Mente rota, alma quebrada
Balance y consecuencias
—Tenés un niño seriamente perturbado, lo sabías ¿no?
Severus se sentó por reflejo en la cama apuntando con la varita al punto de donde había provenido la voz. A su mente todavía a medias dormida le llevó unos segundos ajustarse del todo, pero finalmente identificó al que había hablado. No era de extrañar que hubiese podido cruzar las decenas de hechizos que protegían sus aposentos. Siseó un Lumos.
—¡Salazar! —graznó con disgusto.
El fantasma sonreía divertido parado al pie de la cama. —¡Cuanta perspicacia! Incluso a hora tan temprana. —comentó socarrón.
Severus habría querido ametrallarlo a maldiciones, lamentablemente de poco habría servido. —Decí lo que sea que hayas venido a decir y andate cuanto antes, estúpido montón de piedras.
—Oooh… parece que alguien está fastidiado. —arrulló Salazar haciendo un mohín— Y en cuanto a estúpido… al menos yo ya me di cuenta de lo que pasó… en cambio otros… Pero al parecer no estás interesado en mi información, creo que mejor me retiro y te dejo tranquilo.
—¿Qué es lo que sabés y qué querés a cambio de la información? —preguntó Severus desdeñoso. Se levantó, se puso una bata y enfiló a la cocina a preparar un poco de té.
—Me ofendes y me has herido. —se lamentó dramáticamente Salazar llevándose una mano al pecho— Pensé que me considerabas tu amigo. Un amigo ayuda sin pedir nada a cambio.
—Salazar… estás agotándome la paciencia… —masculló Severus en advertencia.
—Oh… no es esa mi intención… —dijo Salazar con voz supuestamente compungida.
Severus suspiró cansado y pronunció un Tempus. Las cinco de la mañana. Se sirvió una taza de té y fue a sentarse a la pequeña mesa. —¿Por qué me despertaste tan temprano? ¿Se trata de una emergencia?
—No precisamente. —respondió Salazar sentándosele enfrente— Pero se me ocurrió que querrías tener tiempo para pensarlo y decidir qué vas a hacer. A Harry le van a dar el alta el domingo, ¿no es así?
—Si sigue recuperándose como hasta ahora.
—Vas a necesitar tiempo para hacer investigación. Deberías agradecérmelo. —dijo el fantasma más serio pero la mirada seguía siendo pícara.
—Pues hasta ahora no me has dicho nada. —le señaló Severus.
—Cierto… pero dado que te mostraste tan desconsiderado al mencionar algún tipo de compensación ahora te la voy a exigir. —le respondió Salazar con suficiencia.
—¿Cuáles son tus términos? —demandó Severus irritado.
—A cambio de la información tenés que prometerme que vas a hacer todo lo necesario para reducir la hostilidad de los Slytherins hacia Draco Malfoy.
Severus no pudo disimular su desconcierto.
—No me digas que eso tampoco se te había ocurrido… y yo que te creía tan sagaz.
Severus se autoamonestó por no haber anticipado la cuestión, pero era evidente que los Slytherin reaccionarían con hostilidad hacia Draco, el encantamiento lo había señalado como una de las dos personas más próximas a Harry Potter.
—Prometido. —ladró Severus— Ahora hablá.
Salazar sonrió. —La mente humana es fascinante, ¿no te parece? Y la de Harry más que ninguna, a estas alturas ya debería estar muerto o loco…
—Salazar… —gruñó Severus con tono peligroso.
—El incidente en el fondo del lago es otro de tantos ejemplos que podríamos mencionar. Lo lógico habría sido que se muriera… pero su instinto de supervivencia prevaleció una vez más… ¿Seguís sin deducirlo? Harry fue el que se ayudó a Fleur contra los grindylows, pero para escapar de las criaturas que lo habían acorralado no recurrió a atacar sino a una treta astuta… propia de Silas… ¿Qué habría hecho Silas a continuación? Seguramente habría subido a la superficie lo antes posible con la certeza de que Dumbledore no iba dejar morir a nadie, a menos que quisiera terminar sus días en Azkaban por irresponsabilidad criminal… y sin embargo fue a liberar a los rehenes… pero en el último momento dejó a la hermanita de Fleur librada a su suerte…
—¡Merlín! —susurró Severus con ojos desorbitados.
Salazar sonrió muy satisfecho. —Sí, se integraron… Lamentablemente fue algo forzado por las circunstancias, Silas no estaba del todo preparado para ese paso. Y la mente del nuevo Harry es un caos de conflictos… y eso es ponerlo suavemente.
—¿Y se puede saber por qué estás tan enfervorizado entonces? —gruñó Severus con disgusto.
—Porque es fascinante. —replicó Salazar encogiéndose de hombros— Y estoy disfrutando a mares estudiándolo. Yo no soy responsable de esta complicación, ni de los embrollos de su mente traumatizada. No me siento culpable analizándolo. Y resulta muy conveniente para mí que sus barreras de Oclumencia estén débiles, porque eso me permite escrutarlo mejor y sin dificultad. Apenas si puede ponerle contención a su empatía.
Severus no estaba con ánimos para seguir escuchándolo. Sin agregar nada más volvió a su habitación para vestirse. Salazar optó por marcharse.
oOo
Quince minutos más tarde entró en el pabellón del ala hospitalaria. Era todavía muy temprano, Poppy todavía no se había levantado.
Harry era el único paciente, todas las otras camas estaban desocupadas. Severus lo encontró durmiendo de costado, con las piernas replegadas hasta casi tocar el pecho, una mano debajo de la almohada… probablemente sosteniendo la varita. Como si esperara que lo atacaran en cualquier momento.
—¿Sev'rus?
Había abierto los ojos. A pesar de que prácticamente no había hecho ningún ruido, Harry se había despertado.
—¿Cómo te sentís?
—Bien. —contestó Harry sentándose en la cama. Agarró los lentes que estaban en la mesita y se los puso. —Las heridas fueron curadas enseguida pero los encantamientos que mantienen seguras las arterias para evitar complicaciones siguen activos. Puedo caminar sin problemas, pero me canso rápido.
—¿Tengo entendido que te darían el alta el domingo? —preguntó Severus, no había mucha luz todavía pero alcanzaba a adivinar el semblante pálido y exhausto.
—Eso parece… —dijo Harry encogiendo los hombros, era claro que no lo entusiasmaba la perspectiva de volver a clases.
Severus contuvo una mueca. ¿Cómo se sentiría Harry en Gryffindor a partir de ese momento? ¿Temía reencontrarse con Granger y Weasley? ¿Longbottom seguía siendo su amigo… su hermano? Bueno… ése era un buen momento para averiguarlo. Tomó asiento junto a la cama.
—¿Hay algo que quieras contarme? —preguntó como movida de apertura.
oOo
Harry sintió de pronto intensos deseos de llorar. Se rodeó el pecho con los brazos y se le escapó un sollozo. Sintió una mano cálida posándosele sobre el hombro. Demoró un par de minutos y finalmente logró componerse. Se secó los ojos discretamente sin atreverse todavía a levantar la vista para mirar a Severus. Le había retirado la mano del hombro, pero la había dejado a mitad de camino… en caso de que fuera necesaria nuevamente. Harry sonrió para sus adentros. A Severus seguía costándole mucho el contacto físico… como a él, pero quizá los dos iban haciendo progresos.
—Perdón. —dijo finalmente con voz ronca y tensa.
—Sospecho que las emociones serán algo inestables durante un tiempo. —dijo Severus con tono medido.
—¡Dioses, matadme! —exclamó Harry riendo y lo miró con ojos divertidos— En realidad no estoy tan mal… Severus… en serio. Pero hay tantas cosas sobre las que tengo que pensar… reflexionar…
—De eso no me cabe la menor duda.
—¿Vos querés que hablemos al respecto? —preguntó Harry poniéndose tenso. No creía estar preparado todavía para verbalizar su caos interno.
—Si ése es tu deseo. Yo estoy aquí a tu disposición para escuchar cualquier cosa que me quieras contar. Estoy aquí para vos.
Harry se mordió el labio. Sentía como si el pecho se le hinchiera de amor y gratitud. Estiró una mano temblorosa y estrechó la de Severus. Severus no la retiró. Un atisbo de sorpresa se le había colado en los rasgos. Quizá asombrado de que pudiera tolerar el contacto… o peor… que el contacto le resultara confortante.
—Gracias… —dijo Harry con sentimiento, confiaba totalmente en Severus— …por haber ido a salvarme. Presumo que Dumbledore no debe de estar precisamente complacido por lo que hiciste.
—No fue nada. —se apresuró a replicar Severus desestimando el agradecimiento. Iba a hacer el habitual gesto con la mano, pero Harry la estaba reteniendo. Se removió inquieto en el asiento. Harry sonrió. Severus carraspeó. —¿Necesitás que te traiga algo?
Harry negó con la cabeza, pero al instante siguiente cambió de parecer. —En realidad… creo que es cierto lo que dijiste… mis emociones están un poco… revueltas… desbocadas… como si corrieran simultáneamente en varios sentidos diferentes… ¿hay alguna poción para ayudarme con eso?
—La hay… —admitió Severus— Pero quizá no sea sensato enmudecer tus emociones. Ellas te hacen saber que hay cuestiones que deben abordarse.
Harry abrió la boca para protestar, Severus liberó la mano. —Así y todo… te voy a dar varios frascos. Podés tomar una media dosis antes de ir a clases… pero recomiendo que recurras a eso lo menos posible. ¿De acuerdo?
—Sí. —respondió Harry, suspiró y se recostó sobre el respaldar.
—Te voy a ayudar también a fortalecer tus escudos de Oclumencia. —ofreció Severus— Eso va a simplificarte mucho las cosas.
—¿Mis escudos? Pero si no hay nada de… —empezó a decir Harry pero se interrumpió. Frunció el ceño, cerró los ojos y se puso a examinar sus barreras. Él las veía como siempre. Sintió una presencia familiar, peinándolas… sin vacilar un segundo le franqueó acceso a Severus a su mente. Se sorprendió al notar que Severus de inmediato había tomado —con destreza y pericia— total control sobre sus escudos. De inmediato sintió un gran alivio, hasta ese momento no se había dado cuenta del tremendo esfuerzo que le había significado mantenerlos en pie.
Lenta y minuciosamente, Severus los fue fortificando. Harry lo fue siguiendo, observando atentamente, aprendiendo. Su mente era mucho más extensa ahora. Y rebosaba de pensamientos y sentimientos, muchos de ellos conflictivos. Era como si contuviera en su cabeza un gran océano, hondo y misterioso.
Y en la profundidad oscura, que la luz no alcanzaba de tan honda que era, había dos puertas. Harry podía delinear las siluetas con sus dedos mentales. Severus estaba detrás de él y una onda de aprensión los sacudió a ambos. Boy y Demon habían sido empujados a un círculo mucho más recóndito del inconsciente. Por el momento dormían… pero nada podía asegurar que no fueran a despertarse en algún momento.
Harry sintió miedo. Severus actuó de inmediato antes de que el sentimiento opresivo llegara a dominarlo. Fue tironeándolo y lo llevó de regreso a la superficie.
—Gracias. —dijo Harry abriendo los ojos. Le sonrió.
Como siempre, Severus ignoró el comentario. —Los escudos quedaron mucho mejor ahora. Ya casi son las siete y media, debo bajar al Gran Salón para el desayuno.
Se puso de pie, le apretó brevemente un hombro, dio media vuelta y se encaminó con paso decidido hacia la puerta, la negra toga flameándole elegantemente por detrás.
oOo
Harry estaba haciendo algunos ejercicios de estiramiento frente a la ventana que estaba cerca de su cama. Había dormido casi toda la mañana. Madame Pomfrey lo había despertado con el almuerzo una hora antes y le había prestado unos libros sobre Sanación para que se entretuviera leyendo. Los estuvo hojeando durante un rato, pero no estaba con ánimos para estudiar nada. Finalmente decidió que algo de actividad física le vendría bien. En eso estaba cuando…
—Harry, ¿qué estás haciendo? ¡Deberías estar descansando!
Cerró los ojos apretándolos. ¡Cuánto hubiese deseado que no hubiera sido la voz de Hermione la que acababa de oír! Pero el ruido de pasos se iba acercando… Se preparó mentalmente para enfrentarlos, pero no sabía si ya estaba listo para poder lidiar con los Gryffindor. Giró media vuelta. Ron, Hermione, Neville y los mellizos se acercaban por el corredor central delimitado por la doble fila de camas.
—Hola. —saludó con tono neutro al tiempo que les estudiaba las expresiones. Hermione parecía muy preocupada de que no estuviera en la cama. Neville y los mellizos sonreían, contentos de verlo. Pero Ron… tenía un brillo desconfiado en los ojos, los labios dibujaban una sonrisa… pero muy tensa.
—¿Madame Pomfrey te permite levantarte? —demandó Hermione con los brazos en jarras.
—Sí. —respondió Harry desestimando la importancia del punto con un gesto. Pero tomó asiento en la cama para apaciguarla. Sus emociones volvieron a bullir en su interior. Por un lado quería contarles todo y darles de ese modo la posibilidad de comprenderlo mejor. Pero no podía. Dumbledore era un enemigo y Harry no estaba seguro de que estuvieran dispuestos a ponerse en contra del director si las circunstancias llegaran a ubicarlos ante el dilema. Y Ron se veía muy contrariado… no era tan difícil imaginar la razón.
—¿Por qué fue elegido Malfoy? —le espetó el pelirrojo sin ningún tipo de preámbulo.
—¡Ron! —lo reconvino Hermione dándole un fuerte codazo.
—Quiero saber. —demandó Ron cruzando enojado los brazos sobre el pecho. —Toda la escuela está murmurando sobre eso. ¡Están diciendo que siempre fueron amigos y que todas las peleas eran simuladas! Y hay algo que no podés negar, Harry… vos guardás muchos secretos… y desaparecés todas las noches y no volvés hasta muy tarde.
—Es cierto, macho. —dijo Fred con un tono solemne que el brillo pícaro de sus ojos desmentía.
—Todas las Casas están haciendo apuestas. —intervino George— Algunos afirman que siempre estuviste espiando a los Gryffindor y que le pasabas información al lado oscuro.
—Otro dicen que Malfoy espiaba a los Slytherin y te pasaba información a vos.
Harry sonrió. —¿Y ustedes dos a cuál de las dos posibilidades apostaron?
—A ninguna, naturalmente. Nosotros manejamos las apuestas y cobramos una comisión. Es la única forma de ganar siempre. —rieron ambos al unísono.
Ron parecía a punto de explotar. —¡Esto no es cuestión de risa!
—Ron, calmate… —lo instó Hermione apaciguadora.
—¡Vos callate, Hermione! —replicó Ron dándole un empujón— Pareciera que Harry no te importa… porque si te importara estarías preocupada de que Malfoy le pudiera dar una puñalada por la espalda en cualquier momento… pero claro… ¡a vos te importa mucho más cuándo va a ser la próxima sesión de franeleo con Krum!
—¡Basta! —lo cortó Harry con brusquedad— Yo sé cuidarme y puedo hacerlo por mi cuenta. —dijo con voz helada.
—¡Pero, Harry…! —insistió Ron.
—Suficiente. —ordenó clavándole una mirada dura que no admitía réplicas— Y no es asunto mío si Hermione está viéndose con Viktor. Pará ya con esas insinuaciones, ella no me está traicionando. Si vos tenés algún problema con eso, deberías expresar las razones reales. Te estás comportando como un cobarde y como un imbécil repelente. Y éste no es el primer berrinche que hacés… y pensar que yo había llegado a creer que empezabas a madurar un poco.
—¡Vos sos el imbécil! —le escupió Ron. Pegó media vuelta y partió como tromba furibunda hacia la salida.
—Yo voy a hablar con él, Harry… —dijo finalmente Hermione interrumpiendo el silencio muy tenso que se había producido, tenía los ojos húmedos de lágrimas— Y no creo que haya querido insinuar que vos sos amigo de Malfoy… —agregó. Sonrió débilmente y se marchó para alcanzar a Ron.
Harry estuvo a punto de replicar con acritud al último comentario pero se contuvo. En realidad no estaba seguro de cómo debía manejar frente a los otros el asunto de su amistad con Draco… y era mejor no empeorar las cosas que ya bastante complicadas estaban.
—Uno pensaría que a estas alturas Ronnikins ya debería haber aprendido… —dijo George sacudiendo la cabeza y suspirando dramáticamente— …que uno no debe prestarles atención a los chismes.
—A menos que… —prosiguió Fred con una mirada de reojo hacia Harry— …los rumores sean ciertos.
—Incluso si ése fuera el caso… igual Ron se está comportando como un tonto al permitir que algo así lo fastidie… ¿a quién le importa nada de Malfoy? —retomó George
—Vos sos nuestro amigo… ¿por qué tendría que importarnos qué otros amigos tengas? —concluyó Fred haciendo una reverencia.
—Ya tenemos que regresar a clases. —dijo George— Nuestros mejores deseos de que te mejores pronto.
Y seguidamente procedió a estrellar una bolita contra el suelo al tiempo que estallaba en carcajadas. Hubo una especie de pequeña explosión y una densa nube de humo se elevó dispersándose por el ambiente.
Neville empezó a toser, tambaleó hacia delante y chocó contra la cama. Una mano le aferró la muñeca y lo sostuvo. Harry murmuró un encantamiento y el aire se aclaró rápidamente. Los mellizos habían huido. Harry miró hacia la puerta y sacudió apenas la cabeza. Los mellizos eran tan raros a veces… pero había entendido el mensaje implícito… y lo apreciaba.
Se volvió a mirar a Neville que tenía los ojos congestivos y llorosos. Le pasó un pañuelo. —¿Estás bien?
—Eh… sí… creo… —contestó Neville tosiendo un par de veces más— Creo que yo estaba demasiado cerca… ¡esa porquería es espantosa!
Harry rió.
—¿Y vos cómo estás? —preguntó Neville sentándose en la cama.
—Eh… nos integramos… —respondió Harry directamente— Soy todos ahora… Harry y Silas… y Gabriel, Rose y Kit también.
Neville lo miró asombrado y un segundo después una chispa de inquietud se le encendió en la mirada. —Y vos… eh…
Harry le sonrió divertido. —Seguís siendo mi hermano… si eso es lo que querías saber. Pero creo que a partir de ahora yo voy a ser el hermano mayor.
Neville se sonrojó y sonrió tímidamente. —Me parece bien… creo que me gustaría tener un hermano mayor.
—¿Las cosas están realmente muy mal ahí afuera? —preguntó Harry desviando por un segundo la mirada a la puerta.
—Bastante. —respondió Neville revoleando los ojos con irritación— Todos quieren que les cuente cómo fue estar en el fondo del lago… y no me creen cuando les digo que estuve inconsciente casi todo el tiempo. Y si no es sobre eso… me atosigan con preguntas sobre vos y Draco.
—¿Y vos que les contestás?
—Que no sé nada al respecto.
—Y aparte de eso… ¿no está pasando nada positivo? —gruñó Harry.
—Bueno… eh… quizá…
—¿Quë? —lo urgió Harry— No me tengas sobre ascuas.
—Madigan, el profesor Snape y Remus piensan que ya estoy listo para la transformación animagus… el próximo fin de semana…
—¿¡Cómo?! ¡Pero eso es genial! —exclamó Harry entusiasmado.
—No me costó tanto porque la estructura y fisiología vegetal no es tan complicada.
—Igual es compleja. —dijo Harry y lo rodeó con un brazo para felicitarlo— Me muero de ansiedad… ya quisiera verte transformándote.
—Esperemos que me salga bien. —dijo Neville bajando la vista a sus manos.
—Por supuesto que te va a salir bien. —dijo Harry convencido. Y luego dejó oír un gruñido desolado y se desplomó acostado sobre la cama.
—¡¿Qué te pasa?! —exclamó Neville preocupado— ¿Llamo a madame Pomfrey?
—No. —lo tranquilizó Harry sacudiendo la cabeza— Es sólo que acabo de darme cuenta de que lo más probable es que tenga una nueva forma animagus. Mi poción ya se venció, voy a tener que prepararla de nuevo… ¡y lleva casi tres meses! ¡Y después voy a tener que estudiar la biología del nuevo animal! ¡Estudié la de la serpiente y la del caballo inútilmente!
—Quizá siga siendo una de ésas. —sugirió Neville consolador palmeándole un hombro.
—Estás hablando con El Niño Que Sobrevivió. —le recordó Harry con una mueca de fastidio— Con mi suerte seguro que tengo que empezar todo de cero.
Neville lo miró con compasión y se puso de pie. —Tengo que volver a clases. Más tarde paso a visitarte de nuevo… si te parece…
—Sí… —respondió Harry y lo despidió saludándolo con la mano.
Una vez que Neville se hubo ido, bufó decepcionado y volvió a levantarse. Apretando los dientes con frustración, retomó la rutina de ejercicios.
oOo
Ya era pasada la medianoche y Draco no había venido. Harry estaba sentado en la cama con la vista fija hacia delante. Se preguntaba qué podría significar eso. ¿Acaso había decidido no creerle nada de lo que le había contado sobre su condición? ¿O acaso sí le había creído pero consideraba que era algo demasiado complicado de manejar y que no valía la pena el esfuerzo? O a lo mejor no había recibido su mensaje… pero Hedwig no había regresado con la nota… ¿estaría Hedwig lastimada? Probablemente no o ya se habría enterado…
Con el ceño fruncido, se bajó de la cama y fue hasta la ventana. La luna estaba a medias cubierta por nubes, pero así y todo proyectaba bastante luz. Tenía que decidir sus próximos pasos. A la mañana siguiente tenía la entrevista con Silverwood y ella seguramente le iba a preguntar por qué a él le habían tocado dos rehenes. Era una oportunidad excelente para aclarar lo de su relación con Draco. La cuestión era, ¿convenía que le dijera lo mismo que a Dumbledore sobre la rivalidad o era más sensato declarar abiertamente su amistad?
No era un dilema sencillo de resolver. Las dos alternativas presentaban inconvenientes. Si se declaraban amigos se exacerbarían las sospechas de los dos lados. Se ganarían muchos enemigos… al menos al principio. Pero por el lado positivo, Draco estaría protegido y se liberaría de las presiones del loco de su padre. Con el tiempo lograría forjarse una reputación honesta y respetable. Y hasta era posible que pudiera "convertir" a otros Slytherin y ganarlos para el lado de la Luz.
Pero si mantenían la amistad secreta, Draco podría vivir en avenencia con su familia y sus compañeros de Casa durante un tiempo más. Y podría pasarle información sobre cualquier plan que urdieran los Slytherin… aunque eso también lo pondría en riesgo y le complicaría mucho la vida.
Básicamente se trataba de una dicotomía entre el bienestar presente y el bienestar futuro. ¿Cómo podía él decidir sobre eso? Teniendo en cuenta que no estaría decidiendo sobre su propio bienestar. Si se guiaba sólo por sus deseos, él hubiera preferido blanquear la amistad. Pero los riesgos para Draco serían altos…
Mientras reflexionaba se había quitado el colgante y le había devuelto al piano su tamaño natural. Tomó asiento, hizo tronar los dedos y comenzó a interpretar una suave melodía, la música lo ayudaba a pensar.
—Bellísimo.
La música se interrumpió y Harry giró bruscamente. Draco estaba de pie a un par de metros, con una sonrisa descarada en los labios. Vestía pantalones negros y camisa blanca. El pelo engominado y peinado hacia atrás. Harry lo miró entrecerrando los ojos. Era la una y media de la madrugada y Draco llevaba la ropa del uniforme, aunque no la toga. Algo debía de estar pasando… para sus encuentros nocturnos, Draco siempre llevaba los cabellos sueltos y atuendo menos formal.
—No sabía que tocaras. —dijo Draco con un gesto lánguido de la mano hacia el instrumento. Un cierto velo de ociosa burla le ondulaba en los ojos. Harry lo miró con mayor suspicacia. ¿Por qué esa actitud y ese modo de actuar tan extraño? —Todo un logro para alguien de tu extracción. —agregó displicente, caminó hasta la cama y tomó asiento. Siguió parloteando, agregando otros comentarios incisivos varios con cadencia aburrida.
Pero Harry no le prestó atención alguna a sus palabras. Había percibido que había alguien más en el pabellón, cerca de la puerta. Pero no se veía a nadie.
Concentró su magia y su poder y lanzó el hechizo, sin varita y sin pronunciarlo.
Se oyó un ruido como de algo pesado que se hubiera desplomado al suelo. Se puso de pie, fue hasta el lugar del ruido, se agachó un poco y se apoderó del manto de invisibilidad que ocultaba al intruso. Que resultaron ser tres intrusos en realidad. Marcus Flint, Theodore Nott y una chica Slytherin de séptimo cuyo nombre Harry desconocía. Los tres yacían desmayados en el suelo.
Draco se le acercó. Concentró —Me has dejado muy impresionado, Shadow… un Stupefy colectivo, sin varita y sin articular sonido. Admirable.
Harry aceptó el elogio con una expresión petulante. —Nunca te olvides de con quién estás tratando, Serpentine.
—Ni por un segundo. —contestó Draco con un brillo divertido jugueteándole en los ojos. —Y decime entonces… ¿qué vamos a hacer con estos deplorables perdedores? —preguntó con alborozo.
—¿Por qué están acá? ¿Qué pasó? —preguntó Harry incorporándose.
—Sospechan que espío para vos. Y me lo plantearon de mala manera. Yo lo negué, naturalmente. Pero ellos querían pruebas…
—Ya decidiremos qué hacer con ellos. Pero quiero que me expliques un poco más. —dijo Harry, volvió sobre sus pasos y tomó asiento a horcajadas en un extremo de la banqueta del piano. Draco lo siguió y se le sentó enfrente copiándole la posición.
—Yo no soy un Gryffindor arrojado, no puedo ponerme abiertamente en contra de mis compañeros de Casa. Incluso los que no apoyan a los mortífagos se han vuelto hostiles hacia mí, creen que soy un traidor. ¿Qué se supone que haga? ¿Que les diga que aunque vos sos un Gryffindor no sos un enemigo? ¿Que en realidad vos sos más Slytherin que Gryffindor? No me creerían… y aunque algunos me creyeran, Dumbledore se enteraría de que no sos su arma perfecta y te haría la vida más imposible que hasta ahora. —razonó Draco— Y está también mi padre, que va a querer que te use si llega a saber que somos amigos. Todavía tiene mucho poder sobre mí, no quiero en lo más mínimo atraer su atención sobre mí. Y menos aun quiero que me obligue a participar en sus planes retorcidos.
—Entiendo. —dijo Harry, se quitó los lentes y se masajeó el puente de la nariz. —Entonces… la versión que debe trascender es la que le dije a Dumbledore… no somos amigos sino rivales… el encantamiento te eligió a vos porque sos mi opuesto… y yo me defino por mis opuestos… no es algo propio de un adolescente, pero yo soy un adolescente muy especial.
—¡Es una idea brillante! ¿Cómo no se me ocurrió a mí? —dijo Draco sonriendo con picardía. Hubo un instante de silencio durante el cual se estudiaron uno al otro con atención. Finalmente, Draco estiró una mano y se la posó en la rodilla. —Mirá, Shadow… en realidad nada ha cambiado… seguiremos encontrándonos en el baño de Myrtle como hasta ahora y yo haré todo lo posible para cuidarte las espaldas.
Harry hizo un gesto como los de Snape cuando minimizaba una cuestión. —Lo sé… no es eso lo que preocupa.
—¿Y entonces qué es?
—Nada… no tiene importancia. —dijo Harry y cambió de tema. —¿Qué vamos a hacer con tus acosadores?
Draco no insistió, sabía que de nada serviría. Shadow le contaría más cuando lo considerara oportuno. —Creo que podemos montar una comedia… vos hacés como que te sorprendés de verme y empezamos a insultarnos y a pelear. Eso los va a convencer.
—Suena demasiado indulgente de tu parte. —dijo Harry frunciendo el ceño.
—Ah… pero eso no es todo. Les vamos a poner también un encantamiento doloroso… que sólo se va a activar al pronunciar una determinada frase. —aclaró Draco con los ojos grises relumbrantes de malicia. —Por supuesto que ellos no van a darse cuenta de nada hasta que yo lo active.
Harry sopesó la idea durante un instante y se encogió de hombros. Poco le importaba que sufrieran… y ellos habían hecho sufrir a Draco. —De acuerdo. Vos ocupate del hechizo doloroso, yo me ocupo de condicionarlo a una frase gatilladora.
Apuntaron las varitas al trío inerte. Los dos pronunciaron simultáneamente los correspondientes hechizos. Con éxito.
El de Draco era un hechizo que provocaba muy poco dolor, pero era muy difícil de neutralizar. Harry se volvió a mirarlo alzando una ceja.
—Oh, bueno…tampoco es para tanto…—se justificó Draco.
Harry volvió a encogerse de hombros. Y procedió con el plan. Primero usó un encantamiento de memoria muy limitado para borrarles algunos segundos antes de que se desmayaran, luego con un movimiento de varita levantó los cuerpos inconscientes y los cubrió con el manto de invisibilidad. Volvió al piano y se sentó en la banqueta. Esperó a que Draco se ubicara convenientemente y reanimó a los desmayados con un susurro.
—¡¿Qué estás haciendo acá, Malfoy?! —bramó Harry amenazador.
—Fui atraído por tu melodía, Potter. ¿Cómo es que un despreciable mediasangre aprendió a tocar?
—¡Andate ya mismo o vos también vas a terminar internado en una cama! ¡O mejor… dos metros bajo tierra con el cuello roto!
—No estás en condiciones para hacerme daño alguno, Potter. Y quizá… secretamente… y sin poder explicártelo… estabas ansiando que viniera a verte… ¿o acaso no fue mi nombre el que surgió de ese encantamiento que usaron para la prueba? —ronroneó Draco y se le fue acercando provocador. —Decime, Potter… cuán importante soy para vos…
Harry se puso de pie y lo apuntó con la varita. —¡Vos no sos importante para mí, Malfoy! Pero reconozco que me resultás útil. —le escupió Harry con frialdad— Pero así como te uso a vos podría haber elegido a otro. A vos te uso como a un medio más para alcanzar mis objetivos. Tenerte a vos como amenaza latente y constante me ayuda a mantenerme siempre alerta… y me proporciona una excelente oportunidad para practicar mis destrezas en duelo. Podría haber elegido a cualquier otro Slytherin, así y todo te elegí a vos. Pero no te sientas halagado… creo que no fue una elección muy feliz de mi parte… ¡resultaste ser un alfeñique deplorable! ¡Vos sos una insignificancia en mi vida! ¡Insignificante comparado con las situaciones que me toca afrontar!
—¡Yo soy el heredero de una de las estirpes más antiguas, honorables y acaudaladas! ¡Y vos no tenés la menor idea de lo que es significativo! ¡Aunque te golpeara directamente en la cara! Ah, esperá… ciertamente algo te golpeó… y te dejó esa repugnante cicatriz… ¡felicitaciones, Potter! Y no vengas a alardear de lo importante que sos… ¡esa fama te la ganaste por ser la causa de la muerte de la sangresucia que fue tu madre!
Los dos empezaron a acribillarse a maldiciones. Una detrás de la otra… con una muy estudiada mala puntería.
Fue en ese momento que entró madame Pomfrey. Los Slytherin ocultos bajo el manto consideraron que lo sensato era escapar antes de que los descubrieran y se escurrieron del ala hospitalaria con sigilo.
Madame Pomfrey le impuso un mes de penitencias a Draco y le ordenó perentoria que volviera de inmediato a su dormitorio.
A Harry también le tocó lo suyo, tuvo que aguantar a madame Pomfrey que durante más una hora lo estuvo revisando y lo apabulló con un sinfín de recomendaciones.
oOo
—¡Ay, Harry, debe de haber sido tan terrible! —exclamó Silverwood compasiva después de oír el relato de lo que había ocurrido en el fondo del lago. Estaba sentada en una silla junto a la cama y con los ojos húmedos de lágrimas.
Harry se reacomodó un poco en las almohadas, bajó la vista a sus manos que reposaban sobre la falda y se esforzó por lucir lo más miserable posible. —Fue algo… indescriptiblemente horrible… —susurró con voz dramáticamente entrecortada— …yo no quiero que piensen que soy un cobarde… quiero decir… no es que haya tenido miedo…pero fue tan…
—¡Yo no creo que seas cobarde! —exclamó ella y le aferró las manos entre las suyas. A Harry no le gustó demasiado pero se contuvo en aras de la actuación. —¡Vos sos fuerte y valiente! ¡Tener que enfrentarte con esas criaturas malignas… y con esas lanzas clavadas! ¡Podrías haber muerto!
—Yo ya sabía que no iba a ser fácil… nos lo habían advertido… creo que lo que me pasó me lo merezco… fue una insensatez de mi parte querer participar así y todo…
—Oh, Harry, ¡no digas eso! ¡No fue tu culpa! ¡Y supiste desempeñarte de manera admirable!
—¡Nunca habría podido perdonarme si Neville hubiese resultado herido! —se lamentó Harry liberando las manos y procedió con ellas a mesarse los cabellos. —¡Quisiera salirme de todo esto! ¡No me importa quién sea que gane! ¡Yo nunca pensé que mi nombre saldría elegido!
—¡Ay, Harry! —se compadeció ella e hizo ademán de abrazarlo.
Él la rechazó.
—Harry… ¿te sentís bien? —preguntó Silverwood preocupada.
—Eh… yo… las heridas están todavía muy sensibles…
—Oh… perdón… ¿querés que llame a la sanadora?
—No… no es necesario… —susurró Harry y se esforzó por sonreír— Me voy a poner bien pronto…
—Bueno… si vos lo decís… —dijo ella poco convencida.
Harry se reacomodó un poco y adoptó una instancia más compuesta. —Supongo que algunos igual pensarán que soy un cobarde… y supongo que los mismos u otros pensarán que estoy ayudando a los Slytherin. ¡Aunque parezca un despropósito! Porque el nombre de Malfoy surgió junto al de mi mejor amigo Neville… Yo al principio tampoco lo entendía… pero después de que hablé con el profesor Dumbledore ya veo las cosas desde otra perspectiva… él piensa que a veces nos definimos por lo opuesto… yo soy El Niño Que Sobrevivió… y Malfoy… bueno, quizá Malfoy representa para mí todo lo que tiene que ver con magos oscuros… yo no sé si es así o no pero cuando trato de explicarlo… ¡nadie me cree!
Silverwood suspiró compasiva y resignada.
—Si Ud. pudiera explicarlo en su nota… quizá a Ud. le crean…
—No te inquietes, Harry, haré todo lo posible… y confío en que el público terminará comprendiéndolo.
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Era sábado a la noche y Severus fue hasta los aposentos de Lupin para llevarle una dosis de la poción matalobos. La luna llena estaba muy próxima.
—Adelante. —invitó la voz de Lupin cuando golpeó a la puerta.
Severus entró, el cuarto estaba envuelto en penumbras tenebrosas.
—¿Acaso te quedaste sin antorchas? —preguntó irónico— Podría llamar a un elfo…
—Todo está bien, Severus… puedo ver con poca luz. —lo cortó Lupin amable.
Severus se acercó al escritorio y depositó la copa humeante.
—Gracias, Severus. —dijo Lupin. Tomó la copa y se bebió la poción. No hizo ni la menor mueca de disgusto, a pesar de que tenía un gusto horrible como Severus bien sabía.
—¿Por qué no fuiste a ver a Harry? —demandó Severus con acritud— En momentos como éste necesita mucho apoyo.
Lupin suspiró pero demoró en contestar. Severus aguardó impaciente.
—Me lo prohibieron. —dijo finalmente el licántropo— También me despidieron. Esta semana que empieza es la última que voy a estar en Hogwarts.
Severus alzó las cejas. —Por lo que hiciste durante la segunda prueba…
—Así es.
Severus dio media vuelta, dándole la espalda, para ocultar su furia. —Yo tengo que ir mañana a Azkaban a buscar unos informes para el director.
Lupin apretó los dientes. —¿Una forma sutil de recordarte adonde podés terminar si no cumplís con sus designios?
—Ciertamente. —respondió Severus y volvió a girar para mirarlo.
—¡Esto es intolerable! —gruñó Lupin— Está totalmente fuera de control…
Severus asintió pero no agregó nada más. Él no podía hacer nada contra Dumbledore. Cualquier cosa que intentara sería peor… por el momento convenía mantenerlo más o menos conforme.
—¿Cómo está Harry? —preguntó Lupin.
Severus pensó unos segundos antes de contestar. —Físicamente se está recuperando bien… y en otros aspectos… podríamos decir que mantiene un cierto equilibrio… precario.
—Espero que Neville pueda ayudarlo… está mucho mejor ahora… —aventuró Lupin, no se le había ocurrido ninguna otra cosa que no fuese depresiva.
—Harry se recuperará. —dijo Severus con determinación y enfiló hacia la puerta— Mañana te traeré otra dosis de la poción. —agregó antes de salir.
—Gracias. —alcanzó a decir Remus. Pero Severus ya se había ido.
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