Mente rota, alma quebrada

El principio del fin: La tercera prueba

Dumbledore no estuvo ni para el desayuno ni para el almuerzo al día siguiente pero sí se hizo presente para la cena. Harry tenía el frasco de veneno en el bolsillo y estaba preparado para hacer la transferencia cuando fuera oportuno.

A mitad de la comida, Peeves irrumpió en el Gran Salón. Hubo exclamaciones de consternación generalizadas. Antes de que los profesores pudieran reaccionar el poltergeist entró en acción, atacando la mesa de Slytherin con una nutrida andanada de bombitas de agua. Hubo un gran revuelo y los atacados respondieron con un sinfín de insultos, maldiciones y hechizos.

—Deberían mostrarse agradecidos pequeños ofidios. —canturreó Peeves burlón— ¿Acaso nunca les habían dicho que son los chaparrones de abril los que traen las flores de mayo?

Harry aprovechó la confusión para translocar unas gotas de veneno en la copa del director. Severus había ido auxiliar a sus pupilos, estaba usando una serie de encantamientos para secarlos. Dumbledore se había puesto de pie y le recordó sonriente a Peeves que no le estaba permitido acceder al Gran Salón, a pesar de que se trataba de una supuesta admonición, el tono había sido muy indulgente. El fantasma partió raudo riendo a carcajadas, muy satisfecho por el éxito de su fechoría. McGonagall se acercó de inmediato a la mesa de Gryffindor y regañó severamente a los mellizos por el incidente. Fred y George protestaron indignados aduciendo que ellos no habían sido los responsables. Casi nadie les creyó.

Harry alcanzó a observar con el rabillo del ojo que el director, que parecía muy divertido por el episodio, bebía un sorbo de su copa. Al parecer no había notado nada puesto que no hubo ninguna reacción adversa. El plan estaba dando resultado.

—¿Les parece que no fueron ellos? —preguntó Neville.

Ginny sacudió la cabeza y miró de soslayo a sus hermanos. —No. Están muy fastidiados. Y a ellos les gusta que les otorguen crédito por las bromas.

Harry se encogió de hombros. —A mí me pareció muy divertido, sea quien sea el que lo haya hecho.

—¡A mí también! —intervino Ron— ¡Los Slytherin quedaron como ratas mojadas!

—El profesor Snape luce muy disgustado. —señaló Hermione— Espero que no descubra al culpable.

Harry desvió la cabeza para mirarlo. Severus tenía una mirada negra y furibunda clavada en la mesa de Gryffindor.

—Quien haya sido el responsable seguramente se preocupó de no dejar ningún rastro, para no tener que enfrentar la ferocidad de Snape justamente. —dijo Harry.

—Yo pienso lo mismo. —concordó Neville— Pero las consecuencias podrían ser incluso peores si los mellizos llegan a averiguarlo.

—Tenés toda la razón. —replicó Ginny abriendo grandes los ojos.

Todos se estremecieron y se quedaron en silencio durante unos segundos. Luego estallaron en carcajadas. Los mellizos que había seguido el intercambio a medias les sacaron la lengua y siguieron cuchicheando entre ellos conspirativamente. Un momento después, George sacó un folio de pergamino y una pluma y se puso a escribir.

—Seguro que le están escribiendo a Padfoot. —susurró Ron.

—Y así es como se desata una guerra de bromas. —suspiró Ginny dramáticamente.

Harry sonrió y felicitó a Draco para sus adentros. Poco problema iba a tener en adelante para transferir las pequeñas dosis de veneno a la copa del director.

oOo

Fred y George iniciaron efectivamente una guerra. Draco siguió actuando lo suficiente para mantenerlos interesados, intercalaba dos bromas de él con cada cinco de las de los mellizos. No habían podido averiguar quién era el competidor secreto, habían incluso acorralado a Peeves y lo habían presionado para que delatara al instigador, pero el poltergeist se había negado a soltar prenda. Durante las siguientes semanas, Harry pudo transferir media docena de dosis a la copa del director sin que nadie notara nada.

El 24 de mayo los campeones fueron convocados al estadio de quidditch después de la cena. Harry pensaba aprovechar la oportunidad para poder hablar con Viktor, que había seguido evitándolo durante todo el último mes. Hermione no había querido presionarlo y no había hecho nada al respecto.

Todos quedaron anonadados cuando vieron el dédalo de arbustos que poblaban el otrora desnudo campo de juego.

—¡¿Pero qué es lo que han hecho? —exclamó Cedric horrorizado.

—¡Hola a todos! —saludó con entusiasmo Ludo Bagman que se acercaba en ese instante. —¿Qué les parece? Están creciendo muy bien, ¿no? Hagrid se ocupará de que dentro de un mes alcancen cinco metros de altura. ¡Y no se preocupen! —los tranquilizó al ver la mueca de Cedric— Todo volverá a la normalidad una vez que la prueba se haya llevado a cabo. ¿Se les ocurre de qué se trata esto?

—Un laberinto. —dijo Viktor con el ceño fruncido.

—¡Exactamente! —confirmó Bagman— La Copa estará en el centro. El primero que logre tenerla en sus manos recibirá el puntaje máximo.

—¿Y se trata sólo de llegar al centro? —preguntó Fleur incrédula.

Bagman sonrió y explicó que habría algunos obstáculos; criaturas que proveería Hagrid (Cedric y Harry dibujaron sendas muecas de disgusto) y algunos encantamientos que dificultarían el avance. Agregó que Harry y Cedric ingresarían primero, unos minutos después Viktor y Fleur en último término… pero enfatizó que todos tendrían posibilidades de ganar.

No había mucho más que agregar después de eso y unos minutos después Bagman los autorizó a que se retiraran. Harry aprovechó para agarrar a Viktor de un brazo y se lo llevó aparte.

—¿Podemos hablar? —preguntó determinado.

Viktor se había puesto tenso pero asintió. Salieron del estadio, pero en lugar de tomar el camino de regreso al castillo, Harry dirigió sus pasos hacia el Bosque Oscuro. Ya era de noche pero había una luna brillante que proporcionaba suficiente iluminación. Se detuvieron a pocos metros de los primeros árboles que demarcaban el límite del bosque.

—Acá nadie nos va a escuchar. —dijo Harry, se cruzó de brazos y alzó una ceja— ¿Por qué me has estado evitando todas estas semanas?

—Antes que nada quiero que sepas que sigo considerándote mi amigo. —dijo Viktor a la defensiva— Pero es imprescindible que yo gane el Torneo. Hay muchas cosas importantes que dependen de eso. Espero que puedas entenderlo…

Harry se encogió de hombros. —Yo no tengo ningún interés en ganar, el torneo no podría importarme menos… y me gustaría que fueras vos el que alcanzara el primer lugar.

Viktor lo miró con ojos de asombro.

—No puedo darte explicaciones. —retomó Harry— Tampoco voy a preguntarte por qué es tan importante para vos ganar.

Recuperado de la sorpresa inicial, Viktor se distendió y le sonrió. —Confío en vos.

—Así me gusta. —dijo Harry.

En ese momento se oyó un ruido y hubo movimiento entre los árboles cercanos. Harry se llevó un dedo a los labios pidiendo silencio, sacó la varita y la apuntó hacia el lugar del ruido.

Unos segundos después, desde atrás del tronco de un roble, apareció una figura que avanzaba tambaleante. Harry lanzó un Incarcerus pero el hombre pudo esquivarlo, sin embargo el Stupefy de Viktor dio en el blanco. Los dos corrieron hasta el intruso abatido.

—¡Crouch! —gruñó Harry agachándose al lado. Y lo amarró usando el mismo hechizo que había lanzado antes.

—¿¡Qué estás haciendo?! —siseó Viktor— ¡Éste es uno de los jurados! ¡Desatalo!

Harry bajó la vista para estudiar a su cautivo. Lucía como un desastre. Tenía las ropas sucias y desgarradas, los cabellos desordenados con ramitas y briznas de pasto. Una imagen muy distinta de la del funcionario formal y atildado que él le conocía.

—Sólo quiero hacerle unas preguntas antes de que vayamos a avisar. —dijo pero se avino y anuló el hechizo, y sin agregar más explicaciones, usó un Enervate.

Crouch recuperó el sentido y empezó a balbucear incoherencias. Pero Harry creyó adivinar un nombre, entre las palabras sin sentido: Weatherby, supuso que se refería a Percy. Harry miró a Viktor que lucía una expresión espantada.

—¡Dumbledore! —clamó de repente Crouch al tiempo que aferraba con el puño la toga de Harry. —¡Necesito hablar con Dumbledore!

—¿¡Qué le pasa!? —exclamó Viktor muy nervioso.

—No sé… —susurró Harry.

—Hice… cosas… necias… —farfulló Crouch. Sus rasgos adquirieron una expresión demencial, los ojos giraban como enloquecidos en las órbitas y por momentos se le ponían en blanco. —Tengo… que decirle… a Dumbledore…

—¿Qué tiene que decirle? —preguntó Harry.

—Advertirle… —borbotó Crouch— …mi culpa… Bertha… muerta… mi culpa… el Señor Oscuro… más fuerte… debo advertirle a… Harry Potter.

—¿Dónde está su hijo? —lo urgió Harry.

Pero el breve momento de lucidez había pasado y Crouch había vuelto a los balbuceos incoherentes. Harry hizo una mueca de disgusto e impaciencia y se puso de pie. Viktor hizo otro tanto y empezó a recular anonadado.

—Esperá. —le gritó Harry haciéndole una seña para que regresara. —¿Podés quedarte a cuidarlo? ¿Hasta que yo vuelva con ayuda? No dejes que nadie se le acerque.

Viktor estaba a punto de negarse.

—¡Por favor! —insistió Harry.

—Está bien. —accedió Viktor— ¡Pero date prisa! —agregó volviendo a agacharse junto al hombre que había empezado a babear.

Harry partió corriendo hacia el castillo. Naturalmente, no iba a avisarle primero a Dumbledore sino a Severus. Se topó con él cuando ingresó al hall de entrada.

—¿Qué pasa? —inquirió Severus al verlo tan agitado.

—Crouch… salió de repente del bosque… algo malo le pasa… —respondió Harry jadeante.

—¡Vamos! —ordenó Snape. Pero antes de que pudieran ponerse en marcha, la voz del director que acababa de salir del Gran Salón los detuvo.

—¿Cuál es el problema? —demandó Dumbledore.

—Al parecer Potter vio a un intruso saliendo del bosque. —respondió Severus— Me disponía a ir a ver de que…

—Harry, ¿pudiste reconocer al intruso? —inquirió el director.

—Crouch… —contestó Harry

—Voy con ustedes. —declaró Dumbledore frunciendo el ceño— Conducinos, Harry.

Harry disimuló una mueca de contrariedad y se puso en camino. Cuando llegaron al lugar maldijo a viva voz. Viktor yacía desmayado en el suelo y Crouch había desaparecido.

Dumbledore se inclinó sobre Viktor y usó un encantamiento para hacerlo reaccionar. Viktor abrió los ojos de golpe e hizo ademán de sentarse pero Dumbledore lo contuvo con una mano.

—¡Me atacó! —gruñó Viktor— Cuando me di vuelta un momento para ver si venía Harry…

—Quedate un momento acostado. —le indicó Dumbledore— Severus, andá y tratá de encontrar a Barty.

Severus asintió y desapareció entre los árboles. Dumbledore llamó a un elfo y le dio varias indicaciones en voz baja.

Un par de minutos después llegó Moody. Dumbledore lo mandó a que fuera a ayudar a Severus en la búsqueda.

Karkaroff llegó poco después. Reaccionó muy ofuscado al ver a su alumno predilecto todavía yaciente en el suelo.

—¡¿Qué es lo que pasa aquí!? ¡Demando una explicación!

—¡Me atacó! —gritó Viktor incorporándose— Crouch… o como sea que se llame…

—¿¡Crouch?! —repitió Karkaroff— ¡¿Uno de los jueces del torneo te atacó?! —agregó con furia.

—Igor… —intervino Dumbledore tratando de apaciguarlo. Pero Karkaroff estaba muy alterado.

—¡Traición! —bramó— ¡Esto es un sucio manejo de Ud. y del Ministerio! ¡Primero se las ingeniaron para meter a Potter en el Torneo! ¡Y ahora uno de los jurados ataca a mi campeón! ¡Esto es trampa! ¡Esto va a ocasionar un grave conflicto internacional! ¡Vaya preparándose, Dumbledore! ¡Esto le va a acarrear severísimos problemas!

Karkaroff escupió al suelo con desprecio. Luego procedió a ayudar a Viktor a ponerse de pie y se alejó con él sin parar de despotricar en ningún momento.

Dumbledore suspiró resignado. —Harry, quiero que regreses directamente a la torre de Gryffindor. Preferiría que hasta mañana no le contaras a nadie lo que acaba de ocurrir.

—Como Ud. diga, señor. —respondió Harry y emprendió el regreso al castillo. Naturalmente que no pensaba hacerle caso. Iba a buscar el Manto y a Neville y juntos bajarían a los subsuelos a esperar el regreso de Severus.

oOo

Severus los encontró dormidos cuando regresó poco antes del amanecer. La búsqueda de Crouch había sido infructuosa.

Los despertó y le pidió a Harry que le contara detalladamente lo que había ocurrido en el límite del bosque.

—¿Qué cree que le haya pasado para actuar así, señor? —preguntó Neville cuando Harry concluyó el relato.

—Seguramente habían usado un hechizo de confusión. —respondió Severus y clavó una mirada admonitoria en Harry— Fue una imprudencia que te arriesgaras como lo hiciste, sólo para hablar con Krum. Sabés muy bien que tenés enemigos acechándote...

—Perdón… —lo cortó Harry antes de que el regaño pasara a mayores— Admito que fue una inconsciencia… no se volverá a repetir.

—Más te vale. —dijo Snape con tono amenazante.

—¿Y ahora qué? —preguntó Neville para distender la atmósfera.

—Por ahora sólo podemos esperar. —contestó Harry encogiéndose de hombros— Y vigilar atentamente… algo así podría repetirse.

—Me parece muy bien que estén prevenidos. ¡Pero manténgase lejos de los problemas! —sentenció Severus y les ordenó que regresaran a los dormitorios.

oOo

Harry avanzaba por uno de los corredores en dirección a la biblioteca, reflexionando sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Acababa de almorzar en el Gran Salón y dado que tenía una hora libre antes de la siguiente clase, pensaba aprovecharla para estudiar.

De repente, un dolor espantoso se le despertó en la cicatriz. Tambaleando y jadeante llegó hasta la puerta más próxima, la abrió y la cruzó. No quería que nadie lo viera así. No se demoró mucho en estudiar el nuevo entorno, la habitación tenía el aspecto de una oficina en desuso.

El dolor se incrementaba a cada segundo, todo empezó a darle vueltas y cayó de rodillas al suelo polvoriento. De pronto se encontró en un recinto que ya conocía, había estado allí mismo en la última visión de Silas.

La larva gigantesca estaba depositada en la gran silla junto a la chimenea sostenía una varita en un primordio de mano, la serpiente gigantesca estaba enrollada en el suelo lo más cerca posible del cálido fuego. Pettigrew se encontraba de pie frente a la silla, temblando de miedo.

—Tenés mucha suerte, Wormtail. —siseó la informe criatura con tono áspero— Mucha suerte sin duda… A pesar de tu incalculable torpeza, todo terminó resolviéndose convenientemente. Está muerto y no podrán encontrar el cuerpo.

—Mi Señor… mucho me complace oírlo… y lamento tanto mi error… —gimió Pettigrew aterrado.

—Nagini, hoy no vas a tener suerte. Parece que no vas a poder comerte a Wormtail después de todo… pero no te decepciones tanto, pensá que muy pronto podrás darte un festín con Harry Potter… carne mucho más tierna y sabrosa que esta bola de grasa.

El engendro infecto soltó una carcajada que resonó como papel de lija en los oídos de Harry.

—Creo así y todo… —retomó Voldemort cuando dejó de reír— que corresponde que te administre un pequeño recordatorio, Wormtail… ¡No voy a tolerar que torpezas como ésta se repitan!

—¡No, por favor, mi señor! ¡Se lo suplico!

¡Crucio!

Harry se sentó en el suelo llorando y tratando de recuperar el aliento. Los gritos desgarrados de Pettigrew seguían retumbándole en los tímpanos. El dolor en la frente fue mermando pero seguía muy mareado, hizo un esfuerzo para mantener la lucidez. No quería perder el sentido y tampoco quería experimentar otra visión.

Se concentró repasando en su mente la escena de la que había sido testigo un momento antes. Wormtail había metido seriamente la pata con algo, algo relacionado con Crouch sin dudas, y Voldemort se había enojado mucho. Pero alguien más, ¿Junior?, había matado a Crouch y había escondido el cadáver, evitando de esa forma que los planes de Voldemort se malograran. ¿Pero de qué se trataba el maldito plan? Harry dio un puñetazo fastidiado contra el suelo. ¿Por qué no llegaba a deducirlo? Sabía que contaba con las piezas, sabía que tenía la solución al alcance de la mano…

Lentamente se puso de pie, decidió que volvería a la torre a lavarse un poco, sólo faltaban veinte minutos para la siguiente clase.

De acuerdo a la visión podía concluir que había una cosa innegable: se estaba quedando sin tiempo.

oOo

Las semanas siguientes fueron difíciles y extenuantes. Harry dormía muy mal por las noches. Y aparte de las clases, había intensificado el estudio de la transformación animagus, quería dominarla antes de la última prueba.

A Crouch no pudieron encontrarlo, ni vivo ni muerto. Dumbledore estuvo ausente casi todo el tiempo. Fiel a su amenaza, Karkaroff había desatado un escándalo monumental, hubo incluso rumores de que el Torneo se suspendería definitivamente.

A mediados de junio pudo finalmente concretar la transformación en El Antro de los Alaridos. Neville, Severus, Remus y Sirius fueron los únicos testigos. Por fortuna todo transcurrió sin problemas y exitosamente. Después quedó exhausto, Severus tuvo que llevarlo en brazos de regreso al castillo. Esa noche durmió doce horas seguidas.

El día antes de la prueba concluyeron los exámenes finales y esa noche durante la cena, Harry pudo transferir la última dosis de veneno a la copa del director. Había cancelado la entrevista acordada con Melissa Silverwood para antes de la prueba, le explicó por carta que realmente estaba muy ocupado con los exámenes y muy nervioso por la prueba inminente. Le prometía además que le concedería una larga entrevista cuando terminase el torneo.

oOo

Los tres estaban sentados en los aposentos de Severus. El profesor en el sillón de enfrente y Neville a su lado. La atmósfera era muy tensa, ninguno había pronunciado palabra en los últimos diez minutos.

Haciendo una mueca, Harry se puso de pie. —Creo que voy a dar un breve paseo. —anunció.

—Harry… —empezó a decir Severus poniéndose de pie también. La intensa preocupación se le dibujaba en el rostro. Harry sonrió para sus adentros, no necesitaba de su empatía para estar seguro de cuanto lo quería. —…quiero que me hagas una promesa. Ya sé que en su momento aceptaste participar en el torneo, porque tenías tus razones… pero tenés que volver de inmediato si las cosas se ponen peligrosas… y si los otros campeones están en riesgo, es decisión de ellos retirarse, vos no estás obligado a protegerlos.

—No voy a sacrificarme, si eso es lo que te inquieta. —le aseguró Harry y le posó una mano sobre el antebrazo— Pero tengo curiosidad y quiero echar al menos una ojeada, si surgen complicaciones inmanejables voy a pedir refuerzos.

—Buena suerte, Shadow. —dijo Neville acercándose y abrazándolo.

—Gracias. —contestó Harry abrazándolo a su vez. Luego se separó y salió.

Deambuló sin rumbo fijo durante un largo rato. Pero en un determinado instante se encontró delante de la puerta del baño de Myrtle. Entró. No había acordado una reunión con Draco; no se sorprendió de encontrarlo allí sin embargo.

—Tenía el presentimiento de que ibas a venir. —dijo Draco sonriéndole.

—¿Ah sí? —respondió Harry simplemente y se le acercó.

Draco adoptó una expresión seria. —¿Estás nervioso?

—Humm… no demasiado —contestó Harry encogiendo los hombros— Pero quizá debería irme a dormir temprano, conviene que mañana esté bien descansado. —agregó e hizo ademán hacia la puerta.

—Shadow… —lo llamó Draco— Buena suerte.

—Gracias. —respondió Harry sonriéndole.

oOo

Al día siguiente, durante el almuerzo, la profesora McGonagall se aproximó a la mesa de Gryffindor.

—Potter, los campeones se congregarán después de la comida en la sala adjunta al Gran Salón. Para que compartan unos momentos con sus respectivos familiares. El señor director cuenta con su presencia. —dijo y sin esperar respuesta partió de regreso a la mesa principal.

—Espero que no se les haya ocurrido… —empezó a decir Harry con tono de desmayo.

—Estoy seguro de que no se trata de los Dursley. —lo tranquilizó Neville— ¡Ellos detestan la magia! ¡Ni muertos habrían aceptado venir!

—Es cierto. —concedió Harry.

Cuando terminaron de comer, todos le desearon suerte e hicieron comentarios para animarlo. Harry agradeció con una sonrisa y se encaminó hacia la puerta de la sala adjunta.

Los otros campeones ya estaban allí. Cedric estaba hablando con un hombre y una mujer en uno de los sillones. Viktor también estaba con una pareja mayor, los tres hablando en búlgaro entre ellos. Fleur estaba del otro lado de la habitación conversando en francés con una señora, tenía a su hermanita menor tomada de la mano. La nena lo saludó con la manita cuando lo vio y la señora le sonrió y le hizo una seña para que se acercara.

Harry miró alrededor tratando de encontrar una excusa de escape. Sonrió cuando avistó a Remus, acompañado por un gran perro negro, en uno de los rincones más oscuros de la habitación. Enfiló presuroso hacia ellos.

—¿Qué están haciendo acá? —preguntó al tiempo que se agachaba para saludar a Padfoot. El perro reaccionó muy contento a los mimos.

—Dumbledore me permitió venir y este monstruo insistió en sumarse. —dijo Remus sonriendo. Harry se paró y lo abrazó. —¿Cómo la vas llevando? —preguntó Remus.

—Bien. —contestó Harry— ¿Te enteraste de lo de Neville? Está saliendo con Ginny.

—¿En serio? —replicó Remus, los ojos le brillaron de alegría— ¡Qué buena noticia!

—Así es. —confirmó Harry— Le costó bastante decidirse pero finalmente se animó.

—¿Tenés algún plan para el laberinto? —preguntó Remus.

—Disparar hechizos primero y preguntar después. —respondió Harry con una sonrisa atrevida.

Padfoot sacudió vivamente la cola. Remus sonrió indulgente. —Bueno… pero si las cosas se ponen difíciles…

—Sí, ya sé. —lo interrumpió Harry— Ya recibí ese mismo discurso de Severus. ¿Qué les parece si vamos a las cocinas? —propuso— Allí vamos a poder charlar sin que nos molesten.

—Muy buena idea.

oOo

Harry notó de inmediato que el propio ministro Fudge estaba en el lugar de Crouch cuando entró al Gran Salón para la cena. Dumbledore le hizo una seña para que se acercara. Habían dispuesto una mesa especial para los cuatro campeones a un lado de la mesa de autoridades. Del otro lado habían ubicado una mesa más grande para los familiares.

Harry permaneció casi todo el tiempo en silencio durante la comida. Viktor no dijo palabra. Cedric y Fleur, en cambio, conversaron bastante, entre ellos más que nada.

Tras los postres, Dumbledore se puso de pie. —¡Damas y caballeros! Dentro de unos instantes les voy a pedir que me acompañen hasta el campo de quidditch para presenciar la tercera y última prueba del Torneo de los Magos. A los campeones les solicito que sigan en este momento al señor Bagman, quien los conducirá al estadio.

oOo

Los arbustos había crecido a más de cinco metros de altura tal como lo había pronosticado Bagman un mes antes. Los campeones esperaron de pie junto a la entrada del laberinto. Paulatinamente el público fue ocupando las tribunas.

—Un silbato será la señal para que vayan ingresando. Cedric y Harry irán primero, luego Viktor y finalmente Fleur. ¡Buena suerte para todos! —concluyó Bagman y se encaminó hacia el palco de los jurados.

Los cinco jurados —Karkaroff, Maxime, Fudge, Bagman y Dumbledore— tomaron asiento y el palco se elevó varios metros. Iban a poder de esa forma observar lo que ocurriera en el laberinto. A Harry se le ocurrió que podría tomarlos como punto de referencia, pero fue entonces que notó que el laberinto estaba cubierto por una especie de neblina, lo más probable era que desde adentro no viera nada… y desde afuera tampoco verían mucho… preocupante… ¿Y si llegaran a necesitar ayuda? ¿Cómo se darían cuenta los espectadores?

Gran algarabía inundó poco a poco las tribunas. Cuatro profesores se les aproximaron: McGonagall, Flitwick, Hagrid y Moody. La profesora los saludó con un breve gesto y les informó que ellos iban a estar patrullando por la parte externa. —Si llegaran a verse en aprietos y desean que los rescaten, lancen chispas rojas hacia arriba. Nosotros nos ocuparemos de sacarlos.

Bueno, al menos era tranquilizador saberlo, pensó Harry. La profesora les hizo una seña a los jurados indicándoles que ya estaban listos para empezar.

Bagman se puso de pie y se aplicó un Sonorus. —¡Señoras y señores, la tercera y última prueba del Torneo de los Tres Magos está a punto de comenzar! Permítanme recordarles cómo están los puntajes hasta el momento. Empatados en primer lugar con ochenta y cinco puntos cada uno, los señores Cedric Diggory y Harry Potter, ambos de Hogwarts. En segundo lugar con ochenta puntos el señor Viktor Krum del Instituto Durmstrang y en tercer término, con sesenta y tres puntos, la señorita Fleur Delacour de la Academia de Beauxbâtons.

Las tribunas explotaron en vítores. Harry miró a los otros campeones, todos ellos, Viktor incluido, lucían expresiones como si estuvieran por descomponerse. Harry apretó los dientes. ¡Maldición! A quienquiera que haya sido el tuvo la idea de reinstaurar este torneo, deberían matarlo, pensó.

—A la cuenta de tres y cuando suene el silbato, Cedric y Harry ingresarán en el laberinto, tres minutos más tarde los seguirá Viktor y Fleur tres minutos después de él. ¡Buena suerte a todos los campeones!

Bagman alzó la varita que tenía la punta encendida de color azul brillante. —¡Uno! —La varita bajó y volvió a subir. —¡Dos! —Repitió el movimiento. —¡Tres! —Sonó el silbato.

Las tribunas estallaron en gritos ensordecedores.

Harry y Cedric entraron. El estruendo exterior se ensordeció de golpe y la iluminación disminuyó muy ostensiblemente. Harry se estremeció, lo había invadido la misma sensación que cuando se había sumergido en el lago. Cedric se había puesto en marcha de inmediato, Harry lo siguió con pasos lentos.

Cuando alcanzaron la primera bifurcación, Cedric le dijo: —Yo voy a tomar por la izquierda, vos deberías ir por la derecha.

En ese momento alcanzaron a oír el silbato. Viktor había entrado.

—Sería mejor seguir juntos. —argumentó Harry.

—Mirá… —respondió Cedric frunciendo el ceño— …yo quiero ganar la competencia, mejor que cada quien vaya por su cuenta.

—Como quieras. —dijo Harry con una mueca de disgusto.

Cedric partió al trote por el sendero de la izquierda.

Harry suspiró y se le ocurrió que podía quedarse a esperar a Viktor, pero desechó la idea de inmediato, de nada habría servido, Viktor estaba empeñado en ganar tanto o más que Cedric. Se puso en marcha, pero no trotando, avanzó a paso lento y poniendo mucha atención, seguramente había trampas esperándolos, no quería llevarse sorpresas desagradables. Barajó la idea de lanzar chispas rojas en ese mismo momento, pero lo reconsideró, no quería abandonar todavía. Estaba seguro de que algún plan estaba en desarrollo y quería averiguar lo más posible.

El tercer silbato se oyó casi imperceptible. Incrementó la luz de la varita para tener mayor alcance de visibilidad. Por el momento no había nada extraño pero a cada paso que daba, Harry iba sintiéndose más tenso. Pasó por tres bifurcaciones, en cada caso usó un encantamiento orientador antes de elegir una de las dos vías posibles, optaba por aquella que no lo alejara tanto del centro.

Tempus. —susurró. Las nueve. Pensativo, se mordió el labio. Llevaba casi media hora avanzando, no había encontrado ninguna criatura y tampoco había llegado a un punto sin salida que lo obligara a desandar sus pasos. Tampoco se había cruzado con ninguno de los otros. Sopesó la idea de llamar con un grito por si alguno de ellos andaba cerca, pero tenía miedo de alertar a alguna criatura de su presencia.

—Diez minutos más. —dijo determinado— Después pido que me saquen.

Naturalmente fue entonces que empezaron a ocurrir cosas. Oyó un ruido. Maldijo para sus adentros. No debería haber hablado en voz alta. Giró y se agachó. Apagó la luz de la varita para no delatar su posición.

Una luz se hizo visible a lo lejos y se iba acercando rápidamente. Alguien venía corriendo. Harry supuso que sería uno de los campeones, pero no podía estar seguro, podía tratarse de una trampa-ilusión. Cuando ya estaba a pocos metros reconoció a Cedric.

—¡Corré! —le advirtió cuando pasó a su lado sin detenerse— ¡Los screws de cola explosiva de Hagrid! ¡Son gigantescos!

Harry lo observó alejarse y se encogió de hombros. Se incorporó y retomó la marcha en el mismo sentido que llevaba antes. Frunció el ceño, todo el asunto empezaba a antojársele ridículo. Llegó hasta la entrada de un sendero lateral, usó un encantamiento orientador y decidió tomarlo. Luego de dar algunos pasos, sintió que una onda helada lo invadía. Pudo distinguir una figura oscura encapotada que se aproximaba flotando. Tambaleó reculando, pero sus instintos respondieron inmediatamente: —¡Expecto Patronum! —lanzó a viva voz.

El ciervo plateado brotó de su varita y acometió contra el dementor. La criatura cayó al suelo, El Patronus siguió atacándolo con su cornamenta. Harry frunció el ceño desconcertado, los dementors no caían abatidos, huían de los Patroni. Le tomó un par de segundos comprender lo que pasaba. Hizo una mueca y volvió a apuntar con la varita.

¡Riddikulus!

Se oyó un fuerte crack y el boggart se desvaneció en una nube de humo. El ciervo soltó un sonido ronco como si fuera una risa y lo saludó con un movimiento de cabeza antes de desvanecerse. Harry sonrió y reanudó la marcha. ¿Boggarts y screws? … sinceramente… empezaba a pensar que la prueba no le iba a resultar para nada difícil. Era más una prueba de nervios que otra cosa. Siempre que pudiera mantener el pánico a raya, no parecía que los obstáculos fueran a causarle mayores inconvenientes. Prosiguió mucho más confiado.

En la siguiente bifurcación tomó el camino de la izquierda, avanzó dos pasos y se detuvo de golpe. Había detectado una perturbación delante de él, no se trataba de algo visible… era una trampa mágica. Uso varios encantamientos para determinar de qué se trataba, llegó a la conclusión de que era un hechizo de confusión. No sabía cómo neutralizarlo pero sabía como defenderse para que no lo afectara tanto. Retroceder no era una opción, porque si habían puesto la trampa ahí, eso quería decir que era precisamente ése el sendero que debía tomar. Durante unos instantes practicó los ejercicios respiratorios y luego apuntaló al máximo sus escudos de Oclumencia.

El sentimiento de depresión que lo inundó al dar el siguiente paso fue abrumador, de pronto parecía que nada tenía sentido y que sólo la muerte era la única vía de escape. Le costó mucho esfuerzo pero logró sobreponerse y pudo seguir avanzando hasta librarse de la influencia de la maldición.

Todo volvió a la normalidad. Pero así y todo Harry cayó en cuatro patas al suelo, jadeante. Se quedó varios minutos así hasta que poco a poco logró recomponerse. Cuando finalmente se incorporó, alzó la varita para lanzar chispas rojas. No tenía ningún sentido quedarse ahí, no podía ayudar a los otros, probablemente estaban en la otra punta del laberinto… y el trofeo… ¡no podía importarle menos!

Un grito estridente rasgó el aire. Harry se puso en alerta de inmediato y partió corriendo en la dirección de la que había provenido el grito. Había sido Fleur… de eso estaba seguro. Al llegar a la siguiente encrucijada pudo verla en el sendero de la izquierda, había caído al suelo y tenía a un screw descomunal encima. ¡Cedric no había exagerado! ¡La criatura era gigantesca!

Harry no vaciló un segundo, él había criado a una de esas criaturas y le conocía los puntos débiles. El vientre era la parte más vulnerable. Apuntó y lanzó un Stupefy.

Sin emitir siquiera un sonido, el screw se desplomó inerte hacia un lado.

Fue de inmediato hasta la chica yaciente. —¿Fleur?

Una rápida mirada le permitió constatar las heridas. Tenía una extensa quemadura de muy mal aspecto en el brazo derecho. La varita que todavía sostenía en la mano estaba a medias carbonizada.

Los ojos de ella se abrieron.

—¿Harry? —articuló con dificultad.

—Sí. —asintió.

—Estás… mugriento… —dijo ella y volvió a cerrar los ojos.

Harry sonrió. —No creas que vos tenés mucho mejor aspecto.

Alzó la varita y lanzó chispas rojas hacia el cielo.

—Alguien vendrá enseguida a buscarte.

Ella asintió suavemente. No tenía fuerzas suficientes para hablar. Harry le apretó levemente un hombro, se puso de pie y continuó la marcha. De repente empezaba a sentirse muy preocupado, era evidente que desde afuera tampoco podían ver nada. Fleur seguramente habría terminado muerta si él no hubiese estado allí para auxiliarla. ¡Muerta… para nunca más volver! ¡Muerta… dejando atrás a una madre y a una hermana llorando su ausencia! Harry odiaba cada vez más ese torneo… ¡y no iba a permitir que Cedric o Viktor murieran!

Quince minutos más tarde se topó con una esfinge que le bloqueaba el paso. Era una criatura impresionante y hermosa, tuvo que reconocer. Cabeza de mujer, asentada sobre un cuerpo de león y grandes alas doradas que le brotaban de la espalda. La criatura le sonrió maliciosa.

—Estás muy cerca de tu objetivo. Y el camino más corto es por este sendero, hay alternativas pero te tomarían mucho más tiempo. Si contestas mi enigma correctamente te dejaré pasar. Si la respuesta es equivocada, te atacaré. Si permaneces en silencio podrás volver sobre tus pasos indemne.

—De acuerdo. —respondió Harry.

La esfinge recitó una estrofa dándole las pistas. Harry revoleó los ojos, era un logogrifo más viejo que andar a pie.

—Araña. —dijo en respuesta.

La esfinge sonrió complacida y se hizo a un lado franqueándole el paso. Harry se despidió con una breve reverencia y continuó su camino.

Anduvo despacio y con prudencia, ya llevaba más de dos horas en ese maldito laberinto y estaba empezando a cansarse.

—¿¡Qué estás haciendo!? —la voz de Cedric lo hizo sobresaltar, había sonado muy cercana— ¿¡Qué carajo estás haciendo?

Y luego el bramido de Viktor: —¡Crucio!

Los gritos de Cedric eran desgarradores. Estaban del otro lado del seto. Harry usó un Reducto contra el arbusto y consiguió abrir una brecha para pasar. Viktor le estaba dando la espalda, estaba de pie junto a Cedric que se retorcía en el suelo. Debía de haber oído la voz de Harry pero al parecer no le había prestado ninguna atención.

—¡Stupefy! —lanzó Harry y el búlgaro se desplomó inconsciente.

Cedric se esforzaba tratando de recuperar el aliento. Las lágrimas le corrían por las mejillas dejando huellas en la cara sucia de barro. Harry se agachó a su lado y lo ayudó a incorporarse sentado. Estaba temblando. Por suerte el efecto de la maldición había sido muy corto y poco a poco fue recuperándose. Se iba a poner bien. Harry desvió su atención hacia Viktor.

¿Cómo había podido hacer algo así? Sabía que realmente estaba empeñado en ganar… ¿pero hasta el extremo de recurrir al Cruciatus? Un delito penado con una larga condena en Azkaban. Si lo que quería era dejar a Cedric fuera de la competencia con un simple Stupefy hubiese bastado… algo muy raro estaba pasando.

Pero cuando se disponía a hacer reaccionar a Viktor para interrogarlo, Cedric lanzó chispas rojas hacia lo alto. Harry se dio vuelta sorprendido, Cedric estaba mirando al búlgaro con muy mala cara.

—Alguien vendrá a buscarlo. —dijo Cedric— si lo dejáramos así alguna criatura lo mataría… aunque se lo merecería… —agregó tendiéndole una mano a Harry— Vamos, la Copa no debe de estar lejos. Terminemos con esto de una vez.

—Pero hay algo que está mal. —argumentó Harry— Viktor nunca habría…

—A mí también logró engañarme. —lo interrumpió Cedric con brusquedad.

Harry no hizo ademán de moverse. —Como quieras. —dijo Cedric encogiéndose de hombros— Quedate con él y que los rescaten a los dos yo voy a ir a buscar esa maldita Copa. —concluyó y se puso en marcha.

Harry no sabía bien qué hacer. Por un lado quería saber qué era lo que había pasado con Viktor. Pero Cedric estaba muy alterado y débil, no podía dejarlo seguir solo. Maldijo por lo bajo, se puso de pie y corrió hasta alcanzarlo. Cedric le sonrió cuando llegó a su lado, Harry lo miró disgustado. Pero al menos en algo estaba de acuerdo con lo que había dicho Cedric, quería que todo terminara cuanto antes.

Anduvieron durante diez minutos más hasta que finalmente desembocaron en un pequeño claro. En el centro, sobre un pedestal, estaba la Copa, rodeada por un aura de un celeste resplandeciente. Los dos se quedaron mirándola admirados durante varios segundos.

—Andá. —dijo finalmente Harry haciéndole un gesto— Agarrala y terminemos con esto de una buena vez.

Cedric vaciló. —Vos me salvaste, Harry. Te corresponde a vos.

—No. Yo no la quiero. Agarrala y vámonos.

—Pero…

—¡Ya, Cedric! —aulló Harry.

Cedric se estremeció al oír el grito pero obedeció. Caminó hasta el pedestal y la agarró.

—¿Y ahora qué? —dijo Harry soltando un bufido y cruzándose de brazos— Quizá deberíamos lanzar chispas. —se volvió hacia la entrada del claro y agregó— No tengo ningún interés en hacer todo el camino de regreso.

Fue entonces que sintió una mano que se posaba sobre su hombro y la voz de Cedric pronunció —Portus.

No tuvo tiempo para reaccionar sintió el tirón en el ombligo. Y todo empezó a girar vertiginosamente. Cuando aterrizaron, Harry le dio un violento empujón que envió a Cedric a varios metros de distancia. Él permaneció de pie en el mismo lugar jadeando frenéticamente. Todo estaba muy oscuro alrededor pero se alcanzaban a distinguir algunas lápidas. Estaban en un cementerio.

—¿Qué pasó? —preguntó Cedric, la voz había sonado muy alterada— ¿Dónde estamos?

Alguien se aproximaba. Harry se agachó escondiéndose detrás de una de las lápidas y preparó la varita. Podía sentirlo… podía sentirlo y la sensación era sin dudas espantosa. Sabía quién era el que se aproximaba. Bajó la vista a su mano, al anillo… el anillo que lo llevaría a lugar seguro. Cedric estaba demasiado lejos, no podría llevarlo con él. Lo lamentaba pero él no podía quedarse, Voldemort estaba muy cerca y él no iba a permitir que le pusiera las manos encima, no iba a permitir que lo atrapara. Con la sangre de uno de los cortes untó el aro, pero cuando estaba por pronunciar las palabras para activar la transportación, sintió un dolor intensísimo en la cicatriz, como si le hubieran dado un hachazo en la frente. Ya no pudo pensar en palabras y ni hablar de poder pronunciarlas.

Cayó… y estaba perdido.

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