CAPÍTULO 7: YO NO QUERÍA HACERLO...

El doctor Rubens se llevó la mano derecha a la cara y se frotó los ojos, alzando levemente la montura de sus gafas. Soltó un suspiro largo y sonoro, cambió la postura de sus piernas y se reacomodó en la butaca.

- Señor Tagliaferro...- cogió aire profundamente. - ¿A qué se refiere con eso? Dígame todo lo que ha pasado. –su tono era imperativo.

- Pues he vuelto a matar... Pero permítame decirle que no ha sido todo culpa mía. Ese pequeño bribón de pelo rojizo se coló en la habitación. Y yo... yo estaba de los nervios. Justo estaba intentando calmarme... había cogido mi cuchillo de caza y observaba mi reflejo en el. Cuando me di cuenta de que estaba justo detrás de mi –cruzó los brazos sobre el pecho – Se que no debería ni tan siquiera haber traído el cuchillo... pero a veces si lo cojo entre mis manos y miro mi cara en el... se me pasan las ganas de usarlo. También uso los poemas de Blake... los recito mentalmente, ya sabe. Pero en ese momento nada de eso sirvió... Me abalancé sobre él como un animal salvaje. Le clavé el cuchillo, una y otra vez, una y otra vez... después lo abrí en canal –se tapa la cara con la palma de la mano derecha – Y cuando terminé volví a la calma... me sentí bien. Como si nada hubiera pasado y entonces me dormí y descansé profundamente.

- Voy a tener que mandarle a un psiquiatra. No creo que podamos seguir tratando esto solo con terapia. Además debería visitar a un colega que está más cerca de su casa... no puede venir a las sesiones tan a menudo como debería.

- ¡Ya le he dicho que solo vendré aquí! No quiero que nadie de mi zona sepa que voy al psicólogo. Y no pienso volver a contarle a nadie la historia de mi infancia. Es demasiado para mi.

- Lo entiendo... pero esto se nos está yendo de las manos. No puedo dejar que vaya matando por ahí como si nada.

- ¡Venga doctor solo era un puto gato! Un jodido felino, una bola de pelo roja... si no hubiera entrado por la ventana en ese momento nada hubiera pasado.

- Si, ya se que solo mata animales... pero temo que algún día... mate a alguien.

- Para eso vengo aqui... para que eso no pase. Esa es la idea de todo esto. ¿No?

- Si, si... pero hablar de lo que le hizo su hermano no ha conseguido que avancemos. Sabemos que todo el problema radica en los hechos traumáticos de su infancia. Se que usted mata para ser aceptado. Y que eso se lo enseñó su hermano. Pero destapar aquellos acontecimientos no han mitigado los síntomas. Quizá debería volver a contarme la historia, a lo mejor pasó algo por alto...

- ¡Venga ya! ¿En serio tengo que volver a contárselo? Me niego. Esto es una auténtica perdida de tiempo. Hemos terminado por hoy. No se si volveré –se puso en pie y se dirigió hacia la salida.

- ¡Pero señor Tagliaferro! ¡No puede irse!

Las suplicas del doctor Rubens no sirvieron de nada. Roy se marchó de la consulta sin mirar atrás. Se montó en el coche y salió quemando rueda. La terapia no le estaba ayudando... había llegado el momento de probar algo distinto. Recordó el anuncio del periódico, era la única opción que tenía en este momento. Iría al pueblo para informarse de cuando sería la próxima conferencia de Visualiza.

Mientras tanto el señor Rubens cogió su grabadora y buscó en el cajón de cintas. Tenía decenas de ellas, todas ordenadas por paciente y por fecha. Cogió una etiquetada con: "Roy Tagliaferro 12/04/88" y la introdujo en el aparato. La grabadora empezó a girar, el motor iba a toda velocidad rebobinando el "cassette". El "clank" indicó que la grabación estaba a punto para empezar a reproducirse desde el principio. El doctor pulsó el "play" y del altavoz empezó a salir una voz de un hombre de unos treinta y pico. Sonaba apagada, triste y de vez en cuando se le escapaba un llanto. "Yo no quería hacerlo..."