Mente rota, alma quebrada
Vivir o morir: La segunda prueba
Al menos dos docenas de Gryffindors, Ron, Seamus y Dean entre ellos, lo estaban aguardando en la sala común cuando bajó las escaleras la mañana de la segunda prueba. Todos lo rodearon, todos querían saludarlo y darle ánimos.
Harry aceptó todo estoicamente y con una sonrisa. Aunque le hubiese gustado irse cuanto antes, no quería desairar tales muestras de apoyo. Él hubiese preferido hablar unos minutos a solas con Severus, pero todo indicaba que no iba a ser posible.
Naturalmente que Severus le había dado una larga lista de recomendaciones durante las dos últimas semanas y Harry llevaba en el bolsillo la gillyweed que Severus le había proporcionado.
La demostración de sus compañeros de Casa se prolongó más de lo deseable y fue así que llegó a la orilla del lago muy sobre la hora.
Las tribunas que se habían dispuesto bordeando la orilla estaban de bote en bote y muy bulliciosas. Harry enfiló directo a la carpa de los campeones. Los otros ya estaban allí, como así también el jurado en pleno. Afortunadamente Harry se había preparado para encontrarse con Crouch porque de lo contrario hubiese reaccionado mucho menos contenido. Se limitó a dirigirle una mirada hostil. Karkaroff y madame Maxime, por su parte, le pusieron muy mala cara, Harry los ignoró por completo.
—¡Harry, bienvenido! —lo saludó Bagman entusiasta— ¡Qué bueno que estés aquí!
—¿Tenías alguna duda al respecto, Ludo? —preguntó Dumbledore con una breve carcajada. Los ojos le titilaban enloquecidos.
—¡Claro que no! —respondió Bagman riendo a su vez— Creo que ya estamos listos para empezar… Invito a los jueces a salir para tomar asiento en la mesa del jurado… los campeones esperarán unos minutos aquí hasta que sean llamados.
El público aplaudió sonoramente cuando salieron los jurados. Ludo agradeció la recepción saludando con ambas manos en alto. Crouch se veía muy pálido y lucía una expresión adusta, ignoró por completo a los asistentes. Karkaroff hizo otro tanto. Madame Maxime se animó a saludar tímidamente con una mano. Dumbledore sonreía ampliamente y agradeció la bienvenida con movimientos leves de la cabeza.
Una vez que los jueces se hubieron ubicado en la mesa elevada, Bagman llamó a los campeones. Las tribunas rugieron vitoreando cuando los vieron aparecer. Fleur abría la marcha, iba en traje de baño enterizo de color blanco que destacaba exquisitamente su esplendorosa figura. Detrás de ella iba Cedric en short de color amarillo. Lo seguía Viktor con slip negro y finalmente Harry con short rojo.
Viktor tenía una expresión muy disgustada e hizo caso omiso de los vítores de sus fans. Los otros tres estaban muy nerviosos y se limitaron a sonreír apenas.
Ludo Bagman alzó las manos para solicitar silencio. Su voz se elevó amplificada por un Sonorus. —Bien… los campeones ya están listos para enfrentar la segunda prueba que dará comienzo dentro de pocos minutos cuando yo haga sonar el silbato. Disponen de una hora para rescatar a las personas más importantes para ellos. Anoche, los jueces nos reunimos y utilizamos un encantamiento que reveló cuál es la persona más preciada para cada uno de ellos. Fleur Delacour, nos hemos llevado a tu hermana menor, Gabrielle. Cedric Diggory, en tu caso se trata de Cho Chang. Viktor Krum, nos hemos llevado a Hermione Granger. Y Harry Potter…bueno, nuestro Harry Potter siempre se aparta de lo ordinario…
Cientos de espectadores dejaron oír risas.
Ludo amplió la sonrisa e hinchió el pecho complacido por la reacción lograda. —En el caso de Harry Potter, el encantamiento reveló dos nombres en lugar de sólo uno: Neville Longbotttom y Draco Malfoy. Y en lugar de elegir arbitrariamente uno de los dos, decidimos usar a ambos. ¡El señor Potter deberá rescatar dos rehenes para completar la tarea!
De repente se produjo absoluto silencio. Harry miraba a Bagman con horror y furia. Los otros campeones tenían expresiones similares. No era de extrañar, ninguno de ellos había supuesto que les quitarían una persona. Harry volaba de rabia, ¡cómo podían ser tan inconscientes! ¡Poner en peligro la vida de cinco personas por una estúpida competencia!
La mayoría de los rostros de los asistentes mostraban perplejidad. Nadie había esperado algo así.
—Los rehenes fueron entregados a los habitantes del lago. —continuó Bagman entusiasmado— Los campeones tienen una hora para recuperarlos. A la cuenta de tres haré sonar el silbato y empezará a correr el reloj… ¡Uno, dos, TREEES…!
El día de fines de febrero era muy frío pero los campeones se habían defendido con encantamientos de aislamiento térmico. Muy sacudido de saber que sus amigos estaban cautivos, caminó mecánicamente hasta el borde del lago. La multitud aclamaba de pie gritando y animando. Fleur fue la primera que se zambulló y se aplicó de inmediato un encantamiento de burbuja alrededor de la cabeza, luego se arrojó Viktor que se transfiguró parcialmente en tiburón, Cedric fue el siguiente, usó el mismo encantamiento que Fleur.
Antes de lanzarse al agua, Harry se llevó a la boca la guillyweed y masticó con rabia, su mirada se cruzó por un par de segundos con la de Severus que estaba sentado en el palco de profesores. Fue muy breve pero los ojos de su mentor le dieron seguridad, Severus estaría allí y preparado para ayudarlo si llegaba a hacer falta.
Se lanzó al agua helada y percibió las branquias que se le formaron en el cuello. Le seguía llegando a los oídos el griterío del público pero amortiguado por el agua, la sensación era muy extraña. Sacudió la cabeza, tenía una tarea que cumplir, en eso debía concentrarse. Estudió con atención el entorno subacuático, el fondo limoso, había rocas, y helechos y algas que ondulaban muy suavemente, como acunando.
Fue avanzando y descendiendo más profundo propulsándose con la patada especial que le había enseñado Viktor. Trató de mantenerse en todo momento próximo al fondo. Los ruidos del exterior fueron perdiéndose y finalmente dejaron de oírse.
El lecho del lago era irregular, había ondulaciones que semejaban colinas sumergidas y formaciones pétreas parecidas a grandes peñascos. La visión era muy limitada, unos tres metros como máximo, por los diversos obstáculos y porque la luz exterior llegaba muy atenuada. Pero pudo percibir que iban apareciendo nuevas formas en el silencio penumbroso. Rescatar a sus amigos no iba a ser sencillo, pronto empezarían a presentarse los inconvenientes. Vio peces y otras criaturas pero por el momento no parecían notar su presencia. Siguió avanzando con decisión, no debía perder tiempo.
Llegó a una especie de extenso claro cubierto por largos pastos que se movían como por si mismos. Alcanzó a divisar a Fleur que estaba luchando contra una docena de grindylows, unos demonios acuáticos con cuernos, tentáculos y filosos colmillos. Harry apuntó la varita y lanzó un encantamiento que calentó el agua alrededor de las criaturas. Los demonios lanzaron chillidos estridentes y huyeron antes de terminar completamente escaldados. Fleur le agradeció la ayuda con un movimiento de la mano, Harry le sonrió y siguieron nadando juntos durante un trecho. Hasta que un cántico que empezó a oírse de repente los hizo detener.
Tendrás sólo una hora para encontrar
y recuperar lo que te quitamos.
¡El tiempo corre, a no demorar!
O terminará pudriéndose aquí abajo.
Furioso, Harry desvió la dirección de avance y aceleró hacia el punto de donde había provenido el cántico. Fleur hizo lo mismo y nadó a la par de él. Poco después llegaron al borde de una gran hondonada. Abajo pudieron divisar muchas viviendas de piedra cruda cubierta por algas. Habían llegado al pueblo sumergido de los habitantes del lago.
Pudo distinguir muchas de las criaturas. Cuando los vieron empezaron a acercárseles. Se parecían muy poco a la bella sirenita del vitral del baño de los prefectos. Tenían la piel gris y los cabellos largos y ralos de color verde oscuro, tanto las hembras como los machos. Los ojos eran amarillos y brillantes y en la boca mostraban dos filas de dientes, como los tiburones. Hasta la cintura tenían aspecto humanoide pero la estructura muscular era diferente, la parte baja del cuerpo era semejante a la de los peces. Las hembras llevaban los pechos al descubierto, pero no resultaban tentadoras en absoluto. Todos portaban algún tipo de arma, la mayoría eran lanzas pero había también tridentes y dagas de hueso. Y todos parecían haber clavado la mirada hostil en Harry.
Insegura, Fleur avanzó nadando un par de metros, las criaturas al parecer no le prestaron ninguna atención, ella se volvió hacia Harry con una mirada interrogativa. Harry le hizo una seña para que continuara, era mejor que no se demorara, el tiempo transcurría y había que salvar a los rehenes. Fleur asintió apenas y reanudó las brazadas y el pataleo. Todo indicaba que a él le iba a resultar mucho más difícil avanzar, porque apenas hizo ademán de moverse, todas las criaturas aceleraron en dirección a él, y en el agua eran muy rápidas, pocos segundos más tarde se hallaba rodeado.
Alzó la varita y lanzó una andanada de hechizos. Pronto descubrió que las criaturas eran muy resistentes a la magia. Parecían ser inmunes al calor y las maldiciones cortantes apenas si les provocaban rasguños. Probó algunos hechizos que afectaban la mente, para provocarles ceguera o crear ilusiones… tampoco resultaron muy efectivos.
Nadó retrocediendo hasta un gran peñasco para cubrirse las espaldas. Era preciso que elaborara un plan de ataque pero nada se le ocurría. ¡Necesitaba ayuda!
¡Silas!, clamó desesperado.
Pero todo estaba ocurriendo demasiado rápido, no podía seguir las instrucciones de Silas porque sólo tenía tiempo para reaccionar defendiéndose. Una lanza le acertó en un hombro y literalmente lo clavó al peñasco rocoso. Más de dos docenas de enemigos lo cercaban ávidos. Un nuevo lanzazo lo impactó en el otro hombro y el circulo de las criaturas se iba cerrando a su alrededor. Abrían la boca y tragaban el agua que se iba tiñendo con sangre.
Una tercera lanza le alcanzó el muslo, el dolor fue intensísimo, lanzó un chillido muy agudo que el agua se encargó de amortiguar. En su cabeza, Boy chillaba también y pugnaba por tomar el control. Pero no podía permitírselo o todos terminarían despedazados.
¿Te acuerdas, Destructor?, entonó una de las hembras con una voz empalagosamente dulce, ¿Te acuerdas de ese día que volcaste tu odio y tu rabia en el lago? Haciéndolo hervir y bramar… ¿Te acuerdas de las muertes de mi gente… de mis hijos? Tú te reías… y aullabas convocando más y más destrucción. ¡Mataste a montones! Perecieron gritando… sufriendo desamparados ante el embate asesino de tu ira… ¿Te acuerdas Destructor?
Nos debes mucho, pequeño campeón, mucho dolor… salmodió una voz masculina. Nos debes sangre. Y la pagarás con tu vida.
oOo
En una dimensión en la que no existía el tiempo, Silas quedó de pie frente a Harry. Una profunda grieta en el suelo los separaba. Eran como imágenes especulares el uno del otro, si bien imágenes algo alteradas. Harry le tendió las manos sonriéndole, Silas vaciló un mínimo instante con expresión impasible finalmente extendió también los brazos y se las estrechó.
No quiero morir.
Neville me necesita.
Draco me necesita.
No quiero morir.
Las dos imágenes se fusionaron en un remolino de color. Y un instante más tarde ya no eran ellos sino uno solo.
oOo
Abrió los ojos verdes y se puso de inmediato en acción. Se cubrió primero con un escudo y luego hizo explotar el gran peñasco al que estaba clavado. Millones de filosas esquirlas volaron en todas direcciones. Los atacantes se vieron obligados a retroceder. Harry expandió el escudo que lo defendía y luego pateó el fondo limoso y abrió un túnel. Y se escondió en el agujero bloqueándolo con un escudo
Sus atacantes se desconcertaron pero volvieron a reorganizarse un momento después. Sin embargo el escudo les impedía acercarse. Decidieron finalmente alejarse, su presa sólo podía usar el túnel para llegar hasta los rehenes, allí lo estarían esperando. Harry no podía verlos pero su empatía percibió que se alejaban.
Suspiró aliviado, aunque sólo había ganado algo de tiempo. Y el dolor seguía siendo terrible y se estaba desangrando.
Boy se sacudía histérico en su mente tratando de salir, el dolor era de él, no podía permitir que los otros sufrieran.
Harry sacudió la cabeza. ¡No! No podía permitirle tomar el control. Y la integración de Boy estaba fuera de toda cuestión… Boy seguía siendo un demente.
Harry lo rechazó y fortificó las barreras en su mente para dejarlo confinado.
Todavía tenía las lanzas clavadas, fue girando y tironeando la del muslo hasta sacarla. El dolor se encendió en todo su cuerpo como si millones de chispas ardientes explotaran dentro de sí. Estuvo a punto de desmayarse. Pero tenía que resistir… Neville y Draco lo necesitaban. Y a pesar de que sentía que se iba quedando sin fuerzas tenía que actuar.
La estrategia del túnel había servido para alejar a las criaturas pero ahora ya no le parecía conveniente. Era mejor que usara otra vía de acercamiento. Se cubrió con un encantamiento de mimetismo que bajo el agua resultaba mucho más efectivo debido a la baja visibilidad y a los efectos distorsionantes propios del entorno subacuático.
Nadó ascendiendo varios metros y se aproximó al poblado por arriba. Las viviendas de piedra entraron en su campo visual, estaban dispuestas formando un círculo. En el centro del círculo había una gran estatua de un tritón, probablemente una deidad. Junto a la estatua había cinco postes. Uno estaba vacío, pero en los otros cuatro había una persona atada. Hermione, Neville, Draco y una nena rubia de unos ocho años en el último. Alcanzó a ver a Cedric que se alejaba llevándose consigo a Cho.
Volvió la mirada a los postes y sintió que lo invadía la rabia. Rabia por la situación tan vulnerable de sus amigos. Furioso de verlos tan desamparados. Las burbujas que les rodeaban la cabeza tenían un tamaño muy reducido. Se estaban quedando sin tiempo. Fue descendiendo lentamente, pocas fuerzas y energías le iban quedando. Cuando ya casi estaba al lado de ellos su encantamiento de mimetismo se desvaneció.
Oyó los bramidos feroces de las criaturas que se le venían encima… Por suerte Viktor apareció en ese momento y lanzó varios encantamientos congelantes para formar una barrera de hielo que bloqueó el avance de los atacantes.
Harry aprovechó para desatar a los cautivos y empezó a empujarlos hacia arriba. Viktor lanzó varios hechizos más contra los atacantes y luego agarró a Hermione de la mano y comenzó a nadar en ascenso. Harry tenía a Draco con una mano y Neville con la otra… miró a la nena con gran pesar en los ojos… ¡no podía llevársela! ¡Y se estaban quedando sin tiempo! Y los atacantes superarían el obstáculo de Viktor en cualquier momento… ¡y él mismo ya casi no tenía fuerzas! Empezó a ascender…
De pronto su empatía detectó un potentísimo pico de terror, giró la cabeza y vio a Fleur que venía varios metros más abajo con su hermana. Pero un poco más abajo vio a toda una hueste de criaturas del lago con intenciones asesinas que la perseguían. Y avanzaban muy rápido, pronto los alcanzaría. Susurró y creó un escudo invisible detrás de Fleur. La horda de criaturas se azotó contra la barrera.
Chúpense ésa, hijos de puta, pensó Harry sonriendo y retomó el ascenso.
Fleur iba ascendiendo más rápido que él. Sus amigos parecían pesarle más a cada segundo y los brazos le dolían espantosamente. La barrera que había creado cedió finalmente y ya no disponía de energía mágica para volver a alzarla. Y las burbujas alrededor de la cabeza de Neville y de Draco se estaban disolviendo… ¡sus amigos se estaban muriendo!
Y un segundo después se dio cuenta de que la guillyweed ya había perdido el efecto… ¡y él también se estaba ahogando! ¡Y no podía hacer nada! Sentía que iba perdiendo la consciencia… y el agua helada le inundaba los pulmones… y su cuerpo se sacudía convulsivo… y había soltado a los cautivos rescatados… ¡Él no quería morir! Pero el dolor lo abrumaba y la oscuridad lo iba rodeando…
Una mano fuerte lo sujetó de la muñeca.
Y sintió que era propulsado aceleradamente hacia arriba. Y finalmente brotó en la superficie tosiendo agua y ávido de aire. Giró la cabeza y sus ojos verdes se encontraron con los negros de Severus que lo tenía agarrado contra su pecho. Volvió a toser y se aferró llorando a Severus. ¡Agradecía tanto seguir vivo…! ¡Severus lo había salvado!
Alcanzó a ver a los jueces de pie en la costa. Lucían expresiones preocupadas. Pero ninguno de ellos estaba allí a su lado para salvarlo. Se limitaban a observar… ¿disfrutando del espectáculo? ¡Cómo los odiaba en ese momento! Se abrazó más a Severus… y un instante después se desmayó.
oOo
Una vez que los campeones se hubieron zambullido, Dumbledore usó un encantamiento sobre el lago que creó cuatro grandes pantallas circulares con las imágenes algo borrosas de los campeones en su avance subacuático.
Severus se concentró en la de Harry. A ninguno de los profesores le habían dicho nada sobre la prueba con anticipación. La imagen de la rabia de Harry cuando le habían informado en qué consistía la prueba todavía estaba muy vívida en su mente.
Mucho se había sorprendido cuando oyó que tanto Neville como Draco habían sido elegidos. Conocía el encantamiento que habían usado los jueces. Determinaba la persona más apreciada por un individuo dentro del grupo de edad más cercano a la suya. Ahora todos se enterarían de que Harry apreciaba de igual modo a Longbottom y a Draco.
Severus sospechaba que el encantamiento había determinado a la persona más apreciada por Harry y a la persona más apreciada por Silas. Pero si ése era el caso… ¿por qué Silas sentía tal aprecio por Draco Malfoy? Obviamente había muchas cosas que él desconocía… y eso realmente lo inquietaba mucho. Con Silas siempre era así, por momentos sentía que hacía progresos… pero siempre era avanzar un paso para retroceder dos… era enloquecedor.
Volvió a concentrarse en la pantalla de Harry. No lo sorprendió que rescatara a Delacour de los grindylows, pero frunció el ceño cuando los dos fueron rodeados por las furiosas criaturas del lago. Un intenso sentimiento de miedo fue creciendo en su pecho y en su mente fue transformándose en una revelación… la tormenta mágica… el nivel del lago elevándose, las aguas hirviendo… gritos horribles… y más tarde la noticia de que muchos habitantes del lago habían muerto…
Severus se puso de pie y fue hasta donde estaba Dumbledore.
—Potter está serio peligro. —le susurró con aspereza— ¡Hay que sacarlo de ahí ya!
—Tonterías, mi muchacho. —le contestó Dumbledore sonriente y con mirada titilante— Harry sabe cuidarse, como vos bien lo sabés.
—Señor director, estoy hablando muy en serio. Las criaturas del lago no van a seguir las reglas. ¡Harán todo lo posible para matarlo!
Dumbledore lo miró por encima de los anteojos directo a los ojos. —Ésta va a ser una muy buena experiencia para él. No intervengas. Gabriel sabrá arreglárselas, nada serio le ocurrirá.
Severus estaba furioso pero antes de que pudiera replicar los gritos del público crecieron repentinamente al triple de intensidad. Se dio vuelta para ver qué estaba pasando. La multitud iba siguiendo con fascinado horror lo que ocurría en la pantalla de Harry. Estaba acorralado, contra una roca y fijado con pequeñas lanzas… ¡como si fuese un espécimen de laboratorio!
No podía perder un segundo más. Harry moriría allí abajo si él no hacía nada. Se fue quitando la ropa a medida que se acercaba a la orilla. Pero apenas su pie tocó el agua helada sintió que se quedaba paralizado, imposibilitado de avanzar. ¡Dumbledore le había lanzado un hechizo! ¡Estaba decidido a no permitir que Harry recibiera auxilio!
Por suerte su inmovilidad no se prolongó demasiado, se dio vuelta para ver qué era lo que había pasado y vio a Lupin apuntando a Dumbledore. No sabía qué le había hecho pero la maldición del director había perdido efecto sobre él.
Cubierto sólo con una camiseta negra y unos calzoncillos del mismo color se zambulló sin esperar más, inmediatamente murmuró un encantamiento de aislamiento para protegerse del agua helada.
Nadó a toda velocidad hacia el centro por la superficie, el rugido de las tribunas excitadas martillándole los oídos. Un encantamiento de orientación lo iba guiando hacia donde estaba Harry. Un minuto después vio aflorar a Diggory que sostenía con un brazo a Chang.
—¿¡Señor?! —graznó Cedric.
—¡A la costa! —ordenó Severus— ¡Salga cuanto antes del agua!
Severus se puso un encantamiento de burbuja y se sumergió. Medio minuto después se cruzó con Krum que ascendía con Granger. El búlgaro no disminuyó la velocidad al verlo. Y Severus podía entender muy bien por qué. Una horda de cuarenta criaturas feroces venía persiguiendo a los dos campeones restantes que portaban a los otros tres rehenes.
Delacour subía más rápido, Harry tenía que sostener a dos y además estaba herido. En ese momento lo vio sacudirse espasmódico al tiempo que soltaba a los rescatados. ¡Se estaba ahogando! ¡Y los rehenes también!
Severus conjuró un poderoso escudo para cortarles el paso a las criaturas que los perseguían. Y acelerando como una flecha llegó hasta Harry y logró asirlo de una muñeca. Inmediatamente invirtió el sentido de movimiento y comenzó a subir. Por fortuna, Lupin lo había seguido, tenía a los otros dos chicos agarrados de los brazos y ya había reemprendido el ascenso hacia la superficie.
oOo
Abrazando a Harry que se había desmayado sobre su hombro nadó hasta el punto más cercano de la costa que estaba a unos trescientos metros de distancia del estrado de los jueces.
Ya en tierra firme…
—¿Qué es lo que está pasando? —oyó tartamudear a Neville. Severus acababa de recostar a Harry sobre la hierba.
—Para la segunda prueba, —empezó a explicar Lupin— los campeones tenían que rescatar a una persona, muy preciada para cada uno de ellos, de las criaturas del lago que la mantenían cautiva. En el caso de Harry el encantamiento usado reveló dos nombres: el tuyo y el del señor Malfoy.
—¡Está malherido! —farfulló Neville.
Draco había permanecido en silencio hasta el momento. Estaba de pie, rígido, con los ojos grises clavados en Harry y Severus. En ese momento, Severus sacó la pequeña lanza que atravesaba uno de los hombros de Harry. El cuerpo de Harry se arqueó recuperando la consciencia por el intenso dolor. Draco se arrodilló junto al cuerpo y ayudó a mantenerlo quieto mientras Severus procedía de igual modo con la lanza del otro hombro.
—Se va a poner bien. —le aseguró Remus y empezó a usar encantamientos para secar y calentar a todos.
Madame Pomfrey llegó en ese instante, le ordenó a Severus que se apartara y empezó a murmurar de inmediato encantamientos sobre Harry. McGonagall y Dumbledore llegaron poco después. La profesora empezó a distribuir mantas. Lupin declinó la que le ofreció a él. Severus se había puesto nuevamente de pie, tenía la negra mirada furiosa clavada en Dumbledore, ni siquiera notó cuando la profesora le puso una manta sobre los hombros.
La voz de Bagman resonó amplificada por el Sonorus.
—¡Damas y caballeros! Hemos ya llegado a una decisión respecto de los puntajes. De un máximo de cincuenta le adjudicamos a Fleur Delacour veinticinco puntos. Fue la última que llegó hasta su rehén, quedó atrapada en dos oportunidades por los grindylows y precisó dos veces de la ayuda de los otros campeones para liberarse. Viktor Krum fue el tercero en alcanzar a los cautivos, pero fue el que regresó en segundo lugar cuatro minutos después del límite de tiempo, ayudó además a sus camaradas campeones bloqueándoles el avance a las criaturas subacuáticas. Considerando todo eso, se le otorgan cuarenta puntos. Harry Potter llegó hasta los rehenes en segundo lugar, pero fue el que regresó en último lugar y necesitó de la ayuda de sus profesores. También tuvo que enfrentar mucha mayor hostilidad por parte de las criaturas del lago y tenía que rescatar a dos cautivos además. Teniendo en cuenta todas estas desventajas y el hecho cierto de que ayudó a los otros campeones lo más que pudo, le acordamos cuarenta y cinco puntos. El ganador de la segunda prueba es Cedric Diggory, fue el primero que liberó a su rehén y regresó con sólo un minuto de retraso. A él le adjudicamos cuarenta y siete puntos.
Bagman hizo una larga pausa hasta que los gritos alborozados de las tribunas fueron acallándose. Retomó entonces su discurso.
—La tercera y última prueba tendrá lugar al atardecer del día veinticuatro de junio. A los participantes se les darán detalles e instrucciones sobre la prueba en cuestión un mes antes de esa fecha. ¡Gracias a todos los presentes por el apoyo demostrado hacia los campeones!
Severus había dejado de escuchar a Bagman mucho antes de que concluyera su alocución. Cuando madame Pomfrey levitó a Harry y emprendió la marcha hacia el ala hospitalaria, él fue tras ella. Lupin le pasó a Neville y a Draco sendos brazos por encima de los hombros y los tres los siguieron.
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Apenas Harry fue instalado en una cama, Dumbledore agarró a Severus de un brazo y lo arrastró hasta una habitación aparte. Puso encantamientos silenciadores y lo encaró.
—¡Cómo te atreviste a actuar tan inconscientemente, Severus! ¡Demando una explicación! ¡Y más te vale que sea muy buena!
Severus estaba parado de pie en el centro del cuarto, en posición de firmes como un soldado. La manta que le había puesto McGonagall sobre los hombros se le había deslizado en algún momento antes en el ala hospitalaria. Sólo llevaba puestos la camiseta y los calzoncillos, todavía húmedos.
—Era evidente que las criaturas no iban a detenerse hasta que Potter estuviese muerto. Era mi obligación protegerlo en virtud a la deuda de vida que tenía hacia su padre. No podía quedarme de brazos cruzados, observando mientras lo despedazaban.
—Él estaba bien, Severus. ¡Y yo te había ordenado claramente que no interfirieras! Yo no habría permitido que Harry muriera… ¿acaso dudás de mí?
—Logró escapar de las criaturas, pero se estaba ahogando cuando llegué hasta él. Sin ayuda no habría podido alcanzar la superficie. —argumentó Severus muy contenido.
—Yo lo habría sacado inmediatamente como último recurso. Pero todavía seguía consciente. ¡Aún existía una chance de que se las arreglara solo! —replicó Dumbledore sin disimular su enojo— Y hay más… ¿por qué el encantamiento reveló el nombre de Draco Malfoy? ¿Qué es lo que sabés, Severus? ¿Qué es lo que sabés y que te guardaste muy bien de decirme?
Dumbledore se le acercó, le agarró las mejillas con ambas manos y lo miró directo a los ojos. —Bajá ya mismo tus escudos o voy a verme obligado a creer que hay algo muy serio que me has estado ocultando.
Severus hubiera querido estrangularlo en ese momento, pero logró contener la intensa ola de odio que lo invadía. Y con Oclumencia podía engatusar al viejo así como en su momento había engañado al Señor Oscuro varios años antes. Bajó los escudos y le dejó ver todo sobre Harry… todo lo que Dumbledore ya sabía, la información crítica siguió bien resguardada. El director no se dio cuenta de la treta y a regañadientes tuvo que conformarse.
—Quiero que averigües todo sobre la relación entre ellos. —gruñó Dumbledore— Y quiero que me presentes un informe todas las noches. —ordenó apretándole las mejillas, el intenso y poderoso flujo mágico le provocó a Severus un estremecimiento. —Empiezo a temer que nuevamente te estés desviando de la buena senda, Severus. —dijo el viejo soltándolo— Quizá debería enviarte en comisión a Azkaban… hay ciertos informes que necesito… quizá sería una buena forma de recordarte lo que podría costarte ponerte en contra del lado de la Luz.
—Si el señor director así lo dispone no tengo ningún inconveniente en cumplir con sus deseos. —respondió Severus con tono neutro.
Dumbledore salió sin agregar nada más. Severus permaneció inmóvil en su posición durante unos momentos después de que la puerta se cerró. Finalmente, se desplazó tambaleante hasta la pared más próxima y se apoyó contra la dura piedra. Trató de concentrarse en respirar. Por un segundo había llegado a creer que el poder de Dumbledore lo iba a matar ahí mismo. Le llevó más de diez minutos poder recomponerse. Finalmente enderezó la postura y adoptó su habitual expresión de impasible indiferencia. Usó un encantamiento para secarse, conjuró ropa, se la puso y regresó al ala hospitalaria.
Madame Pomfrey seguía muy atareada atendiendo a Harry. Lupin estaba observando de pie a un lado de la cama, sosteniendo a Neville con un brazo por encima de los hombros. Severus estaba ansioso por saber sobre la condición física de Harry pero por el momento no era conveniente que perturbara la labor de la sanadora.
Draco Malfoy estaba sentado en una cama algo apartada de la de Harry. Inmóvil, con la mirada baja. Severus no recordaba haberlo visto nunca así. Hacia él dirigió sus pasos.
—Draco, ¿alguien se ocupó de atenderte? —preguntó.
Draco alzó la vista y lo miró con desconfianza. Severus notó también confusión y preocupación en su semblante, pero ni el mínimo rastro de la arrogancia habitual en el rostro del Slytherin.
Draco asintió apenas con un mínimo gesto.
—No tenía conocimiento de que hubiera entre Potter y vos otra relación que fuera más allá de áspera rivalidad.
Draco recuperó al segundo una expresión impasible. —Lo que Ud. diga, señor. —fue todo lo que respondió.
Severus sabía que por el momento no iba a poder sacarle nada más. Por suerte se le presentó una excusa para poder interrumpir el interrogatorio. Madame Pomfrey había dejado oír un intenso y largo suspiro y se había apartado unos pasos de la cama de Harry. Severus se le acercó. Lupin y Longbottom se habían puesto muy tensos y esperaban ansiosos las siguientes palabras de la sanadora. Con el rabillo del ojo alcanzó a ver que Draco había enderezado la postura y se había inclinado hacia delante.
—He hecho todo lo posible por el momento, se va a poner bien pero necesitará varios días para recuperarse por completo. El daño en los hombros no es preocupante, pero la herida del muslo… afectó a una arteria importante. No creo que vayan a presentarse complicaciones, pero necesitará mucho reposo y nada de tensiones durante la convalecencia.
—Gracias, Poppy. —dijo Lupin sonriendo— ¿Hay algo que podamos hacer?
—Voy a necesitar reabastecimiento de pociones. —admitió ella volviéndose hacia Severus.
—Las tendrás disponibles pronto. —dijo Severus y agregó: —¿Y en cuanto a la condición de Draco?
Ella desvió por un segundo la mirada hacia el rubio. —Draco y Neville están bien. Pueden volver hoy mismo a sus dormitorios. Recomiendo, eso sí, que se abriguen bien, que beban abundantes líquidos y que descansen.
—Me ocuparé de así sea. —dijo Severus y le hizo una seña a Draco.
Draco se puso de pie y se acercó con pasos desganados.
—Regresaré más tarde con las pociones.
—Gracias, Severus. —dijo la sanadora, se dio vuelta y volvió a concentrar su atención en Harry.
Cuando salieron del pabellón se cruzaron con Granger y Weasley que estaban esperando junto a la puerta. No hubo intercambio de palabras pero los Gryffindor fusilaron a Draco con miradas envenenadas.
Así que los amigos de Harry no sabían tampoco nada de la relación con Draco, concluyó Severus. Bueno, de alguna forma se las iba a ingeniar para averiguar de qué se trataba todo ese asunto.
oOo
Eran alrededor de las dos de la madrugada. Madame Pomfrey se había retirado a sus aposentos. El pabellón estaba en absoluto silencio y en penumbras. Era como si el castillo mismo durmiera. La paz y la quietud eran como un delicioso bálsamo para sus convulsionados pensamientos. Había tanto que analizar, tanto a lo que tenía que adaptarse. Especialmente todo lo relacionado con emociones y sentimientos.
Hermione y Ron. Le constaba que tenían buenas intenciones y que le eran leales pero detestaba las tan frecuentes actitudes pueriles que mostraban. Ellos esperaban que él actuara siempre de una cierta manera… ellos esperaban que el mundo fuera siempre de una cierta manera y se contrariaban cuando algo se desviaba de sus preconceptos. Él quería darles una oportunidad, realmente lo quería… pero ya no estaba dispuesto a continuar soportando sus caprichos y rabietas infantiles. No valía la pena.
Remus. Lo quería como a un amigo, pero el hombre no llegaba a entenderlo. Se mostraba muy torpe e incómodo con el asunto de su condición mental y lo que la había provocado. Remus siempre estaría a su lado para apoyarlo pero no siempre el apoyo que le brindaba era el que Harry necesitaba. Remus se complementaba mucho mejor con Neville.
Sirius. Seguía en parte resentido con él por haber privilegiado sus deseos de venganza por encima del bienestar de Harry. Pero también le inspiraba compasión por lo que le había tocado sufrir. Y estaba dispuesto a intentar llegar a entablar una amistad con él.
Severus. Una categoría completamente aparte. Le inspiraba tantos sentimientos conflictivos… tantos que lo mareaban. Confiaba en Severus completamente. Confiaba en él para que lo guiara, para que lo cuidara y lo protegiera. Lo quería como a un padre. Pero eso mismo implicaba otras cosas además. Implicaba que era preciso probar su independencia… y su real valía. No quería aparecer como débil a los ojos de Severus.
Neville. Neville seguía siendo su hermano, nada había cambiado al respecto. Pero quizá de ahora en adelante debería considerarlo como a un hermano menor… porque ahora se sentía mucho más protector respecto a él.
Y Draco… Draco le provocaba gran confusión y desconcierto. Draco era divertido e inteligente… y disfrutaba mucho de su compañía. Los dos pensaban de una manera tan afín. Con él se sentía tan cómodo. Con él podía establecer un tipo de relación que jamás podría existir con Hermione o con Ron. Quería que Draco siguiera siendo su amigo. Y por eso tenía que contarle toda la verdad. Porque Draco nunca se lo perdonaría si continuaba ocultándosela. A como estaban las cosas iba incluso a costarle convencerlo de que lo perdonara por haberle mentido.
Harry sabía que muchas cosas iban a cambiar en su vida a partir de ese momento. Para bien o para mal. Las partes principales de su ser se habían integrado, ahora podía considerarse una entidad completa… o casi… quedaban un par de fragmentos, pero estaban muy dañados… no podía incorporarlos y probablemente nunca podría Pero incluso así, ahora se sentía como una persona entera. Aunque no estuviera muy seguro de qué apelativo usar para nombrarse a sí mismo.
Naturalmente que para todos seguiría siendo Harry Potter. Para el mundo él era Harry Potter. Pero él odiaba esa imagen. Odiaba tener la obligación de ser el héroe, odiaba tener que estar siempre expuesto ante una sociedad que sólo quería devorarlo. Él estaba dispuesto a defenderse a sí mismo, a defender a su familia y a sus amigos si llegaban a estar en peligro. Y realmente odiaba a Voldemort y haría cualquier cosa sensata a su alcance para destruir al monstruo definitivamente… pero no tenía ningún deseo de verse obligado a proteger a todos. No quería morir en el campo de batalla, no quería morir joven. No quería verse arrastrado a una estúpida guerra entre sangrepuras y nacidos de muggles. Era por eso que detestaba el nombre Harry. Quería ser él mismo, una persona independiente, que no tenía por qué estar respondiendo constantemente a las demandas de la sociedad mágica.
Pero ya no era Silas tampoco. Confiar en otros seguía preocupándolo, porque era como darles poder sobre uno… pero al mismo tiempo sabía cuánto necesitaba a sus amigos y a su familia, Severus y Neville. Recordar siquiera el aislamiento que había elegido Silas le provocaba ahora un espeluznante cosquilleo en la columna. La vida solitaria era algo muy frío… no podía volver a eso. Seguía, por supuesto, teniendo miedo de que se aprovecharan de él… y de sólo pensar en Lockhart le daban arcadas… pero borrar de su vida a su familia y a sus amigos no era la solución.
Tenía tantas cosas en las que pensar, tanto por considerar. Y si bien ahora se sentía distinto… curiosamente también se sentía igual… era muy perturbador. Se bajó de la cama y fue hasta una de las altas ventanas.
Se quitó el pendiente y le devolvió al piano su tamaño natural. Usó un encantamiento silenciador a su alrededor, tomó asiento en la banqueta y fijó la mirada en las teclas. Sintió una cálida ola placentera sabiendo que sabía tocar… y al mismo tiempo una sensación inquietante, ¿y si acaso se había olvidado? Cerró los ojos apretadamente y depositó las manos sobre el teclado. Pulsó un acorde y lo dejó resonar en sus oídos. Luego otro… y otro más… La canción fue creciendo lentamente pero poco después todo su cuerpo se movía siguiendo el compás.
Estuvo tocando hasta que despuntó el sol. Le hubiese gustado seguir, así y todo suspirando resignado se puso de pie, redujo el piano, se lo colgó al cuello y regresó a la cama. Poco después llegó madame Pomfrey, sonriendo y con la bandeja del desayuno en las manos. Muy dicharachera estuvo parloteando sobre tonterías varias mientras él comía. Cuando terminó, ella le administró una poción y le aconsejó que siguiera durmiendo. Harry suspiró, se acostó de lado y cerró los ojos. Mucho le hubiese gustado dormir, pero no estaba seguro de que sus desbocados pensamientos se lo permitieran.
oOo
Tuvo dos visitas ese día. Dumbledore vino por la tarde a verlo. Con respecto al director sus sentimientos no tenían nada de conflictivos. Seguía odiándolo como siempre y deseaba que desapareciera de su vida lo antes posible. Pero durante un tiempo iba a tener que aguantarlo. Su plan respecto al viejo hijo de puta era sacarle la mayor cantidad de información posible sin darle nada a cambio. Cuando Dumbledore llegó junto a su cama con una sonrisa afable y un sinfín de preguntas Harry estaba muy bien preparado para manejarlo.
—Harry, mi muchacho. ¿Cómo te sentís?
—Todavía bastante cansado. —contestó Harry con una sonrisa neutra.
—Eso es entendible. —dijo Dumbledore palmeándole suavemente una rodilla— ¿Tenés alguna idea de por qué los habitantes del lago se mostraron tan violentos con vos?
—No señor. ¿Ellos no le dijeron por qué? —preguntó a su vez con curiosidad.
Al director no le gustó la respuesta pero no alteró su expresión amistosa. —Lo único que me dijo la líder de ellos fue que consideraban que se les debía una compensación por las muertes que su pueblo sufrió el verano pasado durante la tormenta. Me temo que te eligieron a vos para que pagaras.
—¿Pero por qué? —preguntó Harry con el ceño fruncido y fingiendo total inocencia.
—No lo sé. —admitió Dumbledore— Cuando hablé con ella me prometió que no dañarían a nadie más… pero será conveniente que de ahora en adelante te mantengas prudentemente alejado del lago.
Harry cerró los ojos para poder contener una risa amarga. El muy guacho ni siquiera se molestaba en disimular un poco mejor lo poco que le importaba su seguridad. Quizá si fingía tener sueño podría sacárselo de encima más pronto… pero no… el director le estaba sacudiendo un brazo un segundo después y le estaba preguntando por qué el encantamiento había revelado el nombre de Draco junto con el de Neville. Pero para eso también ya tenía preparada una respuesta.
—No lo sé, señor. Quizá porque somos rivales y la rivalidad es muy importante para mí. No me había puesto a pensar en ello hasta ahora pero… creo que me sentiría muy extraño si Malfoy desapareciera de un día para otro… somos totalmente opuestos… creo que lo que acabo de decir no tiene ningún sentido…
—Quizá no sea algo tan descabellado… —dijo Dumbledore y Harry suspiró de alivio para sus adentros— Es algo bastante frecuente definir algo por el opuesto. La posibilidad tampoco se me había ocurrido. Suponíamos que el encantamiento elegiría la relación positiva más próxima… pero una relación negativa puede llegar a ser igual de intensa. Para una persona como vos un rival es importante porque te permite mantener bien aceitados tus recursos de ataque y defensa. Quizá tengas razón, mi muchacho. Y muy sagaz de tu parte que llegaras a esa conclusión. —dijo dándole unas palmaditas en la cabeza.
—Gracias, señor. —dijo Harry riendo. Aunque mucho le hubiese gustado que el viejo de mierda se dejara de palmearlo como si fuera un perro.
—Señor director, mi paciente necesita mucho descanso. —intervino madame Pomfrey que se había acercado, Harry disimuló un gesto de alivio— La visita ya se ha prolongado demasiado.
Y sin mayores miramientos, la sanadora lo agarró de un brazo y lo condujo hacia la salida.
El segundo visitante se presentó mucho más tarde. Harry había conseguido finalmente dormirse, pero cuando le sacudieron el hombro se incorporó de inmediato apuntando con la varita directamente a la garganta del intruso. Que no era otro que Draco Malfoy.
oOo
Draco había venido al ala hospitalaria esperando que Potter se riera de él, que se vanagloriara de haberlo engañado y de haberlo usado a su antojo. Entró al pabellón en penumbras decidido a atacar al detestable Gryffindor con algún hechizo oscuro que le causara gran dolor. ¡¿Cómo había tenido el descaro de manipularlo de esa forma!? ¡A él nada menos! ¡A Draco Malfoy! La rabia le bullía en las venas al punto de que le resultaba difícil respirar. Las manos le temblaban, incluso la que apretaba la varita.
Pero no estaba preparado para la imagen que vio sobre la cama. El despreciable mediasangre acostado boca arriba, quieto y muy pálido, iluminado tenuemente por la luz de la luna. Parecía tan pequeño e inocuo. ¿¡Cómo era posible que alguien así pudiera ser capaz de una tan retorcida traición?! ¡Todo era tan absurdo! ¿Cómo había hecho Potter para actuar y comportarse de manera tan diferente al punto de convencerlo de que se trataban de dos personas distintas? Draco quería hacerle daño pero antes quería mirarlo directamente a los ojos. Quería que Potter lo viera para que lamentara haber jugado con él como lo había hecho.
Se acercó y le sacudió un hombro con un muy desagradable rictus de desdén dibujado en los labios.
Pero no estaba preparado para la reacción inmediata de su potencial víctima. En menos de lo que dura un parpadeo, Potter se había sentado en la cama y lo estaba apuntando directamente a la garganta con la varita.
—¡Draco! —exclamó Potter conteniendo un grito— ¿Qué estás haciendo acá? ¿Qué hora es?
Draco hizo lo posible por contener la ola de rabia que lo invadía. El sonido de la voz de Potter le había resultado doloroso. Se las arregló para contestar lo más neutramente posible. —Es la una de la mañana y creo que vos me debés varias respuestas, Potter.
Era una suerte que tuviera la ventana a la espalda, sus rasgos quedaban ensombrecidos y los de Potter iluminados. Era una posición de ventaja. Pero Potter dejó caer la mano que sostenía la varita sobre su falda y su expresión se distendió exhausta y se suavizó incluso más debido a otra emoción que no supo precisar, Draco empezó a cuestionarse si el verle la cara constituía realmente una ventaja. Corría el riesgo de que volviera a envolverlo en sus abominables mentiras. Dejó oír un breve gruñido y apretó los dientes. No iba a permitir que volviera a engañarlo.
—Si, ya sé… —dijo Potter con voz suave al tiempo que se pasaba una mano por la cara y los cabellos.
Draco lo observó suspicaz y enojado cuando Potter se desplazó un poco hacia atrás hasta quedar apoyado sobre el respaldar y seguidamente cruzó las piernas al estilo indio. Luego estiró la mano recuperó los anteojos que estaban en la mesita de luz y se los puso. Las vendas de los hombros se le trasparentaban a través del camisolín hospitalario.
—Yo no estuve jugando con vos. —empezó a decir Potter. Draco dejó oír un bufido incrédulo. Los ojos verdes lo miraron serios. —Lo que digo es cierto. Y quiero recordarte que toda esa secreta intriga de los mellizos fue la conclusión a la que arribaste vos por tu cuenta. Y si dejé que la creyeras fue solamente porque se aproximaba mucho a la verdad… y en ese momento era peligroso que te confiara todo.
—¿Qué querés decir? —siseó Draco fríamente. Se sentía furioso y además mortificado de que Potter le recordara las disparatadas hipótesis que se le habían ocurrido.
—Mirá… —Potter hizo una larga pausa, se mordió el labio y se obligó a continuar— Yo… esto es muy duro para mí… pero quisiera que me des una oportunidad para poder explicártelo.
Draco no tenía idea de a qué estaba jugando el Gryffindor ahora. No era así como había anticipado esa conversación. Frustrado, no sabía si era mejor echarle una maldición e irse o dejarlo hablar para que fuera hundiéndose más en sus mentiras.
Potter esperó pacientemente pero no dijo nada más para tratar de convencerlo.
Draco entrecerró los ojos y le espetó: —Empezá a hablar de una vez.
—No me lo estás poniendo fácil. —dijo Potter suspirando y volvió a pasarse una mano por los ya muy desordenados cabellos.
Draco miró con ojos helados la cicatriz en la frente que había quedado expuesta por unos segundos. ¿Acaso el gesto era una forma indirecta de recordarle su poder político y mágico? Si Silas pensaba que… ¡No! ¡Potter! Mal le iba a ir a Potter si pensaba que podía intimidarlo con eso.
—No es mi propósito que esto te resulte menos doloroso. —dijo Draco con desdén.
—Está bien, ya entendí…
Potter cerró los ojos e hizo una pausa. Justo cuando Draco estaba a punto de reaccionar con brusquedad e impaciencia, Potter recomenzó.
—Yo… sufrí un gran daño… daño mental, quiero decir… y eso…
Draco se dio cuenta de lo mucho que le costaba pronunciar cada palabra y sintió con si todo se descontrolara. ¿Qué era lo que estaba diciendo el muy desgraciado? ¿Y por qué tenía que creerle nada de lo que le dijera? Pero lo que sí podía notar era que Potter se iba poniendo más tenso a cada segundo.
—Cosas muy malas me ocurrieron… —prosiguió Potter con tono áspero y sus ojos adquirieron un brillo amenazante que Draco le había visto más de una vez a Silas— …y no, no quiero hablarte sobre eso ahora… pero esas cosas me afectaron la mente.
Potter desvió la cabeza a un lado y sus manos aferraron la sábana como si quisiera desgarrarla.
—Y se podría decir que fracturé mi personalidad como un recurso para defenderme de la locura… de modo de poder seguir funcionando más o menos normal como si esas cosas malas nunca hubieran ocurrido. Partí mi mente en pedazos y cada pedazo forjó su propia personalidad. Como si yo fuera varias personas que se turnaban para aflorar a la superficie.
—¡Esto es ridículo! —le escupió Draco enojado. El corazón se le había acelerado en el pecho. Pero mucha de la rabia acumulada se le iba transformando en miedo. O Potter estaba mintiendo o le acababa de revelar una verdad espantosa. Y ninguna de las posibilidades era aceptable. Eso no podía estar ocurriendo, pensó con desesperación, no era eso lo que esperaba oír. —Quiero la verdad, Potter. Ya basta de mentiras.
—¿Y qué es lo que esperabas, Draco? —lo increpó Harry volviéndose a mirarlo con llameantes ojos verdes— ¿Que te dijera que estuve actuando todo el tiempo fingiendo ser Slytherin por la noche y Gryffindor durante el día? ¿Que te mentí deliberadamente y que jugué con vos? Pues bien… ¡ésa no es la verdad! Silas era un alter, quizá el más importante… Harry era el alter anfitrión. Harry y Silas se comunicaban entre ellos, a veces escribiéndose, a veces hablando directamente… y discutían y se peleaban. Actuaban como personas distintas… tenían opiniones distintas… ¡Y vos lo sabés muy bien porque vos mismo me lo dijiste! ¡Nadie puede ser tan buen actor!
Siguió un momento de silencio, los dos estaban muy agitados y respirando sonoramente, ásperamente. Draco no sabía qué pensar ni qué creer… ¿acaso se ocultarían más secretos en las sombras? Finalmente los dos se calmaron un poco y Harry fue el primero que habló.
—Allí abajo en el fondo de lago yo me estaba muriendo. —susurró— Me iba a morir, Draco. Y siendo sólo Harry no habría sobrevivido. Necesitaba la habilidad de Silas para planear, para engañar al enemigo… para escapar. Pero también necesitaba la destreza en combate de Harry. Necesitaba a los dos. Y entonces ocurrió… de común acuerdo nos integramos porque era la única manera de seguir vivos.
Draco empezaba a creerle y cada vez se sentía más asustado. Si lo que Harry le estaba diciendo era verdad… ¡Merlín! ¡Tener que fracturar la mente para mantener la cordura! ¡Era horrible! Draco sabía desde el principio que la relación que había surgido entre ellos siempre había estado asentada en un terreno muy inestable y cuando había ido progresando sabía que en cualquier momento podía chocarse contra una gran decepción… pero esto… ¿qué se supone que haga con esto? Miró al chico que había conocido como Silas… y al que también había conocido como Harry… y seguía sin poder concebir que fuera cierto.
—¿Entonces Silas se fue…? ¿Para siempre? —preguntó finalmente.
—No. —respondió Harry acurrucándose contra el respaldar, los ojos se le habían humedecido— Yo sigo siendo Silas. Pero también soy Harry, el Gryffindor. Yo soy los dos.
Su voz adquirió un tono más frío y sus labios dibujaron una mueca de desdén. —¿Acaso es tan difícil de entender? Perdón por no haberte dicho la verdad antes. Perdón, Draco, si te sentís herido en el orgullo al enterarte de esto. Perdón porque toda esta situación es una mierda enredada. Pero quiero que consideres lo siguiente… podría ser incluso mucho peor… ¡imaginate que esto te hubiese pasado a vos!
—Calmate. —dijo Draco con un leve tono irónico— No sigas dándote manija o vas a explotar.
—Si pudieras verme claramente la cara en este preciso momento te aseguro que empezarías a temblar.
—No me cabe la menor duda. —replicó Draco festivo.
Harry empezó a reírse. Draco sonrió y se sentó al pie de la cama. Todavía le costaba entenderlo. Se preguntaba si Harry se había sentido como poseído por Silas… o quizá se había dado al revés… y a como estaban las cosas ni siquiera sabía cómo llamarlo… ¿Silas o Harry?
—Así que supongo que todo esto debe perturbarte mucho, Draco… —lo provocó Harry sonriendo— ¿Te das cuenta de que sos amigo de un Gryffindor? Ya no podés esconderte más detrás de Silas.
—Oh, por favor… —bufó Draco desestimando con un gesto la afirmación— Si Silas es una parte de vos, vos no sos ningún Gryffindor.
—Cierto. Debo admitirlo. El Sombrero me quería poner en Slytherin. —concedió con un bostezo. De repente los ojos habían empezado a cerrársele. Sonrió socarrón y miró de soslayo a Draco. —Tengo la sensación de que esta conversación habría transcurrido de manera muy distinta si hubieras venido en otro momento, cuando yo no estuviera tan exhausto y sin posibilidades de pensar claramente. Muy Slytherin de tu parte —concluyó con otro bostezo.
—Ésa fue una indirecta muy poco sutil. ¿Debo entender que me estás echando? —dijo Draco poniéndose de pie.
Harry se encogió de hombros y se acostó metiéndose debajo de las mantas. —Realmente estoy muy cansado. Quizá podremos seguir hablando con más detalle sobre mi condición en otro momento.
—Nada de quizá. — gruñó Draco y enfiló hacia la puerta, pero luego de avanzar un par de pasos se detuvo y se dio vuelta. —¿Cómo debería llamarte de ahora en más?
—Bueno, yo voy a seguir siendo Harry Potter. Y Silas no corresponde, porque ya no soy sólo Silas… —se mordió el labio y agregó: —Pero creo que en privado podrías llamarme Shadow.
—De acuerdo. —dijo Draco con voz muy suave— Buenas noches, Shadow.
No pudo evitar que se le dibujara una sonrisa en la cara cuando salió al corredor. Y una calidez muy agradable pareció inundarle el pecho. No sabía muy bien cómo progresaría la relación con este nuevo Harry, pero había dos cosas que le daban esperanza. El encantamiento lo había señalado a él junto con Longbottom. No a Granger, no a Weasley. Y además, le había pedido que lo llamara por el nombre que había creado específicamente para comunicarse con él el verano anterior. Eso era un signo de que había mucho de Silas en el nuevo Harry… y de que no todo había sido una mentira.
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