Notas de traducción:
*Se esconde detrás de una pared, para evitar las pedradas*
Espero que mi falta de consistencia se compense por lo bueno de la historia… Sí, lo lamento, sé que tocaba publicación hace una semana; pero les juro que la escuela me tiene como loco. ¡Y las cosas se vienen peor! Final de semestre, cursos obligatorios, y para acabarla, los capítulos se vuelven más largos… ¿Les parece si dejamos las actualizaciones sin una fecha definida? Para no decepcionarlas/os.
Gracias inmensas a Sthefynice, sailor mercuri o neptune, Violet Strawberry, Adriana11, shixa, Isa-Lovegood, Dany de Criss, CristianSkellingtonbourne, Aeren76 y FanFiker por comentar en el capítulo anterior. Creo que varias personas comentaron en otros capítulos, pero no sé quiénes… Lo siento, siempre me hago bolas :S
Bueno, disfruten…
Tres días después de la sesión con la imperius, Malfoy le pasó una nota a Harry durante Historia de la Magia, mientras Binns se perdía en su discurso acerca del Tratado para terminar las Rebeliones de los Duendes en 1354.
Pociones. ¿Sábado? ¿Después de la cena?
El chico miró hacia donde estaba Malfoy, asintió y continuó garabateando en su pergamino. Era imposible concentrarse en clase de Binns. Tan solo faltaban diez días para el torneo. De hecho, se le había olvidado que Malfoy le había prometido ayudarle en Pociones. Se preguntó cómo sería estar solo con Malfoy, sin Cedric ahí para interferir. Al menos, eso le mantendría la mente ocupada, y evitaría que se la pasara imaginando cómo iba a ser la primera prueba.
OoOoOoO
Harry esperó a que todos hubieran bajado a cenar y que la sala común estuviera vacía. Se metió detrás del tapiz y alzó la varita. "Aperiens". Nada pasó. Harry maldijo; había temido no poder hacer que se abriera desde ese lado. Lo intentó una vez más y nada. Debía haber otra forma de abrir la puerta. Mirando las piedras, notó que estaban talladas con figuras, incluyendo cuatro snitches. Encogiéndose de hombros, tocó cada una de las snitches y dijo la contraseña de nuevo. La pared se movió para atrás y Harry rio, emocionado, entrando por el umbral y dirigiéndose con rapidez hacia las escaleras.
Llegó a la puerta al final del túnel y dijo "Aperiens" de nuevo, haciendo que la puerta se abriera. El túnel debía haber sido diseñado para que fuera fácil que alguien saliera al estar dentro, pero que fuera necesario conocer el truco para abrirla desde afuera.
Malfoy se giró hacia Harry cuando lo vio entrar por el umbral, hacia los vestidores.
—Lo descubriste, ¿no es cierto, Potter?
—Sí, y no fue gracias a ti. —Harry siguió a Malfoy hasta la oficina—. Entonces, ¿cómo vas a hacerme un maestro en Pociones?
Malfoy bufó.
—Creo que me tomará cada minuto que pasemos juntos para hacerte sólo competente, Potter. Vamos a comenzar con las bases para mezclar una poción. —Con eso, puso tres varas para mezclar sobre la mesa—. ¿Cuál de estas varas utilizarías para preparar una poción reconstituyente?
Harry se encogió de hombros y señaló una.
—Incorrecto. Mirto, haya y ébano, Potter. Positivo, neutral, negativo. Esto es lo básico en la preparación de pociones. Tú siempre tomas la que tengas más a la mano. Con cualquier poción que contenga baya de saúco debes usar la vara de ébano. El mirto reaccionaría con el veneno de la baya y lo fortalecería.
Harry lo miró con los ojos entrecerrados.
—Snape nunca mencionó que tenías que usar una vara específica para…
—Sí lo hizo, en primer año. Diablos, en la primera semana. ¿Cómo es posible que hayas llegado a cuarto año sin saber eso?
Harry se encogió de hombros.
—Yo nunca…
—Abre tu libro de pociones, en la página que sea. ¿Qué es lo que ves ahí? —Malfoy señaló un punto en la página.
—VE.
—Vara de ébano. Sólo necesitas leer las palabras.
Harry se pasó los dedos por el cabello, frustrado.
—Ésas no son palabras, son letras. ¿Cómo es que…?
—Debiste haberlo aprendido en primer año. En un libro de Pociones Avanzadas no te lo van a explicar con palitos y bolitas, como si fueras un niño de guardería (1). Ahora, veamos si puedes conseguir hacer la segunda instrucción, pero no voy a irme lento.
Durante la siguiente media hora trabajaron codo a codo; Harry seguía las indicaciones de Malfoy mientras preparaban los ingredientes que iban a usar para la poción reconstituyente. Estaban acostumbrados a tener que trabajar con el otro en la clase de Pociones. Snape amaba emparejarlos. Harry nunca entendió por qué; sólo asumía que el profesor tenía un lado sádico.
Sin embargo, en el salón de Pociones siempre había tensión entre ambos. Los dos estaban listos para explotar a la infracción más ligera. Malfoy nunca se contenía; siempre estaba dispuesto a usar los embrujos zancadillas, para la diversión de los otros Slytherins. Harry no sentía esa tensión ahora que estaba parado junto a Malfoy. Se preguntó si era sólo porque estaban los dos solos. Nadie estaba mirándolos, no había Slytherins qué impresionar, no había otros Gryffindors qué defender.
—Deja de pensar tanto, Potter. Me distraes —dijo Malfoy bruscamente, mientras le arrebataba el cuchillo de la mano a Harry.
—¿Qué? —dijo Harry, alzando la mirada confundido.
—Estabas hablando entre dientes. Detente.
Harry se sonrojó y se obligó a concentrarse en cortar las vainas de Yarnuckle.
Al final, fue tiempo de comenzar a mezclar las pociones. Malfoy encendió el fuego bajo el caldero y le indicó a Harry que comenzara a añadir los ingredientes.
—Ahora mezcla, con la vara de ébano, tres veces en sentido contrario a las manecillas del reloj… —Harry levantó la vara de ébano y la introdujo sin cuidado en el caldero, lleno de ardiente líquido azul claro—. ¡Así no! —Malfoy tomó la mano de Harry y la apretó, mostrándole al moreno cómo mezclar—. Mezclas demasiado rápido; vas a deshacer los hígados de salamandra demasiado rápido. Para un caldero de diez pulgadas debes tomarte cinco segundos para cada rotación. Necesitas hacerlo lentamente, no simplemente removerlo sin cuidado. —La mirada de Harry se enfocó en los elegantes dedos de Malfoy, que agarraban su mano. El moreno vio cómo Malfoy lo miraba—. Sí, hemos tenido que llegar a estos extremos: tengo que sostener tu mano para mostrarte cómo hacer una simple poción.
—Mejor tu mano que la garra de Snape —replicó Harry, estremeciéndose. No podía imaginarse a Snape estando así de cerca de él. Malfoy rio y soltó su mano; luego, Harry mezcló lentamente la poción tres veces.
Por fin terminaron. Harry miró las tres botellas de poción terminada sobre la mesa.
—Felicidades, Potter. Creo que esta es una de las pocas veces en las que has logrado terminar correctamente una poción.
—Ahora, si sólo pudiera hacerlo en Pociones —dijo Harry entre dientes. Se dirigió a su mochila y guardó su libro de Pociones. Buscando en el bolsillo lateral, sacó unas cuantas ranas de chocolate y le lanzó unas cuantas a Malfoy, el cual las atrapó con un movimiento de su muñeca. Harry sonrió y desenvolvió una de las ranas para sí.
—Gracias, Malfoy. —El rubio lo miró agresivamente—. No, lo digo en serio. Creo que aprendí más aquí abajo que durante todo el año con Snape.
Las mejillas de Malfoy se sonrojaron un poco.
—Que no se te suba a la cabeza. No voy a estar haciendo pociones medicinales para todos los incompetentes alumnos de tu Casa.
Harry hizo un rápido encantamiento Tempus para checar la hora y dijo:
—Aún falta una hora para el toque de queda. Voy a ir a volar. ¿Quieres venir? —Malfoy lo miró sorprendido. El mismo Harry se había sorprendido. No había tenido intención de incluir a Malfoy cuando planeó escaparse a volar, pero sería más divertido volar juntos. El moreno se encogió de hombros—. Tengo una snitch. Podemos jugar una ronda.
—Está como boca de lobo allá afuera, Potter. Y hace frío (2).
—¡Lo sé, es perfecto! Nadie nos verá. Podemos encantar la snitch con un Lumos.
—Estás loco. —Malfoy intentó fruncir el ceño, pero pareció más una sonrisa.
—Bueno, ¿lo harás? Tienes tu escoba acá abajo, ¿verdad? Yo traje la mía. —Harry caminó emocionado hacia la puerta de Gryffindor y la abrió con un toque de varita. Metiendo la mano, sacó su Saeta de Fuego y la bolsa con el equipo que había dejado en las escaleras—. Vamos… —Se sentó en una banca, abrió la bolsa y comenzó a ponerse las protecciones.
Malfoy caminó hacia un casillero, lo abrió y sacó su escoba y su equipo.
—Sé que voy a arrepentirme de esto.
—¿De qué habrías de arrepentirte? —dijo Harry, riendo. Buscando en el fondo de la bolsa, sacó la caja con la snitch de práctica—. Supuse que sería mejor usar una de práctica. No queremos estar toda la noche tratando de atrapar una snitch real.
—¿Es tuya?
Harry asintió.
—La ordené por lechuza el día después de estar aquí, la semana pasada. —El moreno estaba golpeando el suelo con el pie, inquieto, esperando a que Malfoy terminara de ponerse los guantes.
—Es serio lo planeaste por adelantado. ¿Tanto extrañas volar? —preguntó Malfoy con curiosidad.
—¿Volar? No hay nada como eso. No puedo hacerlo para nada durante el verano. Muggles. Si voy con los Weasley puedo volar ahí, pero eso suele ser durante la última semana del verano, más o menos…
—Hay zonas mágicas por todo Londres, con campos de Quidditch. ¿Por qué no vas a uno y vuelas durante el verano?
Harry rio al imaginarse a los Dursley, llevándolo a algún lado solo, durante las vacaciones, para jugar Quidditch.
—Eso sería difícil, considerando que usualmente estoy encerrado en mi cuarto.
Malfoy dejó de asegurarse su guante y lo miró.
—¿Quién te encierra en tu cuarto?
—Oh, em, mi tío. —Harry maldijo para sí. No había querido decirle eso a Malfoy—. Olvida que dije algo. Apresúrate, te veo afuera. —Se puso de pie y se dirigió hacia la salida.
—Espera —dijo Malfoy en voz alta—. No vamos a poder volar cerca del campo de Quidditch, hay una barrera alrededor de él. —El rubio alcanzó a Harry en la puerta—. La golpeé la primera vez que salí a volar; casi me tira de la escoba. Creo que tiene algo que ver con el torneo. El lago está libre, pero tenemos que tener cuidado con el barco de Durmstrang.
Al salir se encontraron con la lluvia de noviembre. Harry rio cuando Malfoy frunció el ceño por el frío. Con rapidez, montó su Saeta de Fuego y despegó con una patada, elevándose en línea recta hacia el cielo estrellado. Sintió cómo lo llenaba esa familiar emoción de ligereza. Alejándose del castillo, se dirigió hacia el lago. Nada podía ganarle a volar.
Bajó la mirada y vio a Malfoy cerca de él. Con rapidez, dio una vuelta de campana y aceleró a máxima velocidad, ignorando el helado viento contra sus mejillas. Voló por encima del barco de Durmstrang y encontró un punto cerca del centro del lago. Se detuvo al momento y miró cómo Malfoy lo rebasaba. Cuando Malfoy dio la vuelta y comenzó a flotar cerca de él, Harry sacó la snitch de su bolsillo.
—¿Listo?
Malfoy asintió y Harry murmuró un Lumos. La snitch adquirió un brillo dorado y voló por los aires.
El moreno se olvidó de todo excepto cazar la snitch. Ambos, él y Malfoy, luchaban por atrapar la elusiva esfera alada. Era más fácil encontrar la luz dorada en la oscuridad del lago, pero no era más fácil atraparla. Volaron en un patrón apretado, cada uno intentando movimientos para perder al otro. Era una cosa muy diferente jugar uno a uno con Malfoy. Cuando competían en los juegos siempre tenían que cuidarse de las bludgers y de los otros jugadores. Sin esas distracciones, ambos eran capaces de forzarse a hacer trucos más y más audaces. Se retaban entre sí para mantener el ritmo.
Revisando la superficie del lago, Harry se estiró hacia delante, alcanzando con los dedos la snitch, cuando sintió que Malfoy lo empujaba a un lado. La Saeta de Fuego se tambaleó y el moreno se esforzó para evitar zambullirse en la oscura agua. Malfoy dio un grito triunfal y tomó la snitch. Harry bajó la velocidad y miró cómo Malfoy alzaba la pelota, con orgullo. El moreno se elevó y esperó a que Malfoy lo siguiera.
—¿Llamas a eso justo? —preguntó, fulminando al rubio con la mirada—. Casi caigo al agua.
—Sí, y casi agarras la snitch, pero yo la agarré en tu lugar —dijo Malfoy, con una sonrisa de suficiencia—. Como sea, nunca dijimos por qué estábamos jugando.
Harry sonrió al reconocer que el verdadero Malfoy estaba de vuelta.
—¿Qué te parece si el ganador se queda con la snitch? Hasta el siguiente juego. Y en el que sigue, yo la recuperaré.
—Asumiendo que no encontrarás tu terrible fin en el Torneo de los Tres Magos.
—Vaya, gracias. —Harry no necesitaba hacer un Tempus para saber que ya se habían quedado afuera durante mucho tiempo—. Es tarde, será mejor que regresemos…
No intercambiaron otra palabra hasta que estuvieron de vuelta en los vestidores. Malfoy apuntó a la chimenea con su varita y, de inmediato, el calor comenzó a llenar el espacio, mientras las flamas se avivaban.
—Gracias, ése fue un buen partido —dijo Harry, caminando hacia el fuego y calentándose las manos.
Malfoy dudó por un momento y luego asintió.
—Fue diferente, ¿no lo crees? Jugar uno a uno.
Harry sonrió, feliz de que Malfoy lo hubiera sentido también.
—Sin nadie que te viera. Sin distracciones.
—Sin distracciones, si no cuentas el frío helado, la completa oscuridad y los gigantes tentáculos del calamar, tratando de agarrarte.
—Bueno, si vas a ponerte de especial con las cosas…
OoOoOoO
Al siguiente día, mientras Harry salía del Gran Comedor después del desayuno, Cedric se levantó de la mesa de Hufflepuff y salió del comedor con él.
—Necesito hablar contigo.
—¿Qué pasa? —preguntó Harry con curiosidad, mientras abandonaban el lugar.
—Em, sólo pensé que deberías… bueno, algunas personas pensarían que es sospechoso ver a dos alumnos entrar al desayuno, y que ambos chicos tengan marcas de haberse expuesto al aire frío. —Cedric se veía apenado—. Los prefectos o los maestros podrían sospechar que ambos estuvieron volando en la noche, lo que haría que ambos alumnos se metieran en problemas y provocaran algunas preguntas interesantes.
Harry gruñó. Había notado que el rostro de Malfoy estaba sonrojado y lastimado durante el desayuno, pero no había pensado en el suyo.
—Oh, em, sólo queríamos relajarnos un poco…
—Página 342 de tu libro de encantamientos, Harry —dijo Cedric con una sonrisa. Palmeó el hombro del chico y se alejó.
Harry sacó su libro de encantamientos. Encontró la página y rio. Encantamientos para suavizar la piel.
OoOoOoO
Cedric alcanzó a Harry mientras el chico salía de la biblioteca.
—Hey, ¿crees que Draco esté disponible para vernos mañana en la tarde? —Harry lo miró sorprendido. Cuando había hablado con Cedric, hacía dos días, el chico le había dicho que estaba muy ocupado para organizar otra reunión. Cedric se sonrojó—. Lo cancelé porque estaba poniéndome un poco nervioso acerca de la primera prueba. Ahora que sólo faltan seis días, creo que reunirnos sería bueno para distraerme un poco. ¿Tú qué piensas? ¿Cómo te sientes por lo del Torneo?
Harry se detuvo y bajó la mirada hacia sus zapatos.
—Para ser honesto, estoy aterrorizado.
—Tienes tanta oportunidad como cualquiera de nosotros. Si puedes matar a un basilisco, ciertamente puedes con el Torneo de los Tres Magos.
Harry se encogió de hombros; sabía que la única razón por la que había podido salir de la Cámara de los Secretos había sido Fawkes. Pero no creía que el fénix fuera a ayudarlo esta vez.
—Entre menos piense en ello, mejor. Lo checaré con Malfoy durante Cuidado de Criaturas Mágicas esta tarde.
—Bien. ¿Puedes decirme cómo funcionan los túneles? ¿Cómo encuentro el que está en Hufflepuff?
OoOoOoO
Cedric emergió del túnel de Hufflepuff con la varita en alto.
—Esto es increíble —dijo con una sonrisa—. Seis años en esta escuela y no tenía idea. En verdad te pone a pensar en qué más cosas hay dentro de estas paredes.
Malfoy tenía el ceño un poco fruncido. Harry no pudo evitar sentirse mal por él. Por tres años, había mantenido el secreto y había tenido su propia parte de Hogwarts; ahora, tenía que compartirla. Se movieron a la oficina y Malfoy se sentó en el escritorio. El moreno notó, con una sonrisa, que ahora había dos sillas más; tal vez a Malfoy no le molestaba compartir el cuarto tanto como pensaba.
—¿Alguno de ustedes tiene alguna sugerencia para hacer algo de forma diferente? —preguntó Cedric, una vez que todos estuvieron sentados.
Malfoy se encogió de hombros, pero Harry se inclinó hacia delante un poco.
—Me preguntaba si yo ignoraba la voz en mi cabeza, la que me decía que hiciera caso a la orden, muy rápidamente la primera vez. —Malfoy rio—. No, quiero decir: usé lo de la ola para alejar la maldición las últimas veces, pero la primera vez, esa voz discutió conmigo. Algo así como mi conciencia, si quieres llamarle así.
Malfoy lo miró.
—Yo no escucho voces en mi cabeza, Harry. —El moreno se preguntó si alguien más podía pronunciar su nombre de pila con tanto desdén.
—¿En serio? ¿No tienes una voz interna que te dice que tal vez no deberías hechizar al siguiente Gryffindor que veas caminando por los corredores? ¿Que te dice que no comas la segunda porción de tarta de moras, para que puedas ponerte tus pantalones ajustados? ¿O que te dice que no debes molestar a Moody, para que no te convierta en hurón de nuevo?
Malfoy lo fulminó con la mirada.
—No.
Harry rio.
—Eso explica mucho; tal vez deberías intentarlo.
Cedric miró a uno y luego al otro con una ligera sonrisa en los labios; luego, se encogió de hombros.
—Bueno, Draco, si te encuentras con otra voz que no sea la de Harry, tal vez deberías hacerle caso. ¿Qué imagen vas a utilizar?
—Volar —dijo Malfoy, mientras metía la mano en su mochila para sacar la lista de órdenes.
Harry lo miró, pensativo.
—Interesante. Alejarte volando de la orden, en vez de tratar de empujarla. Podría funcionar.
—¿Estás listo, Harry? ¿Draco? —Ambos chicos asintieron—. De acuerdo; así como antes. Cuando estés listo, Harry. —El chico se apartó de ellos.
Harry sostenía la varita holgadamente. Ya lo había hecho antes, por lo que sabía qué esperarse, pero eso no cambiaba el hecho de que era incorrecto. Se preguntó cuántas veces tendría que hacerlo, antes de que dejara de molestarle.
—Vamos, Potter.
Harry alzó la mirada y apuntó con la varita al mismo tiempo.
—¡Imperio!
El rostro de Malfoy perdió expresión y Harry sintió de nuevo la ola de emociones, que no le pertenecían, por la conexión. Impaciencia, molestia. Harry se dio cuenta de que esta vez no había miedo ni ira. Miró a Malfoy. Su rostro estaba en blanco, y no parecía estar luchando.
Mirando las órdenes en la lista, pensó en la siguiente. Camina por el cuarto. De inmediato, Harry sintió la oleada de ansiedad en Malfoy; luego, sintió algo más. Resistencia. Estaba ahí y era fuerte. Miró los pies de Malfoy; podía ver que su pie derecho temblaba. Dio la orden de nuevo y miró cómo el pie se arrastraba por sí solo hacia delante, mientras que el chico echaba la espalda para atrás. De haber sido otra situación, Harry se habría reído de la imagen del cuerpo de Malfoy, estirado de esa manera tan rara.
Camina por el cuarto. Harry sintió la batalla entre la resistencia de Malfoy y su propia orden, luchando para ganar el control de Malfoy. La frente del rubio se perló de sudor. Despacio, su cuerpo se estiró hacia delante; el rubio ya no se hacía para atrás. El pie derecho se movió hacia delante y, lentamente y rehusándose, el izquierdo comenzó a moverse. Malfoy comenzaba a enojarse pero Harry aún podía sentir la resistencia en Malfoy, peleando.
Escuchó que Cedric le hablaba desde la distancia.
—Dile que se detenga, cambia la orden.
Harry pensó: Detente. Sintió una liberación de tensión. La ansiedad seguía ahí pero no había miedo. Malfoy estaba detenido: su cuerpo seguía en una posición un tanto extraña. Enderézate. Malfoy se enderezó y juntó sus pies. No hubo resistencia. Harry se preguntó si había sido porque Malfoy no quería que su cuerpo estuviera en esa posición: como si estuvieran jalándolo de dos direcciones diferentes. Siéntate.
Malfoy dobló las rodillas antes de que Harry pudiera sentir que la resistencia comenzaba; luego, comenzó. El rubio estiró las piernas. Una y otra vez su cuerpo luchaba. Nunca era capaz de resistir la maldición por completo pero nunca completaba una orden.
—Ya pasaron quince minutos, Harry, libéralo.
—Finite. —La conexión se rompió y el cuerpo de Malfoy decayó, aliviado, pero esta vez no colapsó en el piso como lo había hecho la primera vez. Cedric y Harry se quedaron parados, viendo a Malfoy, aliviados de que todo había terminado. Malfoy tenía los ojos cerrados y estaba respirando con dificultad.
—Harry, ¿tienes la poción? —preguntó Cedric.
—Oh, claro. —Harry caminó hacia la mesa de pociones y tomó uno de los tres frascos de poción reconstituyente, que él y Malfoy habían hecho.
Parecía que Malfoy iba a rechazarla pero, encogiéndose de hombros, estiró la mano y le arrebató el frasco al moreno. Lo destapó y le dio unos cuantos tragos, para después regresárselo a Harry.
—También tú, Harry —añadió Cedric. Harry le dio un buen trago; el líquido sabía amargo. Sintió un alivio inmediato, mientras la tensión que estaba acumulando sin notarlo se desvaneció. Sin embargo, frunció el ceño por el sabor que le quedó en la boca.
—Agh, mejor intentemos esto. —Harry metió la mano en su mochila y sacó tres cervezas de mantequilla, junto con una bolsa de pasteles de calabaza.
—Gracias, Harry —dijo Cedric, sorprendido. Malfoy miró los pasteles de calabaza con sospecha.
—¿Siempre cargas botanas en tu bolsa?
—Oh, em, sí. Supongo. Supongo que es un hábito. Nunca sabes cuándo será tu próxima comida.
—Estamos en Hogwarts —dijo Cedric, confundido—. Siempre hay comida, y siempre la sirven a la misma hora.
—Sí. Por supuesto —dijo Harry, con un ligero tartamudeo. Pasar un verano entero, viviendo con su cuarto a base de lo que Ron y Hermione le habían mandado, no le parecía tan lejano. Harry vaciló y luego dijo: —Eso fue mucho mejor, Draco.
El rubio bufó y miró al moreno.
—No seas estúpido, no fui capaz de liberarme de la maldición.
—Sí, pero tampoco completaste alguna de las órdenes. Excepto por Detente y Enderézate, y creo que hiciste ésas sólo porque querías hacerlas. Aparte de eso, peleaste todo el tiempo y no te rendiste. Podía sentir cómo te resistías y cómo te enojabas, pero la maldición nunca ganó.
—Creo que Harry tiene razón; yo podía ver la batalla que estabas librando. Te mantuviste tranquilo y no dejaste que la ira se apoderara de ti. ¿Crees que la imagen de volar te funciona?
—Eso creo; es mucho mejor que una maldita ola —dijo Malfoy, mirando a Harry de reojo.
—Bueno, la próxima vez que alguien intente usar la imperius conmigo, intentaré lo que tú dices —dijo Harry, encogiéndose de hombros.
—¿En serio crees que vaya a haber una próxima vez? —preguntó Cedric, curioso.
—Bueno, esas cosas suelen pasarme a mí. Si me hubieras dicho hace un mes que iba a estar compitiendo en el Torneo, me habría reído de ti.
—Oh, deja de fingir, Potter. Sé que, de algún modo, metiste tu nombre en el cáliz —dijo Malfoy con brusquedad.
—No, no lo hice —dijo Harry, alterándose.
—No lo hizo —dijo Cedric—. Confío en que dice la verdad. Y si tú no confiaras en él, no le permitirías usar la maldición contigo.
Malfoy fulminó a Harry con la mirada, y el moreno imitó el gesto. Algo cambió en la mirada de Malfoy y el chico se balanceó sobre la silla, con una sonrisa en el rostro.
—Bueno, en el nombre de la verdad, Harry, quiero esto: tú conoces varias cosas acerca de mí; cosas que no quiero que alguien más conozca. Quiero un intercambio de información, para garantizar que nunca le contarás a nadie acerca de lo que dije —dijo Malfoy, retándolo.
Cedric se enderezó.
—Draco, las cosas no funcionan así. No puedes hacer que…
Harry miró a Malfoy con calma.
—No, lo entiendo. Está bien. Deja que…
Malfoy acomodó la silla sobre el suelo.
—Lo primero en la lista es por qué te encierran en tu cuarto en verano.
Cedric giró la cabeza hacia Harry bruscamente, con las cejas alzadas.
Harry asintió. Suponía que esa era la forma Slytherin de Malfoy para obtener más información acerca del pequeño desliz que Harry había tenido la otra noche.
—Vivo con mis tíos. Son muggles. No les gusta la magia, y piensan que soy un fenómeno. —Malfoy bufó al escuchar eso—. Entonces, cuando piensan eso y no estoy trabajando en lo que se necesita hacer en la casa, me encierran en mi cuarto.
—¿Y no puedes salir por la ventana? —preguntó Cedric.
—Tiene barrotes. —Ambos chicos lo miraron, incrédulos—. En realidad, no está tan mal. Y es mucho mejor que la alacena. En la puerta hay una pequeña entrada, para mi comida. Si conocieras a los Dursley, sabrías que es mejor estar encerrado en un cuarto que tener que pasar tiempo con ellos. Aunque sí es muy difícil para Hedwig; no puede salir y volar. Bueno, esa es la número uno. —El moreno miró a Malfoy, dudoso—. Em, la número dos…
—Aún no. Seguimos con la número uno. La entrada para la comida. —Malfoy señaló las envolturas de los pasteles de calabaza—. ¿Por eso cargas comida contigo?
Harry se encogió de hombros.
—Bueno, a veces se les olvidaba dejarme comida, si salían durante el día. Número dos…
—Dos: ¿a qué te refieres con que era mejor que la alacena? —preguntó Cedric con rapidez, pidiéndole disculpas a Harry con la mirada, por haberse entrometido en el juego.
Harry se sonrojó. En verdad necesitaba aprender a pensar antes de decir las cosas.
—Oh, eso. Antes de tener mi propio cuarto, dormía en la alacena debajo de las escaleras. Hasta que tuve diez años, cuando llegó mi carta de Hogwarts, me dejaron tener un cuarto.
—¿Acaso todos los muggles tratan a sus hijos de esa manera? —preguntó Malfoy, intrigado.
—No, no todos. Los padres de Hermione son muy amables. —Harry se encogió de hombros—. Los Dursley nunca me quisieron; Dumbledore no les dio elección. Número tres, Sirius Black es mi padrino —continuó el moreno, con ganas de terminar esa pequeña sesión de "Potter confesándose".
—Ésa no cuenta, ya sabía eso —dijo Malfoy con rapidez—. Mi madre es su prima. ¿En serio crees que ella no lo sabría?
Harry frunció el ceño.
—Cedric no lo sabía —dijo, mirando el sorprendido rostro de Cedric—. No cualquiera puede decir que un hombre, falsamente acusado por homicidio múltiple, es su padrino.
—¿Quién dice "falsamente acusado"? —exclamó Malfoy.
—Yo lo digo. Y espero probarlo algún día. Bueno, si insistes en que sea otra "número tres". —Harry pensó por un minuto y luego dijo: —Cuando tenía diez años, estaba en el zoológico de Londres. Descubrí que podía hablar con las serpientes. Algo me hizo enojar y accidentalmente hice que el cristal desapareciera de la jaula de la boa constrictora, y el animal escapó.
Cedric y Malfoy estallaron en carcajadas a un tiempo. Harry miró a Malfoy; era una risa genuina, sin barreras. Su rostro se transformó: de su usual gesto desdeñoso a uno de completo placer. El moreno se preguntó si Malfoy llegaba a relajarse tanto cuando estaba con sus amigos en la sala común de Slytherin.
—¿Qué le dijiste a la serpiente? —preguntó Cedric, limpiándose las lágrimas de los ojos.
—Oh, no lo sé. Le pregunté de dónde era y me disculpe por el idiota de mi primo, que estaba golpeando el cristal.
Cedric comenzó a reír de nuevo.
—No, quiero que lo digas en pársel. Nunca lo he escuchado.
Harry miró a Malfoy, que ya había dejado de reír. El rubio lo había escuchado ese día en el club de duelo. Malfoy había conjurado una serpiente que casi había atacado a los alumnos reunidos para mirar el duelo. Que Harry comenzara a hablar con la serpiente había sido la causa de que todos pensaran que él estaba atacando a todos. Los ojos grises de Malfoy perdieron la luz, y la sonrisa se borró de su rostro.
—Oh, em… no sé cómo lo hago, sólo pasa… así. —Harry comenzó a murmurar en el familiar silbido. Mirando al rubio, silbó: —Deberías reír más seguido. Te ves hermoso cuando ríes.
Cedric negó con la cabeza, sorprendido.
—¿Qué dijiste?
Harry lo miró, sobresaltado, y dijo:
—Oh, em, sólo dije que quería más pasteles de calabaza.
—Espero que seas capaz de hablar en pársel sin tartamudear. Odiaría que las serpientes pensaran que todos somos idiotas —dijo Malfoy, arrastrando las palabras.
—Entonces, sí puedes hacerlo —dijo Cedric, ignorando a Malfoy—. Me sorprende que no hayas quedado en Slytherin.
Harry abrió la boca y luego la cerró. Miró a Malfoy. No quería arruinar la actual tregua que se había desarrollado entre ellos, al revelar que casi había quedado en Slytherin. No por primera vez, se preguntó: de haber quedado en Slytherin, ¿el rubio y él habrían sido amigos?
Cedric seguía hablando de ello.
—Recuerdo la noche en la que fuiste sorteado. Todo el mundo contuvo la respiración cuando te sentaste en el banco. Esperando a que el sombrero hablara. Eras un total desconocido, dado que te habían criado como muggle.
—Sí. El Gran Harry Potter. El niño que vivió —dijo Malfoy.
Cedric negó con la cabeza por el comentario del rubio.
—Bueno. A decir verdad, no es su culpa, Draco. No es como si él eligiera que un mago oscuro estuviese tratando de matarlo, y que hubiese fallado cuando era un bebé. Como sea, le tomó al sombrero una eternidad anunciar tu casa. Siempre pensé que el sombrero estaba jugando con nosotros; prolongando la sorpresa.
—Ah, eso. El sombrero se sentía muy hablador. Y yo no sabía dónde terminaría. —Harry se removió en su asiento—. Bueno, ahí lo tienes, Mal… rayos. Draco. Tres secretos acerca de Harry Potter.
Malfoy lo miró, pensativo.
—Eso solo confirma lo que ya sabía de ti. Tan violento y peligroso que tienen que encerrarte, e incluso así, consigues liberar serpientes enfrente de muggles que no sospechan nada.
Harry rio.
—Sí, ése soy yo.
Cedric se puso de pie.
—Bueno, esto era justo lo que necesitaba para distraerme de lo del Torneo, pero no podremos encontrarnos de nuevo; será hasta después. En verdad creo que estás muy cerca de lograr dominarlo; esperemos que la siguiente sesión sea la buena.
Malfoy miró a Harry.
—Asumiendo que el Chico Dorado sobrevivirá a la primera prueba.
—Bueno, si no sobrevivo, sabrás que habré muerto sólo para molestarte.
—Sabía que algo faltaba; que estuvieran molestándose. Supongo que no podría haber durado para siempre —dijo Cedric con un gruñido.
—Salgo contigo, Cedric —se ofreció Harry.
Malfoy miró a Harry.
—Espera. ¿Quieres tener otra lección de Pociones ahora? Aún faltan algunas horas para la cena.
Harry miró a Malfoy con sorpresa.
—Sí, supongo.
Cedric miró a ambos chicos y sonrió ligeramente.
—Diviértanse estudiando. —Y se fue, usando el túnel de Hufflepuff.
Harry se sentó en el escritorio y sacó su tarea de Pociones.
—¿Quieres trabajar en esto conmigo? Iba a pedírselo a Hermione, pero…
—Dado que tienes a tu propio esclavo de Pociones, bien podrías aprovecharte de ello —dijo Malfoy secamente.
—Exacto. Claro, podría simplemente usar la maldición imperius y hacer que hicieras toda mi tarea —dijo Harry sin pensarlo, y luego entendió lo que había dicho—. Lo siento, no fue divertido.
Malfoy volteó hacia él y le guiñó el ojo.
—Si vas a usar la maldición imperius en mí, podría ser para algo mejor que para hacer tu tarea.
Harry se paralizó un segundo y luego dijo:
—Claro, mi propio esclavo para que cargue mis libros, afile mis plumas y bese mi trasero. Lo consideraré. Te aseguro que sería más interesante.
Con una sonrisa, Harry bajó la mirada hacia su tarea y le mostró a Malfoy la sección en la que tenía problemas. El rubio lo miró, incrédulo.
—Esa tonta mirada en tu rostro durante clases no es fingida, ¿verdad? No pones atención para nada.
—No puedo evitarlo; la voy de Snape me molesta tanto que simplemente la ignoro.
Malfoy le mostró dónde encontrar las respuestas para las preguntas del ensayo. Cuando terminaron, Harry dudó por un momento.
—¿Estaría bien si me quedo aquí y hago el resto de mi tarea? Es más callado que en el dormitorio.
Malfoy también dudó.
—En tanto dejes de hacer ese molesto golpeteo con la pluma.
Harry sonrió y sacó su tarea de Transformaciones; comenzó a trabajar en ella mientras Malfoy hacía su tarea de Aritmancia. Estudiaron codo a codo por una hora, sin que alguien dijera nada.
—Entonces, ¿cómo sabes que me gustan las tartas de moras? —preguntó Malfoy de repente, sin quitar los ojos del ensayo que estaba escribiendo.
—Oh, em, no lo sé. Supongo que solo lo noté. —Harry hizo una mueca al oír que tartamudeaba.
—Son mucho mejores que las tartas de melaza —murmuró Malfoy, mirándolo de reojo antes de regresar su atención a su libro.
Harry rio y se enfocó de nuevo en su tarea. No pudo resolver nada más por estar analizando el comentario de Malfoy. Al final, Harry checó la hora, haciendo una mueca.
—Debo irme, Hermione va a preguntarse dónde he estado.
—¿Y a ella qué le importa? —dijo Malfoy, frunciendo el ceño—. ¿Y qué pasa con Weasley, a él no le importa? Noté que ustedes no están hablándose.
—Ella es mi amiga y los amigos se cuidan entre sí. No quiero hablar acerca de Ron —dijo Harry—. ¿Tus amigos no te preguntan a dónde vas?
—Les digo que no es su asunto, deberías intentarlo —dijo Malfoy—. Potter, hay una cosa… —Harry lo miró y, para su sorpresa, Malfoy estaba mirándose las manos, incómodo.
—¿Qué sucede?
—Blaise comentó en el desayuno que yo, bueno, que no te estaba molestando tanto como siempre —dijo Malfoy.
—Yo también lo noté, y Hermione igual —dijo el moreno—. Eso es un problema, ¿verdad?
Malfoy alzó la mirada y sonrió de lado.
—Sí, es un problema.
Harry respondió con otra sonrisa.
—No te contengas, puedo soportarlo. Todos, excepto los Gryffindors, me odian por el estúpido Torneo. No hay razón por la que no debas hacer mi vida miserable. Pero, aquí abajo puede ser diferente, ¿no? —El chico se quedó callado, al haber ido tan lejos como para sugerir que podían ser amigos.
—Sí, eso funciona —dijo Malfoy con una sonrisa. Alzó su cabeza hacia el techo—. ¿Potter y Malfoy allá arriba, Harry y Draco aquí abajo? —preguntó, con una ceja alzada.
Harry sonrió.
—Sí, eso funciona…
OoOoOoO
Harry esperó a que todos salieran de la clase de Flitwick para comenzar a guardar sus cosas y salir. Por fin, la semana había terminado. No más clases hasta el lunes. Harry planeaba mantenerse libre todo el fin de semana. Los últimos tres días habían sido los peores desde que su nombre había salido del cáliz.
El último artículo de Skeeter en El Profeta había incitado a que los estudiantes tuvieran nuevos niveles de maldad. Apenas y podía caminar por los pasillos sin recibir una maldición, sin que se burlaran de él o sin que lo hicieran tropezar. Hermione tampoco había escapado de la atención: la molestaban sin piedad por ser su "interés amoroso" y se había dedicado a esconderse en la biblioteca cada que tenía la oportunidad de evitar las risas.
Malfoy había estado al centro de casi todo, con sus ojos grises brillando de diversión. A pesar de que Harry le había dado permiso para que no se contuviera, aún se sentía confundido por la dicotomía de los dos Dracos. Después de haber pasado tiempo con "amigo Draco", parecía que "enemigo Draco" era peor. Harry no podía reconocer cuál era el verdadero.
—Potter. —Harry gruñó pero siguió caminando por el corredor—. Potter, espera.
Frustrado, Harry giró sobre sus talones.
—¿Qué, Malfoy? Creo que ya has tenido tu ración diaria de diversión a mis expensas.
Malfoy frunció el ceño y luego miró por el corredor; no había nadie.
—Sólo pensé que te gustaría ir a volar esta noche.
Harry se guardó la primera respuesta que le vino a la mente. Si Draco podía cambiar de enemigo a amigo en un instante, él también podría. Sonrió ligeramente.
—Puedes despedirte de la snitch esta noche. Va a ser mía.
Draco rio por un momento.
—En tus sueños. ¿Después de la cena? —Harry asintió y continuó caminando por el pasillo, con un mejor humor.
OoOoOoO
Harry salió del túnel, llegó a los vestidores y repasó el lugar con la mirada. No había señal de Draco; seguía cenando cuando Harry dejó la mesa de Gryffindor. Harry entró a la oficina. Había notado las fotografías en la pared antes, pero no se había dado el tiempo para revisarlas. Los equipos de Quidditch de los 40's y 50's le sonrieron. Era divertido pensar que todos los hombres y mujeres en las fotografías estaban en sus setentas.
Escuchó el sonido de un túnel abriéndose y se giró para mirar a Draco, mientras el chico entraba a los vestidores. Era injusto que el Slytherin se pudiera mover así, se dijo Harry gruñonamente. El moreno sentía que siempre caminaba torpemente; y Malfoy no lo hacía. Se mueve como un gato, pensó Harry. Draco atravesó el vestidor con brío y se detuvo en cuando vio a Harry en el escritorio, esperándolo.
—Hey, no había visto que estabas aquí —dijo Draco, mirándolo nerviosamente.
—Sí, no tenía muchas ganas de comer, así que bajé aquí. Estaba mirando las fotografías. —Harry se acercó a la pared—. ¿Tu abuelo está aquí?
—Oh, sí. —Draco se pasó una mano por el cabello, nervioso. Dudó un momento y luego se acercó, hasta estar junto al otro chico—. Está en estas fotos.
Harry alzó la mirada y vio al chico rubio en las fotos, que lo miraba sin sonreír. Luego, miró al rubio que estaba a su lado.
—¿Alguien en tu familia no tiene el cabello rubio?
—No que yo sepa. Claro, probablemente sólo ahogaban a cualquier bebé que no pareciera un Malfoy —dijo Draco entre dientes.
—¿Qué? —dijo Harry, riendo.
—Oh, lo siento, ¿lo dije en voz alta? —Draco se veía avergonzado—. Siempre me lo pregunté. En la mansión Malfoy hay un pasillo repleto de retratos, con personas que se parecen a mí. Hace que uno se lo pregunte, ¿no lo crees? No pueden ser sólo los genes. Tal vez es magia.
Harry asintió.
—Lo he escuchado suficientes veces: el cabello de mi padre, los ojos de mi madre. Un poco de ambos. Pero no pasa eso con tu familia.
Draco asintió, distraído.
—De acuerdo, suficiente plática, terminemos con esto. —Estiró los brazos—. Adelante.
—¿Qué? —Harry lo miró, confundido.
—Supuse que querrías hechizarme en el momento en que entrara al cuarto, y ahora me di cuenta que probablemente estás esperando a que estemos volando. Para tirarme al lago. —Draco se estremeció—. Sería mejor que lo hicieras ahora; hace demasiado frío como para nadar.
Harry sonrió.
—Oh, no creo que puedas zafarte de esto tan fácilmente.
Draco entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres decir con eso?
Harry se encogió de hombros.
—Estoy seguro de que lo descubrirás, en su momento. Vamos a volar. —Harry salió a los vestidores y abrió el casillero donde guardaba su equipo.
—Espera, ¿a qué te refieres con…? —Draco lo siguió. Harry sonrió y negó con la cabeza. Se le había ocurrido el plan un día antes, con Fred y George; sólo esperaba que lo tuvieran listo para la noche siguiente.
—¿Tienes la snitch? —preguntó Harry, mientras sacaba un jersey extra para protegerse del frío.
Draco lo miró de mala manera pero asintió. Abrió su casillero y comenzó a prepararse.
—No esperes recuperar tu snitch esta noche, Potter. No hay razón por la que vaya a ponértelo fácil.
—No esperaría que lo hicieras, Malfoy. —Con una sonrisa, Harry se ajustó los guantes y levantó su Saeta de Fuego—. Espero que estés muy asustado, esperando mi maldición, para siquiera estar buscando la snitch.
—Espero, tú dijiste… —Harry rio y caminó hacia la salida. Draco lo alcanzó, liberando la snitch en el aire.
—Dale una buena última mirada; va a ser mía para el fin de la noche.
Salieron de los vestidores y repasaron el exterior con la mirada; no había nadie a la vista. Aunque Harry no se habría esperado que hubiera alguien afuera en una helada noche de viernes.
—¿Al lago? —preguntó Draco.
—Está bien. Recuerda tener cuidado con el mástil del barco de Durmstrang.
Draco rio.
—Casi chocas con él la última vez, ¿no es cierto?
—Sí, caer del cielo en su cubierta; eso sí que impresionaría a Krum: las habilidades voladoras en Hogwarts.
Draco rio y despegó del suelo, con Harry detrás de él. En cuanto llegaron al centro del lago, soltó la snitch. La brillante snitch recorrió de inmediato todo el lago; y Harry y Draco la persiguieron. Cada movimiento que Harry hacía era imitado por Draco, que lo seguía de cerca. Tratando de quitárselo de encima, Harry voló en línea vertical, más alto de lo usual, y luego dio una vuelta hacia atrás y descendió con velocidad hacia el agua.
Escuchó que Draco maldecía y vio que trataba de girar, pero lo hizo muy ampliamente. Harry se separó de él y comenzó a buscar la snitch en el cielo. La encontró segundos antes de que Draco lo alcanzara, y se pegó a su escoba para maximizar su aceleración. La snitch se elevó y también lo hizo Harry. No se atrevía a mirar hacia atrás, para ver dónde estaba Draco, pero sabía que el rubio también había visto la snitch. Vio que la pelota estaba volando directo hacia el barco de Durmstrang, anclado a la orilla. Maldijo y la siguió; sólo faltaban algunos metros. Estiró la mano y forzó a su escoba a ir más rápido. El barco estaba haciéndose grande frente a él y, con un último esfuerzo, atrapó la snitch en el aire. De inmediato, se elevó y voló hacia la derecha, para evitar chocar contra el barco. Cuando estuvo a una distancia segura, miró de nuevo el barco; fue hasta entonces que se dio cuenta de que alguien estaba parado en la cubierta, mirándolo. Se apartó del barco y voló de regreso hacia Draco.
—¿Estás completamente chiflado? —le gritó Draco, mientras se acercaba—. ¡Prácticamente volaste directo hacia el barco!
Harry soltó la snitch en el aire.
—Podemos llamarlo el "amago de Potter", aunque no suena igual de bien que el "amago de Wronski". Y no puedo imaginar que muchas personas puedan ser capaces de intentarlo, dado que la mayoría de los campos de Quidditch no tienen un gran barco a la mitad de ellos.
—En verdad estás loco, demente, trastornado. —Draco estaba sentado en su escoba, mirándolo con incredulidad—. ¿Y qué si alguien te vio?
—Oh, sí, acerca de eso. —Harry miró al barco, que estaba a algunos metros de ellos—. Creo que alguien me vio; había alguien en la cubierta mientras yo pasaba. Pero no es como si fuera a saber a quién vio.
Draco gruñó.
—Es fácil para ti decirlo, tu cabello no brilla a la luz de la luna.
Harry miró a Draco; su cabello en verdad reflejaba la luz de la luna. Incluso después de volar por una hora, su cabello se veía bien; en tanto que Harry sabía que el suyo se veía tan desarreglado como siempre, si no es que peor—. Yo no me preocuparía por ello, no me acerqué tanto al barco; y podría ser cualquiera.
—Sí, claro, pero mejor entremos, en caso de que haya sido Karkaroff. —Draco se dirigió al castillo, esquivando al barco—. Si me viera aquí afuera, sería un problema.
Una vez adentro, Draco encendió el fuego en la chimenea y luego acercó las sillas para templarse. Harry se sentó con las piernas estiradas, tan cerca del fuego como le fue posible.
—Hace bastante frío, no podremos hacerlo por mucho tiempo.
—Sí, es diferente cuando volamos en invierno durante el día. Fue bueno que tuviéramos la oportunidad de salir un par de veces.
—Y que recuperara mi snitch —dijo Harry, alzándola de nuevo.
—Sí, sí. —Draco miró a Harry—. ¿Seguro que no quieres hechizarme ahora y terminar con esto? La verdad, no me gustaría andar con un blanco en la espalda el fin de semana.
—¿Con todo lo que tuve que soportar? ¿Estás preocupado por una simple maldición? —Harry rio—. Creo que no podrás zafarte de esto así de fácil.
—¿Estás bien con todo esto, en verdad? —preguntó Draco, con duda—. Los últimos días han sido bastante difíciles, con el artículo que salió.
—Ah, el artículo. —Harry no pudo evitar sonar molesto—. Creo que reconocí algunos Malfoyismos en él.
Draco asintió.
—No fueron difíciles de notar. Pero, para tu información, hablé con Skeeter acerca de esto hace algunas semanas. Cuando aún estaba, em, molesto contigo.
—¿Y ahora? ¿Dirías las mismas cosas ahora?
Draco se detuvo.
—Es más complicado ahora, ¿no es así?
—Lo es, pero esto está bien. —Harry repasó el lugar con la mirada—. Y, de todas formas, tendría que soportar todas las otras cosas. Esto me permite alejarme de todo por sólo un momento. Entonces, supongo que es un buen trato. Pero "amigo Malfoy" contra "enemigo "Malfoy" me revuelve la cabeza un poco.
—Pensé que no pensabas en mí como un enemigo.
—Bueno, no lo hacía. No lo hago. No en realidad. Es sólo que suena mejor que decir "maldito idiota", pero eso también funciona.
—Entonces, ¿sí estás muy enojado o sólo un poco?
—¿Ahora mismo? No estoy enojado. Pero todo llega a ser demasiado, allá arriba. Ron, el Torneo, Snape, la cicatriz, Sirius. Es demasiado.
—¿Qué pasó con Weasley?
—Está enojado conmigo. En realidad no quiero hablar acerca de ello.
—De acuerdo. ¿Qué más hay en tu lista? Lo del Torneo es obvio. ¿A qué te refieres con "cicatriz"? ¿Cuál cicatriz? —Draco se veía confundido.
Harry rio; ya no le importaba en este punto. Se levantó el fleco.
—Mi cicatriz. Estoy seguro de que te has dado cuenta.
—Bueno, ¿pero qué tiene que ver con…?
—Comenzó a dolerme de nuevo; es un dolor intenso. Y me distrae un poco.
—¿Te duele? —Draco miró su frente—. ¿Cómo es que una cicatriz duele? ¿Por qué te duele?
—No lo sé, Malfoy. La próxima vez que conozca a alguien que tenga una cicatriz hecha por el Avada Kedavra en la frente, me aseguraré de preguntarle.
—Draco —dijo Draco en voz baja.
—Draco —dijo Harry, asintiendo—. Suficiente, no hace bien quejarse de todo; de todas formas, no se puede hacer nada. Y probablemente debería regresar. —Se puso de pie—. Gracias, Draco. Esto me ayudó mucho.
—¿Seguro que no quieres hechizarme ahora…?
—No… —Con un gesto de despedida, Harry se dirigió hacia la entrada del túnel. Cuando llegó al final del túnel, sacó el mapa del merodeador. Con alivio, vio que Hermione y Ron estaban en el dormitorio de chicos. Se puso la capa de invisibilidad y entró por detrás del tapiz. No se la quitó hasta que estuvo parado afuera del dormitorio. Respirando profundamente, abrió la puerta y entró.
Ron y Hermione detuvieron su discusión y se le quedaron viendo.
—¿Dónde has estado? —gritó Ron, antes de poner evitarlo.
Harry se encogió de hombros.
—¿A ti que te importa?
—¡Suficiente! —dijo Hermione—. Harry, ¿estás bien? Parece como si hubieras estado afuera.
Harry maldijo para sí mismo; había olvidado el encantamiento para su piel lastimada.
—Fui a caminar y regresé justo antes del toque de queda. Luego, di una vuelta por el castillo con mi capa. Fui a ver a Hedwig.
—¿Qué tan probable es eso? —dijo Ron entre dientes, mientras salía por la puerta.
—¿En serio estás bien? —preguntó Hermione en voz baja—. Tú no eres así.
—Mira, estoy cansado, estoy enfermo de él —Harry señaló por donde Ron se había ido—, actuando como idiota, y sólo quería algo de paz y tranquilidad, sin que alguien me echara una maldición.
—De acuerdo, Harry. ¿Aún hablarás con Sirius mañana en la noche?
—Sí, pero va a estar complicado, porque Hagrid quiere que vaya a verlo a su cabaña, justo antes de eso.
—¿Por qué Hagrid quiere verte?
—No tengo idea. Mira, estoy realmente cansado…
—Oh, claro. Buenas noches, Harry.
—Buenas noches. —Harry se arrojó sobre su cama tan pronto como la chica salió del cuarto. Odiaba mentirle, pero no había forma de que le dijera "Estoy viéndome con Draco Malfoy en un cuarto secreto y estudiamos juntos". Harry gruñó y cerró los ojos. No quería pensar en Draco. Sólo lo hacía sentirse más confundido. Sacó la snitch de su bolsillo. La soltó por el aire y miró cómo la pequeña esfera dorada volaba por el cuarto.
OoOoOoO
Hermione atrapó el brazo de Harry mientras el chico entraba al Gran Comedor para la cena.
—Necesito hablar contigo —bufó. Sin darle la oportunidad de protestar, lo jaló para sacarlo del lugar y llevarlo hacia la puerta principal.
—¿Qué sucede? —preguntó Harry, estremeciéndose por el frío.
—Harry, ¿te importaría revisar tu historia acerca de dónde estabas anoche? —dijo Hermione, mirándolo a los ojos. Su cabello castaño cubría su cara por el viento, y ella se lo acomodaba con impaciencia.
—Em… ¿No? —Harry bajó la mirada hacia sus zapatos y luego miró a Hermione—. ¿Por qué?
—¡Porque acabo de tener una conversación muy interesante con Viktor Krum! ¡Esa es la razón! —dijo Hermione—. Estuviste volando anoche, ¿no es cierto? ¡Por favor, dime que no es cierto!
—¿Volando? Yo, em… —Harry hizo una mueca al oír su propia voz quebrándose—. ¿Qué te hace pensar eso?
—¡Krum me preguntó si conocía a alguien que tuviera una Saeta de Fuego! ¡Por eso lo pienso, Harry! —Hermione alzó los brazos al aire—. ¡Y toda la escuela sabe que tú eres el único que tiene una!
—Oh. —No había pensado en eso; obviamente, alguien que volaba en el equipo nacional de Bulgaria reconocería una Saeta de Fuego al instante—. ¿Qué le dijiste?
—La verdad: que los alumnos no tenían permitido volar por los terrenos de la escuela fuera del campo de Quidditch, y que estaba prohibido entrar al campo este año.
—¿Qué te respondió él? —preguntó Harry.
—¡Que eso explicaría por qué el alumno estaba volando sobre el lago! Harry… —Hermione negó con la cabeza.
—Tuve que hacerlo, toda la semana ha sido horrible y yo sólo tenía que despejarme un poco. —Harry dejó de fingir—. No me vio, ¿verdad?
—No, y yo te cubrí, diciendo que no podía decir quién era, porque el alumno podría ser suspendido de la escuela, y que él no debería hablar con nadie más acerca de la Saeta de Fuego.
—Gracias, Hermione —dijo Harry, suspirando de alivio—. ¿Crees que se lo haya creído?
—Eso creo. Al menos, así pareció —dijo Hermione, encogiéndose de hombros.
—Como sea, ¿por qué te preguntó? —preguntó Harry con curiosidad.
Hermione se sonrojó.
—Estaba en la biblioteca cuando él entró; supongo que fui la primera persona que vio.
—Oh, supongo que eso tiene sentido. ¿Dijo algo más? —Harry esperaba que Krum no hubiera visto a Draco también.
Hermione sonrió ligeramente y entrelazó su brazo con el del chico, mientras giraba y caminaba de regreso al comedor.
—Bueno, puede que haya mencionado algo así como que estaba impresionado por lo bien que este misterioso alumno volaba…
Harry se detuvo y se giró para mirarla.
—Ahora sólo estás jugando, ¿verdad?
Hermione sonrió con sinceridad.
—Tal vez, o tal vez no. Eso te enseñará a no mentirme.
—Qué graciosa. Vamos, no queremos perdernos la cena esta noche. —Harry tomó a Hermione de la mano y corrió hacia el Gran Comedor. Se sentó junto a Hermione en el lugar de siempre, mirando a la mesa de Slytherin. Malfoy y sus amigos también estaban en el lugar de siempre, encarando a los Gryffindors.
Fred le guiñó el ojo.
—Me alegra que hayas aparecido. Habría odiado que te perdieras el espectáculo.
Harry les sonrió ampliamente a Fred y George.
—Bueno, ¿lo hicieron?
—¿Qué cosa? Honestamente, Harry, no sé de qué estás hablando —dijo George, sonriendo de lado.
Hermione los miró.
—¿Qué está sucediendo?
Harry miró hacia la mesa de Slytherin. Acababan de terminar el plato principal y, gracias a la magia de los elfos, los postres aparecieron frente a Draco y sus amigos. Harry golpeó a Hermione con el codo y señaló hacia la mesa con la cabeza.
Draco Malfoy sonrió con placer cuando vio la tarta de moras frente a él. Estirando la mano, tomó una rebanada grande y la puso sobre su plato. Junto a Harry, Fred y George habían comenzado a contar para atrás desde diez. Cuando llegaron al uno, hubo una pausa y un fuerte "bang". Malfoy se transformó en un gran canario verde esmeralda, con plumas blancas en la cabeza. El canario brincó sobre la mesa, batiendo las alas y chillando. Hubo una lluvia de plumas y Malfoy apareció de nuevo, completamente enfurecido. Apartó las plumas alrededor de él y se levantó de golpe, dirigiéndose hacia la mesa de Gryffindor.
—¡Me vengaré por esto, Potter!
El que sigue: ¡Dragones!
(1) Ok, no sé ustedes, pero acá en México es común (o al menos, conmigo es común) decir "palitos y bolitas" cuando te lo explican detalladamente. Quiero creer que es porque, cuando niños, dibujamos cosas sencillas con palitos y bolitas…
(2) No sé si la expresión "como boca de lobo" es sólo de México, pero hace referencia a que está muy oscuro. :D
Notas finales:
Vale, me di cuenta que en la historia original, se repiten bastante algunas frases; por ejemplo, se repite mucho el "Malfoy miró a Harry" o "Harry miró a Malfoy"… A decir verdad, lo encuentro un poco repetitivo pero no veo que eso afecte al sentido general de la historia. Recuerden que yo sólo traduzco, aunque a veces le agrego de mi cosecha a la historia, cambiando palabras no relevantes para que se oiga un poco mejor.
Ah, y otra cosa… Sé que las cosas van algo lentas, pero no desesperen… Se pondrá interesante. ¡Paciencia, gente, paciencia!
Hasta la próxima...
Adigium21
