Mente rota, alma quebrada
Hasta el mismo infierno…
Tras recibir un violento empujón, Cedric trastabilló hacia atrás y finalmente cayó al suelo. La Copa se le escapó de la mano. Gruñó confundido. Tambaleante se puso de pie y miró alrededor. Obviamente ya no estaban en Hogwarts. Las montañas que rodeaban la escuela ya no estaban. Sus ojos se abrieron grandes de asombro al darse cuenta de en qué tipo de lugar estaban, un oscuro cementerio muy descuidado. Sobre la derecha, la negra silueta de una capilla alcanzaba a adivinarse detrás de las ramas de unos tejos. A la izquierda se elevaba una suave colina cubierta de tumbas.
—¿Qué pasó? —preguntó sin dejar de girar la cabeza reconociendo el entorno— ¿Dónde estamos?
Harry no contestó. Cedric se sorprendió incluso más cuando lo vio esconderse y desaparecer detrás de una lápida. Lo llamó por su nombre en voz alta. Sólo recibió en respuesta algunos sonidos sordos que parecían… ¿gemidos? Se adelantó un par de pasos y oyó entonces ruidos, alguien se aproximaba. Suspiró de alivio y encendió la varita con un Lumos.
—¡Hola! —llamó con un grito— ¡Necesitamos ayuda! —agregó acercándose al escondite de Harry. Pudo verlo hecho un ovillo, de costado sobre el suelo, tapándose la boca con ambas manos. Tenía los ojos apretadamente cerrados y una expresión de agonía le desfiguraba los rasgos. Cedric contuvo un grito de horror. La cicatriz en la frente se le había abierto y estaba sangrando. No sabía qué hacer…
—¡Alguien que nos ayude! —chilló frenético.
Un hombre bajo, regordete, algo calvo y con ojos pequeños y muy brillantes lo agarró de un brazo y lo apartó a un lado. Cedric empezó a farfullar algo sobre Hogwarts y la Copa del torneo y de cómo habían ido a parar allí. El hombre lo ignoró por completo. Se inclinó, alzó a Harry y se lo llevó en brazos internándose más en el cementerio. Cedric lo siguió ansioso. Harry se retorcía y gemía en los brazos del hombre.
—No sé lo que pasó… —dijo, empezaba a sentirse mareado.
El hombre depositó a Harry sobre la inmensa piedra de una tumba. Harry se sacudía resistiéndose, seguía con los ojos fuertemente apretados. Abrió la boca de repente y soltó un grito dolorido, agudo y continuo, que fue aumentando de volumen. El hombre alzó la varita y murmuró unas palabras. Cedric quedó boquiabierto de horror, unas cuerdas plateadas habían brotado de la varita y habían amarrado a Harry a la losa.
—¡¿Pero qué está haciendo?! —protestó indignado y se adelantó para intervenir. El hombre se dio vuelta y le dio un violento empujón que lo hizo retroceder un par de metros y lo azotó contra un incisivo canto de piedra. Soltó un intenso grito de dolor.
—Ya está listo, mi señor. —musitó el hombre torciendo los labios en una desagradable sonrisa.
—Muy bien…
Cedric se estremeció. El timbre de esa voz había sido horripilante. Lo invadieron unas inmensas ganas de esconderse. Alcanzó a notar que Harry se había quedado quieto de repente y pudo observar que las facciones torturadas de su rostro iban desvaneciéndose poco a poco. Lo que fuera que le estaba provocando dolor parecía haber cesado. Jadeando, alzó la varita. Empezaba a comprender que habían sido capturados… ¡tenían que escapar de allí lo antes posible!
—¡Matá al que sobra, Wormtail!
—¡Avada Kedavra! —lanzó el hombre sin vacilación.
En esa última fracción de segundo, Cedric llegó a ver el haz verde que venía en su dirección. Se desplomó al suelo, sin emitir sonido alguno, con los ojos muy abiertos. Muerto.
oOo
Boy había observado la escena algo difusa, desde detrás de las abundantes lágrimas que brotaban incesantes de sus ojos atormentados. Alzó un poco la cabeza y miró al hombre. Sabía que también iba a matarlo a él. Gimió y se sacudió, deseaba fervientemente poder ser bueno por una vez y que no tuvieran que castigarlo. Pero el hombre no pareció prestarle ninguna atención, se dio vuelta y se alejó un poco. Boy volvió a gemir pero más de alivio que de otra cosa.
Poco le duró el respiro. Unos segundos después, llamas candentes se encendieron debajo de un gran caldero. El hombre sostenía ahora en sus manos un pequeño bulto… ¡que se movía! Boy lanzó un chillido cuando lo vio dejar caer el cuerpo pálido de un bebé en el interior del gran recipiente. ¡No… no fuego! ¡Dolía, dolía, dolía! Los gritos arreciaron, ¡no quería que lo cocinaran!
El hombre seguía sin prestarle atención. Boy hizo un inmenso esfuerzo y se obligó a callarse. No quería que se enojara más. ¿Sería posible que el hombre no pudiera verlo? Mantener el silencio le costaba un inmenso esfuerzo, sin embargo, estaba horrorizado. El líquido en el caldero había empezado a hervir, burbujeaba y emitía vapores.
Los rasgos se le contrajeron en una mueca cuando el hombre sacudió el palito que sostenía en la mano. Algo explotó en el suelo, se formó una neblina de polvo. Un hueso brotó de la tierra. El hombre gritó algo y arrojó el hueso en el caldero. El hombre volvió a gritar algo y sacó un cuchillo de un bolsillo. Boy no emitió sonido pero los ojos se le abrieron incluso más del miedo… podía imaginar el intenso dolor… ¡el filo de acero clavándose… cortando la piel y los músculos hasta el hueso!
Pero el hombre tampoco se volvió a él esta vez. Apoyó la muñeca contra el borde del caldero y usó el cuchillo para cortarse limpiamente la mano. El grito que dejó oír el hombre desgarró el aire.
Boy se sacudió y se orinó encima. ¡Oh, no, eso le iba a costar tanto! ¡Boy era tan malo! ¡Por su culpa el hombre se había hecho daño! ¡Oh, no… no…! Empezó a temblar incontrolablemente cuando el hombre comenzó a acercársele… ¡con el cuchillo ensangrentado en la mano!
El miedo lo paralizó, los temblores cesaron del pánico. Sus pulmones se negaban a respirar, su corazón parecía a punto de claudicar en su pecho. El hombre alzó el cuchillo. Boy se arqueó, un grito se le quedó atascado en la garganta. El cuchillo hendió la carne del antebrazo y fue deslizándose del codo hasta la muñeca.
oOo
Wormtail se estremeció al bajar los ojos al cuerpo del chico sobre la piedra. Nunca antes había visto a alguien tan asustado y vulnerable. La cara estaba empapada en lágrimas y su rostro se había trocado en una máscara espantosa de miedo y de dolor. No parecía un rostro humano, se asemejaba más al de un animal salvaje y aterrado.
—¡Perdón! —gemía el chico ahogándose en sollozos— ¡Perdón! ¡Por favor! ¡Perdón! ¡No me haga daño! ¡No, por favor! ¡Perdón!
Wormtail apretó los dientes. Manchas rojas y negras le explotaban en los ojos, tenía la impresión de que se iba a desmayar de un momento al otro. Y su mano… ¡No, no podía detenerse siquiera a pensar en eso! Llenó el frasco que tenía en la mano con la sangre del chico. ¡Por Merlín, callate ya! Cuando se incorporó todo pareció darle vueltas. Estuvo a punto de caerse. ¡No! Tenía que terminar con eso… El miedo a fracasar lo mantuvo en pie. Sentía el estómago revuelto… el vómito trepándole ácido hasta la garganta, tuvo que concentrarse para tragar y retenerlo. Finalmente se recompuso un poco y regresó hasta el caldero.
—Sangre del enemigo…
Le costaba respirar… pero no podía desfallecer, ¡no en ese momento!
—…tomada a la fuerza. Resucitará al adversario…
¡Por qué no se callaba ese chico! ¡No le permitía pensar! ¡Ni concentrarse! Dejó caer finalmente la sangre en el caldero. Retrocedió un paso y se desplomó al suelo llorando. ¡Lo había logrado! ¡Había cumplido! ¡Ya no lo castigaría! ¡Lo recompensaría! ¡Su señor se mostraría muy complacido! Si tan solo ese chico dejara de lamentarse… ¡Callate de una buena vez!
oOo
Voldemort se elevó del caldero. El aire olía dulce y lamentos de terror y gritos de dolor lo saludaron aclamándolo. Dolor y placer relampaguearon recorriéndolo por entero. Rió sonora y largamente. Sus pies se posaron una vez más en tierra firme. Abrió los ojos y examinó su cuerpo. Sus manos eran como inmensas arañas pálidas. Sus largos dedos viajaron a acariciar el pecho húmedo. Podía contarse una a una las costillas. El largo abdomen plano descendía hasta el nacimiento de las muy delgadas piernas.
Con un aleteo de magia conjuró vestiduras y un espejo. Estudió su reflejo. La cabeza era completamente calva. Tampoco tenía cejas, ni pestañas. ¡Oh, pero cuán maravillosos ojos malignos! Rojos y brillantes como la sangre fresca… con negras pupilas rasgadas. Su lengua era más angosta y larga que una lengua humana. Sus orejas eran apenas primordios rodeando el orificio auditivo. ¡Sí, sí, su aspecto era temible! ¡Estaba de regreso! ¡Vivo, una vez más!
Dejó caer el espejo y estudió el entorno. Sus ojos no se detuvieron ni un segundo en el cuerpo de Wormtail sobre el suelo, viajaron de inmediato a fijarse en su enemigo… su odiado y maldito enemigo. Codicia y triunfo rebosaron en su nuevo corazón. La lengua brotó para relamer los muy finos y pálidos labios.
¡Hermosa, hermosa visión! El despreciable chico estaba totalmente quebrado. Él era un eximio maestro de la tortura y lo había aplastado de dolor. Su mente estaba consumida por el sufrimiento, sin posibilidad de recuperación. ¡Y estaba su merced!
Dejó oír una carcajada demencial. Agarró de un brazo a su patético sirviente y lo hizo poner de pie. Le desgarró la manga y clavó las afiladas uñas en la Marca Oscura. Wormtail se sacudió como un pescado atrapado en el anzuelo. Un olor fétido a carne quemada inundó el aire. Voldemort observó divertido las lágrimas que el dolor intenso le arrancó a su torpe lacayo.
—¿Cuántos de ellos serán lo suficientemente valientes para hacerse presentes? —musitó con tono casi arrullador, al tiempo que dibujaba una sonrisa maligna— ¿Y cuántos serán los necios infortunados que no se animen a venir?
oOo
Las mandíbulas le dolían de tanto apretar los dientes. Ya habían pasado más de dos horas. ¡¿Por qué el condenado chico todavía no había salido?! A Delacour y a Krum ya los habían sacado, pero Diggory y Harry seguían en el laberinto. Maxime y Karkaroff estaban lívidos de indignación, sospechaban que les habían hecho trampa, pero ninguno de los dos había abandonado la mesa de los jurados, debían permanecer allí hasta haber emitido su voto.
¿¡Pero en qué estaría pensando el muy inconsciente?! ¿Acaso intentaba ganar? No, Severus sabía que no podía tratarse de eso… algo más estaba ocurriendo. ¡Y esa maldita niebla que bloqueaba la visual! Parecía haberse espesado justo en el centro.
De repente, la Marca Oscura que había permanecido inactiva durante tantos años, cobró vida quemándole el antebrazo. Severus contuvo una exclamación. Karkaroff, en cambio, gritó sin poder contenerse, el pánico se reflejó evidente en su expresión y escapó saltando de la plataforma.
Severus ignoró las exclamaciones de asombro que brotaron alrededor. Él también debía acudir a la convocatoria. El Señor Oscuro había retornado y seguramente tenía a Harry en su poder. Era preciso que fuera a protegerlo. Pero cuando se disponía a saltar él también, alguien lo retuvo agarrándolo del brazo. Se volvió al instante y sus ojos se cruzaron con la fría mirada celeste de Dumbledore. Antes de que pudiera reaccionar, el director activó un traslador.
Ambos fueron arrancados de la plataforma. Comprendió de inmediato cuáles eran las intenciones del director. No iba a permitirle que fuera a proteger a Harry. Dumbledore sabía perfectamente lo que estaba pasando y quería que Harry peleara por su cuenta y sin ayuda. Para el director se trataba de una prueba más para que su "arma" se volviera más fuerte y eficiente.
Severus sintió que su espíritu se inundaba de furia y de horror. ¡De ningún modo podía permitir que Harry resultara herido! ¡No iba a permitir que Harry quedara a merced del sadismo del Señor Oscuro! La cabeza le daba vueltas vertiginosamente y tuvo que hacer un gran esfuerzo para contener las náuseas, estaba a punto de vomitar. Sospechaba adónde planeaba llevarlo Dumbledore, había un recinto en la Torre de Astronomía, que había sido usado a veces como calabozo, en el que todo tipo de magia quedaba neutralizado. Severus no podía permitirlo… ¡o todo estaría perdido!
El horror de la imagen de lo que podía sufrir Harry actuó como detonador, su poder mágico aumentó exponencialmente multiplicándose mil veces durante una fracción de segundo y gracias a ese pulso momentáneo pudo alterar el destino del traslador. No terminaron en la celda sino en la terraza de la torre.
—¿Por qué está haciendo esto? —le reprochó Severus con odio— ¡Es sólo un chico!
—Es mucho más que un chico. —le respondió Dumbledore con ojos fríos y duros— Vos lo sabés tan bien como yo. Y debe estar preparado para el futuro. Yo me limito meramente a cumplir con lo que debo. Hubo una época en la que no cuestionabas mis decisiones, Severus…
—¡El Señor Oscuro tiene en su poder a tu preciosa arma! —rugió Severus. —¿¡Creés acaso que va a sobrevivir?!
—Harry es mucho más fuerte de lo que pensás. —contestó Dumbledore frunciendo el ceño. —Voldemort ha sido un espíritu o poco más durante más de una década. Ha vuelto pero debe de estar débil sin dudas. Harry sabrá hacerle frente y resistirá.
La expresión de Dumbledore se distendió compasiva y su voz adquirió un tono contemporizador. —No figura en mis planes que Harry perezca. Lo necesitamos. Si no regresa en el término de una hora lo rescataré.
—¡¿Una hora?! —bramó Severus horrorizado— ¡Estás completamente loco!
—No hagas esto. —le advirtió Dumbledore enderezando la postura. Su inmenso poder mágico empezó a percibirse como ondas sensibles que brotaban de su imponente figura. —No podés ganar.
—¡Mirate bien, Albus! —le espetó Severus desafiante y posicionándose en instancia de duelo. Los ojos de Dumbledore se abrieron grandes de sorpresa ante la osadía de la rebeldía. — ¡Mirate y ve en lo que te has convertido! ¡Contemplá la infamia de lo que has hecho! ¡Condonaste y fuiste cómplice del gravísimo abuso de un niño! ¡Pusiste en serio peligro su bienestar físico y mental de manera repetida! ¡Y te proponés seguir haciendo lo mismo!
—Yo hice lo que debía hacer por el bien mayor. —dijo Dumbledore con una nota de tristeza en la voz— Sé que es difícil entenderlo, pero las decisiones que tomé eran imprescindibles. Me basta mirar a Harry y no puedo sino sentirme muy satisfecho con lo que he logrado. ¿Cómo podés reprocharme el haber actuado equivocadamente? ¡Harry es lo que el mundo mágico necesita!
—¡Lo que le hiciste y le estás haciendo es una bajeza despreciable! ¡Lo estás usando! ¡Como me usaste a mí y a todos los que te rodean! —aulló Severus con ojos de ardiente furia— ¡No voy a permitirte que sigas adelante con esta locura!
Dumbledore usó un encantamiento para bloquear la puerta de acceso a la terraza. Severus le lanzó una maldición explosiva, la más potente que conocía. Aunque sabía que al final todo sería inútil, Dumbledore era mucho más poderoso que él y acabaría aplastándolo. Pero no podía evitar esa batalla. Tenía que pelear por Harry. Aunque estuviera seguro de que perdería.
oOo
Draco alcanzó a ver los disturbios en la plataforma de las autoridades. Algo muy malo estaba ocurriendo. Su corazón le decía que Shadow estaba en graves aprietos. Fue abriéndose paso entre la multitud para acercarse. A mitad de camino el chillido estridente de una Ravenclaw le resonó estruendoso en los tímpanos. Estaba a punto de responder con un insulto cuando reparó en que la chica con el rostro desfigurado de terror estaba señalando algo. Volvió la cabeza en esa dirección.
Densas nubes oscuras se arremolinaban encima de la Torre de Astronomía. Y relámpagos luminosos se cruzaban debajo. A pesar de la distancia, Draco pudo deducir la identidad de las dos siluetas que se batían a duelo: Dumbledore y Snape.
Draco echó a correr de regreso al castillo. Tomó todos los atajos que conocía para llegar lo más pronto posible a lo alto de la torre. No podía permitir que el director matara al mentor de Harry, su muerte lo destruiría. Pero no era esa la única razón. Si Snape estaba enfrentando abiertamente a Dumbledore sólo había una explicación, Dumbledore planeaba algo horrible para Harry. Draco había prometido defenderlo de esa amenaza. ¡Y de ninguna manera podía faltar a su promesa!
Maldijo cuando se encontró con la puerta de acceso bloqueada mágicamente. Demoró varios minutos hasta dar con el contraconjuro preciso para poder abrirla.
Snape había caído al suelo, aun así seguía lanzando hechizos uno detrás de otro. Pero tenía una pierna desgarrada por una gran herida, un charco de sangre iba extendiéndose a su alrededor. Dumbledore desviaba los ataques con mínimos movimientos ninguno de los haces lo alcanzaba y se iba acercando a su oponente, lentamente, lúgubre y ominoso como la Muerte misma. El director murmuró una maldición y el cuerpo de Snape se sacudió espasmódico, estertores desgarrados escaparon de su garganta, le empezó a brotar sangre de la nariz y de los oídos… y de los ojos… como lágrimas.
—Perdoname, Severus, porque te he fallado. —declaró Dumbledore con voz cargada de triste pesar— Llegué a creer que podía guiarte de regreso al lado de la Luz. Estaba convencido de que podría protegerte de la Oscuridad. Pero me equivocaba…
Lo apuntó con la varita y agregó compungido: —Vete en paz, mi muchacho…
—¡Libero el relámpago de Zeus! —bramó Draco. Un haz rosado brotó de su varita y se desplazó raudo impactando certero en el pecho de Dumbledore.
El director se desplomó instantáneamente. La varita voló de su mano con las primeras convulsiones. Sonidos estrangulados brotaban de su boca que empezaba a rebosar espuma verdosa. Los ojos se le pusieron en blanco. Las manos clavaron las uñas desesperadamente en la piedra ancestral del suelo en un vano intento de anclar la vida que se le escapaba irremediablemente.
De repente una figura negra se interpuso entre los ojos horrorizados de Draco y la escena espantosa de la desgarrante agonía del director.
—¡¿QUÉ FUE LO QUE HICISTE?! —rugió Snape, que se sostenía precariamente sobre una sola pierna delante de él.
—Cicuta… —farfulló Draco, el horripilante espectáculo le había despertado unas náuseas intensas pero al mismo tiempo sentía todo el cuerpo entumecido. — …combinada con veneno de basilisco.
—Basilisco… —repitió Snape espantado. Giró con dificultad, apuntó y lanzó la maldición: —¡Avada Kedavra!
Dumbledore murió al instante pero su cuerpo siguió sacudiéndose con violentos espasmos durante varios segundos más. Hasta que finalmente quedó completamente inerte.
Snape se acercó cojeando al cuerpo sin vida. Con un par de seguros movimientos de varita hizo desvanecer la sangre y el vómito. Pero no era suficiente. La piel de Dumbledore había adquirido una tonalidad verde amarillenta, pero empezaban a aparecer extrañas manchas cárdenas consecuencia de los traumatismos ocasionados por las convulsiones. Era evidente que algo más, aparte de la Maldición Mortal, había sido la causa de la muerte.
Snape hizo levitar el cadáver.
—¿Qué está haciendo? —logró articular Draco con voz letárgica.
—Lo necesario para salvarlos de Azkaban, a Harry y a vos. —le escupió Severus en respuesta.
El cuerpo de Dumbledore se desplazó por el aire y cuando hubo cruzado el borde por encima de las almenas, Snape interrumpió el encantamiento y el cadáver se precipitó ochenta metros hasta estrellarse contra el suelo al pie de la torre.
—¿¡Qué…?! —graznó Draco. Las ganas de vomitar se habían vuelto incontenibles.
—¡Niño necio! —ladró Snape— ¡¿No te das cuenta de que va a haber una exhaustiva investigación?! ¡Se habrían dado cuenta de inmediato que el director había sido envenenado! ¡Con ponzoña de basilisco! Y casualmente hubo un basilisco suelto rondando por la escuela hace dos años, un basilisco cuyo cadáver yace en la Cámara de los Secretos. Y hay una sola persona que puede acceder a la Cámara: ¡HARRY!
Draco se estremeció de miedo, los ojos de Snape brillaban negros de furor.
Snape respiró hondo varias veces hasta lograr calmarse un poco y sofrenar sus emociones. Su voz se oyó mucho más controlada cuando volvió a hablar.
—La caída disimulará los signos físicos del veneno… y roguemos que a nadie se le ocurra hacer pruebas en los restos para detectar residuos químicos. Ahora es preciso que concentres toda tu atención. Necesito que me ayudes a llegar hasta un punto desde el que pueda aparicionar.
—¿Va a ir a ayudar a Shadow?
—Así es. —respondió Snape apoyándole un brazo sobre los hombros— Vos me vas a servir de muleta. No tenemos un segundo que perder. El Señor Oscuro tiene a Harry en su poder.
oOo
Voldemort se había instalado sobre la losa de la tumba en la que Harry había estado amarrado. Había desatado al chico que se había desplomado y yacía en el suelo hecho un ovillo. El Señor Oscuro movía distraídamente la varita infligiéndole latigazos mágicos que dejaban marcas sangrientas sobre la piel expuesta, de las ropas del chico solo quedaban algunos pocos jirones, estaba casi desnudo.
Boy se estremecía y gemía. Navajas invisibles le hendían la piel, las lágrimas nublaban su visión, con cada nueva herida derramaba más sangre y dolor en la tierra. Trataba de conservarse lo más fuerte e íntegro posible, su magia curaba frenética pero no todo. Hacía mucho tiempo había aprendido que no convenía curarse completamente, que era mejor dejar algunas heridas, para que quedaran evidencias de que había sido bien castigado, si no, su tío se enojaba más y prolongaba las golpizas.
Empezaron a llegar otros. Voldemort alzó la cabeza. Sus labios dibujaron una mueca maliciosa. Sus deplorables seguidores lucían temerosos. La figura que venía delante se detuvo a unos metros de distancia, se hincó de rodillas e hizo una reverencia hasta que la frente casi tocó el suelo. Los que venían un poco más atrás hicieron lo mismo.
—¡Bienvenidos, mortífagos! —saludó con exagerada amabilidad, todos los aludidos se estremecieron. —Trece años… trece años desde la última vez que estuvimos reunidos… y sin embargo han respondido a mi llamado como si hubiese sido ayer… seguimos unidos por la Marca Oscura… ¿o acaso no es así?
Voldemort se puso de pie junto a la losa de piedra para poder observar mejor a los convocados. Nagini, oscura, monstruosa e inmensa, iba serpeando entre ellos. Sacaba cada tanto la lengua como si estuviera probando a los humanos arrodillados, que temblaban destilando miedo a raudales. Voldemort lanzó una carcajada y sus ojos se encendieron de entusiasmo.
—Sssí, mi dulce y consssentida… —siseó. —Podemos oler la culpa, mis estimados sirvientes. Puedo observar que todos lucen tan fuertes y saludables. Y miren… van llegando más… y hay una pregunta que me está rondado… ¿Por qué? ¿Por qué ninguno de todo este grupo de valientes magos fue al auxilio de su señor… al que le habían jurado lealtad eterna?
Nadie respondió, los estremecimientos se multiplicaron. El único que se animó a levantar un poco la cabeza fue Wormtail, pero Voldemort lo ignoró olímpicamente. Otras tres figuras se iban acercando y cuando llegaron hasta al grupo también se arrodillaron reverentes. Los ojos rojos reverberaron hasta que se hubieron postrado de hinojos pero no dijo nada aludiendo a ellos directamente y particular.
Tomó asiento sobre la tumba como si fuera un trono. —…y me respondo… —prosiguió con tono helado. —…y me respondo… que habrán pensado que había sido destruido, que me había ido para no volver. Y volvieron a la sociedad de mis enemigos… y alegaron inocencia… o ignorancia… o haber sido víctimas de malignos hechizos de control de la voluntad.
Su voz perdió el tono de afectada indiferencia y fue ganando volumen, intensidad y aspereza. —¿Pero cómo es posible que creyeran que nunca más volvería a alzarme con todo mi poder? ¡Yo estoy por encima de la muerte! ¡Nada, ni nadie puede destruirme! ¡Yo siempre estaré de regreso! ¡Yo soy el mago más poderoso de todos los tiempos!
Se puso de pie y una nueva ola de estremecimientos recorrió a su audiencia. Voldemort volvió a sonreír maligno. Se agachó, le rodeó el cuello a Harry con los pálidos y largos dedos de su mano y volvió a incorporarse alzándolo con él. Los ojos verdes se fijaron aterrados en su atormentador que lo mantenía en vilo apretándole dolorosamente el cuello.
—Y me respondo… —prosiguió Voldemort casi susurrando, con la mano libre acarició apenas la mejilla de su estremecida presa. —…quizá creyeron que existía un poder mayor y que tal poder podía subyugar incluso a lord Voldemort. ¡Que un bebé podía vencer a su señor!
Hubo algunos tímidos murmullos que negaron la herética afirmación. Voldemort les lanzó a Harry encima. Varios se hicieron a un lado esquivándolo. Boy aterrizó en el medio de un círculo de mortífagos. Dejó oír un grito desgarrado, se abrazó las rodillas contra el pecho y comenzó a hamacarse lentamente, gimiendo y suplicando que no le hicieran daño.
—¡Éste es el chico al que todos ustedes temían! ¡Éste es el Niño Que Sobrevivió! —bramó Voldemort— Decime, Avery, ¿ahora también le tenés tanto miedo?
—¡Mi señor! —chilló uno de los enmascarados— ¡Mi señor, perdóneme! ¡Perdónenos a todos!
—¡Crucio!
Avery y otros cuatro empezaron a sacudirse aullando de dolor. Boy se tapó los oídos con las manos y empezó a chillar tan fuerte como ellos, no podía comprender el porqué de tanto horror. Voldemort rió, una carcajada agudísima, prolongada y demencial.
—¡Suficiente! —gritó finalmente con desprecio— ¡Pónganse de pie! ¡Todos!
Todos obedecieron con movimientos recelosos. Los que había sufrido el Cruciatus tuvieron que ser asistidos por los que tenían al lado. Voldemort se adelantó hasta donde estaba el chico que se había callado y había retornado a hamacarse suavemente. Sonrió y lo apuntó con la varita. El cuerpo casi desnudo del chico se arqueó de repente y empezó a sacudirse convulsivo.
—¡Éste es el Salvador de la Luz! ¡No es más que un insecto! —rugió Voldemort e hizo chasquear los dedos. Trece máscaras blancas volaron a su mano. Las elevó en el aire y se encendieron en llamas. —Nunca olvidaré sus faltas y fracasos, mis queridos servidores. No lo piensen ni por un segundo. Pero ustedes son míos… vuelven a ser míos una vez más. ¡Y esta vez tendrán que actuar mucho mejor!
Señaló hacia el chico que ya no se sacudía, pero que seguía temblando en el suelo. Boy tendió apenas una mano en gesto de súplica.
—¡Muéstreme que no han perdido el talento… pruébenme todo su desprecio por este miserable ser!
oOo
Boy nunca había experimentado tanto miedo y tanto dolor. Y no había forma de escapar, estaba rodeado… ¡eran tantos! Y se ensañaban con él… ávidos de su dolor… alimentándose de él… completamente sordos a sus ruegos. Cuando su tío le pegaba, el castigo nunca se prolongaba tanto. Pero ahora… ¡el dolor no paraba! La agonía era incesante, infinita… interminable.
Los dolores se encimaban y se potenciaban. Lo torcían, lo desgarraban, lo quebraban y lo quemaban. Su magia lo rodeaba tratando de curarlo y la curación provocaba tanto dolor como los ataques. Toda otra sensación que no fuera el dolor había desaparecido. Todo él se había vuelto sufrimiento.
oOo
Severus aparicionó en el cementerio y tambaleó. Pero su vacilación se debió sólo en parte a la pierna herida. Los gritos… ¡Merlín!... jamás había oído algo así. Parecía que no acabarían nunca… y cuando finalmente se acallaron, los ecos siguieron reverberando amenazantes en el aire.
Abrió los ojos… no recordaba haberlos cerrado. Se acercó al grupo de mortífagos, aterrado de sólo pensar lo que estaba por contemplar. Sus ojos se detuvieron primero en su señor. El Señor Oscuro era monstruoso, los rasgos desfigurados y espantosos. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no estremecerse y se obligó a seguir avanzando.
Algunos mortífagos se desplazaron un poco para dejarlo pasar, pero ninguno de ellos se volvió a mirarlo, todos tenían la vista fija hacia delante, como estatuas. Severus avanzó cojeando, el corazón en el pecho latiéndole desbocado de miedo. Y fue entonces que lo vio… Voldemort acunaba en su falda el cuerpo maltrecho de Harry… una parodia satánica de La Piedad.
Harry estaba desnudo y su cuerpo… desgarrado al extremo por las heridas… Severus tuvo que cerrar los ojos por un instante porque la imagen era insoportable… y el olor de la sangre que embalsamaba el aire no ayudaba precisamente…
Harry tenía los ojos muy abiertos, pero como vacíos de consciencia. No obstante, se movían brillantes, cargados de una demencia salvaje. No parecían humanos. El rostro estaba deformado por las heridas. Respiraba, sin embargo… con esfuerzo… cada aliento era una agonía.
—Un chico asombroso. —gorjeó Voldemort acercando los labios a lo poco que quedaba de una de las orejas de Harry. —Todavía seguís tratando de curarte.
Alzó la vista y la fijó en sus servidores. —Recuerden esto, mis queridos. Lord Voldemort puede ser misericordioso.
El Señor Oscuro se incorporó, depositó al chico sobre la losa de piedra y lo apuntó con la varita. Todos los mortífagos contuvieron la respiración… Severus ya anticipaba lo que seguiría. Acariciando con la voz cada sonido como si pronunciara el nombre de un ser amado, la Maldición brotó de sus labios.
—Avada Kedavra.
Harry se arqueó cuando el haz hizo contacto con su cuerpo maltrecho. Un rugido de furia primal brotó estruendoso de su boca, sus ojos adquirieron el mismo color de la Maldición. Su menuda y destrozada anatomía fulguró de verde incandescencia durante un largo instante al absorber la oscurísima magia. Los músculos se relajaron. Y durante un largo segundo quedó inmóvil.
Y al segundo siguiente estaba de pie sobre la losa. Con los negros cabellos erizados y los ojos alucinados y alucinantes de locura. Lanzó otro aullido de inhumana ferocidad.
Los mortífagos retrocedieron por reflejo. Se oyeron varios gritos de pánico. Voldemort siseó un juramento y le descerrajó una metralla de maldiciones a cual más oscura. El cuerpo del chico las fue absorbiendo una a una, cargándose de mayor potencia a cada segundo. El aullido se interrumpió y fue reemplazado por una carcajada fría y estruendosa. El grupo de mortífagos había empezado a dispersarse dispuestos a emprender la huida cuanto antes. Las pequeñas manos ensangrentadas del chico se alzaron, los dedos se tensaron y se cerraron como garras, que se sacudieron liberando su poder.
Los mortífagos que escapaban chillaron en agonía y se desplomaron, la sangre salpicó llenando el aire de una lluvia escarlata.
Severus se tiró cuerpo a tierra. Sabía que la única posibilidad de sobrevivir a la ira arrolladora de destrucción de Demon era pasar inadvertido.
Pero Voldemort no lo sabía. Y se plantó interponiéndose ante el enajenado alter. —Estás a punto de colapsar y es muy poca la magia que te queda. —siseó con regocijo— Yo voy a desplegar todo mi inmenso poder y te voy a matar aquí y ahora. No hay un Dumbledore que pueda venir en tu auxilio, ni una madre recalcitrante que entregue la vida por vos… ¡Esta noche vas a morir por mi mano, Harry Potter!
Un poder mágico tan oscurísimo como inconmensurable rodeó como un aura a Voldemort. Los mortífagos se quedaron quietos de repente abortando la huida. ¡Imbéciles, no saben lo que les espera! , pensó Severus y continuó reptando en retroceso, alejándose lo más posible de Demon.
Demon abrió la boca ensangrentada mostrando los dientes. La Maldición Mortal que había absorbido había acelerado el proceso de curación, todo el daño interno había sido reparado, las heridas externas persistían pero ésas no constituían un peligro para la subsistencia.
—¡Vos…! —le espetó Demon a Voldemort con voz ronca de desprecio y filosa de odio— ¡VOS VAS A PAGAR! —rugió al tiempo que movía una mano. Varias lápidas fueron arrancadas de cuajo de la tierra y volaron aceleradas como proyectiles.
Voldemort logró esquivarlas con dificultad y contraatacó gritando: —¡Excrucio dolor morsus!
Demon no trató de evitar el hechizo, por el contrario, saltó y se adelantó para recibirlo de lleno. Sus labios se torcieron en una sonrisa infernal. Rugió y tambaleó al recibir el impacto. Pero fue apenas por un segundo… y avanzó otro paso hacia su atacante.
Los ojos de Voldemort se abrieron desmesurados y lanzó dos maldiciones: —¡Contego! ¡Eradico manus manus!
Demon absorbió la barrera y desvió el otro hechizo que rebotó en su mano y fue a impactar en uno de los incautos mortífagos. La víctima lanzó un chillido alzando las dos manos que estaban abrasándose en llamas. Demon soltó una carcajada demoníaca y continuó su avance implacable. Voldemort apeló a un último recurso, ya lo tenía prácticamente encima.
—¡Aflicto afligo!
Demon absorbió la maldición, aulló mostrándole los dientes y se le echó encima como una fiera. Voldemort no alcanzó a esquivarlo. Los dos puños se estrellaron como martillazos contra su pecho. Cayó de espaldas contra el suelo. Demon se le paró encima y le sacudió una violenta coz en el pecho. Por el ruido que se produjo, seguramente le había quebrado varias costillas.
Voldemort no podía creerlo. Furioso, confundido… ¡y el dolor! Tenía que escapar… desaparicionar. Y fue entonces que el tornado de magia oscura cayó sobre él. El dolor escaló hasta cumbres indecibles y empezó a sentir cómo su nuevo cuerpo recientemente recuperado comenzaba a desmigajarse una vez más. Las palabras de Demon, rebosantes de rencor le arañaron los oídos:
—¡Vos me creaste! ¡Vos fuiste el que me trajo a esta vida miserable!
Demon se agachó y acercó la cara a la de Voldemort taladrándole los ojos con una mirada venenosa.
—¡Te odio! —le susurró Demon y le posó ambas manos sobre el rostro.
Voldemort lanzó un chillido dolorido y su cuerpo se desintegró, completamente destruido.
Demon se puso rígido durante un instante. La muerte del Señor Oscuro sacudió su mente con potentes ondas de shock. Pero fue algo efímero, también pudo absorber ese impacto y rompió a reír una vez más. Sus carcajadas pregonaron el inicio del vendaval mágico que desató a continuación.
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