Notas del traductor:

Gracias a FanFiker, Shixa (lots of love, shixa!), Adriana11, xonyaa11, Isa-Lovegood, kawaiigiirl y CristianSkellingtonbourne por dejar review en el capítulo anterior.

Creo que se pasó responder algunos, y les pido una disculpa. La escuela me consumió esta semana y hasta ahora pude verlos bien. Y, encima, la vida me carga la mano este viernes… Bueno, never mind. O sea, da igual…

Como siempre, nada es mío, ni siquiera la historia. Los personajes son de JK y la historia de OakStone730. Etc, etc.

¡Disfruten!


Harry gruñó cuando se sentó a la mesa de Gryffindor para cenar. Cada músculo de su cuerpo estaba protestando. Sus rodillas le seguían doliendo, por la vez en la que había chocado contra el escritorio, durante la lección de Defensa Contra las Artes Oscuras que Moody había impartido.

Hermione lo miró preocupada.

—Harry, ¿no crees que deberías ir a ver a la señora Pomfrey? El profesor Moody no debió haberte puesto bajo la maldición imperius tantas veces hoy.

—Estoy bien, Hermione. Sólo un poco lastimado. —Harry le restó importancia a su preocupación. Miró la mesa repleta de comida y sintió que su estómago saltaba. Se puso de pie lentamente—. No tengo hambre. Me iré a estudiar. —Mientras se inclinaba para levantar su mochila del suelo, el cuarto entero se movió, y el chico tuvo que estirar su mano para detener la caída.

—Suficiente —dijo Hermione, decidida. Se levantó y se movió para darle apoyo—. Necesitas ir a la enfermería. Desearía que Ron estuviera aquí, pero sigue en castigo. Déjame ayudarte…

Harry se alejó de su brazo.

—De acuerdo, de acuerdo, iré. Pero no necesitas ayudarme. La gente va a creer que estoy enfermo o algo así. —Con cuidado, Harry soltó la mesa y se alivió al notar que era capaz de mantenerse de pie, sin que el cuarto diera vueltas.

—¿Quieres que te ayude, Harry? —preguntó Neville, mientras comenzaba a levantarse de la mesa. Harry suspiró mientras miraba todos los ojos de la mesa de Gryffindor puestos en él.

—No. Estaré bien. —Harry se giró y caminó con determinación hacia la puerta. Tuvo que concentrarse en cada paso que daba. El dolor recorría su cuerpo y el chico se esforzó para evitar que la oscuridad nublara su visión. Consiguió atravesar la entrada y llegar al corredor. Pudo escuchar que Hermione le hablaba, pero el rugido en sus oídos no le dejaba escuchar lo que la chica estaba diciendo. Él sólo estaba enfocado en llegar a las escaleras que lo llevarían a la enfermería. Con alivio, tomó el barandal de la escalera y movió sus quejumbrosas piernas para subir el primer escalón… y luego, todo se puso negro.

Harry recobró el sentido y se dio cuenta de que su cabeza debía haber explotado. El dolor radiaba desde la parte trasera de su cabeza. El chico apretó los ojos con fuerza, por los rayos de luz. ¿Lo habían hechizado? Podía escuchar a la gente hablando, pero no podía entender lo que estaban diciendo. Estiró la mano para sentir su cabeza pero algo, o alguien, se la tomó.

—No te toques. Detuvimos la hemorragia por ahora, pero no te servirá que la toques. —La voz parecía estar a miles de kilómetros de distancia, pero le sonaba familiar. Harry se atrevió a entreabrir los ojos. El rostro de Cedric Diggory estaba mirándolo desde arriba. El chico sonrió—. Bienvenido de regreso. Te caíste en los escalones. Tienes una buena herida en la parte trasera de la cabeza. Vamos a tener que llevarte a la enfermería.

Harry asintió y cerró los ojos de nuevo. Escuchó el rumor de gente hablando emocionadamente; con eso, entendió que todos debían estar saliendo del Gran Comedor, al haber acabado la cena. Otro día en la vida de Harry Potter, pensó con un suspiro. Otro día, otro viaje a la enfermería.

—Muy bien, Harry, vamos a levantarte. Apóyate en mí —dijo la voz de Cedric, con gentileza, y Harry sintió unos brazos fuertes que lo levantaban. Cedric pasó el brazo izquierdo de Harry por encima de su propio hombro y envolvió la cintura del moreno con el brazo derecho. Harry se balanceó hacia delante y sintió las olas del mareo recorriéndolo, haciendo que se recargara contra el chico alto junto a él—. Voy a necesitar ayuda —gruñó Cedric, ahora que tenía que cargar con el peso completo de Harry, cuando el chico se desmayó de nuevo—. Malfoy, deja de reírte y ven acá.

Draco Malfoy dejó de reír.

—¿Por qué yo? —protestó—. Aquí hay muchos Gryffindors para ayudar al pobrecito Harry.

—Te lo pedí a ti, Malfoy —dijo Cedric, con la autoridad de un prefecto de sexto año. Hermione miró a Malfoy con sorpresa, cuando el chico se separó de sus amigos sin más discusión. Rodeó la cintura del inconsciente chico con un brazo y pasó el brazo derecho de Harry por encima de sus hombros. Cedric asintió, satisfecho, y juntos comenzaron a subir las escaleras.

—En serio está ido. No puede ser sólo por la caída. ¿Qué le pasó? —le preguntó Cedric a Hermione, que iba detrás de ellos, cargando las mochilas que habían tirado.

—Moody lo puso bajo la maldición Imperius en clase hoy, cuatro veces —respondió Hermione—. No debió haber hecho eso, para nada…

—¿Cuatro veces? Con nosotros sólo lo hizo una vez —interrumpió Draco—. ¿Por qué ese loco se la aplicó cuatro veces a Potter? ¿Hizo algo que molestara a Moody?

—Fue porque Harry pudo luchar contra ella la primera vez. Moody continuó maldiciéndolo, hasta que pudo resistirla por completo —explicó Hermione, mientras miraba nerviosamente a Harry. Si hubiera sabido cuán lastimado estaba, ella misma lo habría llevado directo a la enfermería. Sabía, por el libro de texto, que una maldición Imperius mal realizada podía dañar a alguien, mentalmente, de por vida.

Estaban cerca de la entrada de la enfermería cuando Harry comenzó a recobrar el sentido. Sintió los brazos que lo rodeaban y comenzó a pelear para liberarse.

—Tranquilo, Potter. Ya es bastante malo estar arrastrando tu trasero por toda la escuela sin que tú estés removiéndote. —Una voz que arrastraba las palabras vino desde su lado derecho. Harry giró la cabeza, confundido, y con una oleada de dolor que el movimiento causó, vio los grises ojos de Malfoy, fijos en él.

—Hermione, creo que algo debe andar mal. Estoy alucinando que Malfoy está abrazándome.

—En tus sueños, Potter —dijo Malfoy despectivamente—. Tu novio Hufflepuff, aquí presente, me reclutó para ayudar.

Harry giró su cabeza lentamente y vio a Cedric, del otro lado, riendo.

—Hola, Cedric —dijo, con voz cantarina—. Tú no eres mi novio.

—Hola, Harry. Es verdad, no soy tu novio —replicó Cedric, divertido por el desorientado chico de cuarto—. Bueno, Malfoy, podemos encargarnos a partir de aquí. —La señora Pomfrey corrió hacia el grupo, que estaba en la entrada—. Gracias por tu ayuda.

Malfoy soltó a Harry y comenzó a alejarse.

—Buena suerte, Potter.

—Señor Potter, sólo puedo decir que estoy sorprendida de que le haya tomado seis semanas terminar aquí. Me parece que su récord anterior era de cuatro semanas. —Harry suspiró con alivio cuando lo acomodaron sobre una cama—. Qué hombre tan increíble —dijo entre dientes, mientras andaba entre las camas—, convirtiendo a uno en un hurón y usando una imperdonable con usted. Dumbledore me va a escuchar por esto, se lo aseguro.

OoOoOoO

La señora Pomfrey mantuvo a Harry en la enfermería por dos días. Él habría estado encantado de no volver a probar la crecehuesos de nuevo. Hermione no escatimó en recordarle a Harry que, si le hubiera permitido llevarlo con Pomfrey en primer lugar, se habría podido evitar la fractura de cráneo que se había causado por caer en las escaleras.

—¿Cómo te sientes, Harry? —preguntó Cedric, cuando visitó a Harry al siguiente día, en la enfermería.

—Bien. Avergonzado —dijo Harry con una mueca—. Parece que paso más tiempo aquí que en el salón de clases. Y Hermione se asegura de que no vaya a atrasarme en mis clases. —El chico señaló, con un gesto, la pila de libros que estaba junto a su cama.

Cedric se sentó junto a la cama.

—¿Quieres que repase tu tarea de Transformaciones contigo? Es una clase bastante difícil de entender, si no ves a McGonagall haciendo la demostración.

—Sería genial —dijo Harry, ansiosamente—. Aún no me sale bien el alfiletero. —Cedric pasó a la sección correcta del libro de Transformaciones y le enseñó los movimientos de varita a Harry, para transformar un puerco espín en un alfiletero. La hora pasó volando y Harry alzó la mirada, con sorpresa, cuando se percató de Ron y Hermione, parados junto a su cama—. ¿Ya terminó Pociones? No puedo decir que lamente habérmela perdido… ¿Qué te pasó, Ron?

Ron bajó la mirada a su túnica con una mueca. Había un gran hoyo, de una quemadura, en su manga.

—Neville hizo estallar su caldero de nuevo.

—Bueno, me iré, para que puedas estar con tus amigos. Espero que estés de vuelta en tus clases para mañana, pero hazme saber si sigues aquí. Puedo regresar y ayudarte con tu tarea mañana. —Cedric se puso de pie y se despidió de Ron y Hermione.

Ron y Hermione vieron cómo el alto Hufflepuff caminaba por el corredor y salía de la habitación.

—Perdón por interrumpir tu cita de estudio, Harry —dijo Hermione, cuando giró y vio que Harry estaba sonriendo.

La mandíbula de Ron cayó al suelo, mientras miraba a Harry y Hermione.

—¿Tú y Diggory? —jadeó. El pelirrojo se dejó caer en la silla junto a la cama de Harry.

—No. Él es sólo un amigo —protestó Harry. Hermione alzó una ceja cuando lo vio—. En serio. Está saliendo con alguien, el chico que estaba en King's Cross.

—Bueno, podría ser mucho peor —dijo Hermione, mientras se sentaba junto a Harry en la cama—. Ciertamente es muy agradable a la vista.

Ron miró a Hermione dos veces.

—¿Diggory? ¿Crees que es bien parecido?

Harry y Hermione se miraron el uno al otro, y luego miraron a Ron.

—Definitivamente —dijeron al unísono, con una sonrisa. Parecía que Ron no sabía cuál respuesta le agradaba menos.

—Bueno, escuché que va a tratar de entrar al Torneo de los Tres Magos. Acaban de poner un anuncio en el Gran Comedor. Los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons van a estar aquí el día antes de Halloween, y luego sacarán los nombres en el banquete de Halloween —dijo Ron—. No puedo esperar a ver quién más va a intentar entrar.

—Sí, Cedric dice que en verdad va a intentarlo. ¿George y Fred siguen planeando vencer a la línea de edad? —preguntó Harry, levantándose con las almohadas.

—No dicen nada, pero están planeando algo —dijo Hermione—. No han hecho ni la mitad de las bromas que suelen hacer, entonces deben estar tramando algo.

OoOoOoO

Harry se colgó la mochila al hombro y caminó apresuradamente por el corredor, mientras escapaba de las mazmorras. Snape lo había obligado a quedarse y preparar todas las pociones que se había perdido por estar en la enfermería. Le había tomado dos horas, y la combinación de gases y los comentarios despectivos de Snape hicieron que deseara estar de vuelta bajo los cuidados de la señora Pomfrey.

—Potter —dijo alguien, desde un salón de clases.

Harry se detuvo y giró su cabeza hacia el sonido. Sólo un alumno en Hogwarts podía ponerle tanta condescendencia a una palabra. El moreno se volteó lentamente y se dirigió a la entrada abierta del salón.

Malfoy estaba sentado en una mesa, con sus libros y pergamino regados por toda la superficie. Miraba a Potter contemplativamente.

—No puedo creer que te tomara dos horas preparar tres simples pociones.

—Snape me hizo preparar cada una, dos veces. —Harry se detuvo en la puerta, vacilante—. ¿Qué quieres, Malfoy?

Malfoy giró la pluma de cuervo en su mano, y la puso sobre la mesa.

—Quiero hacerte una propuesta.

—¿Qué tipo de propuesta? —dijo Harry. Repasó el cuarto con la mirada. Esperaba ver a Crabbe y Goyle, rondando por una esquina, listos para entrar en acción.

—Si puedes reunir un poco del famoso valor Gryffindor, entrar aquí y cerrar la puerta, te lo diré.

Harry revisó el corredor. Nadie venía. Miró al Slytherin por un minuto y luego asintió, cerrando la puerta detrás de él.

Malfoy le sonrió de lado.

—Muy valiente, Potter. —Harry lo miró con sorpresa. No creía haber visto a Malfoy sonreírle; al menos, no cuando no estaba burlándose de él. Cambiaba su rostro, de su habitual expresión desdeñosa y altiva a una que era casi atractiva—. Esta es mi propuesta: te ayudaré en Pociones, si me enseñas a resistir la maldición Imperius.

El rubio miró a Harry con los ojos grises y fríos. El rostro del Slytherin no mostraba ni un poco lo que estaba pensando.

Harry lo miró, incrédulo.

—Estás bromeando, ¿verdad? No puedes estar diciéndolo en serio.

—Sí, Potter, es muy en serio —dijo Malfoy bruscamente—. ¿Lo harás?

—¿Quieres que utilice una imperdonable sobre ti? No va a pasar. Sé que esto es una especie de trampa. —Harry se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.

—No es una trampa, Potter. Necesito que hagas esto. —La voz de Malfoy se oyó desde el otro lado del cuarto—. Hablo en serio.

—¿Por qué yo? ¿Por qué no se lo pides a Moody? —preguntó Harry, aunque ya conocía la respuesta.

—Le pregunté. Dumbledore le ha prohibido usar las maldiciones imperdonables en quien sea —dijo Malfoy, arrastrando las palabras—. Tú, al parecer, eres mi única opción. —Harry había dado la vuelta y había caminado hacia Malfoy. En contra de su buen juicio, estaba intrigado porque Malfoy siquiera considerara pedirle ayuda.

—¿Por qué es tan importante para ti? —dijo Harry, sentándose a la mesa, enfrente del mago rubio.

—Puede que no hayas pensado en esto, Potter, pero las cosas están cambiando. Moody, por más loco que esté, tiene la idea correcta. Necesito saber cómo resistir a la maldición Imperius. —Malfoy se inclinó hacia delante—. ¿Qué dices? ¿Lo harás? —Su voz se mantenía impasible, pero sus ojos brillaban con emoción.

Harry dudó.

—Te das cuenta que, para enseñarte a resistir la maldición Imperius, tendría que lanzarte la maldición. Repetidamente.

Malfoy lo miró con desprecio.

—Sí, Potter. Yo, a diferencia de otros, tengo el intelecto para descubrir eso por mí mismo.

—Tú y yo hemos peleado contra el otro desde primer año, Malfoy —dijo Harry con lentitud—, y aun así, estás dispuesto a poner tu vida en mis manos. ¿En verdad estás dispuesto a correr ese riesgo?

—Sí —escupió Malfoy—. Confío en que ese honor Gryffindor evitará que me hagas saltar desde la punta de la Torre de Astronomía.

—¿En serio te es tan importante aprender a resistirla? —Harry miró al Slytherin, en el otro lado de la mesa, tratando de entender la motivación del otro chico—. Podría meterme en muchos problemas haciendo esto.

—Sí. Es así de importante. Y sabes que no tienes que preocuparte por meterte en problemas. Nunca vas a ser castigado por las cosas que haces. —Malfoy se puso de pie y comenzó a meter los libros en su mochila—. Olvídalo. Pensé que te gustaría la oportunidad de estar hasta arriba en la clase de Pociones, en lugar de hasta abajo.

—Lo haré. —Harry dijo las palabras antes de poder evitarlo. Malfoy se detuvo, con la mano en el aire, sosteniendo su libro de Pociones. De repente, Harry se dio cuenta de que Malfoy jamás se había esperado que le dijera que sí—. Entiende que no hay garantía de que aprendas cómo resistirla. Ni siquiera estoy muy seguro de cómo puedo hacerlo, y mucho menos si puedo enseñártelo. Y, quiero un testigo. No pienso pasar mi vida en Azkaban, en caso de que alguien descubra lo que estamos haciendo. Quiero un testigo que afirme que tú estabas dispuesto a…

—Bien —dijo Malfoy. El rubio se había sentado de nuevo a la mesa. Antes, estaba en una postura relajada y arrogante. Ahora, estaba sentado al borde de la silla, inclinándose hacia delante—. ¿Quién? Ni Weasley ni Granger. No quiero Gryffindors en esto, podrían arrepentirse. ¿Qué tal Zabini?

—Nada de Slytherins. Si cambias de opinión, ellos serían los primeros en decir que yo te obligué a hacerlo.

Malfoy fulminó a Harry con la mirada.

—Nada de Gryffindors ni de Slytherins. Eso limita el campo considerablemente. Los Ravenclaws están fuera, ninguno de ellos se atrevería.

Harry asintió.

—Hufflepuffs… ¿Leales y justos?

—¿Qué tal tu novio, Diggory? ¿Crees que diga que sí?

—Él no es mi novio —dijo Harry automáticamente—. No sé si quiera… podría preguntarle. —Harry asintió—. Pero entrará al Torneo de los Tres Magos; no estoy seguro de que tenga tiempo.

—Investígalo —dijo Malfoy bruscamente.

—¿Cuándo quieres comenzar? Necesitamos un lugar donde no puedan atraparnos.

Malfoy asintió.

—Tengo un lugar en mente. Les haré saber dónde está, después de que Diggory diga que sí.

Harry se levantó de la mesa.

—¿Te das cuenta que este momento es lo máximo que hemos pasado sin haber sacado las varitas? —El moreno le ofreció la mano—. Estoy confiando en ti esta vez, Malfoy. Si esto es una trampa…

El chico alto y rubio miró la mano que Harry le había ofrecido, y luego lo miró a los ojos.

—Seguimos siendo enemigos, Potter. Digamos que esto es un cese temporal de hostilidades.

Malfoy estiró la mano y tomó la de Harry. El moreno sintió una descarga cuando sus manos se unieron. Se sintió como si una oleada de magia circulara entre ambos. Vio que algo brillaba, por un segundo, en los ojos de Malfoy; luego, ambos dejaron caer las manos.

—¿Acaso tú…? —Potter quería preguntarle si había sentido lo mismo, pero no quería que el rubio lo malentendiera.

—¿Acaso yo, qué, Potter? —dijo Malfoy bruscamente, mientras levantaba su mochila.

—Nada. No olvides que también debemos organizar las tutorías de Pociones.

—No lo olvidaré. ¿Quieres que tu novio nos vigile cuando hagamos pociones, para asegurarse de que no te envenenaré?

—Él no es… no. Creo que seré capaz de darme cuenta si estás preparando un veneno.

—No estés muy seguro de eso —dijo Malfoy, riendo, y salió por la puerta.

OoOoOoO

Harry se encontró con Diggory al día siguiente, en la biblioteca. Cedric le hizo un gesto para que el moreno se sentara en su mesa. Trabajaron juntos, en amigable silencio, por media hora, antes de que Harry reuniera el valor para preguntarle.

—¿Quieres que yo qué? —Cedric lo miraba, incrédulo—. ¿En verdad Malfoy va a confiar en ti para que le hagas la maldición Imperius? No suena como algo que él diría.

Harry repasó el lugar con la mirada, para asegurarse de que nadie estuviera cerca.

—Lo sé. Creo… creo que teme que alguien vaya a usarla en él.

—Probablemente, tener un padre que es un mortífago potencial haría que cualquiera quisiera asegurarse de que pueden repeler cualquier tipo de magia oscura. Mi papá está bastante seguro de que Lucius Malfoy era uno de los que atormentaron a los muggles, en la copa del mundo. Pero, tú y Malfoy nunca han sido amistosos en realidad. Precisamente, el mes pasado, trató de hechizarte cuando estabas de espaldas. —Cedric se acercó a Harry—. ¿En serio crees que puedes confiar en él?

—Ahí es donde tú entras. Puedes abogar por mí si nos atrapan. —Harry sabía que eso no era lo mismo que confiar en Malfoy. Cuando llegaban a eso, sabía que no se podía confiar en el Slytherin—. ¿Lo harás? —Harry estaba esperando, a medias, que Diggory dijera que no. Había estado toda la noche despierto, pensando en Malfoy. Aún no entendía por qué había dicho que lo consideraría.

—Depende… ¿Cuál es tu motivación? —dijo Diggory, mirándolo directamente a los ojos—. ¿Por qué siquiera estás considerando esto?

Harry sostuvo su mirada.

—Malfoy va a ayudarme en Pociones.

Cedric alzó una ceja.

—No me parece un trato justo. Vas a estar usando una maldición imperdonable con otro alumno. Eso es castigable por…

—Lo sé. Supuse que tú podrías funcionar como un testigo; además, ambos somos menores de edad. Si nos atrapan, sería considerado solamente como comportamiento juvenil estúpido. Pero el punto es que no deben atraparnos.

—¿Estás seguro de que no hay nada más que te esté haciendo querer ayudarlo? No es mal parecido, si te gustan altos y rubios…

—¿¡Qué!? ¿Malfoy? ¡No soy tan gay! —susurró Harry, con una risa—. En serio, no —repitió, cuando el otro chico lo miró con duda. Luego, Cedric se encogió de hombros.

—Déjame pensarlo. Depende mucho si me escogen para el Torneo de los Tres Magos. No sabemos cuánto tiempo nos va a tomar. Pero, hablando de gay —Diggory se inclinó hacia delante—. ¿Ya les contaste a tus amigos?

Harry asintió.

—Se los dije la semana pasada. Estuvo bien. Debí haberlo hecho el año pasado. Me habría ahorrado mucha ansiedad.

—¿Has pensado en algo más? —Diggory rio cuando el otro chico lo miró confundido—. ¿Has pensado en salir con alguien? Si no es Malfoy, ¿entonces quién?

—¿Quién? Oh, no. En realidad no conozco a alguien más que sea… como nosotros. Y, em, no creo estar listo para que alguien más lo sepa. —Harry sintió cómo su rostro adquiría un tono rojo intenso.

—Si te fijaras un poco más, te sorprenderías de ver cuántos otros hay en Hogwarts. No es como si estuviéramos escondiéndonos de los demás. Probablemente, nunca te habías fijado.

Harry asintió.

—Aun así, creo que no quiero darle a la gente una nueva razón para que comiencen a hablar acerca de mí. Sólo me gustaría perderme en el fondo por un ciclo escolar. Con el Torneo de los Tres Magos, espero que éste sea el año. ¿Crees que quedarás?

—No lo sé. Sé de, al menos, una docena más que quiere entrar. No hay garantía de que me elijan a mí. —Diggory se reclinó sobre la silla y repasó la librería con la mirada—. Será interesante ver a los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons, cuando lleguen la semana que viene. Finalmente, podremos checar a la competencia. Y, acerca de lo otro. Dile a Malfoy que nos vea en algún lado. Quiero hablar con ambos, antes de tomar una decisión. —Cedric levantó su pluma e inclinó la cabeza sobre su tarea de nuevo. Harry asintió y trató de concentrarse en escribir su ensayo de Transformaciones.

OoOoOoO

Al día siguiente, Harry vio a Malfoy en la clase de Hagrid, de Cuidado de Criaturas Mágicas. Por mucho que el moreno quisiera a Hagrid, no comprendía qué utilidad tendría saber cómo cuidar a un escreguto de cola explosiva. Pero incluso eso no era excusa para la actitud de Malfoy hacia Hagrid. Ron, Hermione y Harry caminaban detrás de Malfoy y sus secuaces, mientras regresaban al castillo. Sin ser la primera vez, Harry se preguntó por qué había siquiera considerado ayudar al mago Slytherin. Apenas prestaba atención a lo que Hermione y Ron estaban discutiendo. Estaba tratando de adivinar cómo iba a conseguir estar a solas con Malfoy, para decirle lo que Diggory había dicho.

Mientras se acercaban al castillo, Ron y Hermione dijeron que iban a regresar a la sala común de Gryffindor, para estudiar antes de la cena. Harry vio a Malfoy, delante de ellos, en los escalones, hablando con Goyle. Ajustándolo precisamente para cuando pasaron junto a los Slytherins, el moreno dijo en voz alta:

—Los veré en unos minutos, necesito ir a la lechucería para checar si Hedwig ya regresó.

—¿Quieres que vayamos contigo? ¿Crees que tenga una carta de Hocicos? —dijo Ron, mirando con sospecha a Malfoy mientras pasaban junto a él.

—No, los veré de vuelta en Gryffindor. Probablemente no ha regresado aún, pero ya estuvo fuera por dos semanas. Tiene que volver pronto. Los veo en un rato. —Harry no se fijó si Malfoy había entendido la indirecta; en vez de eso, sólo giró y se dirigió a las escaleras que lo llevarían a la Torre Oeste. Mientras se dirigía al segundo conjunto de escalones alcanzó a ver a Malfoy, yendo detrás de él. Continuó subiendo, deteniéndose hasta llegar al hueco que llevaba a la puerta de la lechucería.

—Potter —dijo Malfoy, cuando alcanzó al mago de cabello negro. Harry estaba recargado contra la pared, esperándolo—. ¿Qué dijo Diggory?

—Quiere que nos reunamos —dijo Harry, enderezándose—. No accederá a nada sino hasta que haya hablado con nosotros. Podemos vernos esta noche, después de la cena, en el viejo salón de Transformaciones en el segundo piso, junto al tapiz del dragón verde.

El gesto de Malfoy mostraba su impaciencia.

—Merlín me salve de ustedes dos. Es una simple petición. Dicen que sí o dicen que no.

—Yo acepto, si Diggory acepta seguirnos la corriente. Tendrás que convencerlo de que esto no es una especie de trampa, planeada por ti y tu padre.

Malfoy bufó y soltó una risa amarga.

—Te puedo asegurar que este no es uno de los malvados planes de mi padre. Necesito saber cómo hacer esto, Potter. Y sí, me está matando que tú seas el único que puede enseñarme. —Dio un paso hacia Harry, que tuvo que resistir la urgencia de dar un paso hacia atrás—. ¿Cómo peleas el sentimiento de que te hundes en ese trance? ¿Cómo es que alguien como tú puede resistirse, cuando yo lo he intentado y he fallado cada vez? —Los grises ojos de Malfoy se clavaron en los verdes ojos de Harry, como si pudiera encontrar las respuestas en ellos.

—Ése es el problema; no sé cómo lo hago. Siento que la calma me llena y no me gusta. Escucho la orden y luego algo me dice que no debería hacer lo que sea que me estén pidiendo —replicó Harry, dubitativo—. No sé si pueda enseñarte cómo resistirlo. Todos estamos tomando un gran riesgo por algo que ni siquiera sé cómo hacer. Es más, no sé si pueda siquiera realizar la maldición Imperius apropiadamente. —Harry se sentía inquieto por lo cerca que Malfoy estaba de él. Dio un paso hacia las escaleras, fingiendo que iba a checar si alguien venía.

Draco se giró para mirar por la ventana, con los brazos sosteniendo su cuerpo sobre el alfeizar.

—Eso es jodidamente genial, Potter. De entre todos en la escuela, tenías que ser tú. Y ni siquiera sabes qué diablos estás haciendo.

—Escucha, Malfoy. Estaría más que perfecto para mí si simplemente quisieras olvidar todo el asunto. —Harry se encorvó y levantó su mochila—. ¿Le digo a Cedric que nos reunamos o no?

—Ahí estaré. —Sin mirar a Harry, se alejó de la ventana y bajó por las escaleras, con la cabeza en alto y con su túnica negra ondeando detrás de él. Harry lo miró irse y pensó, con amargura, que él jamás podría hacer una salida tan dramática. Se enderezó y escuchó los pasos, que hacían eco, alejándose. El moreno continuó su camino hacia la lechucería. Hedwig no estaba de vuelta, pero el chico se quedó ahí por un rato y miró cómo el sol se ocultaba en el horizonte. Repasó la conversación con Malfoy en su cabeza. El Slytherin había dicho que había intentado resistir la maldición, y había fallado "cada vez". Harry estaba seguro de que Moody sólo lo había puesto bajo la maldición una vez. ¿Quién más había utilizado la maldición imperdonable contra él?


Notas finales:

Obvio el capítulo lo revisé yo, y ya saben que pueden decirme si me equivoqué o algo así…


Hasta la próxima…

Adigium21