Mente rota, alma quebrada

Derrotar al pasado

La respuesta de Percy llegó a la semana siguiente. Poca fue la información que le proporcionó, pero al menos dos cosas en concreto: el señor Crouch seguía sin asistir a trabajar, pero estaría presente para cumplir sus funciones de jurado en la tercera prueba. Pasaron varias semanas y no supo nada nuevo sobre sus enemigos y lo que pudieran estar tramando. Tampoco Dumbledore había vuelto a convocarlo durante ese período.

oOo

Llegó el 6 de abril. Era el día que iban a probar la poción reveladora. Hermione estaba que explotaba de entusiasmo. Ron y los mellizos estaban un poco enfurruñados porque a ellos no les habían permitido preparar la poción, pero ninguno de ellos habían aprobado el examen de Snape, los mellizos habían fracasado dos veces, Ron, una.

—Buena suerte, Hermione. —le deseó Ron.

—Estoy seguro de que vos vas a ser algo estupendo, Harry. —dijo Neville.

—Y aterrorizador. —agregaron los mellizos palmeándole la espalda.

Severus, naturalmente, también estaba presente. El plan era que Harry tomara la poción, pusiera en evidencia su forma y pasara de inmediato a la habitación contigua. Ni la paloma ni el hombre lobo debían revelarse ante los demás Gryffindors. La transformación simultánea de Hermione serviría para distraerlos.

—Bueno… procedamos entonces… —dijo Harry, Empinó el jarro y bebió. Hermione hizo otro tanto. Todos observaron en absoluto silencio cuando empezaron a cambiar. Hermione fue haciéndose muy pequeña hasta transformarse en un ratón de campo, de largos bigotes, ojos negros saltones y hocico rosado. Ron y los mellizos se echaron a reír.

—Nunca me lo hubiese esperado. —dijo Ron.

—¿Creen que Harry vaya a comérsela? —preguntó George. Fred se estaba desternillando y no pudo agregar nada de tanto que se reía.

Harry había adoptado la forma de un lince. De pelaje pardo salpicado con lunares negros y dos penachos, también negros, que le brotaban de las orejas. Bajó los grandes ojos dorados y acarició al ratón que resultaba minúsculo comparado con su pata. El ratón dejó oír un chillido agudísimo, el lince soltó un breve bufido y luego partió corriendo y desapareció por la puerta que estaba entornada.

—¡Harry! —gritaron sorprendidos los tres pelirrojos.

—Harry va a estar bien. —intervino Severus cerrando la puerta— Pero tengan cuidado o podría aplastar de un pisotón a la señorita Granger. El efecto de la poción no demorará en desvanecerse.

El ratón había salido disparado y se había refugiado en un rincón. En ese momento Hermione empezaba a recuperar su forma humana. Los tres fueron hacia ella para confortarla.

Severus aprovechó que estaban ocupados en eso y unos minutos después salió del recinto.

Harry ya había completado su ciclo de transformaciones. Estaba sentado en el suelo, con los cabellos más desordenados que nunca y los anteojos torcidos sobre el puente de la nariz.

—¿Cómo estás?

—Bien. —suspiró Harry— Supongo que podría haber sido mucho peor. Al menos el lince es bastante afín al puma, me va a servir todo lo que estudió Gabriel en su momento. Pero voy a estudiarlo detalladamente y lo más rápido posible. Quiero dominar la transformación antes de la tercera prueba.

—No me cabe la menor duda de que vas a lograrlo. —dijo Severus y le tendió una mano para ayudarlo a ponerse de pie.

oOo

Durante las dos semanas siguientes Hermione llegó a conciliarse con su forma animagus. Lo que investigó le reveló que el ratón se asocia con sentido común y práctico, previsión y virtudes de observación. Cualidades que se ajustaban muy bien a su forma de ser. Y hasta llegó a convencerse de que su diminuta forma era muy tierna.

Harry por su parte descubrió que el lince está muy relacionado con los secretos. Tanto para descubrirlos como para guardarlos. El lince se mueve con soltura en lugares oscuros y desconocidos y representa una personalidad que si bien no es naturalmente agresiva puede transformarse en una amenaza feroz y mortal cuando se ve acorralado. Pero también representa a alguien con discernimiento, que trata de evitar las situaciones riesgosas y que sólo se muestra violento como último recurso. Son personas que tienden a ser reservadas y les desagrada verse expuestos.

oOo

En cuanto al otro proyecto… junto con Draco habían podido preparar el veneno, que había resultado perfecto… pero…

—¿Estás seguro de que querés seguir adelante con esto? —preguntó Draco.

Los dos estaban sentados a la pequeña mesa en la Cámara de los Secretos. Ambos estaban exhaustos, hasta pocos minutos antes habían estado trabajando durante dos horas sobre el caldero humeante y habían completado exitosamente la última etapa de la preparación.

—Podés desistir ahora, si es lo que querés. Tendría que usar un Obliviate… —respondió Harry con una voz desprovista de toda emoción.

—No. —se apresuró a decir Draco con un bufido— Te había prometido que te ayudaría y ésa sigue siendo mi intención. Pero quería asegurarme de que no habías cambiado de parecer… estamos planeando asesinar a Dumbledore a sangre fría.

—Sé muy bien quién es y lo que ha hecho. —reaccionó Harry con brusquedad, algo muy poco característico en él; después de la última integración su comportamiento era siempre muy medido. —Vos no te podés imaginar… —dijo Harry poniéndose de pie repentinamente, giró sobre sí mismo y le dio la espalda. —…no tenés idea… —agregó, pero las palabras parecían atragantársele. Respiró hondo un par de veces y logró recomponerse. —No te podés imaginar todo el daño que me hizo.

—Contámelo con todo detalle entonces, Shadow. —lo instó Draco. Harry volvió a darse vuelta y le clavó una mirada furibunda. Pero Draco no se amilanó, sabía que Harry necesitaba confiárselo a alguien, esa vez en el ala hospitalaria algo le había dicho pero de manera muy general.

—¡¿Vos querés saberlo?! —bramó Harry cerniéndose sobre la mesa hasta que su cara quedó a pocos centímetros de la de Draco, su voz había sonado grave y ominosa como la de Gabriel en alguno de sus ataques de ira. —¡Me puso un puto aro de hierro para aprisionarme la mente!

Le rodeó a Draco la cabeza a la altura de la frente con las manos temblorosas. —Era tan frío… me quemaba el alma con sus clavos de hielo… ¡y me lo puso para mantenerme encadenado a su voluntad! Y cuando traté de resistirme…

No pudo continuar la voz se le quebró; los ojos le relumbraban salvajes, la respiración se le había tornado jadeante.

Draco no sabía qué hacer. Pero era evidente lo mucho que había sufrido. Le brindó con una mirada sincera todo su incondicional apoyo.

Harry lo soltó, giró media vuelta, caminó unos pasos hasta la pared más cercana y plantó las palmas contra ella.

—Los dolores de cabeza eran terribles… apenas si podía mantenerme en pie… —dijo Harry con voz ronca y entrecortada— …pero la sensación de desamparo era peor… no hay forma de describir lo terrible que es no poder sentirse seguro ni siquiera en la propia mente…

Harry hizo una pausa, haciendo lo posible para recomponerse. Finalmente volvió a girar. Acomodó la postura y dejó oír un largo suspiro.

—Dumbledore sabía muy bien lo que me estaba haciendo. Se había pasado todo el verano ideando la mejor manera de dominarme. ¿Y sabés qué fue lo que dijo para justificarse? Es todo por tu bien y por el bien mayor. Severus se ofreció para ayudarme… para curarme… ¡y Dumbledore se lo prohibió!... porque mi condición podía resultar útil, según explicó.

Harry se acercó nuevamente a la mesa enfrentando una vez más a Draco directo a los ojos. Alzó los dos brazos y las siguientes palabras resonaron como gritos.

—¡Ese hombre me dejó con los Dursley! ¡Él sabía que odiaban la magia! ¡Poco importa si sabía o no a los extremos a los que iban a llegar! ¡Lo hizo a propósito para después poder "salvarme" de ellos! ¡Para que yo me sintiera obligado a agradecérselo! ¡Para que fuera leal a su causa! ¡Y estaba decidido a mandarme de vuelta con esos monstruos!

Las palabras volvieron a atragantársele y las lágrimas le corrían por las mejillas. —Dios, no puedo… ¡no puedo permitir que me quiebre! ¡No voy a permitirle que me siga usando! Me puso en peligro de muerte más de una vez empujándome a esas escapadas en primero y segundo año… y ni hablar de este año. Pero no puedo vencerlo enfrentándolo directamente, él tiene inmenso poder político y su magia es poderosísima. Ésta es la única forma…

La mirada de uno seguía fija en la del otro. Draco se le acercó y le puso ambas manos sobre los hombros. —Lo sé… sé que cualquier otra cosa no sería suficiente… y él terminaría destruyéndote.

—Exactamente. —confirmó Harry con vehemencia. Siguieron unos instantes de silencio. —¿Por qué estás decidido a ayudarme? —preguntó Harry finalmente, ya más calmo y con tono más medido.

Draco suspiró. Las manos abandonaron los hombros de Harry. Se había arremangado los puños de la camisa y comenzó en ese momento a desdoblar las mangas. —Yo crecí odiando a Dumbledore. —dijo tras reflexionar brevemente— Fue una de las tantas cosas que me inculcaron desde muy chico. En los últimos tiempos estuve reconsiderando varias de esas cosas… soy consciente ahora de que mi padre no es… como yo siempre había creído que era. Y fue por eso que te escribí esa primera carta… hay cosas que me enseñaron en las que sigo creyendo, en otras no.

Suspiró una vez más.

—Para serte sincero, hasta ahora no odiaba Dumbledore tanto, no tanto como para matarlo… pero él te hizo mucho daño a vos y tiene intenciones de dañarte mucho más. Y si es capaz de eso… es capaz de cosas mucho peores, es una amenaza potencial para el mundo mágico… y por lo tanto es una amenaza para mí también. Hay que pararlo de alguna forma, y vos tenés razón, no hay nadie con el suficiente poder para detenerlo. Ésta es la única forma. En ciertos casos, matar es el único recurso para defenderse.

—Quiere decir que estás decidido a matar a alguien… ¿sólo porque me lastimó?

—Porque te torturó. Ése es el término más apropiado. —dijo Draco muy serio. Ese momento era para él una especie de epifanía… detonada por los intensos ojos verdes del chico frente a él… ojos que ocultaban tanto dolor… pero también una fuerza incalculable. Harry era su único amigo. Y de no haber sido por él, Draco hubiera seguido refugiándose, acurrucado en negaciones pueriles… prisionero en el demencial mundo de su padre. Pero había logrado escapar gracias a Harry. Gracias a Harry había crecido, ya no era más un niño al que se le dice todo lo que tiene que hacer. Eso creaba un poderoso vínculo entre ellos, aunque Harry probablemente no lo comprendiera todavía. —Sí, supongo que estoy decidido a matar por vos. —declaró.

Harry no respondió enseguida, se quedó mirándolo procesando el significado de sus palabras. No sabía bien cómo tomarlas. Los ojos grises seguían fijos en los suyos, aguardando su reacción.

—Yo también confío en vos. —dijo finalmente.

Draco sonrió. Y de pronto a Harry le entraron ganas de reír, pero logró contenerse y pasó a aclarar un punto.

—Hay que tener en cuenta que el veneno no producirá ningún efecto hasta que lo activemos. Y no será necesario activarlo si él no vuelve a atacarme. Todavía le queda una oportunidad…

Draco asintió. —Pero vos no creés que vaya a aprovechar esa oportunidad.

—Cierto. —confirmó Harry irónico— Vos tampoco.

—Tenés razón.

Harry asintió y le puso un tapón al frasco de veneno. Contar con la ayuda de Draco le hacía sentir una calidez muy agradable en el pecho. Nunca hubiese imaginado que la lealtad de un amigo pudiera hacerlo sentir tan bien. Realmente estaba muy contento y daba gracias de haber respondido a esa primera carta que le había llegado durante el verano.

Por alguna razón Draco se había sonrojado un poco y apartó la mirada algo incómodo. —¿Cómo vamos a hacer para administrarle el veneno al viejo? —preguntó para disimular.

—En pequeñas dosis, por supuesto. Vamos a necesitar la ayuda de un elfo. Podemos usar a Dobby otra vez, su memoria ya fue alterada antes, será fácil usar otro Obliviate llegado el caso… y cubrir los rastros.

—Y yo soy un Malfoy. —le recordó Draco con suficiencia.

—Sí, eso también lo tengo en cuenta. —dijo Harry riendo— Mi plan básico es pedirle a Dobby que me traiga la copa de Dumbledore para que yo pueda familiarizarme con ella y una vez que lo consiga voy a proceder a translocar unas pocas gotas de veneno en su copa en cada comida.

—¿Y no se va a dar cuenta? —preguntó Draco frunciendo el ceño.

—No. —respondió Harry y una sonrisa maligna le curvó los labios— Porque vos te vas a ocupar de poner en juego maniobras distractivas. Nada tremendo, no queremos desatar un caos, pero sí la necesaria perturbación mágica como para que mi translocación pase inadvertida.

Draco sonrió a su vez. —Creo que podré arreglármelas.

oOo

Harry entró al baño bostezando y desperezándose. Acababa de regresar de la Cámara de los Secretos y quería lavarse un poco antes de acostarse. Pero se quedó paralizado de repente a mitad de camino hacia el lavabo.

Neville estaba sentado en el suelo en un rincón del fondo. Tenía la mirada baja, fija en el antebrazo desnudo por el que corrían dos hilos escarlata que se deshacían en pequeñas gotas sobre las baldosas y sobre el pantalón de su piyama. La otra mano sostenía una navaja plateada cuya hoja acariciaba la piel todavía intacta un poco más arriba del corte ya abierto.

Neville no parecía haber notado su presencia, toda su atención estaba concentrada en su antebrazo sangrante. Harry abrió su empatía, esperaba percibir un aluvión de perturbación, pero fue muy distinto lo que detectó. Contento, satisfacción, alivio.

Se le acercó y se acuclilló a su lado. —¿Nev?

Neville se sobresaltó, la navaja alcanzó a hender levemente la piel y luego cayó al suelo con un repiqueteo metálico.

Los ojos de Neville se alzaron sorprendidos. Mortificados, culpables, inundados de frustración y quizá también algo fastidiados. Harry tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener la gran conmoción que lo estaba empujando a hiperventilar.

—¡Harry! ¡¿Qué estás…?! —exclamó Neville, pero las palabras se le atascaron en la garganta. Se bajó la manga de inmediato, tomó la varita y con un par de movimientos veloces hizo desvanecer la navaja y la sangre.

—¿Qué es lo que te pasa?

—Nada. —susurró Neville con vergüenza e hizo ademán de ponerse de pie. Pero Harry lo retuvo agarrándolo del brazo. Sus dedos apretaron a propósito la manga a la altura de los cortes.

—Por favor, Nev, yo no estoy juzgándote… sólo quiero saber qué te pasa.

Lo miró directo a los ojos. —¿Por qué volviste a esto? ¿Es por Madigan? ¿Ya no te ayuda como al principio?

—No… —gimió Neville con desamparo— …es sólo… es lo único que logra calmarme…

—¿Y qué es lo que te está trastornando? —preguntó Harry. Ondas de magia curativa brotaban de la mano que aferraba el brazo de su hermano.

Neville se sonrojó de vergüenza pero una nota de rencor pudo adivinarse en sus siguientes palabras. —Hacía mucho tiempo que no me cortaba… más de dos meses… a veces sentía deseos, pero podía contenerme… la meditación me ayudaba. Madigan y Remus me ayudaron mucho… Pero hoy Dean dijo… ¡y yo me enojé tanto! Pero no me animé a replicar nada… ¡soy tan cobarde!

—¿Qué fue lo que dijo Dean? —preguntó Harry con tono amenazante. Si el muy imbécil había dicho algo que…

—No, nada… —se apresuró a responder Neville haciendo una mueca y agachó la cabeza.

—A mí podés contármelo. —insistió Harry suavizando el tono— Confiá en mí, hermano. No me rechaces.

Neville alzó la cabeza y lo miró mordiéndose el labio. —Vas a pensar que soy ridículo.

—¡¿Cómo?! —exclamó Harry abrazándolo— Nunca podría pensar algo así… y vos estás muy perturbado.

—Es por Ginny.

Harry se separó y lo miró con ojos abiertos de desconcierto. —¿Ginny? ¿Qué hay con ella?

Las emociones que fluían de Neville se habían vuelto muy vertiginosas, Harry no alcanzaba a catalogarlas.

—Ginny… realmente me gusta… —dijo Neville y su mirada rehuyó los ojos de Harry.

—Yo… no entiendo que hay de malo con eso… —susurró Harry desconcertado.

—¿Pero es que no te das cuenta? Ginny es maravillosa… y a mí me gusta mucho pero… yo nunca voy a poder gustarle… estaría mal… no después de… vos ya sabés… Y además yo soy tan torpe y estúpido. Dean es mucho mejor que yo… es apuesto, vuela muy bien y es divertido. A todos les cae bien. Yo no tengo ninguna oportunidad… y ni siquiera me animo a decirle a ella lo bonita que es… yo soy una vergüenza… ¡Ella fue la que me invitó a ir al baile! ¡¿Qué clase de hombre es el deja que sea la chica la que lo invite?!

Neville se cubrió la cara con las manos. Harry se quedó mirándolo. No tenía idea de cómo manejar la situación, pero algo tenía que hacer. Neville estaba muy trastornado. Y podía entender sus miedos… lo de Lockhart a él también lo hacía sentir sucio… impuro. En cierta forma envidiaba un poco a Neville, porque él al menos estaba contemplando la posibilidad de una relación sentimental, a Harry la sola idea lo horrorizaba. Respiró hondo y habló.

—Mira, Neville, no hay nada de malo que haya sido Ginny la que te invitara. Seguramente vos le gustás. Ella sabe que sos tímido y por eso tomó la iniciativa. Y vos no sos torpe ni estúpido. No te olvides de todo lo que aprendimos durante el verano y lo bien que te hizo sentir entonces. Y ni qué hablar de que sos el animagus más joven de la historia. No hay nada de malo con vos, ni en vos… vos te sentís nervioso y quizá tenés miedo, pero eso es normal… creo…

Neville negó sacudiendo la cabeza. Harry suspiró frustrado. Realmente él no era bueno para ese tipo de situaciones. Se sentó al lado de Neville y reclinó la cabeza contra la pared. No quería traer a colación el tema Lockhart, pero al parecer no le quedaba otra opción. Y no quería que Neville volviera recurrir a cortarse… era muy peligroso.

—Estoy muy orgulloso de vos, Neville. Lo digo en serio. Vos tenés la valentía suficiente para que lo de Lockhart no te impida considerar una relación con Ginny. Él era el enfermo. Nosotros sólo…

—¿Fuimos las víctimas?

Harry hizo una mueca. —…sólo teníamos doce años. Y si a vos te gusta Ginny, tenés que decírselo… que lo que ese hijo de puta hizo no interfiera…

—Pero es que no puedo… —se quejó Neville dejando caer las manos.

Harry se volvió a mirarlo. —¿Qué me dirías si fuera yo el que estuviera en tu lugar? ¿Que no posible ninguna relación porque Lockhart me deshonró?

—¡No! —exclamó Neville abriendo grandes los ojos.

—Lo mismo vale para vos. No estás solo. No sos diferente de mí. Los dos somos más fuertes que él. Y vos mismo se lo escupiste en la cara. Nunca más nos hará daño. ¡Él es el monstruo! ¡No nosotros! ¡No voy a permitir que vos vuelvas a esto debido a él!

Harry se dio cuenta de que estaba gritando. Se detuvo y respiró hondo un par veces. Era duro… en cierta forma se estaba gritando las cosas a sí mismo. Cuando volvió a hablar lo hizo ya más calmo.

—No vamos a permitir que nos altere la vida… tenés que ir a hablar con Ginny y decirle lo que sentís.

Neville se puso muy colorado. Sus emociones seguían convulsionadas. Horror, pero también esperanza coloreaban su aura. Harry le apoyó la cabeza sobre el hombro. —Si querés yo puedo estar con vos cuando se lo digas…

—¡No puedo!

—Tenés que hacerlo. Por favor… aunque más no sea… tenés que hacerlo por mí. Porque si vos no podés, ¿qué esperanza me queda a mí? Yo ni siquiera puedo imaginarme con alguien… Pero yo sé que vos podés. Tenés que hacerlo, Neville.

Neville se estremeció. Una mano nerviosa fue a rascar la manga que cubría los cortes. Harry podía percibir la intensa presión interior que lo turbaba. Estiró un brazo y le capturó la mano que rascaba.

—Perdón… no debería hacerte sentir que todo depende de vos. —dijo Harry sacudiendo levemente la cabeza— Creo que soy pésimo para manejar situaciones como ésta. Mirá, yo sé lo fuerte que sos. Y lo valiente que podés ser cuando te lo proponés. Vos podés hacer esto, Neville.

—¿Y qué si ella me dice que no? ¿Que sólo quiere ser mi amiga? —demandó Neville— O peor… qué si me dice que sí y después se entera de lo que pasó… ¡se horrorizaría y terminaría odiándome!

—¡Por supuesto que no! —reaccionó Harry con brusquedad— Se horrorizaría sí, pero no por vos sino por el hecho de que un profesor haya podido ser capaz de tal bajeza. Pero nunca te odiaría. Y si ella te dijera que no… bueno, tendrás que superar el mal trago… después pueden seguir siendo amigos o vos podés ignorarla si eso preferís. Un rechazo no es agradable, pero tampoco es el fin del mundo…

—¡Sí que lo sería! —protestó Neville chillando.

—No. El fin del mundo sería que no le dijeras nada. Empezarías a dudar otra vez de vos… ¿es eso lo que querés?

—Yo no puedo ser mejor de lo que soy… y soy un fracaso. —gimió Neville.

—¡Pará con eso! —lo amonestó Harry y lo castigó con una palmada en el brazo— ¡Vos no sos un fracaso! ¿Vos confiás en mí o no?

—¿Cómo?

—¿Confiás en mí o no? —repitió Harry mirándolo serio.

—Yo… sí, por supuesto… —contestó Neville frunciendo el ceño confundido.

—Bueno, entonces oí bien lo que te digo. Vos sos un buen amigo. Vos sos un buen hermano. Vos sos talentoso, poseedor de una magia única y poderosa. Tuvimos que enfrentar momentos y situaciones difíciles y sobrevivimos. Remus te quiere. Yo te quiero. Severus… te respeta. No somos ni estúpidos ni delirantes. Hay muchas cosas buenas en vos, Neville. Podemos verlas en vos… Ginny también sabrá verlas.

—¿Cómo podés estar tan seguro? —demandó Neville con ojos lacrimosos.

—Porque yo tengo una empatía poderosa… no te olvides.

—¿Me estás hablando en serio? Vos… ¿podés darte cuenta de que yo le gusto?

—Por supuesto, ¿vos qué creías? —dijo Harry cruzándose de brazos y alzando las cejas con suficiencia.

Neville soltó una risita. —Cuando hacés eso te parecés tanto a Snape…

Harry le sonrió. —¿Entonces?

—Voy a hablar con ella. —tartamudeó Neville— Antes del desayuno… —agregó con voz temblorosa. Se había puesto blanco como un papel.

—Así me gusta, vos podés hacerlo. Y yo voy a quedarme cerca para darte apoyo moral.

—Gracias por todo, Harry.

—Podrías llamarme Shadow… creo que me estoy encariñando con ese nombre.

—Shadow… —repitió Neville— Ese es el nombre que usaba Malfoy con Silas, ¿no?

—Así es. —respondió Harry apoyándose otra vez contra la pared— Estuve reunido con él esta noche. De ahí volvía.

—¿Ya casi terminaron con el basilisco?

—No, ¡es inmenso! —gruñó Harry.

Neville rió. Pero después de un momento se puso serio y preguntó: —Hay algo que me intriga… ¿qué fue lo que hizo que Malfoy cambiara de opinión sobre el Señor Oscuro y sobre su padre?

Harry lo miró con curiosidad. —¿Vos no creés que sea sincero?

—No, no es eso… —respondió Neville sacudiendo la cabeza— No dudo de que es tu amigo… pero es sorprendente el cambio… aunque vos no tenés que contármelo… —se apresuró a agregar.

—No, no… está bien. Sé que en vos puedo confiar. Sabés guardar secretos. Lo cierto es que él nunca me contó exactamente qué pasó. En su primera carta durante el verano dijo que yo le había despertado mucha curiosidad por los comentarios crípticos que le había hecho algunas veces. También me decía que se había enterado de cosas interesantes sobre la forma en que me trataban Ron y Hermione. Aparentemente alguien de Gryffindor estaba saliendo en secreto con alguien de Slytherin y por esa vía obtenían información sobre lo que pasaba en la torre. Pero en esa misma carta ya había dejado entrever que no estaba muy conforme con su padre y de manera sutil me ofreció información sobre Lucius, evidentemente él esperaba poder sonsacarme información a cambio.

—Debe de haber sido muy duro para él ponerse en contra de su familia. Puedo imaginármelo.

—En realidad su madre lo apoya. Ella no quiere que se sume a Voldemort. Ella le dijo que Voldemort esclaviza a sus seguidores y los corrompe. Que eso le había pasado a Lucius cuando había entrado a las filas de Voldemort. Y que ahora Lucius había empezado a mostrar los mismos signos que entonces. —explicó Harry. Hizo una pausa reflexiva. La pregunta de Neville lo había puesto a pensar sobre el asunto. Hasta ese momento sólo le había importado que Draco le fuera leal, pero ahora se ponía a considerar qué podría haberle tocado pasar a Draco durante el verano. —Cuando le pregunté por qué había decidido oponerse a su padre, su respuesta fue que Lucius había cambiado. Que sin razón aparente se había vuelto violento y cruel. Dijo que los cambios habían empezado en segundo año y que se habían agravado durante el último verano.

—No suena muy bien que digamos. —comentó Neville frunciendo el ceño. Y se removió incómodo. —Creo que se me durmió el trasero.

Harry rió. —Creo que el mío también. Vamos. —dijo Harry poniéndose de pie y le tendió una mano para ayudarlo a incorporarse. —Y realmente no puedo entender que creas que Dean es mejor que vos. La mayor parte del tiempo es un idiota inmaduro e insoportable.

—No es mal tipo. —dijo Neville con una sonrisa— Y… Shadow, gracias otra vez.

—Vos lo merecés. —le sonrió Harry y los dos se fueron a dormir.

oOo

Harry se ocupó al día siguiente de echar a sus amigos de la sala común y los conminó a que fueran a desayunar. No quería a Hermione ni a ningún Weasley cerca durante la declaración. Él y Neville se sentaron en un sillón. Neville estaba que se deshacía de los nervios.

Ginny bajó poco después. Se acercó a ellos. —Hola, chicos. —saludó.

Harry se puso de pie. —Buen día. Neville quería hablarte un momento. Yo bajo a desayunar. Nos vemos en el Gran Salón.

—Sí, claro. —tartamudeó Neville en respuesta.

Harry salió pero volvió casi enseguida oculto bajo el manto de invisibilidad, no quería perderse la escena.

—¿De qué querías hablarme? —lo animó Ginny con curiosidad.

—Yo quería… yo sólo… —dijo Neville vacilante. Pero le resultaba muy difícil seguir. Así que bajó la mirada, metió una mano en el bolsillo, sacó una lozana rosa roja y se la tendió.

Una sonrisa de oreja a oreja iluminó la cara de Ginny.

—Es bellísima. —logró articular ella muy emocionada. Y aceptó la flor. Acarició suavemente la mano de Neville cuando la tomó.

Harry revoleó los ojos pero sonreía. Estaba tan orgulloso de Neville.

—¿Querrías… querrías ser…?

Neville no alcanzaba a articular el resto de las palabras. Y parecía a punto de desmayarse.

—Me encantaría ser tu novia, Neville Longbottom. —declaró ella, se le acercó y lo besó en la mejilla.

Neville lanzó un chillido de alegría. Y su postura rígida se distendió. Le tomó una mano. —La rosa roja simboliza el amor romántico. —dijo con tono mucho más seguro— También tiene propiedades curativas. Esta especie en particular…

Harry decidió que ya había visto y oído lo suficiente y sonriendo muy complacido se escabulló con sigilo de la sala común.

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—¿Qué tenés planeado hacer ahora? —le preguntó Harry cuando salían esa tarde del aula de Adivinación. Tenían una hora libre antes de la cena y Harry pensaba aprovecharla para estudiar en la biblioteca.

—Ginny y yo vamos a ir a dar un paseo.

—Me alegro. Y que se diviertan.

—Gracias. —respondió Neville.

Se despidieron y se separaron cuando llegaron al pie de la escalera.

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Avistó a Hermione y a Viktor sentados en una de las mesas cuando entró. Fue hasta ellos y tomó asiento enfrente.

Viktor cerró el libro que tenía delante y empezó a juntar sus cosas. —Tengo que irme— anunció. Guardó todo, se puso de pie y marchó presuroso hacia la salida.

Harry miró a Hermione, alzando las cejas extrañado. Ella dejó oír un bufido fastidiado.

—Creo que últimamente ha estado evitándome. —dijo Harry. Lo cierto era que si bien hasta ese momento no había reparado en ello, no habían hablado ni pasado ningún momento juntos desde la segunda prueba. ¿Acaso estaba resentido con él porque Cedric y él tenían más puntos en el Torneo?

—No entiendo su actitud. —dijo ella preocupada— Creía que ustedes dos eran amigos.

—Así es. —dijo Harry y sonrió para tranquilizarla— Probablemente no sea nada… más tarde hablaré con él.

—Quedamos en encontrarnos junto al lago después de la cena… ¿qué te parece si vas vos?

—No, mejor no… ya se dará la oportunidad…

Ella asintió y cambió de tema. —Pienso que Ginny y Neville hacen una pareja estupenda. ¡Ella está tan contenta! —dijo con ojos chispeantes de picardía— ¡No para de hablar de lo dulce y amoroso que es!

—¿Ah sí? —dijo Harry y sonriendo con tono conspirativo agregó— Quizá debería decírselo…

—¡Qué ni se te ocurra! —lo emplazó ella jocosa y lo castigó con una suave palmada en el brazo— Ginny se sentiría muy incómoda, sería muy embarazoso para ella.

—Mucho dudo que haya nada que la haga sentirse incómoda. —dijo Harry desestimando el argumento— Pero hablando en serio… ¿realmente te parece que hacen una buena pareja. Él es tan tímido y ella tan extrovertida…

—Bueno… los opuestos se atraen. —sentenció Hermione.

—Pero en una relación se necesita un espacio común… Viktor y vos, por ejemplo, a los dos les gusta estudiar.

—Neville y Ginny tienen cualidades comunes. Los dos son amables y de buen corazón. La familia y los amigos son importantes pare ellos. Y en cuanto a Neville… quizá deje de ser tan tímido en adelante. Y Ginny… a ella le va a venir bien también para modular su temperamento excesivamente enérgico a veces. Ya vas a ver que les va a ir muy bien.

—Si vos lo decís… ¿qué te parece si nos ponemos a repasar el cuestionario para el examen de mañana?

—Buena idea.

oOo

Poco antes de la media noche, Harry bajó a los subsuelos oculto bajo el manto. Había quedado con Draco en encontrarse en el aula en desuso donde le había enseñado a bailar. Draco ya estaba allí cuando entró.

Harry procedió a poner encantamientos de privacidad y luego preguntó: —¿Listo?

—Cuando quieras. —respondió Draco.

Harry asintió y llamó a Dobby. El elfo se materializó unos segundos después. De inmediato se puso nervioso al ver a Draco.

—Hola, Dobby. —saludó Harry con voz amable— Necesito tu ayuda.

—¿Mi ayuda, señor? —repitió Dobby con voz aguda— ¿Qué puede hacer Dobby por Harry Potter?

—Ya sabés que Winky ha estado actuando de manera muy sospechosa. Sigue vinculada a su antiguo amo y no está sirviendo a los mejores intereses de Hogwarts.

—¡Estoy seguro de que Winky no haría nada contra Hogwarts! —exclamó Dobby estrujándose las manos inquietas.

—Vos sabés que eso no es cierto. —intervino Draco subrayando cada palabra con golpecitos de la varita sobre una palma.

—Y fuiste vos el que la trajiste a la escuela. —le recordó Harry— Sé que no lo hiciste con mala intención. Los magos malos te obligaron. Pero quiero que tengas la posibilidad de asegurarte de que Winky no haga nada malo… de que no se meta en problemas.

—¿De qué modo, señor? —preguntó el elfo con ojos húmedos.

—Necesito la copa que usa Dumbledore. ¿Podrías traérmela? Quiero comprobar que Winky no la ha alterado para hacerle daño al director.

—¡Ella no haría nada así! ¡Winky es una elfa buena! —protestó Dobby apretándose las orejas.

—No digo que no sea buena. —lo tranquilizó Harry— Sólo quiero asegurarme. Y no sería su culpa si hiciera algo que lastimara a Dumbledore. Pero su ex amo es perverso y el vínculo persiste…

—¡Crouch es malo! ¡Un mago muy malo! —chilló Dobby agachándose y procedió a castigarse golpeando la cabeza contra el suelo.

—Basta con eso, Dobby. No tenemos tiempo para estas cosas. Si vas a ayudarnos bien… si no, volvé a la cocina y hace lo posible para olvidarte de que Winky está bajo el control de un mago muy malo. —lo presionó Draco con voz helada.

—Estamos buscando una forma para librar a Winky de la influencia de Crouch, Dobby. Pero hasta que encontremos el modo, queremos asegurarnos de que no haga nada malo. No queremos que ella se meta en problemas.

—¡Oh, Harry Potter es un gran mago! —sollozó Dobby— ¡Usted, señor, es tan bueno con los elfos! ¡Y el amo Draco no es como su padre! ¡Harry Potter es amigo del amo Draco y lo hará un mago bueno!

Draco revoleó los ojos

—Gracias, Dobby. — le sonrió Harry— Me pone muy contento que quieras ayudarnos. ¿Me vas a traer la copa entonces? Quiero revisarla y después te la voy a devolver.

—¡Si, señor! ¡Ya mismo! —respondió y desapareció con un pop.

—Todo parece indicar que no me necesitabas a mí para nada. —se quejó Draco cruzándose de brazos y con un mohín de disgusto en los labios.

Harry rió. —No te sientas mal, mi príncipe Serpentine. Él te sigue llamando amo Draco. Estoy seguro de que tu presencia influyó en nuestro favor.

Draco alzó una ceja. —Parece que estás de muy buen ánimo…

Harry lo miró a los ojos y se sonrojó un poco. —Me complace el poder defenderme de Dumbledore, no puedo negarlo.

—Pero con métodos retorcidos… —señaló Draco incisivo— Eso te inquieta…

Harry apartó la mirada. —Un poco sí… ¡pero sé que es necesario!

Draco no pudo agregar nada más porque en ese momento volvió Dobby con la copa. Mientras Harry la estudiaba minuciosamente, Draco se ocupó de distraer al elfo.

—No hay nada malo con ella. —declaró Harry un cuarto de hora después— Estoy orgulloso de Winky. Debe estar resistiéndose a la maligna influencia de Crouch. —agregó devolviéndole la copa.

—¡Oh, si! ¡Winky es una elfa muy buena! —clamó Dobby, apretando la copa contra su pecho.

—Vigilala de cerca Dobby. Para que no haga nada de lo que tenga que arrepentirse después. —lo animó Harry.

—¡Sí, Harry Potter, señor! Dobby va a ayudar a Winky a ser una elfa buena.

—Gracias, Dobby. Le estás prestando un gran servicio a Hogwarts. —dijo Draco.

—Gracias, amo Draco. —replicó Dobby con húmedos ojos emocionados y desapareció.

—Será hasta mañana entonces… —dijo Draco con un suspiro.

Harry no contestó, se había quedado mirándolo fijo. Draco alzó una ceja inquisitiva.

—Me estaba preguntando… ¿te parece que estás preparado para contarme lo que pasó durante el verano? Algo dejaste traslucir en tu primera carta, pero con poca claridad.

—¿Vos no confiás en mí? —preguntó Draco, la voz había adquirido un tono tenso.

—No se trata de eso. —respondió Harry y entrecerrando un poco los ojos agregó: —Y vos lo sabés. Sólo quiero saber qué te estaba pasando entonces. Ahora somos amigos…

—¿Y vos me vas a contar detalladamente cómo fue que se fracturó tu mente? Tampoco fuiste muy explícito…

—Te conté sobre Dumbledore. —se justificó Harry.

—Pero eso es sólo una parte, la cosa había empezado mucho antes. —replicó Draco muy serio.

Harry se había puesto muy rígido. Era cierto que las explicaciones habían sido más bien pocas. Algo sobre los Dursley le había dicho, pero no de Boy y Rose. Y nada sobre Demon. Y no tenía ningún deseo de hablar al respecto. ¿Pero acaso tenía derecho a preguntarle a Draco sobre su vida en la Mansión… si él mismo le estaba ocultando cosas?

—Tenés razón. —admitió finalmente— Quizá llegó el momento de que los dos sepamos más.

Draco abrió los ojos sorprendido. No era ésa la respuesta que había esperado. Lo había presionado para que Harry no siguiera insistiendo con la cuestión que le había planteado. El corazón se le aceleró en el pecho. No quería hablar de su casa y de su familia. Era algo que lo asustaba y que lo avergonzaba.

—¿Ahora…? —preguntó vacilante.

—Qué mejor oportunidad. —contestó Harry y señaló hacia los bancos para que fueran a sentarse.

Ya ubicados, hubo un largo instante de silencio incómodo. Fue Draco el primero que habló.

—Mi padre… él me enseñó lo que es ser un sangrepura. Él me enseñó a urdir planes e intrigas. Me contaba largas historias sobre el gran Señor Oscuro cuando era poderoso y también sobre la lamentable caída que había sufrido ante los hipócritas del lado de la Luz. De mi padre aprendí a usar magia. Cada vez que dominaba un nuevo hechizo oscuro él se mostraba muy orgulloso de mí. Sonreía y me abrazaba y me llevaba ante mi madre y alardeaba de mis grandes habilidades. Él me regaló mi primera escoba y me enseño a volar.

Draco hizo una pausa y cerró los ojos para contener las lágrimas que los habían humedecido.

—Siempre fue un padre muy severo pero muy bueno. Me quería y yo lo sabía. Pero… las cosas cambiaron cuando volví ese verano después de mi primer año en Hogwarts. Yo esperaba que me recibiera con los brazos abiertos, que me dijera cuánto me había extrañado… pero no fue así. Estaba furioso. No podía explicarse que una sangresucia obtuviera mejores notas que yo… ¡No son sino escoria, hasta hace un año probablemente no creían que existiera la magia! ¡Es una vergüenza imperdonable que hayas deshonrado de tal forma el nombre de Malfoy!

Draco dejó oír un amargo suspiro.

—Desde ese momento siempre que me miraba lo hacía con desdén y con una mueca disgustada en los labios. Yo me sentía tan… miserable y tan avergonzado. Apenas si comía y dormía muy poco y mal. ¡Odiaba tanto a Granger! Mi madre trataba de hacer lo posible para hacerme sentir mejor, pero a mí sólo me importaba lo que pensaba mi padre. Durante el mes de agosto, ese verano, mi padre me llevó todas las noches a los sótanos de la Mansión…

La voz de Draco se quebró recordando las cosas terribles que se había visto obligado a presenciar. Pasaron algunos instantes hasta que pudo recomponerse un poco y continuó.

—Nunca antes había bajado a los subsuelos. Sabía que eran tenebrosos y que había calabozos, pero nunca los había visto. Mi padre… él había secuestrado a diez muggles… para torturarlos… empezó con el más viejo, que se murió al segundo día… después siguió con los otros, ninguno de ellos duró más de tres días… el último en morir fue un chico que tenía apenas uno o dos años más que yo. Tuve que mirar como los torturaba y los mataba… y tenía que aprenderme las maldiciones que usaba también.

Draco dio un puñetazo sobre el banco.

—¡Le eché toda la culpa a Granger! ¡Si ella no hubiera sido tan inteligente mi padre no habría estado tan enojado conmigo! ¡Y no me hubiese obligado a ser testigo de esa masacre! En septiembre volví a Hogwarts lleno de ira y de rencor. Las pesadillas eran un tormento todas las noches. Y luego la Cámara fue abierta y empezaron a caer las víctimas. No puedo explicar con palabras lo mal que me sentía. Las víctimas eran personas que yo conocía… personas como yo… sentí un infinito alivio a fin de año cuando todo terminó. Pero cuando volví a la Mansión, mi padre estaba peor que el año anterior. En uno de sus ataques de rabia, confesó a los gritos que había sido él el que había deslizado el diario en el caldero de la Weasley. ¡Lo había hecho con toda la intención! Para que la Cámara se reabriera y que todos los alumnos "indignos" perecieran. Yo estaba en una condición mental y emocional deplorable. Perdí mucho peso durante esos meses. ¡Él me gritaba en la cara y me escupía que era débil y que de una forma u otra lograría hacerme fuerte!

Draco se cubrió el rostro con las manos temblorosas. —Me puso bajo Imperius el resto del verano. Me obligaba a comer y me hacía dormir ocho horas diarias. El resto del tiempo me tuvo encerrado en la biblioteca estudiando Artes Oscuras. No me quitó la maldición hasta el último día de agosto. Fue entonces que me dijo que era así como debía comportarse un sangrepura digno. Yo… yo le tengo tanto miedo…

Las últimas palabras habían sonado quebradas y muy roncas.

—Vivir sometido a Imperius había sido… horrible. ¡Como estar muerto! Sin alma…

Draco necesitó de un largo intervalo para continuar con el relato.

—Por suerte volví a la escuela. Trataba de convencerme de que nada había pasado… pero era imposible… era demasiado para ignorarlo… me sentía como fuera de lugar, como invisible. Y fue entonces que vos me empezaste a hacer esos comentarios ocasionalmente… comentarios que parecían dichos como al pasar y no muy en serio pero que me hicieron reflexionar… parecía como si vos pudieras escrutar mis pensamientos y sentía que me hablabas directamente… y que a pesar del tono sarcástico me estabas aconsejando.

Draco hizo otra pausa.

—Al verano siguiente, el primer día cuando llegué a casa, mi madre me llevó aparte y habló largamente conmigo. Me dijo lo mucho que me amaba y lo equivocado que estaba mi padre al hacerme sufrir tanto. Me explicó que actuaba así porque su espíritu había sido corrompido por el Señor Oscuro. Que el Señor Oscuro esclavizaba a sus seguidores porque no podía confiar en nadie. Y que ésa la única forma en que podía dominarlos. Ella no podía explicarse por qué la influencia maligna se había reavivado, porque mi padre no había sido así durante muchos años desde la caída de Señor Oscuro. Y era cierto… mi padre me había educado, se había sentido orgulloso de mí, me había querido… ese nuevo hombre cruel, no era mi padre. Ya no era mi padre… era un mortífago. Ya no era mi padre… ¡y yo lo odiaba! Y me di cuenta de que hasta ese momento nunca había odiado… no realmente… ni a Granger, ni a vos, ni a los muggles. El odio que sentía por los mortífagos era una emoción completamente nueva… y real. Fue entonces que decidí escribirte. Por suerte durante el verano mi padre estuvo muy ocupado y casi nunca en la Mansión. Mi madre me brindó todo su cariño y apoyo. Y tus cartas también me ayudaron mucho… cambiaron tantas cosas para mí. Tus relatos de tus enfrentamientos con el Señor Oscuro y cómo lo habías vencido me infundieron mucha valentía…

Draco soltó una risita. —Y aquí me ves… un Slytherin valiente y arrojado… y contándote a vos ya somos dos, ¿adónde irá a parar el mundo?

—Al mundo le convendría no enfrentarnos. —replicó Harry con tono serio.

Draco rió con muchas más ganas. —Tenés toda la razón.

Harry suspiró. —Creo que ahora me toca a mí.

Y pasó a contarle cómo se había gestado su condición. Le habló de cómo se había insertado Demon en su mente la noche que Voldemort había matado a sus padres. Y luego le contó de cómo y porqué habían surgido Boy y Rose. Y Silas y Gabriel. Y volvió a relatarle lo que ya le había puesto en las cartas pero en versión real, tal como habían ocurrido las cosas. Y le contó sobre Severus y sobre las integraciones que gracias a su ayuda había logrado. Lo único que se calló fue todo lo relacionado con Lockhart y Kitten.

—Ahora entiendo por qué te sentís tan seguro del profesor Snape. —dijo Draco cuando el largo relato concluyó— Entonces… ¿los únicos que faltan integrarse son Boy y Demon?

—Así es. —confirmó Harry con voz exhausta.

—Por lo que me dijiste de Demon… admito que me da mucho miedo. —dijo Draco con voz muy suave— Y Boy… quedó muy trastornado. Me da la impresión que poder integrarlos va a ser muy difícil.

—Lo sé. —respondió Harry— Y no es mi intención integrarme con ellos… no en el corto plazo al menos.

—Lamento mucho que todo esto te haya pasado. ¡Me revienta, para ser más preciso! ¡Y te juro que voy a ayudarte a que te vengues de los Dursley y de todos los que te hicieron daño!

—Gracias. —dijo Harry riendo. Usó un Tempus y suspiró. —Ya es muy tarde… o muy temprano según se mire, deberíamos irnos a dormir.

Draco asintió. Los dos se pusieron de pie y se encaminaron hacia la puerta. Cuando Harry estaba por neutralizar los encantamientos de seguridad que había puesto, Draco lo detuvo agarrándolo del brazo. Harry se volvió a mirarlo. La expresión de Draco era seria y mostraba total determinación. —Vamos a destruir a Voldemort y a sus mortífagos, Shadow. Tenías mucha razón cuando lo dijiste hace un rato, pobre de cualquiera que se atreva a enfrentarnos.

Harry sonrió. —No podría estar más de acuerdo. Estamos en esto juntos y estando juntos nadie puede vencernos.

Draco sonrió a su vez. Era exactamente la respuesta que quería oír.

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