Notas de la autora:
¡Gracias a todos los que han comenzado a seguir la historia y gracias por los reviews!
Por cierto, soy terrible con las palabras; si ven algo raro como Slytherian vs Slytherin (¡Gracias, Walrus, por el aviso!), háganmelo saber, y regresaré y lo repararé.
Un poco de asquerosidad oscura en este. Pero, después de todo, Malfoy necesitaría una muy buena razón para pedirle ayuda para lo que sea, entonces tenía que estar ahí.
Como siempre, todo le pertenece a JKR y a la gente de las películas.
Notas de traductor:
¡Hola, gente! ¿Cómo están? Yo, con mucho sueño… Y eso que acá es la 1 pm.
Bueno, les traigo el siguiente capítulo de esta genial historia.
Gracias a FanFiker-FanFinal, CristianSkellingtonbourne y Ro Hoshi por dejar review en el anterior.
Disfruten…
Harry aún no les había contado a Ron y Hermione acerca de su conversación con Malfoy. Sabía cómo iban a reaccionar los dos. En realidad, no podía explicarse por qué estaba considerando ayudar a Malfoy, así que dedujo que era mejor evitar la conversación por ahora.
Esa noche, mientras estaban terminando la cena, el moreno les dijo que tenía que ir a la biblioteca para recoger su libro de Pociones, que había olvidado. Salió con rapidez, antes de que pudieran ofrecerse a acompañarlo; no por primera vez, se preguntó por qué estaba pasando por tantos problemas por Malfoy.
Diggory y Malfoy ya estaban en el lugar cuando él llegó. Dejaron de hablar cuando el moreno entró al cuarto. El muchacho asintió a modo de saludo y se sentó en un escritorio vacío, junto a Diggory. El rostro de Malfoy estaba impasible y el chico se rehusaba a mirar a Harry; en vez de eso, optó por mirar la pared opuesta a él. La única señal de movimiento era el firme golpeteo de su dedo índice sobre la mesa. Harry miró a Cedric, como preguntándole algo.
—¿Qué sucede?
—Harry, cuando me contaste acerca de esto… En serio me pareció una mala idea. Pero me encontré a Draco hace rato, y me ha convencido de que sí tiene una razón de peso por la que quiere hacer esto. Y entiendo por qué quiere mantener esas razones en privado. —Harry miró hacia donde estaba Draco, el cual le sostuvo la mirada; con esos ojos grises, fríos y desdeñosos—. Lo que ahora necesito saber es por qué siquiera estás considerando ayudarlo.
—Em, me he estado preguntando lo mismo todo el día. —Harry sintió como si estuviera siendo interrogado por un maestro, en vez de por otro estudiante—. Creo que es porque me lo pidió. O sea, que Malfoy esté dispuesto a dejarme usar la maldición en él. —El moreno miró a Cedric y se encogió de hombros—. Que quiera aprender esto con tantas ganas que esté dispuesto a pedirme ayuda… Debe significar que necesita desesperadamente…
—Oh, jódete, Potter. —Malfoy lo miró y se inclinó sobre la mesa, con las manos sobre la superficie, como si estuviera a punto de lanzarse sobre él—. Sabes que la única razón por la que te lo pedí es porque eres la única persona que puede hacerlo.
—Ni siquiera sé si puedo enseñarte. ¿Por qué arriesgarme? —Harry se inclinó hacia delante, con la ira brillando en sus ojos.
Diggory miró a ambos chicos y negó con la cabeza.
—Ustedes dos han estado peleando el uno contra el otro desde que entraron hace cuatro años. ¿En serio creen que pueden trabajar juntos?
—Estoy dispuesto si Malfoy lo está —respondió Harry, encogiéndose de hombros.
—Si Potter puede hacerlo, yo también —dijo Malfoy, recargándose sobre el respaldo de la silla—. Creo que tendré la tarea más difícil: tratar de enseñarle pociones a un idiota que claramente no sabe lo más básico de ellas.
Diggory asintió.
—De acuerdo, entonces necesitaremos establecer algunas reglas, antes de que yo acceda a ayudar. Primero, pueden estudiar pociones ustedes solos, pero tengo que estar presente cuando sea que Harry utilice la maldición imperius. —Ambos chicos asintieron y el otro continuó—. Draco, vas a hacer una lista de las órdenes que quieras que Harry use contigo, mientras estés bajo la maldición. De ese modo, no podrás reclamar que te hizo hacer algo que pudieras encontrar objetable. —Harry asintió, pero Malfoy dudó.
—¿Eso no afectará mi habilidad para resistir la maldición? Si sé qué esperarme, entonces será más fácil seguir la orden que rehusarme, ¿no?
Harry comenzó a decir algo y luego se detuvo, mirando a Cedric para ver cuál era su reacción. El chico lo instó a continuar:
—Continúa, ¿en qué estabas pensando, Harry?
—Creo que es más difícil resistir una orden fácil, que te estés esperando, que una orden de hacer algo que no quieres hacer. Moody me dijo que saltara sobre un escritorio. No hubiera supuesto daño alguno el hacerlo. Bien podría haber hecho lo que me estaba diciendo que hiciera. Sin embargo, si me pidiera herir a alguien, eso sería algo que, claramente, no querría hacer, y sería más fácil resistir la tentación.
—Tiene sentido para mí. ¿Qué piensas tú, Draco? —Cedric miró a Malfoy.
—Lo intentaremos. ¿Cuáles son tus otras reglas?
—Harry necesitará practicar la maldición imperius en un animal primero, para asegurarse de que puede hacerla antes de aplicarla en ti. Una maldición imperius mal administrada puede tener serias consecuencias.
—Afortunadamente, la habilidad con la varita de Potter es mejor que sus pociones —dijo Malfoy, sonriendo de lado—. ¿Con qué animal debemos practicar? ¿Qué tal el de la sangre su…?
Harry se puso de pie de un salto y estiró la mano, intentando agarrar a Malfoy.
—No lo digas. Saldré por esa puerta y ése será el fin de nuestro pequeño compañerismo.
Malfoy apartó la mano de Harry de un golpe.
—Bien. Entonces, usa una rata o un escreguto.
—Siéntense, los dos —dijo Cedric. Luego, suspiró—. ¿Dónde vamos a tener estas sesiones de práctica?
Malfoy se acomodó la túnica y se sentó a la mesa. Después de un momento, Harry se sentó de nuevo en su silla. El mago rubio miró a Cedric.
—¿Saben dónde están los viejos vestidores de Quidditch? —Tanto Cedric como Harry negaron con la cabeza—. Bien, nadie lo sabe. Están bajo la torre oeste. El campo de Quidditch solía estar localizado en ese lado del castillo, hasta que lo movieron, justo después de que mi abuelo se graduara. El abuelo le contó a mi padre acerca de los vestidores cuando vino a Hogwarts, y él me lo contó a mí.
—¿Para qué te diría la contraseña para entrar a los vestidores? —preguntó Harry, pensando que cualquier mención del padre de Malfoy en ese plan era algo que debía manejar con cuidado. Nunca había visto los vestidores en el Mapa del Merodeador, pero tal vez los merodeadores tampoco habían sabido del lugar.
—Hay un pasadizo a las mazmorras de Slytherin, desde los vestidores. Los Malfoy nunca se quedan con sólo una salida —dijo Malfoy, arrastrando las palabras—. Afortunadamente, nunca he compartido esto con nadie. Podemos practicar allá abajo y nadie se enterará. Ni siquiera los fantasmas van ahí.
—Pasas mucho tiempo allá abajo, ¿no es cierto, Malfoy? —preguntó Harry.
—A decir verdad, sí. No obtienes las mejores calificaciones en esta escuela sin estudiar y yo voy ahí para hacer mis tareas.
—Estoy seguro que eres el segundo mejor —dijo Harry con una sonrisa, que se hizo un poco más grande cuando Malfoy frunció el ceño—. Apuesto a que te mata que una nacida de muggles sea la mejor, ¿no es cierto?
—Díganme de nuevo por qué piensan que serán capaces de lograr esto —dijo Cedric, mirando a los chicos de cuarto año, negando con la cabeza—. Ni siquiera pueden sentarse en la misma mesa, sin estar molestándose el uno al otro.
—Potter es la elección perfecta —dijo Malfoy bruscamente—. ¿Quién mejor que tu enemigo para que te lance una maldición?
Harry ladeó la cabeza y miró al chico rubio con curiosidad.
—Eso lo dijiste ayer, dijiste que éramos enemigos. ¿En serio piensas eso de mí? ¿Nunca vamos a ser amigos, sino enemigos? Yo no te veo de esa manera. Voldemort es mi enemigo. Y, aunque tú pareces apreciar los ideales que tiene, no eres puramente malvado. Al menos, no aún. Oponente. Estúpido imbécil. Un gran dolor en el trasero. Todas esas cosas, sí… Pero, ¿enemigo? Es una palabra muy fuerte para lo que somos.
Malfoy se vio sorprendido por un momento, mientras procesaba las palabras de Harry; luego, su rostro se endureció, formando la muy familiar máscara Malfoy.
—Créeme, Potter. Tú eres mi enemigo. Siempre he seguido el consejo de que debes mantener a tus amigos cerca, pero a tus enemigos más cerca.
—Qué gracioso que cites a un general muggle —dijo Harry, riendo.
—¿Un muggle? Veo que Pociones no es la única clase en la que te quedas dormido. Si pusieras atención en Historia de la Magia, sabrías que Sun-Tzu era un mago.
—¿En serio? —Harry miró a Diggory, para confirmarlo. El chico asintió—. Bueno, como sea. ¿Estamos de acuerdo? ¿Necesitamos hacer algo más?
—Todo esto sigue dependiendo del Torneo de los Tres Magos. Si me eligen, puede que no tenga tiempo para hacer esto. Los delegados de las otras escuelas llegan mañana, y el campeón de Hogwarts será elegido al día siguiente, en Halloween. Esperemos hasta entonces.
Cedric se levantó y miró a los dos chicos.
—Ninguno de ustedes me preguntó por qué estoy dispuesto a ayudarlos. Básicamente, la razón es esta: ambos son los representantes ideales de sus casas. Harry ya ha demostrado una valentía remarcable y un increíble coraje. Draco, tú eres el epítome de un Slytherin. Nunca he visto a un alumno con tanta astucia o ambición. Desde que comenzaron Hogwarts, he notado que las divisiones entre las casas se hacen más y más grandes. —Levantó las manos cuando ambos trataron de objetar—. No estoy diciendo que ustedes tengan la culpa. Estos han sido unos tiempos muy difíciles para el mundo mágico. Lo vimos en la Copa del Mundo. Si ustedes dos pueden aprender a trabajar juntos, creo que servirá mucho para reparar la división entre las casas. Ustedes dos, como equipo, serían imparables. Además, ansío ver que eso suceda. —Con una sonrisa, se dio la vuelta y salió por la puerta.
Draco y Harry miraron la puerta por un momento. Malfoy se giró hacia Harry.
—Tenía que ser Hufflepuff. El día que tú y yo seamos equipo, te besaré el trasero. —Malfoy rio y salió de la habitación.
Harry se quedó en el cuarto, solo. Estaba de acuerdo con Malfoy: la probabilidad de que esto hiciera alguna diferencia en cómo se llevaban él y Malfoy era prácticamente nula. Pero era una distracción, para mantener su mente ocupada y para no preocuparse por el dolor en su cicatriz, por Sirius y… por su otro problema. Se preguntó cuándo dejaría de pensar que ser gay era un problema. Probablemente, para cuando pensara que los escregutos de cola explosiva eran una buena mascota.
OoOoOoO
Noche de Halloween - El Gran Comedor
—Harry Potter.
Impactado. El Gran Comedor estaba callado en su totalidad. Harry estaba sentado en la mesa de Gryffindor y estaba seguro de haber escuchado mal a Dumbledore. Sintió que todos en el lugar se giraban y lo miraban, y supo que era verdad: Dumbledore acababa de leer su nombre, en una pieza de papel que el Cáliz de Fuego acababa de escupir. El chico miró el papel que Dumbledore tenía en su mano. ¿Cómo era posible que su nombre estuviera en él?
—Harry Potter. Harry, ven aquí, por favor. —La voz de Dumbledore se oyó con fuerza, en el silencioso cuarto.
Sintió los ojos de Dumbledore en él y, lentamente, se forzó a ponerse de pie y caminar hacia la mesa de profesores. Mientras avanzaba, el silencio se volvió ruido, y creció hasta ser un crescendo ensordecedor. Le tomó una eternidad caminar por el pasillo entre las mesas. Finalmente, llegó hasta donde estaba Dumbledore. El director lo miró sobriamente y le indicó que entrara por la puerta por la que los otros campeones ya habían pasado.
Harry se sentía congelado por dentro, pero su mente estaba gritando. No entendía cómo era posible que eso pudiera estar pasándole a él.
—Harry, ve con los otros —dijo Dumbledore, señalando con la cabeza hacia la puerta. Harry giró y caminó hacia el otro cuarto, donde Cedric y los otros dos campeones estaban cerca de la chimenea.
Cedric se separó de los otros dos y se acercó al moreno.
—¡¿Qué te parece, Harry?! No puedo creer que yo… —Cedric se detuvo, viendo la palidez en el rostro del otro chico—. ¿Qué sucede? ¿Cuál es el problema? ¿Estás bien? —Estiró la mano y agarró a Harry del brazo.
Harry abrió la boca, pero ninguna palabra pudo salir. De repente, hubo mucho movimiento en la puerta, y Ludo Bagman entró a la habitación.
—¡Extraordinario! ¡Si me lo permiten, y por increíble que parezca, les presento al CUARTO campeón del Torneo de los Tres Magos!
Cedric miró a Bagman, y luego a Harry, sin poder creerlo. Su mano se apartó del brazo de Harry y el chico sintió la pérdida.
—¿Qué? ¿De qué está hablando?
—Mi nombre, mi nombre salió del cáliz —dijo Harry, con un nudo en la garganta. No podía pensar—. No entiendo…
Justo entonces, Madame Maxime y Karkaroff entraron al cuarto, seguimos de cerca por Dumbledore, McGonagall y Snape. Todos estaban discutiendo en voz alta y Harry apenas podía llevar el hilo de lo que estaban diciendo. Caminó hacia el otro lado del cuarto y se quedó mirando, quieto, el fuego de la chimenea. No por primera vez, se preguntó cómo era posible que esas cosas pudieran seguir pasándole a él.
—Harry. —El chico sintió la mano de Dumbledore en su hombro—. ¿Tú pusiste tu nombre en el Cáliz de Fuego? —Harry miró los ojos azul intenso de Dumbledore. No estaba seguro de qué era lo que veía en ellos. ¿Decepción, miedo o sólo confusión?
—No —dijo, lo más vehemente que pudo—. Yo…
Dumbledore levantó la mano, haciendo que Harry se callara.
—¿Le pediste a alguien más que pusiera tu nombre en el Cáliz?
—No. —Harry pudo escuchar el bufido de incredulidad de Snape. Dumbledore se giró hacia Maxime, Karkaroff y los otros miembros del personal en el cuarto, y Harry ni siquiera se molestó en tratar de seguir la conversación. Sintió que Cedric lo miraba, pero el moreno no sabía qué decirle.
A pesar de estar muy mareado, Harry se dio cuenta de que los gritos se habían detenido, y escuchó la tranquila voz de Dumbledore, declarando que ambos, él y Cedric, participarían en la competencia. Bagman anunció que la primera prueba se llevaría a cabo en tres semanas, y que la prueba misma sería secreta hasta ese día. Finalmente, Dumbledore dio por terminada la reunión y Harry y Cedric salieron de la habitación, juntos.
Afortunadamente, el Gran Comedor estaba vacío; las decoraciones del banquete aún flotaban en el aire. Harry se detuvo y se giró hacia Cedric.
Cedric le sonrió de lado.
—Supongo que vamos a jugar juntos de nuevo. ¿Cómo lo hiciste?
—¡No lo hice! No entiendo cómo pasó. —Harry puso su mano sobre el brazo de Cedric—. Yo no puse mi nombre en el cáliz. Tienes que creerme.
Cedric lo miró por unos minutos; luego, se encogió de hombros.
—Ah, vale. Yo… buenas noches, Harry.
Harry miró cómo Cedric se alejaba, y sintió miedo de que la amistad con el otro chico también se estuviera alejando. Cedric no creía que él no había puesto su nombre. Aunque sólo habían sido amigos por un par de meses, en verdad había llegado a apreciar su amistad. Arrastrando los pies, regresó a la torre de Gryffindor. Trataría de buscar a Cedric al día siguiente, para hablar con él.
OoOoOoO
Los siguientes días fueron los peores que Harry había experimentado en Hogwarts. Ron no le hablaba. Con excepción de sus compañeros Gryffindors, la escuela entera estaba tratándolo como un paria. No había podido hablar con Cedric. Nadie de la casa de Hufflepuff le hablaba, y Cedric siempre estaba rodeado por una protectora multitud, a donde quiera que iba. Desesperado, Harry le escribió una nota a Cedric y se la mandó por lechuza.
El moreno vio, desde el otro lado del Gran Comedor, cuando las lechuzas entraron para entregar el correo durante el desayuno. Cedric estaba riendo y bromeando con las personas que estaban sentadas cerca de él, cuando la lechuza le entregó la carta de Harry. El chico miró la carta y la leyó, mientras su sonrisa se desvanecía de su rostro. Alzó la mirada y vio que Harry lo estaba observando. Cedric asintió ligeramente y se metió la carta en el bolsillo.
Tan pronto como terminó de cenar esa noche, Harry se puso de pie. Ron estaba sentado del otro lado de Hermione, y estaba mirando hacia otro lado deliberadamente. El moreno suspiró y miró a la chica.
—Me tengo que ir, te alcanzo al rato.
Hermione lo miró y asintió con tristeza.
Harry salió con rapidez del Gran Comedor y abandonó el castillo. Caminó por el sendero que llevaba al lago. Cedric lo alcanzó cuando Harry estaba acercándose al cobertizo para botes. Ambos chicos comenzaron a hablar al mismo tiempo.
—Cedric, yo…
—Harry, necesito…
El moreno se sonrojó.
—Adelante, grítame.
Cedric le sonrió y, poniendo ambas manos sobre los hombros de Harry, dijo:
—No voy a gritarte. Comencé a decir que te debía una disculpa. —Harry lo miró, confundido—. Yo no, bueno, no te creí la otra noche, cuando me dijiste que no habías metido tu nombre para la competencia. Y, de hecho, pensé que sí lo habías hecho por un día. Luego, recordé algo que dijiste durante una de las primeras veces que platicamos. Que esperabas que este año fuera uno en el que por fin podrías mezclarte entre la gente y perderte, que nadie te notara. Me di cuenta que no había forma de que tú hubieras puesto tu nombre. Y luego, viendo cómo los demás han estado tratándote estos últimos días… No he hecho nada para detenerlo, y también lamento eso.
—No puedes detenerlo, sólo tiene que seguir su curso. Aprendí eso en segundo año, cuando todos pensaban que yo era el que estaba atacando a todos —dijo Harry, con una mueca.
—Parece que siempre te pasa todo a ti, ¿verdad? En tu primer año fue el trol, y lo que fuera que te mandó a la enfermería por una semana… Nunca supe la historia de eso.
Harry se estremeció con sólo pensar en Quirrell y la piedra filosofal.
—Tal vez algún día te lo cuente. Si es que sobrevivo al torneo.
—¿Ya hablaste con Dumbledore? ¿Tiene alguna idea de cómo pasó esto?
—No he hablado con él. Creo que está decepcionado de mí… No creo que crea que no lo hice.
—Imagino que sólo está bastante asustado de que algo vaya a pasarte. ¿Un chico de catorce años en el Torneo de los Tres Magos? Eso jamás ha pasado, y dado que las pruebas ya están organizadas, no pueden cambiarlas. Ni siquiera has hecho los TIMO's. Quien sea que metió tu nombre, claramente no es tu amigo.
Harry rio.
—Vaya, gracias por mostrarme mi inevitable condena mejor que Trelawney. Ella sólo dice "Una nube de muerte se cierne sobre el castillo".
El Hufflepuff rio y rodeó los hombros de Harry con un brazo, mientras comenzaban a alejarse del lago.
—Lo vas a lograr, y esperemos que sea con todos tus miembros.
—¿Cómo te sientes con el hecho de competir contra Viktor Krum? —preguntó Harry, con una sonrisa de lado.
Cedric rio.
—¡Qué sorpresa, ¿no lo crees?! Esperemos que ninguna de las pruebas sea montando una escoba, aunque podrías hacer una apuesta con él. —Harry frunció el ceño al oír eso—. Simon quiere que le consiga el autógrafo de Krum.
Harry se relajó y escuchó a Cedric hablar acerca de la última carta de Simon, y del consejo que le había dado sobre cómo prepararse para la competencia. Se sentía bien al saber que aún conservaba la amistad del Hufflepuff. Por primera vez en una semana, fue capaz de relajar el apretado nudo que había tenido en el estómago, desde que había escuchado a Dumbledore decir su nombre. Alzó la mirada con sorpresa, cuando Cedric dejó de hablar. Ya estaban en el castillo.
—Harry, estoy tratando de convencer a los de mi casa de que esto no es tu culpa, que no hiciste nada para que eligieran tu nombre. —Cedric hizo una mueca, enfocando sus grises ojos en Harry, con seriedad—. Pero hay muchos resentimientos. Esperemos que las cosas se calmen pronto, y así todos podrán estar ansiosos por ver la primera prueba, en vez de estar enojados por algo que tú no hiciste.
Harry asintió.
—Eso ayuda, el saber que me crees. Y, en cuanto a lo demás… —dijo, encogiéndose de hombros—. Tal vez quedaré tan herido en la primera prueba que no tendré que hacer el resto.
Cedric rio.
—No creo que la señora Pomfrey quiera verte tan pronto.
OoOoOoO
Ron se alejó de Harry, después de que ambos terminaran su castigo, limpiando los calderos en el salón de Snape. No le había dirigido la palabra a Harry durante las dos horas que habían estado encerrados en el salón.
—Potter. —La voz de Malfoy se oyó desde el final del corredor. Harry lo ignoró y siguió caminando. Escuchó los pasos de Malfoy, acercándose a él, y giró sobre sus talones, con la varita lista.
—Déjame en paz, Malfoy.
Malfoy bajó la mirada hacia la varita de Harry y puso un gesto desdeñoso.
—Bastante rápido para sacar la varita, Potter —dijo, con el botón de "Potter Apesta" prendido a su túnica.
Harry apretó la varita y dijo:
—¿Qué quieres?
—Sólo quería agradecerte el que me arruinaras todo. En verdad no podías resistirte a acaparar más la atención, ¿verdad?
Harry lo miró, incrédulo.
—¿Arruinarte todo? ¿De qué estás hablando?
—¡Diggory! Después de cómo lo traicionaste, no hay forma de que vaya a ayudarnos con nuestro pequeño "proyecto de estudio", ¿verdad?
Harry rio amargamente.
—De hecho, Malfoy, él y yo hablamos acerca de ello ayer, y él dijo que sigue dispuesto. Claro, eso fue antes de que hechizaras a mi mejor amiga y la mandaras a la enfermería. —Tocó el botón de Malfoy con su varita, haciendo que regresara al lado de Diggory—. ¿Qué te hace pensar que siquiera consideraría ayudarte ahora?
EL rostro de Malfoy perdió toda expresión.
—¿Quieres decir…? —El rubio se apartó, mientras miraba por encima del hombro de Harry, viendo cómo Snape salía de su salón y se giraba hacia ellos.
—¿Cuál es el problema?
Harry maldijo cuando escuchó a Snape detrás de él, y regresó su varita a su bolsillo, antes de dar la vuelta.
Snape fulminó a Potter con la mirada.
—Su castigo ya terminó, Potter. No hay razón para que siga aquí abajo.
Harry miró a Malfoy desafiantemente, retándolo a decir algo.
—Sólo le estaba preguntando a Potter acerca de nuestra tarea de Transformaciones —respondió Malfoy con rapidez.
Snape se giró hacia Malfoy, mirando el botón de "Potter Apesta" y luego regresando su mirada hacia arriba.
—¿Por qué tengo la sensación de que no estás siendo honesto, Draco? ¿Podría ser porque tienes más sentido común, como para preguntarle a Potter acerca de cualquier cosa?
Malfoy no respondió; sólo mantuvo la mirada fija en el profesor de Pociones.
—Muy bien, si los atrapo afuera de nuevo, después de que las clases hayan terminado, exigiré una explicación completa. —Se dio la vuelta y se fue por el corredor.
Ambos estudiantes miraron cómo Snape giraba y se iba a su oficina. Harry se dirigió hacia las escaleras, pero Malfoy lo agarró del brazo y lo detuvo. Harry se zafó.
—Déjame en paz, Malfoy.
—Maldita sea, Potter. ¿A qué te refieres con que Diggory sigue dispuesto…?
—A eso me refiero, precisamente. Diggory sabe que yo no puse mi nombre en el cáliz. —Harry ignore la risa incrédula de Malfoy—. Y aún estaba dispuesto a continuar con esto. Pero el trato se acabó; no voy a soportar este tipo de idioteces de tu parte —dijo, señalando el botón de "Potter Apesta"—, y que luego tengas el descaro de esperar que yo…
—Estaba enojado, ¿vale? —escupió Malfoy—. Estaba seguro de que Diggory ya no querría ayudar, y que todo era tu culpa porque sólo querías ver tu nombre en el periódico.
—¿Cuándo te va a entrar en esa dura cabeza Slytherin? Yo no quiero que estas cosas me pasen, es sólo que suceden. —Harry empujó a Malfoy hacia la pared—. No puedo controlar lo que los periódicos dicen acerca de mí. Skeeter inventó toda la historia. No es mi culpa que decidiera dejar a Cedric fuera. Merlín, desearía que no lo hubiera hecho, pero no es mi culpa. Aléjate, Malfoy. Déjame en paz y deja a mis amigos en paz.
Harry dio la vuelta y subió las escaleras, sin mirar atrás.
OoOoOoO
Esa noche, en la cena, Harry se sentó en su lugar usual, mirando a los Slytherins. Todos en la mesa Slytherin llevaban los botones de "Potter Apesta", pero notó que sólo el del Malfoy estaba acomodado, permanentemente, en el lado de Diggory. Miró cómo Malfoy jugaba con la comida en su plato, pero no comía. El pastel de carne era el platillo favorito de Malfoy: siempre se servía una ración más cuando estaba en el menú. De repente, a Harry se le ocurrió que el hecho de que supiera cuáles eran los alimentos favoritos de Malfoy no era normal. Nunca había notado cuán de cerca se fijaba en el otro chico. Malfoy se puso de pie y caminó hacia Diggory, en la mesa de Hufflepuff. Se inclinó y habló con el chico de sexto año; luego, Cedric miró a Harry.
De inmediato, el moreno regresó su mirada hacia su plato. Debía haber sabido que Malfoy no lo iba a dejar en paz. Bueno, no iba a funcionar, no había forma de que fuera a trabajar con el imbécil o algo así, y mucho menos arriesgarse a ser expulsado, o peor. Miró cómo Diggory se levantaba de la mesa y salía del salón con Malfoy.
—¿A dónde crees que estén yendo, juntos? —preguntó Ron—. Nunca antes había visto a Diggory y Malfoy juntos. ¿Crees que Malfoy sea…?
—En serio, Ron, ¿por qué estás obsesionado con quién es o no es gay? —dijo Hermione bruscamente, apartando la mirada del libro de historia de los elfos domésticos—. Pregúntale a Harry si son amigos.
Ron fulminó al otro chico con la mirada, por encima de la cabeza de Hermione, y continuó comiendo, enterrando su tenedor en la comida, como si estuviera deseando que fuera la cabeza de Harry.
OoOoOoO
A la mañana siguiente, en el desayuno, una lechuza de la escuela voló hacia Harry. El chico desató la carta con un suspiro. Desde que El Profeta había publicado esos artículos, había estado recibiendo correo de odio: escondido en su mochila, entregado por lechuza, y escrito en los pizarrones de la escuela.
—¿No vas a leerla? —preguntó Hermione, cuando Harry dejó la carta a un lado de su plato—. Podría ser de Hocicos. —Harry vio cómo Ron giraba la cabeza hacia ellos por sólo un momento, antes de regresar su atención al ensayo de Pociones que estaba tratando de terminar antes de la clase.
—No puede ser de Hocicos, era una lechuza de la escuela —dijo Harry, con una mueca—. Estoy seguro de que es más correo de odio.
—No puedes estar seguro, Harry. ¿Por qué no simplemente la abres y ves? —insistió Hermione. Con un suspiro, el moreno levantó la carta y la abrió.
Potter, esta noche. Mismo lugar. Misma hora.
—Incendio —murmuró Harry, antes de que Hermione pudiera ver la carta, y miró cómo la nota desaparecía en una nube de humo.
—Lo siento, Harry; pensé que, tal vez, podrían ser buenas noticias para ti —murmuró Hermione, poniendo su mano sobre la de él y apretándola un poco—. Esto pasará, después de un tiempo.
Harry miró hacia la mesa de Slytherin. Malfoy lo estaba mirando. Increíble. El imbécil en verdad no entendía la realidad de las cosas. ¿Qué creía que podía decir, cuando lo viera, que pudiera convencerlo de ayudarlo? La mirada del moreno se dirigió a la túnica de Malfoy. No estaba usando el botón. Regresó su mirada al rostro de Malfoy. El rubio alzó una ceja y Harry articuló, sin sonido, "Jódete". El otro chico frunció el ceño, dejó caer su tenedor sobre su plato y salió del salón.
Diggory alcanzó a Harry después del almuerzo.
—Harry, hablé con Draco por un largo rato anoche. En verdad creo que deberías vernos esta noche.
—No hay forma de que vaya a ayudarlo —dijo Harry, mirando al otro chico—. No puedo creer que te estés poniendo de su lado.
—Aquí no hay lados, no en realidad. Yo sólo soy un observador neutral, pero ustedes dos se gritan el uno al otro y nunca escuchan. —Cedric suspiró—. Sólo quiero asegurarme de que ambos tengan oportunidad de expresar sus diferencias.
Harry hizo una mueca.
—Está bien. Ahí estaré, pero no hay nada que Malfoy pueda decir que haga que cambie de opinión.
OoOoOoO
Malfoy fue el último en entrar al salón del Segundo piso. Harry estaba de pie, recargado contra el escritorio del profesor. Cedric fue hacia Malfoy, que seguía parado en la entrada. Poniendo su mano sobre el brazo de Malfoy, jaló al chico hacia dentro del salón.
—Vas a tener que decirle. No hay otra forma de convencerlo de que cambie de parecer.
Malfoy apartó la mano de Cedric y caminó hacia las ventanas.
Harry sólo quería terminar con el asunto e irse; había ido, como una cortesía hacia Cedric, y eso era todo. Malfoy sólo estaba mirando por la ventana. Después de un minuto, Harry dijo:
—¿Ves? Incluso él sabe que esto no tiene sentido.
El moreno se inclinó, levantó su mochila y se dirigió a la puerta.
—Harry, quédate. Draco, si quieres que esto pase, vas a tener que contarle.
—¡Bien! —dijo Malfoy bruscamente y giró sobre sus talones. Harry se detuvo y se giró para encararlo—. Necesito sabes cómo contrarrestar la maldición imperius. —Se detuvo y cerró los ojos, como deseando que Harry no estuviera en el salón—. Mi padre… mi padre la usa conmigo.
—¿A qué te refieres con que la usa contigo? ¿Es una especie de juego Malfoy, para después de la cena? —dijo Harry, mirándolo incrédulo.
—No… no es un juego, Potter. —Malfoy giró hacia la ventana, desenfocando la mirada—. Si no estoy a la altura de sus expectativas, utiliza la maldición imperius conmigo, hasta que siente que he aprendido la lección.
—No lo entiendo. —Harry lo miró, a pesar de que, de repente, tuvo el presentimiento de que no quería entenderlo.
—Entonces, déjame explicártelo, Potter. —Malfoy giró de nuevo y caminó hacia el chico de cabello azabache. Luego habló, tocando su pecho con un dedo—. Cuando defendí a mi madre de uno de los ataques de ira de mi padre, utilizó la maldición imperius e hizo que yo fuera el que le pegara. El día que le levanté la voz, utilizó la maldición y me obligó a sentarme en la mesa del comedor, viéndolos comer cada comida, pero sin poder probar bocado, por dos días. Cuando fallé en tener la mejor calificación contra una sangre sucia, me obligó a matar a mi perro. ¿Lo entiendes mejor ahora?
Harry sintió cómo toda su sangre abandonaba su rostro. Abrió la boca, pero ninguna palabra salió. Malfoy maldijo y volvió a girar hacia la venta.
—No tenía idea… —dijo, por fin, Harry.
—Bueno, no te vayas a tropezar al salir corriendo por la puerta, Potter —dijo Malfoy desdeñosamente, con su máscara bien puesta—. Era mucho pedir para ti, ¿no es cierto?
—Draco, dale un segundo a Harry para entender lo que acabas de decir —dijo Cedric, acercándose desde un lado y parándose cerca de la ventana. Habló en voz baja para que Harry no pudiera escuchar lo que estaban diciendo.
El moreno estaba de pie al centro del salón, repasando las palabras de Malfoy en su cabeza. ¿Cómo era posible que alguien le hiciera eso a su propio hijo? Recordó la ira ciega en el rostro de Lucius Malfoy, el día en que lo había confrontado en la oficina de Dumbledore, después de haber acabado con el basilisco. Harry había estado seguro de que el señor Malfoy iba a atacarlo ahí, enfrente de Dumbledore. No era difícil imaginar las cosas que podía hacer en su propia casa, con nadie que lo detuviera.
—Malfoy, yo…
—Ahórrame la lástima, Potter. Sólo dime si vas a hacerlo o no.
Harry asintió.
—Sí, lo haré.
—Bien, nos vemos mañana a las siete, afuera de la torre oeste. —Malfoy se despidió de Diggory con un gesto de la cabeza y salió del salón.
Harry se sentó en uno de los escritorios.
—¿Qué tipo de persona le hace eso a su propio hijo?
Cedric se sentó junto a Harry.
—Lucius Malfoy… ¿Lo has visto?
Harry asintió.
—Un par de veces. Estuvo involucrado en lo de la Cámara de los Secretos, hace dos años.
—¿Dudas que Draco esté diciendo la verdad?
—No —dijo Harry, negando con la cabeza—. Nunca habría pensado que Malfoy estuviera pasando por eso en casa, pero no creo que esté inventándolo. Se necesitaría una mente bastante enferma, y Malfoy no es un enfermo. Él es sólo… malo.
—Nunca sabes qué tipo de cosas vive la gente cuando se va de la escuela y regresa a casa —murmuró Cedric. Harry pensó en los Dursley. Su vida nunca había sido fácil con ellos. Pero no lo torturaban; nada de lo que le habían hecho se comparaba con el abuso que Malfoy había descrito.
—¿Crees que esto funcione? —preguntó Harry—. Incluso si es capaz de aprender cómo repeler la maldición, su padre simplemente pensará en algo más…
Cedric miró a Harry.
—Creo que Draco teme que su padre vaya a obligarlo a hacer algo mucho peor… y está preparándose para ese día.
Hasta la próxima…
Adigium21
