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Mente rota, alma quebrada
Asumir y seguir adelante
Madame Pomfrey no quedó del todo conforme con su recuperación y no le dio el alta sino hasta el lunes después de que hubo desayunado. Neville había ido a visitarlo varias veces durante el fin de semana y los mellizos una vez. A Hermione y a Ron no había vuelto a verlos desde la tarde del viernes. Harry no sabía qué esperar al respecto, ¿Lo ignorarían? ¿Se mostrarían hostiles? ¿Sólo Ron?
Del ala hospitalaria subió a la torre a buscar los útiles. No se encontró con nadie en la sala común ni en el dormitorio. De allí bajó directamente al aula de Historia, faltaban quince minutos para el comienzo de la clase, fue uno de los primeros que llegó, pero Neville venía por el otro extremo del corredor. Apuró el paso cuando lo vio y vino a saludarlo muy efusivo y contento. Entraron juntos y se ubicaron.
Unos minutos más tarde entró Hermione, sonrió cuando los vio y se les acercó. —¡Harry! ¡Qué bueno verte! ¿Ya estás bien?
—Un poco sensible todavía pero por lo demás… me siento bien.
—¡Cuánto me alegro!
—¿Leíste ya el artículo de El Semanario de las Brujas? —preguntó la voz de Lavender que estaba sentada detrás de ellos.
Harry se dio vuelta. —No. No estoy suscrito. Pero tuve una entrevista con Melissa Silverwood el sábado. ¿Qué dice? Espero que sea distinto de la basura de Rita Skeeter.
Lavender le pasó el ejemplar. La nota empezaba en la página tres y cubría cuatro carillas. Se puso a leer con atención y a medida que leía una sonrisa fue dibujándosele en los labios. Ponía énfasis en lo peligroso de la situación en la que había estado, lo exaltaba por ser un joven tan excepcional y había sabido elegir muy bien las palabras para describir el asunto de Draco. Tenía que reconocer que Silverwood era muy talentosa.
—Perdón por la demora. —dijo Remus que acababa de entrar. Las conversaciones se acallaron y todos le prestaron su atención. —Abran los libros en el capítulo treinta, pagina doscientos cuarenta, proseguiremos con la época medieval.
Harry guardó la revista y abrió su libro. Remus no se veía nada bien. Esa noche era luna llena pero parecía haber algo más. Intercambió una mirada preocupada con Neville.
oOo
Remus dio su clase como siempre tratando de no pensar en la luna llena de esa noche ni en que ésa sería su última semana en Hogwarts. Le gustaba mucho enseñar y sabía que iba a extrañar la escuela. No se le pasaron por alto las miradas preocupadas de Harry y Neville. Seguramente se acercarían para preguntarle después de clase.
Y así fue, cuando sonó la campana se aproximaron al escritorio. Lamentándolo mucho tuvo que informarles que ésa era su última semana. Neville fue el que lo tomó peor. Remus lo abrazó para confortarlo.
—Esto no tiene necesariamente que cambiar nada. Cualquier cosa que necesiten estaré de vuelta de inmediato.
—¿Por qué te echan? —preguntó Harry.
—El director y yo tenemos diferentes ópticas para considerar ciertas cosas. —respondió Remus evasivo y con tono neutro. No dijo nada de lo ocurrido durante la segunda prueba. No quería cargarlo a Harry con algo así, Harry ya tenía demasiadas cosas que manejar.
—¿Vas a estar bien? —preguntó Neville compungido.
—Por supuesto que sí. —contestó Remus, sonrió y volvió a abrazarlo. —Lo más probable es que me vaya donde Snuffles, vamos a estar muy bien, no se preocupen.
—¿Tenés idea de quién te va a reemplazar? —preguntó Harry.
—Probablemente el director mismo. No creo que haya tenido tiempo de conseguir un sustituto y sólo faltan unos meses para el final del período.
—Si llegaras a necesitar dinero, hacémelo saber. —dijo Harry— Mis padres no hubiesen querido que te faltara nada… no quiero decepcionarlos.
Remus iba a negarse, pero lo pensó mejor y sonrió. —Gracias… y ahora ya váyanse o van a llegar tarde a la próxima clase.
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El resto del día transcurrió sin mayores inconvenientes. Varios se acercaron a preguntarle sobre el artículo y sobre lo ocurrido en el fondo del lago. Harry les comentó algo sobre la nota pero en cuanto a la segunda prueba los remitió a que hablaran con Cedric. Nadie insistió demasiado, querían darle espacio.
Ron lo ignoró todo el día, bueno… al menos era mejor eso que pelear. Hermione había intentado mediar entre ellos, pero sin éxito. Draco había seguido el guión de la comedia planeada y lo había acosado en los corredores; intercambiaron los insultos habituales.
Esa noche estaba sentado en la sala común, estudiando al lado de Neville, cuando Ron se le acercó.
—Harry, ¿podríamos hablar?
Harry alzó la vista del libro y respondió con tono indiferente: —No lo sé… ¿podemos?
Ron respiró hondo. —Mirá Harry… otra vez estuve actuando como un idiota, no tendría que haber reaccionado tan mal sin darte la oportunidad de explicar lo…
—Yo no tengo por qué explicarte nada. —lo interrumpió Harry con voz fría y una mueca desdeñosa— Yo no necesito de tu aprobación o tu permiso para hacer las cosas.
Ron se puso colorado y se cruzó de brazos. —Te estoy pidiendo disculpas, ¿no?
Todos en la sala común habían fijado la vista en ellos y seguían el intercambio con atención. Harry consideró la posibilidad de que fueran a un lugar más privado… pero decidió que quizá era mejor que todos oyeran.
—Pero vos no te disculparías si yo fuera amigo de él, ¿no es cierto? No es asunto tuyo qué otros amigos elija yo. Vos le estás poniendo condiciones a nuestra amistad. Si yo no hago ciertas cosas o si hago algo que vos considerás que no está permitido… dejás de ser mi amigo. ¡Ése tipo de actitud no me gusta!
—¡Pero es que yo me preocupo por vos! —gritó Ron descruzando y revoleando los brazos— Esa serpiente rastrera podría llenarte la cabeza y hacerte creer que es tu amigo. ¡Podría engañarte para hacerte daño!
—Soy perfectamente capaz de juzgar por mi mismo y de cuidarme por mi cuenta. —respondió Harry y cerró violentamente el libro que tenía delante. Todos se sobresaltaron.
—¿¡Se supone entonces que ya no tengo que preocuparme ni protegerte?! —le espetó Ron furioso.
—¡Esto no tiene nada que ver con protegerme, Ron! ¡Esto no es más que otra rabieta tuya… de nene caprichoso! —le gritó Harry en respuesta.
—¡Paren, por favor! —intervino Hermione interponiéndose entre ellos, tenía los ojos húmedos de lágrimas— Ya dejen de pelearse. Malfoy no es amigo de Harry, así que nada de esto tiene sentido.
—Igual tiene sentido. —le replicó Harry con tono calmo— Porque indica la forma en que actuará Ron en el futuro.
—¿Así que ya no sos más mi amigo? —retomó Ron con aspereza— ¿Definitivo y como si tal cosa? ¿Quién es el que está poniendo condiciones ahora?
—Vos no podés saber cómo va a actuar Ron en el futuro. —intercedió Hermione, su voz sonó como un ruego— Ron aprendió algo de esto y estoy segura de que lo va a tener en cuenta.
—Sí, quizá. —dijo Harry, juntó sus cosas y enfiló a la escalera— No tengo ganas de seguir hablando de esto. Estoy cansado. Nos vemos mañana.
oOo
La semana transcurrió lentamente, Harry estuvo bastante abrumado por la gran cantidad de tareas escolares atrasadas, había perdido varios días de clase.
El viernes fue con Neville a despedirse de Remus y cuando volvían por el corredor Harry suspiró.
—Todavía falta una hora para la cena. Voy a ir a hablar con Severus ¿nos encontramos en el Gran Salón?
—De acuerdo, yo quería consultarle algo a la profesora Sprout, voy a aprovechar.
—¿Sobre? —preguntó Harry alzando una ceja curiosa.
—Hay un programa de estudios de verano en el que me gustaría entrar…
—¡Pero qué bueno! ¿Necesitás la recomendación de ella o algo así?
Neville asintió. —Y otras cosas. Nos vemos en la cena. Dale mis saludos a Snape.
Harry sonrió sarcástico. —No te preocupes que se los voy a dar.
oOo
—Buenas tardes. —saludó Harry cuando entró. —Neville te manda saludos. —dijo y se paró indeciso en el centro del cuarto.
Severus cerró la puerta y lo miró con curiosidad. Silas habría ido directo al tablero de ajedrez, Harry probablemente al sillón. ¿Qué haría el nuevo Harry?
Decidió meterse en la cocina. Severus lo siguió.
—¿Preparo un poco de té? —ofreció Harry con amabilidad al tiempo que agarraba el hervidor.
Severus estaba a punto de contestar, pero de pronto Harry había detenido todos sus movimientos y se había puesto blanco como un papel.
—¿Qué pasa? —preguntó adelantándose.
Harry lanzó un grito. —¡Los odio! ¡Los odio tanto! —
Y estrelló el hervidor contra el suelo. Severus reaccionó por instinto de una forma en que nunca hubiese pensado que podía reaccionar. Lo envolvió en un abrazo. Harry se puso rígido. Severus apretó el abrazo. Harry se distendió y apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¡Los odio! —repitió con voz ronca— ¡Quiero hacerlos sufrir por lo que me hicieron! ¡Quiero arrancarles los ojos y los brazos! ¡Quiero gritarles a la cara todos los insultos y obscenidades que conozco! ¡Y nunca sería suficiente! Nunca seria suficiente porque no cambiaría ni una puta cosa… ¡No borraría los cientos de veces que tuve que arrastrarme servil para complacerla! ¡Y no cambiaría el hecho de que me sentía feliz siendo su maldito esclavo! Su muñeco… con el que podía hacer lo que se le antojara. —contuvo un sollozo. —Los odio, Severus… ¡odio todo!
—No, no es así. —respondió Severus con voz muy suave y apaciguadora— No todo.
Harry se libró del abrazo y se cubrió la cara ocultando las lágrimas. Lloró en silencio un largo rato. Un chico que llora en silencio… no espera que nadie vaya en su auxilio… no espera que nadie se acerque para hacerlo sentir mejor.
—Como Silas… —dijo Harry finalmente con voz entrecortada— nunca me importó demasiado Rose… ella estaba allí, nada más… y tenía su propósito cuando estábamos en casa de los Dursley… eso era lo que importaba. Pero… acordarme de cuando era Rose es una cosa totalmente diferente.
Harry soltó una risa amarga y la mirada se le oscureció tanto al punto que quitaba el aliento contemplarlo. —Siento náuseas de sólo pensar que yo quería agradarle a esa mujer pérfida. Me veo ahí sentado, sordo y mudo, deseando dulcemente lo mejor para esos monstruos que me envolvían en la niebla opresiva de sus horribles emociones. ¡Y siento ganas de gritar de rabia…! ¡Ganas de gritarles que se metan el té y las masitas en el culo! ¡Y de mandarlos a todos a la mierda!
—Harry…
—¡Quiero gritar que ése no era yo! ¡Que yo nunca habría actuado así!
Agarró una taza y la estrelló contra la pared haciéndola añicos. Rió sombrío y se apoyó contra la pared. —Pero por supuesto que lo hice… pensé y actué así… Rose era yo. Ellos me transformaron en esa… entidad… me quebraron, Severus… ¿Podés imaginarte cómo me siento ahora? ¿Podés imaginar lo que es sentirse Rose? Y no era que estuviese actuando… no era que disimulara sonriendo al tiempo que urdía planes para matarla… ¡no! ¡Lo único que planeaba era en qué lugar plantar las putas flores! ¡O qué especias elegir para adobar el pollo! ¡Y practicaba pequeñas y corteses reverencias! ¡Y me pasaba horas limpiando para que fueran felices en su casa reluciente!
Harry se cubrió la cara con las manos ahogando sollozos.
—Harry… —intervino Severus con tono tranquilizador— Tenés razón cuando decís que Rose eras vos… pero ella sólo era una parte de vos y ni siquiera la más importante. No debés verte o sentirte débil. Todos los chicos ansían aprobación. No debés sentirte avergonzado por la conducta de Rose por entonces… así como tampoco la conducta de Kit es motivo de vergüenza…
Harry hizo una mueca y se envolvió defensivamente el torso con los brazos.
—Las conductas de Rose y Kit fueron consecuencia de situaciones injustas… buscaron, con sus propios recursos limitados la mejor manera de adaptarse. Son partes de vos, sí, pero vos sos mucho más… sos fuerte e inteligente y tus habilidades se potencian ahora que estás nuevamente entero.
Harry lo miró y dejó oír una risa. —Me parece que te estás olvidando de Boy y de Demon. El odio que puedo expresar yo en este berrinche es una nimiedad comparado con el odio que hay acumulado en Demon. ¿Y Boy? …está demasiado desquiciado como para poder funcionar… mal se puede decir que yo esté entero.
—Tus fortalezas se han integrado, podríamos decir. —matizó Severus— Ya no sos alguien indefenso como Rose o como Kit lo fueron.
—Quizá tengas razón… —concedió Harry con un suspiro. —Veamos si es cierto, practiquemos lucha.
Severus decidió que era una buena propuesta, ya tendrían oportunidad de analizar más la cuestión en otro momento.
Se quitaron las togas y fueron al aula en desuso que solían usar para las prácticas. Severus se dio cuenta enseguida de que las técnicas de Harry para la lucha habían mejorado. Acercándose mucho a la perfección. Combinaba con destreza los lances ofensivos y las técnicas defensivas. Y sabía detectar al instante los puntos débiles de Severus y en ellos concentraba todo su poder de ataque. Y si bien privilegiaba la magia también sabía sacarle el mejor provecho a la ofensiva física.
—Suficiente. —dijo Severus dos horas más tarde— Ya nos hemos perdido la cena.
Harry asintió. Estaba jadeante y chorreando sudor. Y se sentía muy satisfecho… le había dado un buen baile a Severus.
—Mañana, después de que hayas estado correteando con tus amigos por Hogsmeade, vení a verme y traé a la señorita Granger. Vamos a empezar con la preparación de la poción reveladora de la transformación animagus.
—¿Cómo sabés que ella ya está lista? —preguntó Harry secándose la frente con la manga.
—Porque le tomé un examen. —contestó Severus. Acordándose de la cara de asombro de Granger cuando le había dicho que él sabía que estaba estudiando para la transformación.
Harry sonrió y sacudió levemente la cabeza. —De acuerdo. ¿Y con respecto a Neville?
—Él va a probar la transformación el domingo en El Antro de los Alaridos. Lupin va a estar allí.
—Y vos también…
—Sí, yo también… para asegurarme de que no ocurra nada drástico. Va sin decirlo que descuento tu presencia.
Harry sonrió y salieron juntos al corredor. Cuando llegaron al pasillo que llevaba a los aposentos de Severus, Harry se detuvo y le puso una mano sobre el brazo. Severus alzó las cejas con curiosidad.
—Gracias, Severus. —dijo Harry y se despidió con una breve y respetuosa reverencia.
—Oh, andate de una vez, mocoso. —ordenó con fingida severidad— Y asegurate de comer algo antes de irte a dormir.
Harry partió corriendo y riendo. Severus se permitió una muy breve sonrisa. Las cosas no habían ido nada mal después de todo.
oOo
La relación con Ron durante la semana se había mantenido muy formal y tensa pero no habían vuelto a discutir. Estaba lejos de lo ideal, pero tampoco estaba tan mal.
El sábado cerca del mediodía partieron los seis, Ron, Hermione, los mellizos, Neville y él hacia Hogsmeade. El día estaba agradable y más templado que los anteriores que habían sido muy fríos.
Estuvieron paseando y recorriendo los negocios, intercambiando bromas como siempre. La estaban pasando muy bien.
En un momento, Harry se detuvo de golpe, había divisado a un gran perro negro sentado en una de las esquinas. Los estaba observando con sus grandes ojos brillantes y con la lengua colgándole a un lado de la boca. Lo reconoció de inmediato.
—¿Qué pasa? —le preguntó Neville en ese momento. Harry señaló con la mano hacia el perro.
Neville contuvo una exclamación. —¿Qué vamos a hacer?
En ese instante el perro se incorporó, pegó media vuelta y empezó a alejarse. Pero se detuvo después de dar unos pasos y volvió la cabeza hacia ellos.
—Creo que quiere que lo sigamos.
—¿Todos? —preguntó Neville con una mirada hacia los otros cuatro que iban un poco más adelante.
Harry se encogió de hombros. —Sí, ¿por qué no? Ellos saben que pasé el verano con él.
Se adelantaron hasta alcanzarlos y Harry los desvió hasta un callejón lateral.
—¿Qué pasa? —preguntaron los mellizos al unísono, ya barruntaban que había algo interesante en perspectiva.
—Shhh… hay alguien que quiere que lo visitemos… pero tienen que prometer que no van a decir nada… —dijo Harry.
Todos asintieron su acuerdo. Harry les dijo del perro y como medida preventiva usó un encantamiento para pasar inadvertidos a los ojos de los transeúntes, no quería despertar ningún tipo de sospecha.
El perro movió la cola muy contento cuando los detectó con el olfato acercándose y retomó la marcha. Ellos lo siguieron.
Los guió hasta las afueras de la población y luego un largo trecho por el camino, en un momento se desvió hacia un costado y empezó a escalar la montaña pedregosa.
Ellos lo siguieron avanzando por un sendero estrecho, empinado e irregular. Media hora después empezaron a descender, diez minutos más tarde llegaron a destino. La entrada de una cueva.
Harry canceló el encantamiento para no ser notados y entraron. Sirius recuperó su forma humana. Remus también estaba allí. La cueva había sido acondicionada como una vivienda acogedora y estaba muy bien equipada y provista.
Hubo varias exclamaciones asombradas de los adolescentes.
—¿Qué estás haciendo acá? —preguntó Harry.
—Cumplo con mis obligaciones de padrino. —respondió Sirius. Se le acercó y le dio un abrazo.
—¿No tenés miedo de que puedan capturarte? —inquirió Harry. En realidad no estaba realmente preocupado, sabía que Sirius sabía cuidarse y mantenerse oculto.
—Ha estado viviendo acá los últimos meses. —dijo Remus sonriendo.
—A veces bajo a Hogsmeade fingiendo ser un perro callejero. Para mantenerme al tanto de lo que pasa. Y quería estar cerca de Hogwarts en caso de que ocurriera algo. Ahora Moony me hace compañía.
—¿Moony? —repitieron a coro los mellizos con ojos de asombro.
—Sí. —confirmó Harry sonriendo— Y este otro es Padfoot.
Los mellizos cayeron de hinojos y comenzaron a hacer artificiosas reverencias. —¡Maestros sublimes! Enseñadles, por favor, a estos indignos súbditos todo lo que sabéis.
Sirius los miró desconcertado. Remus revoleó los ojos. —Oh, levántense ya, payasos. Estoy seguro de que Paddy va a estar encantado de enseñarles algunas de las tantas bromas de su extenso repertorio.
Sirius empezó a entender. —Ah… nuevos discípulos a quienes transmitir la antorcha… ¿Por qué no empiezan contándome lo que hayan hecho hasta ahora?
Los mellizos se incorporaron de un salto y procedieron a hacer un detallado relato de sus logros pasados.
Los demás sacudieron la cabeza y se acercaron a Remus.
—Esto puede tener muy malas consecuencias. —comentó Ron dramáticamente— Ya eran terribles sin instrucción adicional.
—Y que lo digas. —lo secundó Neville.
—Oh bueno… supongo que no será para tanto. —dijo Remus riendo.
Hermione se volvió hacia Harry con el ceño fruncido. —¿Ése realmente es Sirius Black? Se ve muy distinto ahora y no parece…
—¿Un asesino? —sugirió Harry adelantándosele, ella bajó la vista culpable.
—Porque no lo es. —prosiguió Harry— Ya te había dicho que era inocente. Y vos habías visto a Wormtail…
—Si, ya sé… —dijo ella, suspiró y se volvió hacia Remus— Profesor…
—Remus… —la interrumpió él con tono afable— Ya no soy más tu profesor.
—Remus… —repitió ella sonrojándose— ¿Cómo está Ud.? ¿Va a quedarse a vivir en esta cueva?
—No está tan mal como podrás ver… y realmente disfruto de la compañía de Sirius. Lo había extrañado.
Estuvieron conversando animadamente durante más de media hora hasta que Remus les recordó que ya era tiempo de que volvieran a la escuela. —No queremos que nadie empiece a sospechar. Y no vengan a visitarnos de manera furtiva, es peligroso. —agregó con una mirada de soslayo a los mellizos.
—Señor, sí señor. —respondieron Fred y George al unísono haciéndole la venia.
Sirius rió a carcajadas y los rodeó con los brazos. —Me gustan estos dos… tienen mucho potencial… sabés elegir buenos amigos, Harry.
Harry revoleó los ojos y se despidió de Sirius. —Cuidate. —le advirtió.
Neville se despidió de Remus con un abrazo y todos salieron.
Harry volvió a usar el encantamiento para pasar inadvertidos y emprendieron el regreso.
oOo
Faltaba poco para las cuatro cuando reingresaron al predio de Hogwarts.
—Date prisa, Harry o vamos llegar tarde. —lo instó Hermione.
—¿Adónde van ustedes? —quisieron saber los mellizos.
—Yo pasé el examen que me tomó el profesor Snape y voy a empezar a preparar la poción reveladora. —explicó Hermione— Harry me va a ayudar.
—¡Snape! —clamaron en conjunto Ron y los mellizos.
—Si, el profesor Snape. —confirmó ella cruzándose de brazos y poniéndoles mala cara.
—¿Él sabe que estamos estudiando para la transformación? —preguntó Ron horrorizado— ¡Seguro que nos va a delatar!
—No, para nada. —dijo Harry con firmeza— De hecho el profesor Snape me ha estado enseñando varias cosas en clases particulares. Desde las muchas penitencias que cumplí con él el año pasado llegamos a una especie de entendimiento. Confío en él.
Ron iba a protestar pero los mellizos lo frenaron. —Confiamos en tu buen juicio, macho. —dijo Fred.
—Vamos, Harry. —lo urgió Hermione impaciente, lo agarró de la muñeca y se lo llevó a la rastra.
—El profesor Snape está realmente del lado de Harry. —confirmó Neville— Y si yo puedo decir algo así sin tartamudear es la mejor prueba de que es cierto.
—Y fue el profesor Snape fue el que desafió a Dumbledore…
—…y se metió en el agua para salvar a Harry.
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El domingo cuando Harry se escabulló hacia el Sauce Golpeador para acceder a El Antro de los Alaridos, los mellizos lo siguieron. Ellos también querían presenciar la transformación de Neville. Harry renegó un poco pero finalmente accedió a que se sumaran.
Neville había llegado un par de horas antes para ir preparándose. La atmósfera estaba cargada de solemnidad y expectación. Los gemelos se habían sentado en un rincón en el piso con las piernas cruzadas y permanecían respetuosos y en silencio lejos del círculo rúnico que había dibujado Neville en el suelo. Ni siquiera habían preguntado por la presencia de la extraña mujer que se parecía tanto a Flitwick. Severus le había puesto mala cara a Harry cuando lo había visto entrar con los mellizos. Harry se había limitado a excusarse encogiéndose de hombros.
—Estoy listo. —dijo Neville con voz grave unos momentos después.
—Comenzá. —lo instó Remus con tono formal.
Neville se plantó con determinación en el centro del círculo con las piernas un poco abiertas. Cruzó las manos por delante a la altura del pecho y su rostro fue adquiriendo poco a poco una expresión de profunda concentración. El silencio en el recinto era sepulcral. La atmósfera fue cargándose de magia densa. Los minutos fueron pasando.
—Macero mei corporis ut ostendo mei animus rectus formo. Capio haec formo natura mei corpus tam ego animus advoco natura procul animus. —salmodió Neville tres veces consecutivas. Y comenzó a temblar muy ligeramente. Su contorno fue tornándose menos nítido. El círculo en el suelo empezó a relumbrar.
Poco a poco el cuerpo de Neville fue cambiando, condensándose en madera y creciendo en altura. Todos en la habitación contemplaban fascinados y conteniendo la respiración. La transformación se completó en más o menos un minuto. El centro del círculo estaba ocupado ahora por un imponente roble de casi tres metros de altura.
Harry se acercó y posó una mano sobre la corteza. —¡Sos magnífico, hermanito! —musitó con voz cálida.
—Lo has hecho maravillosamente. —dijo Madigan con ojos húmedos de lágrimas. Alzó la mirada y sonrió dulcemente.
—Siempre tuve la seguridad de que lo lograrías. —dijo Remus— Tus padres estarían muy orgullosos de vos.
Él también se acercó y como Harry posó una mano sobre el tronco.
El árbol agitó ligeramente las ramas y unas cuantas hojas llovieron encima de ellos.
—¡Fabuloso! ¡Increíble! —se extasiaron los mellizos.
—Buen trabajo, Longbottom. —dijo Severus y luego dio media vuelta y se retiró.
Neville recuperó su forma humana unos minutos más tarde. Sollozaba de alegría. Harry lo abrazó y Remus le desordenó los cabellos. Los dos hablando sin parar y al mismo tiempo. Neville todavía no podía creer que lo hubiese logrado. Aceptó complacido los elogios de Harry y de Remus y luego volvió los ojos brillosos de lágrimas de dicha hacia su maestra.
—Es tan asombroso. Apuesto a que va a ser muy diferente cuando me transforme en contacto con la tierra. Casi que puedo oír ahora los susurros de otros árboles y sentirme parte de su profunda consciencia del mundo. Es espectacular.
—Los árboles guardan una gran sabiduría. —dijo Madigan y le acarició una mano— Y llegarás a descubrir que esa sabiduría también habita en vos.
Neville se ruborizó. Y fue el turno de los mellizos. Prácticamente se le echaron encima abrazándolo y aturdiéndolo gritándole sus felicitaciones a los oídos.
Madigan los invitó a todos a bajar a Hogsmeade para festejar con cervezas en Las Tres Escobas.
oOo
—Me estaba preguntando si ustedes le podrían mandar una carta mía Percy. — les dijo Harry a los mellizos cuando los cuatro regresaron esa tarde a la sala común.
—Claro, macho… ¿se puede saber para qué? —le preguntaron.
—Tengo unas consultas que hacerle. —respondió Harry encogiéndose de hombros.
—Ningún problema… —dijo Fred— Íbamos a mandar una lechuza a casa dentro de un rato…
—¿Llevás la carta encima? —dijo George extendiendo una mano.
—No, pero… un segundo…
Harry sacó la varita, cerró los ojos y la agitó suavemente. Conjuró así la carta que había escrito para Percy en la que le preguntaba sobre Crouch, que estaba guardada en el cajón de su mesita y que vino volando hasta su mano. Los mellizos silbaron admirados. Recibieron la carta, le hicieron la venia y salieron hacia el lechucero.
—¿Y ahora qué vas a hacer? —preguntó Neville bostezando.
—Voy a ir a ver a Draco. A vos te convendría ir a dormir. Hoy estuviste genial, pero debe de haber sido extenuante.
—Gracias. Sí, creo que voy a seguir tu consejo.
oOo
El baño estaba en penumbras y en silencio. Myrtle no estaba. Harry suspiró aliviado. Iba a aprovechar para estar solo y tranquilo durante un rato. Se sentó en el suelo contra una de las paredes. Todavía faltaba más de una hora para que llegara Draco. Cerró los ojos y se puso a practicar Oclumencia.
Estaba muy concentrado y la voz lo tomó desprevenido.
—A veces me olvido de lo chiquito que sos, Shadow. Uno esperaría que alguien que se enfrentó con dragones y feroces criaturas acuáticas fuera más grande.
Harry sonrió apenas y abrió los ojos. —Como si vos fueras tan grande…
—Te llevo más de siete centímetros.
Draco estaba vestido con un pulóver negro de cuello alto y pantalones grises. Llevaba los cabellos sin fijador. Los ojos lucían brillantes y contentos.
—Te ves mucho mejor hoy. ¿Puedo presumir que no has vuelto a tener problemas con tus acosadores?
—Ninguno. —confirmó Draco sonriente— Y el profesor Snape también contribuyó a restaurarme en mi rol de líder.
—¿Ah sí? —dijo Harry poniéndose de pie— ¡Pero qué amable de su parte!
—De amabilidad nada… —dijo Draco haciendo una mueca— Como compensación me ha puesto a preparar las pociones para reaprovisionar las reservas de madame Pomfrey.
Harry se rió y se acercó al lavabo que ocultaba el acceso a la Cámara.
—Creo que por hoy podemos dejar el asunto de la disección de lado. —dijo Harry cuando llegaron al recinto principal. —Hay algo importante de lo que quiero hablarte.
Draco alzó las cejas con curiosidad pero asintió. Fueron a sentarse a una pequeña mesa que se habían provisto meses antes.
—Tengo que pedirte un favor… —dijo Harry con tono grave— Es algo muy importante y va a resultar… truculento.
Draco abrió grandes los ojos pero se mantuvo compuesto. —¿De qué se trata?
—Necesito tu ayuda para elaborar un veneno… y un encantamiento que actúe como detonante/activador.
Harry sabía que estaba corriendo un riesgo serio al revelarle sus planes, pero necesitaba ayuda y Draco era el único en el que podía confiar para eso.
—¿Usando la ponzoña del basilisco como base? —preguntó Draco entrecerrando los ojos— ¿A quién querés matar?
—A Dumbledore.
La expresión de Draco permaneció impasible pero Harry notó cierta tensión que había aparecido en sus hombros. —A Dumbledore… —repitió el rubio— ¿Y me podés explicar por qué?
Harry desvió la mirada hacia lo que todavía quedaba del cadáver del basilisco considerando qué respuesta darle. Finalmente decidió que lo que más convenía era decirle la verdad. Pasó a contarle, sin entrar en demasiados detalles, sólo lo esencial. Sobre los Dursley, y que el director se había empeñado en que volviera a vivir con ellos a pesar de que sabía lo mal que lo habían tratado. Le contó sobre el doloroso hechizo que Dumbledore le había puesto a uno de sus alter para tenerlo bajo su control. Le confió que Dumbledore se había opuesto a que se curara de su condición porque le resultaba conveniente y no quería perder su poderosa y perfecta arma estratégica. Y también le dijo que prácticamente lo había dejado a su suerte para que se muriera en el lago y que había tratado de impedir que Snape fuera a salvarlo.
—Me temo que debido a su poder va a tener muchas posibilidades en el futuro de nuevas acciones pérfidas en mi contra. Ya he tenido suficiente… no puedo permitir que cosas como ésas se repitan. —concluyó Harry y lo miró con ojos interrogadores.
—Voy a ayudarte. —declaró Draco con determinación.
—¿Estás seguro? —insistió Harry— Esto no es un juego, Serpentine… esto va en serio.
—Ya lo sé. —respondió Draco con tono grave— Pero es evidente que Dumbledore es una seria amenaza para vos. Y es preciso pararlo de algún modo. Yo te voy a ayudar.
Harry le sonrió. —Gracias.
—¿Qué harías vos sin mí? —respondió Draco alzando la nariz con petulancia.
Harry rió y usó la varita para conjurar los libros que había estado consultando desde que la idea se le había ocurrido. La mayoría eran de la sección restringida, dos eran de la biblioteca de Severus y había otros tres que había conseguido en una muy sombría librería ubicada en un estrecho callejón de Hogsmeade. Al igual que los mellizos un par de horas antes, Draco silbó admirado. Durante tres horas estuvieron investigando y considerando las distintas posibilidades. Finalmente se decidieron por un veneno que tenía en su composición ponzoña de basilisco y cicuta.
Era ideal para sus propósitos. Básicamente, la víctima debería ingerirlo en pequeñas dosis durante un período de tiempo prolongado. Se iría acumulando en su cuerpo de manera silente y no se activaría hasta el momento en que se pronunciase una particular frase gatilladora. El efecto deletéreo sería instantáneo, la victima no tendría tiempo para utilizar ningún antídoto o contraconjuro.
—¿Cómo vamos a conseguir que lo ingiera? —preguntó Draco con voz cansada.
—Ya pensaremos en algo. —dijo Harry cerrando el cuaderno de notas. Con un movimiento de varita hizo desvanecer los libros devolviéndolos a sus lugares originales— La preparación nos va a llevar dos o tres semanas, algo se nos va a ocurrir en el interín.
Draco asintió.
—Y ahora deberíamos volver e irnos a dormir… vos parecés a punto de caerte desmayado de cansancio. —dijo Harry riendo provocador.
—¡Oh, callate!
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