Mente rota, alma quebrada

Avances y retrocesos

Harry se despertó y soltó un gruñido dolorido, masajeándose las sienes miró alrededor, se sorprendió sólo a medias de encontrarse en el sofá de Severus. Su empatía le hizo saber que Severus dormía todavía en su cuarto.

Un Tempus le reveló la hora, las cinco pasadas.

Tenía los escudos muy bajos. Cerró los ojos y se concentró para ocluir. Después de unos minutos se dio cuenta de que no podía. Abrió los ojos y frunció el ceño. No iba a poder asistir a clases si no podía levantar las barreras.

La imagen de antes ya no te sirve, dijo Silas con tono divertido. Probá con algo distinto.

Vos que sos tan bueno para esto, ¿no podrías hacerlo por los dos?, gimoteó Harry.

No. Ahora dejá de quejarte y buscá una imagen mejor, lo regañó Silas.

Ya, ya… tampoco es para tanto.

Volvió a cerrar los ojos. Seguía gustándole la imagen del cielo, pero quizá sin las nubes algodonosas… necesitaba algo más enérgico… las reemplazó por nubarrones oscuros… podía oler la lluvia que cargaban… y que empezaron a dejar caer… ¡un chaparrón de verano!... ¡perfecto!

Para nada mal, admitió Silas.

Gracias, Sy. Pero me di cuenta de que me ayudaste.

Sólo un poquito. Y ahora estás manteniendo los escudos solo.

¿Cómo están las cosas ahí adentro? ¿Hubo daños? Es realmente fastidioso que yo no pueda entrar y hablar con vos cara a cara.

Diría que casi es mejor que sea así. Y ya sabés que el anfitrión no debe saber lo que pasa afuera cuando está adentro.

Sí, ya sé.

Harry se levantó, fue hasta el escritorio y tomó asiento. Sacó una hoja de pergamino, tomó una pluma y se puso a escribir. Presumía que Sirius estaría muerto de preocupación. Le contó detalladamente todas las instancias del enfrentamiento con el dragón. No mencionó, sin embargo, que había ayudado a dos de los otros campeones. Temía que la carta pudiera ser interceptada. Durante todo el proceso de redacción sonreía de oreja a oreja.

Vos sí que no tenés remedio, acotó Silas con resignada exasperación.

Oh, callate… , replicó Harry sin dejar de sonreír. Lo del dragón fue muy divertido. Y habría sido incluso mejor si no me hubiera dolido tanto la cabeza.

¿Cómo sigue ahora?

Todavía me molesta un poco pero no es nada comparado con lo de ayer.

Mejor así… vamos a hacer todo lo posible para sacarte esa maldita corona cuanto antes.

Lo sé.

—¿A quién le estás escribiendo? —preguntó Severus que en ese momento salió de su dormitorio, ya vestido.

Harry se volvió y le sonrió. —A Sirius, contándole sobre la prueba. Se lo había prometido y no quiero que se preocupe pensando que me morí o algo así.

Severus no se molestó en disimular su irritación. —Vení, vamos a desayunar.

—Sí, señor. —respondió Harry con humor, firmó la carta, la plegó y luego fue a sentarse a la pequeña mesa con Severus. —Ahora me explico por qué nunca comés durante el desayuno y te pasás todo el tiempo vigilándonos con el ceño fruncido y ojos de halcón. Desayunás antes.

—El comportamiento de los alumnos durante el desayuno es un buen indicador de las fechorías que pueden haber planeado perpetrar durante el día. La gran mayoría están sólo despiertos a medias, pero si hay alguno que se muestra inusualmente entusiasta o energético es seguro que está tramando líos. —explicó Severus con tono casual tras un sorbo de té.

Harry rió y siguieron comiendo en silencio acompañado, como era habitual cuando comían juntos. Cuando hubieron terminado, Severus le indicó con un gesto que fuera a sentarse al sofá. A Harry no le llamó la atención en absoluto, sonrió, casi se sentía como si estuviera de vuelta en la casa.

—¿Notaste algún cambio con respecto a los recuerdos de Rose? —preguntó Severus una vez que estuvieron sentados.

—Sí y no. —contestó Harry encogiéndose de hombros— Esos recuerdos todavía me despiertan sentimientos contradictorios, pero ahora me siento mucho más enojado con mi tía. Es algo que nunca llegué a manejar del todo bien. Me hacen sentir incómodo… y duele un poco. Pero más que nada, lo que quiero es superarlo y seguir adelante. Aunque nunca pueda olvidar cómo me trataron y el daño que me causaron, no quiero obsesionarme con eso, tengo problemas mucho más importantes que debo enfrentar.

—Eso sonó sorprendentemente maduro. —dijo Severus con tono divertidamente provocativo.

Harry rió y se encogió de hombros. —Quizá…

—¿Querés que practiquemos un poco de lucha? —invitó Severus alzando una ceja.

—Me encantaría.

oOo

Siguieron con las dagas como en las últimas prácticas. Severus notó que Harry no había perdido nada de su destreza, pero la intensidad era diferente. Gabriel siempre había peleado como si estuviera en un combate real, el nuevo Harry se mostraba más controlado. Privilegiaba el aprender sobre el ganar. Probaba diferentes lances aunque fueran menos agresivos que otros para poder dominarlos mejor.

A Severus le agradó el cambio, si bien esperaba que en batallas reales Harry mostrara la agresividad instintiva y el mismo empuje de Gabriel. Otra cosa que había cambiado con la integración era que Harry ahora apreciaba los elogios, a Gabriel sólo le había importado ganar, pero el rostro de Harry se iluminaba ahora cada vez que Severus le hacía notar que había hecho algo muy bien.

Otros cambios consecuencia de la integración ya irían analizándolos más adelante, pero por el momento todo parecía indicar que la unión había sido muy positiva para la salud mental y emocional de Harry. Lucía mucho más fuerte y actuaba con mayor seguridad. Daba la impresión de que ya no lo preocupaba la cuestión de anfitrión o núcleo. Se sentía cómodo así como era.

oOo

—¿Me harías el favor de mandar ésta? —preguntó Harry tendiéndole la carta.

—Si no hay más remedio. —se avino Severus con una de sus habituales muecas.

Harry sonrió y partió corriendo hacia el Gran Salón. Por el camino, Silas le susurró una excusa para contarles a los Gryffindor de modo de justificar su ausencia la noche anterior.

¡Eso me va a hacer quedar pésimo!, protestó Harry.

Pero resultará efectivo. —insistió Silas.

Naturalmente las preguntas brotaron de las bocas de sus amigos apenas tomó asiento.

—Dumbledore quería hablarme sobre el torneo, yo estaba exhausto y me quedé dormido en su despacho.

—Ooh… ¡pobrecito Harry! ¿El dragón fue demasiado para vos? —arrulló Fred.

—¡Oh, callate! —intervino Lee Jordan dándole un empujón en el brazo— Vos en su lugar habrías terminado como almuerzo del dragón.

—¡Uy, qué agresivo sonó eso! —se quejó George haciendo un puchero y conteniendo la risa.

—¿Ya abriste el huevo para ver lo que hay adentro? —preguntó Ron.

—No todavía. —contestó Harry— Pero lo tengo acá. —rebuscó un poco y lo sacó de la mochila.

Muchos Gryffindors se acercaron y lo rodearon para verlo de más cerca.

—¡Abrilo, Harry! —lo animó uno de séptimo.

—¡Sí, Harry, abrilo! —lo urgieron varios más a coro.

Harry así lo hizo y un alarido estridente y ensordecedor inundó todo el salón. Todos se taparon los oídos espantados, Harry se apresuró a cerrarlo. Se produjo de inmediato un profundo silencio. Todos los de las otras Casas se habían dado vuelta y lo miraban con reprobadores ceños fruncidos, y también los profesores.

—¿Que creen que haya sido eso? —preguntó Hermione unos minutos más tarde cuando ya todos había retomado la comida.

—No tengo idea. —dijo Seamus— Pero fue terrible.

La profesora McGonagall se acercó en ese momento. —Señor Potter, deberá llevar eso al dormitorio antes de ir a clase. —ordenó muy seria— Y recuerde que debe descubrir la clave por su cuenta y sin ayuda.

—Sí, señora. —respondió Harry sonriéndole dulcemente.

La profesora soltó un breve bufido y se alejó.

—Los veo más tarde en clase. —dijo Harry poniéndose de pie y partió raudo hacia la Torre.

oOo

Esa noche, Silas y Neville bajaron a los subsuelos furtivamente. Tal como se lo había indicado Severus disimuladamente cuando terminaron de cenar.

Cuando Severus los hizo pasar, Remus ya estaba allí. Se veía muy cansado, la luna llena ya estaba próxima.

Severus fue el que abrió la conversación cuando todos estuvieron sentados. —Tenemos que buscar formas de protegernos de las varias amenazas que han surgido últimamente. Y la principal en este momento es Dumbledore.

—Estoy de acuerdo. —gruñó Remus.

—Yo ya le he creado algunos inconvenientes que lo han mantenido ocupado, pero no tan ocupado como sería conveniente. Se me ocurrió una estrategia para lograr que los ministros de Francia y de la Confederación escandinavo-germana presenten protestas debido a que Hogwarts tiene dos campeones compitiendo.

—Pero ya lo saben desde hace cinco semanas. —dijo Remus frunciendo el ceño— Si no han protestado hasta ahora…

—En política, un mes no es tanto tiempo.

—¿Y cómo haríamos para inducirlos a protestar? —preguntó Silas.

—No será tan difícil. Y yo tengo contactos… pero será preciso que Harry declare públicamente que él sí puso su nombre en el Cáliz. Ése sería el mejor detonador.

—Entiendo. —dijo Silas— Tenemos una entrevista con la señora Silverwood el sábado, la ocasión será ideal para cambiar mi versión.

—Excelente. —asintió Severus.

—Yo tengo una pregunta que tiene que ver con otra cosa. —intervino Neville— ¿Qué va a pasar con las formas animagus de Harry ahora que se produjo la integración? ¿Va a poder seguir transformándose en puma y en ciervo?

—Creo que no. —respondió Silas— Rose no tiene una forma animagus propia. El ciervo es el que representa a Harry después de haber integrado a Rose. Esas dos formas, el ciervo y el puma también se integrarán en una distinta que refleje la nueva personalidad.

—Y vos no habrías sido una serpiente si no hubieses integrado a Kitten. —apuntó Severus.

A Silas le cayó muy mal el comentario de Severus y no se molestó en disimularlo, le lanzó una mirada feroz. —Así es. —fue todo lo que dijo.

Neville y Remus intercambiaron una mirada extrañada.

—¿Cómo va el asunto de la transferencia del encantamiento de Dumbledore? —preguntó Neville para aflojar la tensión que se había generado de golpe.

—Tenemos casi todo resuelto, excepto un par de detalles… —informó Remus con algo de decepción en el tono.

—Pero los solucionaremos en el corto plazo. —dijo Severus con determinación— Lupin y yo seguiremos trabajando en eso, ustedes ya pueden volver a los dormitorios.

oOo

Al día siguiente cuando bajaba las escaleras, Harry sintió de manera repentina una intensa presión en el pecho y tuvo que apoyarse contra la pared para no caerse. ¡Algo serio le pasaba a Neville! Era jueves y todos los jueves Neville tenía clase con Rowena antes de la cena. Trató de recomponerse y alejó el pánico que amenazaba con invadirlo. Dejó que su empatía lo guiara, lo condujo hasta el baño de varones de la planta baja.

Neville estaba sentado en el suelo en un rincón, en una mano tenía una navaja, el brazo sangrante estaba sobre la falda. Harry se le acercó jadeante y se le arrodilló a un metro de distancia más o menos. —Nev… —articuló con dificultad— ¿Qué es lo que te pasa hermano?

Las lágrimas cubrían las mejillas de Neville. La mano con la navaja se desplazó de nuevo al antebrazo y empezó a acariciar la superficie de la piel con la hoja. Harry se mordió el labio pero no trató de detenerlo. Podía percibir las filosas y arrebatadas emociones de Neville, si lo sobresaltaba no sabía qué podía llegar a pasar. Permanecieron unos minutos en silencio, en dos oportunidades las miradas se cruzaron, pero Neville apartó el rostro de inmediato.

Finalmente Neville empezó a estremecerse como si de repente se hubiese despertado. Bajó la mirada al brazo como si lo viera por primera vez. Harry podía sentir la decepción que experimentaba… pero también resignación. —Perdón por haberte preocupado… creo que ya me siento mejor…

—No, no es así. —dijo Harry con voz muy suave— Perdoname vos a mí, Nev, yo debería haberme dado cuenta antes de que las cosas no iban bien. Yo… —dijo y bajó la vista y se frotó las manos nervioso— …creo que no me comporté como un buen hermano…

—¡Pará con eso! —reaccionó Neville con brusquedad. Se puso de pie y murmuró un encantamiento para hacer limpiar la sangre. —Esto no tiene nada que ver con vos.

—Perdón… —repitió Harry, no sabía qué decir ni qué hacer para arreglar el problema. —Por favor, Nev, por favor… no me apartes, no me hagas a un lado. Hablá conmigo… estoy aquí para escucharte…

Neville soltó un largo suspiro. —No sé si puedo explicarlo…

—Tratá… —susurró Harry, le costaba hablar, estaba haciendo un gran esfuerzo para contener las lágrimas.

—No puedo… es mejor que te vayas y me dejes solo…

Harry se echo a reír. Neville lo miró extrañado. —Eso fue lo que me dijiste el año pasado, cuando te encontré a punto de matarte por el asunto de las contraseñas. Me dijiste que me fuera pero yo no quise, no podía… y ahora tampoco puedo.

Se incorporó y estiró una mano ofreciéndole apoyo pero no se animó a tocarlo. —Por favor, tenés que contarme… de lo contrario no puedo ayudarte.

Harry… —empezó decir, pero se interrumpió sacudiendo la cabeza. Se dio vuelta, se apoyó contra la pared y reanudó el llanto.

Harry decidió que lo mejor era no decir ni hacer nada, se apoyó él también contra la pared y esperó. Neville sabía que seguía allí, apoyándolo… dispuesto a escucharlo.

Transcurrieron varios minutos hasta que Neville habló.

—Es… la Tierra… dentro de mí… la estuve rechazando durante mucho tiempo porque… porque es como una presencia descomunal… como algo vivo y consciente… que se abre ancho y profundo como un abismo… y que quiere tragarme.

Neville suspiró. Se deslizó contra la pared hasta quedar sentado en el suelo otra vez. Harry se le sentó al lado, su hombro apenas tocando el de Neville.

—Pero ahora ya no puedo ignorar esa presencia… porque tengo que trabajar con ella… dentro de ella… y es duro, es muy duro, Harry… ser consciente, muy consciente de algo que es tan inmenso… infinitamente más grande que yo… más grande que la magia misma… ¿y se supone que deba hundirme en eso y después volver…?

Dejó oír una risa sombría. —No es como nada que pueda describir… supongo que se podría decir que es como morir… que cada vez que tengo que volver es como si rechazara lo más precioso del mundo… pero cuando estoy de regreso vuelve a transformarse en un abismo insondable que quiere tragarme… y sé que tengo que volver unos días después y que será como morir otra vez. Los efectos remanentes de cada incursión persisten varios días… —bajó la cabeza y se mesó los cabellos— Cortarme… me ayuda… espanta esos residuos más rápido… me ayuda a volver a ser humano, supongo.

—Neville… ¿no hay nada que podamos hacer? ¿Rowena no te ha enseñado cómo hacer para que las cosas sean más fáciles? No puede estar bien que esto sea tan… horrible para vos.

—No sé… —respondió Neville con voz angustiada— Ella dice que irá mejorando con el tiempo, a medida que me vaya acostumbrando.

—¿Vos le dijiste claramente lo difícil que te resulta?

—No sé si tan claramente, pero ella se da cuenta de todo lo que me esfuerzo y de lo mucho que me cuesta… Mira, Harry, —agregó separándose un poco— yo sé que tus intenciones son las mejores y sé que no podría tener un mejor hermano que vos… pero no creo que vos me puedas ayudar con esto. Lamento que lo hayas descubierto. Seguramente Rowena tiene razón y las cosas mejorarán con el tiempo. —dijo poniéndose de pie— Estoy cansado, me voy a dormir… —bajó la cabeza y apretó los puños— Por favor… no le digas nada a Remus, que me encontraste cortándome… él cree que ya no recurro a esto… apreciaría mucho que no le dijeras nada.

—Pero, Nev…

—Por favor, Harry, es todo lo que te pido.

—Está bien. —concedió Harry. Detestaba tener que prometerlo pero no le quedaba otra opción. Si Neville había decidido no confiar en nadie más, lo peor que podía hacer era traicionar esa confianza… se quedaría sin nadie a quien recurrir. —No voy a decírselo pero, ¿vas a volver a hablar conmigo sobre esto otro día?

—Si, claro. —respondió él exhausto y se marchó.

Harry se quedó sentado muy abrumado y sin saber qué hacer. Consideró contárselo a Severus, pero rechazó la idea de inmediato, Severus se lo diría a Remus y eso sería igual que traicionar a Neville. ¡Pero algo tenía que hacer! ¡Neville estaba sufriendo! ¡Tenía que conseguirle algún tipo de ayuda!

—Buenas noches, Harry.

Harry soltó un grito y se puso de pie sobresaltado. —¡Rowena! ¡Me asustaste! ¡La próxima vez hacé algún ruido!

—Perdón. —dijo ella sonriendo culpable— Pero tenía que hablar con vos sin demora. Oí lo que Neville te contó. Lo he estado vigilando. Sabía que había retomado el hábito de cortarse, sabía que algo iba muy mal… pero él nunca se confió abiertamente conmigo… de hecho estaba esperando que en algún momento te lo contara a vos.

—Pará un poco… son muchas cosas juntas… y yo no puedo sentir nada de tus emociones… y eso es muy raro…

—Bueno se podría decir que no estoy realmente acá, éste no es mi cuerpo sino una proyección, el castillo es mi cuerpo. Y supongo que mis emociones están demasiado dispersas como para que alcances a percibirlas. Pero esa cuestión no es importante… ¡lo importante es Neville!

—¿Vos creés que podés ayudarlo? —preguntó Harry esperanzado.

Ella frunció el ceño y pareció turbarse, lo cual era muy extraño porque siempre lucía muy compuesta. —No tengo la certeza… el problema es que Neville es el primer elemental que he conocido en los últimos doscientos años. En aquellas épocas se consideraba muy valiosos a los elementales, cuando alguien mostraba algún indicio de poseer esta magia tan especial se hacían pruebas para confirmar la sospecha, siempre se los ha detectado en los primeros años de vida y se los educaba en la magia elemental desde muy chiquitos. Lamentablemente, no fue ése el caso de Neville.

—La magia elemental de Neville es muy, muy poderosa. Quizá porque demoró mucho en reconocerla y se concentró. Lo que sí sé es que es la causa de sus problemas. Le tiene miedo y lo hace sentir incómodo. La Tierra tiende a tragarlo porque no hay otra forma… Neville no se distiende… no permite que la incorporación sea apacible… si no es brusca y abrumadora la rechaza.

—¿Y desde que empezó las clases con vos ha habido alguna mejora? —preguntó Harry con tono desesperado.

—No precisamente…

Harry se quitó los lentes y se frotó los ojos. —¿Qué podemos hacer?

—¡No sé! —se lamentó Rowena— Todo lo que yo puedo hacer es enseñarle a acceder a su magia. La Tierra lo reclama. Ya no puede ignorarla. Pero incluso ahora que sabe que su forma animagus es un árbol, no quiere seguir estudiando para poder transformarse algún día. No encuentro ninguna forma para mitigar sus miedos. En realidad no sé bien qué es lo que siente porque yo no soy un elemental. Yo sólo los estudio. Él necesita a alguien de su misma clase. ¡O podría terminar destruyéndose!

—¿Qué querés decir? —preguntó Harry estremeciéndose.

—La magia elemental es compleja. Totalmente distinta de la magia estándar. Es una fuerza, una voluntad, una presencia y una entidad, pero no humana. Y Neville podría terminar perdiéndose en ella. Todas las veces que practicamos queda extremadamente agotado. Temo que en algún momento deje de resistir y se deje llevar… que no regrese a su humanidad… lo perderíamos y su cuerpo moriría.

—¡No! —gritó Harry sacudiéndola— ¡No voy a permitir que se muera! Vos dijiste que necesita la ayuda de otro… ¡tiene que haber una forma de encontrar a otro!

—No lo hay. Lo siento, Harry. Ya habría procurado traerlo si lo hubiera. Hay encantamientos que permiten confirmar si alguien es un elemental, pero no se conoce ningún encantamiento para localizarlos.

—Pero algo debe poder hacerse… al menos devolverlo a como era antes… su magia era débil pero no estaba en peligro de muerte.

—Podría servir durante un corto tiempo, pero su magia ya se ha despertado y terminaría reclamándolo. Lamento decirte que ya no es posible la vuelta atrás.

—¡No me vengas con eso! —aulló Harry— ¡Algo tenés que hacer! ¡Esto es tu culpa!

—Lo sé. —gimió ella con ojos llorosos— ¡Y mucho lo lamento!

—No es culpa de ella.

Harry se dio vuelta al sonido de la voz. Salazar estaba apoyado como al descuido contra la pared. Harry lo taladró furioso con la mirada.

—Ella quería ayudar. Pero mal podía prever que su mente era tal lío.

—¡Su mente no es un lío! —aulló Harry.

—Sí, que lo es. Y no es algo de ahora. Sus tendencias autodestructivas vienen de mucho antes y vos lo sabés muy bien. —le recordó impiadoso.

—¡Salazar Castle! ¡Mostrá mejores modales y algo de compasión! —le recriminó Rowena furiosa— ¡Harry y Neville están pasando por momentos muy duros y merecen mayor consideración!

Cruzó los brazos de una forma que a Harry lo hizo acordar de Hermione.

—Ahora bien, yo sé que no soy la causa de los problemas del chico, pero no fue beneficioso que lo empujara a algo para lo que no estaba adecuadamente preparado. Estaba tan entusiasmada e intrigada de que fuera un elemental que no me detuve con prudencia a considerar plenamente su estado mental y emocional. Tampoco le presté la debida atención al hecho de que la mayoría de los elementales que han existido crecieron sabiendo de su poder y Neville en cambio no se enteró hasta los catorce. Cometí un grave error y como consecuencia un alumno resultó perjudicado. Me corresponde hacer todo lo que pueda para subsanar mi falta y, por extensión, todos los otros espectros están obligados a ayudar. Nosotros somos Hogwarts y dañar a un alumno es inadmisible. Le debemos resarcimiento a Neville.

—Estoy de acuerdo. —dijo Salazar, si bien frunció el ceño.

—Estoy de acuerdo. —dijo otra voz.

Un nuevo chico se había materializado al lado de Salazar. Se veía algo somnoliento. Tenía cabellos castaños y ojos color avellana. Las cejas eran muy pobladas y los labios finos. Era por lo menos cinco centímetros más alto que Salazar. El rostro no era precisamente risueño, más bien tirando a serio y severo, como el de Percy. Era Godric, naturalmente, y estaba dispuesto a entrar en acción.

—Estoy de acuerdo. —dijo Helga que se materializó unos segundos después.

—Muy bien. —asintió Rowena con determinación.

—Hola, Harry. ¿Cómo estás? —dijo Helga acompañando el saludo con un movimiento de la mano.

—Voy a estar mejor, cuando Neville esté mejor.

—¿Cómo sigue la cabeza? —preguntó Salazar sonriendo.

—Mejor. —respondió Harry revoleando los ojos.

—Entonces, —dijo Helga— ¿qué es lo que vamos a hacer por Neville?

—Necesitamos planear bien las cosas. —intervino Godric— Rowena, ¿cuáles son las opciones? Yo no sé nada sobre el asunto.

—No estoy segura de cuáles sean nuestras opciones. El objetivo es que Neville acepte su magia y que pueda controlarla. Por el momento es algo que supera sus posibilidades. ¿Podrías manipular las defensas para que reproduzcan lo ocurrido en la última media hora?

Godric asintió y pudieron observar a Neville cortándose, luego la conversación con Harry y la de Harry con Rowena. A Harry volvieron a llenársele los ojos de lágrimas.

—Pobre Neville. —se lamentó Helga— Rowena tiene razón, necesita un mentor que sepa por lo que está pasando.

—Lamentablemente eso no va a ser posible. —señaló Salazar.

—No tiene que ser un elemental necesariamente. —dijo Godric— Necesita a alguien que tenga acceso a magia muy poderosa y que sepa como controlarla.

Harry creyó entender a quién se refería y reaccionó ofuscado. —¿Dumbledore? ¡De ninguna manera! ¡No voy a permitir que ese hijo de puta se acerque a Neville!

—Podría salvarle la vida. —razonó Godric.

—Dumbledore te está creando problemas porque le conviene, —dijo Salazar— pero de Neville… ¿que ventaja podría obtener?

—No. —repitió Harry inflexible.

—Está bien, no… —aceptó Godric— Entonces tendrá que ser otro igual de poderoso…

—¡Ya sé! —exclamó Helga— ¡Merlín! ¡Él sí que era poderoso!

—Merlín se murió hace más de mil años, rubia. —dijo Salazar sonriendo con sorna.

—Podríamos hablar con su espíritu. —argumentó ella sonriendo. El comentario irónico no le había provocado ningún menoscabo.

—Convocar a los que en paz descansan no es tarea sencilla. —dijo Rowena— Podría ser peligroso y requeriría mucha investigación y esfuerzo… y tiempo. Pero si nos vamos a embarcar en eso lo mejor sería convocar a un elemental o al menos a uno que haya conocido muy bien a uno. Voy a investigar por ese lado.

—¿Ésa es la única opción? —preguntó Harry.

—Por el momento, sí. —contestó Godric— Pero seguiremos pensando, algo más puede surgir.

—Creo que deberías decírselo a Snape y a Lupin. —aconsejó Helga— Se trata de algo realmente muy serio. No tenés derecho a ocultárselo. Lupin quiere mucho a Neville, querría ayudarlo con todo su corazón y al máximo de sus posibilidades. Y Snape te quiere mucho a vos, querría estar enterado de algo así que tanto te afecta. Y creo que también quiere a Neville.

—Yo le prometí que no diría nada.

—Harry, tesoro… —Helga se le acercó y le rodeó los hombros con un brazo— Neville se está muriendo. Pensá si las cosas fueran al revés… ¿Te gustaría que ellos te ocultaran algo tan crítico? ¿Cómo te sentirías?

—Horrible y muy enojado.

—Debés decírselo entonces. Ellos te ayudarán y ayudarán a Neville.

—Está bien, se lo voy a decir. —se rindió Harry, los ojos le ardían.

—Pero no estás en condiciones de recorrer medio castillo… te voy a crear una puerta directa a los aposentos de Snape.

—¿Vos podés hacer eso? —preguntó Harry sorprendido.

—Por supuesto. Yo diseñé este castillo. Y la arquitectura es mi especialidad. Incluso cuando duermo me ocupo de hacer cambios y mejoras.

—Y le encanta jugar con las escaleras. —apuntó Salazar con mala cara.

—¿Y esto no va a interferir con las defensas? —preguntó Harry con curiosidad.

—Con defensas mediocres, quizá. —dijo Godric alzando una ceja— Mis defensas son las mejores, crecen y se desplazan y se adaptan a cualquier cambio.

—Ah… —dijo Harry que en realidad no sabía si entendía o no.

Helga se concentró unos segundos y apareció una puerta en la pared. —Aquí está tu acceso rápido… se desvanecerá en cuanto la hayas pasado… y respecto del asunto de Neville seguiremos pensado y te comunicaremos cualquier novedad.

—Muchas gracias. —dijo Harry y saludó a todos con una breve reverencia antes de cruzar la puerta.

—Tendrías a bien explicarme por qué mi pared se derritió de esa forma. —preguntó Severus cuando lo vio acceder.

—No se derritió… y ya quedó como antes. Helga la creo para mí porque…

Harry se interrumpió y se puso muy serio. —Severus, algo horrible le está pasando a Neville y el castillo siente que está en deuda con él. Ahora todos se despertaron y van a ayudar sin pedir nada a cambio porque Neville… ¡se está muriendo!

La última parte fue casi un alarido. Severus se le acercó de inmediato y lo agarró de los hombros. —Decime qué fue lo que ocurrió.

Le contó todo entre lágrimas de llanto. El rostro de Severus se iba tornando cada vez más sombrío a medida que escuchaba. Cuando terminó el relato, le ordenó a Harry que tratara de calmarse y que se concentrara en la respiración y fue a buscar una poción tranquilizante.

Harry trató de obedecer pero le resultaba muy difícil, la ansiedad por lo de Neville era tan arrolladora.

¿Sy?

Estoy acá… sólo que no sé qué decir…

Pero vos sos inteligente, ¡seguro que podés pensar algo!

¡Es que en este momento no se me ocurre nada!

Perdón…

No… yo estoy tan conmocionado como vos. Neville es importante para vos y eso lo hace importante para mí. Es posible que yo no sea tan íntimo con él, pero no quiero que sufra daño… no quiero verlo sufrir. Pero estoy seguro de que con tanta gente dispuesta a ayudar algo vamos a encontrar.

Eso espero, dijo Harry con una débil sonrisa.

Severus regresó y le tendió el frasquito. Harry se bebió la poción.

—Me pone contento que hayas venido mí y me lo hayas contado.

Harry se limitó a asentir pero no agregó nada más.

—Voy a conversar sobre esto con Lupin. Por el momento vos no podés hacer nada más. Volvé a la Torre, te hace falta descansar.

—Sí, señor.

—Hablá con Neville, pero no lo presiones. Y no le digas nada sobre la cruzada de los fantasmas de Hogwarts para ayudarlo. Al menos no hasta que decidamos cuál es la mejor vía de acción.

—Entendido.

—Reunámonos de nuevo el sábado. En la Torre de Astronomía, andá con Neville. Quizá podamos hacerlo olvidar de sus problemas por unas horas.

—¿Algo que ver con la poción animagus? —aventuró Harry.

—Así es. Sé que Neville siente gran curiosidad por saber cuál es tu nueva forma animagus.

—Y no es el único… —dijo Harry riendo.

—Buenas noches, Harry.

—Buenas noches, Severus. Gracias.

Entró a la sala común de Gryffindor unos minutos antes del toque de queda. Sus amigos estaban reunidos junto a la chimenea. Harry esquivó las preguntas sobre dónde había estado diciéndoles que había salido a dar un paseo para reflexionar sobre el misterio del huevo. Hermione le recomendó admonitoria que paseara menos y que investigara más en la biblioteca. Ron y los mellizos salieron en su defensa. Harry sonrió y los dejó discutir, era bueno que Ron y él fueran de nuevo amigos… pero lo de Neville lo seguía preocupando mucho.

oOo

El sábado a la mañana muy temprano, antes del desayuno, Silas se encaminó hacia el estadio de quidditch. Hacía mucho frío, había helado durante la noche y los pastos estaban blancos.

Alguien lo esperaba sentada en una de las tribunas techadas.

—Señora Silverwood. —saludó Silas con una estudiada reverencia.

La mujer aparentaba alrededor de treinta años, varios menos que Skeeter. Tenía cabellos color miel y grandes ojos marrones. Su figura era grácil y su atuendo sencillo pero elegante.

—Señor Potter, le agradezco mucho haberme invitado. —le dijo sonriéndole. Silas, sonrió a su vez muy satisfecho, todo indicaba que había sabido elegir bien a quien lo representara a través de la prensa.

—Soy yo el que debo agradecerle. Quiero que el público reciba información objetiva sobre mi persona. Lamentablemente hasta ahora sólo se han publicado especulaciones maliciosas sin fundamento.

Silas agitó su varita para crear un entorno templado alrededor de ellos. La periodista lo miró muy bien impresionada.

—Es mi intención cederle a Ud. y a El Semanario de las Brujas derechos exclusivos sobre todas mis entrevistas durante la duración del Torneo. Le voy a proporcionar información detallada sobre lo que ocurre detrás de la escena y en particular sobre lo relacionado directamente a mí. Si el público está interesado en conocer sobre mi vida prefiero que conozcan las cosas tal como son y no los infundios escandalosos que publica Skeeter con el sólo objetivo de atraer a más lectores y de autopromocionarse. ¡Esa mujer no tiene ningún escrúpulo!

—Comprendo perfectamente sus sentimientos, señor Potter.

—Harry… —dijo Silas con la más creíble dulzura que pudo reunir— Llámeme, Harry.

—Gracias, Harry. —respondió ella sonriéndole ampliamente.

—También espero que cuando se trate de temas espinosos… me permita reservarme mi opinión… hay cuestiones que prefiero no tocar más allá de algún comentario muy general. Skeeter no tuvo ningún tipo de consideración. —agregó con voz dramáticamente compungida— Me atacó cuando yo no quise hablar sobre mis padres. ¡Tuvo que intervenir el señor director para separarnos!

—¡Qué horror! —se escandalizó ella conteniendo una exclamación— ¡Yo nunca haría algo así!

—Es lo que yo había supuesto. —dijo Silas con una sonrisa radiante— Ud. es una persona mucho más agradable.

—Gracias. ¿Podemos pasar entonces a hablar del Torneo? ¿Cómo fue que terminaste como uno de los participantes?

—Yo no puse mi nombre en el Cáliz. —dijo y bajó la cabeza avergonzado— Pero le pedí a alguien de séptimo que lo pusiera por mí. No voy a revelar su nombre. No es mi deseo crearle problemas.

—Puedo entenderlo perfectamente.

—Yo sólo… yo no quería decepcionar las expectativas de nadie. Pero no tuvo nada que ver con mis padres… ¡ni siquiera llegué a conocerlos! Pero… en segundo año, había un basilisco que se desplazaba por el castillo a través de las cañerías. Por supuesto que por entonces nadie sabía eso, todos creían que se trataba de ataques de alguien desconocido. Varios alumnos sufrieron daño… y yo colaboré para eliminar al monstruo. Uno de los alumnos más afectados fue la hermana de mi mejor amigo, Ron, naturalmente que teníamos que hacer algo. Los profesores nos recomendaron que no hiciéramos nada porque era muy peligroso, pero nosotros no les hicimos caso. Estuvimos a punto de morir, pero salvamos a Ginny, la hermana de mi amigo, y ayudamos para que el basilisco fuera destruido. ¡Y gracias a eso fue que la escuela pudo permanecer abierta!

La periodista tomaba notas y lo escuchaba con profunda atención sin perder palabra.

—Y el año pasado… estaba este individuo Black que se había escapado de Azkaban y que quería matarme… y no sólo eso, los dementors también… a mí me afectaban mucho, me desmayaba cada vez que tenía a uno cerca. Todos murmuraban sobre mí por eso y yo detestaba ser tan débil… Black pudo colarse dos veces en el castillo… en una oportunidad estuvo a punto de matar a mi amigo Ron o eso es lo que creíamos entonces, pero por lo que pasó después diría que no fue así, que la intenciones de Black eran otras… no había venido por mí… sino por la rata mascota de Ron. Yo fui testigo de cómo la rata se transformó en un hombre, un hombre al que le faltaba un dedo… y que lamentablemente se escapó… pero antes de irse, Black me dijo que ése era Peter Pettigrew y que era el que había traicionado a mis padres y el que había cometido los asesinatos por los cuales Black había sido injustamente encerrado en Azkaban.

—¡Increíble! —exclamó Silverwood anonadada. Aunque también muy complacida en su fuero interno, ¡Harry Potter le estaba proporcionando la noticia del año!

—Sé que es difícil de creer pero es la verdad. —dijo Silas, hizo una estudiada pausa y prosiguió— Así que con todo esto de asesinos amenazadores y basiliscos sueltos, cada vez que se precisan acciones intrépidas, todos se vuelven a mirarme… yo no podía hacer otra cosa sino al menos tratar de participar en el torneo. Pero ciertamente no pensaba que iba a ser elegido. Bastaba con que tratara para conformar a todos… ¡No podía creerlo cuando mi nombre brotó del Cáliz! ¡No tenía la menor idea de en qué me había metido!

Una nueva pausa, supuestamente reflexiva, aunque toda la declaración había sido cuidadosamente planificada de antemano.

—Y Cedric también fue elegido. Está en séptimo y es prefecto de Hufflepuff… alumno aplicado, excelente persona, muy popular y buen mozo además. Realmente pienso que merece competir… yo no entiendo cómo fue que yo también salí elegido. ¿Acaso no se supone que sean tres los participantes? ¡Viktor Krum es el más destacado buscador del mundo! ¡Y Fleur Delacour es muy sagaz y posee un empuje arrollador… y es bellísima! La verdad es que no sé si voy a poder ubicarme a la misma altura… creo que si me fue tan bien en la primera prueba fue más que nada por suerte. ¡Podría haber terminado muerto!

Procedió a continuación a describir detalladamente la secuencia de hechos de la primera prueba, enfatizando las instancias más peligrosas. La periodista tomó detallados apuntes de todo, estaba muy entusiasmada, esa nota podía llegar a ser muy positiva para su carrera. Cuando concluyeron, acordaron que una nueva entrevista tendría lugar el sábado previo a la segunda prueba.

Se despidieron con amabilidad y Silas regresó al castillo muy satisfecho por la tarea cumplida.

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Silas le devolvió el control cuando ingresó al hall de entrada de regreso del estadio. Hermione y Ron bajaban en ese momento y los tres juntos entraron al Gran Salón. Mientras desayunaban, Harry les anunció que esa noche les iba a poder dedicar tiempo pero que tenía ciertas cosas que hacer y que iba a tener la mañana y la tarde ocupadas. Rezongaron un poco pero se avinieron después de que Harry les rogó un rato.

Cuando terminó de desayunar, se despidió de sus amigos y subió a la Torre de Astronomía. Los profesores y Neville ya estaban allí esperándolo. Neville lucía pálido y distante pero se las arregló para sonreírle cuando Harry se les reunió en la terraza almenada. Remus lucía algo tenso, Severus le había hecho prometer que no confrontaría a Neville por el momento, Neville no debía saber todavía que ellos estaban al tanto.

—¿Estás listo? —preguntó Severus.

—Sí. —respondió Harry sonriendo— ¿No va a haber problemas con el hombre lobo?

—Estamos preparados. —respondió Severus y le tendió el frasco de la poción.

—¿Cómo se te ocurrió guardar lo que había sobrado?

—Sospeché que podríamos llegar a necesitarla cuando cada alter adoptó una forma animagus distinta… pero por otro lado, nunca desecho una poción antes de que esté vencida. —contestó Severus sarcástico.

Remus y Neville se rieron, Harry amplió la sonrisa.

La transformación comenzó unos segundos después de que bebió un trago de la poción. Se completó un minuto después.

Harry se había transformado en un potrillo. Tenía pelaje ruano castaño rojizo, la parte inferior de las patas, blanca y un rombo también blanco en la frente. La melena castaña era larga y se sacudió en el aire cuando movió varias veces la cabeza. Trotó un poco alrededor de la terraza, los cascos repicaban en el suelo de piedra. Tenía el cuerpo musculoso pero esbelto, todo indicaba que sería muy veloz. Era bellísimo.

—¡Sos precioso, Harry! —exclamó Remus sonriendo. El potrillo se le acercó y le rozó suavemente el pecho con la nariz. Luego se volvió hacia Neville y se dejó acariciar. Un minuto después los cambios se reanudaron, antes de que la víbora se conformara por completo, Severus ordenó: —Vamos, ya saben lo que viene y debemos ponernos a resguardo.

Los tres entraron y Severus aseguró la puerta. —Bueno, un caballo tiene mucha semejanza con un ciervo. —comentó Remus mientras esperaban.

—Cierto. —dijo Neville— Pero el caballo es menos tímido y más confiado.

—Así es. —dijo Severus— ¿Y qué es lo que representa el roble? Nunca me entregaste el trabajo que te había asignado… si bien sé que Harry cree que sí lo hiciste.

—Yo… —empezó a decir Neville, de repente se había ruborizado y un brillo de pánico se le había despertado en los ojos— …todavía no alcanzo a entender cómo es que un árbol puede ser el animal interior de alguien.

—Animagus no viene de animal, sino del latín anima, esto es, alma. —dijo Severus— Tu forma animagus es la representación de tu espíritu y de tu magia. Tu caso es especial porque tu magia es especial. Sugeriría que pusieras más esfuerzo para entender lo que tu forma animagus está tratando de revelarte.

—Sí, señor. —aceptó Neville resignado.

—No vas a descubrir nada malo, Neville. —lo animó Remus— Yo puedo ayudarte si vos me lo permitís. Creo que el roble es muy buen árbol y debe ser muy rico en significaciones.

Neville asintió sonriendo. —Gracias.

—Para mí será un placer. Últimamente estuvimos muy ocupados y hemos pasado mucho menos tiempo juntos del que me hubiese gustado. La vamos a pasar bien, ya vas a ver.

—Sí. —dijo Neville y volvió a sonreírle.

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