlo Sy.
—Eso lo doy por descontado. —dijo Severus y tomó asiento suspirando extenuado— Pero ahora necesito tomarme un recreo. Contame cómo te fue durante la semana.
—Bueno… —respondió Harry, cruzó las manos sobre la falda y fijó los ojos en el fuego. —Tuve la primera clase con Moody. Hizo una demostración de las Imperdonables usando tres arañas. Neville y yo nos… alteramos bastante. —agregó con prudencia mirando a Severus de reojo.
—Es entendible. —dijo Severus con tono neutro.
Harry sonrió, podía percibir toda la comprensión de su mentor y eso le llenaba el pecho de calidez. Severus lo quería. Bajó un poco la cabeza para disimular las lágrimas emocionadas que le humedecían los ojos.
—¿Te sentís bien?
—Si. —dijo Harry, alzó la cabeza y le sonrió.
Severus lo miró escéptico.
—En serio me siento bien. —repitió Harry y se distendió recostándose sobre el respaldo— Si bien fue triste ver la Maldición Mortal. Yo ya sabía que así habían muerto mis padres… pero verlo fue tan distinto. Yo no pienso mucho en ellos. —reconoció con vergüenza— Y cuando vi morir a la araña no pude evitar que se me presentara la imagen de ellos.
Harry volvió a desviar la mirada hacia el fuego. Severus esperó en silencio.
—Me pregunto si ellos parecían dormidos. Sé que la Maldición Mortal no deja marcas. —dijo y miró a Severus— ¿Vos sabés dónde están sepultados?
—En Godric Hollow.
—Ah…
—Harry… —Severus no sabía qué decir.
Harry se secó los ojos con el dorso de la mano. —Está todo bien… es ridículo ponerse a llorar después de tanto tiempo.
—No es ridículo llorar a nuestros seres queridos. —dijo Severus con determinación.
—Pero se podría decir que no llegué a conocerlos… no me acuerdo de ellos y a estas alturas ya debería haberme acostumbrado.
Fue el turno de Severus de desviar la mirada hacia las llamas. Cuando habló lo hizo con voz grave y melodiosa. —Por lo que llegué a entender de nuestras conversaciones sobre tu infancia, los Dursley siempre hablaron muy mal de tus padres. Y te contaron un montón de mentiras sobre ellos. No fue sino hasta después de que te reincorporaste al mundo mágico que te enteraste de cómo habían sido las cosas realmente. Es natural que los consideraras como extraños. Pero creo que el ser testigo de la Maldición Mortal te ha hecho ver de forma manifiesta lo que habías perdido. Lily y James merecen ser llorados, Harry. No tenés por qué avergonzarte de tu pesar.
Harry estaba llorando, se había acurrucado y ocultaba la cara contra los almohadones. Severus había hecho silencio. Harry no necesitaba que hablara más, ni que lo abrazara. Podía percibir las ondas de consuelo y apoyo que emanaban de su mentor y eso era más que suficiente, le aportaban mucha paz.
—Estaba pensando… —dijo Severus después de un largo momento cuando los sollozos de Harry se interrumpieron— …agregar dagas a las clases de combate de Gabriel. Primero había pensado en espadas, pero son poco prácticas… las dagas, en cambio, pueden resultar muy útiles, sobre todo al enfrentar enemigos que sólo esperan ataques mágicos.
—Estoy seguro de que a Gabriel le va a encantar. —dijo Harry, en realidad podía sentir el entusiasmo del alter en su cabeza— Pero… ¿cuándo va a poder salir?
—Pronto… creo que estoy muy próximo a entender completamente el encantamiento que el director le puso.
Harry asintió contento. —¿Querés hablar con Silas ahora?
—Si a vos te parece que ya no necesitás de mi compañía. —dijo Severus con petulancia alzando la nariz.
Harry rió, Silas lo hizo acordar de algo. —Ah, sí… hay otra cosa… recibí carta de Sirius hoy, se enteró del Torneo por el diario y va a buscar un lugar donde esconderse cerca de la escuela… en caso de que yo me metiera en líos y necesitara su ayuda. Ya se lo conté a Remus y él va ir a verlo y tratará de hacerlo reconsiderar.
—Ese perro es un imbécil. —gruñó Severus con fastidio.
—Es que está preocupado. —lo defendió Harry.
—Sí, supongo que sí. —dijo Severus con una mueca desdeñosa.
Harry sacudió lentamente la cabeza. —Creo que es mejor que me vaya ahora. Gracias y buena suerte.
Severus hizo un gesto irritado minimizando cualquier razón de agradecimiento. Harry sonrió, cerró los ojos y Silas tomó su lugar. Abrió los ojos y miró a Severus alzando una ceja acusadora. Severus sabía muy bien por qué lo estaba mirando de esa forma pero no se le ocurría nada que pudiera aducir en su defensa. No tenía excusa que justificara el desliz cometido y en alguien como él era algo imperdonable.
—¿Cómo lo está llevando' —preguntó en cambio.
—Gabriel probablemente le pondría un "distinguido". —contestó Silas— Yo por mi parte estoy más que fastidiado porque sus inseguridades treparon exponencialmente.
Silas esperó en silencio hasta que Severus hubiera procesado la información y recién después pasó a otros temas. Severus le agradeció sin palabras que le permitiera unos momentos de reflexión aunque sabía muy bien que no había sido perdonado. Silas no se iba a olvidar del asunto, pero lo guardaría en reserva para traerlo sobre el tapete más adelante, de modo de obtener algún tipo de ventaja.
—Creo que podemos pasar al encantamiento que Dumbledore puso sobre Gabriel. —dijo unos minutos después— Mi teoría, basándome en la limitada investigación que he hecho hasta el momento, es que no constituye un impedimento para que pueda tomar el control como hasta ahora. El objetivo del encantamiento es poder convocarlo y obligarlo a quedarse en control. Pero no debería haber problema si saliera sin que lo convocaran.
—Estoy de acuerdo. —expresó Severus y dio varios pasos cruzando la habitación— Lo que más me preocupa es el daño que podríamos causar si quisiéramos neutralizar o anular el encantamiento.
Regresó unos segundos después y le entregó a Silas un folio con varios diagramas y notas detalladas. —El encantamiento basado en el traslador se entrama con el objeto en el cual se coloca. Para destruir un traslador hay que destruir el objeto. Pero en este caso, Dumbledore ha torcido el encantamiento de manera de poder entramarlo no con un objeto sino con un espíritu.
—Tratar de anularlo podría matar a Gabriel. —dijo Silas con tono helado.
—Ése es mi miedo. —confirmó Severus— Estuve especulando sobre una alternativa… no anular el encantamiento sino transferirlo a otra cosa… pero hasta ahora no se había probado con trasladores y no sé si pueda ser posible.
—Entiendo… ¿querés que investigue sobre el aspecto "espíritu" del encantamiento?
—Eso podría resultar muy útil.
Silas asintió conforme. —Hay otro asunto. Cuando Moody demostró la maldición mortal, Demon reaccionó violentamente, tuvimos que intervenir Gabriel y yo para impedirle salir. Mi hipótesis es que se sintió "llamado" por la Maldición porque fue creado a partir de ella.
—No son buenas novedades. —dijo Severus muy serio. De golpe había recordado la noche de la tormenta mágica y un escalofrío lo había recorrido por entero.
—Ciertamente. —dijo Silas evidenciando su acuerdo— También estuve investigado para encontrar alguna forma de contener a Demon, un mecanismo de seguridad para que no pueda salir sin permiso. Pero no he progresado mucho hasta ahora.
—Yo voy a colaborar en todo lo que pueda. Estoy seguro de que encontraremos la forma.
Silas asintió y se puso de pie. —Voy a estar en la biblioteca. —informó levantando el manto. Pero se detuvo en seco cuando sintió la mano de Severus que se había posado sobre su hombro. Se puso pálido y muy tenso. La respiración se le agitó.
Un abanico de recuerdos se hizo vívido de repente, la mano de Lockhart posándose sobre su hombro, la sonrisa lasciva, los movimientos presurosos para sacarle la ropa, las palmas sudorosas de anticipación manoseándolo… Silas hizo un esfuerzo para contener la náusea… sabía que no convenía apartarlo a un lado, Kit podría resurgir… empezó a recitar una letanía mental… puedo dominar los impulsos de mi cuerpo que ansían esas sensaciones… no voy a permitir que nadie me vuelva a usar como lo hizo el hijo de puta de Lockhart… soy fuerte, soy inteligente, puedo resistir… debo respirar profundamente, puedo permanecer en control, me siento seguro… nunca más lo voy a permitir…
Severus lo observó en silencio hasta que se recompuso. Sabía que acababa de librar un combate arduo. Y también sabía que no convenía mostrar su comprensión con palabras o gestos, la respuesta más probable habría sido el rechazo. Pero hizo una nota mental para hablar en otra oportunidad con Silas sobre su reacción al contacto físico, pero en ese momento convenía no centrar la atención en la vulnerabilidad del alter.
—Podría ser una buena oportunidad para que Gabriel practique. —sugirió en cambio.
Silas no alcanzó a responder porque Gabriel se apresuró a desplazarlo. El Gryffindor cuadró los hombros y sonrió. —Entonces… ¿dónde están esas dagas de las que hablabas?
oOo
El sábado temprano, Harry y Neville salieron sin hacer ruido del dormitorio. Los otros seguían durmiendo. Subieron a la torre de Astronomía, Severus había transformado una de las aulas en desuso en un laboratorio para que pudieran trabajar allí.
Estuvieron trabajando con mucho esmero durante toda la mañana. Remus les trajo el almuerzo e hicieron una pausa. A esa altura la poción de Harry tenía un color azul eléctrico y la de Neville era verde oscuro.
Para la hora de la cena habían llegado a una etapa en la que era seguro poner a la poción en estasis. Pronunciaron los encantamientos, se miraron satisfechos y bajaron al Gran Salón.
—¿Dónde estuvieron? ¡Los estuvimos buscando todo el día! —les recriminó Hermione con mala cara.
—Sí, cumpa… yo quería invitarte a que vinieras a volar con mis hermanos y conmigo. —agregó Ron con el ceño fruncido.
—Estuvimos trabajando en un proyecto independiente. —explicó Harry— Los habríamos invitado pero hace un mes que estamos estudiando, ustedes no habrían podido…
—¿Qué proyecto? —lo interrumpió Hermione ansiosa, el malhumor se le había disipado.
Ron dejó oír un bufido. —¿Vos también, Harry? ¿¡Qué es esto de cargarte con más tarea de la que ya tenemos?!
—El próximo fin de semana concluiremos la primera etapa, entonces les contaré de qué se trata. —dijo Harry.
—¿Y por qué no podés decírnoslo ahora? —demandó Hermione, sentándose entre Harry y Ron. Neville estaba sentado del otro lado de Harry.
—Porque ustedes querrían sumarse y ahora estamos en una etapa crítica y no podríamos enseñarles todo lo que estudiamos hasta ahora. —dijo Neville.
—Yo puedo estudiar por mi cuenta hasta ponerme al día —insistió Hermione— Y no los estorbaría.
Harry le dirigió a Neville una mirada interrogadora. Neville se encogió de hombros. Harry se mordió el labio y miró a sus otros dos amigos. A Ron se le había despertado la curiosidad, no había empezado a comer y aguardaba expectante. ¿Silas? ¿Gabe?, inquirió Harry.
Son tus amigos, respondió Silas con voz fría. Harry hizo una mueca. Evidentemente Silas lo desaprobaba.
Yo creo que primero deberías advertirles que es contra las reglas y ver cómo reaccionan. ¡No queremos que vayan a delatarnos!, dijo Gabriel reconviniendo a Silas con la mirada. Silas se encogió de hombros.
—Bueno… verán… se trata de algo que no está exactamente permitido. —dijo Harry nervioso.
Ron abrió grandes los ojos. —¡Yo no voy a decir nada! ¡Lo juro!
—¿Se trata de algo malo? —preguntó Hermione dubitativa.
—¿Malo? —repitió una voz desde cierta distancia. Los cuatro giraron la cabeza. Fred y George se acercaron y tomaron asiento frente a ellos del otro lado de la mesa. —Harry nunca haría nada malo…
—…algo travieso, quizá… y tortuoso… y probablemente peligroso…
—…y es seguro que sería algo en lo que valdría la pena involucrarse, así que confíennos el plan secreto.
—Queremos ayudar sin que nos importen los riesgos…
—…y haríamos todos los juramentos necesarios… nunca los traicionaríamos ante las autoridades.
—Bueno… —dijo Harry, su empatía detectaba afecto y confianza en los mellizos— …¿vos estás de acuerdo, Hermione?
Ella asintió y dijo muy seria. —Confío en vos, Harry.
—Ya era hora. —bufó Ron y se ligó un fuerte codazo en las costillas.
Harry se inclinó hacia delante y todas las cabezas se reunieron en conciliábulo. —Neville y yo hemos estado estudiando la transformación animagus. El fin de semana que viene vamos a terminar la poción reveladora, así sabremos cuál es el animal, después viene más estudio de anatomía y fisiología antes de que podamos usar el encantamiento de manera efectiva.
—Podemos prestarles todos los libros y los apuntes que tenemos. —ofreció Neville.
—¡Guau! —exclamó Ron con los ojos celestes chispeantes de entusiasmo— ¡Es genial!
—Es un procedimiento muy complicado. —dijo Hermione no menos entusiasta— Yo siempre quise leer al respecto, pero no hay libros en la biblioteca. Todos los tiene McGonagall, es ella la que decide qué alumnos de séptimo tienen posibilidades y la que les enseña.
—Nosotros también siempre quisimos estudiar la transformación, aunque no todos tienen la capacidad…
—…pero estamos seguros de que nosotros podemos, especialmente si nos ayudamos uno al otro.
—Remus y Sirius han estado ayudándonos. —dijo Harry animoso, el entusiasmo era contagioso. —Hemos estado estudiando durante más de un mes.
—¿Cuándo podemos empezar? —preguntaron los mellizos al unísono.
—Después de la cena podemos juntarnos en la biblioteca. —sugirió Neville— No va a haber casi nadie porque es sábado. Les explicaremos el proceso y les prestaremos todas las notas.
—Gracias, cumpa.
Los seis se pusieron a comer y cuando terminaron subieron a buscar los útiles que iban a necesitar para la reunión de estudio. Si empezaban a estudiar sin demora con suerte para octubre iban a estar ellos también en condiciones de preparar la poción reveladora.
oOo
Al día siguiente durante el almuerzo, Snape se acercó a la mesa de Gryffindor.
—Señor Potter, deberá presentarse en el despacho del señor director cuando termine la comida. —ordenó con su habitual tono desdeñoso.
—Sí, señor. —respondió Harry. Su empatía le reveló de inmediato que Severus estaba muy preocupado.
Snape pegó media vuelta y se alejó.
—Cretino grasiento. —masculló Ron.
—¿Qué querrá Dumbledore? —preguntó Hermione inquieta— Te aseguro que yo no le dije nada.
—Yo tampoco, cumpa. —dijo Ron sacudiendo la cabeza.
—¿Qué me están queriendo decir? —se extrañó Harry.
—Nos llamó a la dirección antes de ayer para tomar el té. —admitió Ron. —Nos preguntó cómo estabas y si nos habías contado algo del verano. Le dijimos que vos no habías dicho nada y que no queríamos hablar de vos con él si vos no estabas presente. Él dijo que entendía.
—¿Usó Legilimencia? —preguntó Harry trasmitiendo la pregunta que le había dictado Gabriel.
—¡No se atrevería! —exclamó Hermione escandalizada llevándose una mano a la boca.
—Me temo que no tendría ningún escrúpulo. —intervino Fred.
—Con nosotros lo intentó en casa cuando no pudo sacarle nada a Ron que había tomado la poción que habíamos preparado. —agregó George.
—Pero fracasó, no pudo pasar… somos mellizos y nuestras mentes tienen una estructura complicada y podemos apuntalarnos uno a otro mediante telepatía. —explicó Fred.
—¡Oh no! —se espantó ella— ¿¡Y si usó Legilimencia y no nos dimos cuenta?!
Harry la abrazó para tranquilizarla. —Calmate… incluso si lo hubiese hecho no creo que se haya enterado de mucho más de lo que ya sabe…
—Yo tengo una clase en el patio. —dijo Neville poniéndose de pie— Los veo más tarde. Buena suerte, Harry.
—Tené cuidado. —le recomendó Harry solemne.
—Vos también.
oOo
De camino a la dirección, Harry concentró su atención en el diálogo interno.
Si yo ya estoy afuera no va a poder convocarme, señaló Gabriel. De entrada puedo enfrentarlo y demandar que me libere.
¿Y va a acceder a tu demanda en virtud de la profunda bondad de su corazón?, siseó Silas. De ninguna manera. Y no podés hacerle saber que sabés lo que te hizo. Tenés que esperar a que te convoque, supuestamente así te vas a enterar… y en cuanto a las demandas, de nada servirán hasta que tengas algo con qué amenazarlo.
Gabriel cedió gruñendo. Harry estaba nervioso y muy asustado. Le hubiera gustado que Severus estuviera presente.
De hecho Severus estaba esperando junto a las gárgolas, pero sintonizado en modo profesor Snape. Había que cubrir las apariencias.
—¿Por qué se demoró tanto, Potter? —preguntó desdeñoso.
Harry se limitó a dirigirle una sonrisa bobalicona y los dos ascendieron las escaleras.
—Le traje a Potter, señor. —dijo Severus cuando entraron al despacho. El apellido lo había pronunciado con la mayor acritud posible.
—Oh vamos, Severus, sé más amable. —dijo Dumbledore y le guiñó un ojo a Harry— Gracias por haberlo acompañado, ya podés retirarte.
—¿Qué fue lo que hizo ahora? —preguntó con voz fría.
—Nada, nada, mi muchacho. Sólo lo mandé llamar porque quiero conversar un rato con él.
Severus salió y Dumbledore invitó a Harry a que se sentara.
—Espero que la primera semana de clases haya sido agradable. —dijo el director con tono afectuoso.
—Si, señor. Gracias por su interés.
—Harry, ¿te acordás de segundo año? —dijo Dumbledore sonriendo— Cuando usaste la espada de Godric…
Una luz blanca intensa relampagueó en los ojos de Harry, luego tambaleó hacia un lado y cayó inconsciente al suelo. Dumbledore se puso de pie y lo miró con ojos espantados, pero se distendió enseguida cuando unos segundos después Gabriel abrió los ojos. Gabriel se incorporó de rodillas, sentía el estómago revuelto por la náusea y un dolor intensísimo detrás de los ojos. Respiraba jadeante. La habitación parecía girar a su alrededor. Pero podía percibir la mirada del hijo de puta clavada en él y de ningún modo iba a darle el placer de que lo viera débil.
—¿Estás bien, Gabriel? —preguntó Dumbledore con tono preocupado.
—La cabeza me duele horrores. —admitió, una lágrima estaba a punto de escapársele.
—Lo siento, mi muchacho. Aquí tengo una poción que…
Gabriel lo fusiló con los ojos. —¡Ni loco aceptaría nada que viniera de vos! ¡¿Qué carajo me hiciste?!
—Es sólo una forma de estar seguro de que estoy hablando con vos, mi muchacho. —respondió el director al tiempo que depositaba el frasco de poción sobre el escritorio— Tengo muchas cosas que quiero confiarte.
—Hay muchas cosas por las que vas a tener que responder. —lo increpó Gabriel apuntándolo con la varita— ¡Anulá el encantamiento ya mismo!
—No pelees conmigo, Gabriel. Tenés un enemigo mucho más importante que debés enfrentar. Y yo puedo darte toda la información que necesitás para poder vencerlo.
—¡¿Y por qué no lo dijiste desde un principio?! —reaccionó Gabriel enojado— ¿¡Y cuál es la razón del encantamiento, viejo?!
—Es sólo una precaución, Gabriel. Por favor, tratá de entender. —dijo acercándosele un par de pasos. Pero Gabriel volvió a alzar la varita amenazante.
Dumbledore suspiró. —Vos tenés una responsabilidad. Voldemort te marcó y no se detendrá hasta que estés muerto. Yo quiero asegurarme de que estés preparado para enfrentarlo y vencerlo. Ésa es la razón por la que te puse el encantamiento. Es una ventaja de la que podés sacar provecho. Nadie puede hacerte retroceder hasta que yo te libere.
—¡No me vengas con sandeces e infundios! La única razón del encantamiento es para que vos tengas el control. ¡Vos no hiciste esto por mí! ¡Así que deja de mentirme y de mentirte, hijo de puta!
—No me presiones, muchacho. —le advirtió Dumbledore, una onda de magia brotó de él e impactó en el rostro de Gabriel como una cachetada. Gabriel apretó los dientes furioso. —Sin mí vos no vas a sobrevivir esta guerra. Yo sé lo que es mejor, yo sé lo que es conveniente.
—¡En definitiva no sos más que una puta que no vende sus encantos sino información! Y cobrás muy cara la información. Querés ponerme una correa al cuello a cambio. Gracias, yo paso. —rió Gabriel— Nunca te necesité y sobreviví hasta ahora.
Dumbledore se puso rojo de rabia y empezó a irradiar poder. Gabriel soltó un alarido agarrándose la cabeza. Cientos de taladros helados le penetraban el cráneo. Un dolor que de tan intenso resultaba inconcebible. Su mente se desmoronaba irremediablemente en la demencia y no había vía de escape porque estaba anclado.
Se oyó un sonido áspero, estridente, como de metal contra piedra y su magia explotó haciendo retroceder violentamente al poder atacante. Dumbledore tambaleó hacia atrás y sintió como si le explotaran los tímpanos. Gabriel totalmente descontrolado empezó a disparar hechizos en todas direcciones. Los retratos chillaban y el director rugía conjuros tratando de contener la tempestad arrolladora que se había desatado. Finalmente pudo acertarle con un Stupefy y Gabriel se desplomó al suelo desmayado.
—Descansá tranquilo, mi muchacho. —susurró Dumbledore respirando con dificultad y se dejó caer rendido en el sillón. No cabían dudas de que Gabriel era muy poderoso, ¡pero también era imposible! Suspiró con frustración mesándose las barbas. ¡Tenía que ocurrírsele algo para solucionar el serio problema!
oOo
Dumbledore volvió a concentrar su atención en el cuerpo caído cuando se empezó a mover. Silas fue incorporándose con movimientos titubeantes hasta que logró sentarse. La cabeza le dolía espantosamente pero por lo demás el cuerpo físico no había sufrido mayores daños. Mantuvo la cabeza baja, el flequillo le ocultaba los ojos. Cuando habló su voz sonó incisiva pero muy controlada. Dumbledore se puso alerta de inmediato, sabía que estaba en presencia del Slytherin.
—Cometió Ud. un serio error de cálculo, señor director. Gabriel es un luchador. Señálele un blanco y suéltelo. Pero si lo amenaza y trata de reducirlo al desamparo no espere de él que tome asiento calmo y se ponga a discutir estrategias. Ése es mi campo de acción. Con actitudes como la de hace uno rato lo único que conseguirá será hacerle daño. —Silas inclinó ligeramente la cabeza— Si quiere hablar, hable conmigo. Negocie conmigo si quiere establecer un acuerdo. Gabriel es para el campo de batalla. Yo soy Slytherin, pero no soy su enemigo. Existo para mantener a Harry y Gabriel seguros, para idear los planes que nos permitan alcanzar nuestras metas con el mínimo costo y sufrimiento. Estoy seguro de que eso es algo que Ud. puede respetar.
—Mis disculpas. —murmuró Dumbledore— Nunca fue mi intención hacerte daño.
Silas no se molestó en refutar la ridícula afirmación. Necesitaba que Dumbledore confiara en él, obtendría toda la información y el conocimiento que pudiera sacarle y luego los usaría para darle una puñalada por la espalda.
—¿Entendés las implicancias que conlleva el ser El Niño Que Sobrevivió? —tanteó el director.
—Ciertamente. —respondió Silas sin vacilación.
—¿Sos consciente de que debés vencer a Voldemort?
—No permitiré que el Señor Oscuro me destruya. —contestó Silas desdeñoso. Alzó la cabeza y clavó un par de ojos duros y despiadados en Dumbledore. Eran ojos que sabían demasiado, ojos que habrían hecho estremecer a cualquiera, Dumbledore no era la excepción.
El director hizo a un lado esas emociones y lanzó un hechizo de Legilimencia, sin varita y sin pronunciarlo. Silas notó la intrusión al instante. Ya se la esperaba y estaba preparado. Había puesto por delante lo que quería que viera. Todo lo demás quedó bien resguardado detrás de sus impenetrables escudos de Oclumencia. Dumbledore vio sus sentimientos antagónicos hacia Voldemort. Su inquebrantable lealtad hacia Harry. E incluso respeto hacia él, Silas respetaba el conocimiento y el poder del director.
En realidad el respeto que había visto Dumbledore era el que Silas le tenía a Severus, pero Silas se las había arreglado para engatusarlo.
Satisfecho y complacido, el director se puso de pie y se encaminó hacia un espejo. Había juzgado mal al lado Slytherin de Harry, se amonestó internamente, es difícil sobreponerse a los prejuicios. Y por cierto, él ya tenía un Slytherin que le era muy leal, habría debido tenerlo muy presente. Murmuró una palabra y la pared giró revelando una habitación en la que había varios recipientes que contenían un líquido plateado.
Dumbledore le hizo un gesto, Silas se puso de pie y se le acercó. —Todo lo que sé te lo voy a confiar. Pero te advierto que mucho es especulación porque faltan muchas piezas del rompecabezas… podría estar equivocado.
—Pero Ud. piensa que no está equivocado. —dijo Silas con el más neutro de los tonos.
—Naturalmente. Pero como ya te lo he probado hace unos momentos, yo también cometo errores como cualquiera. Y como en realidad soy —disculpá la falta de modestia— más inteligente que el promedio de los magos, mis errores si bien esporádicos, pueden ser descomunales.
Descomunales, repitió Silas mentalmente.
Dumbledore hizo levitar un pensieve y lo llevó flotando hasta asentarlo en el escritorio. Giró la cabeza y lo miró. —Parecés preocupado. —dijo
—¿Adónde vamos a ir, señor? —preguntó Silas ignorando el comentario.
—Daremos un paseo por un sendero de la memoria de Bob Ogden. —Dumbledore derramó el contenido plateado de un frasco en el pensieve— Un empleado ministerial del Departamento para el Cumplimiento de la Ley. Murió ya hace algún tiempo. Sin embargo, mucho antes de que eso ocurriera yo logré que me cediera algunos de sus recuerdos. Lo acompañaremos en una visita que hizo en cumplimiento de sus funciones. Pero antes de que veamos nada necesito que me hagas un voto de mago, no le informarás a Harry nada de lo que te enteres hoy. Es por el bien mayor, nada de esto valdría la pena si Harry perdiera su inocencia.
Silas no hizo comentario al respecto. El director no entendía en absoluto la condición mental de ellos. TODOS ellos eran Harry Potter y el "impoluto y prístino" Harry Potter había perdido la inocencia hacía rato. Pronunció el voto sin poner objeciones, siempre se podía encontrar alguna forma para violarlo sin peligro en caso de que fuera necesario.
Dumbledore lo invitó con un gesto a que hundiera la cabeza en el pensieve. Silas alzó una ceja. Dumbledore sonrió y hundió la cabeza. Silas lo siguió. Fue testigo silencioso de la escena en la cabaña destartalada. Entre el hombre y sus dos hijos, que evidentemente mostraban una acumulación de taras propias de la endogamia.
Sólo habló en un momento para señalar que partes del diálogo eran en pársel. Dumbledore asintió pero no hizo comentarios ni preguntas.
—¿Qué pasó con la chica? —preguntó con tono casual cuando regresaron a la oficina— Merope o como sea que se llamara…
—Oh, ella sobrevivió. —contestó Dumbledore, tomó asiento en el sillón y le indicó la única silla que había quedado sana. Silas se sentó. —Ogden aparicionó al Ministerio y regresó media hora después con refuerzos. Morfin y su padre trataron de resistirse pero fueron superados. Se los llevaron presos. Morfin ya contaba con antecedentes, lo condenaron a tres años en Azkaban. A Marvolo le aplicaron una pena de seis meses por resistencia al arresto y por herir a varios oficiales ministeriales.
—¿Marvolo? —repitió Silas— ¿Debo suponer que esa chica mugrienta y maltratada es la madre de Voldemort… y ese muggle que le gustaba, su padre?
—Así es. —confirmó Dumbledore sonriendo aprobador— Marvolo y sus hijos eran los últimos miembros de los Gaunt, una muy antigua familia de magos en la que abundaban individuos con marcada inestabilidad mental y de tendencias violentas, debido a las taras que se fueron acumulando por la endogamia, tenían la costumbre de casarse entre primos.
—Nunca lo hubiese sospechado. —dijo Silas sarcástico y desdeñoso.
Dumbledore rió. —La falta de sensatez y una marcada inclinación a vivir con grandeza, agotó por completo la fortuna familiar varias generaciones antes de que Marvolo naciera. Como pudiste observar vivían en la miseria. Marvolo tenía muy mal carácter y mucha arrogancia y orgullo y un par de tesoros heredados que apreciaba más que a sus hijos.
—No puedo concebir que un hombre de tal fortuna se haya casado con Merope. —dijo Silas frunciendo el ceño.
—Creo que te estás olvidando de que Merope era una bruja. Probablemente su magia estaba muy reprimida por el terror que le inspiraba su padre. Cuando Marvolo y Morfin fueron encerrados en Azkaban debe de haber ganado seguridad para usar sus poderes y desarrolló un plan para escapar de esa vida espantosa que había sufrido durante dieciocho años. Mi hipótesis es que usó una poción de amor para que Riddle se enamorara de ella. Seguramente le debe de haber parecido muy romántico. Sea como fuere, lo cierto es que unos meses después de la escena de la que fuimos testigos, el pueblito de Little Hangleton disfrutó de un tremendo escándalo. Ya podés imaginarte la oleada de chismes que se originó cuando se supo que el señorito de la mansión se había fugado con la hija del holgazán miserable. Grande fue el shock que sufrió Marvolo cuando regresó meses después y se encontró con la casa abandonada y la nota de su hija contándole lo que había hecho. Según algunas discretas averiguaciones que hice oportunamente, nunca volvió a mencionar su nombre. La deserción de su hija puede haber contribuido a su muerte temprana, o quizá nunca había aprendido a cocinar… y había vuelto muy debilitado de Azkaban… lo que es seguro es que falleció mucho antes de que Morfin regresara.
Silas no hizo comentario pero las especulaciones del director le parecían poco plausibles. ¿Marvolo muriéndose de hambre por no saber cocinar? Disparatado… Marvolo daba más el tipo del que recurriría incluso al canibalismo si fuera imprescindible para sobrevivir. Y si bien era razonable que Azkaban lo hubiera debilitado no parecía lógico que seis meses en la cárcel lo pusieran al borde de la muerte.
—Tom Riddle volvió a la mansión de sus padres seis meses después de la fuga… sin su mujer. Corrieron rumores de que había dicho que había sido engañado. Seguramente hablaba de un encantamiento que le habían puesto, pero eso era algo que no podía declarar abiertamente porque lo habrían juzgado demente. Los chismes presuponían que ella había quedado embarazada y que se había valido de eso para presionarlo a casarse con ella.
—¿Abandonó a su hijo? —preguntó Silas alzando una ceja.
—Sí y no. —respondió Dumbledore mesándose la barba. —Ni siquiera estoy seguro de que él supiera que ella estaba embarazada cuando la dejó. Creo que Merope, muy enamorada de su marido, no soportó mantenerlo constantemente bajo su influjo mágico. Creo que decidió dejar de administrarle la poción de amor. Probablemente estaba convencida de que durante el tiempo que habían estado juntos, él se había enamorado de ella. Si así fue, se equivocaba. Él la abandonó y nunca más volvió a verla.
El director hizo silencio y adoptó una expresión como si reflexionara. Silas se daba cuenta de que se sentía muy complacido consigo mismo. No había esperado que Silas resultara tan "maleable". Silas sonrió para sus adentros, que se confiara nomás, peor para él.
En cuanto a la hipótesis que había planteado… todas esas pavadas románticas le parecían poco razonables… Merope era descendiente de Slytherin, era mucho más probable que hubiera usado Imperius y no una poción de amor. Y algo muy grave debía de haber pasado para que Riddle pudiera liberarse de la maldición, pero ella seguramente no la había interrumpido por buena voluntad.
—Creo que por hoy ya es suficiente… —dijo finalmente Dumbledore— Será mejor que vayas a prepararte para la cena. Aprecio mucho la atención que me has dispensado y me complace que estés tomando esto muy seriamente. Sé que debe de resultarte difícil.
—Y yo le agradezco que haya accedido a darme una oportunidad. —dijo Silas poniéndose de pie y saludando con una breve reverencia.
—No hay nada que agradecer mi muchacho. Nada en absoluto.
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Neville se ocupó de acallar todas las preguntas cuando se dio cuenta de que Silas no quería hablar sobre lo que había pasado en el despacho del director. Decretó que Harry les contaría cuando estuviera listo. Los otros aceptaron aunque con mucha renuencia.
Cuando ya todos dormían, Silas bajó a los subsuelos. Severus le abrió la puerta cuando se disponía a golpear, le indicó que tomara asiento y le ofreció un jarro de chocolate caliente fortificado con un chorro de whisky. Silas disfrutó de la bebida caliente y del efecto ligeramente sedante del alcohol mientras le contaba a Severus todo lo ocurrido, no había jurado no decirle nada a Severus después de todo.
—¿Cómo está Gabriel?
—En realidad Boy está robándole todos los recuerdos traumáticos. Creo que Gabriel no va a recordar nada de lo que pasó después de que Dumbledore lo hizo salir.
—¿Y creés que la información que te proporcionó Dumbledore pueda resultarte útil?
—Supongo que cualquier cosa que podamos saber sobre Voldemort puede resultarnos útil para enfrentarlo, pero no estoy seguro de que lo me confió hoy sirva realmente de algo. Es posible que sólo me haya estado probando y por tal razón no reveló nada más pertinente. Lo qué sí sé de seguro es que muchas de sus hipótesis y deducciones parecen muy traídas de los pelos. No sé si él realmente cree todo eso o si eso era también parte de la prueba.
—Presumo que probablemente cree la parte referida a los motivos. Pero aparte de sus deducciones lo que nos importa realmente son los hechos que vos pudiste presenciar.
—Sí. —se mostró de acuerdo Silas y bostezó— Creo que mejor me voy a dormir.
—¿Puedo contarle a Harry?, seguramente me va a preguntar.
Silas se encogió de hombros y salió.
Severus suspiró y fue a sentarse al escritorio. Tenía muchas cartas que escribir. Iba a crearle a Dumbledore muchos problemas y dolores de cabeza con la política. Eso lo iba a mantener muy ocupado, poco tiempo libre le iba quedar.
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