Mente rota, alma quebrada
El número de enemigos crece
—¿Qué te pasa? —preguntó Neville con voz somnolienta.
Dean y Seamus ya dormían, pero Ron seguía sentado en la cama, demasiado inquieto para dormir. La cama de Harry estaba vacía.
—¿Por qué Harry siempre viene tarde a dormir? ¿Adónde va todas las noches?
—Si él quisiera que lo supiéramos nos lo diría. —contestó Neville sentándose él también en su cama. Lo irritaba que Ron, que se había pasado semanas sin hablarle a Harry, quisiera ahora estar enterado de todo como si ése fuera su derecho.
Ron probablemente dedujo algo de lo que el otro estaba pensando porque se ruborizó un poco. —Neville, yo estoy preocupado por él.
—Pero no fue preocupación lo que expresaste cuando su nombre brotó del Cáliz.
—Ya pedí disculpas por eso… —se defendió Ron.
—Sí, sí… por supuesto… —dijo Neville revoleando los ojos y volvió a acostarse dándole la espalda.
—Mirá, Neville… realmente siento lo que hice. Pero yo estuve preocupado por Harry desde el principio. Pensé que había puesto su nombre porque quería probarse y probarnos algo… especialmente después de que nos contó sobre los Dursley. Y en verdad me hacía sentir mal que recurriera a algo tan peligroso… innecesariamente. Y después pensé que me estaba mintiendo también… y eso me hizo enojar… pero yo siempre quise ayudarlo.
—Pero él no te estaba mintiendo.
—Ahora lo sé. —dijo Ron agachando la cabeza— Me comporté como un imbécil.
—Bien podés decirlo. —dijo Neville dándose vuelta para mirarlo— Harry está bien, Ron. Pero a veces necesita estar solo… para pensar, no te preocupes, si él llegara a necesitar ayuda nos la va a pedir.
—A vos quizá… yo todavía tengo que probarle que sigo siendo su amigo.
Neville lo miró intencionado.
—Ya lo sé… me lo tengo merecido… pero igual no pienso darme por vencido.
—Yo tampoco. —le sonrió Neville— Pero Harry sabe cuidarse… la mayor parte de las veces.
Ron dibujó una media sonrisa. —Así y todo sigo preocupado.
Los dos rieron y se acostaron. Pero Ron siguió despierto con los ojos clavados en la cama de Harry.
Silas llegó unos minutos después y se metió en la cama. Ron volvió a incorporarse sentado.
—Estoy bien. Seguí durmiendo.
—Pero parecés lastimado… —protestó Ron.
—Sólo necesito dormir un poco. —dijo Silas con tono frío— Así que si me hacés el favor… quisiera descansar.
Ron no quedó conforme, pero antes de que pudiera decir nada intervino Neville: —Si para mañana no se le pasó, seguro que va a ir a ver a madame Pomfrey.
—Naturalmente. —confirmó Silas y dio por finalizada la cuestión cerrando las cortinas a su alrededor.
oOo
Harry se despertó a la mañana siguiente con ganas de quedarse durmiendo todo el día, pero era lunes y tenía que prepararse para ir a clase. Suspiró resignado, se levantó y rebuscó en su baúl para sacar la ropa que se iba a poner. Ron, sentado en su cama, le fue siguiendo cada uno de los movimientos con ojos suspicaces.
Sy… ¿estás bien?
Sí… bien… , contestó Silas, pero el tono había sonado extenuado.
Deberías descansar…
Es lo que planeo hacer apenas vos dejes de importunarme.
¿Dio resultado?, tanteó Harry.
Así es, respondió Silas satisfecho, y mejor de lo esperado. El encantamiento de Dumbledore fue transferido a Demon. Si lograra salir en algún momento inoportuno, podemos obligarlo a cambiar a su forma animagus. Y podemos mandarlo de regreso al interior con la frase clave. Por supuesto que tendría que haber alguien afuera para pronunciarla. Severus y Remus la saben, quizá habría que decírsela a Neville también.
Quiero que Sirius también la sepa, dijo Harry con determinación.
Como te parezca, dijo Silas. Era claro que la idea no le gustaba pero parecía que no iba a plantear objeciones.
¿Y a Ron y a Hermione?, se animó a agregar Harry.
Si se lo decís a ellos yo se lo digo a Serpentine, amenazó Silas.
Harry frunció el ceño al tiempo que se abotonaba la camisa. Sy, si vos querés decírselo por mí no hay problema. Confío en vos. Ésa no fue una buena amenaza. Y no les voy a decir nada a Ron y a Hermione si a vos no te parece una buena idea. Sólo te estaba pidiendo una opinión… por supuesto que tendría que contarles mucho más sobre nuestra condición… quizá sería mejor dejarlo para más adelante… durante el verano…
Creo que no deberías decírselo para nada, replicó Silas con aspereza. En realidad se sentía confundido, ¿por qué razón había traído a Serpentine a colación? Realmente debía de estar muy cansado como para incurrir en tal ridículo desliz. Pero había algo que lo fastidiaba más aun, si cabe, que Harry aceptara al misterioso Slytherin sin plantear objeciones. ¿Acaso era cierto que confiaba tanto en él como decía? Eso lo descolocaba… Decidió que lo mejor por el momento era proceder a una retirada estratégica. Me voy a dormir. Al menos no se lo digas a Hermione por ahora… en el verano, veremos…
Eso, eso… andá a dormir que buena falta te hace, lo provocó Harry sonriendo.
Tarado.
—¿Te sentís bien, cumpa? —preguntó Ron con desconcierto.
—Eh… creo que me distraje… ¿qué me decías?
—Que bajemos ya o nos vamos a quedar sin desayuno.
—Apurémonos… ¡me muero de hambre!
Los dos rieron y enfilaron presto a las escaleras.
oOo
De camino a clase de Criaturas después del desayuno, Harry y Neville se retrasaron un poco y Harry aprovechó para contarle en susurros lo que le había dicho Silas sobre el ritual del día anterior.
—¿En que andan ustedes dos? —les preguntó Hermione dándose vuelta.
—Sí, cumpa, ¿de qué se trata?
—Eh… nada… después les digo. —respondió Harry sonriendo con inocencia. Ron no insistió porque un grupo de Slytherins se acercaba.
—No sé con certeza si hibernan o no, dijo Hagrid al iniciar la clase. Vamos a ponerlos en cajas para ver si quieren tomar una siesta y sacaremos conclusiones.
Sólo quedaban diez de los ejemplares originales, se habían muerto unos cuantos peleando entre ellos. Pero si bien eran pocos, lo compensaban por como habían crecido, ahora medían más de un metro y medio. Como ocurría siempre, eran varios los que habían resultado lastimados al final de la clase, Seamus y Lavender tuvieron que ir al ala hospitalaria para que los atendieran. Las conclusiones que habían podido sacar eran que por el momento los screws no querían hibernar y que tampoco les gustaba que los metieran en cajas.
Cuando reemprendían el regreso hacia el castillo…
—Parece que ésta ha sido una clase muy entretenida.
Todos se volvieron sobresaltados hacia el sonido de la voz, Harry alzó instintivamente la varita. Rita Skeeter estaba apoyada en una cerca con una sonrisa maliciosa dibujada en los labios.
—Oh vamos, Harry… ¿acaso es esa la forma de saludar a una dama? —arrulló ella dulcemente.
—Disculpe Ud., señora Skeeter, —intervino Malfoy— ¿cuál dama? ¿Vino Ud. con alguien más?
Los Slytherin festejaron con risitas el comentario ingenioso. Rita se puso roja de rabia. Harry se limitó a sonreír victorioso. Antes de que la periodista pudiera replicar, se oyó la voz de Hagrid que se había acercado.
—¿Qué es lo que pasa acá? —resonó— ¿Y quién es Ud.?
Ella recuperó de inmediato la expresión dulce. —Rita Skeeter, reportera de El Profeta.
—Tengo entendido que Dumbledore le prohibió el ingreso a la escuela. —dijo Hagrid frunciendo el ceño.
Ella ignoró el comentario y puso en juego otra estrategia. —¡Qué criaturas más fascinantes! ¿Cómo se las llama?
Hagrid sonrió y empezó a perorar sobre los screws. Harry gruñó decidido a intervenir, pero Neville lo frenó reteniéndolo del brazo.
—Dejalo así, Harry. —le susurró— Hagrid sabe cuidarse.
—Sí, cumpa. Mejor volvamos.
Los cuatro se pusieron en marcha.
—Lo único que espero es que Hagrid no haya obtenido los screws ilegalmente. —comentó Hermione inquieta.
—Hagrid se metió en líos muchas veces antes y Dumbledore nunca lo echó. No le va a pasar nada. —dijo Ron con confianza— En el peor de los casos lo obligarán a que se deshaga de los bichos esos… que para nosotros sería el mejor de los casos.
Neville y Hermione rieron, pero Harry tenía un mal presentimiento. Les dijo que se adelantaran y él se quedó esperando a cierta distancia hasta que concluyó la conversación entre Rita y Hagrid unos minutos después. Cuando la periodista se hubo marchado Harry volvió corriendo hacia donde estaba Hagrid.
—Tené cuidado con ésa. —le advirtió— Es una guacha. Publica las cosas fuera de contexto y te pinta diciendo lo contrario de lo que dijiste.
—No te preocupes. —lo tranquilizó Hagrid— Sólo hablamos unos minutos. Ahora andá o vas a llegar tarde a la próxima clase.
oOo
—¿Crees que la vamos a encontrar acá? —preguntó Ron cuando entraron a la biblioteca después de la cena.
—¿Dónde más podría estar? —dijo Neville.
—Si no bajó a cenar debe de ser porque está muy absorbida con algún libro. —dijo Harry sonriendo.
Pero la biblioteca estaba casi vacía. Sólo Viktor en su lugar habitual y un grupito de chicas que lo observaban desde otra mesa y que dejaban oír de tanto en tanto algunas risitas.
Harry se le acercó.
—Hola, Viktor…
—Hola.
—¿Hermione estuvo por acá? No bajó a cenar.
—Yo no la he visto.
—Ah… este… ¿ya se te ocurrió algo respecto del huevo? Yo todavía no me senté a analizarlo.
—Por ahora no conseguí nada… quizá deberíamos juntarnos para estudiarlos juntos, dos cabezas piensan más que una.
—Genial, ¿qué tal este fin de semana?
—Bueno encontrémonos acá, si te parece.
—De acuerdo. Bueno voy a seguir buscando a Hermione. Hasta luego.
Cuando salieron Ron le preguntó que desde cuándo era tan amigo de Krum y si ya que estaban no le podía conseguir un autógrafo. Harry se negó, dijo que no podía molestarlo con algo así porque Viktor odiaba ese tipo de cosas.
Cuando entraron a la Torre, Hermione prácticamente se les echó encima.
—¡Tienen que venir en seguida! ¡Ha ocurrido algo muy sorprendente! —exclamó ella, agarró a Harry de una muñeca y se lo llevó a la rastra. Los otros dos los siguieron hasta la planta baja.
Ella los llevó hasta el cuadro que cumplía funciones de puerta de la cocina. Tras hacerle cosquillas a la pera la puerta se abrió y entraron.
Había varios elfos trabajando, algunos levantaron la vista y miraron a Hermione con ceños fruncidos pero no dijeron nada.
—Están fastidiados conmigo. —admitió ella— Estuve preguntándoles sobre sus vidas y dándoles consejos respecto de formas de mejorarla. No les cayó bien.
Ron soltó un bufido mezclado con una risa. Ella lo ignoró.
—Miren allá. —dijo señalando uno de los rincones junto a una inmensa chimenea.
Había dos elfos allí. Uno tenía puestas un montón de prendas encimadas. La otra iba vestida con una blusa blanca y una pollera azul. La elfa gimoteaba. A Harry le parecieron conocidos.
—¿Ésa es Winky? —preguntó Neville.
Precisamente, dijo Silas con un tono de voz cargado de sospecha. ¿Qué está haciendo acá?
—¿Winky? ¿Dobby? —dijo Hermione agachándoseles al lado.
El elfo reaccionó exclamando: —¡Harry Potter, señor!
Los ojos se le iluminaron de contento y vino corriendo y se le abrazó a las piernas.
—¡Oh, Dobby es tan feliz! ¿En que puede servirle Dobby al gran Harry Potter, señor?
—Eh… ¿Dobby?... —repitió Harry sorprendido al tiempo que hacía que lo soltara— Me acuerdo de vos… en segundo hiciste de todo para mantenerme lejos de Hogwarts… sos el elfo de Lucius Malfoy…
—No, Harry Potter, señor. Dobby es un elfo libre. Y Dobby sabe que Harry Potter ideó el plan para liberar a Dobby. Dobby sabe porque el director Dumbledore se lo dijo a Dobby. Harry Potter es un mago bueno y poderoso. Y Dobby es libre gracias a Harry Potter. ¡Y también Winky! Dobby encontró a Winky cuando Dobby viajaba para encontrar un trabajo. Porque verá, señor, es muy difícil para un elfo que ha sido despedido encontrar un trabajo.
Los gimoteos de Winky se trocaron en gritos de llanto. Hermione trató de calmarla y le preguntó qué le pasaba. Pero la elfa no respondió. Dobby habló en voz más alta para imponerse por encima el volumen de los sollozos.
—Dobby viajó por el país durante dos años. Pero nadie quiso darle trabajo porque Dobby quería cobrar un sueldo.
Los otros elfos que alcanzaron a oírlo hicieron muecas horrorizadas pero Dobby no les prestó atención y prosiguió lo más contento. —Y fue entonces que Dobby se encontró con Winky, Harry Potter, señor.
Winky se bajó del banquito y se postró sobre el suelo de piedra llorando a mares. Hermione intentó hacerla poner de pie pero la elfa se negaba.
—¡Y entonces Dobby tuvo una idea, Harry Potter, señor! Winky y Dobby podían buscar trabajo juntos. ¿Y dónde podía haber trabajo para dos elfos domésticos? Y fue entonces que a Dobby se le ocurrió… ¡en Hogwarts! Entonces Winky y Dobby vinieron a la escuela a pedirle trabajo al director Dumbledore y el director nos aceptó. ¡Y Winky y Dobby están cobrando un sueldo!
Winky alzó la cabeza y miró furiosa a Dobby. —¡Winky es una elfa deshonrada pero no acepta ningún sueldo! ¡Winky no llegó a caer tan bajo! ¡Y Winky se siente muy avergonzada de ser libre… como debe ser!
—¡Avergonzada…! —exclamó Hermione horrorizada— Pero Winky… ¡es el señor Crouch el que debería sentir vergüenza, no vos! Vos no hiciste nada malo… ¡y él te trató pésimo!
Winky se tapó los oídos. —¡Ud. no debe insultar a mi amo, señorita! ¡Ud. no debe insultar al señor Crouch! ¡El señor Crouch es un mago bueno! ¡El señor Crouch hizo bien al despedir a Winky!
—Winky está teniendo muchos problemas para adaptarse, Harry Potter, señor. —le chilló Dobby al oído— Winky se olvida de que ya no está más vinculada con el señor Crouch.
Harry asintió y adoptó una expresión reflexiva. Hermione seguía tratando de calmar a Winky. Un elfo de la cocina se les acercó y les ofreció té, Neville y Ron aceptaron, Harry no dijo nada, estaba conferenciando con Silas.
Hay algo muy raro con esto de que Winky viene a Hogwarts justo ahora, estaba diciendo Silas. Voy a tratar de averiguar más esta noche.
¿Qué es lo que sospechás?
Te lo voy a decir cuando esté seguro.
Sy, adelantame algo, insistió Harry frustrado.
Creo que Crouch la mandó acá, se avino finalmente Silas.
¿Y por qué haría algo así? ¿Vos pensás que está trabajando para Voldemort?
Por supuesto.
¿Me vas a contar lo que averigües?
Claro, ¿cómo voy a ocultarte algo que puede ser una seria amenaza?
Mejor así.
oOo
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Draco cuando Silas entró al baño de Myrtle. Se había sorprendido mucho cuando había recibido la nota de Silas citándolo para esa noche.
—La elfa de Crouch padre fue aceptada como parte del personal de Hogwarts. —respondió Silas yendo directo al punto y con un gesto le indicó a Draco que salieran al pasillo. Quiero interrogarla pero no sé ningún encantamiento que se pueda usar para presionarla. Se me ocurrió que vos siendo un perfecto, malcriado, pequeño sangrepura podrías ayudarme.
—Yo no soy pequeño. —replicó Draco con humor fingiendo ponerle mala cara. —Te llevo más de seis centímetros.
—No donde realmente cuentan. —aclaró Silas alzando una comisura— Vamos, démonos prisa.
Draco rió y lo siguió hasta la cocina. Estaba muy entusiasmado. Le encantaban la intriga y los secretos. Silas ya se había dado cuenta y sonrió para sus adentros, en algunos aspectos Draco seguía siendo como un chico, pero también era brillante y tenía mucha inventiva. y eso hacía que su personalidad, si bien a veces inestable, fuera tolerable. ¿Acaso llegaría a captar que eso que estaban haciendo podía ser crítico para la vida de Silas?
Casi todos los elfos estaban durmiendo. Silas se acercó al rincón donde dormía Winky y la despertó sacudiéndole un hombro. La elfa abrió los ojos sobresaltada, Silas se llevó un dedo a los labios demandado silencio y luego le hizo un gesto para que se levantara y lo siguiera. La elfa no parecía dispuesta a obedecer. Draco se le acercó y le susurró que Dumbledore la necesitaba y que los había mandado a buscarla, pero que no quería que los demás elfos se enteraran. Winky se levantó de inmediato y los siguió.
Fueron a una de las aulas que no se usaba. Draco soltó dos hechizos que hicieron volar a la elfa a un banco y la inmovilizaron allí. La magia de la elfa se puso en acción para soltarse. Draco salmodió otro encantamiento bastante largo que finalmente logró que la elfa se quedara quieta y dócil en el banco.
—¿Qué usaste? —preguntó Silas alzando una ceja.
—Es el comienzo del ritual de vinculación de un elfo, su magia queda neutralizada durante un rato y su mente se vuelve receptiva… impresionable.
Draco alzó la varita nuevamente y comenzó a dibujar círculos en el aire delante de los ojos de la elfa.
—¿Servís a un amo? —preguntó.
—Sí.
—¿A quién?
—A Dumbledore… y a Barty Crouch.
—¿Entonces no te liberaron? —preguntó Silas.
—Me liberaron… pero el vínculo persistió con mi amo Crouch. Yo deseo servirlo y que sea feliz, por eso obedecí cuando me ordenó que viniera a Hogwarts. Ahora estoy al servicio de Dumbledore pero sigo vinculada a Crouch.
—¿Por qué te ordenó venir a Hogwarts? —preguntó Draco.
La elfa no contestó. Draco pasó a otra pregunta.
—¿Dumbledore sabe que no estás vinculada con él?
—No. Dobby me ayudó a ocultarle eso.
—¿Por qué? —preguntó Silas.
—Ahora que es libre no está protegido contra Imperius. Mi amo lo puso bajo la maldición y le ordenó que nos consiguiera un puesto aquí en el castillo.
—¿Sigue bajo la maldición? —preguntó Draco.
—No… cuando se vinculó con Hogwarts a través del director la maldición dejó de tener efecto.
—¿Qué me podés decir de Barty Crouch, jr? —demandó Draco.
Nuevamente la elfa no dijo nada.
—Olvidate de que te trajimos acá y de que te interrogamos. —dijo Draco moviendo la varita un par de veces.
Winky pestañeó y seguidamente desaparicionó.
—¿Adónde se fue? —preguntó Silas.
—Probablemente volvió a la cocina.
—Así que Crouch la mandó aquí a Hogwarts para que hiciera algo…
—No podemos matarla. —le advirtió Draco— Sólo su amo tiene derecho… cualquier otro podría sufrir graves consecuencias mágicas.
—No era eso lo que sugería. Matarla sólo serviría para alertar a Crouch. No, tenemos que pensar en otra manera.
—Alguna forma de vigilarla… Ese Dobby que mencionó, ¿es el elfo que era de mi padre?
—Sí. Dumbledore usó un ardid para que Lucius lo liberara. ¿Por qué preguntás?
—Se me ocurre que yo podría tener posibilidades de… influenciarlo… siempre quedan residuos del vínculo… podría recurrir a eso…
—Y además siente gran reverencia por Harry… —dijo Silas dibujando una sonrisa— ¡Dobby!
Pasaron varios segundos pero finalmente Dobby se materializó delante de ellos. —¡Harry Potter, señor! —exclamó contento.
—Hola, Dobby. Siento molestarte tan tarde. —dijo Silas con tono empalagoso. Dobby miró de soslayo a Draco.
—Éste es mi amigo, Draco Malfoy. —prosiguió Silas— Estoy seguro de que ya lo conocías.
—Sí, Harry Potter, señor. —dijo el elfo y se estremeció un poco.
—Él no va a hacerte daño alguno. —le aseguró Silas.
—Yo no soy mi padre, Dobby. —dijo Draco con la más inocente de las expresiones.
—Mirá, Dobby, —retomó Silas— tengo razones para sospechar que Winky fue enviada aquí por magos malos. Creo que a vos te empujaron a traerla aquí y a ayudarla para ocultarle a Dumbledore que sigue vinculada a Crouch. Necesito desesperadamente que me ayudes. Tengo miedo de que ella haga algo que me pueda dañar.
—¡Winky no haría algo así! —reaccionó Dobby espantado.
—¿Ni siquiera si Crouch se lo ordenara? —preguntó Silas. Dobby no contestó. —Yo lo único que quiero es que la vigiles por mí. Puede que me equivoque. Por eso no quiero decírselo a nadie más. Yo sólo quiero que la vigiles y me informes si en algún momento hace algo sospechoso. Por favor, Dobby…
Dobby vaciló unos momentos pero finalmente se avino. —Dobby la vigilará, Harry Potter, señor.
—Muchas gracias, Dobby. —dijo Silas sonriendo.
—¿Harry Potter va a necesitar alguna otra cosa?
—No, ya podés irte… y muchas gracias otra vez.
El elfo asintió y desaparicionó. La expresión de Silas cambió de inmediato, la sonrisa se le borró. — ¿Te parece que con eso va a ser suficiente?
—No lo sé. —respondió Draco muy preocupado— Vas a tener que andarte con mucho cuidado, Silas… y Harry también.
—Yo siempre tengo mucho cuidado.
Salieron y caminaron juntos por el corredor hasta las escaleras.
—Buenas noches, Silas —saludó Draco al empezar a bajar— Te ves cansado… que duermas bien.
—Buenas noches y gracias, Draco. —respondió Silas sonriéndole y empezó a subir.
oOo
