CAPÍTULO 2: ¿QUIÉN ES MI PADRE?
Alex entró a la clase de matemáticas, era una sala pequeña, vieja y con olor a humedad. La profesora ya había llegado y estaba buscando algo desesperadamente. Miraba por el suelo, por encima de la mesa y dentro de su maletín. El niño se acercó a la profesora y le extendió la mano.
- Hola, mi nombre es Alex. Hoy es mi primer día.- mientras hablaba la miraba fijamente e introducía la otra mano en el bolsillo de la rebeca de lana de la profesora.
- Hola... ¡Bienvenido!-contestó ella, mientras le daba la mano al pequeño- Perdona estaba despistada, estoy... estoy buscando...
- Sus gafas, aquí las tiene.-Alex le entregó las gafas que había sacado de la chaquetilla de ella.
-¡Vaya! ¿Dónde estaban? Muchas gracias...-torció la cara a la izquierda y elevó los ojos.
- No hay de que. -contestó haciendo caso omiso a la pregunta. -¿Cúal es mi sitio?
- Puedes sentarte allí. -señaló el tercer pupitre de la segunda fila.
Alex asintió con la cabeza y se dirigió al que sería su lugar en la clase de ahora en adelante. Se acomodó en la silla de madera de color verde claro. Y observó la mesa de la izquierda que aún estaba sin ocupar. Había dibujitos hechos con lápiz por todo el pupitre. Vio los muñequitos, las caritas, pero lo que realmente le llamó la atención fue el dibujo de una flor. Era una amapola perfectamente dibujada. Entonces supo que ese puprite era el de Laura, la chica que había conocido afuera después del encontronazo con Rob. Ella llevaba un dibujo exactamente igual que ese bordado en el vestido. Sonrió, estaba de suerte. Si le llega a tocar el gordito se hubiera armado una buena.
La chica entró y se sentó sin hacer ruido, le miró de reojo y se le escapó un sonrisa. La señora Patterson comenzó a impartir la lección. La clase iba de operaciones matemáticas sencillas y Alex eso ya lo tenía controlado. Su madre había sido una buena maestra. Así que se distrajo en observar a los demás niños de la clase.
El día se le estaba haciendo larguísimo y eso que solo había pasado la mitad del tiempo. Al menos tenía el consuelo de que había llegado la hora del recreo. Salió de los primeros, necesitaba aire. Se sentó en el banco donde vio que por la mañana, antes de entrar, había estado sentada Laura. Sacó su manzana roja y la mordió en la mitad. Solo unos minutos después llegó ella.
- ¡Eh! ¿Qué haces en mi sitio preferido? -se sentó junto a Alex.
- ¿Quieres una manzana? He traido dos. -le acercó la segunda manzana.
- Vaya gracias, me gustan las manzanas. -la cogió y la mordió.
- Aún no te lo he dicho me llamo Alex. Y si me vas a decir tu nombre...-cerró los ojos y puso cara de concentración. - Es Laura. - abrió los ojos muy rápido.
- ¡Entonces es cierto! ¡Tienes poderes! - exclamó entusiasmada la niña.
- Tengo poderes, pero lo del nombre es muy fácil, lo pone tu mochila.
- Vaya que tonta soy... -rió. - ¿De dónde vienes Alex?
- De una granja en las montañas, está lejos de aquí... -se le notaba en la cara que añoraba su antiguo hogar.
- ¿Y cómo es que has venido a este pueblo?
- Mi madre quiso que nos mudáramos... dice que tengo que aprender cosas en la escuela. Y ya ves, esa maestra no me ha enseñado nada hoy.
- ¿Y tu padre no ha venido con vosotros?
- No, él no vive con nosotros. -su cara cambió por completo.
- Entonces como mis padres, que están divorciados.
- No, no es eso... yo... yo no conozco a mi padre... -agachó la cabeza y se frotó los ojos.
- ¿Estás bien? -Laura se sentía mal, no debería haberle preguntado por su padre.
- Si, es solo... solo que tengo que ir al baño. Nos vemos en clase. -dio un salto y se bajó del banco.
El resto del día Alex estuvo ausente, pese al intento de Laura de hacerle sonreír, no lo hizo. Cuando llegó a casa tiró la mochila encima del sofá y se fue a su cuarto. Su madre se extrañó, no era un comportamiento normal en él. Sabía que el primer día de escuela sería duro. Pero no esperaba que no dijese ni hola. Entró en la habitación y lo encontró tirado encima de la cama. Tenía la mirada perdida y antes de que ella pudiera decirle nada, le preguntó:
- ¿Quién es mi padre?
