Mente rota, alma quebrada
Tensión interna
El jueves Harry estuvo muy ansioso todo el día, si bien hizo todo lo posible para que no se le notara. Por la tarde Omi vendría a Hogwarts para presenciar la clase de Neville con Rowena. Harry había decidido no decirle a Neville que iba a tener un testigo durante la lección, más que nada para no crearle expectativas que podrían resultar vanas.
Sorprendentemente, la profesora McGonagall dio por concluida su clase diez minutos antes de lo normal. Tenía que hacer un anuncio importante.
—El baile de navidad se aproxima. Es un evento tradicional en el Torneo de los tres magos y una excelente oportunidad para socializar con nuestros huéspedes extranjeros. Todos los alumnos de cuarto año en adelante podrán asistir, si bien está permitido llevar como pareja a alguien de los cursos inferiores. El atuendo debe ser de gala. El baile dará comienzo a las ocho el día de navidad y concluirá a medianoche. Ahora bien, —prosiguió la profesora después de dirigirles una mirada severa a Lavender y Parvati que no habían podido disimular unas risitas— el baile es naturalmente una ocasión para distendernos y divertirnos —hizo un breve mueca desaprobadora— un cierto grado de informalidad es entendible, pero eso no significa que se relajen al extremo las normas de comportamiento esperables de todo alumno de Hogwarts. Me decepcionaría mucho y me disgustaría en extremo que algún alumno avergonzara a la escuela mediante cualquier acción inapropiada.
Sonó la campana y la profesora los autorizó a retirarse. Harry empezó a juntar sus cosas en medio de las animadas conversaciones sobre la novedad. Pero cuando se disponía a salir del aula, McGonagall lo llamó al frente. Harry se abrió camino entre los alumnos y se acercó al escritorio.
—¿Sí, profesora?
—Potter, los campeones y sus parejas…
—¿Qué parejas? —la interrumpió Harry bruscamente. McGonagall puso una cara. Harry frunció el ceño, ¿Por qué de golpe lo miraba como si fuera estúpido?
—Las parejas para la fiesta, Potter. Las parejas de baile. —enfatizó.
¿Por qué insiste en llamarnos Potter?, siseó Silas irritado. Es nuestra jefa de Casa, a estas alturas ya debería llamarnos Harry.
Harry no le prestó atención, estaba mirando a la profesora como si no pudiera creer lo que había oído. Él sabía que muchos iban a invitar a alguien pero no podía concebir que fuese obligatorio ir acompañado. ¿¡Y una pareja de baile, además?! Él no había pensado en nadie a la que quisiera invitar… ¡y tampoco sabía bailar! En un primer momento la novedad del baile le había sonado simpática pero ahora parecía que se iba a transformar en un problema.
Quieren usarnos como espectáculo, gruñó Silas. Muchas fotos de El Niño Que Sobrevivió y Campeón además… todo por la publicidad.
Como confirmando la opinión de Silas, la profesora prosiguió: —Tradicionalmente los campeones y sus parejas son los que abren el baile. Usted es uno de los campeones de Hogwarts, Potter, y hará lo que corresponde, esto es representará dignamente a la institución. Así que asegúrese de conseguirse una pareja.
Harry le puso mala cara. —Yo no voy a abrir el baile. Usted lo dijo muy claro, tenemos dos campeones… no me cabe duda de que Cedric cumplirá el papel de representar a la escuela con la más alta honra. Yo estoy metido en esto en contra de mi voluntad y no estoy dispuesto a que me exhiban como si fuera un mono entrenado. Cuanto mucho voy a estar presente… pero no me pida más que eso.
—¡Señor Potter! —la voz de McGonagall había sonado como un latigazo— ¡De ningún modo voy a permitirle que adopte ese tono conmigo! Es muy infortunado que las cosas hayan progresado como lo hicieron, pero Ud. deberá cumplir con su obligación… o el baile no podrá llevarse a cabo.
—¡Tonterías! Lo dice sólo para presionarme.
—¡Tenga la certeza de que no estoy bromeando! —declaró la profesora con una de esas miradas que habrían podido congelar un río de lava— ¿Va Ud. a abrir el baile o no?
—¡Oh, está bien! —gruñó Harry fastidiado y sin esperar a que le diera autorización, pegó media vuelta y se largó del aula a toda prisa.
En realidad no entiendo por qué les tenés tanta consideración, suspiró Silas. Te hubieras negado y que cancelaran la estúpida fiesta si eso es lo que quieren.
No, Sy. No habría estado bien.
Detesto tener que señalarlo… pero te recuerdo que no sabemos bailar.
Supongo entonces que voy a tener que tomar algunas lecciones, replicó Harry sonriendo.
¿Qué estás planeando?
Ya vas a ver.
oOo
Harry odiaba tener que abrir su empatía cuando estaba en la escuela. Con tanto adolescente excitable alrededor era como dejar entrar un huracán. Pero quería monitorear de cerca la lección de Neville. A Omi ya le había indicado dónde tendría lugar la clase, el elfo debía de estar oculto en algún lugar del patio observando todo.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo para apartar todo el fragor de las emociones parásitas que emanaban del castillo de modo de poder concentrarse en Neville. La sensación era muy extraña… en realidad no podía sentir a Neville. Lo único que percibía era una entidad honda, profunda y masiva. Neville debía de haberse dejado absorber ya.
Durante dos horas se quedó de pie esperando. Finalmente el peso opresivo de esa entidad ajena comenzó a alivianarse. Poco a poco las emociones que sin lugar a duda eran de Neville empezaron a aflorar a la superficie como burbujas en un océano. Harry estaba sudando a mares. Se frotó la cara con ambas manos.
De Neville podía sentir confusión y renuencia. Podía sentirlo tantear emocionalmente a su alrededor tratando de encontrar algo para asirse. La sensación era horrible y atemorizante. Se sentía desgarrado por un sentimiento aterrador de falta de entendimiento y de falta de identidad. Lentamente, como quien va juntando añicos uno a uno la entidad Neville fue recomponiéndose y estabilizándose. Pero al mismo tiempo iba creciendo una sensación de desamparo y de claustrofobia que lo ahogaban.
Harry no pudo soportar más y cerró su mente. Había sido una de las instancias más difíciles de su vida y de no haber sido por Silas no habría aguantado tanto. Le costó mucho recuperar el aliento y el miedo implacable seguía batiéndole el pecho. Gotas de sudor frío le corrían por las mejillas mezclándose con las lágrimas. La experiencia lo había dejado hecho polvo. Se dejó caer al suelo y escondió el rostro en las rodillas. ¡Y Neville había soportado ese tormento todas las semanas!
Silas tironeó suavemente desde adentro. Agradecido y aliviado, Harry le cedió el lugar y se dejó hundir en la acogedora oscuridad del sueño.
Silas volvió a entrar al castillo y fue hasta una de las aulas vacías. Llamó a Omi. El elfo se hizo presente unos segundos después. Tenía los ojos húmedos de lágrimas y se retorcía las orejas con las manos. Era un tic nervioso bastante común en los elfos, pero Silas nunca se lo había visto a Omi.
—¿Pudiste reconocer la magia de Neville?
—Oh sí, señor. Omi conoce ese tipo de magia. Omi cree que puede encontrarle un buen maestro al joven Neville, señor. El pobre joven Neville no sabe cómo balancear su magia… ¡y lo está ahogando!
—¿Cuándo vas a poder traerle el maestro que necesita? —preguntó Silas impaciente.
—Pronto, señor. Ahora Omi debe irse…
Y el elfo desapareció.
—¿Escucharon eso? —preguntó Silas dirigiéndose a la pared.
—Sí. —contestó Rowena materializándose frente a él.
—¿Significa eso que no será necesaria la convocatoria nigromántica? —preguntó Salazar desde atrás.
Silas se dio vuelta y le puso mala cara. —Sólo si el maestro que traiga Omi sirve.
—Seguiremos preparando el ritual entonces. —dijo Godric que había aparecido junto a Salazar— Creo que tendremos todo listo para el solsticio.
Silas asintió y salió. Encaminó sus pasos a los aposentos de Severus para comunicarle la novedad. Llevaba el ceño muy fruncido, no le había gustado nada que Harry se hubiese desmoronado de esa forma. Y era evidente que la condición de Neville iba empeorando rápidamente. A ese paso, Silas dudaba que pudiera llegar vivo al solsticio.
oOo
El viernes cuando bajaban para ir a la clase de Criaturas, Harry observó que Draco se separaba del grupo de Slytherins y entraba en el baño de la planta baja. De pronto se le ocurrió una idea.
Les dijo a sus amigos que se adelantaran, que necesitaba ir al baño.
Draco se estaba secando las manos y lo vio entrar por el espejo. Harry le sonrió, Draco se dio vuelta con una mueca desdeñosa dibujada en los labios.
—¿Qué es lo que querés, Potter?
Harry… ¿¡qué estás haciendo!?, exclamó Silas claramente alterado.
Harry amplió la sonrisa. —Buenos días, Draco.
¡Harry!
Draco alzó una ceja.
Harry se le acercó sin dejar de sonreír. —Bueno, vos sabés que está este asunto del baile de navidad… y yo me preguntaba si vos podías hacerme un favor…
—¡¿Me estás invitando a ir al baile con vos?! —se espantó Draco con ojos desorbitados.
Harry se echó a reír, Silas siseó furibundo y Draco se puso colorado de vergüenza.
—¡No! —lo tranquilizó Harry— Me preguntaba si vos sabrías bailar y si querrías enseñarme. McGonagall me emplazó prácticamente… me dijo que como soy un campeón tengo la obligación de abrir el baile… y yo no tengo la menor idea de cómo se baila.
—Eso no me sorprende en absoluto. —dijo Draco recuperando su habitual tono desdeñoso— Y por supuesto que sé bailar, Potter, no fui educado como un palurdo.
¡¿Qué demonios creés que estás haciendo?!, rugió Silas.
Mirá, debés de ser mucho menos inteligente de lo que yo te creía si pensabas que yo no me iba a dar cuenta a estas alturas. Yo sé que Draco es tu amigo. Sé que es Serpentine. Y creo que es la elección ideal para que nos enseñe a bailar.
No, no es así. Podrías habérselo pedido a cualquier Gryffindor sangrepura o incluso a Severus. ¡Vos estás haciendo esto con el solo objeto de fastidiarme!
¡Eso no es cierto!, se defendió Harry. Silas nunca le había hablado con ese tono, no sólo había sonado muy enojado… sino herido también. Admito que podría habérselo pedido a algún otro, pero Draco puede enseñarnos y yo quería probarte que a mí no me molesta que ustedes dos sean amigos.
—¿Harry…?
Draco estaba sacudiéndole una mano delante de la cara. —¿Escuchaste lo que te he dicho?
—¿Qué?
—Dije que voy a enseñarte. El domingo a la mañana en el aula vacía que está al lado del laboratorio de Pociones.
—Ah… ¡qué bueno! —dijo Harry recuperando la sonrisa— Gracias, Draco.
—Ahora me voy… porque si por culpa tuya llego tarde y me ponen una penitencia, te aseguro que voy a hacer que un screw te vomite encima. —dijo Draco y se apresuró a salir.
¿Sy?
No hubo respuesta.
¿Silas? Perdón… yo sólo pensé que…
Ya sé lo que pensabas. Hubo una pausa y luego Silas volvió a hablar con tono desprovisto de toda emoción. Olvidémonos de todo y vayamos a clase.
Podría cancelar el encuentro con Draco si es lo que querés…
No, ya no importa.
Perdón, Sy.
Ya callate de una vez, Harry.
Harry no agregó nada más y arrastrando los pies por la nieve llegó hasta la cabaña. Se disculpó con Hagrid por llegar tarde, pero Hagrid minimizó la tardanza con un simple gesto. Se puso a trabajar en silencio. Ron y Hermione le dirigían cada tanto curiosas miradas de soslayo pero no le preguntaron si le pasaba algo. Neville seguía muy sacudido por la lección de la tarde anterior y no notó su tensión.
Harry se sentía incómodo. No había sido su intención fastidiar a Silas. Y tampoco llegaba a explicarse por qué Silas se había enojado tanto.
En un momento de la clase se acercó a Hagrid y para ocupar sus pensamientos con otra cosa le preguntó de qué había hablado con Rita.
—En realidad creo que no estaba interesada en las criaturas mágicas. Sólo quería hablar sobre vos. Bueno, yo le dije que éramos amigos desde la vez que te fui a buscar a esa cabaña que habían alquilado los Dursley. "¿Y nunca tuvo que sancionarlo severamente en todos estos años?", me preguntó ella y yo le contesté que no. Pareció decepcionarse mucho con la respuesta. Todo parecía indicar que quería que le dijera que vos eras una persona horrible.
—Sin dudas era lo que ella quería oír. —confirmó Hermione mientras cargaba dos recipientes con hígado crudo para alimentar a los screws. —Y además le debe de echar la culpa a Harry de que le hayan prohibido la entrada a Hogwarts. Y por supuesto, el hecho de que le haya otorgado derechos exclusivos a Silverwood debe de haberla puesto frenética.
—Ella sólo le quiere hacer daño a Harry. —la secundó Ron— Lo que ella quería oír era que Harry era una especie de delincuente.
Hagrid quedó espantado y muy enojado al comprender los verdaderos propósitos de la periodista. Y aseguró que si tenía la mala fortuna de encontrársela nuevamente le iba a cantar unas cuantas verdades. Harry se sintió muy conmovido y complacido de que sus amigos y Hagrid lo defendieran de esa forma. Si encontraban una solución para Neville y Silas lo perdonaba todo estaría perfecto.
oOo
—Potter…
Harry levantó la vista del plato. La profesora McGonagall se había aproximado a la mesa. —¿Sí, señora?
—El director desearía verlo en su oficina cuando termine de cenar.
—Sí, señora. —suspiró Harry en respuesta. La profesora volvió a la mesa principal.
—¿De qué pensás que se trate? —preguntó Neville.
—Probablemente otra de sus "lecciones". —respondió Harry al tiempo que ensartaba una papa con el tenedor.
—¿Qué tipo de lección? —preguntó Ron frunciendo el ceño.
—Nunca nos contaste qué era lo que quería después de la primera prueba. —agregó Hermione.
Después de que Silas se lo había informado, Harry les había contado a Severus y a Neville sobre los recuerdos que revisaban con el director en el pensieve, pero a Ron y Hermione no les había dicho nada. Se pasó una mano por los cabellos. —Mañana les cuento.
Hermione no quedó conforme con la respuesta pero no insistió. Ron seguía con el ceño muy fruncido. Harry lo tranquilizó con una sonrisa.
oOo
—¿Deseaba Ud. verme, señor?
—¿Silas? —dijo Dumbledore sorprendido.
—Se me ocurrió que era conmigo que querría hablar. ¿Fue una presunción equivocada?
—No, no… adelante, tomá asiento. —lo invitó con un gesto— ¿Cómo estás, mi muchacho?
—Bien. —contestó Silas escuetamente y con expresión neutra.
—Me alegro… ¿ya has empezado a investigar el huevo?
—Todavía no. —dijo Silas estudiándose distraídamente las uñas. Un gesto que le había copiado a Draco.
—Bueno, tenés tiempo hasta febrero, no hay razón para preocuparse todavía.
Silas ni se molestó en responder al comentario. Miró al director aguardando con paciencia.
Dumbledore soltó una breve risa. —Preferís ir directo al punto. Acompañame hasta el pensieve hay otra memoria que deseo que veas. En realidad me habría gustado reunirme antes con vos pero últimamente he estado muy atareado.
Era un recuerdo de Dumbledore. Un Tom Riddle de veintitantos años se había presentado en Hogwarts para solicitar el puesto de profesor de Defensa. Dumbledore se lo había denegado.
—¿Estaba cualificado para ocupar el puesto? —preguntó Silas con tono casual cuando regresaron.
—¿Qué querés decir? —le preguntó Dumbledore arrugando el ceño.
—Me pregunto si había estudiado para ser profesor o si había venido sólo para obtener el cargo mediante intimidación…
—Bueno, en realidad tenía certificaciones que cubrían los requisitos para ocupar el cargo. En esa época todavía no había ganado poder, no tenía posibilidades de intimidar a nadie.
—Ya veo. —fue todo lo que dijo Silas.
—¿Tenés alguna pregunta?
—No. —dijo Silas sacudiendo apenas la cabeza.
—Creo que Tom Riddle quería obtener el puesto para estar más cerca de la Cámara de los Secretos. Ahora que gracias a vos sabemos que fue él el que la había abierto hace cincuenta años, me parece una hipótesis probable.
—Quizá yo podría bajar otra vez, es posible que pudiera encontrar algo de mucho interés para vencerlo. —sugirió Silas— No tuve posibilidades de explorar mucho en esa oportunidad.
A Dumbledore pareció no gustarle la idea por la cara que puso.
—Yo lo desaconsejaría. No sabemos que trampas u otros peligros podría ver allí abajo.
Silas asintió sonriendo para sus adentros. Si el director supiera que bajaba todas las semanas con Draco Malfoy seguro que le daba un ataque cardíaco.
oOo
—Quiero que me hagas gozar. —ronroneó Kitten ardiente separando las piernas.
—¡Merlín, Kitten…! —exclamó Lockhart muy excitado. Se arrodilló y se metió en la boca la carne muy sensible que se le ofrecía al tiempo que se masturbaba frenético.
Unos minutos después el cuerpo de Kitten se arqueó estremeciéndose y soltó varios gemidos de orgásmico placer.
—¡NO! —gritó Silas incorporándose de repente en la cama. La pesadilla había sido tan vívida… como ninguna otra de las anteriores. Lo invadieron las náuseas y le atacaron arcadas. Volvió a acostarse de lado, hecho un ovillo, tratando de contener las ganas de vomitar. Tuvo que hacer un gran esfuerzo. Muy lejanas, creyó percibir las carcajadas de Demon… y mucho más cercanos, unos sollozos… creyó que sólo eran producto de su imaginación. Las carcajadas no se repitieron. Sin embargo los sollozos continuaron, sonaban muy reales.
Volvió a incorporarse. Boy estaba agachado al pie de la cama, sus pocas ropas harapientas y desgarradas dejaban ver muchas de las cicatrices sobre la piel. Mechones de pelos negros apelmazados con sangre seca le caían frente a los ojos. Lloraba. Pero no era el mismo tipo de llanto habitual. Era un llanto más de dolor que de miedo.
El propio miedo de Silas pareció desvanecerse de repente y fue reemplazado por un intenso sentimiento de preocupación por Boy. No sabía qué podía hacer. Sabía que tocarlo no era aconsejable, Boy reaccionaría mal a cualquier contacto físico. Pero el chico había venido sin que lo obligaran… y sufría, algún tipo de consuelo debía ofrecerle.
—Todo está bien. —dijo con el más cálido de los tonos.
Boy se estremeció al oírlo pero no huyó ni explotó en su mantra de siempre. Las miradas se encontraron. —A vos te duele… —murmuró Boy con voz aguda y ronca.
Silas creyó entender y logró dibujar una sonrisa amarga. Habló con voz muy suave. —Éste es mi dolor. Y está bien que me duela. No es necesario que vos sufras este dolor.
Boy respiró espasmódicamente varias veces y sacudió la cabeza. Se abrazó las piernas contra el pecho. —A Boy le duele… a Boy siempre le duele… es a Boy al que le tiene que doler, no a los otros…
—El dolor… les corresponde a todos. —dijo Silas suspirando— A veces el dolor es necesario para advertirnos y para ayudarnos a aprender. Necesito este dolor. Me avisa que tengo una herida que debe curarse. Sin el dolor no me daría cuenta de que tengo una herida y nunca haría nada para curarla. ¿Podés entenderlo?
—¿El dolor es bueno? —preguntó Boy que había empezado a hamacarse.
—A veces… —dijo Silas apoyándose contra el respaldar de la cama— …pero sólo a veces, si sirve para hacerte mejor. A vos te tocó mucho dolor… pero un dolor que no ayuda… yo voy a tratar de ayudarte… y espero que algún día puedas llegar a sentir otras cosas, que no sean miedo o dolor… que puedas llegar a sentirte seguro, contento, feliz… ¿entendés lo que quiero decirte?
—¡No! —chilló Boy poniéndose tenso. Seguramente lo iban a castigar por ser tan estúpido.
Silas cerró los ojos. —No te preocupes… creo que yo tampoco lo entiendo… pero igual me sonó bien.
Boy alzó la cabeza y de golpe todos los gemidos se interrumpieron.
—¿A vos te duele?
—Si, a mí también me puede doler… —dijo Silas abriendo los ojos y sonriéndole.
Boy lucía una expresión muy extraña en el rostro. Como de gran asombro. Y lo miraba muy fijamente y directo a los ojos. Algo estaba pasando en su mente primitiva, muy poco desarrollada… pero Silas no alcanzaba a entender de qué se trataba. Y de pronto Boy le sonrió. Algo que probablemente no había hecho nunca; era una sonrisa como forzada, pero que indudablemente era sincera. —Silas es igual que Boy… a Silas le duele como a Boy. —dijo y una lágrima le recorrió la mejilla.
—Quiero hacer que el dolor pare. —explicó Silas.
—Boy quiere que el dolor pare… —admitió Boy susurrando— Pero Boy es malo. Boy merece el dolor. A Boy siempre le duele.
—Ya no… ¡Y vos no sos malo! —agregó Silas con firmeza.
Boy se quedó mirándolo fijo, era demasiado para que él pudiera entenderlo. Era demasiado para que él pudiera creerlo. Pero así y todo se estaba comunicando; realmente había mejorado. Al parecer la terapia de Padfoot había sido beneficiosa.
Boy se acostó de lado y se acurrucó en posición fetal, miró a Silas con cierta desconfianza pero Silas no dijo nada. Si Boy quería quedarse a dormir con él, Silas no se lo iba a impedir. Era lo menos que podía hacer para darle consuelo. Finalmente Boy cerró los ojos y se quedó dormido.
Los pensamientos de Silas volvieron entonces a las pesadillas. Se habían vuelto mucho más frecuentes en las últimas semanas. Desde que su "amistad" con Draco se había tornado más sólida. Sabía que era debido a que él rechazaba cualquier tipo de relación demasiado íntima. Lo aterrorizaba que pudieran herirlo o usarlo una vez más. Al aceptar a Draco se había abierto al dolor. Pero al mismo tiempo era consciente de que Draco podía entenderlo de una forma en que nadie podía, ni siquiera Severus. Y eso le había significado un consuelo muy difícil de resistir.
Quizá a Boy le estaba pasando lo mismo, descubría ahora consuelo en la relación con otro, un consuelo que nunca había conocido porque había vivido siempre aislado en su dolor. Pero a Silas lo fastidiaba quizá más el darse cuenta de que iba perdiendo autocontrol. Y lo enojaba que la mera idea de una amistad incipiente le reavivara las pesadillas. Él no tenía por qué temerle a nada. Draco no era su igual. Y si Draco hacía algo para lastimarlo, Silas lo mataría sin vacilar. Silas sabía cómo protegerse. Silas no era Kitten. Silas era fuerte y tenía el control.
Rimbombantes afirmaciones… el único problema era que no eran ciertas.
Harry había hecho contacto con Draco. Harry le estaba quitando el control de la única cosa que hasta el momento había sido sólo de Silas. Y eso le provocaba dolor. Un dolor que lo había sorprendido desprevenido porque nunca había pensado que podía venir justamente de Harry. Porque a Harry lo consideraba un amigo también… y se sentía traicionado. Y no tenía forma de defenderse del anfitrión. Porque habría sido como atacarse a sí mismo. Se sentía desamparado y eso lo aterrorizaba.
Silas se abrazó las piernas contra el pecho y hundió el rostro en las rodillas. ¿Cómo era que todo eso había llegado a ocurrir? El dolor era por momentos tan intenso al punto de que temía quebrarse. Pero no podía cargarle ese dolor a Boy. No quería hacerlo. No, ese miedo y ese dolor eran de él. Tendría que buscar el modo de aceptarlos y vivir con ellos. Tenía que encontrar algún modo de defenderse. Y quebrarse no era una opción, porque en ese caso todos ellos se destruirían.
oOo
Severus abrió la puerta muy preocupado, aunque su rostro no lo demostraba. Sólo una persona podía golpear a su puerta a las tres de la mañana. Harry estaba de pie temblando de frío abrazándose el cuerpo con los brazos, ojeras muy marcadas rodeaban la mirada llena de pesar. Severus lo hizo pasar y uso de inmediato un encantamiento para calentarlo. Harry ni lo notó. Y Severus se preocupó aun más, si cabe, porque desde que se había integrado con Gabriel, Harry siempre estaba bien atento y si alguien usaba un encantamiento a su alrededor se daba cuenta de inmediato.
Harry fue hasta el sofá pero no se sentó, se quedó parado dándole la espalda. Sólo iba vestido con un piyama rojo y medias del mismo color. Severus estaba por decir algo pero en ese momento Harry se dio vuelta y volvió a abrazarse el torso con los brazos. Nuevamente temblaba.
Severus se le acercó, lo rodeó con un brazo y lo guió para que tomara asiento. Se le sentó al lado sin soltarlo.
—No sé qué hacer… —se lamentó Harry. Severus podía sentir la tensión de las lágrimas acumuladas no derramadas.
—¿Respecto de qué, Harry? —preguntó Severus con voz muy medida.
—De todo… —dijo Harry. Se soltó del abrazo y fue a acurrucarse al extremo del sofá. Miró a Severus con ojos desesperados. —Es demasiado. Ya no puedo manejarlo. El torneo, Voldemort, Neville, las clases, mis amigos… ¡es demasiado!
—Respirá, Harry. —ordenó Severus y se puso de pie para ir a buscarle algo de beber. —Sé que son muchas cosas juntas y todas muy problemáticas. Y es sorprendente y admirable que la entereza con que las has soportado. Pero a decir verdad, vos venís soportando mucho desde hace mucho tiempo… ¿qué fue lo que se sumó ahora que agravó la situación de manera repentina?
Volvió a acercársele y le entregó un vaso de agua y una poción tranquilizante. Harry se incorporó un poco, no tomó la poción pero bebió unos sorbos de agua. Finalmente se decidió a hablar.
—Es por Neville y por Silas. Estos últimos días he sentido tanto… miedo por mi hermano… y durante la última sesión con Rowena fui a observarlo y usé mi empatía… ¡y las emociones! ¡Fue algo horroroso! ¡Y Neville lo ha soportado durante semanas sin que yo me diera cuenta! ¡Y tengo miedo de que ya sea demasiado tarde… y yo no quiero perderlo! ¡Yo lo quiero, Severus! Y tengo miedo de que se muera, pero lo que más me angustia es lo que sufre… un sufrimiento espantoso… ¡y no es justo!
—Lo entiendo… es muy duro ver sufrir a alguien que uno quiere… pero he llegado a convencerme de que Longbottom es mucho más fuerte de lo que creemos… mucho más fuerte de lo que él mismo cree. Creo que todavía no es demasiado tarde, Harry. Omi está buscándole un maestro… y si no lo consiguiera, los fantasmas convocarán al espíritu de alguien para el solsticio. Perder a Longbottom no es una opción.
—Espero que sea así. Yo haré todo lo que pueda… y sé que Remus y vos también. Pero la espera se vuelve insoportable.
—Longbottom sobrevivirá… ¿y qué es lo que te preocupa respecto a Silas? Él también es de los que sobreviven…
Harry cruzó los brazos a la defensiva. — Yo… no sé lo que… —empezó a decir pero se interrumpió y negó sacudiendo la cabeza— No… no puedo decírtelo…
—Harry… esto es lo mismo que pasó con Neville, vos le habías prometido no decir nada… ¿por qué fue que rompiste la promesa?
—Para ayudarlo.
—Y para ayudar a Silas es conveniente que me cuentes ahora también.
Harry dudó unos instantes pero finalmente se decidió. —Antes de la integración con Gabriel, yo hablaba con mis alter… escribiéndonos… yo escribía algo en el diario y ellos me contestaban usando mi mano para escribir la respuesta. Está todo registrado en mi diario si quisieras leerlo.
Bajó la mirada a las rodillas y los dedos juguetearon un poco con la tela del piyama.
—No te dije nada entonces porque sabía que lo ibas a desaprobar… se suponía que no los tratara como si fueran personas distintas… pero… pero yo los necesitaba. Necesitaba conocerlos. Después vino un corto período durante el cual pude hablar con ellos directamente en mi cabeza. Fue cuando me integré con Rose. Pero eso duró poco. Aunque ahora de nuevo puedo hablar con Silas en mi cabeza.
Harry hizo una larga pausa. Severus esperó pacientemente en silencio. Suponía que Harry quería agregar algo más pero que le costaba mucho decidirse.
—Yo recuerdo cuando era Gabriel… así como también recuerdo cuando era Rose. Yo recuerdo haber tenido una habitación propia acá adentro. —dijo tocándose una sien— Me recuerdo sentado en la sala observando lo que ocurría afuera. Recuerdo a Silas y recuerdo que trabajábamos juntos… y él había empezado a confiar más en mí… a abrirse un poco más. Me permitía ver cuando había algo que lo hacía sufrir… llegaba incluso a aceptar apoyo y consuelo… y eso ocurría con más frecuencia de la que vos quizá suponés. Yo estaba ahí para cuidarlo y para asegurarme de que descansara lo suficiente. —Harry sonrió— Lo quiero como a un hermano, así como quiero a Neville.
Suspiró y apretó las piernas contra el pecho. —Después de la integración puedo oír a Silas en mi cabeza excepto que lo bloquee a propósito. Sé que puedo hacerlo pero nunca recurrí a eso. No quiero. Hablamos mucho… pero no es lo mismo que antes. Cuando yo voy al interior siempre duermo. No veo la sala y tampoco a Silas. Él se quedó solo. Yo siento que lo abandoné. Si me preocupa es porque las cosas no son como antes. Él no confía en mí para que lo cuide. Yo sé que él no confía. Él se siente como un hermano mayor para mí. Y se supone que es él el que tiene que protegerme, porque yo soy el anfitrión. Pero yo quiero cuidarlo también… y no puedo. ¿Para vos tiene sentido lo que acabo de contarte?
—Sí. —respondió Severus.
—Me siento culpable. Y estoy preocupado. Quiero demostrarle a Sy cuánto me preocupo por él. Quiero demostrarle que puedo ayudarlo si él me lo permite… pero… pero creo que sólo conseguí empeorar las cosas. Puedo percibir lo tensionado que está. Y que se está acercando a un punto de quiebre… y yo no sé que hacer para ayudarlo. Varias noches me desperté asustado y sin aliento… pero no soy yo el que tiene las pesadillas, es Sy. Pero él nunca habla de ellas. Si le pregunto cómo está, me responde siempre que está bien. Ya no se abre a mí como antes. Y… —agregó dolorido, un par de lágrimas le corrían por las mejillas— yo no sé que hacer para ayudarlo. ¡Lo abandoné, Severus! Lo dejé ahí adentro para que arregle sus problemas solo. Yo estoy acá afuera y… ¡no es justo! ¡No me importa que yo sea el anfitrión! Quiero poder entrar y verlo… y ayudarlo.
Severus se sentía muy apenado. Se había centrado demasiado en los progresos fenomenales que había logrado Harry con su trastorno mental. Las integraciones habían sido un gran avance. Pero la condición mental de Harry seguía siendo muy frágil. Y peor aun, Harry estaba totalmente atrapado en el concepto de que Silas era una persona diferente. Y era culpa de él que fuera así porque Severus había permitido que ocurriera.
La brecha entre Silas y Harry poco a poco se había ido ensanchando y entre ellos se había establecido una relación como entre dos personas distintas. Era cierto que Harry se preocupaba por Silas, y era cierto que lo consideraba un amigo, un hermano… pero la razón última de su profunda consternación era que inconscientemente comprendía que al considerarlo una persona diferente, perdía una parte de su ser. Y cuanto más se diferenciara Silas tanto menos íntegro se sentía Harry. Porque ambos eran uno, si bien cada uno era una personalidad desgarrada del todo. Harry pensaba que demostrarle su amistad a Silas los uniría más, pero con eso sólo lograría que la separación se hiciera mucho más aparente.
Y ahora se estaban desmoronando. Silas estaba a punto de quebrarse porque ya no tenía acceso, ni siquiera de manera inconsciente, a la valentía y el amor de Harry. Harry estaba a punto de quebrarse porque ya no tenía acceso a la inteligencia y al savoir faire de Silas. Las cosas habían sido distintas cuando todavía estaba Gabriel. Gabriel y Silas se comunicaban y tenían un propósito común, proteger y servir a Harry. Ahora que Gabriel era parte del anfitrión ya no trabajaban unidos.
El propósito de Silas seguía siendo servir a Harry. Pero el propósito de Harry era vivir. Y vivir significa muchas complicaciones. Obligaciones y metas a cumplir, relaciones interpersonales y todo un sinfín de problemas. Vivir es mucho más difícil que no vivir y Silas no estaba viviendo. Se había retraído y su mundo era casi totalmente interno aunque no totalmente libre de problemas. Pero Harry y Silas ya no tenían un campo de acción común.
—Harry existe una razón por la cual yo te había pedido que no te comunicaras con tus alter. Aunque vos creas que te acerca, en realidad ocurre lo contrario, lo estás alejando.
—¿Qué me querés decir? —preguntó Harry con desconcierto.
Severus suspiró. —Silas sos vos. Vos sos Silas. No es tu hermano. No es tu amigo. Por ponerlo de algún modo, él es otra parte de tu alma. Y al considerarlo alguien distinto, estás negando lo que es… estás negando lo que sos.
—Pero no era esa mi intención…
Harry se había puesto pálido y estaba tenso otra vez y temblaba. Era demasiado para él. Severus le indicó que bebiera la poción tranquilizante, Harry obedeció.
—Ya sé que no era tu intención… quizá Silas tenga más responsabilidad porque el disponía de mayor conocimiento de causa. De todos modos no es cuestión de adjudicar responsabilidades. Y este problema es algo que se puede arreglar. No hay razón para que te preocupes.
—¡Pero yo no puedo simplemente ignoralo! —protestó Harry— ¡No puedo!
—Puedo comprenderlo… tengo que reflexionar y estudiar a fondo el asunto y ya encontraremos una solución. Ahora deberías descansar.
—Pero Silas está sufriendo… yo quiero ayudarlo…
—Lo sé… y encontraremos la forma. —prometió Severus.
Harry no protestó más, los ojos se le cerraban, la poción empezaba a hacer efecto. Se recostó y poco después se durmió. Severus fue a buscar una manta para taparlo.
Por el momento no sabía cuál era la mejor vía de acción, pero estaba seguro de que iba a encontrarle una salida apropiada al problema. Eso sí, iba tener que investigar mucho.
oOo
