Mente rota, alma quebrada
Rechazo y aceptación
Harry estaba nervioso por tener que volver a clase el lunes, pero Gabriel le aseguró que todo iba a estar bien. Poco importaba lo que los demás pensaran, ellos sabían la verdadera razón por la cual iban a competir y no había por qué sentirse avergonzados. Pero fue mucho más difícil que lo que Gabriel anticipaba. Harry quedó detenido en seco apenas entró al Gran Salón.
Todos los de la mesa de Hufflepuff le dirigieron miradas hostiles. La animosidad que emanaban era casi tangible y no sólo hacia Harry sino también hacia todos los Gryffindor. Los Ravenclaw, por su lado, consideraban lo que supuestamente había hecho Harry como una afronta, los que hacían trampa merecían todo su desprecio. Los Slytherin nunca habían necesitado excusas para provocarlo o atacarlo pero esa mañana se mostraron particularmente agresivos.
Para peor, Ron no le hablaba y lo ignoraba olímpicamente, a pesar de que Hermione lo atosigó todo el día para que arreglara las cosas con Harry. Silas tampoco le hablaba a Gabriel y sólo cuando Harry le hacía una pregunta directa se dignaba a contestar, pero con respuestas muy lacónicas.
Harry llegó muy deprimido esa tarde a la cabaña de Hagrid para la clase de Criaturas.
—Ah, miren chicos, llegó el campeón. —dijo Draco Malfoy alzando deliberadamente la voz— ¿Trajeron sus cuadernos de autógrafos? Es mejor conseguir su firma cuanto antes porque mucho dudo que vaya estar mucho tiempo más con nosotros… en el pasado, muchos campeones murieron durante el Torneo, ¿cuánto pensás que vas a durar, Potter? Apuesto a que ni diez minutos en la primera prueba.
Los Slytherin festejaron la ocurrencia con risas humillantes y pullas denigratorias… lo habitual. Pero el rostro de Draco permaneció extrañamente impasible después de haber pronunciado su comentario socarrón.
Eso me sonó más a una advertencia que a una burla, le dijo Harry a Gabriel.
Es posible, contestó Gabriel con tono inseguro.
Quizá está agradecido de que Silas lo ayudara con Moody… ¿sabrá quién fue el que lo ayudó?
No lo sé, puede ser. Gabriel sospechaba que había algo más. Y que tenía que ver con Silas, pero no podía preguntárselo directamente porque Silas no le dirigía la palabra y se pasaba casi todo el tiempo encerrado en su habitación.
Hagrid interrumpió sus especulaciones cuando le indicó a la clase que sacaran a pasear a sus screws. Se oyeron unas cuantas protestas más o menos disimuladas pero todos obedecieron.
oOo
Esa noche, Neville y él escondidos bajo el manto de invisibilidad golpearon a la puerta de Severus. Remus ya estaba allí cuando entraron y los saludó con sendos abrazos.
—¿Cómo van las cosas, Harry?
—Bien… los Gryffindor me apoyan mucho.
—Excepto el señor Weasley. —señaló Severus.
Los chicos y Remus se sentaron en el sofá y Severus en un sillón.
—Ron… —dijo Harry— …bueno… está pasando por un mal momento.
—Se está portando como un imbécil. —precisó Neville. Harry suspiró.
—Ya se le va a pasar. —dijo Remus— Hasta ahora no ha hecho nada terrible, ¿no? Se ha limitado a no prestarte atención.
—Algunos podrían considerar que eso solo ya es terrible. —dijo Severus— Pero es otra la cuestión más importante en este momento, descubrir quién fue el que puso el nombre de Harry en el Cáliz y por qué lo hizo.
—Yo hablé con el director. —dijo Remus— Me aseguró que no fue por nada que el hubiera hecho que Harry había sido seleccionado.
—Lo que me dijo a mí fue distinto. —reaccionó Severus con acritud— Me dijo que él sí había puesto el nombre de Harry pero no como alumno de una supuesta cuarta escuela.
—¿Y por qué hizo una cosa así? —preguntó Neville.
—Quiere probar su herramienta. —respondió Severus con tono oscuro y ojos que brillaban peligrosos.
Remus empalideció. Era algo innegable, el accionar de Dumbledore no podía justificarse de ninguna forma. Harry se mordió el labio y bajó la mirada a las manos que tenía cruzadas sobre la falda.
—Creo que ningún alumno tiene el poder y la habilidad para una maniobra de este tipo. —dijo Severus— El espectro de sospechosos quedaría reducido al cuerpo de profesores, Crouch, Bagman y los dos directores extranjeros.
—No creo que haya sido ninguno del cuerpo de profesores. —dijo Remus.
—Eso sería una presunción apresurada —replicó Severus.
—Pero sería posible quizá descartar a algunos. —sugirió Harry.
—No creo que Trelawney tenga la capacidad para algo así. —dijo Neville.
—No la tiene. —admitió Severus.
—Y Minerva tampoco puede ser, estaba escandalizada… —agregó Remus— Y en cuanto a Alastor… es implacable cuando de defender a un chico se trata…
—Depende de cuál sea el chico. —señaló Severus con sorna— Pero quienquiera que haya sido puede no haber actuado por voluntad propia, no podemos descartar que haya habido influencias externas…
—Estoy de acuerdo. —dijo Silas. Y todos se volvieron a mirarlo sorprendidos. Silas hizo una mueca desdeñosa y prosiguió: —Crouch se ha estado comportando de manera extraña… y no sería raro que también alguno de los profesores pudiera haber sido influenciado.
—Pero… nos habríamos dado cuenta… —dijo Remus.
—No necesariamente. —argumentó Silas— No hay forma segura de detectar Imperius. Puede haber signos, pero nada que sea totalmente específico. Alguien mágicamente diestro sabría ocultar muy bien cualquier residuo de su magia en la víctima.
—Silas está en lo cierto. —corroboró Severus.
—¿El ojo de Moody tampoco serviría para la detección? —preguntó Neville con curiosidad.
—Es cierto que puede detectar magia residual, pero esos rastros se disipan pronto—explicó Remus con un suspiro— Muchos mortífagos adujeron haber actuado bajo Imperius durante los juicios después de la primera guerra y no hubo ninguna manera de probar que estaban mintiendo.
—¿Y ustedes piensan que el responsable actuó bajo Imperius? —preguntó Neville.
—No necesariamente. —respondió Severus— Karkaroff fue mortífago. Le conmutaron la pena en Azkaban por el exilio porque colaboró proporcionando nombres de otros mortífagos. Él bien podría ser el responsable… tendré con conversar con él, quizá le pueda sacar algo.
—¿Y qué más podemos hacer? —quiso saber Neville.
—Nada. —dijo Remus— Preocúpense de los estudios… y en la preparación para la primera prueba.
—¿Averiguaste algo al respecto? —le preguntó Silas a Severus.
—Todavía no.
Silas asintió. —¿Y sobre el asunto del traslador?
—Ningún progreso por ahora. —suspiró Severus.
—¿Qué es este asunto de un traslador? —cuestionó Remus.
Severus dudó un momento pero concluyó que Lupin podía aportarles ideas. Y le contó todo sobre el encantamiento que Dumbledore le había puesto a Gabriel. Remus escuchó con sumo interés y luego planteó una serie de preguntas.
Silas notó que Neville había seguido el intercambio pero que lucía muy confundido. Se puso de pie. —Creo que será mejor que los dejemos trabajar. Vamos, Neville, ya es hora de volver.
Los dos desaparecieron bajo el manto.
—Que mañana venga Gabriel para practicar duelo. —le recomendó Severus.
No hubo respuesta. Unos segundos después la puerta se abrió y al instante siguiente se cerró por sí sola.
oOo
Pasaron dos semanas con días que se desenvolvieron iguales y rutinarios. Excepto los Gryffindor, todos estaban disgustados con Harry. Los Gryffindor lo defendían. Gabriel se había vuelto muy activo en su cabeza, conversaban mucho y lo ayudaba a tolerar mejor la situación. Silas, en cambio, seguía guardando silencio casi todo el tiempo.
Ron no le dirigía la palabra, Hermione estaba muy afligida por el cisma del trío, Neville era un apoyo constante, aunque también le tocaba lo suyo, las clases con Rowena no eran cosa fácil.
Dentro de todo, Harry la iba llevando bastante bien. Estaba preocupado y tensionado pero no se había quebrado abrumado por las presiones conflictivas. Gabriel estaba más temperamental que de costumbre. Lo fastidiaba sobremanera la actitud de los de las otras Casas, la consideraba injusta e inmadura.
Las cosas empezaron a ponerse peor el viernes. Frente al aula de Pociones.
—¿Te gusta, Potter? —le preguntó Draco Malfoy en voz bien alta señalando la insignia que lucía en la solapa. Tenía una inscripción: Apoyá a Cedric Diggory, el VERDADERO campeón de Hogwarts. —Y esto no es todo… —agregó Draco presionando levemente la insignia. La inscripción cambió: ¡Potter es pésimo!
Muchos alumnos que estaban cerca estallaron en carcajadas, la mayoría eran Slytherin, pero no todos.
—Oh, pero qué gracioso… —gruñó Gabriel y le apuntó la varita a la comisura en alto, los ojos le fulguraban con llamas verdes. —¡Sos tan ocurrente, Malfoy!
Malfoy fijó los ojos en los suyos durante unos segundos, pero luego su mirada derivó hacia un lado deteniéndose en alguien que estaba a cierta distancia detrás de Gabriel. Gabriel giró un poco la cabeza, era Ron, con expresión impávida, no parecía tener intenciones de ayudarlo. Gabriel volvió a gruñir y el enojo se le incrementó ostensiblemente. Malfoy era un imbécil de marca mayor pero ése era su trabajo. La indiferencia de Ron equivalía a una traición, era mucho peor. ¡Se suponía que era su amigo!
—¿Querés una, Weasley? —preguntó Malfoy con inocencia— Tengo montones. Pero tratá de no tocarme la mano al agarrarla, no quisiera que se me pegue la roña.
Furioso, Ron alzó la varita. La de Malfoy también ya estaba en alto. Ambos pronunciaron los hechizos al mismo tiempo. ¡Furnunculus!, fue el de Ron. ¡Densaugeo!, el de Malfoy. Gabriel saltó a un lado para evitar los haces. Draco esquivó el ataque que terminó impactando en Goyle, pero le acertó a Ron con su hechizo.
—¿Qué pasa aquí? —se oyó la voz muy contenida pero así y todo imperiosa de Severus. Todas las miradas se volvieron hacia él, que acababa de abrir la puerta del aula. Nadie dijo nada, sólo se oían los gemidos de Goyle que tenía la cara cubierta de dolorosas ampollas. Los dientes incisivos superiores de Ron habían crecido varios centímetros.
Malfoy fue el primero que reaccionó. — Weasley me atacó, señor…
—¡Se atacaron mutuamente y al mismo tiempo! —gritó Hermione enojada.
—…y le acertó a Goyle. —agregó Malfoy ignorando por completo la protesta de Hermione.
—Goyle, al ala hospitalaria. —ordenó Severus.
—¡Pero Malfoy atacó a Ron! —insistió Hermione— ¡Mírelo!
Severus se volvió hacia Ron y respondió distraído. —No le noto ninguna diferencia.
Ron lo miró con ojos asesinos, pegó media vuelta y partió corriendo. Los Gryffindor empezaron a quejarse todos juntos. Pero la voz de Hermione predominaba por encima de las otras.
Severus los ignoró por completo y decretó con tono aburrido: —Veamos… cincuenta puntos menos para Gryffindor y sendas penitencias para Weasley y Granger. Y ahora entren sin perder más tiempo o todos recibirán una semana de penitencias.
oOo
Harry se encontró sentado en su banco habitual, en el frente Severus estaba dando las instrucciones para la clase del día. De inmediato pudo percibir el intenso disgusto de los Gryffindor y el buen humor y la satisfacción de los Slytherin, Malfoy era el que más se destacaba. Frunció el ceño y miró alrededor, Ron no estaba.
¿Gabe?
Gabriel suspiró. Malfoy y yo tuvimos un cruce de palabras. Pero después Malfoy se la agarró con Ron, que no había movido un dedo para ayudarnos. Se lanzaron hechizos mutuamente. Malfoy le acertó a Ron en la cara y le hizo crecer tamaño de los dientes delanteros y esquivó el hechizo de Ron que terminó impactando en Goyle, la cara se le llenó de ampollas. Cuando salió Severus les puso penitencias a los dos, a Hermione por protestar gritando y a Ron porque se fue corriendo sin que le dieran permiso.
Harry se mordió el labio disgustado. Se sentía mal por Ron. Ron se había sentido pésimo durante toda la semana y Harry hubiera querido hacer algo para ayudarlo. Y todo por el estúpido torneo que había causado la ruptura entre ellos. Ron lo había apoyado sin reservas ese verano, a pesar de que era muy poco lo que sabía entonces. No podía permitir que por el maldito Cáliz una amistad de más de tres años se fuera al diablo.
Alguien golpeó a la puerta y unos segundos después Colin Creevey asomó la cabeza.
—¿A qué se debe esta interrupción? —demandó Severus.
—Disculpe señor, me mandaron a buscar a Harry. Lo necesitan arriba.
—Potter se desocupará dentro de una hora…
—Señor, perdón… lo requiere el señor Ludo Bagman… y me dijeron que tiene que llevar los útiles…
—Está bien… —dijo Severus con brusquedad— ¡Potter, junte sus cosas y desaparezca cuanto antes!
oOo
Los otros campeones ya estaban allí cuando entró. Krum estaba de pie en un rincón, irradiaba gran disgusto y fastidio. Cedric y Fleur estaban conversando parados en el centro del salón, los dos parecían contentos, ella con cierta aura de petulancia y él con algo de nerviosismo. Aparte de Bagman, estaban presentes una mujer de rizos rubios y anteojos y un hombre regordete con una cámara.
—Ah, aquí llega… —dijo Bagman al verlo— El cuarto campeón… adelante, Harry, adelante… no se trata de nada que deba inquietarte, es la ceremonia de control de las varitas y aprovecharemos además para tomar algunas fotos para la prensa. Los demás jurados llegarán dentro de un momento.
—Yo soy Rita Skeeter. —se presentó la mujer con voz muy dulce, pero Harry detectó de inmediato que destilaba codicia y ambición desmedida— Voy a escribir una crónica sobre el torneo, se publicará en El Profeta.
Se acercó a Harry y luego se volvió hacia Bagman. —Me pregunto si podría tener una corta charla en privado con el cuarto campeón antes de que empecemos… es el más joven… una nota de color adicional, si Ud. me entiende…
—Por supuesto… —accedió Bagman de buen grado.
—Encantador. —dijo ella, agarró a Harry de la muñeca y se lo llevó prácticamente a la rastra hasta el armario de escobas que estaba en uno de los extremos. —Acá vamos a estar cómodos y podemos hablar con tranquilidad y sin interferencias. Tomá asiento. —agregó indicándole un banco destartalado— Espero que no te moleste que use una taquipluma me permite concentrarme mejor en el diálogo… Decime entonces, Harry… ¿qué fue lo que te impulsó a participar en el torneo?
—Yo no… —empezó a decir Harry, pero se detuvo nervioso porque el artefacto se había puesto a escribir a toda velocidad incluso antes de que él abriera la boca. Se inclinó un poco para leer lo que había anotado pero Rita interpuso una mano de uñas escarlata primorosamente manicuradas que le bloqueó la visión.
—No les prestes atención a la taquipluma y al bloc de notas, Harry. Y ahora decime la verdad… nadie tiene por qué juzgarte… ¿por qué entraste en el torneo?
—Yo no tenía intención de entrar. Y no puse mi nombre en el Cáliz…
Rita alzó una ceja escéptica. —Oh, está bien… decime entonces… ¿Cómo te hacen sentir las difíciles pruebas que te tocará enfrentar? ¿Nervioso? ¿Entusiasmado?
—Nervioso. —contestó Harry mordiéndose el labio— Me preocupa que alguno pueda salir herido.
—Es cierto que han muerto participantes en torneos anteriores. —comentó ella asintiendo— Pero por supuesto, vos ya te has enfrentado con la muerte en ocasiones anteriores, ¿no es así? ¿Cómo dirías que te afectaron esas situaciones?
No había sido Harry el que había estado en control en esos casos. —No sabría qué responder.
Ella sonrió con malicia. —¿Te parece que quizá hayan sido los traumas de tu pasado los que te impulsaron a buscar instancias muy peligrosas, potencialmente mortales? ¿Intentabas probarte algo a vos mismo? ¿Intentabas ganar lustre y renombre, porque eso es lo que se espera de Harry Potter? Quizá el torneo te tentó porque era una oportunidad inigualable para…
—Yo no me postulé para el torneo. —la interrumpió Harry con voz medida— Lo digo en serio, no le estoy mintiendo.
—Aceptémoslo… —concedió ella incrédula— ¿Recordás algo de tus padres?
—No. —respondió Harry con tristeza y bajó la vista a las manos.
—¿Cómo creés que se habrían sentido de haber sabido que vas a competir en el torneo? ¿Orgullosos? ¿Preocupados? ¿Furiosos?
Harry no quería ponerse a pensar en sus padres, le causaba siempre gran tristeza y lo deprimía. Desvió los ojos hacia el anotador, la mano de Rita ya no se interponía.
Una cicatriz desagradable, recuerdo de un funesto hecho pasado, desfigura el rostro de Harry Potter que, por lo demás, posee rasgos encantadores. Sus ojos son profundos y maduros debido a la trágica vida que el destino le deparó. La agobiante presión de vivir a la altura de una fama, ganada esa noche fatídica en la que El Que No Debe Nombrarse irrumpió en su hogar, mató a su familia y estuvo a punto de matarlo a él también, lo llevó finalmente demasiado lejos. Se encuentra ahora ante la perspectiva de enfrentarse con pruebas muy riesgosas que superan ampliamente lo que puede manejar. Sus increíbles ojos verdes se llenan de lágrimas cuando la conversación deriva hacia sus padres a los que no recuerda. Cuando le pregunto cómo cree que se habrían sentido de haber sabido que competía en el torneo, vacila, se muerde el labio y baja la vista avergonzado.
Silas se puso de pie bruscamente y reaccionó: —¡Infernos!
El anotador y la pluma ardieron en llamas. Rita pegó un salto y dejó escapar un grito. La solapa de su toga también se había prendido fuego, presa del pánico trató de apagarla con una serie de rápidas palmadas. Silas la observaba impasible. La puerta del armario se abrió y Dumbledore la auxilió con un Aquamenti.
El director le dirigió una mirada reprobadora a Silas y luego se volvió a la periodista que tambaleaba chorreando agua. —Señora Skeeter, permítame ayudarla.
Ella se recompuso de inmediato. —Ah, Dumbledore… —dijo todavía algo sacudida pero sonriendo— Espero que haya leído mi informe sobre la Conferencia de la Confederación Internacional de este verano.
—Por supuesto, encantadoramente ruin, por cierto. —contestó Dumbledore con sorna— Disfruté particularmente el epíteto que usó para referirse a mí… zopenco obsoleto… todo un hallazgo.
—Fue sólo una forma creativa de expresar que algunas de sus ideas son anticuadas. Harry y yo regresaremos enseguida, señor director,—agregó formal— no lo retendré mucho más.
Dumbledore vaciló un instante y miró a Silas que seguía con una expresión impávida. Rita aprovechó para cerrar la puerta y se volvió a mirarlo con ojos airados. Pero Silas habló primero.
—No le voy a permitir que se sirva de mí para entretener a sus lectores o para mejorar su carrera. Debería atenerse a los hechos concretos sin recurrir a argucias rastreras para incrementar las tiradas. Tiene Ud. a otros tres participantes a los que puede entrevistar, preferiría que a mí ni me mencione. Pero si llegara a publicar infundios sobre mi persona, tenga la seguridad, señora Skeeter, de que tomaré represalias.
—¿Me estás amenazando? —siseó ella escandalizada.
—Se lo estoy advirtiendo. —la corrigió Silas con tono muy controlado.
Dumbledore volvió a abrir la puerta. —Ya vamos a empezar. Vení, Harry.
Silas se ubicó en unos de los rincones y permaneció en silencio durante toda la ceremonia. Cuando concluyó, saludó amablemente y se encaminó hacia la puerta, pero Bagman lo hizo detener, todavía faltaba la sesión de fotos. Silas se avino resignado. Los ojos de Skeeter estuvieron clavados ávidos en él durante todo el tiempo. Al parecer no había tomado en serio la advertencia… peor para ella.
oOo
Harry y Neville cenaron solos. Ron estaba en el ala hospitalaria para que le arreglaran los dientes y Hermione había ido con él para acompañarlo. Harry le relató todo lo que Gabriel le había contado sobre el ígneo tête a tête con Rita, la ceremonia y las fotos.
Cuando entraron a la sala común, Hermione ya estaba de regreso.
Ella lo miró con mala cara y le entregó una carta. —Esto llegó para vos.
Harry hizo una mueca por las incisivas emociones que irradiaba. —¿Qué pasa?
—¿Por qué no saliste en ayuda de Ron? —le recriminó ella enojada.
—Perdón. —respondió Harry, aunque él no había estado en control en ese momento, nada había podido hacer. Y Gabriel no estaba dispuesto a ayudar a Ron, excepto que se tratara de una situación de vida o muerte, hasta que se disculpara.
—Los dos tenemos penitencia mañana a la noche. No vamos a estar… aunque vos ya lo sabías. —agregó con tono amargo, pegó media vuelta y partió muy fastidiada hacia los dormitorios.
Neville le pasó un brazo por encima de los hombros. —No le hagas caso.
Harry asintió en silencio y abrió la carta. Se sentaron a leerla juntos.
Harry:
No puedo poner todo lo que quisiera en la carta, sería muy riesgoso si la interceptaran. Tenemos que hablar directamente. ¿Podrías asegurarte de estar solo y junto a la chimenea de la sala común a la una de la mañana del 22 de noviembre?
Tiene miedo de que intercepten la carta pero no tiene problemas en poner el día y la hora de la conversación. ¡Es un tarado!, dijo Silas desdeñoso.
¿Te parece que podrían estar interceptando las lechuzas?, preguntó Harry temeroso.
No, no lo creo. Pero la lógica de éste es pésima.
Dejá de protestar, Sy, intervino Gabriel. ¿Qué más dice?
Sé perfectamente que sabés cómo cuidarte y que hay en la escuela varios que pueden protegerte y así y todo parece que hay algunos con malas intenciones que se las ingenian para hacer de las suyas y con recursos suficientes para introducir a hurtadillas tu nombre en el Cáliz prácticamente bajo las narices de todos. Mantenete alerta y haceme saber cuanto antes si será posible lo del 22.
Sirius
Tiene el cerebro de un mosquito, repitió Silas.
—¿Qué le vas a contestar? —preguntó Neville.
—Supongo que quiere hablar por la red Floo, le voy a contestar que sí. A esa hora van a estar todos durmiendo.
oOo
Dos días más tarde se publicó la nota de Rita Skeeter en la edición matutina de El Profeta. Harry observó la página espantado. Una gran foto de él —de Silas, en realidad— y el titular catástrofe Harry Potter, ¿campeón o adolescente sufrido? ocupaban toda la portada. El artículo cubría toda la segunda página y continuaba en la seis y la siete. Sólo el último párrafo hablaba sobre el torneo, muy en general y a los otros campeones apenas si se los mencionaba. Todo lo demás era sobre él basado en testimonios de varios alumnos de la escuela. Dos de las partes más dañinas estaban en la página dos.
Lavender Brown me confió que en una oportunidad Harry rompió en llanto en una clase en la que el ex auror y actual profesor de Defensa en Hogwarts, Alastor Moody, estaba explicando las Imperdonables. Nuestro joven héroe no pudo soportar ese recordatorio de esa noche tan trágica de su pasado y se quebró. Obviamente se trata de algo que lo trauma y más que comprensible es que así sea. Cuando entrevisté a Dean Thomas, un compañero de dormitorio de Harry, y le pregunté si Harry lloraba de noche por sus padres, él me contestó que no sabía si era así, agregó que Harry es muy reservado, que casi siempre está solo o con algunos de sus muy pocos amigos íntimos, que se cuentan con menos de los dedos de una mano. ¿Qué otros secretos se esconden en lo profundo de los duros ojos verdes de Harry Potter?
Al menos Harry ha encontrado el amor en Hogwarts. Uno de sus mejores amigos, Colin Creevey, me informa que a Harry se lo ve casi siempre acompañado de Hermione Granger, una chica nacida de muggles, muy bonita y excelente alumna, su promedio de notas es uno de los más altos de toda la escuela. ¿Podrá ella aportarle el consuelo necesario para ayudarlo a llevar adelante una vida tan dolorosa? Todos esperamos que así sea, y si ella no lo lograra, estoy segura de que debe de haber cientos de chicas dispuestas a ayudarlo a sobreponerse al drama de su pasado. Quizá haya sido debido a eso que se las ingenió para introducir su nombre en el Cáliz de Fuego. Quiere probar que no es sólo El Niño Que Sobrevivió… quiere probar que es además El Niño Que Vive y Que Vivirá.
Silas estaba que trinaba. La muy guacha iba a pagar por eso. Se pasó varios días elucubrando la venganza. Y los que habían hablado con la despreciable mujer también sufrirían su parte. Para eso recurrió a la ayuda de Draco. Le pidió que convenciera a los Slytherin para que arreciaran las provocaciones y ataques contra Lavender, Dean y Colin. Los tres la pasaron muy mal durante los días siguientes. Lamentablemente, Harry también la estaba pasando muy mal.
Tenía que soportar muchas burlas y pullas. Algunos se le acercaban gimiendo fingidamente para alcanzarle un pañuelo, los silbaban intencionados cuando pasaba con Hermione, muchas chicas se le insinuaban de manera descarada y tenía que aguantar además las actitudes y palabras compasivas de varios profesores, las atenciones de McGonagall y Hagrid sobre todo, podían llegar a ser abrumadoras. Se sentía muy incómodo, una vez más era el centro de atención, algo que siempre había detestado. Dormía muy mal.
Gabriel, por su parte también estaba más alterado que nunca.
Silas hacía lo posible por apaciguarlos un poco, sin mucho éxito. Neville también trataba de ayudar, pero sus posibilidades eran también bastante limitadas. Ron seguía sin hablarle y si bien Hermione trataba de ayudar, a veces terminaba resultando más una carga que un alivio. Durante el día encontraban refugio con Remus y por las noches Severus les brindaba santuario, pero las provocaciones continuaban incesantes y lejos de mermar se intensificaban a medida que pasaban los días. Todo parecía augurar que en el corto plazo las cosas llegarían a límites insostenibles y que detonarían una explosión.
oOo
—¿Por qué estás siempre acá y por qué siempre me estás mirando como si fuera un fenómeno de circo? —estalló Gabriel cerrando el libro bruscamente. Estaban en la biblioteca.
Krum parpadeó varias veces y frunció el ceño más de lo habitual. Estaba ubicado en la mesa de al lado, pero su mirada había estado derivando hacia Harry con mucha frecuencia. Gabriel se puso de pie, se le acercó, se inclinó y le espetó agresivo: —Sí, a vos te estoy hablando… ¡¿qué me estás mirando tanto?!
—Yo no te miraba. Yo estudiaba.
—¡Andá a estudiar a otro lado, entonces! —bramó Gabriel.
—Tranquilo… yo no quiero nada de vos… yo sé lo que se siente cuando todos quieren comerte de a poco hasta no dejar nada.
Gabriel necesitó unos instantes para captar el sentido, Krum tenía un acento muy marcado y eso dificultaba la comprensión. —Perdón. —dijo finalmente y se frotó la cara con ambas manos— Con alguien me la tenía que agarrar y vos eras el que estabas más a mano.
—Está todo bien. Sentate. Pongamos los dos muy mala cara. Me da buen resultado a mí… sumados espantaremos a todos.
Gabriel sonrió. —De acuerdo. —dijo, fue a buscar sus útiles y se le sentó al lado.
Harry regresó un minuto después y se sorprendió por el desplazamiento y por el que tenía al lado. Gabriel le explicó rápidamente lo que había pasado. Harry espió de soslayo a Krum, lucía una expresión terrible que hubiese espantado al mismo demonio pero su empatía le permitió detectar contento, simpatía y buen humor en los duros ojos negros. Sonrió divertido y se concentró en la lectura.
Los días siguientes siempre se sentaron a estudiar juntos. Empezó a conocerlo un poco, a pesar de que no hablaban mucho entre ellos. Pero Harry gracias a su empatía podía captar mucho más que las pocas palabras que intercambiaban. Al igual que él, Krum detestaba ser el centro de atención y le gustaban la tranquilidad y el silencio. También se había agarrado un gran metejón con Hermione, aunque aparentemente ella no lo había notado.
Estaba también muy nervioso y disgustado porque la primera prueba ya estaba próxima. En realidad lo habían prácticamente obligado a que se postulara como campeón. Mucho hubiera preferido que algún otro resultara elegido. Pero ahora que le había tocado estaba determinado a poner todo de su parte para desempeñarse de la mejor manera posible. Había podido ir a estudiar a Durmstrang gracias a una beca y temía perderla.
oOo
El 21 de noviembre, tres días antes de la primera prueba, era sábado de Hogsmeade. Hermione le había propuesto que fueran los tres juntos, pero Harry había declinado la oferta. Ron seguía sin hablarle. Harry quería pasar un rato divertido, con Ron al lado habría estado tenso todo el día.
Harry fue con Neville, oculto bajo el manto de invisibilidad.
Neville lucía cansado. Las lecciones con Rowena eran agotadoras y los avances muy lentos. A Neville no le gustaba hablar al respecto.
Fueron a la bombonería, al negocio de chascos y terminaron finalmente en Las Tres Escobas.
—¿Y se puede saber porqué viniste escondido bajo el manto?
—Para que nadie me mire ni me diga nada.
—Pero me miran a mí, deben de pensar que estoy loco, hablando solo.
—Tratá de no mover tanto la boca.
—¿Estás nervioso por la prueba del martes?
—Sí. —suspiró Harry— Pero no por mí, Gabriel se va a ocupar de todo, sino por los otros. Krum participa a desgano, Cedric tiene cada vez menos entusiasmo y más nervios a medida que se acerca la fecha. La única que está más o menos contenta es Fleur. Pero yo estoy inquieto… ¿y si llegara a pasarles algo?
Neville trató de tranquilizarlo. —Dumbledore aseguró que se habían tomado todos los recaudos posibles. Están preparados para intervenir en caso de que algo llegara a salir muy mal. Ninguno se va a morir.
—Pero alguno podría resultar muy mal herido.
—Sí, es cierto. —tuvo que admitir Neville— ¿A quién fue que se le ocurrió reinstaurar esta porquería de torneo?
—Creo que al ministro Fudge.
—Ah… si… mirá, ahí entran Hagrid y el profesor Moody.
Harry giró un poco, sonrió y saludó con la mano. Recién entonces se acordó de que no podían verlo. Aunque el ojo postizo de Moody parecía concentrarse fijo en él, ¿acaso sí podía verlo?
Los profesores se acercaron a la mesa.
—Hola, Hagrid. —saludó Neville sonriendo.
Moody se inclinó un poco sobre la mesa y susurró: —Hola, Harry.
—Su ojo puede… quiero decir… ¿Ud. puede…?
—Así es, puedo ver a través de los mantos de invisibilidad. —confirmó con esa sonrisa suya tan inquietante— Y resulta muy útil en muchas circunstancias te lo puedo asegurar.
Hagrid también se inclinó un poco y susurró: —Harry, hoy, poco antes de la medianoche, llegate hasta mi cabaña oculto bajo el manto.
Los profesores se despidieron y se alejaron. Harry preguntó con curiosidad: —¿De qué pensás que se trate?
—No tengo la menor idea. —respondió Neville encogiéndose de hombros— ¿Querés que te acompañe?
—Claro, el manto puede ocultarnos a los dos.
—No te olvides de que a la una tenés que estar de vuelta para hablar con Sirius.
—Sí, ya sé.
Quizá Hagrid quiera decirte algo sobre la primera prueba… darte una pista, a lo mejor, sugirió Gabriel.
Sí, bien puede tratarse de eso.
oOo
Los dos regresaron tambaleando después de haber visto a los dragones. Gabriel le había asegurado que él podía manejarse muy bien con cualquier dragón que les tocara. Silas había guardado silencio todo el tiempo.
Por suerte la sala común estaba desierta, se quitaron el manto. Unos minutos después las llamas de la chimenea se avivaron verdes.
—¿Sirius? —preguntó Harry arrodillándose junto a la chimenea. Neville se mantuvo un poco más atrás, para vigilar y avisar si alguien se acercaba.
—Hola, pichón. ¿Cómo estás? —preguntó Sirius con tono preocupado.
—Estoy bien. Pero hace un rato nos enteramos de que la primera prueba tiene que ver con dragones.
—¿Dragones? No creo que un dragón te signifique mayor problema… pero ya volveremos a eso después… no tengo mucho tiempo ahora… tuve que entrar como un ladrón a una casa de magos para poder acceder a esta chimenea, no hay nadie en la casa pero podrían volver en cualquier momento… hay cosas sobre las que tengo que advertirte…
—¿¡Cómo se te ocurre hacer algo así, Siri?! ¡Es una locura! ¡Podrían capturarte!
Sirius no les prestó atención a sus palabras espantadas. —Oíme atentamente, Harry… Karkaroff era un mortífago. Moody fue el que lo capturó. El Ministerio lo condenó a una larga pena en Azkaban pero luego hizo un trato y se la conmutaron por el exilio.
—Eso ya lo sabía por Severus. De hecho Severus lo ha estado presionando para que hable porque sospechaba que Karkaroff podía ser el que había puesto mi nombre en el Cáliz. Pero hasta ahora no ha podido sacarle nada concreto.
—Eso no significa que sea inocente. Pero hay algo más importante, estos últimos meses estuve leyendo mucho y con atención ediciones atrasadas de El Profeta, creo que Bertha Jorkins, una funcionaria ministerial desaparecida en Albania hace unos meses cayó en manos de Voldemort. Los rumores decían que Voldemort estaba en ese país por entonces. Creo que el se enteró por ella del Torneo y que elaboró un plan, creo que Voldemort quería que vos fueras uno de los campeones. Sería más fácil para él matarte y podría hacerlo pasar por un accidente.
—Sí, esa última parte era algo que ya me imaginaba. —dijo Harry resignado.
—No te inquietes, pichón. Todos te vamos a ayudar y las cosas terminarán saliendo bien. Ahora, en cuanto a los dragones…
—¡Alguien viene! —susurró Neville urgente.
—¡Sirius, tenemos que interrumpir acá! ¡Viene alguien!
La imagen de Sirius desapareció. Harry se dio vuelta hacia la escalera. El que bajaba era Ron. Frunció el ceño. —¿Qué están haciendo acá abajo tan tarde?
—Nada. —se apresuró a contestar Harry.
—Oh, está bien… no me lo digas. —replicó Ron con disgusto— Debí imaginarme que no querrían que los molestara. Los dejo solos para que puedan seguir practicando para el próximo reportaje.
Harry hizo una mueca, un brillo dolorido se le despertó en los ojos. Neville reaccionó bruscamente y mal, agarró una de las insignias de Malfoy que estaba sobre la mesa y se la arrojó a la cara. Le impactó a Ron en la frente y cayó al suelo. Ron abrió la boca anonadado, los ojos celestes se le desorbitaron de asombro.
—¡Ahí tenés! —le espetó Neville— Algo que podés lucir en la solapa el martes. Y hasta es posible que el impacto en la frente te deje una cicatriz también… eso es lo que más querés, ¿no?
Ron no dijo nada, pegó media vuelta y partió de prisa escaleras arriba.
Harry se acercó a Neville y lo abrazó. —Gracias.
—No tenés por qué darlas. —murmuró Neville en respuesta. La actitud de Ron lo había fastidiado sobremanera, ¡Harry no tenía por qué aguantar también esa mierda! —Mejor vayamos a dormir.
—Sí, vamos.
oOo
Prácticamente nadie prestó atención en clases ese lunes, todos estaban demasiado ansiosos por la primera prueba que tendría lugar al día siguiente. Hermione lo estuvo atosigando todo el tiempo demandándole que le explicara qué era lo que había planeado hacer y haciéndole sugerencias basándose en lo que había leído en los libros. Harry le aseguró que tenía ya delineada una estrategia pero no entró en detalles. Gabriel le había dicho que hasta que no supiera específicamente en que consistía la prueba no podía planear nada de manera minuciosa, pero ya había seleccionado varios hechizos que le iban a resultar muy útiles. Según él no había ningún motivo de preocupación.
A la hora del almuerzo, Harry llamó a Cedric a un aparte y le dijo que la prueba tenía que ver con dragones. Los ojos de Cedric se abrieron como platos, pero se recompuso rápido de la sorpresa, le agradeció el dato y partió corriendo hacia la biblioteca.
Esa noche, después de la cena, el también fue a la biblioteca a estudiar. Se sentó con Krum como era habitual y le contó lo de los dragones, Viktor le dijo que ya lo sabía, que Karkaroff ya se lo había comunicado. Se pusieron a estudiar juntos acompañándose en silencio.
Más tarde cuando regresaba a la Torre, se detuvo de repente en mitad de un pasillo, pensó durante unos instantes y finalmente entró en un aula en desuso del costado.
¿Harry?, inquirió Gabriel con tono sorprendido.
—Eh, yo… Gabriel… —empezó a decir Harry, vaciló un largo instante, respiró hondo un par de veces, apretó los puños para contener los ligeros temblores que lo habían atacado de repente y finalmente prosiguió: —No quiero replegarme mañana… quiero estar ahí para ayudar a Cedric y a Viktor…
Hubo un prolongado silencio.
¿Qué es lo que me querés decir?, preguntó Gabriel finalmente.
—Sé que yo no soy el núcleo… pero hay algo en lo que estuve pensando mucho desde hace ya varios días… vos y yo nacimos al mismo tiempo, no de Silas sino del Harry de entonces que se vio superado por las tensiones por el asunto de la piedra… y fue así que naciste vos pero en cierta forma también nací yo… la parte que no se animaba a pelear… creo que ahora sí estoy listo para pelear por mis amigos y por todos… creo que puedo hacerlo.
Harry… vos… ¡¿vos querés que nos integremos?!
—¿Es algo malo? —preguntó Harry mordiéndose el labio— ¿Vos no querés?
Eh, no sé… Yo quiero estar presente para cuidarlos, a Silas y a vos… no me quiero ir… Pero sé con certeza que no me estaría yendo si nos integráramos… los dos estaríamos juntos… un nuevo Harry, sí… pero conformado por vos y por mí… Y así y todo, da un poco de miedo, ¿no?
—Sí, un poco… —admitió Harry y se dejó caer sentado en un banco— En eso también estuve pensando y la idea de integrarme con vos o con Silas me asusta un poco. ¿Dónde está Silas? ¿Él que piensa de esto?
Es una de esas raras veces… se acostó a dormir. Quiere estar bien descansado para mañana, dijo Gabriel sonriendo.
Gabriel sabía que no debía mostrarse vacilante, que eso constituiría un mal ejemplo para Harry. Si él, el héroe, se mostraba temeroso de la integración, ¿qué quedaba para Harry? Respiró hondo tres veces y actuó con decisión. Empezó a derivar hacia la mente consciente de Harry pero no con el objeto de desplazarlo como otras veces. Hubo cierta resistencia refleja de parte de Harry, Gabriel no trató de presionarlo, le dio tiempo para que fuera adaptándose paulatinamente y que fuera Harry el que controlara la progresión del proceso. Y poco a poco los límites que los separaban empezaron a desdibujarse.
Oyó a Harry como susurrándole al oído. Puedo aceptar que soy competente. Puedo aceptar que tengo la habilidad para pelear. Acepto que tengo la valentía necesaria para enfrentar las cosas que me atemorizan. Acepto que haya personas que dependen de mí y de mis acciones, no los voy a decepcionar. Sé que tengo la fortaleza necesaria. Sé que puedo ser un héroe.
Gabriel sumó su propia voz. Acepto que puedo controlarme y organizarme. Acepto que está bien sentir miedo algunas veces. Acepto que tener muy en cuenta los sentimientos de los otros es tan importante como hacer aquello que es correcto. Amo a mi familia y a mis amigos y acepto que no hay nada de malo en tener que depender de otros en ciertas ocasiones. Acepto que no está bien obligar a los demás a ver las cosas como las veo yo. Acepto que puedo amar a los otros tal como son, con sus virtudes y defectos.
oOo
Silas se despertó sobresaltado, algo estaba pasando. El aire se sentía pesado, cargado. Se levantó y salió de su cuarto. Se quedó paralizado al ver lo que estaba ocurriendo. Sintió asombro, desazón y un cosquilleo de miedo en el estómago y en el pecho.
Un suave resplandor blanco unía la puerta de Gabriel y la ventana al exterior. Las manos de Harry se tendían para recibirlo y Gabriel, ahora transformado en una especie de espectro, volaba hacia Harry y las aferraba. Las manos se iban retirando poco a poco llevándose a Gabriel con ellas.
Gabe…, logró articular Silas con voz ronca. ¿¡Pero qué diablos estaban haciendo?! Conocía perfectamente la respuesta, sabía muy bien qué estaba pasando… Harry aceptaba de regreso a una parte de él que en su momento había separado. Silas no sabía por qué razón estaba ocurriendo en ese momento, no sabía qué lo había inducido… pero de repente se sentía muy niño e inseguro. Había estado con Gabriel durante tanto tiempo… no sabía qué iría a pasar en adelante… sin Gabriel…
Sy…, las voces de Gabriel y Harry sonaron juntas, solapándose pero todavía distinguibles una de la otra. Todavía voy a estar acá para decirte que tenés que dormir más y ya no vas a poder esconderte. Ambos rieron con una risa que sonó muy misteriosa. Vas a tener que participar más que hasta ahora para mantenerme/nos en vereda. Vas a tener que expresar tus ideas en voz alta y vas a tener que tomar decisiones conmigo/con nosotros. Yo/nosotros te queremos y nos preocupamos por vos. Es necesario que empieces a interactuar más con el mundo. Vos sos el me/nos equilibra. Las voces dejaron de ondear una sobre la otra y confluyeron en una sola, entera, segura. Silas vos sos una parte de mí, somos iguales. Te necesito, Sy. Siempre te voy a necesitar.
Hubo un destello de luz y Gabriel se fue. La sala sufrió un temblor, Silas tambaleó. Estalló un estruendo como de huesos que se quiebran, como de piedra chocando contra piedra. La intensidad de la luz creció abruptamente hasta encandilarlo y luego disminuyó igual de rápido. Boy lanzó un chillido aterrado. Silas alcanzó a oír la espeluznante y estridente carcajada de Demon y al instante siguiente se desmayó.
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Después del toque de queda, Neville fue avisarle a Severus que Harry no había vuelto. Llamaron a Remus y los tres se repartieron por el castillo para buscarlo. Severus lo encontró inconsciente en el aula en desuso unas horas después.
De inmediato lo llevó en brazos a los subsuelos. Lo acostó en el sofá y procedió sin demora a usar encantamientos diagnósticos. No detectó nada demasiado preocupante. Si bien la presión sanguínea estaba algo elevada y la respiración era más débil que lo normal.
Escribió una breve nota para Lupin y envió a su halcón a que se la llevara. Una vez cumplida esa parte volvió al lado de Harry. Juzgó sensato no usar un encantamiento para forzarlo a reaccionar. Se sentó a esperar. Aprovechó para pensar, si Harry no se despertaba a tiempo para la primera prueba iba a haber un gran revuelo y muchas preguntas que contestar.
Lupin y Neville llegaron poco después, los dos casi sin aliento. Severus les dijo que no tenía la menor idea de lo que había pasado y que por el momento sólo había que esperar. Los otros dos se sumaron a la vigilia. Neville se sentó en el suelo junto al sofá y le tomó una mano a Harry. Remus tomó asiento en una de las sillas. Permanecieron en completo silencio a medida que iban transcurriendo las horas.
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