Mente rota, alma quebrada
Lección de baile
Silas abrió los ojos e hizo una mueca cuando se encontró en el sofá de Severus. Estaba amaneciendo, lo que significaba que le convenía escaparse rápido si quería evitar un sinfín de preguntas. No le placía que Harry hubiera revelado el secreto, pero podía entender que lo hubiese hecho, las cosas se habían puesto muy tensas en los últimos días.
Se levantó y salió con el mayor sigilo.
oOo
—Harry, ¿sigue en pie lo de la investigación sobre el huevo? —preguntó Viktor.
Harry alzó la vista del libro y le sonrió. —Sí, claro.
Era muy temprano y ellos eran los dos únicos en la biblioteca.
—¡Qué suerte! Porque yo hasta ahora no pude avanzar nada.
—Acá no vamos a poder trabajar porque hacen mucho ruido. ¿Te parece que vayamos al campo de quidditch?
—De acuerdo.
Los dos iban muy bien abrigados cuando salieron por el patio. Harry con su grueso pulóver Weasley y la capa que le había regalado Severus. Viktor iba enfundado en su pesado sobretodo, el que usaba siempre, y una capa ribeteada en el cuello con un llamativa piel de color marrón.
—¿Qué clase de piel es ésa? —preguntó Harry con curiosidad.
—Es de una criatura mágica llamada roggenwulf; muy feroces, son parecidos a lobos pero del tamaño de un toro. Mi padre los caza.
—¡Tu padre debe de ser muy valiente! ¡Y muy fuerte! —exclamó Harry asombrado.
—Lo es.
Estuvieron experimentando con los huevos un par de horas. Tuvieron la precaución de ponerse tapones en los oídos para que los chillidos no los aturdieran tanto. Usaron diferentes tipos de encantamientos tratando de hacer más inteligible el mensaje, pero sin resultado. Entre un intento y otro también hablaron de otras cosas triviales, se rieron mucho intercambiando anécdotas graciosas de las respectivas escuelas.
—Harry… quiero hacerte una pregunta. —dijo Viktor cuando ya regresaban al castillo.
—¿Qué?
—Hermione… ¿cuántos años tiene? —preguntó con cautela.
—Cumplió quince en septiembre. —contestó Harry y agregó intencionado— ¿Por qué?
—Eh… por ninguna razón en particular… —dijo Viktor ruborizándose un poco.
—Te gusta… —dijo Harry riendo y le codeó levemente las costillas— ¿La vas a invitar al baile?
—Quizá… —contestó Viktor.
—¡Me parece una estupenda idea! —lo animó Harry.
Cuando entraron al hall se separaron, Harry subió a los dormitorios a dejar el huevo. Había quedado con sus amigos en que se reunirían frente a la cocina. Bajó minutos después con Neville. Fred, George, Hermione y Ron ya estaban esperándolo.
—Juntemos algo de comer y vayamos a la cabaña de Hagrid, hoy no va a estar y me encargó que atendiera a Fang.
Entraron a la cocina y les pidieron a los elfos que les prepararan una canasta con provisiones.
—¿De qué querías hablar con nosotros? —preguntó Fred.
—Quiero contarles de las lecciones con Dumbledore… y se me ocurrió que después podíamos estudiar sobre la transformación animagus. Últimamente descuidé bastante esa parte.
—¿Y ya hiciste los deberes? —cuestionó Hermione admonitoria— Eso tiene prioridad.
—Los deberes los puedo hacer mañana. —respondió Harry desestimando el punto con un gesto de la mano— Y hasta ahora no hemos tenido oportunidad de estudiar todos juntos.
Hermione hizo una cara pero se avino. Harry le sonrió.
Ya en la cabaña de Hagrid, Harry les contó sobre los "paseos" en el pensieve que Silas había realizado con Dumbledore. Luego se pusieron a conversar sobre las posibles implicancias que sobre la guerra podían tener esos episodios. Neville y Hermione expresaron lástima por lo que le había ocurrido a Tom Riddle y su familia. Pero Fred y George insistieron en que eso no era justificativo para sus malignas actividades posteriores.
—Dumbledore hizo bien en no contratarlo… —dijo George vehemente.
—… aunque todavía no era el Señor Oscuro por entonces… —lo secundó Fred— …ya había incursionado en las artes oscuras y fue el responsable de la muerte de Myrtle.
—Pero fue recién después que Dumbledore le negó el puesto que empezó a organizar a los mortífagos. —argumentó Hermione.
—Eso no es del todo cierto. —intervino Ron— Ya se hacía llamar Señor Oscuro cuando todavía estudiaba en la escuela y había convencido de sus ideas a varios de sus compañeros de clase.
—Yo tenía entendido otra cosa. —dijo Hermione— Estuvo estudiando varios años en el extranjero antes de empezar a organizar a sus seguidores.
—Pero sus ansias de poder venían de antes… —insistió Fred.
—Yo creo que poco importa cuándo se volvió malo. Ahora es malo y es preciso pararlo. —dijo Harry y suspiró— Dumbledore está convencido de que esas cosas que me mostró pueden ayudarme para vencerlo… pero yo no veo que me puedan servir. Nada parece tan importante… hasta ahora no me mostró nada que pueda significar una debilidad.
—Quizá eso de que junta cosas. —sugirió Neville— Vos dijiste que Dumbledore enfatizó particularmente eso.
—Quizá… pero ¿por qué no me dice las cosas claramente? ¿Por qué se anda con tantas vueltas? ¿Por qué me hace adivinar? Si Voldemort tiene una debilidad que me la diga… yo necesito saberlo. —bufó Harry.
—Quizá porque no está seguro de alguna de sus hipótesis… —aventuró Hermione— …quiere que vos deduzcas por tu cuenta sin su influencia… quizá más adelante te diga lo que sospecha.
—Eso espero… —dijo Harry y volvió a suspirar— ¿Qué les parece si ahora nos ponemos a estudiar?
—¡Pero es sábado…! —se quejó Ron— Fred, George… ayúdenme a convencerlo de que vayamos a volar un rato.
—Lo lamento, hermanito, aunque la idea es seductora…
—…preferimos esta vez los libros. Queremos llegar a ser animagi cuanto antes.
Harry sonrió. —Se ve que están muy entusiasmados.
—¡Podés apostarlo! —clamaron los dos a coro.
—Yo también estoy muy entusiasmada. —dijo Hermione— Y muy ansiosa de saber en qué animal me voy a transformar.
—Yo también. —dijo Ron— ¡Pero es sábado!
Todos se echaron a reír.
oOo
El domingo a la mañana, Harry trató de comunicarse con Silas.
¡Oh, vamos, Sy! Voy a encontrarme con Draco… y si vos no querés que vaya, es el momento de decírmelo. Pero no obtuvo respuesta, ni siquiera cuando lo repitió en voz alta.
Harry suspiró contrariado y enfiló por el corredor hasta el aula vacía acordada. Draco lo esperaba impaciente, con los brazos cruzados y golpeteando el suelo con un pie.
—Ya era hora, Potter… —le dijo sin ocultar el fastidio.
—Perdón. —se disculpó Harry con una leve sonrisa.
Draco soltó un bufido y lo estudió de arriba abajo. —Tenés que practicar en ropas de gala, porque eso es lo que vas a llevar el día del baile. Las togas son mucho más largas, supongo que no querrás tropezarte y caerte dando un triste espectáculo delante de todos.
—Ciertamente ése no es mi objetivo. —respondió Harry con sorna. —Pero no tengo ropas de gala y las que encargué para el baile todavía no llegaron.
Draco revoleó los ojos. —Ya me lo imaginaba… por suerte vine preparado y te traje una toga al menos. Para la práctica bastará.
Harry aceptó la toga y se la puso. Era muy bonita, de grueso y pesado terciopelo azul oscuro. Arrastraba un poco por el suelo. Dio algunos pasos experimentales y frunció el ceño. Tener que pelear vistiendo algo como eso sería una pesadilla, deseó que nunca le tocara. Pero no era probable que hubiera problemas durante el baile, aparte de tener que bailar, entiéndase.
—Esa postura es incorrecta. —declaró Draco con impaciencia. Se le acercó y le agarró los hombros para enderezárselos. —Y distendete, no vas a poder bailar si estás rígido como una tabla. —agregó alzando una comisura— Y no tengas miedo que no voy a lanzarte ningún hechizo.
—Ya sé. —respondió Harry frunciendo incluso más el ceño.
—¡Y desarrugá esa frente, Potter! —ordenó Draco y luego suspiró.
Se le paró enfrente y comenzó a marcarle los movimientos. —Andá copiando lo que yo hago.
Harry obedeció pero enseguida se dio cuenta de que era más difícil de lo que había pensado. —¿Podríamos hacerlo con música? Creo que me resultaría más fácil.
Draco asintió y tras un rápido movimiento de varita una música suave inundó el recinto. Draco repitió la secuencia de pasos tres veces y Harry los fue repitiendo.
—Ahora seguí solo. —le indicó y se alejó un poco para observarlo.
Harry se sentía muy extraño bailando solo y los ojos grises fijos en él no ayudaban precisamente. Se tropezó un par de veces y Draco no disimuló las muecas de disgusto ni se ahorró los comentarios sarcásticos.
—¿Sabés? Ésa no es la forma de ayudar. —protestó Harry.
—Potter, sos deplorable. ¿Te parece que podrás hacer algún mínimo progreso antes de la hora del almuerzo?
—¡Pero es que son muchos pasos! —se justificó Harry— Y la parte de alzar y hacer girar a la pareja es muy difícil ¡si uno no tiene pareja! —agregó frustrado.
—¡Ni se te ocurra pedírmelo! — exclamó Draco que ya se la veía venir— ¡Yo ni siquiera sé los pasos de la mujer!
—¡Yo no te iba pedir que bailaras conmigo! —replicó Harry deteniéndose— ¡Oh, esto es ridículo! Debería haber supuesto que una tregua con vos sería imposible. ¡Silas debe de estar loco si se hizo amigo tuyo! —le espetó. Pegó media vuelta y enfiló hacia la puerta.
—Pott… Harry, ¡esperá!
Harry se detuvo de mala gana, giró y lo enfrentó con mala cara. Pero Draco había cambiado la expresión disgustada por una sonrisa… o un atisbo de sonrisa más bien. Harry lo miró desconcertado, se preguntaba qué sería lo que había inducido el cambio repentino, pero decidió que lo mejor era no preguntar. Draco era la persona más desconfiada y defensiva que conocía… aparte de Silas, claro.
—Volvamos al principio, —sugirió Draco— seguime los movimientos unas cuantas veces más.
Harry se quedó quieto. Pero Draco ya se había puesto en movimiento. Grácil, elegante, seguro. Era muy bueno sin lugar a dudas, daba gusto mirarlo desplazarse.
Bueno, si Draco Malfoy había aprendido a bailar, ¡él también podría!, pensó Harry decidido. Suspiró, se le acercó y retomó la tarea de ir copiándole los movimientos.
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Durante la tarde Harry, Neville, Ron y Hermione estuvieron trabajando en la sala común durante varias horas haciendo los deberes. En un momento, un elfo se materializó en un rincón próximo a la puerta, no era algo desusado, ni Hermione ni Ron le prestaron mayor atención pero Harry y Neville reconocieron a Omi de inmediato. El elfo les hizo una seña en dirección a la puerta retrato.
—¡Ay, mierda! —exclamó Harry poniéndose de pie repentinamente— Me había olvidado por completo, Neville… el profesor Lupin nos había dicho que teníamos que reunirnos con él esta tarde.
—¿Cómo? —tartamudeó Neville
—¿No te acordás? Ayer cuando no cruzamos con él en el pasillo… dijo que era importante…
—Ah, sí… —reaccionó Neville siguiéndole el juego— Se me había pasado por completo…
—¡Pero si todavía les falta mucho para terminar! —protestó Hermione— Sobre todo a vos, Harry.
—No creo que vayamos a demorar mucho. Mientras tanto ustedes podrían aprovechar para hacer un descanso y comer algo.
—Me parece una excelente idea. —dijo Ron poniéndose de pie.
Hermione iba a protestar nuevamente pero Harry y Neville ya a habían partido hacia la salida.
Cuando hubieron salido, Omi se materializó al lado de ellos.
—¡Omi ha encontrado a la maestra perfecta, señores! —exclamó el elfo dando saltitos de contento— Perdón por haber demorado tanto. Tuve que convencerla para que viniera.
—No tenés que disculparte, Omi. —lo tranquilizó Harry con una sonrisa— ¿Severus y Remus ya saben?
—Sí, señor. Los están esperando en el patio donde el joven Neville tiene las lecciones.
—Perfecto, gracias, Omi. Andá a decirles que vamos para allá.
El elfo desapareció y los chicos se pusieron en marcha. Neville quiso saber de qué se trataba todo eso. Harry le sonrió ampliamente.
—Sabemos que la magia elemental te está resultando muy difícil. Así que estuvimos tratando de encontrarte un maestro mejor que Rowena. No quisimos decirte nada antes porque no queríamos crearte falsas expectativas… no sabíamos con seguridad si Omi iba a poder conseguir a alguien.
—¿Quiénes son "nosotros"? —preguntó Neville— Yo te había pedido que no dijeras nada…
—Severus, Remus y yo. —admitió Harry con expresión culpable, se detuvo y lo tomó de los brazos— Nev, yo estaba tan preocupado… yo te quiero mucho y yo sabía… sabía que te estaba perdiendo. No sabía qué hacer… vos necesitabas ayuda y yo no podía hacer nada… ¿Estás enojado conmigo? Yo sólo quería ayudar… todos queremos que te pongas mejor…
—Está bien, lo entiendo… —dijo Neville vacilante— Probablemente yo habría hecho lo mismo por vos.
—Gracias, hermano… —dijo Harry dándole un breve abrazo— Y ahora vamos… y esperemos que la maestra pueda ayudarte
Lo dudo, pensó Neville para sus adentros. Pero lo siguió resignado.
oOo
El patio estaba cubierto por una gruesa capa de nieve. Solamente algunos senderos habían sido despejados con magia. Todo lucía muy mustio, pero a Severus le resultaba un entorno muy apacible. Le gustaba el silencio y la nieve amortiguaba todos los sonidos.
Sin embargo, no estaba demasiado convencido de que la maestra que había traído Omi pudiera llegar a resultar de ayuda.
Madigan Flitwick era la hermana menor del profesor Flitwick. Tenía una melena plateada que llegaba casi hasta el suelo, no era tan larga sin embargo, porque ella no alcanzaba a medir un metro. Tenía la cara surcada por delicadas arrugas y grandes ojos celestes. Tenía una nariz larga y puntiaguda y dedos muy delgados que semejaban ramitas. Llevaba puesta una toga de color lila. Como el profesor Flitwick era muy jovial, con una sonrisa casi eterna en los labios, y su voz era muy aguda.
¿Realmente una persona así podría servirles de ayuda?
Remus no tenía las mismas dudas… o quizá había decidido que no podía permitírselas.
Los chicos llegaban en ese momento. Neville estudio a la desconocida durante unos segundos y suspiró aliviado. Probablemente había esperado a alguien menos afable y más amenazador.
Rowena se le acercó y le puso una mano sobre el hombro. —Puedo detectar gran poder y amabilidad en ella, estoy segura de que les va a ir muy bien. —le susurró.
—Mis saludos, Neville Longbottom… Harry Potter. —dijo la mujer sonriéndoles con dulzura— Soy Madigan Flitwick, soy la hermana menor del profesor de ustedes. Por favor, llámenme Maddie.
—Maddie, ¿creés que vas a poder ayudar a Neville? —preguntó Harry esperanzado.
—Eso espero. —respondió ella fijando la mirada en Neville— ¿Vos querés que te ayude, jovencito?
Neville no dijo nada.
—No tenés nada que temer. —lo animó Remus— Maddie es una persona muy agradable.
—¡No quiero! —gritó Neville— ¡No quiero volver a la Tierra nunca más! ¡¿Por qué no me dejan tranquilo?!
—¡Oh, niño! —se lamentó Madigan bajando la vista al suelo— Puedo sentir tu dolor. Puedo sentir que el peso de la Tierra te está aplastando. Pero no tiene por qué ser así.
—Nev, por favor… —rogó Harry tomándole una mano— Hacé un nuevo intento…
—¿Para qué? —respondió Neville con amargura y los ojos húmedos de lágrimas.
—Porque ahora ya no es posible cortar la conexión. —intervino Rowena con pesar en el tono— Si tratás de rechazarla, se alzará tarde o temprano reclamándote.
—Igual terminará tragándome, yo no tengo ningún control cuando me hundo. —replicó Neville con acritud.
—Longbottom, es evidente que está sufriendo… pero está rechazando la única cura posible. ¿Acaso se quiere morir? —dijo Severus con brusquedad.
—¡Severus! —lo amonestó Remus.
—¿Eso es lo que quiere, Longbottom? —insistió Severus.
—No… —murmuró Neville— Aunque a veces… a veces lo único que quiero es que todo termine…
—Nev… —suplicó Harry con lágrimas en los ojos.
Neville se desprendió de su mano, se alejó unos pasos y se envolvió el torso con los brazos.
—Yo… sólo quiero que todo termine… —gimió— …de una vez por todas.
Cayó de rodillas temblando y dejando oír sonidos ahogados. Harry y Remus corrieron a su lado, se agacharon y lo envolvieron con sus brazos.
Madigan observó toda la escena con expresión solemne y esperó pacientemente hasta que el chico se calmara. Pasó casi un cuarto de hora pero finalmente Neville volvió a ponerse de pie. Harry volvió a tomarle la mano y Remus le pasó un brazo por encima de los hombros.
—El dolor llegará a su fin, niño. —dijo Madigan con una sonrisa triste— Y podrás encontrar alegría en tu naturaleza. Vení. Permitime que te ayude a liberarte de lo hasta ahora te ahoga.
Neville vaciló un instante y asintió.
—Deben dejarnos solos. —ordenó Madigan— Este primer encuentro puede prolongarse varias horas… y luego tendremos otras sesiones a diario.
—¿Se me permite observar? —preguntó Rowena tímidamente— Desde lejos… no los importunaré…
Madigan iba a negarse pero lo reconsideró al ver las expresiones de ansiedad de Harry y Remus. Seguramente se sentirían más tranquilos si Neville no estaba tan solo. Asintió con un breve gesto.
Harry, Remus y Severus se encaminaron de regreso al castillo.
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Severus le indicó que se sentara en el sofá y él tomó asiento en el sillón de enfrente. —¿Volviste a hablar con Silas desde el viernes?
—No, señor. Ha permanecido en completo silencio.
—¿Y vos te sentís mejor?
—Quizá un poco… —admitió Harry— ¡Pero yo quiero seguir hablando con él!
—Harry, ese silencio es importante. Cuando habla con vos, lo considerás como alguien diferente. Y Silas no es alguien diferente. Vos sos Silas y él es vos.
—¡Ya lo sé! —replicó Harry con brusquedad.
—Creo que Silas lo ha entendido. Creo que Silas permanecerá callado… excepto que se presentara alguna emergencia.
—¡Pero no es justo! —reaccionó Harry enojado poniéndose de pie— Yo estoy para ayudarlo… así como él está para ayudarme. ¿¡Pero cómo puedo ayudarlo si nunca lo siento, ni lo veo, ni lo oigo?!
—Tu simple existencia ya lo ayuda. —contestó Severus imperturbable, haciendo caso omiso de la reacción violenta de Harry. —Ésa es toda la ayuda que podés darle. Él no es tu amigo ni tu confidente. Vos no podés ayudarlo a curar sus heridas mentales. Eso me corresponde a mí… o a algún otro en el que Silas decida confiar.
—¡Silas no confía en nadie! ¡Él me necesita!
—¡Vos sos él! —bramó Severus.
Harry abrió los ojos muy grandes. Sorprendido y desconcertado, volvió a tomar asiento. Satisfecho con el resultado, Severus retomó el tono medido y prosiguió: —Vos lo ayudás proporcionándole tiempo hasta que decida enfrentar el mundo y vivir el día a día. Ésa es tu forma de ayudarlo. Él está viviendo a través de tus ojos. Eso es lo que vos le das. Él debe aprender a relacionarse con otros, debe aprender a ayudar a otros, debe aprender a pedir ayuda a otros. Vos no lo estás ayudando, y por lo tanto no te estás ayudando, insistiendo en ser amigo de él.
—¡Vos no sabés todo! —le espetó Harry, nuevamente enardecido— ¡No lo sabés todo! Y tampoco conocés a Silas tanto como creés. ¡Él me necesita mucho más de lo que creés!
—Decime entonces qué más necesito saber. —lo invitó Severus calmo alzando una ceja.
¡Que ni se te ocurra contarle de las visiones que me llegan a través de Demon!, le advirtió Silas con voz helada. Era la primera vez que le hablaba desde el viernes anterior.
¡No voy a decírselo! ¡Te había prometido que no lo haría! ¿No confiás en mí?
No hubo respuesta.
Severus era consciente de que Harry le ocultaba cosas y de que Silas le ocultaba muchas más. Como daba la impresión de que Harry no estaba dispuesto a agregar nada más, lo acicateó. —¿Y bien Harry? Soy todo oídos… contame…
—No puedo. —respondió Harry adoptando una instancia altanera, se cruzó de brazos y desvió la mirada hacia la chimenea. —Y además… cualquier cosa que te dijera, vos no entenderías.
—Deberías darme un poco más de crédito, Harry. —insistió Severus con tono muy medido. —Yo sé muy bien cuáles pueden ser las consecuencias si persistís en esta actitud. Y no son halagüeñas. Vos podrías sufrir otro quiebre como el de la otra noche… y Silas, abrumado por las presiones podría terminar creando un nuevo alter. En esa dirección van orientados. ¿Es eso lo que querés?
—Por supuesto que no. —respondió Harry volviendo la cabeza y mirándolo con hostilidad.
—La mejor cosa que podés hacer por Silas es ser su anfitrión, no su amigo.
Harry no disimuló su irritación. —¡Me estás pidiendo que actué como si él no existiera! ¡¿Cómo puedo hacer algo así?! ¡Decime cómo! ¡Yo sé que él existe y que necesita mi ayuda! ¡No puedo simplemente olvidarme y hacer de cuenta que no está ahí! ¿Por qué no puedo hablar con él si prometo tener bien presente que él soy yo?
—Es que no funcionaría. —dijo Severus con una mueca impaciente— Y vos lo sabés. Estarías haciendo las cosas incluso más difíciles de lo que ya están. Desde el principio te había aclarado que no debías comunicarte con tus alter y te había explicado por qué… pero vos no me hiciste caso. Ahora estás sufriendo las consecuencias y estás gritándome a mí reprochándomelo como si fuera mi culpa. Seguís encaprichado con lo mismo.
—Yo… —dijo Harry y se dejó caer en el sofá. Ocultó la cara en las manos. — Yo no quiero lastimarlo… yo sólo quiero…
—Puedo comprender tus sentimientos. Pero debemos corregir el problema antes de que el daño sea mayor. —dijo Severus con firmeza— ¿Estás decidido a ayudar o no?
—Quiero ayudar… —masculló Harry abatido.
—¿Puedo presumir entonces que no vas a intentar comunicarte con Silas? —lo presionó Severus.
Harry asintió renuente.
—Ahora quisiera hablar con él. —pidió Severus.
—¿Cómo?
—Como siempre hacemos, recostate y cerrá los ojos para él pueda salir. Después cuando regreses podés tocar el piano o podemos practicar algo de lucha. Necesitás atenuar tensiones.
—Está bien. —dijo Harry, le sonrió, cerró los ojos y se recostó sobre el respaldo.
Un minuto después, Silas abrió los ojos.
—¿Qué es lo que querés? —preguntó con un suspiro fastidiado.
—¿Cómo te sentís? —preguntó Severus mirándolo muy serio.
—Estoy mejor. —contestó Silas desganado— Puedo darme cuenta de que me excedí un poco y de que estaba causando problemas. No volverá a ocurrir.
—Yo creo que fue algo positivo. Que este nuevo desarrollo es un buen signo. —expresó Severus— Creo que es un indicador de que estás en condiciones de integrarte para unificar al núcleo con el anfitrión.
—No. —dijo Silas con tono helado— No me voy a integrar.
—¿Por qué no? —preguntó Severus.
Silas revoleó los ojos. —En primer lugar podría decir que hace falta alguien adentro para controlar a los alter y las transiciones.
—Hum… dudo que pierdas tu capacidad de control debido a la integración, podrás cumplir las mismas funciones desde afuera. Pero debemos hablar sobre el asunto de por qué no querés integrarte.
—No estoy dispuesto a continuar con esta conversación. —dijo Silas, se puso de pie y fue hasta la puerta. Estaba cerrada. Mascullo una maldición, odiaba estar encerrado.
—Debemos hablar sobre eso, pero quizá todavía no estás listo… Vení, vamos a jugar una partida de ajedrez. —dijo poniéndose de pie. Fue a sentarse a la mesa donde ya estaba preparado el tablero.
Silas consideró la posibilidad de negarse, pero decidió que ceder en ese momento en lugar de desafiarlo le obtendría mayor ventaja en el largo plazo. Fue a sentarse enfrente de Severus.
Estuvieron jugando durante un cuarto de hora en silencio. Recién entonces Severus habló. Había esperado hasta que Silas le llevara una clara ventaja en la partida, indudablemente era todo parte de una estrategia bien trazada.
—¿De qué son tus pesadillas?
Silas se puso rígido y no contestó. Adelantó una pieza y acorralando una torre adversaria.
—¿Lockhart?
Silas levantó la cabeza y lo miró con rabia. —No hables de lo que no sabés. ¿No fue eso lo que me habías dicho en aquella oportunidad el año pasado?
—Es por eso que estoy preguntando. Para saber.
Silas dibujó una mueca de intenso disgusto. Severus se dio cuenta de que lo había presionado excesivamente. Silas se retrajo y volvió Harry.
—¿Silas está bien? —preguntó Harry conteniendo un bostezo.
—Se pondrá bien. Es fuerte. —contestó Severus poniéndose de pie —¿Qué te parece si pasamos a una buena práctica de duelo?
Harry asintió sonriendo y también se puso de pie.
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