Notas de la autora:
¡Gracias por los reviews y las alertas!
Subí un oneshot que es una escena rechazada del siguiente capítulo. Decidí tomar una diferente dirección pero me gustó la escena, así que la subí como oneshot. Es posible que la expanda en una historia sola, después de que termine con esta. Se llama "Eternum Vinculum".
Ningún ratón fue herido al escribir esta historia.
9-Nov-11 - Revisé el capítulo un poco, checando los accesos a los túneles.
Notas de traductor:
¡Hola a todas y todos! Les traigo el siguiente capítulo de esta genial historia… :D
Bueno, en mi defensa, puedo decir que este fin de semana fue de locos por completo. Digo, uno no cumple años todos los días. Y, bueno, la fiesta se prolongó y me desvelé y todo eso. Pero estuvo encantador.
Gracias a Malfoy Scorpius, HeartSun, Violet Strawberry, FanFiker-FanFinal, xonyaa11, shixa, my dilema, Maeliza Malfoy, kawaiigiirl, Isa-Lovegood y CristianSkellingtonbourne por comentar en el capítulo anterior.
¡Disfruten!
01-Nov-12: Corregí una incoherencia que Isa-Lovegood me señaló... Según yo, ya todo tiene sentido. :)
Algo bueno de que Ron ya no estuviera hablándole era que eso le hacía más fácil encontrarse con Cedric y Malfoy, sin levantar sospechas.
—Voy a estudiar a alguna otra parte —dijo, después de estar quince minutos sentado en la biblioteca, con Ron sentado frente a Hermione y Harry, con una expresión rígida.
—No tienes que irte, Harry —dijo Hermione, sonriéndole apretadamente—.No te vayas…
—Está bien, te veré después. —Harry fulminó a Ron con la mirada, pues el chico ni siquiera se había dignado a alzar la vista de su libro; después, se giró y se fue.
Rápidamente, salió por la puerta del patio. Los tibios días de octubre habían dado paso a noviembre, y el repentino descenso de la temperatura significaba que no había alumnos caminando por los terrenos. Harry se dio cuenta, con pavor, que la primera prueba del Torneo era en menos de dos semanas. Siguió el camino que lo llevaría a la torre oeste. Malfoy y Cedric ya estaban ahí, parados junto a la torre.
—¿Eso es todo? —preguntó Harry—. ¿Cómo se abre?
—Funciona como la entrada del Caldero Chorreante… Tocas aquí, aquí y aquí y la contraseña es "Aperiens" —explicó Malfoy. La sólida pared de piedra de la torre se abrió, y los tres alumnos se encorvaron y entraron por el pasadizo.
Cedric y Harry miraron el lugar con asombro. El cuarto era grande. Los casilleros y las bancas llenaban el espacio. Las paredes estaban cubiertas con tapices de partidos de Quidditch, tejidos con un detalle intricado. Harry notó que había duchas y zonas para lavarse en un lado. Más lejos, pudo ver un cuarto de pesas y una especie de oficina. Harry caminó hacia un casillero y lo abrió. Dentro, aún había un equipo de cuero de Quidditch, pasado de moda.
—¡Este lugar es increíble, Draco! —dijo Cedric entusiasmadamente, sintiendo cómo su voz retumbaba por el lugar. Malfoy repasó el lugar con la mirada y Harry notó que el rubio se veía orgulloso. Ve esto como si fuera su hogar, pensó Harry. No había otro lugar así en Hogwarts, y por tres años enteros, había sido el secreto de Malfoy. Un lugar al que podía ir y sacarlo todo. Que estuviera dispuesto a compartir el secreto decía mucho acerca de cuán desesperado estaba por aprender cómo rechazar la maldición imperius.
—¿Cuándo lo usaron por última vez?
—En algún momento en los cincuentas. En ese entonces, los equipos se cambiaban juntos, por eso es que el lugar es tan grande. Cuando movieron el campo, crearon los dos grupos de vestidores.
Malfoy se quitó la túnica y la colgó en uno de los ganchos que estaban en la pared. Cedric y Harry hicieron lo mismo y Malfoy les dio un recorrido por el área principal del cuarto de atrás. Era claro que ahí era donde pasaba su tiempo. Sobre el escritorio, se encontraban unos rollos de pergamino, botellas de tinta y sus libros de texto. Harry se asomó por encima con asombro: había una mesa, pegada a la pared, que parecía tener un laboratorio de pociones completo. Ahora entendía por qué Malfoy era tan bueno en Pociones: podía practicar todas las pociones antes de siquiera ir a clase.
—No parece como si no lo hubieran usado en cuarenta años. No hay polvo o suciedad por ningún lado.
Malfoy repasó el lugar con la mirada.
—Bueno, resulta que esos hechizos de limpieza que Flitwick nos obligó a aprender en verdad son útiles. Los elfos domésticos no vienen a esta parte del castillo. Suficiente plática, comencemos con esto.
Cedric asintió.
—Primero, necesitamos… Lo olvidamos, necesitamos algo en lo que Harry pueda practicar la maldición imperius.
Malfoy hizo una mueca.
—Olvida eso…
—No, es importante —dijo Cedric—. Preferiría que Harry practicara en un roedor que en ti, Draco.
Harry rio, pero se resistió a hacer la obvia comparación con un hurón. Por la mirada de Draco, era claro que sabía por qué Harry había reído.
—Entonces, ¿qué hacemos? —dijo Harry—. ¿Podrías transformar algo en un ratón, Cedric?
—Podría, pero no sé si sería lo mismo que practicar con uno real.
—¿Qué tal una araña? Moody usó una araña en clase.
—No tiene la misma estructura nerviosa que un mamífero —rebatió Cedric—. Necesitaremos vernos otro día.
Harry repasó el lugar con la mirada; luego, se encogió de hombros mientras sacaba la varita.
—Vale la pena intentarlo… Accio ratón.
—No seas estúpido… —comenzó Malfoy cuando, de repente, una forma gris voló por el aire y aterrizó en la mano estirada de Harry. El moreno le puso la otra mano encima con rapidez, y lo único que podía verse era la cola, con aspecto de gusano, saliendo por entre sus dedos. Por un segundo, los otros dos chicos lo miraron con la boca abierta, asombrados. Luego, ambos rieron. Harry miró a Malfoy maravillado; jamás lo había visto reír genuinamente, siempre habían sido risas maliciosas.
—Harry, ¿qué fue lo que te poseyó para…? —preguntó Cedric.
Harry sonrió tímidamente.
—Heces de ratón —dijo, y señaló con su dedo hacia la esquina del cuarto. Buscó con la mirada algo en dónde poner al ratón, y alcanzó a ver un bote cerca del escritorio—. Apenas estamos aprendiendo los encantamientos convocadores, me sorprende que haya funcionado en verdad; no podía conseguir que algo viniera a mí durante la clase.
Malfoy gruñó.
—Un poco menos de charla acerca de lo poco que sabes de magia sería útil, Potter. Trato de no imaginarme pasando el resto de mi vida en el quinto piso de San Mungo, sólo porque jodiste todo…
—No necesitamos hacer esto…
—Olvida que dije algo. Vamos a hacerlo. En este momento, sería más seguro estar en San Mungo. —Malfoy señaló al ratón en el cesto de basura con la cabeza—. Hazlo.
Cedric buscó algo con la mirada.
—Sentémonos y hablemos, antes de que hagas algo. —Sólo había una silla en el cuarto, pero Harry y Cedric cargaron una banca del vestidor, para sentarse—. Investigué un poco acerca de la maldición. Parece que el riesgo más grande es cuando alguien está bajo los efectos de la maldición por un largo tiempo; horas o días. Entonces, para estar seguros, vamos a hacerlo por un máximo de quince minutos. El otro riesgo es qué tan seguido se realiza. Es por eso que te pusiste tan enfermo, Harry. Te la realizaron… ¿Cuántas veces? ¿Cuatro en una hora? —Harry asintió—. Sólo vamos a hacerlo una vez cada sesión. —Malfoy abrió la boca para oponerse, pero Cedric negó con la cabeza—. No hay razón para arriesgarse, y si no le has agarrado el truco después de los primeros quince minutos, aun así necesitarás un descanso.
—He estado bajo la maldición por más de dos días, sin problema —protestó Malfoy—. No hay razón para simplemente…
Cedric levantó la mano.
—Tu padre es un mago adulto que está completamente entrenado en las artes oscuras. Harry no. No voy a ceder en el límite de quince minutos.
Cedric miró a Harry.
—Cuando estés listo para intentarlo, aclara tu mente de cualquier duda. Necesitas pensar la maldición imperius primero; antes de lanzarla. Luego, pon toda tu fuerza en la magia detrás del encantamiento cuando lo digas. Si dices algo sin sentido, o lo dices sin ganas, no servirá… Obviamente. —Harry asintió.
—¿Estás listo para intentarlo con el ratón?
Harry tragó saliva y asintió. Evitó mirar a Malfoy. Cerrando los ojos, recordó los movimientos de varita de Moody. Abriendo los ojos, miró al ratón y, con un respiro profundo, agitó su varita hacia el animal y gritó:
—¡Imperio!
El ratón detuvo sus movimientos frenéticos. Al mismo tiempo, Harry percibió otra sensación. Podía sentir el latido del corazón del roedor, podía sentir su miedo. Harry miró a Malfoy y Cedric; ambos estaban mirando al ratón.
Cedric metió la mano en el bote, levantó al ratón y lo puso en el suelo. El ratón se quedó ahí, esperando.
—Buena señal, no está huyendo. Ahora, piensa en qué quieres que haga. Una orden.
Harry miró al ratón y pensó: "Mueve la cola". La cola del ratón se sacudió intensamente. "Detente". La cola se detuvo. "Rueda". El ratón rodó. Se quedó cerca del bote, esperando la siguiente orden.
El rostro de Malfoy estaba sonrojado, mientras miraba al ratón.
—¿Cómo se siente?
—Se siente diferente. Puedo sentir lo que el ratón está pensando; está como loco. No sabe qué está pasando. Es lo opuesto a lo que sientes cuando estás bajo la maldición, creo. Cuando sientes ese trance que describiste. Creo, creo que el miedo que tu cuerpo siente se va directamente al que hizo la maldición.
Malfoy perdió el color en el rostro.
—¿Puedes percibir lo que el ratón está pensando?
—No. Sólo siento su miedo. Claro, es un ratón. No sé si eso haga la diferencia. Podría estar hablando en el lenguaje de los ratones y yo no le entiendo.
Cedric miró a Malfoy, que tenía la vista fija en el ratón.
—Creo que ya es suficiente. Sólo asegurémonos que puedes liberarlo de la maldición y que está bien. —Se inclinó hacia delante, volvió a levantar al ratón y trató de acercárselo a Harry.
—Finite.
De inmediato, el ratón comenzó a rasguñar a Cedric en las manos, tratando de escapar.
—¿Está bien? —preguntó Harry, acercándose para acariciar la cabeza del ratón y tratar de calmarlo.
—Es un ratón. Su cerebro podría estar completamente confundido y sería imposible que nos diéramos cuenta —dijo Malfoy, arrastrando las palabras.
Harry rodó los ojos.
—Imagino que será igual de difícil darnos cuenta contigo, cara de hurón.
—Muy divertido.
Cedric levantó al ratón, mirando su rostro.
—Parece estar bien. —Se hincó y soltó al roedor. Los tres vieron cómo el animal se desplazaba con rapidez por el cuarto. Harry recordó, con amargura, lo último que había visto de Peter Pettigrew, desapareciendo en el pasto como Colagusano.
—Bueno, entonces sabemos que Harry puede hacer la maldición exitosamente. Y el ratón… —Cedric se encogió de hombros—, parece haber sobrevivido al suplicio. —Harry y Cedric miraron a Malfoy. El chico estaba viendo el punto en las rocas por donde el ratón había desaparecido. El alto y rubio Slytherin se enderezó y miró a Harry.
—Suficiente retraso. Hagámoslo. —La voz de Malfoy se oía tranquila, pero Harry no pudo evitar preguntarse qué era lo que estaba pensando.
—Ya llegaremos a eso, Draco. —Cedric hizo un gesto para que se sentaran de nuevo—. Harry, cuéntale a Draco cómo se sintió cuando luchaste contra la maldición la primera vez.
Harry cerró los ojos.
—Sentí cómo comenzaba el trance; luego, algo dentro de mí tembló y escuché la voz de Moody, diciéndome que brincara al escritorio. Una parte de mí quería hacerlo, pero una voz dentro de mí me dijo que era una idea estúpida y que no debía hacerlo. Y terminé corriendo hacia el escritorio, no salté.
—¿Y la última vez? ¿Cuál fue la diferencia, la última vez que utilizó la maldición; la vez que pudiste resistirla?
—Creo que la gran diferencia fue que sabía qué esperar. Sentí cómo el trance comenzaba y ni siquiera me enfoqué en la orden; no necesité una voz que me dijera algo. Simplemente me imagine una ola, alejando el trance de mí. La ola empujó y empujó y forzó que el trance terminara.
—Voces y una ola. En tu cabeza. —Malfoy negó con la cabeza—. Eso no es de mucha ayuda, Potter.
—Te advertí que no estaba seguro de cómo funcionaba esto. La segunda vez, me imaginé una pared de ladrillos, pero fue demasiado lento. Luego, pensé que lo que necesitaba era algo grande, que se moviera con rapidez. —Se encogió de hombros—. Una ola fue lo que se me ocurrió, pero imagino que podría ser cualquier cosa.
—Intentemos lo de imaginar una ola, y veamos a dónde te lleva, Draco —dijo Cedric—. Primero, practiquemos; visualiza lo que se sentiría estar detrás de la ola, viendo cómo aleja el trance.
Malfoy hizo una mueca pero cerró los ojos. Harry se dio cuenta de que la disposición de Malfoy de intentarlo sin un gesto desdeñoso o un comentario sarcástico mostraba cuán serio estaba con querer aprender a luchar contra la maldición. Harry se encontró fascinado por ver cómo se relajaba el rostro de Malfoy. Las señales de tensión alrededor de sus ojos se relajaban, y Harry se dio cuenta que le habría encantado ver a Malfoy mientras dormía. Sin la máscara que proyectaba al mundo, era una persona completamente diferente. Una con unas hermosas pestañas, pensó, sonrojándose. De repente, se percató que esos ojos estaban abiertos.
—¿Ves algo que te guste, Potter? —dijo Malfoy, arrastrando las palabras. Harry se sonrojó y apartó la mirada.
—¿Crees que la imagen visual te servirá, Draco? —preguntó Cedric.
—Sí, hagámoslo.
—¿Tienes la lista de órdenes? —Malfoy asintió, y se dirigió hacia donde había colgado su túnica. Sacó un rollo de pergamino del bolsillo.
—Es una lista de órdenes básicas, aún no estoy seguro si es una buena idea el usar una lista que yo hice —dijo Malfoy—. Puede que me sea más fácil resistir.
Cedric miró la lista.
—Así está bien, quería que hicieras la lista para que pudieras estar seguro de que no te pasará nada que no quieras que te pase. Podemos empezar con esto y, si eres capaz de resistirlo, entonces te daremos órdenes que no esperes, y veremos qué pasa. ¿Qué tal suena eso? —dijo Cedric.
Draco asintió.
—Bien. Pero nada de canto —dijo, fulminando a Potter con la mirada.
—De acuerdo, nada de canto —dijo Harry en voz baja.
—¿Crees estar listo, Harry? —preguntó Cedric.
Harry se quedó sentado, mirando su varita. Una cosa era hablar acerca de aplicarle una maldición imperdonable a alguien, o hacerlo con un ratón. Era una cosa muy diferente el entender que estaba a punto de maldecir a otro ser humano. Incluso si ese humano era Malfoy. Cedric se acercó y se sentó junto a él.
—¿Estás seguro de que quieres hacerlo? No es muy tarde para echarse para atrás.
Harry miró a Malfoy, que estaba parado a la mitad del cuarto, mirándolos. Sus hombros estaban tensos y sus grises y fríos ojos se fijaron en Harry.
—Lo haré.
Malfoy pareció suspirar de alivio por sólo un momento.
—Hazlo tal y como lo hiciste con el ratón. Despeja tu mente, piensa en el encantamiento y no dudes —dijo Cedric—. Recuerda que, como las órdenes que das se manejan con los pensamientos, vas a tener que resistir la tentación de tener cualquier pensamiento alentador hacia Draco. Si piensas "Vamos, puedes hacerlo, resiste", vas a causarle confusión y puede que le causes problemas. Sólo piensa en la orden, y nada más.
—¿Estás listo, Malfoy? —preguntó Harry.
Malfoy asintió, cerró los ojos y esperó.
Harry se puso de pie y caminó hacia el chico rubio. Deteniéndose frente a él, cerró los ojos e inhaló profundamente, abrió los ojos y, sin avisar, levantó la varita y gritó:
—¡Imperio!
Harry miró a Malfoy. Sus ojos seguían cerrados. Podía sentir el pulso de Malfoy, latiendo dentro de su propia cabeza; podía sentir las bocanadas de aire que el otro chico inhalaba y exhalaba. Podía sentir sus emociones, recorriendo su propia cabeza: ansiedad, medio, hambre. Cedric se acercó y se quedó parado junto a Harry.
—¿Lo sientes? —dijo. Harry asintió.
Con los dedos temblorosos, Cedric mantuvo abierto el pergamino para que Harry lo viera. El moreno bajó la mirada y pensó en la primera cosa de la lista. Toca el piso. Cedric y Harry contuvieron el aliento y, con un poco de decepción, vieron cómo Malfoy doblaba la cintura y tocaba el suelo.
Cedric se acercó a Malfoy.
—Draco, siente la ola que empuja la calma, haz que la ola aleje el trance de ti. —El chico le hizo una seña a Harry, para que diera la siguiente orden.
Siéntate en la silla. Hubo un retraso de varios segundos; luego, Malfoy dio tres pasos, arrastrando los pies sobre el suelo, hacia la silla, y comenzó a sentarse. Falló por un poco y cayó al suelo. El rostro de Malfoy estaba sonrojado y su frente estaba perlada de sudor.
De inmediato, Harry sintió el impulso de dolor que le llegó por la unión con Malfoy y también algo más. Sintió esperanza. Cedric miró a Harry de nuevo y dijo:
—Sólo una más.
Alza los brazos. El retraso fue aún más largo esta vez, pero Malfoy comenzó a alzar los brazos con renuencia. Cedric y Harry podían ver la batalla que estaba librando para bajarlos. Harry sintió una mezcla de ira con miedo, y luego, Malfoy alzó ambos brazos por encima de su cabeza.
—Finite.
Malfoy colapsó en el suelo. Cedric y Harry se acercaron al rubio y lo ayudaron a sentarse en la silla. Después de un momento, Malfoy se enderezó y apartó sus brazos.
—¡Maldita sea, no funcionó!
—Sólo fue la primera vez, Draco —dijo Cedric—. No puedes esperar que funcionara a la primera. Claramente, estabas resistiéndote. No reaccionabas a las órdenes de inmediato, y podíamos ver que estabas haciendo un esfuerzo para resistirlo.
Harry dio un paso hacia atrás. El haber estado conectado con las emociones de Malfoy lo había descontrolado. Sentía que lo había violado. El saber lo que el otro chico estaba sintiendo era simplemente incorrecto. Dando la vuelta, Harry caminó por los vestidores y encontró un vaso, sobre una repisa, junto a una hilera de lavabos. Lo llenó con agua y se lo llevó a Malfoy. El color había vuelto al rostro del chico y parecía haberse compuesto. Miró el vaso con agua, sorprendido, cuando Harry se lo ofreció.
—Gracias.
—¿Qué sentiste, Harry? ¿Cómo se sintió para ti? —preguntó Cedric, que seguía sentado en el suelo, abrazando sus piernas. Harry vaciló y Malfoy lo miró con los ojos entrecerrados.
Harry se sonrojó y supo que Malfoy iba a odiar lo que estaba a punto de decir, pero si iba a aprender cómo resistirse a la maldición, tenía que saber lo que Harry había sentido a través de la conexión.
—Sí, la maldición te da la habilidad de sentir las emociones de la otra persona. Podía sentir mucha ansiedad y miedo y, em… —El chico sonrió de lado, metió la mano en uno de sus bolsillos, sacó una manzana y se la arrojó a Malfoy, que la atrapó gracias a sus instintos de buscador—, pude sentir hambre. —Malfoy, que ya había mordido la manzana, se ahogó y lo fulminó con la mirada—. Cuando no te sentaste en la silla, hubo un impulso de algo. Creo que fue esperanza. Pero, en la última orden, pude sentir que la ira se apoderaba de ti y ahí fue cuando respondiste a la orden de inmediato, y no pudiste resistirte más.
Malfoy se había quedado lívido, mientras Harry describía lo que había sentido. Miró la manzana y, de repente, se paró y la arrojó hasta el otro lado del cuarto. La manzana golpeó la pared y rebotó, dejando un círculo de jugo y pulpa en la piedra. Malfoy miró a Harry y comenzó a avanzar hacia él.
—Entonces, me estás diciendo que mi inmensamente amoroso padre podía sentir todo lo que yo sentía cuando me ponía bajo la maldición. —Se detuvo cuando estuvo frente a Harry, con sus grises ojos brillando por la ira. Harry se quedó quieto, sabiendo que el otro chico tenía el derecho de estar furioso—. Miedo. Hambre. Este verano, no comí durante dos días, y me estás diciendo que él podía sentir mi hambre todo ese tiempo… O tal vez es peor saber que tú, grandísimo idiota —dijo, mirando a Harry de arriba abajo con desdén—, vas a poder ser capaz de ver todo eso también. Te odio, Potter. —Con eso, se dio la vuelta y caminó hasta el lado más lejano de los vestidores.
Harry se quedó de pie ahí, impactado, y luego comenzó a seguir a Malfoy. Cedric lo tomó del brazo y lo detuvo.
—Yo iré, ¿por qué no estudias por un rato?
Harry se acercó al escritorio y se sentó en la silla, pero no alcanzó su mochila. Se repasó el cabello con una mano inquita y apoyó la cabeza sobre el escritorio. No podía imaginar cómo sería si el asunto fuera al revés, si Malfoy fuera el que supiera lo que Harry estaba sintiendo. Sabía que él mismo odiaría a cualquiera que pudiera sentir cada una de sus emociones. Había sido perturbador el poder sentir las emociones de Malfoy, pero lo que había sido mucho peor era que había tenido la habilidad de controlar cada movimiento que el otro chico había hecho. Era simplemente incorrecto, nadie debía tomar el control del cuerpo de alguien más de esa manera.
Alzó la mirada y vio a Cedric y Malfoy, parados a la mitad de los vestidores. Claramente, el rubio estaba gritando, pues su rostro mostraba su ira, y estaba agitando sus brazos, señalando a Harry, pero el chico no podía oír nada. Cedric debía haber puesto un escudo, para prevenir que Harry escuchara la conversación. Vio que Cedric hacía un gesto hacia una de las bancas, y Malfoy caminó hacia ella, resistiéndose y pateando un casillero mientras andaba. Con un suspiro, Harry se inclinó hacia abajo y sacó su libro de Pociones de la mochila. Aún tenía que escribir treinta centímetros para Snape y hacer su tarea de Transformaciones.
Estaba a la mitad de su ensayo cuando escuchó que Cedric entraba a la oficina de nuevo.
—¿Cómo te sientes, Harry? —El Hufflepuff se veía cansado. Harry se preguntó si Cedric estaba arrepintiéndose de haberse metido en el asunto.
—¿Yo? Estoy bien. ¿Cómo está Malfoy?
—Mejor. Va a tomar una ducha, refrescarse, y luego volverá y hablará con nosotros. Pero antes de eso, necesito saber qué piensas acerca de esto. No estaba siendo simplemente cortés. ¿Quieres renunciar?
—¿Qué es lo que Malfoy quiere hacer? —preguntó Harry.
Cedric acercó la banca un poco más hacia Harry, para que pudiera mirarlo directo a los ojos.
—Necesito saber si tú quieres renunciar, sin importar si él quiere hacerlo. —Harry miró por encima del hombro de Cedric y vio a Malfoy en el otro cuarto. El chico le estaba dando la espalda y estaba sin camisa; ahora, estaba quitándose los pantalones. De repente, Harry se dio cuenta que Malfoy tenía un lindo…
—Harry. —La voz de Cedric interrumpió la idea. Harry regresó su mirada hacia el rostro de Cedric, con un intenso rubor cubriendo sus mejillas—. Necesito saber lo que sientes por estar usando la maldición imperius en Draco.
Harry se obligó a concentrarse.
—Se sintió incorrecto. El que yo pudiera controlarlo no está bien. Nadie debería ser capaz de hacer eso. Y luego, poder saber lo que está sintiendo, sentí como si estuviera violando su privacidad.
—¿Tan incorrecto que no quieres hacerlo de nuevo?
Harry dudó.
—No quiero hacerlo de nuevo… pero quiero que Malfoy sea capaz de aprender a resistir la maldición. Y no hay otra forma de que lo aprenda, ¿cierto? —Cedric negó con la cabeza—. Obviamente estaba luchando, lo pude notar. Quiero que tenga la oportunidad de aprender a hacerlo. Entonces, supongo que estoy dispuesto a hacerlo de nuevo. Pero no sé lo que diga Malfoy. De por sí ya me odia…
—No saltes a conclusiones. Esperemos a que regrese. ¿Por qué tú no terminas tu ensayo y luego vemos lo que Draco tiene que decir? —Cedric sacó su propia tarea y abrió el libro de texto. Harry miró su ensayo de Pociones con una mueca; odiaba Pociones. Con un suspiro, levantó su pluma y continuó escribiendo acerca del uso del saúco en las pociones reconstituyentes.
Después de unos minutos miró a Cedric, que estaba frunciendo el ceño mientras leía su libro de Transformaciones.
—¿Cedric? —El Hufflepuff alzó la mirada—. Pareces estar bastante acostumbrado a hacer esto tipo de cosas —dijo Harry, vacilante.
—¿Ayudar a chicos de cuarto a usar maldiciones ilegales el uno con el otro? —preguntó Cedric con una sonrisa.
—No, me refiero a…
—Sé a lo que te refieres —dijo Cedric—. Durante los últimos dos veranos fui voluntario como consejero en un lugar muggle, de apoyo a los jóvenes —continuó, encogiéndose de hombros—. El primer año fue un estudio independiente para mi clase de Estudios Muggles, pero lo disfruté tanto que decidí hacerlo de nuevo el verano pasado. Te dan entrenamiento, para aprender cómo trabajar con otros adolescentes.
—Eres bueno en ello —dijo Harry—. Malfoy y yo nunca nos hemos llevado bien. El que hayamos sido capaces de estar en el mismo cuarto por tanto tiempo sin hechizarnos es algo grande.
Cedric sonrió.
—Bueno, la noche aún es joven. Pero, en serio, extraño estar de consejero cuando estoy aquí. Y espero obtener suficientes Sobresalientes en mis EX.T.A.S.I.S para entrar al programa de entrenamiento de San Mungo. —Bajó la mirada hacia su libro de texto y Harry supuso que ya no quería hablar más del asunto, pero luego Cedric alzó la mirada de nuevo—. Una cosa que aprendí mientras estaba de consejero es que los chicos más agresivos suelen usarlo como un escudo. Están en defensiva, ¿sabes? No puedes herirme si te hiero primero.
Con eso, bajó la mirada hacia su libro.
Veinte minutos después, Malfoy entró al cuarto. Su cabello estaba húmedo, y caía con una ligera ondulación, como Harry pudo darse cuenta. Nunca había visto su cabello sin que estuviera engominado. Cambiaba todo el aspecto de su rostro. Malfoy caminó hacia el escritorio.
—Quítate de mi silla, Potter.
Harry abrió su boca para rebatir, pero luego se encogió de hombros y se movió a la banca. Malfoy se sentó en la silla y miró a Cedric.
El chico negó con la cabeza al verlos y cerró su libro.
—No tenemos mucho tiempo, ya casi es el toque de queda. Lo haré rápido. Ambos dijeron que están dispuestos a continuar. —Harry miró a Malfoy. El Slytherin le devolvió el gesto con actitud desafiante—. Yo también me sorprendí —dijo Cedric, con una sonrisa—. Creo que ambos encontraron algo que odian más que al otro, y eso es decir mucho. No es tarea fácil tratar de luchar contra la magia oscura.
Cedric hizo una pausa y miró a Malfoy.
—Draco, ¿crees que puedes hablar de ello ahora? Dile a Harry cómo se sintió, desde tu perspectiva.
Malfoy frunció el ceño pero asintió.
—Me la pasaba tratando de imaginar la ola de Potter, podía ver cómo empujaba la orden de Potter. Pero cada vez regresaba hacia mí. —Levantó una pluma y la hizo girar entre sus dedos. Harry podía notar que estaba tratando de recordar la sensación—. Podía escuchar su voz e intentaba resistirme, pero luego me enojaba mucho y al final todo terminaba. Perdía. —Arrojó la pluma sobre el escritorio.
Cedric se giró hacia Harry.
—Tú ya describiste cómo se sintió hace rato. ¿Hay algo más que Draco necesite saber?
—Como dije antes, podía sentir que Malfoy estaba luchando. Podía sentir su resistencia, hasta que al final sentí cómo se enojaba y supe que había perdido el control por completo —dijo Harry, mirando sus manos.
Cedric miró a Malfoy, luego a Harry, y al final se repasó el rostro con las manos, apretando el tabique de la nariz, como si intentara calmar un dolor de cabeza.
—De acuerdo, nueva regla: necesitan usar el nombre de pila del otro. —Cuando ambos chicos lo miraron, dispuestos a quejarse, añadió: —Al menos mientras están en este cuarto. Rehusarse a usar el nombre de pila de una persona incita la hostilidad. Harry, dile a Draco si tienes alguna idea de en qué debería pensar, para trabajar la siguiente semana.
Harry inhaló profundamente y miró a Malfoy, que lo miraba con la ceja levantada, y un gesto divertido en su rostro.
—Em, Draco, piensa en otra visualización que puedas usar; si la ola no te funciona, entonces piensa en algo más que podrías utilizar. Cuando estaba aprendiendo a hacer un patronus, tuve que…
—¡Un patronus! No es posible que puedas hacer un patronus.
—¿Cuándo aprendiste a conjurar un patronus?
Malfoy y Cedric habían hablado al unísono; ambos se habían enderezado y miraban a Harry. El moreno sonrió y se encogió de hombros.
—El profesor Lupin me enseñó cómo hacerlo, por todos los dementores que había. Fueron un, em, problema para mí el año pasado.
—¿Es un patronus corpóreo o incorpóreo, Harry? —preguntó Cedric.
—Corpóreo. Es un ciervo —dijo Harry.
—No te creo, Pot… Harry.
Harry rodó los ojos y sacó su varita del bolsillo.
—¡Expecto patronum! —La familia luz azulada brotó de la punta de su varita. La forma del ciervo se formó enfrente de Malfoy y se alzó sobre sus patas traseras, antes de irse por la puerta abierta hacia los vestidores. Con un salto, desapareció a través de la pared más lejana.
Cedric miró cómo el patronus se iba.
—Eso es simplemente increíble. ¡Y apenas tienes catorce años! Eso es algo del nivel de los EX.T.A.S.I.S.; podrías ganarte un Sobresaliente con sólo crear un patronus incorpóreo. Y uno corpóreo va más allá de la habilidad de la mayoría de los magos.
Malfoy se había sentado de nuevo y había subido sus pies al escritorio.
—Bueno, ¿qué más podemos esperar del Elegido?
Harry rodó los ojos.
—Como sea, la única manera por la que lo mencioné es porque, para invocar un patronus, necesitas un recuerdo feliz muy poderoso en la mente. Durante las primeras lecciones, no estaba usando las imágenes correctas, y lo único que conseguía sacar era una nube plateada de vapor. Una vez que encontré el recuerdo correcto, fui capaz de conjurarlo. Creo que Malfoy… Creo que Draco —dijo, mirando al rubio—, necesita encontrar una imagen que le sirva a él.
—Excelente consejo. Y ahora en verdad necesitamos irnos, ya casi es el toque de queda. —Cedric se dirigió a los ganchos donde colgaban sus túnicas. A cada chico le pasó su prenda—. No vamos a intentar usar la maldición imperius de nuevo, hasta la próxima semana. ¿Ustedes serán capaces de reunirse y trabajar con Pociones esta semana?
Harry dudó por un momento y miró a Malfoy, que se encogió de hombros.
—Sí, supongo.
—Bien. Draco, ¿tienes los ingredientes para hacer una poción reconstituyente? —Malfoy asintió—. Marqué una en tu libro de pociones. Creo que sería una buena idea si tuviéramos una, preparada para que la tomaras inmediatamente después de nuestra sesión con la imperius.
—No necesito tomar…
—Sí, sí lo necesitas. Y, para ser honesto, a Harry también podría serle de ayuda —dijo. Luego, repasó el cuarto con la mirada—. Muy bien, creo que estamos listos. Harry y yo tendremos que apresurarnos, para regresar antes del toque de queda.
Malfoy los miró, vacilando.
—Si quieren arriesgarse… Hay túneles que llevan a cada una de las Casas. Sólo un miembro de esa Casa puede abrir la puerta del túnel, por lo que sólo he usado la de Slytherin. No hay forma de saber si el túnel está despejado por completo o dónde sale en sus Casas.
—¿Dónde están las entradas? —preguntó Harry con curiosidad. Malfoy caminó hacia una antesala, que no habían notado en los vestidores. Ahí, había seis puertas. Cuatro de ellas estaban decoradas con tallados elaborados, que mostraban los emblemas de las Casas: serpientes, tejones, leones y águilas—. ¿A dónde llevan las otras dos puertas? —preguntó Harry, mirando las dos que no tenían las marcas de las Casas.
Malfoy negó con la cabeza.
—No lo sé. Nunca he entrado por ahí, en caso de que lleven al Gran Comedor o a algún otro lugar, como la oficina de Filch. No quería que nadie descubriera que estaba aquí abajo.
Harry caminó hacia la puerta de Gryffindor.
—¿Cómo se abre?
Malfoy se encogió de hombros.
—La de Slytherin abre cuando toco la piedra del centro con mi varita. Trata con tu varita aquí —dijo, señalando la piedra en el centro de la puerta, que tenía un león. Harry dudó por un segundo y luego tocó la piedra con su varita. Hubo una pausa y luego la piedra se movió hacia él, haciendo que un horrible sonido de piedra chirriante llenara el cuarto. La puerta abierta mostraba un conjunto de escalones, que desaparecían en la oscuridad del túnel.
—¿Por dónde sales en Slytherin? —preguntó Harry.
Draco frunció el ceño.
—Eso no es tu asunto, Harry.
Harry alzó las manos, en gesto defensivo.
—Es sólo curiosidad; podría darme una idea de dónde saldré en Gryffindor. —Con un brillo en los ojos, añadió: —Imagino que debe ser en uno de esos arcos que están en el lado derecho de tu sala común, porque el lago está del otro…
Draco lo agarró y lo estrelló contra la pared.
—¿Con quién has estado hablando?
—Nadie ha estado hablando, Mal… Draco. Es sólo que soy naturalmente observador.
—Deténganse, los dos. —Cedric se veía harto—. Sólo tenemos diez minutos, antes de que cierren las puertas del castillo. Dado que no sabemos si podemos pasar, yo voy a ir por afuera. Harry, ¿vienes?
—Em, no. Voy a intentarlo por este lado. Ya conoces a los Gryffindors: actúa primero, piensa después… —Con un asentimiento a los dos chicos, dijo "Lumos" y comenzó a subir las escaleras.
—Mandaré un equipo de búsqueda en un día o dos, si no apareces —le dijo Draco.
Harry continuó subiendo, y después de unos cuantos escalones, escuchó cómo la puerta se cerraba con un chirrido. De inmediato tuvo dudas, cuando la poca luz que venía de los viejos vestidores se apagó. Alzó la varita un poco más y pronunció el encantamiento entre dientes de nuevo, para hacer la luz más brillante. La escalera continuaba tan lejos como podía ver. Acomodándose la mochila a una posición más cómoda sobre su hombro, continuó subiendo.
También comenzó a preguntarse qué criaturas podían vivir dentro de esas paredes, si un basilisco podía sobrevivir mil años en la Cámara de los Secretos. El moreno perdió la cuenta de los escalones que había subido cuando, de repente, los escalones se convirtieron en un pequeño descanso. El chico se imaginó a sí mismo, perdido por siempre en un laberinto infinito de pasadizos internos, dentro de las paredes de Hogwarts. Sintió alivio cuando el túnel terminó, pero no había indicios de cómo abrir la puerta. Maldiciendo a Malfoy por ser tan inútil, alzó su varita y buscó una pista para saber cómo revelar la entrada.
Tocando las piedras con cuidado, para encontrar algún tipo de hendidura, sin encontrar nada, comenzó a tocar piedras al azar, para ver si podía encontrar el patrón correcto. Un rápido Tempus le indicó que ya pasaba de la hora del toque de queda; aún si regresaba y salía por los vestidores, Filch ya habría cerrado las puertas exteriores. Harry alzó su varita y dijo la contraseña que Malfoy había usado para abrir la puerta de afuera de los vestidores: "Aperiens". Para su sorpresa, la pared comenzó a moverse en silencio hacia él.
La luz comenzó a llenar el pasillo, pero estaba bloqueada por un tapiz grande que cubría la puerta. Harry podía escuchar las voces y las risas, que venían del otro lado del tapiz. Se acercó al tapiz y se asomó por la abertura entre la puerta y la tela.
Pudo ver la sala común en pleno, y se dio cuenta de inmediato que el tapiz era el que estaba en el lado derecho de la sala, que mostraba el escudo de Gryffindor y estaba decorado con imágenes de Quidditch. Con pesar, vio que Hermione y Ron estaban parados a la mitad de la sala, discutiendo. ¿Cómo iba a entrar a la sala sin que lo vieran? Estaba demasiado lejos del retrato como para hacer que pareciera como si acabara de entrar por ahí. ¿O no? Abrió su mochila y sacó su capa de invisibilidad. Poniéndosela, salió con cuidado, mientras la puerta se cerraba detrás de él.
Conteniendo el aliento, caminó de lado por detrás del tapiz, con cuidado de no hacer que se moviera. Finalmente, al llegar al borde, entró a la sala y caminó hacia el hoyo del retrato. Cruzando los dedos, esperando que funcionara, se quitó la capa al mismo tiempo que abría el retrato. Esperaba que pareciera como si acabara de entrar desde el otro lado, en vez de haber estado parado enfrente de él.
Hermione lo vio primero, y se apresuró a llegar hasta donde estaba.
—¿Dónde has estado? Chequé la biblioteca y en todas partes, y no pude encontrarte.
Harry miró a Ron. El chico había estado hablando con Hermione un momento antes, pero al ver a Harry su gesto cambió: se endureció; luego, se volteó. Harry lo miró mientras se alejaba, y la familiar sensación de que el estómago se le torcía regresó.
—Oh, em, estaba estudiando con, em, Cedric.
—¡¿Dónde?!
—Oh, em, en un cuarto de estudio…
Ron rio desde el otro lado de la sala.
—Siempre puedes notar cuando Harry está mintiendo. Estudiando; sí, claro. Estabas estudiando a Ced...
—¡Ron! —bufó Hermione, señalando con su cabeza hacia las mesas llenas de Gryffindors, que estaban mirando la interacción con gran interés. El sonrojo de Harry disminuyó hasta que quedó pálido. ¿Acaso Ron estaba lo suficientemente enojado como para exponerlo frente a todos los de la sala?
Ron los fulminó a ambos con la mirada.
—Tú sabes lo que estaban haciendo. Deberías ser más considerado con Hermione, estaba muriéndose de la preocupación. —Se dio la vuelta y subió las escaleras hacia el dormitorio de chicos.
Hermione y Harry lo miraron subir las escaleras enérgicamente. La chica suspiró con pesadez.
—Sólo está celoso, Harry. Se le pasará. Pero, en serio, ¿dónde estabas? No creo que Cedric estuviera afuera del castillo, estudiando, después del toque de queda. ¡Es un prefecto!
—Oh, bueno, em. Estábamos estudiando justo hasta antes del toque. Me dijo que regresara a tiempo, pero yo, bueno, decidí vagar un rato con mi capa. Ya sabes, para meditar las cosas.
Hermione lo miró, dudosa.
—¿Y tú y Cedric? ¿No tiene resentimientos porque eres campeón del torneo? Además, ¿pasas más de tres horas estudiando con él y siguen siendo sólo amigos?
Harry se acomodó la mochila sobre el hombro; estaba exhausto.
—Mira, Hermione. Él es un amigo, y eso es todo. Buenas noches.
El moreno no esperó una respuesta, sino que giró y se dirigió a las escaleras. Para cuando llegó al dormitorio de chicos, Ron ya estaba en su cama, con las cortinas cerradas. Bien, pensó Harry. Se arrojó sobre su cama y miró el dosel.
Hasta la próxima…
Adigium21
